De Elite Legítima a Minoría Dominante.

Cuando un problema no encuentra solución evidente es prudente revisar las teorías que tratan de explicar el fenómeno para lograr una mejor comprensión del mismo. Nuestra elite política está en crisis y ese es un fenómeno bien estudiado. Una parte mayoritaria de los hombres elegidos para regular los destinos de nuestra sociedad carecen de la eficiencia, honestidad, cultura y capacidad necesaria para regular los destinos de la sociedad independientemente de los regímenes políticos o tipos de gobierno que se vayan sucediendo.

Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels proponen una respuesta que parece ajustarse muy bien a nuestro problema: “cuando los hombres elegidos para dirigir y gobernar a las masas carecen de las virtudes y capacidades necesarias para ello, deben dejar el paso a otros mas capaces”.

En las democracias los pueblos se manifiestan y hacen valer sus intereses mediante la organización del sistema electoral que constituye su arma principal en la constante pugna entre ellos y la minoría dominante que llega al poder tratando de autonomizarse para manejar las cosas a su antojo. Para ello, esa minoría crea estructuras, desarrolla cualidades de manipulación y control de las fuerzas sociales además de conexiones y parentescos. Su éxito y su poder radican en que constituyen una minoría organizada en contraposición con una mayoría desorganizada.

En Chile esta pugna se resolvió hace años en beneficio de una oligarquía que se apoderó de los partidos políticos y de la representación popular, imponiendo los candidatos, repartiendo los fondos para financiar las campañas, ubicando a sus parientes, amigos y asociados en los cargos claves de la administración pública y coludiéndose con empresarios que financiaron todo el sistema, a cambio de acceso a su apoyo para proteger sus intereses y sobre todo, para asegurarse que el control que los políticos debería ejercer sobre sus actividades para garantizar la salvaguardia del interés nacional y del pueblo, no fuera ejercido.

La elite política actúa con base en la razón y el conocimiento, mientras que la no elite es impulsada primordialmente por los sentimientos. Para promover sus intereses y buscar apoyo la elite apela al elemento sensible de las masas. Así pudimos ver como una figura “maternal” supo conquistar al pueblo y conseguir su apoyo mayoritario. Las elites manipulan a las clases inferiores rindiendo un homenaje puramente verbal a sus sentimientos, recurriendo a la demagogia con el fin de tomar o conservar el poder.

En este sentido es notable el planteamiento de un ex – senador: “¿Qué quieren, que se vayan los políticos y vuelvan los militares?”. Doble falacia: lo que la gente exige no es que “se vayan los políticos”, sino que “se vayan estos políticos” y dejen el espacio para lleguen otros. Nadie ha propuesto que “vuelvan los militares”, pero es una amenaza que pone a las personas desprevenidas en posición mental de preferir a “los políticos que están” en el poder, aunque no sirvan. Si hubiera preguntado si quieren que vengan otros políticos, habría recibido un aplauso atronador, pero jamás haría esa pregunta ya que sus conexiones personales, familiares y de negocios con esos posibles nuevos políticos no existen –al menos por ahora-.

La sociedad avanza cada vez que la minoría gobernante mejora o es reemplazada por otra de superior calidad: por el contrario, si la clase dominante se hunde en la decadencia sin que ninguna otra minoría proponga una solución más adecuada para los problemas de la época, el resultado será el estancamiento o la lenta desintegración.

Ese es nuestro problema.

Para encontrar soluciones primero hay que reconocer algunos hechos:

Toda persona o grupo que tiene poder, de una u otra manera abusará de él. Inicialmente en forma recatada y discreta, luego en forma desvergonzada. Por eso es imprescindible que toda persona o grupo con poder esté sometida a un control y a un mecanismo de equilibrio. Es lo que los anglosajones llaman “controles y equilibrios”. Elementos que fueron jibarizados paulatinamente en nuestro ordenamiento político hasta hacerlos inoperantes o eliminarlos. Un caso notable es el “lucro en la educación”. La ley promulgada por el Gobierno Militar decía que los sostenedores debían ser organizaciones sin fines de lucro. Esto fue “olvidado” por mas de 40 años, mientras muchos políticos, sus amigos, familiares y partidos, lucraban con universidades, colegios, CFTs y hasta jardines infantiles. Y nadie, nunca, preguntó o exigió que se cumpliera la ley.

Los empresarios no son los principales culpables de la corrupción, son los políticos. Ellos fueron o enviaron a algún representante a pedir dinero y los empresarios solicitados se lo dieron. Pero el delito es de los políticos. Es como si alguien que viola la ley del tránsito ofrece dinero al carabinero para que no le curse la infracción: si el carabinero acepta, es culpable; si no la acepta y no denuncia al transgresor por intento de cohecho, también es culpable. El chofer podrá ser también sancionado, pero la iniciativa y el control de la transacción siempre está en las manos de la autoridad contralora. De los políticos.

Los políticos, mediante el expediente de solicitar dinero a algunos empresarios se independizaron del control popular, ellos pudieron designar a los candidatos y decidir a quienes financiar las campañas y a quienes no y así adquirir el control total de los partidos y del poder político en el Congreso. En esta situación, teniendo dinero en cantidades significativas, los electores pasaron a ser consumidores, ya no hubo que explicarles que querían hacer en sus cargos ni dar explicaciones de sus ideas, las campañas políticas se transformaron en campañas de publicidad, de marketing, de vender un candidato con las técnicas desarrolladas para promocionar helados o detergentes. De esta manera los “debates” políticos se empobrecieron hasta ser parodias penosas en que cada interlocutor decía lo que quería, ponía limites y reglas a las preguntas y no contestaba lo que se el preguntaba. Fue un show y ni siquiera uno bueno.

Una vez conquistado el poder, los elegidos entraban a la gloria: ellos se auto designaban sus sueldos y gastos; ellos decidían su presupuesto corporativo y como se gastaba –incluyendo cafeterías exclusivas a todo lujo- ; en casos extremos se cubrían unos a otros mediante “comisiones investigadores” ridículas que nunca llegaron a nada. Cometieron delitos que muchas veces quedaron impunes y se aprovecharon sin recato de su influencia.

El error fue que los actores políticos olvidaron que la sociedad estaba en proceso de cambio, rápido y profundo, y que exige castigo a las personas e instituciones que actúan incorrectamente. La elite política quedó detrás de la gente, sobrepasada. Engordaron tanto que no pudieron correr y los pillamos.

Pero la decencia existe y los chilenos pueden reconocerla: los tribunales de justicia parecen estar salvándose del castigo público, mientras que el Poder Judicial es castigado y visto como una institución distinta. Los militares, Carabineros, la Policía de Investigaciones, mantienen sus niveles de confianza, incluso aumentándolos. Las radios cuentan con más de la mitad de los chilenos con confianza en ellas.

¿Cómo salir adelante?

Obviamente en forma democrática. Con la voz de las mayorías dictando los lineamientos que regulen nuestra convivencia en el futuro.

En mi modesta opinión, creo que la clave está en la eliminación de la oligarquía política que se ha apoderado de los partidos y del congreso. Un expediente es limitar drásticamente las reelecciones. Un máximo de dos reelecciones no consecutivas para presidentes de partidos y miembros de la mesa directiva, diputados y alcaldes. Un máximo de una reelección no consecutiva para senadores. Inamovilidad de los cargos obtenidos por el concurso de Alta Dirección Pública. Información abierta y pública de todo tipo de donaciones y aportes privados a la política. Control de gastos electorales, reales y estrictos por parte de un Servicio Electoral autónomo. Democracia interna en los partidos políticos, con elecciones internas obligatorias controladas por el Servicio Electoral.

Me parece imprescindible crear dos puestos elegidos y de control autónomo: Un Contralor del Congreso, que determine los sueldos, dietas y asignaciones a los parlamentarios; que controle al uso de los recursos de todo tipo asignados al Congreso por el fisco y un Defensor del Pueblo, que reciba e investigue las denuncias de los ciudadanos respecto al incumplimiento de la ley o de la ética por parte de los parlamentarios, en su vida privada y pública; la ausencia o ineficacia de la fiscalización parlamentaria a empresas y actividades de privados, que afecten al interés nacional o a la comunidad. Que controle y regule el tránsito entre los cargos políticos y las actividades empresariales privadas de los parlamentarios, así como las relaciones de parentesco entre los postulantes a los diversos cargos, puestos, concesiones, becas y beneficios que entrega el estado, en los cuales parlamentarios y el gobierno deciden o influyen al respecto.

El fondo del problema no es dictar mas reglas ni delimitar mejor las fronteras entre lo público y lo privado, sino que obligarlos a cumplir las normas existentes y las que se creen, reemplazar a los miembros de la actual oligarquía política y someter a sus reemplazantes, desde el comienzo del ejercicio de sus cargos, a controles y equilibrios que los ayuden a mantenerse dentro de la ley y la moral y a asumir que son los servidores del pueblo y no sus amos.

La estructura básica parece ser un sistema con partidos políticos y Congreso abiertos, representativos, democráticos, bajo control; sujetos a fiscalización ciudadana a través de funcionarios de su confianza (elegidos), el resto vendrá por añadidura.

 

La región después de la Cumbre de Panamá

Fue un parto de los montes, los rugidos de Maduro que presagiaban un cataclismo telúrico terminó en una reunión “accidental” de 10 minutos con Obama en un salón cualquiera, para hablar generalidades que no concluyeron en nada. Abogó por los dineros de los siete funcionarios venezolanos que se enriquecieron ilegalmente y cuyas cuentas fueron congeladas por Obama, pero no obtuvo ni el menor resultado. Maduro recibió el apoyo del pintoresco Evo Morales de Bolivia; la presidente de Argentina Cristina Fernández y del inevitable Daniel Ortega de Nicaragua, un elenco de perdedores en proceso de extinción. Eso, mientras 25 ex Presidentes de América y España pedían la liberación de los presos políticos de oposición.

La excusa pueril de Maduro ante Obama: “él y sus simpatizantes no son enemigos de Estados Unidos, sino “revolucionarios apasionados” que quieren “construir la paz”.

A Evo, por su parte le pasó como al zorro hambriento de la fábula: después de saltar infructuosamente una y otra vez tratando de alcanzar y comerse el racimo de uvas rojas que colgaba de un árbol, debió alejarse mascullando ¡no importa, total, estaban verdes!. Obama no le prestó ni la mas mínima atención y la Cumbre no estaba para bollos marítimos.

Dilma Rouseff fue y volvió a Brasil a la carrera para no quedarse sin el sillón presidencial. Mas del 60% de los brasileños quieren que renuncie o sea destituida del cargo; sus pujos revolucionarios están de capa caída, tanto así que le dijo a Maduro que se abstuviera de forzar un conflicto con Obama o lo dejaría caer, tuvo que cambiar de bando y unirse a los presidentes que reclamaban la liberación de los presos políticos venezolanos. Parece evidente que el liderazgo regional de izquierda inaugurado por Lula naufragó en la crisis política, económica y social que Brasil vive en estos meses. Con una inflación del 7,5%, un desempleo del 6% y aumentando y con una perspectiva de crecimiento negativo de 0,9% no hay liderazgo posible.

Argentina vive su propio mundo, con la crisis del obscuro asesinato del Fiscal Niesman; el eterno caso Amia; el conflicto con sus acreedores internacionales y la crisis económica cada día mas profunda, tampoco está para liderazgos. Así y todo Cristina encontró la oportunidad de decir algunos desatinos.

La VII Cumbre de las Américas deja detrás de si el inicio de un probable cambio en el escenario regional. Los gobiernos “chavistas”, sea como comparsas o como usuarios de los exabruptos del extinto Chávez, se encuentran con la resaca de una fiesta en grande que duró demasiado y se gastó en exceso.

El abandono de la revolución por parte de Cuba, sellada con apretones de mano y alabanzas al presidente del Imperio por parte de Raúl Castro da la medida de la crisis del grupo. El inminente fin del flujo gratuito de petróleo desde Venezuela a los caribeños del Alba obligó a esos gobiernos a ir con sus cuitas donde Obama.

Castro el menor, con habilidad y oportunidad se las arregló para alejarse de Maduro, salvar la cara y quedar en el centro de la escena gracias a las negociaciones entre Colombia y las Farc que aloja en su isla y quedar en inmejorables condiciones para acoger la inversión cubano – norteamericana en su país al borde del colapso.

Los “gusanos” vuelven con sus bolsillos llenos de dólares y con probada habilidad para actuar como “capitalistas salvajes”.

La actuación política de los EEUU ha sido de manual. Puso fin a la añeja versión de la Guerra Fría aun vigente en el hemisferio y regresó a Cuba con el amor de los sufridos cubanos de a pié. El discurso de Obama renunciando al imperialismo y la intervención fue acogido con alegría por su auditorio cansado ya de insultarlos sin oficio ni beneficio.

Mostró a rusos, chinos e iraníes que esta es su región, la de EEUU, y que ellos son solo visitas exóticas. El envío de Bernard Aronson a La Habana para “acompañar el proceso de negociaciones entre las Farc y Colombia” es un palmetazo a los que intentan poner a China, Rusia e Irán como alternativa a su liderazgo regional. Y regresa poderoso y fuerte, económica, militar y políticamente fuerte. Tan fuerte que se permite ser benevolente y aceptar los insultos de Correa y las criticas de los “maduristas”, sin inmutarse e ignorarlos con un sonriente silencio.

Nuestro pobre país ni siquiera asistió al encuentro, quisiera creer que nuestra autoridades tuvieron pudor de mostrase en público. Hace ya muchos años que Chile no tiene política exterior y este gobierno no es el mas indicado para iniciarla. La indecorosa negativa de Bachelet a recibir a las esposas de los presos políticos en Venezuela y el vergonzoso silencio respecto a lo que ocurre en ese país es subrayado por los acuerdos parlamentarios en sentido contrario, dejándola en completa orfandad.

Vienen cambios, tomará uno o dos años, pero la región dejará de ser como es y nuevos vientos soplarán. Es de esperar que sean cambios para bien y no nuevas versiones del populismo que vengan a profundizar la miseria intelectual y moral en que la región se ha debatido en estos últimos quince años.

El posible “regreso” de los EEUU a la región, de prolongarse en el próximo gobierno norteamericano, sería un potente elemento disruptor del actual ordenamiento.

El Bluff de Humala. ¡Que muestre sus cartas!

Otra vez las intrigas limeñas llegan hasta nuestras costas. Es sabido que los palacios albergan espías, traidores y mentirosos, pero el Palacio de Pizarro bate todas las marcas. En los círculos especializados ha causado sorpresa la aseveración del Presidente del Perú respecto a una supuesta “confesión” de espionaje de un almirante chileno a su par peruano, empleando… ¡whatsapp!. Sorpresa no solo por la materia de la supuesta confesión, sino por lo feble de la “prueba”, que es presentada al mundo en la forma de un argumento incontestable. Como muchos lo saben, falsificar una identidad de watsapp es facilísimo: basta con comprar un teléfono y ponerle a éste la identidad que uno desee. Luego nos “hacemos amigos de whatsapp” y listo. Así, cada quien podría chatear con el personaje famoso que desee… sin que éste se entere, por supuesto. Si se descarga de la web una foto del personaje elegido, la falsa “identidad” queda mucho más creíble. Además, hay varios softwares gratis para editar el contenido de un chat de whatsapp modificando los registros de la conversación que quedan en el teléfono propio, “Whatsshack” es el programa más común y se puede descargar gratuitamente. Incluso hay otros que modifican la memoria interna del teléfono receptor, resistiendo así un “peritaje” más acabado. En el caso denunciado por Humala, se pudo haber usado cualquiera de las dos técnicas: se podría tratar de un chat completamente falso o de uno convenientemente “editado”, para satisfacer los fines del Perú. De cualquier manera, la “prueba peruana” -para cualquier entendedor- resulta irrisoria. Un “archivo de chateo” obtenido del celular propio no tiene valor alguno. Sin embargo, el Presidente del Perú lo presenta sin pudor como un sólido elemento probatorio, al nivel de comprometer la relación bilateral. En medio de toda esta mezcolanza, pasa desapercibida la mala factura del engendro telefónico, en que el Director de Inteligencia Naval del Perú aparece pidiendo ayuda a su par chileno. Le pide que le de datos para condenar a Philco. Parece no tener pruebas y será un ridículo mayúsculo cuando un tribunal peruano lo declare inocente!. Hay dos posibilidades: – Primero: que Humala, su Canciller, Ministro de Defensa, autoridades navales y otros en Perú, son tan inocentes y carentes de conocimientos y asesores técnicos, que dieron crédito a la “prueba” que el Director de Inteligencia de la MGP les presentó y luego alguien “filtró” a la prensa el oficio con el tema en vísperas de una votación vital para Humala en el Congreso. O segundo: Humala, mañoso, sabe que su “prueba” es ridícula e intuye que es falsa. Pero la usa y filtra los documentos oportunamente para poner a Chile a la defensiva y evitar –infructuosamente- un resultado adverso en el Congreso y una crisis política, apelando al nacionalismo. Que la prueba sea ridícula no importa: en Perú compran con avidez cualquier acusación en contra de Chile y la mentira, como muchas veces, madrugó. Lo mas pintoresco es que la actual crisis que atormenta al Presidente Humala es precisamente, el resultado de los chuponeos, interceptaciones, filtraciones y otras jugarretas de inteligencia mafiosa que son el sello de esos organismos en el Perú. Es muy decidor verificar que la crisis actual del Gobierno de Humala se debe a mal empleo de un organismo de inteligencia peruano (la DINI, que espiaba a políticos… ¡peruanos!) y que sea otro organismo de inteligencia peruano, cuestionado hace poco por sus malas prácticas y aparentemente sembrado de traidores, quien provea la tabla de salvación para sortear este difícil momento. A comienzos de este mes un medio cercano al gobierno ya reclamaba del uso personal que Humala hacía de un asunto de interés nacional y se cuestionaba respecto a la curiosa forma en que lo manejaba. “Cada día cobra más fuerza la tesis de que el presidente estaría utilizando el caso del espionaje chileno como una cortina de humo que encubra escándalos, como los vínculos de la pareja presidencial con Belaúnde Lossio, los ingresos de la primera dama o los sospechosos fondos con los que el nacionalismo financió sus campañas. Que el presidente no reclamase a Chile por el espionaje apenas se enteró del mismo, sino recién tiempo después cuando los hechos salieron a la luz generó muchas preguntas. Por ejemplo: ¿Es que el gobierno se guardó este caso para utilizarlo luego con el fin de distraer a la opinión pública en el momento en que estuviese demasiado concentrada en revisar si hay esqueletos en su clóset? ¿Será que el gobierno le está subiendo el tono a este conflicto para aglutinar a la ciudadanía alrededor suyo y solucionar el problema de enfrentarse a las próximas elecciones con una alicaída popularidad? Estas preguntas, además, se vuelven más relevantes a raíz de los hechos de los últimos días”. Por esas mismas fechas, otro periodista, adicto al gobierno, proclamaba que las pruebas del espionaje eran tan contundentes que ya no eran solo las declaraciones del Suboficial Philco, que identificaba a un oficial chileno a quien habría entregado información reservada, sino que el gobierno “disponía de un amplísimo expediente que deja sin salida al gobierno de la presidenta Michelle Bachelet en hasta ahora su invicta vocación por no reconocer el espionaje al Perú”. Esas pruebas nunca fueron mostradas y nadie las vió. La necesidad de inventar este melodrama de los Watsapp vino a confirma que en verdad nunca tuvieron nada mas que los dichos de un traidor y esta misma desnudez de argumentos fue lo que los llevó a acusar a El Comercio de actitud antipatriótica por no alinearse sumisamente tras su cuento, y que la prensa peruana concentrara su fuego en “revelar” los gustos y actividades recreativas y familiares del presunto oficial chileno identificado por el traidor en una galería de fotos de oficiales de la Armada de Chile donde había 100% probabilidades de acertar eligiendo a cualquiera de ellos. Humala, cara rígida, seño fruncido, actitud corporal “de combate”, nos asusta con que no está “satisfecho”; sus exégetas dicen que quiere no solo disculpas públicas y oficiales sino también la promesa de que nunca mas habrá espionaje chileno en Perú y que el embajador Fernando Rojas no regresará a Chile hasta que haya una respuesta con esas “satisfacciones”, “exige” disculpas a Chile. Dice también que no teme “tensar las relaciones” hasta donde el honor peruano lo haga necesario. … Y la respuesta esto debe ser ahora!!. Esta semana!. El canciller Gutiérrez resultó un poco (solo un poco) mas sensato, manifestó que no pedirían la extradición del Oficial chileno “reconocido” por el traidor Philco. ¿Se imaginan lo ridículo de la situación?. Un raciocinio alambicado solo comprensible dentro de las extrañas prácticas políticas peruanas. También manifestó que “estas prácticas ya no caben” en la relación entre ambos países. Lástima que Humala no se enteró, ya que no estaría en el brete en que está, con su Primera Ministra Ana Jara destituída … por espiar a los propios peruanos!!. Con la última “viveza” de la inteligencia peruana, la fabricación del dialogo de Watsapp entre los Directores de Inteligencia Naval de ambos países, por fin pareciera que Humala ha logrado “comprobar” el espionaje chileno y puede redoblar sus exigencias, y densificar su cortina de humo ante una cada día mas difícil situación política y económica. Las inversiones extranjeras viene cayendo fuerte en Perú, tanto por las condiciones externas como por la inestabilidad política interna. Estos devaneos bondianos no contribuyen en nada a la imagen de seriedad del Gobierno peruano, pero lo peor, al menos para Chile, es la creciente soberbia, insolencia y falta de respeto hacia nuestro país. Humala inventa, distorsiona, ofende y miente y además se permite ponernos plazos y exigirnos disculpas ante sus fabricaciones. Si no cumplimos sus caprichos nos exponemos a sus iras; él no teme tensar las relaciones al máximo, él no se inquieta por el daño económico a chilenos y peruanos, el solo se preocupa por su carrerita política. Nos amenaza con castigos indeterminados pero durísimos. Aun no logra juntar las fuerzas para conseguir la modificación constitucional que le informe a los peruanos que el Mar de Grau era solo otra de las tantas ficciones en que desarrollan sus vidas, y con ello pone en peligro el cumplimiento del fallo de la Corte Internacional de Justicia, situación en la que Chile ha demostrado una paciencia en las antípodas de la impertinencia de Humala. La situación en que se encuentra él, su gobierno y su país no dan para tanta rudeza. Tenemos bastante con que apretar, comenzando con el inconcluso límite marítimo norte y el triángulo chileno que pretenden desconocer y la chifa que quieren poner en El Chinchorro. Ya pagamos; es hora de VER, que los creativos del gobierno de Perú muestren sus cartas y nosotros las nuestras.