GLOBALISMO EN MARZO DEL 2021

INTRODUCCIÓN

Para situarnos en el tema podemos decir que el término globalismo se refiere a una ideología que estaría tratando de acabar con el estado-nación como marco para la administración política y referente de identidad, y señalaría el camino hacia una especie de estado mundial. Esto ocurriría bajo el doble efecto de la globalización económica y el internacionalismo

El nacionalismo por su parte sería un principio político que sostiene que debe haber congruencia entre la unidad nacional y la política. También se define como el “conjunto de ideas y de sentimientos que conforman el marco conceptual de la identidad nacional” frente a otras identidades, en cuanto “definidora de la esencia misma del individuo”. Sería la “conciencia del yo colectivo” de una nación.

Tipos de Globalismo / Globalización en curso

Actualmente y en el pasado ha habido varias formas de globalismo, todos ellos trataron de establecer algún tipo y grado de control sobre el mundo conocido mediante una ideología y las subjetividades correspondientes, más un conjunto diverso de recursos de poder.

Se distinguen varios tipos de globalismo, algunos basados en ideologías, como la Unión Soviética que movilizó a sus seguidores en base al “internacionalismo proletario” identificando a todos los pobres del mundo como una sola identidad socio-política que, bajo su liderazgo ideológico y político, alcanzaría la hegemonía global. El actual se apoya en el capitalismo, el libre comercio y el “sistema mundial basado en reglas”, liderado por los EEUU.

También hay religiones globales que se han propagado por extensas áreas del mundo, estableciendo, en diversas intensidades, el control sobre amplias poblaciones: el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo, el Confusionismo y el Budismo. También estuvo el Imperialismo Territorial, que trató de controlar áreas geográficas e incorporar a diversos pueblos con sus etnias, culturas y tradiciones bajo su hegemonía cultural y económica, generalmente con el auxilio de las armas: persas, griegos y macedonios, romanos y británicos.

Joseph Nye generalizó el término en forma más amplia argumentando que el globalismo se refiere a cualquier descripción y explicación de un mundo que se caracteriza por redes de conexiones que abarcan distancias multicontinentales; mientras que la globalización se refiere al aumento o disminución del grado de globalismo.

Los argumentos contra el globalismo son similares a aquellos contra la globalización, entre los que se encuentran la pérdida de la identidad cultural, la eliminación de la historia comunitaria, el conflicto de civilizaciones, la pérdida de representación política y el colapso del proceso democrático a favor de una sociedad abierta gestionada globalmente por algún ente no identificado.

Aunque las ideologías más o menos conspirativas tienen una larga historia, el globalismo fue incluído como tema de preocupación sólo a finales del siglo XX.

La denuncia del “globalismo conspirativo” a menudo se ha centrado en la acción subrepticia u oculta de personalidades y organizaciones, en su mayoría capitalistas, entre ellos: David Rockefeller, la Sociedad Fabiana, La Mesa Redonda, el Consejo de Relaciones Exteriores, el Grupo Bilderberg, La Comisión Trilateral y otras.

En estos días y esta vez en forma pública y con pretensiones de transparencia, se pueden reconocer cinco esquemas en competencia como promotores del globalismo: el Foro de Davos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Capitalismo Inclusivo, que cuenta con el patrocinio del Vaticano; y dos esquemas de imperialismo: el Chino y el Norteamericano.

Primero revisaremos al Foro Económico Mundial y el Capitalismo Inclusivo, -que tienen elementos en común- dejando para la segunda parte a la ONU y a los Imperialismos Chino y Norteamericano, que también tienen una fuerte relación entre ellos.

Globalismo Capitalista

Foro de Davos. Lanzado en 1971, el Foro tiene como objetivo “mejorar el estado del mundo”.

Se celebra todos los años en el pueblo alpino de Davos, reúne a los líderes mundiales de los negocios y a los jugadores clave de la política, la filantropía y la academia mundial. El evento conlleva reuniones privadas sobre temas como la inversión en los países, y también es una oportunidad para hacer negocios.

Las figuras de alto perfil mediático a menudo lo usan para influir en la agenda global. El Foro de Davos generalmente atrae a unas 3.000 personas, un tercio de las cuales del sector negocios. Se asiste por invitación o pagando US$ 625.000.

Se le critica ser un símbolo de la “élite global”, -algunos de cuyos representantes fueron responsables de graves crisis que han sacudido al mundo-. Se dice que “Las élites siempre están un poco desconectadas, pero es imposible tener un mundo sin ellas. También es vital que estas personas se reúnan regularmente y sepan qué está pensando el otro”.

Religiones, El Catolicismo y el Capitalismo Inclusivo. La globalización como fenómeno político, económico y especialmente cultural trata de usar a las religiones como herramienta para la universalización. Sus principios, políticas y estrategias han encontrado tanto resistencia como aceptación o acomodo. Algunas religiones han respondido de manera defensiva y se ha producido un choque de intereses que se manifiesta en terrorismo religioso, intolerancia religiosa o étnica, etc. Otras, ante el avance inminente de este fenómeno, han adoptado modalidades de adaptación o bien han ajustado sus doctrinas o sus políticas a los requisitos que enarbola la globalización.

En este contexto podemos tratar de entender al recién creado Consejo para un Capitalismo Inclusivo que es una organización global sin fines de lucro creada bajo el auspicio del Vaticano con la orientación moral del Papa Francisco. Su misión es aprovechar el potencial del sector privado para construir una base económica más inclusiva, sostenible y confiable para el mundo. El Consejo está liderado por un grupo de base de directores ejecutivos y líderes públicos conocidos como los Guardianes del Capitalismo Inclusivo, quienes se reunirá anualmente con el Vaticano para avanzar en la misión del Consejo.

Bajo la orientación moral del Papa Francisco y del cardenal Peter Turkson, quien lidera el Dicasterio del Vaticano para la Promoción del Desarrollo Humano, la organización fue lanzada el 8 de diciembre de 2020 con el objeto de “articular imperativos morales y comerciales para reformar el capitalismo y transformarlo en una fuerza potente para el bien de la humanidad”.  Según el Papa “Existe una necesidad urgente de un sistema económico justo y fiable capaz de responder a los desafíos más radicales a los que se enfrentan la humanidad y el planeta. Habéis asumido el reto de buscar formas de hacer del capitalismo una herramienta más inclusiva para el bienestar humano integral”.  La señora Lynn Forester de Rothschild, fundadora del Consejo y socia directiva de Inclusive Capital Partners señaló: “El capitalismo ha generado una enorme prosperidad en el mundo, pero también ha dejado a muchas personas atrás, llevó a la degradación de nuestro planeta y no se le confía ampliamente en la sociedad”, “Este Consejo seguirá la recomendación del Papa Francisco de escuchar ‘el llanto de la tierra y el llanto de los pobres’.  Sorprende esta organización creada bajo la inspiración del Papa Bergoglio, -un hombre de inspiración peronista y de clara simpatía con la izquierda latinoamericana, que aspira actuar desde el capitalismo y tiene clara proximidad con el Foro de Davos. Se la puede apreciar como un intento del Vaticano para ejercer influencia en la Globalización desde el re-perfilamiento del capitalismo mundial y principalmente norteamericano. Los miembros del Consejo representan más de USD 10,5 billones en activos administrados, compañías con una capitalización de mercado superior a USD 2,1 billones y 200 millones de empleados en más de 163 países. El grueso de los socios son empresas norteamericanas y europeas.  No hay empresas chinas ni rusas. En una primera instancia se puede advertir una alineamiento pro occidental que toma posiciones al lado de EEUU y Europa, frente al nuevo imperialismo Chino.                                                                                                          

La Organización de la Naciones Unidas (ONU) y los Imperialismos Chino y Norteamericano.                                                                                                         La ONU. En el preámbulo del documento fundacional de la ONU se señala que sus Fines u Objetivos son: practicar la tolerancia y convivir en paz como buenos vecinos; unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales; asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común, y emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos. Se puede apreciar que se trata de una declaración de Gobiernos, cada uno de los cuales  concurre voluntariamente para dialogar con otros estados y buscar acuerdos. En ninguna parte ninguno de ellos resigna sus respectivas soberanías ni delegan su representación en la estructura de la Organización. En breve, la ONU es una estructura burocrática y administrativa que permite a varios estados relacionarse con otros para alcanzar -de común acuerdo- determinados objetivos. Mas aún, la estructura directiva de la organización -su Secretaría General- no participa en ninguna instancia de toma de decisiones  como la Asamblea General o el Consejo de Seguridad, limitándose a poner en práctica los acuerdos alcanzados y en las condiciones que ellos establezcan. No considera que la Secretaría General tome la iniciativa o lidere ningún tipo de temas.

Por su parte, su Secretario General en declaración el año 2020, dice que la ONU es un: “Ente creado para regular a nivel supranacional las políticas locales, velar por los derechos humanos y como espacio para solventar conflicto entre naciones, el mantenimiento de la paz internacional, la promoción y protección de los derechos humanos, lograr el desarrollo sustentable de las naciones y la cooperación internacional en asuntos económicos, sociales, culturales y humanitarios -en materia de seguridad, paz, cambio climático, desarrollo sostenible, derechos humanos, desarme, terrorismo, salud, igualdad de género, gobernanza, entre otros-.

La ONU no regula nada ni vela por los DDHH, solo los estados lo hacen; la ONU no tiene iniciativas ni inicia acciones por si misma.Como se puede apreciar el Secretario General se auto asigna funciones y ámbitos que la Carta no le ha dado.

Este evidente abuso quedó de manifiesto en la Encuesta ONU 2020, que dice:

“La Organización de las Naciones Unidas presentó en enero de 2020 una encuesta de opinión internacional masiva y sin precedentes para conmemorar el 75º aniversario de su fundación. Esta iniciativa invitó a participar a personas de todos los ámbitos del espectro social del mundo -mujeres, hombres, niñas y niños de los países desarrollados y en desarrollo- a compartir sus esperanzas y temores sobre el futuro y a pensarcómo la ONU puede ayudar a lograr el cambio que haría del mundo uno más justo para todos”.

  • La opinión que concurre a la ONU es la de los gobiernos, no de personas individuales.
  • Los estados y gobiernos miembros son los que deciden si habrá o no cambio y cómo será. No la ONU.
  • Son los gobiernos los que pueden decidir y actuar en el cambio del mundo. De hecho hacen poco o nada.

La misma Secretaría General reconoce que: “La pandemia de COVID-19 ha subrayado la necesidad de cooperación internacional (entre Estados, frente a los cuales la ONU no tiene ninguna influencia ni poder) para desarrollar, producir y distribuir una vacuna que beneficie a todos los países, ricos y pobres”

El Secretario General de la ONU se felicita por “el hecho de que ha establecido, a través de los derechos humanos, un estándar ético común que sirve de discurso de legitimación de las prácticas de los Estados y de las organizaciones.

La ONU no ha establecido nada, son los estados miembros quienes lo han hecho y específicamente en este aspecto, los DDHH son declaraciones que no tiene mas valor que le asignen los países que controlan el organismo: EEUU, Rusia, China.

EEUU protege de reclamos contra Israel, a si mismo y a los países que le interesan. También los usa para mantener en línea a sus aliados díscolos o demasiado autónomos. Critica a los amigos de Rusia y China (Venezuela, Cuba etc). China no acepta que se los aplique a ella ni a sus aliados y los usa para atacar a los aliados de EEUU. Rusia no acepta reclamos y la ONU se cuida bien de inmiscuirse en ese tema, con ese país.

Así, los DDHH son solo munición para una guerra entre los grandes. Lo mismo vale para la Agenda 2030 y varias agendas ideológicas que los grandes usan de la misma manera.

El alegato del Secretario General concluye con una frase lapidaria: “está claro que la ONU ha de transformarse o reinventarse. Que desaparezca no puede ser una opción”

La segunda parte de la sentencia es clara. Si la ONU desaparece, su frondosa, bien pagada e ideologizada burocracia quedaría cesante.

En breve, el destino de la burocracia de la ONU es dudoso y está en manos de lo que acuerden China y EEUU.

China y EEUU

La agudización de la competencia política, estratégica y comercial actualmente en desarrollo entre China y EEUU influirá en forma decisiva sobre la sobrevivencia de la globalización o la forma que adopte si sobrevive.

Posiblemente una de las primeras bajas será la ONU misma. Sobreviviría solo si EEUU así lo decide porque piense que le puede ser de utilidad en su competencia con China y de que este país crea que le puede ser útil a ellos.

Sea como sea, el proceso de la globalización es probable que continúe pero nadie podría asegurarlo, menos sus características. Podría repetirse el esquema OTAN / Pacto de Varsovia u otro diferente.

Otros factor que, sin ser resolutivo, puede influir en el curso que siga, será el fortalecimiento o debilitación del nacionalismo, que el Brexit y la Pandemia han demostrado que está vivo y con buena salud.

RESUMEN DE LA SITUACIÓN

La globalización es un proceso con carácter histórico y obedece a la integración gradual de las economías y las sociedades impulsadas por las nuevas tecnologías, las nuevas relaciones económicas y las políticas nacionales e internacionales de una amplia gama de actores: los gobiernos, las organizaciones internacionales, las religiones, las empresas, los trabajadores y la sociedad civil.

Presenta variadas dimensiones con un alcance social importante que impacta en la vida y el trabajo de las personas, sus familias y sus sociedades.

El impacto en las vidas de las personas, se manifiesta en tres grandes ámbitos: por un lado y sin lugar a dudas, produce un fuerte impacto en la economía. Dentro de este campo, la globalización significa un capitalismo global y el imperio del liberalismo. Supone y exige la existencia de un sistema internacional “regido por reglas” que efectivamente sean respetadas por todos los socios.

Segundo, dado que en esta economía, por lo menos hasta ahora, predomina la especulación. La inestabilidad de los mercados financieros, en particular los mercados de divisas, son resultados de decisiones políticas intencionales y unilaterales, y muchas veces fuera del control de los gobiernos.

Tercero, la globalización económica es un acelerado y marcado proceso de diferenciación y sectorización entre los países que tienen más y los que tienen menos y que parece generar una fuerte polarización social.

En otras palabras, vemos que la globalización tiene un costo humano elevado que se reflejará en reducción de los puestos de trabajo -desempleo- en los países mas desarrollados y una aumento de los empleos muy mal pagados en los países mas pobres.

Vemos que la globalización, en estos días, está implicando la continuidad de la existencia de una política mundial centrada en la economía liberal capitalista … salvo que EEUU o China decidan otra cosa en su competencia cada día mas aguda … o que la reacción de los nacionalistas sea tan potente y amplia que consigan superar a los economistas globalistas… o que en algún momento el bando -Chino o Norteamericano- que se vaya quedando rezagado, decida recurrir a las armas para no perder la carrera.

Veremos como sigue evolucionando este movimiento, que se está acelerando.

Melosilla, 5 de Marzo de 2021

            Feernando Thauby García

LA ARMADA DE CHILE COMO ELITE NO GOBERNANTE

La Armada, a lo largo de su historia, ha tenido varios tipos de élites internas originadas en su propia vida profesional y por su interacción con las élites políticas y económicas civiles, de las cuales es dependiente, en su calidad de élite no gobernante.

La Guerra del Pacífico y el crecimiento explosivo de la riqueza en Chile, fruto de actividades industriales internacionales (salitre, guano cobre y otros minerales) superó y dejó atrás a la élite agrícola y comercial tradicional orientada hacia el comercio interior.

La nueva élite industrial y comercial se instaló en Valparaíso, desde donde manejó la industria extractiva en el Norte, las finanzas y el comercio de maquinaria y bienes de consumo hacia el interior del país, notablemente Santiago.

La Armada mantuvo una intensa relación social, comercial, familiar y técnica con esta Clase Dirigente, lo que incrementó su prestigio e influencia, que alcanzó su culminación en la Revolución de 1891.

La élite intra Armada de este período se caracterizó por la influencia y la prevalencia de los valores culturales y costumbres sociales inglesas y en menor grado francesa, alemana e italiana de las mismas características que las otras élites dominantes.

La crisis de 1929 / 30 puso fin a esta organización económica y social nacional. El cierre de la economía y la implantación de un modelo de “sustitución de importaciones” y el regreso a la economía agrícola tradicional determinaron una rotación de la élite comercial y social, cuyos nuevos representantes gobernaron desde a Santiago, en las cuales el cabildeo político y las relaciones familiares tradicionales sustituyeron  a la habilidad empresarial internacional del grupo desplazado.

La élite social y técnica “anglo” en la Armada cedió su espacio a los operadores políticos internos con conexiones en el Ejército y en la sociedad tradicional chilena la que, en parte, la capturó.

Esta rotación dentro de la Armada fue muy penosa e incluye la constante decadencia institucional con el triste episodio del motín de la escuadra y el descrédito social y político de los años ´30

Este ordenamiento del poder se arrastró hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial (2º GM) en que en la Armada y en el país se hizo presente un nuevo factor: la tecnología y la gestión.

En efecto, el fin de la 2ª GM la llegada masiva de la influencia norteamericana encontró un campo muy fértil en la Armada que acogió la llegada de dos cruceros Clase Brooklyn que con su carga de tecnología en los ámbitos electrónicos, eléctricos, hidráulicos, organizacionales, de relaciones sociales y de gestión administrativa y logística vinieron a cambiar profundamente la importancia relativa de las especialidades. La aparición de áreas de nuevas tecnologías, habilidades y conocimientos que no existían en el país pusieron a la Armada y a aquellos de sus miembros que las dominaban, en puesto de prestigio y relevancia, inicialmente dentro de la institución y luego en el área fabril y empresarial nacional.

La Armada se incorporó, lentamente, a una nueva élite nacional que representaba la modernidad y la tecnología.

Al interior de la Armada este cambio socio cultural no fue sin problemas. Reiterada y persistentemente se fueron presentando crisis de cohesión y disciplina que reflejaban el desajuste entre la tecnocracia y su valoración por un lado y el debilitamiento del mando y la cultura y estructura social tradicional por el otro.

Claramente se estaba presentando una fractura, coincidente por lo demás con lo que sucedía en todo el país, entre la Clase Dirigente y las diversas clases sociales que trataban de convivir en una economía estancada, bajo la gestión de una Clase Dirigente incapaz de adecuarse a las nuevas condiciones internacionales y dar respuesta a los problemas nacionales.

Esta profunda crisis nacional se manifestó mediante reiterados fracasos de las propuestas sociales, culturales e ideológicas del Gobierno de la Democracia Cristiana y luego con el intento revolucionario marxista de Allende, que concluyó con el Gobierno Militar que reorganizó a la sociedad en su conjunto, originando una nueva hegemonía.

La Revolución Militar de 1973 afectó profundamente a la sociedad chilena al dar paso a un nuevo grupo tecnocrático financiero, económico y comercial, coloquialmente conocido como “los Chicago Boys” que incluyó a un creciente número de graduados en gestión, finanzas y negocios en diversas universidades norteamericanas. Este grupo se hizo cargo de la gestión de la economía, de la banca, de la tarea de re-construcción de la industria nacional e incluyó a los empresarios privados, muchos de ellos asociados con inversionistas extranjeros, e impuso su hegemonía técnico empresarial basada prioritariamente en los aspectos económicos y de desarrollo.

La Armada, durante el Gobierno Militar, fue acogida como iguales por esos nuevos gestores del poder, en parte por sus habilidades técnicas y en parte por detentar acceso al poder político. Los militares (Éjército) que aportaban su hegemonía sobre el Poder Político, tuvieron no solo una relación diferente con el Poder Económico / empresarial, sino que una valoración social y política diferente a la de la Armada. Esta diferencia se sintió con fuerza una vez iniciada la Transición y la formación de una nueva elite y clase dirigente.

Como resultado de la entrega del poder político, el estamento militar fue marginado social y políticamente por la nueva clase política, manteniendo el Ejército el poder de la amenaza del uso de la fuerza que constituyó una nueva forma de relación amor – odio con los partidos de gobierno que, en varios aspectos, resultó dañina para ambas partes y para el país.

Esto explica el diferente acomodo entre las elites institucionales de las tres instituciones de las FFAA respecto tanto a la elite gobernante como al poder económico, de todos conocido.

En lo que toca al futuro, parece evidente que la Armada seguirá requiriendo una elite interna tecnocrática y operativa en los niveles medios y bajos de la institución y otra con una sólida formación en humanidades y ciencias políticas y sociales en los niveles medios y superiores, para interactuar con una elite gobernante, en estos años, aun en proceso de refundación, y en un escenario social cada día mas activo y complejo.

Araucanía. Plan Político y Estrategia

Piñera no puede invitar a la ciudadanía y a la oposición a negociar o apoyar a su gobierno en la Araucanía, si no ha definido la nueva realidad que pretende construir.

¿A qué la está invitando? ¿Cómo podrá la ciudananía de la Araucanía regular sus ambiciones y acciones si ignora las intenciones finales del Gobierno?

¿Cómo podrían evaluar los chilenos las acciones del Gobierno y sus resultados si no sé sabe que es lo que quiere hacer?.

El conflicto, para ser manejado racionalmente debe tener constantemente a la vista las características de las condiciones finales que se quieren crear.

Iniciar un largo viaje político y cultural (En Nueva Zelanda llevan 17 años y no terminan) exige establecer a grandes rasgos, pero con claridad, el resultado o estado final que deseamos establecer.

Sabiendo lo que pretendemos conseguir, enfrentando a un oponente que tiene metas diferentes -no necesariamente opuestas- y disponiendo de un conjunto variable de recursos de poder de diferente tipo, es fundamental comenzar con el diseño de un esquema coordinado y sinérgico para su aplicación -una estrategia- ; ajustarlo a los resultados que se vayan obteniendo; modificar sus metas, plazos y ritmos sectoriales según se necesario y revisar constantemente si el objetivo final inicial continúa siendo válido y alcanzable.

La crisis en la Araucanía es un problema de estado. Involucrará a varios gobiernos a lo largo de varios años y sus resultados afectaran a una gran cantidad de chilenos mapuches y mestizos -todos ciudadanos chilenos-, que se sentirán afectados por las viscicitudes de la negociación y los resultados que se alcancen, asi las cosas, no puede sino ser enfrentada con una política de estado que cuente con una amplio y sólido acuerdo nacional básico.

Tenemos así dos niveles que enfrentar: uno de largo plazo, de naturaleza política, que se refiere al “estado final deseado”, al “dibujo final” o la “visión” de la realidad que la sociedad chilena desearía ver reinando en la Araucanía y en toda la sociedad respecto a este tema, en un punto indeterminado en el futuro.

Esta “visión” tiene facetas políticas; económicas; militares; sociales; etc. El “estado final deseado” es un “gran cuadro” conceptual constituido por el consenso político nacional.

Hoy día aun no tenemos esta visión y es fundamental alcanzarla antes de comenzar a actuar, no hacerlo así no solo no obtendrá resultados sino que complicará el problema que deberán enfrentar los futuros gobiernos.

¿Quiénes son las partes involucradas en este conflicto?: ¿Los mapuches étnicos de todo Chile?, ¿solo los que viven en la Araucanía?, ¿también los que están comprometidos en acciones violentas o delictuales?, ¿los ciudadanos no mapuches de la Araucanía?, ¿todos los ciudadanos chilenos, mestizos en su mayoría?. ¿Sólo el Gobierno?. Es necesario delimitar a los participantes.

¿Qué tipo de integración y participación política y social queremos establecer con los interlocutores que se haya definido?. Esto implica aspecto institucionales, económicos, laborales, de propiedad de la tierra, educacionales, culturales, de salud, etc.

Dibujar este este “final deseado” es una tarea política de mediano plazo plazo en la que habrá cambios y variaciones durante el proceso y que requerirá renegociaciones continuas entre los diversos actores políticos y sociales nacionales. ¿quiénes están dispuestos a participar, dentro de que límites?.

Por lo pronto, hay actores políticos significativos que no se deciden a condenar la violencia y se mantiene en una posición oportunista para aprovecharla o distanciarse de ella, según convenga.

Parece evidente que es necesario comenzar por alguna parte y ese comienzo debe ser hecho de tal manera que no paralice o impida las acciones posteriores que apuntarán a la resolución de fondo del problema.

Una manera lógica de comenzar podría mediante restablecimiento del estado de derecho y la soberanía del Estado de Chile en la Araucanía.

Un estado de violencia armada y delictual como el existente actualmente en esa región, se desarrolló y consolidó a lo largo de muchos años y no será desmantelado en un plazo breve. Tendrá que ser una acción gradual, incremental, con metas parciales claras y avanzar conjunta y paralelamente con las acciones políticas señaladas anteriormente.

Parece también evidente también que esta tarea no puede ser en la forma de “escalada” sino de “des-escalada” de violencia, en que la calidad de la acción de control sea incremental y paulatina.

No mayor cantidad de control sino mejor control. Selectividad y precisión en la investigaciones, control sobre las personas, organizaciones, grupos y actividades críticas.

La imposición del estado derecho comienza por la aplicación del sistema judicial en forma constante, sin excepciones y completa. Hasta la fecha las acciones de violencia son investigadas y sancionadas hacia las fuerzas policiales y militares, no hacia los terroristas, instigadores, actores, financistas. No se sabe nada de quienes planificaron, dirigieron ni ejecutaron los actos de violencia en Temucuicui, menos de los asaltos, incendios y asesinatos diarios.

Los objetivos estratégicos no necesariamente son de seguridad, en algunos casos la fuerza policial/militar puede ser el medio predominante para alcanzarlo, en otros casos no será así.

Los objetivos estratégicos no son pues exclusivamente de seguridad. Siempre son una combinación de elementos. Esos elementos, su magnitud, combinación y secuencia no han sido establecidos y, sospecho, ni siquiera pensados.

PORTALIANISMO EN EL SIGLO XXI

A comienzos de 1827 O´Higgins reclamaba que : “Se ha perdido la moral, se acabaron las costumbres y no se quieren leyes porque las que se dictan hoy se pisan mañana, pues que éstas suponen subordinación, y esto no se quiere en Chile”.

El ejercicio de la autoridad, las leyes y el cumplimiento de las mismas, han constituído un problema recurrente en Chile.

Los obligados a cumplirlas -todos los ciudadanos-, se resisten; los llamados a exigirlas -el gobierno-, elude sus obligaciones, y se dictan -en el congreso- leyes mal hechas, inoportunas, abusadoras o francamente inmorales.  Esto lleva a la anomia, la desmoralización, la currupción y finalmente a la anarquía.

La gestión de Portales impuso a los chilenos un proyecto político republicano; un Estado eficaz e imparcial montado sobre una institución: el Presidente de la República, y dio a los ciudadanos de mérito, una oportunidad de participación selectiva y rotativa.

Reemplazó el personalismo del Director Supremo por la “Institución del Presidente de la República”. En cuanto a las actitudes individuales la nueva política seleccionó, en virtud de sus méritos, servidores públicos que rotaron por los puestos de élite conformando una administración eficiente y comprometida.

Este diagnóstico nos suena familiar y conocido, pero su eventual aplicación hoy día no podría pasar por alto algunas diferencias significativas.

¿Cuáles son las causas de la agitación social actual?

  • La violencia y los desórdenes se iniciaron por lo menos en 2012, es decir 7 años antes de la crisis aguda desatada en 2019. Tuvimos manifestaciones por motivos medio ambientales -la construcción de la represa de Hidroaysen-; luego las marchas estudiantiles reclamando por el cobro y la mala calidad de la educación; de nuevo Aysen, reclamando por abandono; a continuación Calama, reclamando por la pobreza. Durante este lapso la prolongada toma y extrema violencia en el Instituto Nacional -a pocas cuadras de La Moneda-, se fue trasladando hacia el Metro. Durante todo ese tiempo se mantuvo la evasión masiva e impune del pago del transporte público en el Transantiago.
  • No hubo una rebelión masiva exigiendo el fin de la política de desarrollo neoliberal; tampoco es posible encuadrarla en el esquema ideológico de derecha – Izquierda. En realidad la mayoría de estas manifestaciones ocurrieron al margen del sistema político partidista.
  • El broche de oro fue la marcha masiva del 25 de octubre de 2019, en que cientos de miles de personas marcharon por Providencia hacia la Plaza General Baquedano, sin banderas partidistas, sin pancartas, sin violencia y en pacíficos grupos familiares con peticiones muy concretas: mejor salud, mejores sueldos, mejor educación, mejores pensiones y similares. En breve no querían algo diferente sino lo mismo que ya estaban recibiendo, pero más y mejor.

Esto muestra que las marchas eran un reclamo ciudadano frente a una combinación fatal: un Estado deficiente y un Gobierno sin ninguna sensibilidad política -que en esos días se interesaba en ganar protagonismo político regional, en la crisis Venezolana y a nivel global, en el tema Medio Ambiental.

Ambos elementos, Estado deficiente y Gobierno políticamente incompetente ponen de relieve el problema a mi juicio, central: el profundo déficit de representatividad del sistema político nacional. La gente no se siente representada ante el Estado -Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial- ni por el Presidente de la República.

Nada en esta situación es nuevo o sorpresivo: desde hacía años el estado presentaba graves falencias de organización y gestión que habían llevado a profundos análisis sobre la necesidad de su urgente reforma -que nunca se hizo-; se había conformado un estado cada día mas grande y mas incompetente controlado por la Izquierda como plataforma política electoral; reinaba un ambiente de corrupción político empresarial que nunca recibía castigo; un poder judicial que impedía la justicia y deterioraba la seguridad de las personas y un progresivo deterioro del crecimento de la economía, acompañado de un abultado gasto fiscal populista y demagógico que no solucionaba nada.

La derecha socio económica, por su parte, daba un constante espectáculo de frivolidad, abuso, prepotencia y ostentación, que no mostraba ni la mas mínima solidaridad con los chilenos. El broche de oro lo puso al Ministro de Economía -Andrés Fontaine- que en Octubre de 2019, en plena crisis, propuso que los usuarios del Metro, para no ser afectados por el alza del precio del pasaje, se levantaran una hora mas temprano para aprovechar una tarifa mas baja.

Lo más grave, sin duda, era el espectáculo penoso de un Congreso inescrupuloso, paralizante, vulgar y de bajo nivel intelectual.

Los ciudadanos tenían ante sus ojos el penoso espectáculo de un Chile en decadencia por mal gobierno.

La deficiencia del Estado fue llevando a muchas personas a una sensación de que los problemas y necesidades de la ciudadanía no encontraban recepción ni eco en la elite gobernante y que el Poder estaba excesivamente centralizado; de que “Chile era Santiago”.

Hasta aqui, tendríamos un caso en el cual el “portalianismo” histórico aplicaría bien, sin embargo es necesario incluir algunos parámetros que dan cuenta de las diferencias entre la sociedad de ese entonces y la actual.

  • El portalianismo original se aplicó en un contexto de incomunicación entre las regiones del país y una aun mayor separación entre el extranjero y las regiones, canalizándose todo desde el gobierno central. Por otro lado, la disponibilidad de recursos era muy escasa, obligando a una estricta priorización con frecuencia postergando a las zonas lejanas a la capital, y por último, una escasa o inexistente disponibilidad de capacidad de gestión técnica en las provincias. Desde otra perspectiva, este aislamiento también acentuaba la relativa autonomía regional al precio de mantenerlas en el subdesarrollo y la pobreza.

Este cuadro ya no existe, los medios actuales proveen comunicación instantánea por todo el país y da lo mismo si la cabeza de un servicio está en la misma ciudad o si se encuentra a cientos de kilómetros de distancia. La gestión y su control puede hacerse centralizadamente, no solo no aumentando la burocracia sino disminuyéndola. En este sentido, la mentalidad chilena se encuentra habituada a la existencia de un estado fuerte siendo su incompetencia o baja calidad lo que genera su frustración, no su existencia.

  • Otra diferencia sustantiva parece ser que la mayor educación, las mejores comunicaciones y la difusión de la información en forma casi instantánea, agudiza la necesidad y deseos de los ciudadanos por participar y ser partes del proceso político, tanto en la priorización de las necesidades como en la implementación de las políticas públicas, en este sentido una primera impresión sería que esto acrecienta la necesidad de descentralizar el estado, pero a la vez, muestra que un estado centralizado bien comunicado y eficiente en su gestión podría ser mucho mas eficaz que una cantidad de administraciones regionales mas o menos autónomas, y que la participación ciudadana activa igual podría darse a distancia.

Esa necesidad puede, actualmente, ser satisfecha en forma muy rápida, económica y eficiente, empleando los recursos digitales para que los ciudadanos expresen sus juicios y opiniones mediante plebiscitos nacionales y regionales, iniciativas populares de leyes y presupuestos por programas nacionales y regionales.

Sin perjuicio de lo señalado, es evidente la necesidad de redistribuir parte del poder presidencial entre los demás actores institucionales y ciudadanos, asi como crear la carrera del servicio público transformándolo en uno profesional, meritocrático, evaluado, despolitizado y con movilidad en cuanto a cargos, áreas de trabajo y regiones en que se desempeñen.

Un elemento imprescindible del modelo portaliano a reestablecer sería la exigencia inexorable del cumplimiento de las leyes, a todos, en todas las materias, siempre y sin excepción. En forma rápida y en igualdad para todos los chilenos, sancionado al delincuente en forma proporcional al daño social causado con el delito.

Una última consideración sería la conveniencia de plantear estos cambios en la forma de un “avance” hacia nuevas condiciones políticas y sociales y no un “regreso” a épocas y condiciones pretéritas.

Melosilla 21 de Febrero de 2021

Fernando Thauby García

EN BUSCA DE UN RELATO

El fracaso de la actual clase dirigente. La élite tecnocrática económica nacida del Gobierno Militar se impuso y superó a la de la izquierda en la gestión del crecimiento y desarrollo económico de Chile; pero nunca logró conformar una oferta de desarrollo político y social atractivo para la ciudadanía y fue superada en forma inapelable por la elite ideológica de izquierda. Su cultura política consistió en un lenguaje mayoritariamente tecnocrático con ideas vinculadas al libre mercado y a una democracia limitada; al recuerdo de la lucha contra la Unidad Popular, y al compromiso con el proyecto político del régimen militar.

“La dimensión simbólica de la política, aquella encargada de formar comunidad, fue perdiendo protagonismo en el sector, en beneficio de las cifras estadísticas y la institucionalidad en vez de buscar un proyecto de sociedad mayor, pese a que hubo intentos”[1] como el inspirado en las teorías liberales de Friedrich Hayek, y el de Milton Fiedman en el liberalismo económico.

Jaime Guzmán intentó “cristianizar el capitalismo”, pero el foco principal continuó en la dimensión económica, lo que terminó por eliminar completamente el mensaje social y simbólico que alguna vez pudo existir en el sector.

En breve, la elite pos Gobierno Militar no logró generar un entramado de sentidos que convocara y creara un proyecto cultural atractivo para las personas: un relato. Peor aun, la derecha intentó llevar la “batalla de las ideas” a una confrontación en el plano de la discusión técnica, presentandosu proyecto como algo de “sentido común” o de “realismo”, descalificando a la “ideología política” como voluntarismo, como “utopía” apartada de la realidad de las personas.

De este modo, esta dicotomía entre “realidad” e “ideología” le impidió a la derecha elaborar un proyecto cultural convocante dejando de competir por la construcción simbólica de la sociedad, entregando el espacio social y cultural a los diferentes grupos de la izquierda nacional.

Actualmente el desafío para los continuadores de la obra del Gobierno Militar es valorizar los aspectos sociales, culturales y simbólicos que van mucho mas allá de lo material, sin excluir el progreso económico ni menos abandonarlo.

En este sentido, enfrentamos un problema que debe ser resuelto en dos ejes fundamentales:

a.- Realizar una introspección y un análisis de lo que los chilenos quieren como país y sintetizarlo mediante un concepto filosófico, político, ideológico, social y económico: un proyecto político. Esto implica revalorizar la competencia cultural, filosófica e ideológica y hacerla explícita en un contexto de lucha por la hegemonía cultural global.

b.- Expresar este proyecto político en una discurso atractivo, adaptable y convocador, en la forma de un relato que constituya el entramado simbólico de su propuesta política.

Un Proyecto Político. Sin pretender restringir el espectro de las ideas, creo que en los tiempos y condiciones del Chile actual, un proyecto razonable podría estar situado en el área Liberal / Libertaria / Capitalista enfrentado a otro proyecto Socialista / Marxista / Anarquista.

A partir de las definiciones ideológicas que eijan sus autores, el proyecto deberían tomar sus decisiones de políticas públicas encuadradas dentro de la Constitución Política vigente.

En el momento actual, en que ocurre un rápido y profundo cambio político, estratégico, social, económico y tecnológico global, es fundamental incorporar los cambios que habrá que enfrentar y la influencia que éste tendrá en el proyecto.

Por definición un “proyecto” político será de carácter racional, técnico, requerirá el uso de un vocabulario y de conceptos capaces de reflejar conceptos muy complejos en diversas áreas de la política. De esto deriva la necesidad de desarrollar un “relato” o narración política de carácter mas emocional, popular y al alcance de una variedad de públicos.

Un Relato Político. No hay pueblo sin relato, sin épica. La historia es inseparable de su narración. Un problema actual es que el relato (como técnica de marketing y como ficción) pueda llegar a reemplazar al “proyecto” político, en un entorno cada vez más dependiente y condicionado por los medios de comunicación”.

El relato como ficción, a través de la capacidad narrativa y la creación literaria, ya es utilizado sin escrúpulos a través de la publicidad. Frente al pedagogo político se sitúa el seductor mediático, que tiene una concepción de la política basada en la química, en el feeling.

En opinión de muchos autores, el Relato simplifica, estimula la pasión superficial y contribuye a convertir la política en espectáculo, especialmente en las campañas electorales (cada vez más frecuentes), e implica un riesgo de evasión y comprensión de los problemas reales.

El relato, una necesidad política. A pesar de tantas advertencias válidas, la necesidad de un relato político, -que interprete, que dé sentido a la realidad y que convierta en comunicación el proyecto político- es una nueva oportunidad para la humanización de la política en el siglo XXI. Demasiada soberbia tecnocrática nos llevó a la comodidad intelectual de lo “técnico” mientras los adversarios ideológicos, y sus poderes, ganaron “espacios culturales”, de valores y, sobre todo, elecciones

Si tener un relato es peligroso; mas peligroso es no tenerlo.


[1] Pablo Ortúzar 2020

NO SóLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

En un periódico se ha planteado la idea de un Ingreso Básico Universal (IBU).

Según dice, “El concepto es simple: cada ciudadano recibiría una suma básica mensual sin necesidad de ninguna contraprestación, cualquiera fuese su condición social” y añade “La causa de fondo que ha suscitado un renovado interés en el IBU -además del sentimiento de solidaridad- es la incertidumbre sobre el futuro del trabajo en la medida en que avanza la robótica y la posibilidad de que un alto porcentaje de jóvenes vaya quedando fuera del mercado laboral”.

Concuerdo con el diagnóstico, discrepo de la solución.

Primero, es cierto que la robotización que ha hecho -y se agudizará- que las manufacturas básicas estén siendo desplazado a países cuya mano de obra trabaja por nada y cuyos gobiernos además les dan amplias ventajas impositivas a los inversionistas extranjeros, son causa de creciente desempleo en los países desarrollados o en avance hacia el desarrollo.

También es cierto que la “sociedades de bienestar” son más y más onerosas para las economías nacionales y muy poco generosas para las espectativas de sus beneficiarios.

Esta situación hace que un amplio segmento de la población viva en la incertidumbre sobre su futuro laboral y personal y que eso genere creciente tensión social y abra las puertas al populismo.

Discrepo de la solución en cuanto a que las personas, todas, necesitan un trabajo digno, medianamente satisfactorio, que les facilite su integración a grupos sociales de variado orden y les permitan una actividad regular y constante.

El trabajo es mucho mas que un salario, es una condicial social y de auto estima.

Es por eso que una solución tan simple como sería el IBU nunca satisfará completamente es necesidad y peor aun, llevará a muchos de sus beneficarios a los vicios, la vagancia, la desmoralización y la perdida de la dignidad.

Tengo una alternativa: La Pequeña y Mediana Empresa, -La PYME- el emprendimiento, apoyado y empleado sistemáticamente por los gobiernos como un elemento de integración y estructuración socio económica. Con una Corfo que articule el apoyo integral a cada empresa para la navegación dentro de la burocracia, financamiento, tecnología, gestión, comercialización y función social.

Imagino al Estado apoyando activamente a los emprendedores capaces de ofrecer empleo a todo tipo de personas, de todos los niveles educacionales, intelectuales, fÍsicos, sicológicos y grupos etarios para todo tipo de actividades, fabriles, creativas, artísticas, innovadores, de salud, cuidados de personas y servicios profesionales de todas clases, en el país y en el extranjero. Este apoyo se materializaría mediante un subsidio a la persona y ésta lo portaría con ella a la Pyme en que trabaje. Su monto sería calculado para satisfacer las necesidades particulares de esa persona y de su grupo familiar.

Un sistema asi permitiría aumentar sustantivamente la oferta laboral, daría espacio a un variado tipo de habilidades y destrezas y sobre todo, permitiría a muchas personas encontrar un espacio en el cual realizarce como personas.

Un sistema como el descrito tiene, además, una gran flexibilidad para adecuarse con rapidez a nuevas demandas y cambios en el mercado y en la tecnología

Este es un tema largo y bastante mas complicado, pero lo dicho da, creo, una idea de mi propuesta.

LA AGONÍA DE LA CLASE DIRIGENTE DE CHILE

La Clase Dirigente de Chile es un segmento de la población conformada principalmente por la Clase Política; los Grandes Inversionistas nacionales y extranjeros; los Empresarios y Gestores Empresariales; los Intelectuales y Académicos; los Periodistas y Dueños de Medios comunicaciones; los Directivos de Organizaciones “sin fines de lucro” y los funcionarios de Organismos Internacionales.

Los Ciudadanos somos todos los demás.

La Clase Política está conformada por los Partidos Políticos y sus dirigentes; son oligarquías mas o menos hereditarias, familiares, capillas ideológicas, que forman un grupo pequeño, compacto y de muy poca movilidad o cambio. Los diputados y senadores, los “representantes”, que deberían cumplir la función de interlocución entre los partidos y la ciudadanía, en realidad, no nos representan ya que nos son impuestos y controlados por los Partidos. Defienden sus intereses y los de ellos mismos. Muy bien pagados, con prebendas y privilegios diversos, corruptos, en general de escasa formación profesional. El contar con el monopolio de la representación, establecida por la Ley Electoral que prácticamente impide la concurrencia de candidatos independientes, los constituye un monopolio perfecto que les permite independizarse por completo de la ciudadanía, excepto en cuanto a dejarlos jugar un rito electoral controlado por sus mismas estructuras partidarias: “las máquinas”.

Los Grandes Inversionistas, Industriales y Financieros internacionales y los Empresarios Nacionales y Extranjeros. Son la correa de transmisión de los grandes movimientos económicos mundiales. En este momento la globalización y la concentración de la inversión manufacturera y de compra de materias primas en China, a los que no podemos sustraernos. A lo mas, podemos tratar de “surfear” la ola. Este mundo está convulsionado y en cambio profundo y veloz. El problema, para los ciudadanos, es que estos grupos visualizan y enfrentan las situaciones desde una óptica del interés de las empresas con las que se relacionan, no de los estados o de las naciones en que operan. Su “globalidad” los autonomiza de correr la suerte del Estado y de la Nación en que funcionan y pueden cambiarse de país en cualquier momento, sin perdida económica ni social.

Los Intelectuales y Académicos; son una elite pequeña y principalmente local. Significativos en Chile y algo en la región. Son la base que apoya y secunda al grupo anterior. En cierto modo sus habilidades y conocimientos les permiten considerarse globalizados. Si las cosas marchan mal sus miembros y directivos pueden irse a otros países ingresando al circuito internacional de la elite. El Centro de Estudios Públicos (CEP) es un buen ejemplo

Los Periodistas y Dueños de Medios comunicaciones Este sector es funcional a la Clase Política y a las Grandes Empresas. A veces son de su propiedad, como la Tercera, CNN Chile y Mega. Su poder se encuentra amenazado por las redes sociales, que son de propiedad de grandes empresas globales que administran el flujo de informaciones e interviene y controlan muy de cerca nuestro comportamiento, gustos y opiniones.

Los Directivos de Organizaciones “sin fines de lucro” y Funcionarios de Organismos Internacionales. Este es un estamento que se instaló en una condición ambigua en que el origen de sus recursos y los objetivos que persiguen, se sitúa en una mezcla de propaganda y mentiras. Sirven a intereses normalmente extranjeros, tanto privados como estatales. En general sirven a los movimientos que promueven y empujan cambios sociales y culturales, encubierta o abiertamente. Su poder se ha incrementado por la debilidad de nuestro actual gobierno.

Los Ciudadanos. Esos somos nosotros, los dueños del país, los titulares de la soberanía política, los que hemos luchado y sufrido por seguir adelante juntos antes las adversidades y que no queremos, no podemos ni consideramos la opción de dejar todo botado y arrancar a otro país donde seguramente no seríamos felices.

Somos la 3ª Clase del Titanic, los que se hunden con el buque, los que pelean a muerte por mantenerlo a flote.

Somos personas, pero también grupos que trabajamos para la Clase Dirigentes, como trabajadores, soldados, pymes, vendedores, consumidores y choferes de micros.

En Chile, los ciudadanos estamos enojados, frustrados, tristes, cansados. Nos sentimos engañados. Sabemos que tenemos que salir adelante, no tenemos opción ni aceptamos rendirnos.

Nuestro problema es que nuestra Clase Dirigente nos falló. En efecto, en Chile el problema fue el mal funcionamiento del estado, la aplicación de malas políticas públicas, la omisión de la solución de déficits sociales evidentes y la colusión económica político – empresarial.

Como casi todos los desastres no falló TODO, incluso hubo partes del sistema que siguieron funcionando muy bien. La salida de la pandemia es una prueba. Hubo otras que fueron desastrosas, como los partidos políticos que no se atrevieron a oponerse claramente a los violentos y coquetearon con ellos hasta el final y que emplean el tiempo en acusaciones ridículas y sin sentido; algunos empresarios y los trabajadores de la salud; los Carabineros y los Soldados, parte del Estado, la gran mayoría de los ciudadanos que mantuvieron la calma, la paciencia y la disciplina durante meses y meses de encierro y falta de dinero. Con enfermos y fallecidos.

Como se puede apreciar hay mucho que arreglar y corregir. No será posible hacerlo en un día ni en un mes ni en un año. ¿Cinco a diez años?. Podría ser.

El problema es por dónde comenzar. Creo que hay que comenzar por la cabeza:

El cambio total y profundo la clase política. Cambiar la ley electoral: voto obligatorio, menos diputados, menos senadores. Calificados, profesional y moralmente, con controles financieros y disciplinarios externos, sin ningún tipo de privilegios. Con cuentas rendidas en detalle y con boletas. Con supervisión ciudadana. Sin reelección.

Partidos que sean principalmente corrientes de opinión. Con poder político acotado. Con mayor participación de las organizaciones sociales.

Disciplinar  a los Grandes Inversionistas, Industriales y Financieros, Empresarios Nacionales y Extranjeros. Deben cumplir las leyes en forma estricta y en toda circunstancia, con organismos contralores reales, la subsidiariedad debe exigir, como contrapartida un comportamiento socialmente responsable, estricto apego a la legalidad y un gobierno supervisor de que no haya abusos de ninguna especie.

Revitalizar a las Pymes. Apoyarlas fuertemente y protegerlas de los abusos.

Educación, mejorarla substancialmente, exigir rendimiento, disciplina y responsabilidad a los estudiantes.

Orden y seguridad. Estricto cumplimiento de le ley. Los padres deben hacerse responsables del comportamiento de sus hijos menores de edad.  Reducir las penas de cárcel y concentrar el esfuerzo en la recuperación por el trabajo.

Este país es nuestro. Si no participamos estamos renunciando a nuestra ciudadanía. El Estado es nuestro, es para servirnos con eficiencia y dado que no se puede tener todo de una vez, es quien debe priorizar.

Si no participamos, merecemos que los políticos nos traten como a tontos e inútiles.

LA POSMODERNIDAD CHILENA

Jean Francois Lyotard, filósofo francés, autor del desarrollo sistemático de esta tesis, en el primer párrafo de obra fundacional establece:

Nuestra hipótesis es que el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial y las culturas en la edad llamada postmoderna. Este paso ha comenzado cuando menos desde fines de los años 50, que para Europa señalan el fin de su reconstrucción. Es más o menos rápido según los países, y en los países según los sectores de actividad: de ahí una discronía general que no permite fácilmente la visión de conjunto. Una parte de las descripciones no puede dejar de ser conjetural. Y se sabe que es imprudente otorgar un crédito excesivo a la futurología.

Es una forma “francesa” de decir que éste es un tema propio de las sociedades civilizadas.

De esta definición me parece conveniente destacar que según Lyotard, la posmodernidad se manifiesta y materializa desde dos dimensiones: la industrial y la cultural. La economía transita del orden capitalista de una economía de producción, a una economía de consumo. Los medios masivos de comunicación y la industria del consumo masivo se convierten en centros de poder global, superando los intereses nacionales de las grandes potencias. Así, la industria manufacturera, la tecnología y la gestión norteamericana y europea crean y desarrollan la industria china, y sus mercados dinamizan su “milagro” económico.

A mi parecer es importante destacar que la tríada formada por el cambio de la forma de producción industrial ; el avance tecnológico y la globalización de los mercados- son el motor original de la posmodernidad, siendo “acompañado” por el cambio cultural.

El que este proceso se haya iniciado en Europa, mas precisamente en Francia, y “desde fines de los años 50, que para Europa señalan el fin de su reconstrucción” sugiere que las duras derrotas de las dos guerra mundiales, la pérdida de su imperio colonial y la decandencia terminal de su liderazgo industrial, cultural y académico tienen mucho que ver en su génesis y desarrollo y por lo mismo, su “aroma” intelectual francés acota el ámbito de su validez y capacidad explicativa.

Evidentemente nosotros no estamos incluídos en la posmodrnidad: no llegamos nunca a la edad industrial, menos a la pos industrial. Nunca fuimos una cultura moderna, menos podemos ser pos modernos. Aunque nuestros intelectuales de izquierda -algunos con pos grado en Francia- crean comportarse como tales y traten de interpretar nuestro modesto devenir bajo esos parámetros.

Se podría decir que somos una mezcla heterogénea de diversos estados de (sub)desarrollo industrial, económico, cultural y social, con una mediana en el tercio inferior de la campana de distribución normal.

No somos pos modernos en forma espontánea, por elección ni por nuestra voluntad, sino que somos objeto de dos intensas corrientes de influencia que complican y condicionan nuestro comportamiento:

La posmodernidad nos llega en forma “blanda”, como acciones, presiones y extorsiones emprendidas por actores globales en razón de sus propias agendas políticas, filosóficas y culturales: organizaciones “sin fines de lucro” de alcance global; las Naciones Unidas y sus innumerables excrecencias; “mecenas” archimillonarios; organizaciones “filosóficas” y similares y cadenas de medios de comunicaciones globales.

Y en forma “dura”, destinada a condicionar, alterar y modelar específicamente nuestro comportamiento económico y de consumo, por cuanto ese cambio es beneficioso para adelantar el control y explotación de nuestro país y nuestra gente por parte de bancos, inversionistas y financistas anónimos y globales y, lo mas potente; sistemas manufactureros, de distribución y de consumo de bienes, tan fuertes que no siguen sino que imponen comportamientos y políticas a los gobiernos y desplazan sus instatalaciones, infraestructura y mercados, libremente por toda la geografía mundial, que negocian de igual a igual con los gobiernos y les imponen tratamientos tributarios y de protección de acuerdo a sus respectivas conveniencias.

En este contexto, nuestro país y muchos otros, no están en condiciones de actuar librememte y menos de imponer sus preferencias políticas ni tendencias culturales, solo deben seguirlas y protegerse de sus efectos tan bien como puedan; aprovechar las tendencias y acciones de otros que converjan con sus intereses, adecuar y readecuar sus politicas sociales, económicas, productivas, educacionales, para modificar sus capacidades constantemente, según vayan recibiendo desafíos a los que no puede oponerse, sino que deben, necesariamente, “navegar” lo mejor que puedan.

Esto pone de evidencia que si queremos encontrar respuestas razonables para orientar nuestro desarrollo social, económico, educacional (establecer un modelo de desarrollo) debemos potenciar nuestras habilidades de previsión, flexibilidad, adaptabilidad y anclar nuestro destino a lo único sobre lo cual ejercemos algún grado de control: ubicación, extensión y características geográficas, riquezas y recursos naturales, originalidad y creatividad de su población, educación, cohesión social, iniciativa privada y un estado con capacidad de gestión para articular, equilibrar y revisar este esquema siempre precario y variable, en sus dos ámbitos: interno y global.

Una tarea en extremo dificil.

Parece evidente que llegar a algo así y tener éxito, requiere una organización de primer nivel, es decir algo muy dificil de alcanzar por parte de nuestra sociedad actual y aun mas distante de la clase dirigente -política y empresarial- que domina nuestro país.

Como todos los problemas estratégicos, el primer asunto a resolver parece ser la identificación de la condición que se quiere alcanzar y sostener estableciendo paramétros adecuados para medir su obtención y reajuste según los cambios que vayan ocurriendo en la situación interna e internacional.

En breve, identificar y actualizar constantemente los fines; evaluar con realismo los recursos de todo orden de que se disponen en cada momento, los medios; y  el esquema de acción en el tiempo y el espacio mediante el que se organizará su empleo, la forma, la estrategia

6 de enero de 2021.

                      

LO DESECHABLE

Hasta el último decenio del siglo XX, los bienes eran durables y cuando se rompían, se reparaban; ahora son desechables y cuando se rompen, se botan.

Los buenos empleos eran los estables y de por vida; ahora los empleos deseables son los bien pagados y temporales.

Un matrimonio que se rompía era una desgracia; hoy es una oportunidad de cambio y una nueva experiencia.

Un padre envejecido o un hermano discapacitado era un compromiso fraternal y una tarea familiar; hoy es un problema económico y una tarea profesional.

El ideal social parece ser la transitoriedad, la autonomía, el cambio y la inmediatez.

Hay dos fuerzas que están presionando esa tendencia y, en conjunto, están modelando nuestra sociedad.

Por un lado, el aumento exponencial de personas que buscan afanosamente la libertad de todo compromiso y atadura y que simultáneamente, viven atemorizadas, en la incertidumbre y la soledad; y por el otro, insertos en un esquema de una economía global autonomizada de todo compromiso social, dirigido por entes míticos desconocidos que no son responsables ante nadie y que se mueven por el mundo, fuera del control de los gobiernos y los pueblos, en febril persecución de sus intereses particulares.

La libertad -por su parte- es entendida y buscada como una exigencia perentoria de la eliminación de todo tipo de límites y controles; de las restricciones físicas, sociales y morales, y de la evasión de la responsabilidad de las decisiones personales cuando ellas derivan en daños a nuestra salud o existencia. Mientras en el fondo de nuestras mentes, subyace la delegación de la responsabilidad final en manos del “Estado”, como figura paternal, que in extremis, se hará cargo de nosotros.

Por otra parte, el mundo y la sociedad, inundados de basura industrial y del consumo humano, sólida, liquida y gaseosa; contaminante y venenosa, se llena cada día con más desechos humanos: personas sin empleos o directamente in-empleables, viejos, discapacitados físicos y síquicos; subdotados intelectuales e individuos intoxicados permanentes por la droga y el alcohol.

Hay una tensión que parece girar en torno a la búsqueda de la libertad total y de la necesidad de “administrar los desechos”, materiales y humanos en que, inexorablemente, terminaremos todos.

La aceleración del avance de la informática, de las comunicaciones, la robótica y la automatización; la concentración de la manufactura y la industria en inmensos conglomerados globales con residencia gerencial en “paraísos fiscales” y residencia física en países miserables, explotados sin pudor alguno; la creación de una superclase de magos de las finanzas globales, secundados de una clase también global de administradores y gestores, carentes de todo compromiso con las naciones y sociedades en que nacieron y trabajan, augura no solo la continuidad de las actuales tendencias sino su consolidación.

Estamos en un mundo que requiere medidas enérgicas y claras para tomar un rumbo en que el género humano sea vuelto a poner como centro y propósito del uso de la libertad y de la actividad económica, y social.

EEUU – CHINA: LA ESTRATEGIA QUE FALLÓ

Hace más de un siglo el filosofo social británico John Hobson, en el contexto tecnológico de la primera revolución industrial, propuso que si las potencias de occidente se abstenían de sostener guerras entre ellas, podrían unirse en un proyecto económico mundial común, explotando a Asia en general y a China en particular.

Proponía que los países occidentales -en acuerdo con sus respectivas clases trabajadoras- podían transferir las empresas manufactureras desde Europa a Asia y sacar provecho de la empobrecida población oriental.

La explotación masiva de la mano de obra barata permitiría -mediante la creación de una extensa “sociedad de bienestar” -transformar a la Clase Obrera occidental en “rentistas” que gozaran de un amplio flujo de bienes baratos hechos en China, clase que además no estaría interesada en hacer revoluciones, ya que siempre estaría pendiendo sobre ella la amenaza de ser reemplazados por un “ejército de mercenarios amarillos”.

Hobson visualizaba una clase global y transnacional de grandes inversionistas y empresarios occidentales; secundada por una clase de administradores y gerentes globalizados, también occidentales, comprometidos con las industrias globales; auxiliada localmente por gerentes y capataces nacionales y por último una gran masa de sirvientes y prestadores de servicios personales -jardineros, nanas, actores, artesanos, peluqueros, masajistas, periodistas etc- conformada por los miembros de las clases media y trabajadora occidental que perdería sus puestos de trabajo en la industria manufacturera, ahora desplazada a Asia.

Como vemos, hasta hace poco el sistema financiero, económico, social y productivo internacional parecía estar, mas o menos, avanzando según la propuesta de Hobson.

Hasta hace algunos años, esta propuesta parecía haber estado materializándose -con algunos cambios- principalmente uno mediante el cual, en la “actual economía del conocimiento” controlada por occidente, el sistema transnacional occidental debería proveer trabajos nacionales livianos y rentables a sus trabajadores occidentales para compensar la pérdida de puestos de trabajo derivados de la “desindustrialización”.

Con este cambio se esperaba ayudar a reducir el desempleo y a amortiguar la degradación del estatus social a parte de las clases media y obrera en los estados desarrollados, para asegurar el nivel de paz social necesario para dar estabilidad al sistema.

Pero no todo iba bien, ya antes de la crisis económica -entre el 2008 y el 2012-, el orden liberal de la Pos Guerra Fría estaba crujiendo.

La elección el 2017 del populista Trump en EEUU, reflejó la insatisfacción activa de sus clases trabajadora y media; el sistema de bienestar estaba muy bajo las expectativas de sus beneficiarios y eso no los hacía felices. El efecto disolvente de su política exterior imprevisible generó movimientos que debilitaron el sistema de alianzas y acuerdos que sustentaban el sistema internacional basado en reglas, y por otro lado, el rápido avance tecnológico, económico y militar de China llevó a la creación de un vacío diplomático mundial y desconfianza hacia su gobierno.

Xi Jinping por su parte, precipitó diversos desafíos estratégicos a EEUU embarcádose en una campaña activa y provocativa en diversas partes del mundo, incluyendo países de nuestra región.

En EEUU, la pandemia, su origen y su desarrollo, agudizó la animadversión hacia China y la desconfianza en su forma de hacer política. La decisión norteamericana de restringir la inversión de capitales de sus fondos de pensiones, de adquirir bonos del Tesoro de EEUU y otras trabas financieras hacia China no contribuyó a relajar el ambiente.

El deterioro de las relaciones entre China – EEUU no llegan aun a las que existían en el mundo de los años ´30, pero se están acercando.

La administración Biden posiblemente actuará en forma más convencional, pero no muy diferente. Como sea, la relación entre ambos países parece ser cada dia más confrontacional, sin perjuicio de que en China haya un debate interno sobre la eventual conveniencia de reducir la asertividad y la confrontación y priorizar el desarrollo económico y el avance en reformas sociales y políticas. Estos temas no se resolverán antes del 20º Congreso del PC Chino, el año 2022.

Así, el sistema internacional parece moverse más hacia la bipolaridad que hacia la multipolaridad y más hacia la competencia que hacia la cooperación.

La globalización neoliberal a la Hobson pareció posible sólo durante las primeras décadas posteriores al fin de la Guerra Fría, en que EEUU era la superpotencia única, sin competidor alguno.

Durante los´90, EEUU, junto a Europa, Japón, Corea del Sur y Taiwán funcionaron como el bloque capitalista de Hobson e iniciaron el traslado de su sector manufacturero a China, aportando los capitales, la gestión, la tecnología y sus mercados globales.

Este esquema parece estar llegando a su fin durante el segundo decenio del siglo XXI.

En honor a Hobson, es preciso reconocer que identificó el peligro de que China superara su período de dependencia, asimilando la tecnología y gestión occidental; encontrara sus propias fuentes de recursos naturales; restableciera su independencia económica; cerrara su mercado a occidente; encontrara sus propias fuentes de capital financiero y surgiera como un gran y eficiente competidor en los mercados occidentes, obligándolos a refugiarse en el proteccionismo.

En la era pos Trump que se inicia, en EEUU se consolida un consenso bipartidista, militar, académico y periodístico de que China se ha transformado en una amenaza  vital para los EEUU, en lo económico y lo estratégico. Que la política hacia China ha fracasado y que EEUU necesita una estrategia de contención mucho más dura, ya que China ha emergido como el mayor peligro durante varias de las décadas por venir y que la competencia con ese país será más impredecible, larga y costosa que la sostenida contra la Unión Soviética. 

Se puede prever una relación que alterne la confrontación con la disuasión, en la cual la opinión pública norteamerica cerrará filas en torno a una postura más dura hacia China y sus aliados y amigos, en parte en la creencia de que China ha abusado de la confianza y buena fe de los EEUU obligando a las empresas que han invertido en su país a transferir la tecnología; que ha robado patentes y técnicas productivas y levantado barreras formales e informales a las empresas occidentales.

Los opositores o “desenganchados” de estos sentimientos serán los grandes empresarios globalizado occidentales para los cuales un mercado es eso, solo un mercado, sin ulteriores consideraciones geopolíticas, sociales, culturales ni de seguridad. Sus grandes inversiones en China podrían ser abandonadas, pero de sus ruinas surgiría una capacidad manufacturera nacional china, capaz de reducir significativamente sus ahora amplios márgenes de ganancias.

Considerando el veloz incremento y expansión de la automatización; la robótica; las comunicaciones; el transporte; la inteligencia artificial y el avance tecnológico en general, el panorama no se ve ausente de crisis ni pronto el eventual retorno de la industria manufacturera a los EEUU o Europa, menos aun la mejoría sustancial de las condiciones sociales de las clases trabajadora y media de esos países, que enfrentarán un número creciente de personas desocupadas e inocupables, que se suman a la inmigración cada día más difícil de contener.

Todo este conjunto de desafíos, desajustes, reajustes y cambios son la base de una intensa inestabilidad mundial a la cual no podremos escapar, aunque insistamos en comportarnos como si creyéramos ser una sociedad autónoma.

Seremos forzados a tomar partido y nuestra nueva posición en la economía global podrá ubicarse entre amplios márgenes: desde proveedores de productos y servicios de alto valor agregado, hasta el de modestos peones agrícolas y proveedores de espectáculos folklóricos pintorescos; siempre con un desempleo estructural brutal en las clases media y trabajadora.

Esta segunda Guerra Fría, para Chile será mucho más intensa que la primera