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Las mentiras ferroviarias de Evo

Evo Morales tiene el feo hábito de mentir: en la celebración de sus primeros 10 años de gobierno aseguró, ante un menguado auditorio en la Plaza Murillo, que una parte importante de los chilenos apoyaban su aspiración marítima a solo días que una encuesta confirmara por enésima vez que en Chile el 66% de la población es partidaria de no dar NADA a Bolivia y un robusto 90% es partidaria de no conceder costa soberana a Bolivia en territorio chileno. Para apuntalar su mentira llevó a un pequeño grupo de miembros del Partido Comunista como“representantes” de los movimientos sociales de Chile para que hicieran de comparsa.

Poco antes, la Unión Europea debió elevar una “protesta formal” ante el gobierno boliviano por emplear la imagen de su embajador Thimoty Torlot que aparecía avalando la campaña de Morales para eternizarse en el poder. Respecto a Chile miente a diario, pero eso es parte de su obsesión antichilena.

A su pueblo lo ha enredado con mil mentiras en torno a un presunto ferrocarril transoceánico de cuya participación pretende haber excluido a Chile.

Veamos algunas verdades:

1.- El “Corredor Central” existente y obstruido por Bolivia

El primer corredor o “eje de conectividad vial intrarregional” se planeó el año 2007 y fue el llamado “Corredor Central” que uniría por vía terrestre el puerto de Santos en Brasil con el de Arica en Chile, pasando por Bolivia. El corredor está construido pero inoperante ya que Bolivia exige que la carga brasileña que transite por su país, sea transportada exclusivamente por empresas bolivianas lo que no es aceptado por Brasil. Esta exigencia liquidó el proyecto y ese corredor no pudo entrar en servicio regular. Dado que no se logró acuerdo sobre el régimen de uso de dicha vía se hizo necesario diseñar y poner en ejecución nuevos proyectos (sin la participación obstruccionista de Bolivia) que uniera el centro oeste y el sur de Brasil, y Paraguay y Argentina, a los puertos del norte de Chile.

2.- Las alternativas chileno – argentinas – paraguayas – brasileñas

La primera alternativa considerada es una vía terrestre que transitara por Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, partiendo de Sao Paulo, atravesando el Mato Groso del Sur, pasando por Paraguay, Paso Hondo en Salta (Argentina), paso de Jama hacia Antofagasta y finalizando en los puertos chilenos de Antofagasta, Mejillones e Iquique.

La segunda es una vía terrestre que va desde Porto Alegre (en el Atlántico) a Coquimbo (en el Pacífico) transita por Brasil, Argentina y Chile. Cruza por el paso de Agua Negra en la provincia de San Juan (Argentina) y llega a Coquimbo (Chile).

Una tercera alternativa es el proyecto de ferrovía que una el puerto brasileño de Paranaguá con Antofagasta pasando por Paraguay y Argentina.

La realidad hoy.

La primera alternativa señalada anteriormente es la que ha avanzado mas en su concreción. Parte importante de los mercados de la agroindustria brasileña, paraguaya y argentina son China y otros puertos del Pacífico y no había ninguna comunicación vial directa entre el sur de Brasil y los puertos del norte de Chile. En 2014 se puso en ejecución un proyecto de integración vial que ha tenido un desarrollo importante y exitoso. Este corredor vincula el centro-oeste brasileño, el Chaco paraguayo, el norte argentino y el norte chileno.

Se licitó la pavimentación de los últimos 600 kilómetros de caminos que faltaban en Paraguay y faltan unos 100 Kilómetros en Argentina. En Chile deben materializarse algunas inversiones en los puertos terminales y entre Brasil y Paraguay falta un puente de 400 metros. Las obras y lo mas complicado, el reglamento de operación del corredor, deberían entrar en funciones dentro de los próximos cinco años.

El corredor de comercio Chile – Argentina o “Corredor Binacional Sur”

Aparte de lo señalado y con la lentitud propia de los grandes proyectos, el corredor ferroviario entre la Zona Central de Argentina y los puertos de la Zona Central de Chile por el túnel de baja altura por el Cristo Redentor, sigue avanzando. El cambio de gobierno en Argentina permite ser optimista en el aumento de la velocidad del mismo.

El “Corredor ferroviario bioceánico” entre la costa atlántica de Brasil y la costa del Pacífico de Perú.

A mediados del mes de mayo de 2015, el presidente de la República Popular China y la presidente Dilma Rousseff firmaron varios acuerdos bilaterales en el marco de una visita de estado del primero a Brasil. Los medios brasileños informaron que “uno de los grandes objetivos de la visita del primer ministro chino Li Keqianq a América Latina (era) el desarrollo del megaproyecto del tren bioceánico entre la costa atlántica de Brasil y la costa pacifica de Perú”.

En un ambiente de euforia, la prensa brasileña informó que “la presidente Rousseff anunció varios acuerdos de inversión y comercio con China por más de US$53.000 millones. Entre los acuerdos bilaterales se encuentra el comienzo de los estudios de factibilidad para la línea ferroviaria.

Además del tren bioceánico que unirá Brasil y Perú, otros proyectos incluyen renovaciones en puertos y aeropuertos y la construcción de varias carreteras para agilizar el transporte de granos y carnes porcinas y avícolas, entre otras materias primas. “El Puerto de Açu en el norte del estado de Rio de Janeiro sería el punto del embarque. El tren pasaría por las zonas agrícolas del centro de Brasil antes de pasar por la Amazonía y cruzar la cordillera. La ruta peruana aún no está definida”.

Viabilidad del proyecto el “Corredor ferroviario bioceánico” Brasil – Perú

Según la Unión Internacional de Ferrocarriles, “resulta más costoso enviar soja a China a través de los puertos peruanos que hacerlo desde el puerto de Santos en Brasil”. El “Corredor Ferroviario Bioceánico Central” es inviable desde el aspecto económico”. Si se embarca en el puerto de Santos el costo de transportar una tonelada de soja desde Lucas do Rio Verde hasta Shanghái, China, asciende a US$ 120.43; su envío a través del puerto de Perú costaría US$ 166.92. “Es una diferencia de US$ 46.49 por tonelada” (dólar considerado a 3.00 reales por dólar).

El cálculo no toma en cuenta el costo de construcción de la ferrovía bioceánica que de 3,650 kilómetros, de los cuales más de 1,000 km pasarían a través de los Andes. El gobierno de Dilma Rousseff estima (antes de ningún estudio formal al respecto) que el proyecto requerirá una inversión de US$ 40,000 millones solo en el lado brasileño.

Por su grandeza y dudosa sostenibilidad económica, el ferrocarril bioceánico es comparado en el sector privado con el tren de alta velocidad entre Campiñas y Río de Janeiro, un proyecto que fue “la niña de los ojos” de Rousseff durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y que ahora está archivado, mencionó Estadão”.

Evo se cuelga sin ser invitado

Humala se manifestó rápido. El tren transitaría por el norte de Perú y llegaría a los puertos de esa zona: Bayovar, Piura e incluso Callao. Evo se indignó y reclamó que Perú le estaba haciendo trampas. Gritos van quejidos vienen, el tema se calmó – total se está hablando de una idea que aun no tiene ni siquiera estudio de prefactibilidad – y Evo comenzó a mentirle a los bolivianos.

Como el tren era, obviamente, un asunto chino, peruano y brasileño buscó enredar el negocio y metió a los alemanes. El Vice ministro de transportes e infraestructura digital de Alemania fue a Bolivia y dijo de todo: “Con Perú impulsaré que el tren pase por Bolivia”; “la construcción del tren bioceánico es el megaproyecto del siglo”; que “la mejor conexión entre los puertos de Santos (Brasil) e Ilo (Perú) a través de Bolivia representa la solución”; “propuso al Gobierno boliviano financiar la construcción de la línea férrea con recursos tanto públicos como privados”; que iba encontrarse “en el aeropuerto de Lima con el viceministro de Transportes del Perú, (Henry Zaira Rojas), con el que vamos a tratar varios temas bilaterales. Uno de ellos será el tren bioceánico y yo voy a impulsar y fomentar la solución para que el proyecto (ferroviario) pase por Bolivia” y cerró con un broche de oro: “Bolivia es un jaguar listo para saltar” (¿cómo que los alemanes no tienen sentido del humor?.)

A todo esto, los protagonistas y dueños del proyecto de tren- Brasil y Perú-, no participan de estas fantasías delirantes, raro, ya que mal que mal es de ellos. Pero para Evo la realidad no importa son las imágenes y las palabras las que valen.

Según Morales, el tren «Unirá el Puerto de Santos (Brasil) con Puerto Suárez (Santa Cruz) y de ahí al Pacífico; ¿será Ilo o Mataraní? Los hermanos peruanos decidirán”. Hasta donde se sabe, ya decidieron y son los puertos del norte de su país, por lo que el tren no pasaría por Bolivia. Todo un cuento. Mas absurdo aun, mientras Morales hace inútiles contorsiones para tratar de conseguir un puerto soberano en Arica (Chile), levanta una competencia portuaria en Ilo (Perú). Una situación absurda por donde se la mire, el tren recorrería un largo trayecto por Brasil y Bolivia y concluiría en un puerto peruano en el medio de nada, a pocos kilómetros de sus sueños ariqueños!.

Como nunca funcionará un tren que transite por Bolivia ya que la idea brasileña es incorporar al Mato Groso al circuito exportador, la verdad no importa. El tema de Morales es seguir en el poder y para eso hay que seguir contándole cuentos a los bolivianos.

Negociar con el gobierno de Morales es una Misión Imposible. Este tipo de comportamientos debería alertarnos para mantenernos alejados de tratos con Bolivia mientras no haya un gobierno con un razonamiento medianamente lógico y que no mienta.

 

 

Espías y traidores

El Presidente de Perú -ex militar- ha iniciado un escandalillo a raíz de una información publicada por un diario de su país sobre una investigación que se estaría efectuando para aclarar la presunta venta de información de inteligencia a Chile, por parte de dos o tres miembros de la Armada de su país.
Su primera reacción ha sido llamar a su embajador “para consultas” y “exigir a Chile una completa y pronta investigación e informe” al respecto.

Una breve lectura de la información pública disponible muestra una forma curiosa y poco habitual de enfrentar problemas como el que se comenta:

1.- El Gobierno de Perú no ha establecido que haya existido algún “espionaje”. Nadie ha señalado la presencia ni existencia de «espías», tampoco ha establecido que algún organismo oficial de Chile haya tenido que ver en el asunto. Según el gobierno de Chile nuestro país no tiene nada que ver en el tema. La Armada de Perú lleva largo tiempo investigándolo y parece no haber llegado a nada concreto.
Es entonces perfectamente válido preguntarse ¿Con que cara Humala pide a nuestro gobierno que investigue y resuelva un problema interno suyo, de larga data, que su propio Gobierno y Armada no han podido aclarar?. Y además “exige” que se haga rápido.

2.- Según la prensa peruana esta venta de informaciones se habría producido entre los años 2006 y 2011, y se habría vendido información relativa a movimientos de la flota de ese país a industriales pesqueros italianos que no serían tales, sino chilenos.
Si los marinos peruanos venden información secreta al mejor postor, la situación interna en sus FFAA es grave y la inquietud de Humala debería orientarse mas bien a corregir un serio problema de desafección y desmoralización de sus militares. Por lo demás si alguien pone algo a la venta, casi siempre encontrará un comprador y eso no es algo que Chile pueda resolver en su nombre.

3.- Todos los gobiernos y FFAA del mundo, incluidas las de Perú, tienen organismos de inteligencia. Así, en la orgánica de las FFAA peruanas en todos las organizaciones de nivel estratégico y operativo existen organismos de inteligencia. Su Armada tiene un “Director de Inteligencia de la Marina”.

4.- En general, los organismos de inteligencia militar tratan de reunir información útil y pertinente para el proceso de conducción de las operaciones militares, es decir información sobre otras organizaciones militares o civiles armadas que puedan llegar a ser oponentes o enemigos.
Si el Director de Inteligencia de la Marina – el Contraalmirante Raúl Robles, en el caso de Perú – no está tratando de obtener de información útil para su Armada, es que está perdiendo el tiempo y dejando de hacer el trabajo para el que fue designado. Habría que reemplazarlo.
¿O lo está haciendo?.
Si es así, no parece razonable pensar que rechace a un vendedor de información sobre la Armada de Chile, de Ecuador o de Colombia por escrúpulos morales. De esta manera tendríamos que Humala está actuando con poca consistencia y armando un caso de la nada. Como ex – Militar debería estar al tanto. Por otro lado, él mismo fue Agregado Militar en Francia y Corea del Sur y si dice que no hizo ningún esfuerzo por obtener información mas allá de la que le fue proporcionada por sus anfitriones, es que estuvo con vacaciones pagadas para no hacer nada.

5.- Los traidores existen y seguirán existiendo siempre, el problema de identificarlos y expulsarlos es del que los contrató no de los ajenos. Humala es quien debe disponer las investigaciones y no pedirle informes a Chile y quien debe castigar a los traidores con sus propias leyes.

6.- Durante la década de los ´70 con Velasco Alvarado al mando, los soviéticos se constituyeron en los mentores y modelos de la inteligencia militar peruana e implantaron una forma de acción en extremo violenta y descarada. Lo experimentamos reiteradamente. Parece haber decaído desde entonces, pero no es razonable pensar que haya desaparecido del todo. Las versiones civiles de la inteligencia como el “chuponeo” de teléfonos y el robo de documentos, sigue siendo de uso frecuente a nivel político y gubernamental peruano.

Raya para la suma: Todo este escándalo no es mas que un ejercicio de mojigatería patética en busca de utilidad política interna, que está desprestigiando a su propio autor.

La Haya, Mar de Grau – Qwerty

El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) resultó una caja de sorpresas: Acogió todas las tesis chilenas: que existía un límite marítimo entre Chile y Perú reconocido por ambas partes; que dicho límite se originaba en el Hito N° 1 de la frontera terrestre y que dicho límite marítimo corría por el paralelo geográfico que pasa por sobre dicho Hito N° 1. En breve, Chile tenía razón en todo su planteamiento. Los peruanos que por sus propias razones esperaban una derrota moral para Chile, no encontraron satisfacción. Habíamos actuado de buena fe y con transparencia. Más aun, teníamos razón.

Peor, un hito de la diplomacia de la zancadilla como el muy mentado memorándum Bakula, resultó ser una anécdota intrascendente; la reiterada pillería de los diplomáticos peruanos de plantear una situación conflictiva al momento de retirarse de una reunión, por cualquier otro motivo, con un par chileno solo satisfizo su ego. Sus alambicadas creaciones cartográficas y la creatividad de su conspicuo Ministerio de Relaciones Exteriores (Torre Tagle) fueron duramente desmentidas y disectadas por una lógica jurídica implacable. Lo que Perú recibió no fue el producto de la destreza de Torre Tagle sino de la magnanimidad de la Corte. Un regalo.

Pero el fallo también sorprendió a Chile. Nuestro país fue a una corte de derecho y su caso fue fallado según criterios de equidad: satisfacer al desvalido que siempre tiene una nueva pedida.

Más allá del juicio que nos merezca el fallo de la CIJ, los chilenos fuimos a ella en cumplimiento de un compromiso libremente adquirido –el Pacto de Bogotá- nos sometimos a su jurisdicción y ahora sólo nos resta cumplir su fallo, como país formal y respetable que somos. Sin embargo, esta experiencia nos señala que la CIJ en sus fallos incluye criterios discrecionales –la equidad es un juicio moral o ético y por lo mismo subjetivo- que deja nuestros intereses nacionales entregados a su criterio y expuesto a su propia delimitación de competencias. En esa condición es mucho más válido recurrir al arbitraje u otro sistema de solución de controversias adecuado para cada caso, que siendo igualmente discrecionales, las partes puedan intervenir en la determinación de su composición, procedimientos y límites a su potestad.

Tan pronto como se leyó el fallo, las autoridades peruanas hicieron declaraciones cuyo propósito y exactitud merece análisis. El Presidente Humala se expidió sobre la naturaleza de las aguas entregadas por el fallo a Perú, señalándola como lugar donde su país ejercería “soberanía”. Aquí hay un error. El párrafo 178 de la sentencia dice “El agente peruano declaró, en nombre de su gobierno, que “el concepto de Dominio Marítimo” usado en la Constitución peruana es aplicado de forma consistente con las zonas marítimas definidas en la Convención de 1982. La Corte toma nota de que esta declaración expresa una adopción formal (de este concepto) por parte del Perú”.

Debemos recordar que la Constitución peruana establece que el dominio marítimo del Perú comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, (tratamiento de “mar territorial”) hasta la distancia de 200 millas marinas (Art. 54º), y declara que “ejercerá dicho control y protección … en una zona comprendida entre esas costas y una línea imaginaria paralela a ella y trazada sobre el mar a una distancia de doscientas (200) millas marinas, medida siguiendo la línea de las paralelas geográficas. Mediante Ley No. 23856 del 24 de mayo de 1984 el dominio marítimo del Perú pasó a denominarse “Mar de Grau”.

Durante este pleito, Perú ha declarado formalmente que para toda interpretación legal, ha renunciado a su pretensión de la “territorialidad” y acepta la figura de la Zona Económica Exclusiva de acuerdo a lo establecido en la Convención de 1982. Es decir, reconoce que sólo tiene derechos económicos sobre dichas aguas y que respeta la libre navegación y sobrevuelo a las naves y aeronaves de todas las banderas.

En breve, Perú no ejerce “soberanía” ni sobre los territorios marítimos recientemente otorgados por la CIJ ni sobre el ex – Mar de Grau.

No está claro si Torre Tagle consideró o explicó a sus conciudadanos este importante asunto, que toca a su Constitución.

Los alcances de este fallo, por lo tanto van mucho más allá de agregar algo de Zona Económica Exclusiva al mar peruano, sino que afectan a la condición jurídica de la totalidad de dicho espacio marítimo, que de un golpe, ha cambiado drásticamente de condición. Si esto es ganancia o pérdida para Perú es debatible, pero está claro que lo que Perú entendía por Mar de Grau ha dejado de existir.

 

Sin perjuicio de lo señalado, varias autoridades menores y muchos periodistas y comunicadores peruanos están intentando no solo desconocer el compromiso adquirido por su país, sino extender el criterio de “territorialidad” a su reciente adquisición territorial marítima. Este es el efecto qwerty, que dice que una vez que una idea se masifica, aunque sea mala y errónea, tiende a mantenerse inalterada, por mucho que se explique que es falsa. Chile está alerta sobre esta nueva muestra de creatividad. Es de esperar que nadie en Perú trate de ir más allá de lo prudente. Es hora de actuar como adultos.

 

Otro asunto interesante es el del triángulo comprendido entre el Hito N°1, origen de la frontera marítima y la frontera terrestre entre ambos países; el punto de corte entre el paralelo que configura el límite marítimo binacional y el borde costero y el punto 266 (Concordia para Perú) que señalaría el punto en que el semicírculo que determina el comienzo de la frontera terrestre, corta la línea de la alta marea. Este pequeño espacio de sólo 3,7 hectáreas parece haber concentrado toda la pasión de los que quedaron frustrados con el reconocimiento de las tres tesis chilenas por parte de la CIJ. Esto es una gran lástima pues representa transformar algo muy menor en un conflicto. La única explicación plausible de esta obcecación sería que el valor de ese pequeño territorio daría la posibilidad de conseguir el tan anhelado triunfo moral sobre Chile.

Personalmente, si estuviera a mi alcance, se lo regalaría a Perú como una muestra de comportamiento adulto y alma grande. Ese pequeño lunar ya ha suscitado al menos un intento de provocación, recordemos la “marcha de los reservistas” de Humala cuando aun no era presidente. La creatividad de nuestros vecinos podría reeditarla con los mismos eternos reservistas o con el “pueblo” y crear una situación conflictiva de mal pronóstico. La emboscada política ha probado ser un arma lícita, al menos para Alan García y su gobierno, por nombrar un ejemplo cercano.

Parece haber llegado el momento de que algunos círculos peruanos cesen en sus provocaciones. Todo tiene su límite. Calma y parsimonia no significan impotencia y si alguien está pensando en reeditar a García y burlarse nuevamente de Bachelet, creo que comete un grave error, tal vez irreparable.

El castillo de naipes se derrumbó y la Corte descartó por completo la entelequia. Es hora de hablar en serio. No más “engañamuchachos”, como dicen el Lima.

Chile y Perú: Disuasión y Amenazas

Se habla mucho de disuasión. Demasiado. Se habla de armas disuasivas, de sistemas de vigilancia disuasivos, de despliegues y ejercicios disuasivos, de reforzar la disuasión.

Todo con una aproximación militarista, con un lenguaje veladamente agresivo y sobre todo con imprecisiones y falta de rigor intelectual que transforman la palabra en algo antipolítico, negativo y hasta peligroso.

Lo primero que es necesario destacar es que una cosa es la “academia” y otra la “política”. Es muy conveniente que los políticos, los militares y las personas que se interesan en las cosas públicas tengan una buena formación académica en ciencias sociales, pero sería ingenuo pensar todo aquel haya estudiado ciencia política, relaciones internacionales o estrategia necesariamente va a ser un buen gobernante o un buen líder militar o que sus estudios son garantía de compresión y manejo de las realidades del ejercicio práctico de la función y de excelencia en ello.

También sería un grueso error trasladar los conceptos, definiciones y aproximaciones teóricas al mundo político real sin incorporar los variados y complejos matices que diferencian a una situación de la otra, percepción que está determinada por la experiencia, sensibilidad y visión, características fundamentales de un buen político.

El concepto base de la estrategia de seguridad nacional de Chile, compartido por una amplia mayoría social, es que nuestro país intenta obtener sus objetivos nacionales pacíficamente, a través de la cooperación, la negociación y el acuerdo con otros estados, neutralizando las amenazas a sus intereses por la vía de la disuasión y enfrentándolas militarmente sólo si la guerra nos fuera impuesta y no hubiera otra alternativa.

Si nosotros no somos los agresores y aspiramos a obtener nuestros objetivos por la vía de la negociación y el acuerdo, nuestra alternativa a una estrategia de fuerza es una estrategia de disuasión, es decir una estrategia que renuncia a emplear la fuerza o la amenaza de su uso; que se orienta a crear y mantener una condición de paz, y que intenta asegurar que la alternativa que adopten nuestros vecinos para tratar de obtener sus respectivos objetivos políticos, sea de la misma naturaleza.
El objeto de una estrategia de disuasión entonces es desincentivar, o mejor eliminar, la alternativa del uso de la coacción o la fuerza como opción aceptable y conveniente por parte de otro país, para imponernos su voluntad en un asunto en disputa.

Otro problema es que esta relación entre oponentes es dialéctica y entre actores diferenciados, lo que hace que la interacción disuasiva sea muy interesante, compleja y difícil de predecir: Un primer elemento es el de la diferencia cultural. Los dos bandos no valorizan ni entienden el tema en disputa de la misma manera y un mensaje que el bando que lo envía aprecia como unívoco, puede ser interpretado por el otro con un significado completamente diferente. La imagen que un país pretende proyectar y la idea que se forman los países receptores de esa proyección no siempre son coincidentes. Esta diferenciación se refleja también en las características de los procesos de toma de decisiones políticas y militares. Ambos elementos interactúan con estados sicológicos diferenciados en los cuales la equivocación más común es que un actor no entienda las motivaciones y procesos de razonamiento del otro, creyendo que éste se rige por los mismos estándares de racionalidad y emocionalidad que él.

La disuasión se basa en la creación ,- en la mente del oponente -, de un efecto psicológico que funciona en dos tiempos: el cálculo, es decir la evaluación de sus posibilidades de vencer, que surge de la comparación de sus capacidades totales contra las nuestras, y el temor a los riesgos del conflicto, que emerge de una combinación del cálculo anterior con otros elementos intangibles, tales como el prestigio militar de nuestras FF.AA, la determinación a luchar de nuestra nación, la eventual duración de la guerra y la estabilidad de la situación internacional bilateral y multilateral de pos – guerra y, en casos de interdependencia compleja como la que estamos desarrollando con nuestros vecinos, con la incorporación de un tercer elemento: los costos de oportunidad ocultos ante la alternativa de continuar o interrumpir la relación de cooperación.

Esto significa que hay que comparar potenciales militares – armas -; potenciales morales y políticos – economía, diplomacia, sociedad; – y la posibilidad de hipotecar el futuro favorable que pueda derivarse de una relación de paz y cooperación.

¿A quién disuadir y de qué disuadirlo?: Este es un problema clave que debe ser establecido con claridad, ya que la disuasión comienza con la notificación de nuestra decisión al potencial agresor y debe basarse en conceptos claros, compartidos por toda la sociedad y conocidos por la comunidad internacional.
La disuasión es entonces un conjunto de previsiones y acciones destinado a producir un efecto paralizador del recurso a la fuerza militar o a la presión política por parte de un determinado país, frente a una situación específica y en un escenario internacional también concreto.

La pregunta clave es entonces: frente a Perú: ¿de qué queremos disuadirlo?, ¿qué decisión o acción perjudicial para Chile queremos que no tome o emprenda?. En el contencioso jurídico levantado por Perú respecto a la delimitación marítima internacional entre ambos países, resulta evidente que no lo disuadimos de crear ese conflicto diplomático. En el estado actual de la crisis deberíamos disuadirlo de recurrir al empleo de las armas o a acciones políticas y comerciales hostiles, si sus aspiraciones no fueran acogidas por el Tribunal Penal Internacional.

En el caso que nos ocupa, para Chile, llegar a una situación de conflicto armado con Perú implica cerrar toda posibilidad de cooperación económica y política con ese país, por muchos años; el fin de toda posibilidad real de integrarnos con otros países latinoamericanos del Pacífico, y el seguro fin de la presencia cooperativa y corporativa de la región en Asia, el mercado más grande y activo del mundo. Para Perú implicaría daños similares sumados a una crisis política y social en los momentos en que inicia su muy añorado y esperado despegue.
Esto señala que no es suficiente considerar solo, ni prioritariamente, las armas y los aspectos morales y políticos internos.

Este es un tema complejo poco adecuado para ser tratado en un artículo breve, por lo que no aspiro a ingresar a él en profundidad. Mi intención es sólo levantar una voz de alerta para evitar que la liviandad o la superficialidad se instalen en el lenguaje político, diplomático, militar y comunicacional.
Es mucho lo que está en juego.

A los lectores se les ruega, en sus comentarios, atenerse al tema del artículo.