Chile y sus hermanastros

Con motivo del saludo de fin de año al Cuerpo Diplomático acreditado en Chile, la Presidente de la República declaró que “Las relaciones vecinales ocupan un lugar central en las relaciones exteriores de Chile”. “El Ejecutivo impulsa una estrategia política que favorece el acercamiento con estas naciones, además de impulsar e intensificar los nexos de cooperación y amistad por medio de un diálogo franco, cooperativo y abierto”. Y se felicita: “Nuestro país ha vuelto al vecindario y estamos emprendiendo una política de acercamiento y fortalecimiento de vínculos concretos con nuestros países hermanos”.

Esta declaración coincidió, desgraciadamente, con la publicación del acuerdo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) en que esos países reiteraron “su solidaridad con el justo e histórico reclamo del Estado Plurinacional de Bolivia sobre su derecho a salida al mar con soberanía”, declaración que fue calificada como “una intromisión inaceptable”, por el gobierno de Chile: Hay una evidente contradicción entre los dichos de la Presidente y la conducta hostil de ambas asociaciones.

En la región existen tantas organizaciones que conforman una maraña que las hace parecer relevantes y significativas, cuando no lo son. Revisemos quien es quien.

Comencemos con TCP formado por Cuba, Bolivia y Venezuela, mas las islas de Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente, Las Granadinas y Santa Lucía. El TCP es de propiedad de su financista –Venezuela-. La creciente crisis económica de este país, inflación desbocada, declinante precio del petróleo -su única exportación-, endeudamiento con China e inviabilidad como sujeto de crédito la ponen en una condición de vías de extinción. Los mendicantes no seguirán detrás de un gobierno en quiebra por mucho tiempo mas: No money no music.

Sigamos con ALBA, un grupo bolivariano de gobiernos socialistas del siglo XXI integrado por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela- cuyos miembros se dirigen a la inviabilidad económica en medio de atropellos a la libertad de prensa, conducta antidemocrática, perpetuación en el poder, corrupción y violaciones a los Derechos Humanos de su ciudadanos.
La participación de Ecuador en esta desdichada declaración es doblemente ofensiva para Chile. En efecto, la diplomacia chilena ha hecho un gran esfuerzo para “recuperar” la amistad ecuatoriana incluyendo abundantes becas de estudio para civiles y militares, apoyo logístico y aproximaciones amistosas comerciales y diplomáticas que Ecuador; con su participación en esta declaración, queda claro que el intento ha sido un fracaso. La falsedad de Correa, presidente Ecuador, queda subrayada por las disculpas y retractaciones que hizo cuando, de visita en Chile a comienzos de año, se inmiscuyó en las relaciones chileno – bolivianas y nuestro gobierno le llamó la atención.
UNASUR está conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Guyana, Surinam, Uruguay, y Venezuela mas Perú, Chile, Colombia, y Paraguay. Por el momento dejemos afuera Argentina y Brasil y a los miembros de la Alianza del Pacífico: Chile, Colombia y Perú y volvemos a encontrar a los mismos bolivarianos: Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Guyana, Surinam y Venezuela
MERCUSUR, por su lado, está integrada por Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela mas Paraguay. Bolivia no es aun miembro pleno, pero está en proceso de incorporarse al pacto. Esta es una alianza que se inició como una unión aduanera que tras los fracasos económicos al interior de sus estados miembros y de conflictos comerciales entre ellos, devino en una identidad ideológica bolivariana o del socialismo del siglo XXI compartida por todos sus miembros. De ellos, Uruguay, presidido por el pintoresco Pepe Mujica, – que quiere que Bolivia consiga acceso al mar “como sea y por dónde sea” – en vías de entregar el gobierno, se ha caracterizado por su “franqueza” pueblerina y desatinada.

Los gobiernos sudamericanos hostiles a Chile se repiten: Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela, Guyana; Surinam, Nicaragua y Uruguay.

Todos son países muy respetables, no así sus gobiernos que están mas cerca de la anécdota y del estereotipo latinoamericano que de ser potencias políticas o económicas significativas.
Los mismos presidentes que nos disparan desde Alba nos abrazan en el Consejo de Defensa de Unasur; los mismos que nos insultan desde Unasur nos palmotean la espalda en Mercosur, y así, los mismos payasos nos agreden y nos abrazan desde distintos circos, y Chile sigue dándoles respetabilidad a sus organizaciones con su participación y a veces asumiendo cargos simbólicos pero sin capacidad de control.

Individualmente o en grupo, ¿tienen capacidad para complicar nuestra acción internacional?. Parece evidente que no. No son líderes de nada, son seguidores. ¿De quién?, Veamos:

Señalé que Argentina y Brasil merecían tratamiento aparte. En efecto, los gobiernos de ambos países han llegado al término de sus respectivos caminos ideológicos, económicos y políticos. Cristina, el próximo año 2015 abandonará el gobierno en medio de una crisis política, económica e institucional creada por ella misma y por su difunto marido. Después de una década de una inmensa disponibilidad de recursos financieros, se las arreglaron para dilapidarlo y sumergir al país en la corrupción y la desmoralización. Los Kirchner odian a Chile y siempre lo adiaron, intentaron activamente hacer fracasar la política de Alfonsín para terminar la crisis creada por Galtieri y sus militares contra Chile y no perdieron oportunidad para maltratar a nuestro país y a nuestros gobernantes. Nos exigieron condicionar nuestro comportamiento internacional en beneficio de sus intereses en las Falkland en claro desmedro de los nuestros respecto a los intereses de Magallanes y en contra del Reino Unido. ¿A cambio de qué?.
Brasil no pudo asimilar el golpe que le propinó el Presidente Lagos al no abandonar el camino económico de Chile para seguirlos en su aventura socialista – nacionalista. El rechazo a sacrificar a nuestros país en el altar de las conveniencias brasileñas fue imperdonable. Henrique Cardozo; Lula y Dilma no pudieron pasar este mal trago, la independencia de Chile les resultó demasiado para sus egos descomunales.

Si algún gobierno chileno sueña con conquistar el cariño de los bolivarianos, no puede estar mas equivocado. Nunca igualaremos las credenciales revolucionarias de Evo ni la palabrería de Correa ni los desvaríos de Maduro. No podríamos hacer pareja con Cristina en su lógica anti – todos, ni nos transformaremos en títeres de Dilama siguiéndolos como escuderos a donde quieran llevarnos.

Basta ya de genuflexiones; basta de mendigar amor, no mas silencios “dolidos”. Nuestro verdaderos y únicos problemas se sitúan en Argentina y Brasil, dos países con gobiernos que equivocaron el camino y que se resisten a reconocerlo. Se aproximan al final, sus políticas fracasaron y sus sueños de supremacía regional no convocan ni convencen. No podemos seguir haciendo el loco apoyándolos para que entren a sabotear nuestra Alianza del Pacífico, si quieren entrar y participar, bienvenidos, pero no podemos llevar nuestros esfuerzos hasta desnaturalizarla solo para parecer simpáticos y lograr sus afectos. No somos nosotros los encargados de salvar sus muebles del incendio que causaron ellos mismos

No mas amores no correspondidos, no mas humillaciones; nuestras relaciones con los demás países y sus gobiernos son relaciones políticas, en las que nuestro gobierno debe administrar todos sus recursos de poder mediante la acción diplomática, judicial, militar y económica y la movilización del poder de otros países y organizaciones con los que tenemos intereses compartidos; todo, para promover, proteger y adelantar los intereses nacionales de Chile, en la forma en que el Gobierno en ejercicio los entiende y valora.
Cuando los inefables Evo Morales y Álvaro García declaran que el acuerdo de ALBA muestra el “aislamiento de Chile” ya que “Son más de once países que apoyan este pedido clamoroso del pueblo boliviano”, no podemos ser tan ingenuos de dejarnos impresionar porque Cuba, Venezuela, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente, Las Granadinas, Santa Lucía, Bolivia, Ecuador y otros pequeños países cumplen su parte del contrato de provisión de petróleo para el apuntalamiento de sus desfallecientes economías por parte de un tragicómico gobernante Venezolano que se derrumba.

Las controversias entre estados son conflictos políticos; de poder; no son torneos de debates jurídicos ni concursos de popularidad. Las buenas maneras y las consideraciones son instrumentales, no tiene valor en si mismas. Si por ser corteses y considerados nuestros adversarios nos imponen sus conveniencias y nos perjudican, al diablo con las buenas maneras!.

Bolivia y sus amiguitos deben saber que pueden recibir el impacto de nuestros malos modales, de nuestros fouls, zancadillas y empujones no solo verbales sino también de actos. No se puede ir de frac a conversar con el líder de la barra brava.

Por si alguien no se ha enterado la justicia moderna, nacional e internacional, no pasa por aplicar los fundamentos tradicionales del derecho sino por “hacer justicia” en la forma que el juez la entiende. Cualquier concurrencia a un juzgado pasa por ponerse en las manos de un personaje, con un poder sin ningún contrapeso, para el cual su promoción personal y sus convicciones ideológicas son mas relevantes que los antecedentes, las razones “en derecho”, los contextos, los acuerdos previos. Las doctrinas jurídicas tradicionales fueron sobrepasadas por la ideología.

Hoy por hoy, ponerse en manos de un juzgado internacional es un riesgo para un país que, como Chile, ha tenido éxito. Es inútil mostrarles que tenemos la razón, es mucho mas necesario que entiendan que perjudicarnos va contra los intereses corporativos de sus tribunales y los de sus peculios personales.

Mindef: De la Defensa Nacional de Chile a la Defensa Colectiva Regional

La integración regional ha sido un sueño persistente en Sudamérica. Comenzó desde la independencia misma y ha continuado bajo diversos enfoques y justificaciones. Los fracasos iniciales se debieron principalmente a razones geográficas y políticas. Por un lado existía una diferenciación inicial derivada de la división administrativa española la que se sumaba al inmenso tamaño de sus territorios que no les permitía no siquiera controlar efectivamente los espacios que se presumía a su cargo.
Sudamérica está dividida por la Cordillera de Los Andes que la cruza de norte a sur en toda su extensión partiéndola en dos mundos, el Atlántico y el Pacífico; los valles formados por sus estribaciones hacia el Pacífico subdividen esos territorios en regiones aisladas de sus vecinos conformando subregiones que prontamente desarrollaron sus propias sociedades, economías, culturas y elites, diferentes a las de sus vecinos. Por el otro lado, la selva de la Amazonía instalada al centro del continente reforzó esta división impidiendo “la conquista del Oeste” e impuso el tránsito y el poblamiento sudamericano en su periferia costera con interconexión terrestre muy dificultosa por lo que se organizó principalmente por vía marítima, separando aun mas a los diversos “países”.
Pero el sueño no murió. Se continuó intentando la integración por diferentes vías y con diferentes motivaciones, y fracasó una y otra vez. Tal vez las razones mas comunes de estos fracasos modernos fueron el voluntarismo que minusvaloró la magnitud de las dificultades, la presencia protagónica de ideologías políticas y las agenda de las personas y países que impulsaban esos intentos, que generalmente pretendían instrumentalizar un proyecto ideológico bajo el disfraz de “integración”.
El intento chavista, que finalmente se estructuró en torno a Unasur es un típico ejercicio mítico regional. En 1999 Chávez bramaba: ¡En Venezuela está en marcha lo que hemos llamado el proceso de resurrección venezolana … Alerta, Alerta, Alerta, que camina la espada de Bolívar por Latino América!!”. El correlato obvio fue cultivar el mito de Chávez como una especie de Bolívar reencarnado, primero para consumo interno venezolano y luego como “modelo” para Sudamérica.
El Foro de Sao Paulo se constituyó con Castro, Lula y Chávez con la intención explícita de retomar en Sudamérica las banderas abandonadas por la caída de la Unión Soviética. Lula buscó afanosamente la supremacía brasileña desde un discurso de izquierda; Chávez intentaba una revolución continental y los Castro buscaban con angustia algún mecenas que se hiciera cargo de los resultados de su inepcia económica. Luego se colgaron Kirchner, Correa y Morales.
Entre 2002 y 2004, Chávez se enfrentó al proyecto de “Regionalismo abierto”, que marchaba en tándem con ALCA, Área de Libre Comercio de las Américas, de la cual los gobiernos de Chile fueron entusiastas promotores. Desde ahí se originó su animadversión a nuestro país. Según su diagnóstico, Sudamérica estaba dividida en dos grupos, los bolivarianos, que lo seguían a él y a Lula, y los “monroistas”, integrados por Chile, Colombia México y Perú que debían ser doblegados. Chávez creó la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) instalando una situación binaria: los buenos, antiimperialistas, revolucionarios, etc. y los malos, vendidos, sometidos etc.
Chávez se auto asignó dos tareas 1.- “enterrar el ALCA y el modelo económico, imperialista y capitalista y 2.- “ser el partero de una nueva historia, el partero de una nueva integración, el partero de ALBA , la Alternativa Bolivariana para las Américas, para los pueblos de América, una verdadera integración libertadora, para la libertad, para la igualdad, para la justicia y la paz”. Sus instrumentos serían Unasur y el dinero del petróleo venezolano.

Lagos se mantuvo claramente al margen de este grupo, Bachelet en su primera administración se les aproximó, en parte por su simpatía hacia Lula/Rousseff y hacia Fidel. Piñera se dejó designar presidente para no alejarse tanto de esos países y estableció un modus vivendi con Chávez. El actual gobierno de Chile mantiene una posición ambigua: calla ante los atropellos a la democracia y a los Derechos Humanos por parte del gobierno militarizado de Chávez y parece apoyar la creación de una “comunidad de seguridad sudamericana” en torno a Unasur. En efecto, el Programa de Gobierno de la actual administración en su sección “Defensa” declara: “Durante el período 2014-2018, la política de Defensa Nacional tendrá como objetivo principal de mediano y largo plazo, generar una Comunidad de Seguridad en América del Sur que garantice la paz y elimine definitivamente la amenaza de la guerra, siendo el Consejo de Defensa de UNASUR la institución para avanzar en esta materia”.
El actual Subsecretario de Defensa, en Punto Final el año 2012, criticando la Estrategia de Seguridad y Defensa (ENSD) propuesta por el gobierno de Piñera declaraba: “Así, mientras en la región el debate entre los miembros de UNASUR evoluciona aceleradamente y comienza a decantar la idea de la creación de una comunidad de seguridad como consecuencia de la larga paz sudamericana, la ENSD avanza aisladamente en una dirección casi opuesta”.

A esta altura se hacen necesarias algunas reflexiones. Primero, es evidente que los organizadores y “dueños” de Unasur están en un proceso que, vía Foro de Sao Paulo, se declara heredero y continuador del difunto marxismo soviético para su materialización en Sudamérica. Segundo, que se declara anticapitalista y antiimperialista en la forma que Castro, Chávez y Lula entienden ese término. Tercero, que están conformando una “comunidad de seguridad” con una fuerte componente militar y Cuarto, que pretenden ampliar el ámbito de ingerencia militar en los gobiernos de los países, al estilo Venezuela.

A qué nos están invitando, ¿a una integración para la prosperidad de nuestros pueblos o a reeditar la guerra fría y el enfrentamiento político con destrucción de la democracia y atropello a los DDHH?. El ejemplo de Venezuela, Argentina y Ecuador sugieren lo segundo.
Cabe entonces preguntarse si los chilenos están conscientes que nuestra política exterior y de defensa se mueven en esa misma línea política y militar. También preguntarse si nuestra ciudadanía ha tomado nota que vamos hacia una defensa colectiva regional en que asumimos compromisos militares con nuestros socios. Dado que los gobiernos de Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia practican un agresiva política económica, comunicacional y diplomática contra los EEUU, Gran Bretaña y varios otros países, ¿es legítimo que nuestro país haya tenido un vuelco estratégico, militar y de seguridad de esa magnitud sin que haya sido socializado con la ciudadanía?, ¿cómo es posible que los gobiernos sigan adquiriendo compromisos relevantes a espaldas de la opinión pública?.
Los días 9 y 10 de Junio de este año, en Buenos Aires, se efectuó la Conferencia de Defensa y Recursos Naturales del Consejo de Defensa Suramericano (CDS). Esta curiosa incursión de la defensa en funciones propias de Gobierno derivan de un silogismo tan simplón como erróneo: “Los recursos naturales son importantes; Hay que garantizar la soberanía y protección de los mismos; Los militares son responsables de la soberanía y protección de sus países; Ergo: los militares deben defender los recursos naturales”.
¿Tiene la Estrategia de Defensa algo que hacer respecto al ejercicio y funcionamiento de la democracia en cada país o en el conjunto de la región?, ¿algo que decir respecto al manejo que cada gobierno determine adecuado para gestionar sus recursos naturales?.

Pero la manipulación de nuestra ingenuidad u oportunismo va mas allá. Por acuerdo mayoritario, en el Plan de Acción 2014, aprobado en esa oportunidad con la concurrencia del representante del Ministerio de Defensa de Chile, Carlos Maldonado Prieto, se le encargó a Venezuela y a Chile “Proponer y consolidar lineamientos estratégicos del CDS/Unasur para la construcción progresiva y flexible de una visión compartida de defensa regional de acuerdo a lo ordenado en el numeral 16 de la Declaración de Paramaribo el 30 de agosto de 2013 y en concordancia con los lineamientos orientadores aprobados en el IV Seminario …”
En este sentido la aseveración del actual Subsecretario de Defensa al criticar la forma en que se trabajó la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa en el gobierno de Piñera es muy válida: “Este gobierno tiene pleno derecho a opiniones diferentes a las de los gobiernos anteriores, pero es indispensable que se mantenga el debate público buscando acuerdos que signifiquen continuidad en lo fundamental, como que se mantenga el carácter estatal de las políticas que se aplicarán. Esa dinámica se suspendió, y fue un grave error. Afecta a una política que se aplicó durante más de diez años y todavía no está suficientemente institucionalizada. Sobre todo, porque hay que cautelar el carácter estatal de la defensa y el papel del Ministerio de Defensa, que es nuevo … Y por eso mismo es indispensable que haya un verdadero debate, amplio e informado”, algo que también vale para este gobierno.

Que no haya duda, Chile, junto a Venezuela somos los que proponen la nueva estrategia. Estamos yendo hacia la conformación de una alianza militar regional en que los intereses de nuestros socios pasan a ser nuestros. Los países que conforman la mayoría en Unasur son: Argentina; Venezuela, Ecuador, Bolivia, Surinam y Brasil, tan amigos nuestros que si lleváramos ahí nuestra queja por los malos modales de Morales nos ganaríamos una sonora rechifla.
Todo parece indicar que estos asuntos de interés nacional deberían ser discutidos abiertamente, con participación del Congreso, de la ciudadanía y de los académicos e intelectuales y no manejadas a puerta cerrada, en forma casi subrepticia. Se hace gran caudal de la defensa como política de estado: si cambiar por completo el paradigma de defensa nacional que nos ha acompañado desde la independencia por otro de defensa colectiva regional – que se apoya en una ideología que es rechazada por las grandes mayorías nacionales- no afecta a la política de estado, es difícil identificar algo que lo hiciera, salvo que “política de estado” sea una forma de denominar lo que le gusta a cierto sector y que le permite rechazar visiones alternativas y mas promisorias como por ejemplo, la Alianza del Pacífico y la cooperación en seguridad con México, Canadá, Perú y Colombia.

Mindef – Una larga marcha se inicia con un pequeño paso

El Ministerio de Defensa no funciona según lo esperado. En dos artículos anteriores me he referido a este tema.
En el primero de ellos –Mindef, una tarea mal hecha– señalaba que la gestación de la Ley 20.424, -que intentaba reorganizar por completo el Ministerio-, se produjo en un ambiente de desconfianza en que las partes intentaron dejar establecido en el cuerpo legal los resguardos que evitaran la repetición de situaciones de autonomía militar y uso político de las FFAA ocurridos en el pasado y que protegieran a las personas incorporadas a ese ministerio dentro del cuoteo de los cuatro gobiernos transcurridos desde 1990 hasta 2010.

También señalaba que el Reglamento de la Ley, -técnicamente escuálido-, no contribuyó en nada a su funcionamiento interno y que la carencia de profesionales civiles y militares con conocimientos de la gestión moderna de la defensa vino a impedir que se alcanzara el objetivo de cuerpo legal definido como: “Ejercer la Dirección Superior de la Defensa y ser capaz de llevar a cabo el ciclo completo de políticas públicas del sector, comenzando con la emisión de una “Política Estratégica Nacional” como objetivo general de carácter político del Estado frente al actuar de la Defensa”.
La administración Piñera descuidó la gestión de la defensa y se limitó a administrar su potencial político para promover agendas diversas: la del propio Piñera en cuanto tratar de introducir una cuña en la Democracia Cristiana designando a Ravinet en el cargo; la de Allamand, tratando de propulsar su candidatura presidencial y la Hinzpeter, intentando algo que solo él sabía que era.
Se puede apreciar que la administración Piñera no sometió al Ministerio de Defensa al proceso de reorganización sistemática de su estructura orgánica y operativa que éste exigía y que era imprescindible para llevar a cabo las funciones determinadas por su nueva Ley Orgánica.

Desde marzo del presente año –9 meses efectivos- , se encuentra en funciones el nuevo equipo gubernamental lo que conllevó la incorporación de nuevas autoridades y funcionarios de confianza política, sin que se aprecie progreso alguno. Esta fue el tema de la segunda columna –Mindef, el reposo del guerrero– a que hice referencia al comienzo y que en breve señala que si bien “Se podrá o no estar de acuerdo con (el análisis de Burgos a la gestión de defensa del gobierno Piñera), … en su crítica se aprecia una contradicción entre lo dicho y lo hecho. En efecto, habiendo hecho pública una crítica dura, precisa y propositiva, no es posible entender que encontrándose en el cargo de Ministro de Defensa, -desde donde podría haber comenzado a llevar a cabo la corrección de todos estos errores-, a ocho meses de su asunción, no ha hecho nada en esa dirección”.

En efecto, el documento de Estrategia de Seguridad y Defensa propuesta por el gobierno pasado sigue varado en el Congreso desde donde no ha sido retirado, corregido ni desestimado para iniciar un nuevo proyecto, ya que como se señaló es imposible gestionar la defensa sin establecer su rol ni sus tareas dentro de la seguridad nacional.

El punto de partida para “gestionar los procesos” de gobierno del sector defensa, es que el ejecutivo les dé “dirección” a los mismos señalándole su rol y tareas dentro del sistema de seguridad nacional. Es decir primero se debe establecer una “Estrategia o Política de Seguridad Nacional” y después Defensa podrá avanzar en las suyas.
En breve, el mando político, en nuestro caso el presidente de la república -responsable constitucional de la defensa y seguridad nacional- debería emitir una directiva mediante la cual instruya a su gabinete respecto a la forma en que deberá articularse el conjunto de recursos de poder nacional para lograr lo señalado. A partir de esa directiva la defensa sabrá que es lo que deberá hacer, las restricciones o condicionantes de su actuar y el requerimiento de recursos para su tarea.

Hacer un rediseño total de una institución es difícil y hacerlo en un Ministerio lo es aun mas. Hay dificultades de distinto tipo: En 24 años ha habido 15 ministros, lo que da un promedio de 1,6 años para cada uno de ellos, un plazo demasiado breve. La duración actual de las administraciones es de solo cuatro años, de los cuales una parte se pierde en la instalación del equipo gobernante. Generalmente el cargo es designado en base a consideraciones político partidista: cuoteo, equilibrios, agendas personales. Rara vez ha habido un ministro de defensa con experiencia de gestión gerencial o empresarial. Los ministros se rodean de un equipo político adecuando a su agenda política o personal, no técnico. Muchos de los cambios por hacer requieren el concurso del Congreso lo que introduce un elemento de imprevisibilidad –lo que entra puede ser muy distinto de lo que salga aprobado- y de retardo. Todo cambio implica alterar los equilibrios y distribución de poder existente al interior del ministerio, lo que es conflictivo y genera resistencias. En el mercado laboral hay escasez de personal capacitado técnicamente y el ministerio no ofrece proyección laboral a mediano o largo plazo.

Estas y otras dificultades desalientan a cualquiera.

También hay elementos que lo facilitan: la gestión moderna de la defensa es una técnica conocida y disponible. Si bien la simple copia no es capaz de acomodar muchos elementos peculiares de cada caso, historia, cultura política, ideologías y disponibilidad de especialistas, su estudio y análisis puede ser un apoyo muy significativo. Hay ofertas de gran valor, como por ejemplo el programa DIRI, ofrecido por EEUU.

Volviendo a Chile: El primer problema es ¿qué hacer?; ¿por dónde empezar?

Creo que lo primero es establecer el objetivo final. Para dónde vamos, qué queremos hacer. Creo que lo que se requiere es que el ministerio:
– Asuma la responsabilidad de mando, determine políticas, defina estrategias, asigne tareas y medios, establezca estándares y objetivos cuantificables y supervise la ejecución de todo lo anterior.
– Organice el sector defensa como un sistema operativo militar único e integrado, conservando la especificidad e identidad de cada institución.
– Estructure un sistema en que cada autoridad civil disponga de asesoría militar institucional y asesoría militar independiente y en que cada autoridad esté sujeta a juicio técnico o político constituyendo un esquema de “controles y equilibrios”.
– Conforme un sistema militar en que las funciones gobierno, operativa y administrativa operen sinérgicamente, bajo la coordinación, autoridad y la responsabilidad del Ministro.
– Incorpore la participación eficaz del Congreso.
– Actualice constantemente la doctrina de defensa.

Esto requiere una aproximación de modernización con las FFAA, no contra ni al margen de ellas. Que la Junta de Comandantes en Jefe sea parte relevante del sistema de defensa. Que la modernización sea real, no bastan cambios cosméticos ni juegos mediáticos. El protagonismo y eje de todos los cabios deben ser las fuerzas de combate y ellas requieren la mayor atención, cuidado y preferencias.

¿Por dónde empezar?. No hay forma de evitar comenzar por una clara –PRECISA Y BREVE- estrategia de seguridad nacional dictada por el gobierno, como parte de una política de estado, que articule todos los recursos de poder del estado para continuar avanzando hacia donde los chilenos queremos llevar a nuestro país. Luego el gobierno a través de su ministerio de defensa, deberá desarrollar la estrategia militar que, evidentemente está determinada por la anterior y que debe incluir las estrategias para la defensa nacional, la cooperación interna, la cooperación regional, la participación en operaciones de paz, la proyección en el Pacífico y otras.

Otro paso fundamental es rehacer el Reglamento de la Ley de manera que quede establecido con claridad que es lo que cada organismo y nivel ministerial debe hacer, quien lo hace, en colaboración o acuerdo con que otros organismos del mismo ministerio, en que fecha del año, con información a que otros organismos fuera del ministerio de defensa. Las responsabilidades deben quedar claramente definidas.

La calificación del personal existente es fundamental. Existen ofertas extranjeras de programas de apoyo a la formación del personal. También existen programas nacionales y se pueden crear otros según las necesidades. El personal que no pueda o quiera recalificarse podrá ser movido a otros servicios del estado. La profesionalización del personal y la creación de un servicio civil profesional es una necesidad ineludible para asegurar remuneraciones adecuadas y permanencia del personal.
El problema de la continuidad solo puede ser resuelto con la existencia de un grupo de trabajo dedicado cuya vida exceda a la de una administración, hasta que la institucionalidad ministerial se haya desarrollado lo suficiente como para generar un impulso modernizador propio y permanente. En este aspecto, una institución moderna como se aspira que sea el ministerio de defensa, requiere la capacidad de cambio y auto modernización permanente, como un elemento característico. La creación de un organismo de trabajo como el señalado podría ser anexado al gabinete del ministro y funcionar bajo su supervisión y guía.

Los grandes cambios administrativos suelen ser traumáticos, particularmente cuando afectan a la vida personal y familiar de las personas, tales como remuneraciones, carreras, salud, previsión y educación. Por otra parte, en la defensa, estos aspectos están fuertemente imbricados y cualquier cambio que se haga en uno de ellos afecta a los demás, es por eso que “el gran cambio”, el “decreto que ponga orden de una vez”, es la peor forma de enfrentar una transformación. Existen ámbitos técnicos y organizacionales en que esta interconexión también se da, creo que en todos ellos la mejor opción estratégica de cambio es la de una identificación del “estado final deseado” o condición general última que se espera alcanzar, la que debe ser conocida por todos y aceptada por la mayoría, que ser alcanzada mediante cambios incrementales avanzando en todos ellos a la vez, con cautela y precaución, pero sin pausa.

En breve, modernizar es difícil pero posible, las claves son continuidad, definición de objetivos, metas y estándares, socialización de los objetivos por alcanzar y del camino que se va a recorrer. Muchas organizaciones se han modernizado, incluyendo a las propias instituciones de la defensa.

El ministerio de defensa también puede. Será una larga marcha, pero puede comenzar con pequeños pasos.