TRUMPISMO

Steve Bannon -ideólogo de Trump – al pedírsele que explicara que está tratando de hacer el gobierno, explicó: “Estamos tratando de construir un sistema que empodere a la gente común y corriente por sobre las elites nacionales y las burocracias internacionales”. Revisando otras declaraciones de Bannon y Trump se puede identificar su visión del futuro global y nacional y la estrategia para lograrlo; visión y estrategia con las cuales se puede concordar o discrepar, pero no negar su existencia.

El movimiento que lidera Trump no es una “locura”, no es algo “irracional”, ni menos “accidental”, es una propuesta articulada que pretende ser eficaz, es decir llevar a los EEUU a la meta deseada. Esa meta, en simple, es “Volver a hacer grande a los EEUU”; para ellos EEUU fue grande, dejó de serlo y debe recuperar esa grandeza y eso requiere un nuevo orden mundial con nuevas características.

Esta decadencia sería el resultado de dos factores base: el creciente y ya intolerable incremento del poder de las estructuras burocráticas internacionales, – la ONU en primer lugar – que han avanzado envolviendo a EEUU en una red de hilos delgados pero que en conjunto han paralizado su capacidad para proteger y promover sus intereses nacionales. Y segundo, las elites y las burocracias administrativas nacionales que, en connivencia con las burocracias internacionales, han aceptado estas cortapisas y han entronizado en EEUU el funcionamiento de regulaciones humanitarias, acuerdos comerciales, restricciones ambientales y tratados de diversa índole que paralizan e impiden la expresión de la creatividad y habilidad de la nación norteamericana para producir riquezas y bienes para su pueblo y el empleo de su poder para imponer comportamientos favorables a otros actores internacionales.

Este dos elementos llevan a que la tarea prioritaria sea la “deconstrucción del Estado administrativo y de la burocracia internacional”.

Podemos concordar que la ONU está lejos de ser una organización eficiente, es más, está controlada por grupos nacionales e ideológicos que administran múltiples agencias e ingentes recursos financieros, a través de los cuales vía “acuerdos” y “recomendaciones” cocinadas en trastiendas ideológicas, imponen agendas que no han sido sancionadas por los estados y menos aun por las ciudadanías, que recién vienen a conocerlas cuando son divulgadas e impuestas a través de medios académicos y de comunicación masiva que responden a sus mismas ideologías.

El poder y la manipulación de estas organizaciones sectoriales de la ONU ha alcanzado niveles de abuso intolerables, pero ello lleva a preguntarse, despedazar toda la Organización ¿es lo mas adecuado para los fines de la estabilidad global?, ¿es prescindible la existencia de un foro político global como la ONU?.

Desde otro punto de vista, el creciente desarrollo de las comunicaciones y el surgimiento de una amplia variedad de actores independientes ha potenciado la capacidad de las ciudadanías para liberarse de liderazgos intelectuales auto designados y casi eliminado la utilidad de la tutoría política y social centralizada en organismos y cenáculos académicos dedicados a ello, es decir las Agencias, Oficinas, Universidades y otras creaciones de la ONU dejaron de ser útiles o necesarias.

Parece entonces mas eficaz conservar a la ONU como el foro político de alto nivel que ha prestado valiosos servicios a la paz mundial y entrar en una revisión y reestructuración que reduzca y adecue sus innumerables ramificaciones a las necesidades de la realidad actual, la haga transparente, la sometan a control económico y político y acote su libertad de acción para que deje actuar a las fuerzas sociales y políticas nacionales sin manipulaciones ideológicas espurias.

Esto nos permite concluir que la intención final de la política del actual Gobierno de los EEUU es alcanzar la mas completa autonomía internacional, promoviendo el proteccionismo y el unilateralismo internacional; eliminando los espacios de negociación política y económica y liberando el potencial de su poder militar para su uso unilateral. Quiere un EE.UU. poderoso, con gran despliegue militar, pero que se ocupe solo de los problemas que lo afectan directamente. Nada de misiones ni consideraciones humanitarias ni altruistas.

El planteamiento de Trump es elocuente: “Yo no represento al globo, los represento a ustedes”, haciendo que la platea delirara ante a su líder gritando “USA, USA”.

Por otro lado, la revisión del funcionamiento de la política interna de los EEUU presenta características bien conocidas por los chilenos. El poder político –y su conexión económica y financiera- ha sido capturado por grupos –familias- que se repiten en cargos de gobierno estatal y federal, en la gestión de los partidos políticos, en la distribución de cargos públicos de nivel alto y medio, en directorios de empresas fiscales, en la política exterior, que salta alternativamente de directorios de empresas privadas a cargo ministeriales y al Congreso, con ramificaciones familiares, sociales y de intereses comunes que han capturado el poder marginando al pueblo en cuyo nombre dicen gobernar.

No cabe duda que es una situación intolerable, y cada vez mas intensamente ya que, de nuevo, la información fluye en forma vertiginosa y es casi imposible ocultar las componendas y “cocinas” políticas. Pero, tratar de desmantelar esa plaga ¿justifica entregar todo el poder a caudillos envueltos en la bandera patria como Chávez, Maduro o Hitler, acompañado de toda clase de bandidos, extorsionadores, narco traficantes y abusadores?. Hasta el momento, Trump ha desplazado a los representantes de las “familias políticas” habituales en los EEUU, y los ha reemplazado por “capitanes de la industria” financiera, petrolera, militar y fabril de discutible probidad y responsabilidad. ¿Es eso el cambio propuesto?, o es mas de los mismo, con otros nombres y otros bolsillos.

La relación que se intenta construir es directa entre El Líder y el Pueblo, sin intermediarios, El Líder “no es un político”, “viene de fuera del sistema”, “está limpio”, sabe lo que el pueblo quiere y como lo quiere, busca una conexión poderosa con las masas, fundamentalmente la clase trabajadora y clase media pero al mismo tiempo se esfuerza por relacionarse con los grupos mas poderosos de EEUU. Para esto, recurre a diversas estrategias entre las cuales se distingue: un personalismo rígido y excluyente, la afirmación de la superioridad de lo “norteamericano” como elemento de cohesión y el relanzamiento del “espíritu nacionalista y patriótico”. Este grupo está actuando mediante el shock y la ruptura de reglas democráticas como el respeto a la prensa, la separación de poderes y  la buena fe de los actos de gobierno.

Sin exagerar, es posible encontrar similitudes a las técnicas empleadas por Adolf Hitler, Benito Mussolini y Hugo Chávez.

Como motor de este movimiento y respuesta a lo señalado, el trumpismo está impulsando la resurrección de conceptos que las elites norteamericanas llevan años tratando de cambiar como el patriotismo un sentimiento opuesto al universalismo; o trabajando por potenciar otros como los derechos humanos por encima de las leyes nacionales; el compromiso con la humanidad como especie en vez de la cohesión nacional; el multiracismo y el multiculturalismo como identidad social.

Uno de los primeros intelectuales del trumpismo, Walter Berns en su obra “Making Patriots” elabora una lógica –para mi sólida y convincente- que concluye en que el ciudadano patriota es aquel que cumple las leyes mas estricta y constantemente, y de ahí sale otro factor en que se apoya el trumpismo: los ciudadanos se debilitan en su patriotismo, en su voluntad de trabajar por la patria y de defenderla cuando las elites gobernantes dictan leyes que chocan con sus creencias y valores mas queridos y respetados.

Pese a la separación entre la iglesia y el estado; a la diferenciación entre las preferencia personales y las de la comunidad, pese a todo, las leyes deben permitir que cada persona se sienta un ciudadano y no solo habitante de una nación y eso no puede pasar cuando sistemáticamente se legista a contrapelo en materias raciales; relacionados con la homosexualidad, el sexo, el islam, la inmigración mexicana y centroamericana, la familia y otras que chocan contra las creencias religiosas, sociales, morales, económicas y culturales de una parte relevante de la población norteamericana.

Se puede apreciar que la fractura política y social parece ser la diferenciación entre el tipo de mundo y de país que las elites promueven y tratan de materializar y las creencia, valores y sentimientos de una parte mas tradicional –y tal vez menos sofisticada en su educación- de la nación. Esta brecha se ve magnificada cuando el ascenso de China se percibe intensamente y muchos aprecian que las políticas de las actuales elites solo favorecen este crecimiento y debilitan el propio.

La reacción política y mediática de la elite desplazada por ese sector hasta ahora silenciado y sin representación política ni económica, ha sido feroz y promete ser mas dura.

La política trumpista de “agudización de las contradicciones” y la negativa al diálogo y la discusión interna no parecen ser las alternativas mas eficaces y eso nos lleva de vuelta a hasta donde esta estrategia apunta a “cambiar por la fuerza el sistema nacional e internacional” por completo o a “tratar de resolver los conflictos políticos internos” mediante el proceso político democrático que privilegia el diálogo, la negociación y el acuerdo.

Veremos el novedoso caso de EEUU luchando por conservar o restablecer la democracia. Es de esperar que nadie cometa la estupidez de mandarles a un Kennedy local a explicarles a los norteamericanos que Trump fue elegido democráticamente (por un porcentaje de votación mucho mayor que el de Allende) y que lo que corresponde es que lo dejen gobernar y llevar adelante su programa de gobierno.

REFLEXIONES EN VOZ ALTA

Mi generación y las coetáneas, nos formamos en un firme desinterés y desprecio por la política. En mi caso particular creo que lo heredé de mi padre, militar, que estuvo en servicio en los años ´30 y hasta finales de los  ´40 en que las FFAA se vieron envueltas en movimientos políticos que resultaron en divisiones y desprestigio.

Pero la realidad mostró que estábamos equivocados, en las grandes crisis políticas nacionales las FFAA siempre son arrastradas o empujadas a participar y quiéranlo o no, terminan envueltas en ellas.

Primer error. Creímos que manteniéndonos al margen podríamos evitar ser politizados. Allende usó a los Altos Mandos para intentar la materialización de su programa político. Forzando la interpretación de la Constitución los obligó a integrarse a su gabinete y a asumir cargos políticos en la administración pública. Algunos, como Prats, se unieron a él.

Durante el Gobierno Militar, algunos fueron destinados a tareas de gobierno pero la mayoría siguieron en sus actividades netamente militares. Estos últimos no participaron en política.

Terminado ese gobierno, fuimos forzados a ingresar a la ciudadanía electoral imponiéndosenos el voto obligatorio. La verdad es que nadie tenía el menor interés en ello, pero así fue. Pese a lo cual, muchos -la inmensa mayoría- decidieron no “estar ni ahí” con la política, pero comenzó la persecución político-judicial y nos “metieron ahí” a la fuerza.

Segundo error. Confiamos en que la legitimidad de nuestros motivos y la lealtad de los chilenos a quienes habíamos librado de la tiranía marxista nos defenderían de la venganza de los derrotados y harían causa común con nosotros. Nos abandonaron y algunos, los mas oportunistas, nos desconocieron.

Esto nos llevó, contra nuestro propios deseos y naturaleza a darnos cuenta de que la única alternativa válida era la de organizarnos y defendemos solos o estaríamos condenados a seguir siendo perseguidos y encarcelados por un poder judicial que la experiencia muestra que es solo una excrecencia de los poderes político y económico; sin posibilidad alguna de tener un juicio justo; sin consideración del contexto y difamados y humillados con museos financiados por el estado.

Asofar y la Multigremial de las FFAA, Carabineros e Investigaciones en Retiro (FACIR) son el gran resultado de esa decisión. Tenemos mas de 200.000 miembros y aumentarán.

Este breve recuento muestra que los militares que podemos participar en política – los retirados- debemos hacerlo y en forma autónoma, activa, decidida y con destreza. En eso estamos. Como personas serias que somos, esta participación requiere estudio, observación, análisis, aprendizaje y disciplina, que nos permita hacerlo con éxito.

La actividad política no es algo que interese a todos y es entendible, pero ello no exime de la obligación de estar informados; de dar su opinión constructiva y realista respecto a los asuntos que atañen a la comunidad militar y nacional y de elegir entre las alterativas que otros presenten.

Nos somos neutrales. Tenemos valores definidos que nos exigen acción concreta. Tenemos una visión social de Chile. Tenemos la formación adecuada para entender que la economía no es magia ni ciencia dura: es una ciencia social que se basa en relaciones causa efecto definidas, pero cuya intensidad y resultados están sujetas a la influencia y las necesidades humanas.

Sabemos de la importancia del estado, pero estamos conscientes que una cosa en una organización estatal seria y eficiente como la nuestra y otra muy distinta son otras entregadas al abuso y la corrupción de oligarquías políticas, sindicales y familiares.

Sabemos que el estado administrado por un lote ideologizado es el mayor peligro para la libertad y la prosperidad.

Confiamos en la iniciativa, la libertad y el emprendimiento de las personas.

No necesitamos de intermediarios que nos digan que es correcto y que no y ponemos el interés nacional por encima de los nuestros: es la característica básica de nuestra profesión y estilo de vida.

No es razonable que formemos un partido político, entraríamos al mismo juego; pero no por ello dejamos de tener poder político; poder que nace de nuestro número, comunidad de intereses gremiales, homogeneidad valórica, cohesión social, lealtad mutua y disciplina. En nuestro caso parece mas conveniente conservar la condición de movimiento social y gremial homogéneo, compacto y autónomo en vez de diluirse en una organización con alto número de miembros con intereses diversos.

La práctica política se adapta bien a nuestras costumbres pero nos exige tres cambios importantes: El primero, es que tratándose de una organización democrática cada persona vale un voto y todos tienen el deber de manifestar su opinión y preferencia; el segundo es que todos tiene también el deber a estar informados de las decisiones de la organización y el tercero, todos deben participar en los procesos de toma de decisiones y en su materialización, en la forma en que se establezca.

El próximo período electoral pondrá a prueba nuestras convicciones, nuestra habilidad política y nuestra disciplina.

Me parece evidente que como primer elemento para decidir a quien apoyar en primera vuelta habría que saber, con certeza, que candidatos comparten los mismos valores con nosotros y quienes no. Para ello hay que definir nuestras exigencias y plantearlas a todos, sin exclusiones, recibir formalmente sus respuestas e informarlas a toda nuestra comunidad. Ello nos permitiría determinar, objetivamente, a quien apoyar. Podría ser que ese candidato no sea uno de los con mayor intención de voto, pero eso no es vital; existe la segunda vuelta. Una vez establecido y hecho público el compromiso del candidato, deberíamos apoyarlo con toda nuestra energía y darle nuestro apoyo total.

Me parece que el primer y fundamental punto de divisoria de las aguas es el compromiso público del candidato y previo a las elecciones, de indultar a todos nuestros presos políticos; terminar la persecución política y judicial contra nuestros militares y cerrar los museos del odio contra las FFAA financiados por el estado.

Habrá que esperar el desarrollo de los acontecimientos para decidir que hacer en la segunda vuelta.

Lo mas importante, mientras nos mantengamos unidos podremos seguir luchando, no importa cuanto reveses tengamos. Confiemos en que la maldad y estupidez de nuestros enemigos en algún momento los pondrá a nuestro alcance, así se demore cien años.

La entereza e integridad de nuestros compañeros y amigos -capturados por el enemigo- que resisten en Punta Peuco ha sido el motor que ha despertado e impulsado a nuestra organización y motivado nuestro ingreso a la política.

Ahora que tenemos el instrumento debemos pasar a la acción.