Archivos Mensuales: enero 2021

NO SóLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

En un periódico se ha planteado la idea de un Ingreso Básico Universal (IBU).

Según dice, “El concepto es simple: cada ciudadano recibiría una suma básica mensual sin necesidad de ninguna contraprestación, cualquiera fuese su condición social” y añade “La causa de fondo que ha suscitado un renovado interés en el IBU -además del sentimiento de solidaridad- es la incertidumbre sobre el futuro del trabajo en la medida en que avanza la robótica y la posibilidad de que un alto porcentaje de jóvenes vaya quedando fuera del mercado laboral”.

Concuerdo con el diagnóstico, discrepo de la solución.

Primero, es cierto que la robotización que ha hecho -y se agudizará- que las manufacturas básicas estén siendo desplazado a países cuya mano de obra trabaja por nada y cuyos gobiernos además les dan amplias ventajas impositivas a los inversionistas extranjeros, son causa de creciente desempleo en los países desarrollados o en avance hacia el desarrollo.

También es cierto que la “sociedades de bienestar” son más y más onerosas para las economías nacionales y muy poco generosas para las espectativas de sus beneficiarios.

Esta situación hace que un amplio segmento de la población viva en la incertidumbre sobre su futuro laboral y personal y que eso genere creciente tensión social y abra las puertas al populismo.

Discrepo de la solución en cuanto a que las personas, todas, necesitan un trabajo digno, medianamente satisfactorio, que les facilite su integración a grupos sociales de variado orden y les permitan una actividad regular y constante.

El trabajo es mucho mas que un salario, es una condicial social y de auto estima.

Es por eso que una solución tan simple como sería el IBU nunca satisfará completamente es necesidad y peor aun, llevará a muchos de sus beneficarios a los vicios, la vagancia, la desmoralización y la perdida de la dignidad.

Tengo una alternativa: La Pequeña y Mediana Empresa, -La PYME- el emprendimiento, apoyado y empleado sistemáticamente por los gobiernos como un elemento de integración y estructuración socio económica. Con una Corfo que articule el apoyo integral a cada empresa para la navegación dentro de la burocracia, financamiento, tecnología, gestión, comercialización y función social.

Imagino al Estado apoyando activamente a los emprendedores capaces de ofrecer empleo a todo tipo de personas, de todos los niveles educacionales, intelectuales, fÍsicos, sicológicos y grupos etarios para todo tipo de actividades, fabriles, creativas, artísticas, innovadores, de salud, cuidados de personas y servicios profesionales de todas clases, en el país y en el extranjero. Este apoyo se materializaría mediante un subsidio a la persona y ésta lo portaría con ella a la Pyme en que trabaje. Su monto sería calculado para satisfacer las necesidades particulares de esa persona y de su grupo familiar.

Un sistema asi permitiría aumentar sustantivamente la oferta laboral, daría espacio a un variado tipo de habilidades y destrezas y sobre todo, permitiría a muchas personas encontrar un espacio en el cual realizarce como personas.

Un sistema como el descrito tiene, además, una gran flexibilidad para adecuarse con rapidez a nuevas demandas y cambios en el mercado y en la tecnología

Este es un tema largo y bastante mas complicado, pero lo dicho da, creo, una idea de mi propuesta.

LA AGONÍA DE LA CLASE DIRIGENTE DE CHILE

La Clase Dirigente de Chile es un segmento de la población conformada principalmente por la Clase Política; los Grandes Inversionistas nacionales y extranjeros; los Empresarios y Gestores Empresariales; los Intelectuales y Académicos; los Periodistas y Dueños de Medios comunicaciones; los Directivos de Organizaciones “sin fines de lucro” y los funcionarios de Organismos Internacionales.

Los Ciudadanos somos todos los demás.

La Clase Política está conformada por los Partidos Políticos y sus dirigentes; son oligarquías mas o menos hereditarias, familiares, capillas ideológicas, que forman un grupo pequeño, compacto y de muy poca movilidad o cambio. Los diputados y senadores, los “representantes”, que deberían cumplir la función de interlocución entre los partidos y la ciudadanía, en realidad, no nos representan ya que nos son impuestos y controlados por los Partidos. Defienden sus intereses y los de ellos mismos. Muy bien pagados, con prebendas y privilegios diversos, corruptos, en general de escasa formación profesional. El contar con el monopolio de la representación, establecida por la Ley Electoral que prácticamente impide la concurrencia de candidatos independientes, los constituye un monopolio perfecto que les permite independizarse por completo de la ciudadanía, excepto en cuanto a dejarlos jugar un rito electoral controlado por sus mismas estructuras partidarias: “las máquinas”.

Los Grandes Inversionistas, Industriales y Financieros internacionales y los Empresarios Nacionales y Extranjeros. Son la correa de transmisión de los grandes movimientos económicos mundiales. En este momento la globalización y la concentración de la inversión manufacturera y de compra de materias primas en China, a los que no podemos sustraernos. A lo mas, podemos tratar de “surfear” la ola. Este mundo está convulsionado y en cambio profundo y veloz. El problema, para los ciudadanos, es que estos grupos visualizan y enfrentan las situaciones desde una óptica del interés de las empresas con las que se relacionan, no de los estados o de las naciones en que operan. Su “globalidad” los autonomiza de correr la suerte del Estado y de la Nación en que funcionan y pueden cambiarse de país en cualquier momento, sin perdida económica ni social.

Los Intelectuales y Académicos; son una elite pequeña y principalmente local. Significativos en Chile y algo en la región. Son la base que apoya y secunda al grupo anterior. En cierto modo sus habilidades y conocimientos les permiten considerarse globalizados. Si las cosas marchan mal sus miembros y directivos pueden irse a otros países ingresando al circuito internacional de la elite. El Centro de Estudios Públicos (CEP) es un buen ejemplo

Los Periodistas y Dueños de Medios comunicaciones Este sector es funcional a la Clase Política y a las Grandes Empresas. A veces son de su propiedad, como la Tercera, CNN Chile y Mega. Su poder se encuentra amenazado por las redes sociales, que son de propiedad de grandes empresas globales que administran el flujo de informaciones e interviene y controlan muy de cerca nuestro comportamiento, gustos y opiniones.

Los Directivos de Organizaciones “sin fines de lucro” y Funcionarios de Organismos Internacionales. Este es un estamento que se instaló en una condición ambigua en que el origen de sus recursos y los objetivos que persiguen, se sitúa en una mezcla de propaganda y mentiras. Sirven a intereses normalmente extranjeros, tanto privados como estatales. En general sirven a los movimientos que promueven y empujan cambios sociales y culturales, encubierta o abiertamente. Su poder se ha incrementado por la debilidad de nuestro actual gobierno.

Los Ciudadanos. Esos somos nosotros, los dueños del país, los titulares de la soberanía política, los que hemos luchado y sufrido por seguir adelante juntos antes las adversidades y que no queremos, no podemos ni consideramos la opción de dejar todo botado y arrancar a otro país donde seguramente no seríamos felices.

Somos la 3ª Clase del Titanic, los que se hunden con el buque, los que pelean a muerte por mantenerlo a flote.

Somos personas, pero también grupos que trabajamos para la Clase Dirigentes, como trabajadores, soldados, pymes, vendedores, consumidores y choferes de micros.

En Chile, los ciudadanos estamos enojados, frustrados, tristes, cansados. Nos sentimos engañados. Sabemos que tenemos que salir adelante, no tenemos opción ni aceptamos rendirnos.

Nuestro problema es que nuestra Clase Dirigente nos falló. En efecto, en Chile el problema fue el mal funcionamiento del estado, la aplicación de malas políticas públicas, la omisión de la solución de déficits sociales evidentes y la colusión económica político – empresarial.

Como casi todos los desastres no falló TODO, incluso hubo partes del sistema que siguieron funcionando muy bien. La salida de la pandemia es una prueba. Hubo otras que fueron desastrosas, como los partidos políticos que no se atrevieron a oponerse claramente a los violentos y coquetearon con ellos hasta el final y que emplean el tiempo en acusaciones ridículas y sin sentido; algunos empresarios y los trabajadores de la salud; los Carabineros y los Soldados, parte del Estado, la gran mayoría de los ciudadanos que mantuvieron la calma, la paciencia y la disciplina durante meses y meses de encierro y falta de dinero. Con enfermos y fallecidos.

Como se puede apreciar hay mucho que arreglar y corregir. No será posible hacerlo en un día ni en un mes ni en un año. ¿Cinco a diez años?. Podría ser.

El problema es por dónde comenzar. Creo que hay que comenzar por la cabeza:

El cambio total y profundo la clase política. Cambiar la ley electoral: voto obligatorio, menos diputados, menos senadores. Calificados, profesional y moralmente, con controles financieros y disciplinarios externos, sin ningún tipo de privilegios. Con cuentas rendidas en detalle y con boletas. Con supervisión ciudadana. Sin reelección.

Partidos que sean principalmente corrientes de opinión. Con poder político acotado. Con mayor participación de las organizaciones sociales.

Disciplinar  a los Grandes Inversionistas, Industriales y Financieros, Empresarios Nacionales y Extranjeros. Deben cumplir las leyes en forma estricta y en toda circunstancia, con organismos contralores reales, la subsidiariedad debe exigir, como contrapartida un comportamiento socialmente responsable, estricto apego a la legalidad y un gobierno supervisor de que no haya abusos de ninguna especie.

Revitalizar a las Pymes. Apoyarlas fuertemente y protegerlas de los abusos.

Educación, mejorarla substancialmente, exigir rendimiento, disciplina y responsabilidad a los estudiantes.

Orden y seguridad. Estricto cumplimiento de le ley. Los padres deben hacerse responsables del comportamiento de sus hijos menores de edad.  Reducir las penas de cárcel y concentrar el esfuerzo en la recuperación por el trabajo.

Este país es nuestro. Si no participamos estamos renunciando a nuestra ciudadanía. El Estado es nuestro, es para servirnos con eficiencia y dado que no se puede tener todo de una vez, es quien debe priorizar.

Si no participamos, merecemos que los políticos nos traten como a tontos e inútiles.

LA POSMODERNIDAD CHILENA

Jean Francois Lyotard, filósofo francés, autor del desarrollo sistemático de esta tesis, en el primer párrafo de obra fundacional establece:

Nuestra hipótesis es que el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial y las culturas en la edad llamada postmoderna. Este paso ha comenzado cuando menos desde fines de los años 50, que para Europa señalan el fin de su reconstrucción. Es más o menos rápido según los países, y en los países según los sectores de actividad: de ahí una discronía general que no permite fácilmente la visión de conjunto. Una parte de las descripciones no puede dejar de ser conjetural. Y se sabe que es imprudente otorgar un crédito excesivo a la futurología.

Es una forma “francesa” de decir que éste es un tema propio de las sociedades civilizadas.

De esta definición me parece conveniente destacar que según Lyotard, la posmodernidad se manifiesta y materializa desde dos dimensiones: la industrial y la cultural. La economía transita del orden capitalista de una economía de producción, a una economía de consumo. Los medios masivos de comunicación y la industria del consumo masivo se convierten en centros de poder global, superando los intereses nacionales de las grandes potencias. Así, la industria manufacturera, la tecnología y la gestión norteamericana y europea crean y desarrollan la industria china, y sus mercados dinamizan su “milagro” económico.

A mi parecer es importante destacar que la tríada formada por el cambio de la forma de producción industrial ; el avance tecnológico y la globalización de los mercados- son el motor original de la posmodernidad, siendo “acompañado” por el cambio cultural.

El que este proceso se haya iniciado en Europa, mas precisamente en Francia, y “desde fines de los años 50, que para Europa señalan el fin de su reconstrucción” sugiere que las duras derrotas de las dos guerra mundiales, la pérdida de su imperio colonial y la decandencia terminal de su liderazgo industrial, cultural y académico tienen mucho que ver en su génesis y desarrollo y por lo mismo, su “aroma” intelectual francés acota el ámbito de su validez y capacidad explicativa.

Evidentemente nosotros no estamos incluídos en la posmodrnidad: no llegamos nunca a la edad industrial, menos a la pos industrial. Nunca fuimos una cultura moderna, menos podemos ser pos modernos. Aunque nuestros intelectuales de izquierda -algunos con pos grado en Francia- crean comportarse como tales y traten de interpretar nuestro modesto devenir bajo esos parámetros.

Se podría decir que somos una mezcla heterogénea de diversos estados de (sub)desarrollo industrial, económico, cultural y social, con una mediana en el tercio inferior de la campana de distribución normal.

No somos pos modernos en forma espontánea, por elección ni por nuestra voluntad, sino que somos objeto de dos intensas corrientes de influencia que complican y condicionan nuestro comportamiento:

La posmodernidad nos llega en forma “blanda”, como acciones, presiones y extorsiones emprendidas por actores globales en razón de sus propias agendas políticas, filosóficas y culturales: organizaciones “sin fines de lucro” de alcance global; las Naciones Unidas y sus innumerables excrecencias; “mecenas” archimillonarios; organizaciones “filosóficas” y similares y cadenas de medios de comunicaciones globales.

Y en forma “dura”, destinada a condicionar, alterar y modelar específicamente nuestro comportamiento económico y de consumo, por cuanto ese cambio es beneficioso para adelantar el control y explotación de nuestro país y nuestra gente por parte de bancos, inversionistas y financistas anónimos y globales y, lo mas potente; sistemas manufactureros, de distribución y de consumo de bienes, tan fuertes que no siguen sino que imponen comportamientos y políticas a los gobiernos y desplazan sus instatalaciones, infraestructura y mercados, libremente por toda la geografía mundial, que negocian de igual a igual con los gobiernos y les imponen tratamientos tributarios y de protección de acuerdo a sus respectivas conveniencias.

En este contexto, nuestro país y muchos otros, no están en condiciones de actuar librememte y menos de imponer sus preferencias políticas ni tendencias culturales, solo deben seguirlas y protegerse de sus efectos tan bien como puedan; aprovechar las tendencias y acciones de otros que converjan con sus intereses, adecuar y readecuar sus politicas sociales, económicas, productivas, educacionales, para modificar sus capacidades constantemente, según vayan recibiendo desafíos a los que no puede oponerse, sino que deben, necesariamente, “navegar” lo mejor que puedan.

Esto pone de evidencia que si queremos encontrar respuestas razonables para orientar nuestro desarrollo social, económico, educacional (establecer un modelo de desarrollo) debemos potenciar nuestras habilidades de previsión, flexibilidad, adaptabilidad y anclar nuestro destino a lo único sobre lo cual ejercemos algún grado de control: ubicación, extensión y características geográficas, riquezas y recursos naturales, originalidad y creatividad de su población, educación, cohesión social, iniciativa privada y un estado con capacidad de gestión para articular, equilibrar y revisar este esquema siempre precario y variable, en sus dos ámbitos: interno y global.

Una tarea en extremo dificil.

Parece evidente que llegar a algo así y tener éxito, requiere una organización de primer nivel, es decir algo muy dificil de alcanzar por parte de nuestra sociedad actual y aun mas distante de la clase dirigente -política y empresarial- que domina nuestro país.

Como todos los problemas estratégicos, el primer asunto a resolver parece ser la identificación de la condición que se quiere alcanzar y sostener estableciendo paramétros adecuados para medir su obtención y reajuste según los cambios que vayan ocurriendo en la situación interna e internacional.

En breve, identificar y actualizar constantemente los fines; evaluar con realismo los recursos de todo orden de que se disponen en cada momento, los medios; y  el esquema de acción en el tiempo y el espacio mediante el que se organizará su empleo, la forma, la estrategia

6 de enero de 2021.

                      

LO DESECHABLE

Hasta el último decenio del siglo XX, los bienes eran durables y cuando se rompían, se reparaban; ahora son desechables y cuando se rompen, se botan.

Los buenos empleos eran los estables y de por vida; ahora los empleos deseables son los bien pagados y temporales.

Un matrimonio que se rompía era una desgracia; hoy es una oportunidad de cambio y una nueva experiencia.

Un padre envejecido o un hermano discapacitado era un compromiso fraternal y una tarea familiar; hoy es un problema económico y una tarea profesional.

El ideal social parece ser la transitoriedad, la autonomía, el cambio y la inmediatez.

Hay dos fuerzas que están presionando esa tendencia y, en conjunto, están modelando nuestra sociedad.

Por un lado, el aumento exponencial de personas que buscan afanosamente la libertad de todo compromiso y atadura y que simultáneamente, viven atemorizadas, en la incertidumbre y la soledad; y por el otro, insertos en un esquema de una economía global autonomizada de todo compromiso social, dirigido por entes míticos desconocidos que no son responsables ante nadie y que se mueven por el mundo, fuera del control de los gobiernos y los pueblos, en febril persecución de sus intereses particulares.

La libertad -por su parte- es entendida y buscada como una exigencia perentoria de la eliminación de todo tipo de límites y controles; de las restricciones físicas, sociales y morales, y de la evasión de la responsabilidad de las decisiones personales cuando ellas derivan en daños a nuestra salud o existencia. Mientras en el fondo de nuestras mentes, subyace la delegación de la responsabilidad final en manos del “Estado”, como figura paternal, que in extremis, se hará cargo de nosotros.

Por otra parte, el mundo y la sociedad, inundados de basura industrial y del consumo humano, sólida, liquida y gaseosa; contaminante y venenosa, se llena cada día con más desechos humanos: personas sin empleos o directamente in-empleables, viejos, discapacitados físicos y síquicos; subdotados intelectuales e individuos intoxicados permanentes por la droga y el alcohol.

Hay una tensión que parece girar en torno a la búsqueda de la libertad total y de la necesidad de “administrar los desechos”, materiales y humanos en que, inexorablemente, terminaremos todos.

La aceleración del avance de la informática, de las comunicaciones, la robótica y la automatización; la concentración de la manufactura y la industria en inmensos conglomerados globales con residencia gerencial en “paraísos fiscales” y residencia física en países miserables, explotados sin pudor alguno; la creación de una superclase de magos de las finanzas globales, secundados de una clase también global de administradores y gestores, carentes de todo compromiso con las naciones y sociedades en que nacieron y trabajan, augura no solo la continuidad de las actuales tendencias sino su consolidación.

Estamos en un mundo que requiere medidas enérgicas y claras para tomar un rumbo en que el género humano sea vuelto a poner como centro y propósito del uso de la libertad y de la actividad económica, y social.