Para muchos gobernantes el mundo bipolar de la Guerra Fría derivó solo en el reemplazo de la URRS por China en el día de hoy. Pero ese orden en realidad se acabó. La crisis general del Medio Oriente, la incapacidad de EE. UU. para contener a Irán, la agonía de la OTAN, la prolongación de la guerra de Ucrania y la “Doctrina Donroe” que prioriza la dominación absoluta del hemisferio occidental (América Latina y el Caribe), así lo muestran.
Por otro lado, tanto China como EE. UU. asumen que ya no tienen el poder o los recursos para construir grandes estructuras desde cero. En su lugar, utilizan la improvisación y la flexibilidad para hacer frente a un mundo que no se presta a planes globales, mientras Europa y Rusia tratan de mantener la forma del antiguo orden sin su sustancia: la legitimidad y capacidad de ejecución que aportaba Estados Unidos.
EE. UU. diseñó su estrategia para modelar el cambio con la actualización de la “Doctrina Monroe”. La doctrina Monroe comenzó en 1823 como una señal de hegemonía política, económica y de seguridad de los EE. UU. sobre los países de América Latina. Durante la Guerra Fría se la amplió y adaptó a las amenazas de la ideología marxista promovida por la URRS. En la actualidad se encuentra en pleno proceso de readecuación a las necesidades de la competencia entre varias potencias. Esta actualización marca un giro desde el enfoque globalista de intervenciones de los EE. UU. en Oriente Medio o Europa, hacia una priorización absoluta del hemisferio occidental (América Latina y el Caribe), apropiándose del rol dominante de Washington sobre la región.
Los ejes Fundamentales del Corolario Trump son: 1.-Denegación explícita a rivales extra hemisféricos de la capacidad de desplegar fuerzas militares o poseer y/o controlar infraestructura crítica en la región (puertos, corredores bioceánicos, minerales críticos o redes 5G). 2.-Aseguramiento prioritario de los recursos naturales e insumos estratégicos latinoamericanos para la industria de los EE. UU. 3.-La migración como amenaza a la seguridad: Se vincula la estabilidad institucional latinoamericana directamente con la seguridad nacional estadounidense. 4.-Combate transnacional al crimen organizado: Acción directa o presiones de militarización de fronteras para neutralizar carteles y estructuras de narcotráfico desde México hasta Chile. 5.-Proyección Directa de Poder e Intervencionismo. Uso de la fuerza y presión política contra regímenes consideradas focos de inestabilidad, mediante intervenciones y la captura de figuras de regímenes adversarios. 6.- Promoción de esquemas de cooperación en materia de defensa y fronteras (como la iniciativa del Escudo de las Américas) para controlar militarmente a países del área, bajo el mando de EE. UU.
Estrategia actual de China en Latino América.
La política de China hacia los gobiernos de América Latina se rige por el pragmatismo político y económico, y prioriza la estabilidad geopolítica y la continuidad de sus negocios por encima de la afinidad ideológica o el régimen político del gobierno en turno. Cuando un país latinoamericano cambia de orientación política, China adopta una postura defensiva y adaptativa y reacciona con diplomacia de bajo perfil, pausando temporalmente negociaciones en curso sin cortar lazos ni aplicar sanciones económicas inmediatas.
Si bien ambas estrategias, de EEUU y de China, apuntan a lo mismo -explotar la debilidad relativa de los países de Sudamérica para obtener ventajas económicas y estratégicas- la agresividad de los EEUU es mucho más intensa y avasalladora como lo muestra el tratamiento a que está sometida actualmente Venezuela, el intento de poner fin al régimen comunista cubano, y las amenazas del secretario de Guerra Pete Hegseth a los gobiernos regionales.
Lo que se puede apreciar es que, durante algún tiempo, el hemisferio estará sometido al poder de los EEUU sin ningún orden que no sea la voluntad caprichosa de sus gobiernos, disperso por la fragmentación de decisiones, plasmada de amenazas y actitudes extorsivas que, constantemente, estrangulan cualquier relación sana.
Estados Unidos sigue siendo la potencia militar, económica y tecnológica preeminente del mundo. Pero está cada vez más claro que Washington ya no tiene la capacidad de prevenir o impedir conflictos prolongados y sangrientos ni garantizar el libre flujo del comercio hemisférico.
El rápido cambio tecnológico, especialmente la proliferación de misiles y drones está minando rápidamente el dominio de las FFAA estadounidense sobre los mares y cielos, y la relativa paz que lo acompañaba.
Lo más preocupante en este escenario, es la perspectiva de una proliferación de pequeñas guerras territoriales. No faltan posibles detonantes.
En lugar de construir una gran estrategia, los Estados sudamericanos que pretendan conservar su independencia y dignidad necesitarán desarrollar respuestas mucho más flexibles y locales. Muchos países están equipados para este cambio de estrategia. Sus historias están repletas de ejemplos de innovación y flexibilidad.
Nuestra Política de Defensa debe incluir el desafío norteamericano que el escenario implica para Chile. No debe intentar replicar los métodos militares intensivos en capital de Estados Unidos; debe prever y desarrollar formas de guerra más frugales que sean realistas para sus condiciones particulares.
Las próximas décadas estarán definidas por cambios explosivos y olas de crisis. No por un retorno al antiguo orden o la creación de uno nuevo sino por una mixtura de muchas y nuevas causas. Los líderes más exitosos serán aquellos que tomen el destino de sus naciones en sus propias manos, sin esperar que un hipotético nuevo conjunto de reglas venga a rescatarlos. Escenario en el cual, sería impropio no considerar que la Doctrina “Donroe” exige a países como el nuestro un desarrollo y preparación de planes y capacidades para enfrentar las hipótesis de conflicto que, lamentablemente, el propio EEUU amenaza con aplicarnos.
No hacerlo sería situar a la Patria fuera de la realidad.
Melosilla 21 de Agosto de 2026
Fernando Thauby García.
Capitán de Navío, Infantería de Marina (r)

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