EVO MIENTE Y VENDE HUMO

Mentir es feo, mas que maldad el mentiroso muestra debilidad; mas que perfidia, muestra estupidez. No por nada el dicho señala: “La mentira tiene las piernas cortas”.

Cuando alguien miente en forma sistemática y reiterada, no solo pierde su dignidad, también va nublando su percepción llegando a un punto en que deja de distinguir entre la realidad y la maraña de mentiras y distorsiones que ha propalando en diversos escenarios y momentos. En Bolivia la relación entre la realidad y la fantasía es difusa y se superpone, y Evo abusa de esta debilidad de sus conciudadanos, debilidad que los chilenos no compartimos. Recordamos … y mucho.

Un caso ejemplar son las mentiras con que Morales ha tenido engañado a su pueblo respecto a sus divagaciones ferroviarias y portuarias, con las que pretendía asustar a Chile.

A comienzos del año 1990, los presidentes regionales acordaron un plan para mejorar la interconectividad Atlántico – Pacífico que se concretó, en agosto de 2000, en la llamada Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), que tiene como objetivo la planificación y desarrollo de proyectos para el mejoramiento de la infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones. Uno de los efectos inmediatos de ese acuerdo fue la construcción del Corredor Bioceánico Central (carretero), que une el puerto de Santos, en Brasil, con Arica e Iquique a través de Bolivia, que fue terminado pero no pudo ser puesto en uso porque Bolivia no aceptó los términos sobre el régimen de uso de dicha vía poniendo exigencias fuera de toda lógica, como que la carga que transitara por Bolivia, fuera transportada solo por camiones bolivianos, además de la constante amenaza de “tomas” del camino usadas como forma habitual de protesta política en Bolivia.

Para superar este problema, Chile y Brasil iniciaron un diálogo destinado a buscar posibilidades de interconexión efectiva entre ambos países y acordaron un corredor vial que comenzando en Santos , Brasil, transitaría por Paraguay y Argentina para llegar a puertos del norte de Chile. Este proyecto se encuentra en su fase final de construcción y en proceso de implementación de su reglamento de uso.

En mayo del 2015, el Primer Ministro Chino, Li Kequiang en gira por Sudamérica lanzó la idea de construir un ferrocarril entre la costa Atlántica en Brasil y la costa del Pacífico en Perú. El tren saldría del puerto de Açu en el norte del estado de Rio de Janeiro transitaría por las zonas agrícolas de la Amazonía, cruzaría la cordillera al norte de Bolivia y llegaría a algún puerto del norte peruano. En los acuerdos bilaterales firmados por Rousseff se habló de comenzar pronto con los estudios de factibilidad y se mencionaron cifras mareadoras del orden de los US $30.000.000.000, para comenzar a hablar.

En la visita del Presidente Peruano Ollanta Humala a China con motivo de la APEC el 2015 y luego del acuerdo con Brasil, se aprobó la suscripción de un memorándum para iniciar los estudios de un proyecto de ferrocarril que uniera los dos océanos e integrara los mercados de Brasil, Perú y China. El tren pasaría por el norte de Bolivia, sin entrar en ese país.

A mi juicio y como los hechos lo confirmaron, esta fue una propuesta sin base real, de las muchas que China lanzó en esos años y que nadie tenía la intención de materializar.

Mientras tanto, las conversaciones sobre otros proyectos viales y ferroviarios factibles y razonables continuaron trabajándose entre Argentina, Brasil y Chile.

Morales entró en escena por la ventana y trató de apropiarse de un proyecto fantasioso en el que sus dueños -China, Brasil y Perú- no querían a Bolivia.

Algunos países adhirieron a la fantasía de Morales en forma jocosa. El Vice ministro de Transportes e Infraestructura Digital de Alemania, Rainer Bomba, consideró que Bolivia, “un Jaguar fuerte, que está dispuesto a saltar al futuro y listo para encarar tiempos mejores” no podía sino ser un socio conveniente para Alemania, hizo dos o tres viajes a Bolivia, habló de todo, y parece haberse divertido en grande. Sin preguntar a Brasil ni a Perú, menos a China, consideró que el trayecto vía Bolivia “era el mas conveniente” y que impulsaría que el ferrocarril pasara por ese país. Morales, ya lanzado, viajó a Alemania donde se reunió con Merkel lo que según los viajeros “se hizo en un tono muy amigable y se trataron intenciones de proyectos importantes, sobre todo en el rubro de infraestructura con miras al futuro.” Morales regresó en triunfo a su país, jurando que Chile estaba “aislado de la integración regional” gracias a sus hábiles maniobras.

El Ferrocarril “iba”.

Cuando le preguntaron a Bomba respecto al financiamiento, le dio cuerda a Evo: “Cabe mencionar que todavía no existe una decisión tomada respecto al contrato. Además, hay que señalar que los intereses del financiamiento varían en los ritmos diarios, pero existe mucho dinero que hay en disposición en el mundo que busca ser invertido y son recursos a los que se puede acceder de forma económica y barata”.

En lo que a Chile toca, nadie puso mucha atención a toda esta historia, ya que en el intertanto estaba trabajando en serio con Brasil, Paraguay y Argentina en un proyecto real. Evo por su parte, comenzó a perifonear que su movida ferroviaria era para dejar a Chile fuera de la integración regional y comenzó a “mover” a Perú. Primero intentó meterse en la licitación de la operación del puerto de Ilo, donde cortésmente y después de muchas conversaciones los peruanos les hicieron ver que no pondría un pié en la gestión ni en la operación de ese puerto, sería otro usuario mas.

Cuando Ollanta Humala aseguró que el tren llegaría a un puerto peruano del norte sin entrar en Bolivia, Evo estalló en llanto: “No sé si Perú nos hace una jugada sucia”, comentó Evo Morales en octubre del 2014 sosteniendo que el proyecto sería “más corto, más barato” si atravesara Bolivia. Cuando en Perú asumió Kuschinski, éste le insistió a Evo que la idea del tren no era viable, pero ante los lloriqueos de Morales le dio una solución “sudamericana”: Por ahora firmemos un “Memorandum de Entendimiento (MDE), hagamos una comisión y estudiemos el tema”.

Este mes de Junio, el Ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda de Brasil, Milton Claros, con buenos modales pero con la dureza del cansancio por la majadería de Evo en que Brasil se uniera al MDE, le puso la lápida al cuento boliviano: “el Memorándum de Entendimiento relativo a esta obra suscrito por Perú y Bolivia, que se encuentra al presente en manos del Brasil es un proyecto de enorme magnitud y sumamente complicado, merecedor de un amplio y detallado examen y estudio de todas las complejidades técnicas, económicas, geopolíticas, ambientales etc., que presenta su concepción, financiamiento, construcción y funcionamiento que no pueden estar contenidas en un simple “Memorándum de Entendimiento”. En breve, Morales no moleste mas, la vía férrea que nos interesa no va a ingresar a Bolivia y su país no tiene nada que hacer en este asunto. Bolivia se sobre jugó mintiendo sobre el presunto interés de Brasil por que el trazado del eventual ferrocarril a través de Bolivia. Mientras se tratara de engañar a los bolivianos, vaya y pase, pero cuando Evo salió al mundo atribuyendo a Brasil un interés que no tenía y una participación que no había manifestado, reaccionaron con fuerza.

Todo el cuento se vaporizó. Desde el Puerto de Santos en Brasil hasta el de Ilo en Perú quedó levitando una voluta de humo que Morales intentó cubrir con nuevas mentiras e insultos a Chile.

El Canciller Muñoz expone la situación con claridad, “Evo Morales y su gobierno siguen difamando, mintiendo e insultando a Chile, el inevitable interlocutor. Colonialistas, chantajistas, discriminadores, falsos socialistas, ladrones, dementes, son algunas de las injurias que el gobierno del Presidente Morales ha emitido contra Chile y contra el pueblo de nuestro país”.
“Desde hace tiempo el gobierno de Bolivia está llevando a distintos foros internacionales variadas acusaciones contra Chile. Todas, sin embargo, tienen un denominador común: son falsas. Bolivia falta a la verdad”.

Un periodista boliviano sintetiza el problema de su país con crudeza y claridad: “Bolivia arrastra todavía sus problemas constitutivos. Así, el tema marítimo es solamente conato de catarsis – es decir, intento de purificar las pasiones de nuestro ánimo, tratando de eliminar ese pasado que altera nuestro equilibrio social y nacional- y nada más. Empero, en lugar de exorcizar esos demonios, esa catarsis fallida los aviva aún más.

Cada mes de marzo, desde hace más de 100 años, lamentos, desfiles, declaraciones grandilocuentes e iniciativas originales saturan el entendimiento y el sentimiento de los ciudadanos. En lo político, ellas desembocan en un nacionalismo espurio, pues todavía son inconsistentes las bases nacionales de nuestra Bolivia.

Ese impulso nacionalista “ejerce un enorme atractivo, ya que permite aliviar esos conflictos interiores, contradicciones e inseguridades que aquejan a todo ser humano, proyectándolo hacia el ‘enemigo’ … En todo lugar ese recurso al nacionalismo es dramático, en el nuestro adquiere tintes tragicómicos.

En las redes comentaristas hacían notar que los desfiles son propios de los victoriosos. En Bolivia se desfila para conmemorar y “festejar” las derrotas. Para “honrar a Eduardo Abaroa”, estudiantes y funcionarios desfilan con sus mejores galas, al son de fanfarrias relucientes.

En nuestra psicología, el usurpador chileno es un badulaque y nosotros unos perdonavidas. Pero como no basta para explicar cómo hasta ahora no tenemos mar, el resultado es la confusión y sumirnos más en la mediocridad, y el conformismo.

El Ejército boliviano ha planteado condecorar a los oficiales y personal de Aduana recientemente secuestrados por policías chilenos en —según el Gobierno— territorio boliviano. La banalización y del descrédito de lo que debería ser el heroísmo.

La propaganda oficial logra convencer a muchos ciudadanos que la solución al enclaustramiento está en el recurso presentado por el Gobierno ante La Haya. Si el fallo fuese favorable a Bolivia, ello significaría solamente que Chile estaría “obligado” a negociar con Bolivia… a lo que Chile podría sencillamente negarse.

Todos ansiamos el mar pero para lograrlo es necesario patriotismo, no patrioterismo”.

Realidades, no mas mentiras ni humo.

BRASIL: LO QUE VA DE LULA A TEMER

Los gobiernos de Brasil, de izquierda o de derecha, tienen una alta opinión de si mismos y están dispuestos a dar lecciones a otros países.

A propósito del escándalo de la exportación a Chile de carne contaminada, Blairo Maggi, magnate de la exportación de soja, ministro de agricultura de ese país, nos ha aplastado con sus amenazas de represalia: “Si tuviera que tener una reacción más fuerte con Chile, la tendré sin duda alguna” incluso señaló que “contaba con el respaldo del Presidente Temer” para ello. Tanta rudeza me hizo extrañar a Aurelio García, “El Profesor”, que periódicamente venía a darnos lecciones de política, economía y relaciones internacionales. Era antipático, atropellador y generalmente estaba equivocado, pero tenía mejores maneras.

Es rara esta afición autoritaria, doctoral y castigadora de los gobernantes brasileños. Dueños de un país que presenta una y otra vez serios problemas sociales, políticos, de seguridad y económicos, se esperaría algo mas de pudor y modestia.

Brasil no tuvo guerra de la independencia, no hubo reemplazo de la elite imperial por otra republicana, solo hubo un cuartelazo en que el emperador fue defenestrado y reemplazado por los mismos militares, aristócratas y latifundistas que habían controlado el país e implantado el esclavismo. Esa misma clase domina el país hasta hoy.

Con la excusa de que Brasil requiere un desarrollo industrial que le dé la autarquía necesaria para competir de tú a tú con las grandes potencias mundiales, lleva siglo y medio obligando a su pueblo a consumir bienes y servicios malos, caros, tecnológicamente atrasados y subsidiados por el estado, a fin de cuentas, pagados a la clase empresarial con el sacrificio de sus habitantes.

Hace ya algunos años la realidad se impuso y Brasil aceptó su condición de exportador de materias primas y productos agrícolas, aunque siga presumiendo de industrializado, en este camino exporta carne de vacuno de segunda categoría que ha resultado ser objeto de adulteración para disfrazar su defectuoso procesamiento y almacenamiento.

Destapado el escándalo, Chile, al igual que otros países, detuvo la importación de carne brasileña, de ahí su exabrupto. Supongo que esperaba que comer carne en mal estado debía ser nuestra contribución a la grandeza de Brasil y al enriquecimiento de sus empresarios. Muy clarificadora la reacción, es importante que los chilenos hinchas de Brasil tomen nota.

Pero hay dos malas noticias para Maggi, el cree que “el comercio está hecho de codazos” y como en Chile hay libertad de comercio y el gobierno no puede obligar a la gente a comer comida descompuesta, el codazo final lo tienen los consumidores, clase social que en su experiencia de gobierno no es relevante pero que aquí cuenta. Lo mas probable es que la venta de carne brasileña caiga fuertemente.

Por otra parte, es bueno que sepa que si los exportadores e importadores chilenos sufren daños, es su problema y deberán resolverlo buscando otros clientes y proveedores, lo que constituye una dificultad remontable, de la misma manera que en el pasado hemos superado las presiones de otros gobiernos prepotentes. Por otro lado, los consumidores brasileños también sufrirán, aunque ese es un tema que a alguien como Maggi no le preocupa.

Después de todo, parece que Lula era mas civilizado que Temer.

El próximo “MILAGRO BRASILEÑO”

En 1990 el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, con Lula a la cabeza, fundó en Brasil el Foro de Sao Paulo, para rearticular los partidos marxistas sudamericanos después de la debacle de la URRS. El único miembro que ejercía el poder ejecutivo en algún país era Cuba.

A fines del año 2001, con Cardozo al mando, Brasil decaía a ojos vista. Su proyecto social demócrata no pudo sostener el gasto necesario para financiar los servicios y prestaciones que se suponía que el estado debía proveer para satisfacer los derechos de sus ciudadanos. Para poder postular a un cuantioso crédito del FMI, éste les exigió apuntar a tasas de crecimiento anuales no inferiores al 4,5 % o el 5 % del PBI, reducir el tipo básico de interés -en ese momento entre los más elevados del mundo- del 18,5 % al 13 % y reducir la deuda pública de 259. 000 000, que representaba el 70 % de la deuda pública total y el 42 % del PBI; algo imposible para Cardozo y música para el populismo de Lula que ganó las elecciones a finales del 2002.

Lula se lanzó en grande: intentó buscar el liderazgo regional y trató de ganar un puesto como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En conjunto con Chávez obstruyó el ALCA promovido por EEUU. En conjunto con Turquía, propuso mediar para llegar a un acuerdo con el programa nuclear de Irán. Celso Amorín -su Ministro de RREE- se puso a disposición de la ONU para mediar entre Irán y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AEIA) sobre la energía nuclear.

El 1º de enero de 2003 en el acto de toma de posesión, Lula anunció el inicio del combate contra la pobreza. Durante los primeros meses de su presidencia, se inició el proyecto Hambre Cero, destinado a seis millones y medio de familias. Con el sustento de la bonanza económica mundial, se lanzó en un muy publicitado programa social que se dijo habría reducido la tasa de pobreza en forma sustancial y potenciado la escolaridad general.

El año 2005 se iniciaron los escándalos por la corrupción. El “Mensalao” o las Mensualidades, que fueron sobornos pagados a legisladores del Partido Laborista Brasileño para que votaran a favor del gobierno. El 1 de octubre de 2006 ganó por amplio margen la reelección hasta el 2011, en que lo sucedió su ahijada política Dilma Rousseff. El 4 de marzo de 2016, Lula fue arrestado y su casa fue allanada en la causa que investiga a Petrobras por corrupción desde hacia varios meses. Lula habría recibido 8 millones de dólares entre pagos por conferencias, viajes y regalos.

En medio de este escándalo, el 16 de marzo la Presidenta Dilma Rousseff lo nombró Ministro de la Casa Civil, equivalente a Primer Ministro, en una estrategia para evitar que Lula llegara a la cárcel, lo que derivó en un juicio político a Dilma que se fue complicando con nuevas acusaciones y concluyó con su destitución.

Durante el período de bonanza el PBI subió sustancialmente y se aseguró que la clase media hasta entonces débil, había crecido hasta ser mayoritaria, con mas del 50% de la población. Las estadísticas de comercio exterior mostraban que las exportaciones crecieron por sobre las importaciones. Los altos aranceles para las importaciones -hasta el 50% en algunos casos- siguieron altos en el criterio de que la fabricación en el país siempre significaba crecimiento.

El año 2015 Brasil se encontraba de nuevo en una veloz y profunda crisis. El PIB disminuyó en el 3.8% con una previsión de profundización para el año 2016. Según el gobierno de Rousseff la culpa era de la sequía y la disminución de la actividad económica en China. Se optó por la la conocida receta tipo FMI, austeridad y el incremento de impuestos. Esto redujo el consumo y la economía cayó en picada. Cayó el empleo (en 1,5 millones de empleos) y se estableció el control de precios. La corrupción detuvo las inversiones estatales en infraestructura. Un ejemplo fue Petrobras que detuvo la inversión de US$ 32.000 millones, a efectuarse en cuatro años, aunque la caída del precio del petróleo también contribuyó a desinflar las expectativas sobredimensionadas. El escándalo de corrupción comprometió empresas brasileñas de ingeniería y construcción, como Odebrecht, Andrade Gutierrez y OAS, sin mencionar la estrepitosa caída de Eike Batista, protegido de Lula y modelo de Lobo de Wall Street brasileño, que también incursionó en nuestro país.

El primer pulso electoral después de la debacle fueron las elecciones municipales, en que el PT bajó de 630 municipios controlados el 2012, a solo 256, es decir el 60%. Decayó brutalmente en la credibilidad ciudadana.

Según los líderes del PT, “el período de gobierno de Lula (2002-2010) fue el mejor de toda la historia nacional. Ricos y pobres han disfrutado de los beneficios de un país cuyo producto interior bruto (PIB) creció a una tasa promedio del 4% anual, con una inflación bajo control y baja tasa de desempleo (6,7% en promedio). Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), casi 30 millones de personas salieron de la pobreza entre 2001 y 2009, una hazaña reconocida internacionalmente, y que dieron lugar a la llamada nueva Clase C”. “Al igual que en la crisis argentina, los problemas comenzaron con el deterioro de los términos del intercambio, el debilitamiento del gobierno y la reversión de la cuenta de capital, y fueron acentuados por el crecimiento del gasto público”.

Según Carlos Ominami, tratando de tapar el sol con un dedo: “La destitución de Dilma no fue simplemente cambiar un Presidente. Se trata de algo mucho mayor aún: cambiar de modelo, derrotar un proyecto y para ello es imprescindible destruir a Lula y al Partido de los Trabajadores. La política que está poniendo en práctica el gobierno de Temer no tiene misterios. Se trata del triángulo clásico: recorte del gasto fiscal, disminución de impuestos y privatizaciones”. “La derecha llegó a la conclusión de que el ciclo progresista abierto por el primer gobierno de Lula era muy difícil de detener. Por ello, el objetivo principal, la presa mayor, finalmente no era Dilma: es Lula … que había llegado a ser el principal referente del progresismo a nivel mundial”.

La pobreza ocurre automáticamente; la riqueza en cambio, debe ser producida y explicada. Esto que parece tan obvio no lo es. Las políticos populistas se aplican a la distribución y dejan de lado la producción, es por eso que cuando se acaba al dinero que había llega inevitablemente la pobreza. Las políticas de Lula tarde o temprano debían hacer crisis y llevar a Brasil de vuelta a la pobreza. No cabe en alguien racional que explique que “Al igual que en la crisis argentina, los problemas comenzaron con el deterioro de los términos del intercambio”, porque ese cambio es de normal e inevitable ocurrencia y cualquier política económica basada en condiciones excepcionales de los términos de intercambio anormalmente favorables, es una irresponsabilidad y, con todo respeto, una estupidez.

En Brasil, Cardozo falló porque quiso crear, esta vez a escala regional, el probadamente fallido sistema económico de economía cerrada por altos aranceles (Mercosur), que debía “proteger temporalmente” a la oligarquía nacional con la ilusión que Brasil colonizaría económicamente al resto de sus miembros. Para colmo comenzó tratando de distribuir consiguiendo préstamos del FMI.

Lula se subió a los altos precios internacionales y se creyó rico. Estaba cantado que la plata se acabaría. Y se acabó. Gastó como loco dando amplias ventajas a los empresarios locales que hicieron mucho dinero y, como ya saben de que se trata este juego, no invirtieron, no mejoraron la productividad y apostaron todo a la especulación. De paso se embolsicaron cantidades siderales de dinero público administrado por funcionarios deseosos de ser corrompidos. La afición del propio Lula a los empresarios que deberían llevar la bandera imperial de Brasil a los confines de Sudamérica no fue completamente inocente, también mordió su pedazo.

Los grandes empresarios han jugado muchas veces a la política de la colonización regional que tanto gusta a todos los sectores políticos brasileños, desde Cardozo a Aurelio García –El Profesor-; desde Lula a los generales; desde los Teresinha de Castro a Itamaratí. A todos les gustaría expandir y controlar mercados y gobiernos regionales; ofrecer o imponer su tutela y tratar de apabullar con las enormes cifras que su país puede mostrar, que señalan un potencial pero no una realidad y en esas fantasías, dejan atrás la realidad, lo concreto y lo factible.

En pocos años, -uno o dos-, veremos un nuevo “milagro brasileño”. Con los mismos actores: la oligarquía prebendaria/nacionalista; los partidos políticos en busca de lechar la vaca rápida y exhaustivamente y a los académicos/ideólogos/geopolíticos iluminados, todos explicando al mundo, ahora con diferentes discursos, que Brasil “está condenado el éxito”, haga lo que haga.

Nada va a cambiar mientras no se le cobren sus errores a ese trío fatal y los impostores sean reemplazados por gente real.

SUDAMÉRICA A PARTIR DE LA CAIDA DE LOS BOLIVARIANOS

La salida y posterior disolución del kirchnerismo en Argentina; la agonía Venezolana en manos de la pandilla chavista – militar; la farandulización del régimen incivil de Evo Morales, a la que se suma la crisis brasileña con  juicios por corrupción, obstrucción a la justicia y enojo ciudadano, no dejan lugar a dudas que el chavismo bolivariano ha muerto asesinado por sus propios líderes.

Poco queda ya del Foro de Sao Paulo y de sus promesas de expandir la solidaridad y generosidad de la izquierda por el Continente. La naturaleza humana pudo mas y todos los líderes del proyecto están seriamente amenazados en su punto mas vulnerable: la honestidad.

Néstor y Cristina; Chávez y Maduro; Evo y García Linera; Lula y Rousseff son los sepultureros de la izquierda sudamericana que, tras la caída del muro de Berlín, trataron de rearmarse a partir del Foro de Sao Paulo. La idea, sin embargo, fracasó

La rendición de los Castro ante Obama marcó el comienzo del fin y la tragicomedia brasileña, su final.

¿Qué tenemos?. ¿Cuáles son los parámetros para la distribución de poder dentro de los cuales se reordenará el paisaje político regional?.

La crisis brasileña marca el fin de una época en ese país. La política de nacionalismo económico, de sacrificio de la gente en beneficio del poder del estado, acompañada de corrupción y alianza entre los que ejercen el gobierno, -de derecha e izquierda-, para distribuirse los recursos fiscales mediante la asignación de contratos tramposos, aranceles proteccionistas y proyectos de “prestigio” que solo benefician a ellos mismos, ya no da para mas.

El camino de transformación económica -limitado y débil- que emprendiera Fernando Henrique Cardozo, fue abandonado justo en el momento en que las condiciones del comercio exterior permitían -como nunca- consolidarlo para salir adelante; Lula con su Partido de los Trabajadores prefirieron el populismo y el espectáculo. El momento pasó y solo queda la pena por la oportunidad perdida y la consciencia de que vienen tiempos duros.

La crisis brasileña, tomada como eje de análisis, resume los procesos que se están desarrollando en la región:

Un líder carismático llega al Poder prometiendo reformas estructurales de la mano de una política económica inviable. El boom de los commodities le da flujo de caja durante un periodo mas o menos extenso, que engaña a muchos respecto a la factibilidad final del proyecto … pero, cruel como solo la realidad puede ser, la caída de los precios de las materias primas produce el fin del sueño, el descubrimiento de la corrupción del líder y el colapso del proyecto en medio de la rechifla generalizada.

Las reverberaciones de la debacle interna brasileña están llegando a otros gobiernos de la región. La cultura del soborno y la alianza empresarios – estado para apoderarse de los recursos fiscales ya están afectando a Perú, Chile, Argentina, Venezuela y Bolivia. Estos procedimientos no fueron originales ni exclusivos de los empresario y del gobierno de Brasil, de hecho ya estaban en proceso en esos países, solo vinieron a darle impulso -y desvergüenza-. Esto continuará y agravará la inestabilidad. Ya es un hecho que la izquierda regional fue solidaria en sus manejos turbios. Repartieron dinero a destajo, asi como prebendas y beneficios. Pocos parecen haberse negado

Otro elemento es que a la proyección de la crisis interna brasileña ya mencionada, se suma la presencia de gobiernos asertivos en la defensa de sus intereses –como el de Colombia-; inciviles en su trato diplomático -como el de Bolivia-; indecisos en su rumbo como el de Chile; con conflictos internos o directamente en disolución como el de Venezuela y otros dispuestos a sacar ventaja de la situación, lo que potenciará una sensación de desorden e incluso de cierta anarquía regional.

Para finalizar, la proyección de la pugna ideológica interna en Brasil hacia los grupos, tendencias y partidos políticos afines de la región ampliarán el área de inestabilidad.

La crisis actual en Brasil puede ser breve o larga, hasta el momento pareciera que Lula intenta dar la pelea. Sus recursos de poder están seriamente debilitados pero aun existen. Rousseff al aceptarlo como “Ministro” abdicó en su beneficio y eso señala que los contendores tienen nombre: Lula, Aecio Neves y Fernando Henrique Cardoso.

El empresariado comprometido con la corrupción sistémica tendrá que camuflarse o desaparecer y otras organizaciones y empresas aparecerán en la escena, pero la clave es si insistirán en mantener el sistema de economía con alta injerencia estatal o se aventurarán en la globalización. Si van por el primer camino, la pobreza se mantendrá y la presión social crecerá hasta hacerse intolerable; si van hacia la libre mercado, tendrá que cambiar por completo su cultura y sus hábitos políticos y económicos, lo que no es nada fácil.

La política exterior de Brasil tendrá que diseñar un nuevo proyecto. Mercosur está muerto, Unasur es otro cadáver. El imperialismo “benévolo” no es aceptable para la región que en buena parte optó por pasarle por el lado y tanto el mercado como el eje de la política de poder mundial están en el Pacífico Occidental. Estos parámetros exigen un rediseño integral de su posicionamiento regional y global.

– ¿Cómo viene el futuro?

Habrá un realineamiento entre los grupos regionales. La actual división Alianza del Pacífico – Mercosur está obsoleta. La nueva división parece ser insistir en la Integración Regional o incorporarse a la estrategia de Regionalismo Abierto.

Un actor importante cuyas definiciones políticas y económicas impactarán con fuerza es Argentina. Hasta el momento parece avanzar en la dirección de la segunda alternativa.

Brasil podría también incorporarse en este grupo, pero supondría un esfuerzo muy grande y solo ocurriría en un lapso prolongado.

Colombia puede tomar un protagonismo insospechado con su gran economía y sus problemas internos en vía de solución.

México no se decide a donde ir, con sus conflictos internos y liderazgo dubitativo, puede que tome una decisión o que se mantenga en una posición oscilante entre Sudamérica y EEUU.

Chile ha perdido el rumbo, no tiene un proyecto de país ni de sociedad, sus consensos internos están deteriorados y las ideas que se creían ya superadas han vuelto a aparecer, repetidas como mantras por jóvenes que creen que están proponiendo algo original. Podría ser que se recupere y que siga jugando un rol indeciso entre su geografía y de las decisiones políticas tomadas en gobierno anteriores o que continúe retrocediendo hacia políticas del pasado, en cuyo caso mantendría una relación ambigua con uno y otro grupo.

En un nuevo escenario de Regionalismo Abierto, se conformaría una asociación de países con mercados libres y una alianza política en base a un conjunto de intereses y valores concordantes. En el escenario Integración Regional se conformaría un alianza política entre países con fuerte componente ideológica y un esquema económico regulado y semi cerrado. Posiblemente tendría un carácter antimperialista en un esquema parecido a un chavismo atenuado y tal vez menos ineficiente.

Lo único claro es que vienen cambios profundos en la forma que entendemos el poder y la economía en Sudamérica.

 

 

Integración regional: Brasil y su nuevo rol.

El mapa Estratégico Bolivariano describía a Sudamérica (Suramérica en la nueva parla) dividida en dos espacios: en el Atlántico los antiimperialistas, con Venezuela, Brasil, Bolivia y Argentina; y en el Pacífico los neoliberales, con Colombia, Perú, Chile y México. Esta división correspondía, por el lado económico a una visión nacionalista y socialista  contrapuesta a otra globalizada y de libre mercado. Por el lado político, una de izquierda revolucionaria y la otra liberal. La nueva “Suramérica” tuvo a Chávez como su mentor original quien, a poco andar, decidió que su proyecto pasaba por su ingreso y captura de Mercosur desde dentro.

El intento de Lula de tomar el liderazgo de la izquierda sudamericana -huérfana después de la caída del Muro y la decadencia de los Castro- a partir del Foro de Sao Paulo, creó la “feliz coincidencia” para facilitar esta unión de la “revolución bolivariana” con la “supremacía lógica y natural” de Brasil. La persistente ilusión brasileña de hegemonizar la región en su beneficio se soslayó mediante la declaración por parte de Chávez de Brasil como un “imperialismo benévolo”.

Mercosur, ahora suplantado por una nueva organización de carácter político, -la Unión de Naciones Suramericanas, (UNASUR)-, entró en una fase, puramente económica, de agonía, tratando de resolver los innumerables conflictos que se suscitaban en el comercio intra unión aduanera.

La Venezuela revolucionaria y el Chavismo se acabaron, primero por la muerte de su promotor y luego por la crisis económica terminal resultante de sus inepcias y desvaríos económicos.

Brasil está cayendo víctima de la corrupción del Partido de los Trabajadores y de sus líderes, Lula y Dilma Rousseff y del fallido intento de hacer política económica populista y de relumbrón, al calor de un momento económico circunstancial.

Argentina logró deshacerse de la pareja Kirchner, mas por los errores de Cristina que por méritos de la oposición. Macri ganó en forma ajustada, recibió una economía destrozada y una institucionalidad política, administrativa y judicial corrompida hasta el hueso y demolida sistemáticamente, pese a lo cual parece estar teniendo éxito en rehacer el país, levantar la economía y restablecer el crédito nacional en el exterior. Uno de sus objetivos declarados es llegar a establecer una economía de mercado, globalizada, privatizada y eficiente, es decir, similar a la que impera en los países de la Alianza del Pacífico, radicalmente diferente en su naturaleza a las que conformaron el Mercosur. Esta reinserción transita por potenciar su comercio con las economías del Pacífico Occidental, a las que espera llegar empleando los puertos de Chile.

Esta asociación es deseada por Chile y es económicamente factible ya que logísticamente sus puertos están dentro del área fácilmente accesible para los productores y fabricantes argentinos.

Así, el panorama regional ha cambiado radicalmente, se abandonan las políticas de motivaciones ideológicas y las economías voluntaristas y se inclinan hacia el realismo comercial y las políticas basadas en la comunidad de objetivos e intereses.

En los tiempos chavistas, la integración pasaba por la autarquía, la autosuficiencia y la producción, la fabricación y comercio intraregional en vista a convertir a Sudamérica en un Bloque Regional de Poder en el marco de la lucha contra el neoliberalismo. La integración en los tiempos actuales requiere políticas y proyectos que superen exitosamente las pruebas de la factibilidad técnica, la conveniencia económica y la evaluación de los riesgos de cada proyecto, abandonando la impermeabilidad ideológica a la realidad en beneficio de la utopía intensamente deseada.

Estas dos visiones se reflejan con nitidez en la estructuración de los proyectos de transporte intrarregional. En el modelo chavista, del Mercosur y de la supremacía brasileña el factor crítico era el transporte terrestre, vial y ferroviario para interconectar las economías nacionales de la región en vista a incrementar el comercio interno. En el modelo de libre mercado y de la Alianza del Pacífico, es el transporte marítimo, imprescindible para que los estados de la región participen coordinada o conjuntamente en el comercio global y en forma especial, hacia el Pacífico, en la medida de sus capacidades y elecciones políticas autónomas.

Este cambio de paradigma baraja por completo el naipe geopolítico de la integración.

Primero, en un esquema de competencia global, Argentina no requiere de las muletas brasileñas, mas aun, le estorban. Esto no reabre la antigua relación conflictiva entre ambos países sino que los pone en la línea de partida en la competencia para modernizar sus economías y sus institucionalidades para definir, en la arena global, cual de los dos es mas diestro en administrar la cooperación, mas productivo y exitoso, es decir mas poderoso e influyente.

En esta carrera, la Argentina de Macri ya está corriendo y rápido, al igual que Colombia, que ya está en camino a superar su largo conflicto interno con las Farc, mientras Brasil aun se debate tratando de deshacerse del PT, de Lula y de Dilma y para enfrentar la decepción de la gente que alcanzó a atisbar lo que es ser clase media y regresó a la pobreza para, solo entonces, comenzar el rediseño de su estructura productiva e institucional construida al alero del proteccionismo y la prebenda.

Segundo, Brasil está naturalmente alejado del Pacífico, física, política y culturalmente. Sus áreas de expansión están en el centro del continente que cuenta con poca infraestructura vial y ferroviaria y está alejada de los puertos del Pacífico y del Atlántico, para llegar al destino de sus exportaciones en ultramar.

Argentina, si quiere y se decide a desarrollar una política amistosa hacia Chile, cuenta con un número apreciable de puertos chilenos a relativa corta distancia de su territorio fabril y productico.

Colombia tiene acceso directo al Caribe y al Pacífico, pero no es una aporte a la solución del problema de transporte de otros países de la región.

México es un país bioceánico, alejado de Sudamérica pero firmemente establecido como actor del Pacífico.

Esto plantea una perspectiva clara para visualizar los elementos claves para evaluar y comparar proyectos de integración del transporte regional.

Nadie en su sano juicio intentaría llevar carga de Buenos Aires a Valparaíso o del puerto de Santos a Ilo y de Rio de Janeiro a Bayobar, la carga se mueve desde la ubicación geográfica de los fabricantes y productores situados en cualquier punto de cada país hacia los puertos donde será embarcada con destino a puertos lejanos. De la misma manera, la carga de importación llega desde el extranjero a un puerto próximo para ser distribuida en una o mas regiones dentro de uno o mas países y casi nunca iría a otro puerto. Otro asunto clave es que es el dueño de la carga quien decide la ruta que seguirá su carga y el puerto por donde la despachará a su destino final. Ambas son decisiones económicas muy variables y diferenciadas según el tipo de carga, su valor y volumen. En una economía soviética, como la que pretendían los chavista, el gobierno sería quien tome las decisiones y, con seguridad, hubiera transformado un buen negocio en un fracaso. Un buen ejemplo es Bolivia en donde Evo Morales se las ha arreglado para hacer de su país, ubicado al centro de Sudamérica, un hoyo negro en el cual se cocina a fuego lento una caldo de cocaína, tomas de caminos, corrupción e ineficiencia generalizada; en que todos los corredores pasan a su alrededor sin animarse a entrar al pantano y que se quedó fuera de la globalización, chapoteando en el autoritarismo y un indigenismo de utilería.

Por último, si los gobiernos participan en el desarrollo de las vías de transporte, será en la lógica de conciliar diferentes necesidades de sus exportadores e importadores nacionales, en vista a optimizar su competitividad y no de satisfacer sus aspiraciones geopolíticas o sueños ideológicos.

En este marco, Brasil debe redefinir su rol en la región: El imperialismo está fuera de sus posibilidades; la toma de control de la Alianza del Pacífico a través de la incorporación de Mercosur con Brasil al mando, no es realista. Si quiere participar será como país, no al mando de una coalición; el comercio y la competencia serán globales y libres y no manipulados a su conveniencia.

Comportamientos como los que vimos en Chile con Odebrecht; OAS; Petrobras y el del inefable Eike Batista, todos socios del Partido de los Trabajadores y relacionados directamente con Lula y Rousseff -que fueron promovidos enérgicamente por el gobierno brasileño- no deberán repetirse y sobre todo tendrán que acomodarse a estándares que desconocen.

Ya no bastan las declaraciones de amor, los viajes sorpresivos y a deshora, los apoyos diplomáticos insinceros, mientras se continúa con la misma política imperial con ropajes revolucionarios.

Una nueva política exterior dirigida por una reactualizada diplomacia brasileña sería una sorpresa muy grata y conveniente para Sudamérica – obviamente sin la jerigonza ideológica del inefable Aurelio García- ellos deben elegir.

 

 

 

Las mentiras ferroviarias de Evo

Evo Morales tiene el feo hábito de mentir: en la celebración de sus primeros 10 años de gobierno aseguró, ante un menguado auditorio en la Plaza Murillo, que una parte importante de los chilenos apoyaban su aspiración marítima a solo días que una encuesta confirmara por enésima vez que en Chile el 66% de la población es partidaria de no dar NADA a Bolivia y un robusto 90% es partidaria de no conceder costa soberana a Bolivia en territorio chileno. Para apuntalar su mentira llevó a un pequeño grupo de miembros del Partido Comunista como“representantes” de los movimientos sociales de Chile para que hicieran de comparsa.

Poco antes, la Unión Europea debió elevar una “protesta formal” ante el gobierno boliviano por emplear la imagen de su embajador Thimoty Torlot que aparecía avalando la campaña de Morales para eternizarse en el poder. Respecto a Chile miente a diario, pero eso es parte de su obsesión antichilena.

A su pueblo lo ha enredado con mil mentiras en torno a un presunto ferrocarril transoceánico de cuya participación pretende haber excluido a Chile.

Veamos algunas verdades:

1.- El “Corredor Central” existente y obstruido por Bolivia

El primer corredor o “eje de conectividad vial intrarregional” se planeó el año 2007 y fue el llamado “Corredor Central” que uniría por vía terrestre el puerto de Santos en Brasil con el de Arica en Chile, pasando por Bolivia. El corredor está construido pero inoperante ya que Bolivia exige que la carga brasileña que transite por su país, sea transportada exclusivamente por empresas bolivianas lo que no es aceptado por Brasil. Esta exigencia liquidó el proyecto y ese corredor no pudo entrar en servicio regular. Dado que no se logró acuerdo sobre el régimen de uso de dicha vía se hizo necesario diseñar y poner en ejecución nuevos proyectos (sin la participación obstruccionista de Bolivia) que uniera el centro oeste y el sur de Brasil, y Paraguay y Argentina, a los puertos del norte de Chile.

2.- Las alternativas chileno – argentinas – paraguayas – brasileñas

La primera alternativa considerada es una vía terrestre que transitara por Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, partiendo de Sao Paulo, atravesando el Mato Groso del Sur, pasando por Paraguay, Paso Hondo en Salta (Argentina), paso de Jama hacia Antofagasta y finalizando en los puertos chilenos de Antofagasta, Mejillones e Iquique.

La segunda es una vía terrestre que va desde Porto Alegre (en el Atlántico) a Coquimbo (en el Pacífico) transita por Brasil, Argentina y Chile. Cruza por el paso de Agua Negra en la provincia de San Juan (Argentina) y llega a Coquimbo (Chile).

Una tercera alternativa es el proyecto de ferrovía que una el puerto brasileño de Paranaguá con Antofagasta pasando por Paraguay y Argentina.

La realidad hoy.

La primera alternativa señalada anteriormente es la que ha avanzado mas en su concreción. Parte importante de los mercados de la agroindustria brasileña, paraguaya y argentina son China y otros puertos del Pacífico y no había ninguna comunicación vial directa entre el sur de Brasil y los puertos del norte de Chile. En 2014 se puso en ejecución un proyecto de integración vial que ha tenido un desarrollo importante y exitoso. Este corredor vincula el centro-oeste brasileño, el Chaco paraguayo, el norte argentino y el norte chileno.

Se licitó la pavimentación de los últimos 600 kilómetros de caminos que faltaban en Paraguay y faltan unos 100 Kilómetros en Argentina. En Chile deben materializarse algunas inversiones en los puertos terminales y entre Brasil y Paraguay falta un puente de 400 metros. Las obras y lo mas complicado, el reglamento de operación del corredor, deberían entrar en funciones dentro de los próximos cinco años.

El corredor de comercio Chile – Argentina o “Corredor Binacional Sur”

Aparte de lo señalado y con la lentitud propia de los grandes proyectos, el corredor ferroviario entre la Zona Central de Argentina y los puertos de la Zona Central de Chile por el túnel de baja altura por el Cristo Redentor, sigue avanzando. El cambio de gobierno en Argentina permite ser optimista en el aumento de la velocidad del mismo.

El “Corredor ferroviario bioceánico” entre la costa atlántica de Brasil y la costa del Pacífico de Perú.

A mediados del mes de mayo de 2015, el presidente de la República Popular China y la presidente Dilma Rousseff firmaron varios acuerdos bilaterales en el marco de una visita de estado del primero a Brasil. Los medios brasileños informaron que “uno de los grandes objetivos de la visita del primer ministro chino Li Keqianq a América Latina (era) el desarrollo del megaproyecto del tren bioceánico entre la costa atlántica de Brasil y la costa pacifica de Perú”.

En un ambiente de euforia, la prensa brasileña informó que “la presidente Rousseff anunció varios acuerdos de inversión y comercio con China por más de US$53.000 millones. Entre los acuerdos bilaterales se encuentra el comienzo de los estudios de factibilidad para la línea ferroviaria.

Además del tren bioceánico que unirá Brasil y Perú, otros proyectos incluyen renovaciones en puertos y aeropuertos y la construcción de varias carreteras para agilizar el transporte de granos y carnes porcinas y avícolas, entre otras materias primas. “El Puerto de Açu en el norte del estado de Rio de Janeiro sería el punto del embarque. El tren pasaría por las zonas agrícolas del centro de Brasil antes de pasar por la Amazonía y cruzar la cordillera. La ruta peruana aún no está definida”.

Viabilidad del proyecto el “Corredor ferroviario bioceánico” Brasil – Perú

Según la Unión Internacional de Ferrocarriles, “resulta más costoso enviar soja a China a través de los puertos peruanos que hacerlo desde el puerto de Santos en Brasil”. El “Corredor Ferroviario Bioceánico Central” es inviable desde el aspecto económico”. Si se embarca en el puerto de Santos el costo de transportar una tonelada de soja desde Lucas do Rio Verde hasta Shanghái, China, asciende a US$ 120.43; su envío a través del puerto de Perú costaría US$ 166.92. “Es una diferencia de US$ 46.49 por tonelada” (dólar considerado a 3.00 reales por dólar).

El cálculo no toma en cuenta el costo de construcción de la ferrovía bioceánica que de 3,650 kilómetros, de los cuales más de 1,000 km pasarían a través de los Andes. El gobierno de Dilma Rousseff estima (antes de ningún estudio formal al respecto) que el proyecto requerirá una inversión de US$ 40,000 millones solo en el lado brasileño.

Por su grandeza y dudosa sostenibilidad económica, el ferrocarril bioceánico es comparado en el sector privado con el tren de alta velocidad entre Campiñas y Río de Janeiro, un proyecto que fue “la niña de los ojos” de Rousseff durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y que ahora está archivado, mencionó Estadão”.

Evo se cuelga sin ser invitado

Humala se manifestó rápido. El tren transitaría por el norte de Perú y llegaría a los puertos de esa zona: Bayovar, Piura e incluso Callao. Evo se indignó y reclamó que Perú le estaba haciendo trampas. Gritos van quejidos vienen, el tema se calmó – total se está hablando de una idea que aun no tiene ni siquiera estudio de prefactibilidad – y Evo comenzó a mentirle a los bolivianos.

Como el tren era, obviamente, un asunto chino, peruano y brasileño buscó enredar el negocio y metió a los alemanes. El Vice ministro de transportes e infraestructura digital de Alemania fue a Bolivia y dijo de todo: “Con Perú impulsaré que el tren pase por Bolivia”; “la construcción del tren bioceánico es el megaproyecto del siglo”; que “la mejor conexión entre los puertos de Santos (Brasil) e Ilo (Perú) a través de Bolivia representa la solución”; “propuso al Gobierno boliviano financiar la construcción de la línea férrea con recursos tanto públicos como privados”; que iba encontrarse “en el aeropuerto de Lima con el viceministro de Transportes del Perú, (Henry Zaira Rojas), con el que vamos a tratar varios temas bilaterales. Uno de ellos será el tren bioceánico y yo voy a impulsar y fomentar la solución para que el proyecto (ferroviario) pase por Bolivia” y cerró con un broche de oro: “Bolivia es un jaguar listo para saltar” (¿cómo que los alemanes no tienen sentido del humor?.)

A todo esto, los protagonistas y dueños del proyecto de tren- Brasil y Perú-, no participan de estas fantasías delirantes, raro, ya que mal que mal es de ellos. Pero para Evo la realidad no importa son las imágenes y las palabras las que valen.

Según Morales, el tren “Unirá el Puerto de Santos (Brasil) con Puerto Suárez (Santa Cruz) y de ahí al Pacífico; ¿será Ilo o Mataraní? Los hermanos peruanos decidirán”. Hasta donde se sabe, ya decidieron y son los puertos del norte de su país, por lo que el tren no pasaría por Bolivia. Todo un cuento. Mas absurdo aun, mientras Morales hace inútiles contorsiones para tratar de conseguir un puerto soberano en Arica (Chile), levanta una competencia portuaria en Ilo (Perú). Una situación absurda por donde se la mire, el tren recorrería un largo trayecto por Brasil y Bolivia y concluiría en un puerto peruano en el medio de nada, a pocos kilómetros de sus sueños ariqueños!.

Como nunca funcionará un tren que transite por Bolivia ya que la idea brasileña es incorporar al Mato Groso al circuito exportador, la verdad no importa. El tema de Morales es seguir en el poder y para eso hay que seguir contándole cuentos a los bolivianos.

Negociar con el gobierno de Morales es una Misión Imposible. Este tipo de comportamientos debería alertarnos para mantenernos alejados de tratos con Bolivia mientras no haya un gobierno con un razonamiento medianamente lógico y que no mienta.

 

 

Chile y sus hermanastros

Con motivo del saludo de fin de año al Cuerpo Diplomático acreditado en Chile, la Presidente de la República declaró que “Las relaciones vecinales ocupan un lugar central en las relaciones exteriores de Chile”. “El Ejecutivo impulsa una estrategia política que favorece el acercamiento con estas naciones, además de impulsar e intensificar los nexos de cooperación y amistad por medio de un diálogo franco, cooperativo y abierto”. Y se felicita: “Nuestro país ha vuelto al vecindario y estamos emprendiendo una política de acercamiento y fortalecimiento de vínculos concretos con nuestros países hermanos”.

Esta declaración coincidió, desgraciadamente, con la publicación del acuerdo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) en que esos países reiteraron “su solidaridad con el justo e histórico reclamo del Estado Plurinacional de Bolivia sobre su derecho a salida al mar con soberanía”, declaración que fue calificada como “una intromisión inaceptable”, por el gobierno de Chile: Hay una evidente contradicción entre los dichos de la Presidente y la conducta hostil de ambas asociaciones.

En la región existen tantas organizaciones que conforman una maraña que las hace parecer relevantes y significativas, cuando no lo son. Revisemos quien es quien.

Comencemos con TCP formado por Cuba, Bolivia y Venezuela, mas las islas de Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente, Las Granadinas y Santa Lucía. El TCP es de propiedad de su financista –Venezuela-. La creciente crisis económica de este país, inflación desbocada, declinante precio del petróleo -su única exportación-, endeudamiento con China e inviabilidad como sujeto de crédito la ponen en una condición de vías de extinción. Los mendicantes no seguirán detrás de un gobierno en quiebra por mucho tiempo mas: No money no music.

Sigamos con ALBA, un grupo bolivariano de gobiernos socialistas del siglo XXI integrado por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela- cuyos miembros se dirigen a la inviabilidad económica en medio de atropellos a la libertad de prensa, conducta antidemocrática, perpetuación en el poder, corrupción y violaciones a los Derechos Humanos de su ciudadanos.
La participación de Ecuador en esta desdichada declaración es doblemente ofensiva para Chile. En efecto, la diplomacia chilena ha hecho un gran esfuerzo para “recuperar” la amistad ecuatoriana incluyendo abundantes becas de estudio para civiles y militares, apoyo logístico y aproximaciones amistosas comerciales y diplomáticas que Ecuador; con su participación en esta declaración, queda claro que el intento ha sido un fracaso. La falsedad de Correa, presidente Ecuador, queda subrayada por las disculpas y retractaciones que hizo cuando, de visita en Chile a comienzos de año, se inmiscuyó en las relaciones chileno – bolivianas y nuestro gobierno le llamó la atención.
UNASUR está conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Guyana, Surinam, Uruguay, y Venezuela mas Perú, Chile, Colombia, y Paraguay. Por el momento dejemos afuera Argentina y Brasil y a los miembros de la Alianza del Pacífico: Chile, Colombia y Perú y volvemos a encontrar a los mismos bolivarianos: Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Guyana, Surinam y Venezuela
MERCUSUR, por su lado, está integrada por Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela mas Paraguay. Bolivia no es aun miembro pleno, pero está en proceso de incorporarse al pacto. Esta es una alianza que se inició como una unión aduanera que tras los fracasos económicos al interior de sus estados miembros y de conflictos comerciales entre ellos, devino en una identidad ideológica bolivariana o del socialismo del siglo XXI compartida por todos sus miembros. De ellos, Uruguay, presidido por el pintoresco Pepe Mujica, – que quiere que Bolivia consiga acceso al mar “como sea y por dónde sea” – en vías de entregar el gobierno, se ha caracterizado por su “franqueza” pueblerina y desatinada.

Los gobiernos sudamericanos hostiles a Chile se repiten: Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela, Guyana; Surinam, Nicaragua y Uruguay.

Todos son países muy respetables, no así sus gobiernos que están mas cerca de la anécdota y del estereotipo latinoamericano que de ser potencias políticas o económicas significativas.
Los mismos presidentes que nos disparan desde Alba nos abrazan en el Consejo de Defensa de Unasur; los mismos que nos insultan desde Unasur nos palmotean la espalda en Mercosur, y así, los mismos payasos nos agreden y nos abrazan desde distintos circos, y Chile sigue dándoles respetabilidad a sus organizaciones con su participación y a veces asumiendo cargos simbólicos pero sin capacidad de control.

Individualmente o en grupo, ¿tienen capacidad para complicar nuestra acción internacional?. Parece evidente que no. No son líderes de nada, son seguidores. ¿De quién?, Veamos:

Señalé que Argentina y Brasil merecían tratamiento aparte. En efecto, los gobiernos de ambos países han llegado al término de sus respectivos caminos ideológicos, económicos y políticos. Cristina, el próximo año 2015 abandonará el gobierno en medio de una crisis política, económica e institucional creada por ella misma y por su difunto marido. Después de una década de una inmensa disponibilidad de recursos financieros, se las arreglaron para dilapidarlo y sumergir al país en la corrupción y la desmoralización. Los Kirchner odian a Chile y siempre lo adiaron, intentaron activamente hacer fracasar la política de Alfonsín para terminar la crisis creada por Galtieri y sus militares contra Chile y no perdieron oportunidad para maltratar a nuestro país y a nuestros gobernantes. Nos exigieron condicionar nuestro comportamiento internacional en beneficio de sus intereses en las Falkland en claro desmedro de los nuestros respecto a los intereses de Magallanes y en contra del Reino Unido. ¿A cambio de qué?.
Brasil no pudo asimilar el golpe que le propinó el Presidente Lagos al no abandonar el camino económico de Chile para seguirlos en su aventura socialista – nacionalista. El rechazo a sacrificar a nuestros país en el altar de las conveniencias brasileñas fue imperdonable. Henrique Cardozo; Lula y Dilma no pudieron pasar este mal trago, la independencia de Chile les resultó demasiado para sus egos descomunales.

Si algún gobierno chileno sueña con conquistar el cariño de los bolivarianos, no puede estar mas equivocado. Nunca igualaremos las credenciales revolucionarias de Evo ni la palabrería de Correa ni los desvaríos de Maduro. No podríamos hacer pareja con Cristina en su lógica anti – todos, ni nos transformaremos en títeres de Dilama siguiéndolos como escuderos a donde quieran llevarnos.

Basta ya de genuflexiones; basta de mendigar amor, no mas silencios “dolidos”. Nuestro verdaderos y únicos problemas se sitúan en Argentina y Brasil, dos países con gobiernos que equivocaron el camino y que se resisten a reconocerlo. Se aproximan al final, sus políticas fracasaron y sus sueños de supremacía regional no convocan ni convencen. No podemos seguir haciendo el loco apoyándolos para que entren a sabotear nuestra Alianza del Pacífico, si quieren entrar y participar, bienvenidos, pero no podemos llevar nuestros esfuerzos hasta desnaturalizarla solo para parecer simpáticos y lograr sus afectos. No somos nosotros los encargados de salvar sus muebles del incendio que causaron ellos mismos

No mas amores no correspondidos, no mas humillaciones; nuestras relaciones con los demás países y sus gobiernos son relaciones políticas, en las que nuestro gobierno debe administrar todos sus recursos de poder mediante la acción diplomática, judicial, militar y económica y la movilización del poder de otros países y organizaciones con los que tenemos intereses compartidos; todo, para promover, proteger y adelantar los intereses nacionales de Chile, en la forma en que el Gobierno en ejercicio los entiende y valora.
Cuando los inefables Evo Morales y Álvaro García declaran que el acuerdo de ALBA muestra el “aislamiento de Chile” ya que “Son más de once países que apoyan este pedido clamoroso del pueblo boliviano”, no podemos ser tan ingenuos de dejarnos impresionar porque Cuba, Venezuela, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente, Las Granadinas, Santa Lucía, Bolivia, Ecuador y otros pequeños países cumplen su parte del contrato de provisión de petróleo para el apuntalamiento de sus desfallecientes economías por parte de un tragicómico gobernante Venezolano que se derrumba.

Las controversias entre estados son conflictos políticos; de poder; no son torneos de debates jurídicos ni concursos de popularidad. Las buenas maneras y las consideraciones son instrumentales, no tiene valor en si mismas. Si por ser corteses y considerados nuestros adversarios nos imponen sus conveniencias y nos perjudican, al diablo con las buenas maneras!.

Bolivia y sus amiguitos deben saber que pueden recibir el impacto de nuestros malos modales, de nuestros fouls, zancadillas y empujones no solo verbales sino también de actos. No se puede ir de frac a conversar con el líder de la barra brava.

Por si alguien no se ha enterado la justicia moderna, nacional e internacional, no pasa por aplicar los fundamentos tradicionales del derecho sino por “hacer justicia” en la forma que el juez la entiende. Cualquier concurrencia a un juzgado pasa por ponerse en las manos de un personaje, con un poder sin ningún contrapeso, para el cual su promoción personal y sus convicciones ideológicas son mas relevantes que los antecedentes, las razones “en derecho”, los contextos, los acuerdos previos. Las doctrinas jurídicas tradicionales fueron sobrepasadas por la ideología.

Hoy por hoy, ponerse en manos de un juzgado internacional es un riesgo para un país que, como Chile, ha tenido éxito. Es inútil mostrarles que tenemos la razón, es mucho mas necesario que entiendan que perjudicarnos va contra los intereses corporativos de sus tribunales y los de sus peculios personales.