Una invitación al purgatorio

Según un importante medio transandino la 43ª Cumbre del Mercosur realizada el día 29 pasado en Mendoza, habría tenido una parte de “deliberaciones secretas” en las cuales  los presidentes del bloque regional -Argentina, Brasil y Uruguay- personalmente y por separado, formularon una invitación formal al resto de los países de América del Sur, entre ellos a Chile, para que se incorporen al Mercosur como socios plenos.

La invitación fue precedida por la veloz maniobra para legalizar el ingreso de Venezuela al Mercosur.

Es interesante conocerla: El ingreso de un nuevo socio al grupo de Mercosur debe ser por el voto unánime de sus miembros, los que a su vez requieren la aprobación de sus respectivos Parlamentos. En este caso, el Congreso paraguayo no había concedido su acuerdo y la participación venezolana estaba detenida. Minutos después de “congelar” la participación de Paraguay, en razón de la destitución demasiado expedita del ex Presidente Lugo, se aprobó a la carrera el ingreso de la República Bolivariana al Mercosur, en una maniobra perfectamente simétrica a la del congreso paraguayo. Nadie sonrió ni nadie se sorprendió, nadie se avergonzó.

La invitación reseñada se materializó en este ambiente de pillerías y anormalidades, frecuente en la vida de de Mercosur.

 

El objetivo de la oferta es ampliar el mercado común a todo el continente. Se eliminarían, así, las barreras arancelarias internas dentro del bloque y simultáneamente se lo cerraría con medidas de protección para evitar la competencia de las economías externas al pacto. Según el periódico argentino la propuesta fue promovida por la presidenta Cristina Fernández y apuntaría a proteger la industria regional de la invasión de los productos con alto valor agregado de Estados Unidos y Europa una vez que sobrevenga la crisis. Desde el punto de vista de Argentina y Brasil, la idea es ampliar su mercado interno con consumidores de buena capacidad adquisitiva, como Chile, crecientemente Perú y Colombia, los que sustentarían las industrias de sus países y a cambio recibirían acceso a mercados numerosos en cuanto a personas pero con escasa capacidad para adquirir lo que exportamos. El planteamiento tiene lógica -para ellos-.

Este proceso ocurre justo cuando Brasil y Argentina sostiene una acalorada discusión -literalmente a los gritos- porque no logran ponerse de acuerdo para resolver el problema creado por las trabas puestas por Argentina al comercio bilateral y las correspondientes represalias brasileras. Después de tormentosas reuniones con amenazas de todo tipo, acordaron –de palabra- levantar algunas de las barreras comerciales bilaterales, pero Brasil aclaró que “removerá dichas barreras solo cuando Argentina lo haya hecho”, lo que da una muestra de la confianza mutua entre los socios y la naturaleza de la asociación a que estamos siendo invitados.

Ambas economías, por su parte, muestra un creciente agotamiento de sus “modelos”, al optimismo exultante de Lula sigue una gestión recatada de Dilma, mientras Cristina continúa haciendo malabarismos para que no se le caiga el armario, tratando de convencer a la afición de que la prohibición de comprar  dólares es positivo para el desarrollo del país, y que la inflación de dos dígitos, durante seis años seguidos, no afecta a nadie.

Esta propuesta no fue anunciada en la declaración final de la cumbre de presidentes del Mercosur ni en las conferencias de prensa posteriores. “Fue una invitación enfática pero aún en tono reflexivo” confidenció una alta fuente del gobierno Argentino.

Menos mal, aun es solo en tono reflexivo, pero preparémonos, ya vendrá el tono impositivo, en portugués y en lunfardo.