NACIONALISMO, INTERNACIONALISMO Y FÚTBOL

Eric Hobsbawm, distinguido historiador británico, nos propone un escenario: Un estadio europeo en un partido de fútbol internacional, lleno de espectadores con banderas, escarapelas y rostros pintados con los colores nacionales, avivando fervorosamente al equipo de su respectivo país. Los jugadores son de Brasil, Chile, Zimbawe, Polonia y Hungría, algunos son locales, la minoría; los otros son “nacionales” porque tienen el pasaporte, no porque cultural, étnica ni emocionalmente sean de ese país; sus “pases” pertenecen a empresas transnacionales irreconocibles y juegan en beneficio de sus carreras y sus ganancias personales – que pueden continuar al servicio de otros clubes y países-.

Los espectadores vibran con su equipo nacional pero se siente atrapados entre sus sentimiento xenófobos y racistas contra los futbolistas extranjeros negros, latinos y balcánicos y el orgullo que sienten por su equipo y los colores nacionales.

En este ejemplo queda de manifiesto la dialéctica entre globalización, identidad nacional y xenofobia. Esta contradicción entre lo “nacional” pasión del mundo antiguo y lo “transnacional”, caballo de batalla del liberalismo del mundo nuevo, produce una esquizofrenia que hace sufrir a las naciones del mundo.

Creo que la primera incógnita por despejar es la dinámica de este cambio: en el mundo actual las naciones no se quedan estáticas –como lo hicieron Egipto o Corea en el pasado- , por lo que solo hay dos opciones, continuar “avanzando” o “retroceder” al estado anterior.

El triunfo del capitalismo y la democracia liberal empujaron el mundo hacia adelante abriendo el camino hacia la superación global de la pobreza y a una diferente concepción de los derechos individuales y ahora están exigiendo nuevas formas de relación y nuevas estructuras políticas globales.

Es otro mundo, que nos enfrenta a complejos problemas emergentes, que generan confusión y “rejuvenecen” caminos fracasados (nuevas izquierdas y neo fascismos).

Dado que el cambio que nos trajo a la condición actual se debió a la interacción de cambios morales, científicos, tecnológicos, económicos y sociales y que es imposible olvidar o esconder lo aprendido especialmente si ello a generado mas salud, mas riquezas y mas libertad, parece que no quedaría mas que “avanzar”; se podría discutir si ese avance nos llevará a una condición mejor o peor que la existente con anterioridad o a la actual, pero aun así, solo es posible seguir la marcha hacia adelante.

Gonzalo Cordero lo dice muy bien: Es inútil que la elite política o la empresarial se enfoquen en un regreso, sino que deben evolucionar y trabajar en cambios reales que contribuyan a lograr nuevas soluciones. No se trata de respondernos a dónde queremos volver, sino en concebir un punto al que queremos llegar. Este viaje no tiene retorno, se recorre por una vía de un solo sentido, allí radica la debilidad del conservadurismo estatista de izquierda, así como del autoritario de derecha.

Me parece que esta lógica se aplica también al sistema internacional. Trump no puede hacer que EEUU “vuelva” a ser grande reconstruyendo condiciones, comportamientos y relaciones internacionales que ya fueron superadas. Si quiere un EEUU grande, solo podría lograrlo construyendo un nuevo sistema internacional hegemonizado por su país, de características tales que el mundo lo acepte porque le parece conveniente y útil, es decir, compartiendo el poder desde una posición de liderazgo. Lo irónico es que EEUU estaba, de hecho, construyendo desde Silicon Valley un mundo así. No por una decisión presidencial de alguien sino como resultado de su propia vitalidad tecnológica y social

Cabe preguntarse que pasó. ¿Es que EEUU ya no quiere ser el líder mundial y aspira a ser una estado “grande de nuevo” actuando libremente en un mundo hobbesiano?, ¿que una mayoría de los ciudadanos norteamericanos se cansó de ser superpotencia y llevar las cargas que eso conlleva?. La historia muestra a un EEUU que solo ha asumido el liderazgo “en defensa propia” y casi a contrapelo.

Y la segunda pregunta que me parece clave es el de la identidad -problema que se da en todo el mundo, pero con características y efectos peculiares en cada caso- y de si el abandono del multiculturalismo y el internacionalismo es alternativa válida para que EEUU siga siendo una sociedad de vanguardia y el mundo continúe avanzando hacia un mundo globalizado.

Trump tomó la bandera del resentimiento contra la “desigualdad”, la “globalización”, de los que “el sistema dejó atrás”, y se da por probado que eso fue también lo que condujo al Brexit en Reino Unido; a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y que puede desembocar en victorias para Marine Le Pen en las próximas elecciones en Francia.

Se están mezclando cosas, algunas se repiten, como las quejas económicas y el rechazo visceral hacia lo que sienten como creciente pérdida de identidad y otras que son propias y características de países específicos. Es un error amontonar circunstancias diferente bajo un solo nombre. La “primavera árabe” fue todo un ejemplo”.

Finlandia, Suecia y Noruega miran con alarma la creciente agresividad de Putin en el Mar Báltico y en Ucrania lo que los lleva a potenciar sus sistemas militares, incluyendo la reposición del servicio militar obligatorio. Pero esa actitud rusa amenazante es mas atribuible a la disminución del protagonismo norteamericano en Europa que a xenofobia o amenaza a la identidad cultural en esos tres países.

Otros países europeos como Alemania, Francia, España e Italia se sienten amenazados por la reciente inmigración masiva desde Medio Oriente, EEUU teme la agresión terrorista de Medio Oriente, pero también resiente el efecto acumulativo de años de inmigración ilegal desde Centro América, el Caribe, México y algunos países sudamericanos y sobre todo por una creciente conflictividad interna. Así, pareciera que, en estos países, el síntoma común es un conflicto de identidad en dos tiempos, gusto o disgusto por la situación cultural y social actual, y discrepancia respecto al tipo de sociedad que se está construyendo hacia el futuro.

La economía siempre es un un factor social y político importante, pero no es la principal explicación del fenómeno político que define nuestra era actual en Occidente. No se trata de la lucha de clases clásica entre ricos y pobres. Estamos presenciando que la división social se define no por el dinero sino por los valores, por dos conceptos opuestos de las que deben ser las prioridades morales de la sociedad. El enfrentamiento político era de la izquierda contra la derecha; redistribución económica contra el mercado libre; la nueva polarización emergente es entre cultura abierta contra cultura cerrada, o internacionalismo contra nacionalismo. Ya no es un conflicto de clases, es un conflicto de identidades, ¿quiénes somos? y ¿quiénes queremos ser?. Es un problema político solo por derivación, no por origen o base conceptual.

 Para los seguidores de Trump, la inmigración es mas significativa que la economía y el Muro es el símbolo del rechazo a la inmigración y al cosmopolitismo en general. Este sentimiento es mas fuerte en los EUU que en países europeos que recientemente han recibido centenares de miles de refugiados islámicos; en EEUU, en los años cincuenta, el 90% de la población de EE UU era blanca; hoy, lo es solo el 63%, es decir el desafío cultural y étnico es mas intenso en EEUU que en Europa. ¿Es posible “blanquear” de nuevo a EEUU?, ¿es necesario?, ¿es conveniente?, ¿resuelve algún problema?.

Cabe entonces replantearse la cuestión: “Es inútil que la elite política o la empresarial se enfoquen en un regreso, sino que deben evolucionar y trabajar en cambios reales que contribuyan a lograr nuevas soluciones. No se trata de respondernos a dónde queremos volver, sino en concebir un punto al que queremos llegar.

Es imposible determinar si en el cambio identitario esos países ya alcanzó el “punto de no retorno”, pero aun si ello aun no hubiera sucedido, es impensable llevar a cabo un nuevo “holocausto”, que sin incinerar a sus víctimas, las empuje a la miseria y el desarraigo.

Así las cosas, pareciera que el objeto de nuestros desvelos sería imaginar un nuevo orden mundial que permita seguir adelante en la globalización corrigiendo sus aristas mas ásperas, bajo la guía de un EEUU que retome su liderazgo o con otra potencia que tenga la voluntad de hacerlo. La única  voluntad para intentarlo parecería ser la Rusia de Putin, pero por lejos es la mas débil.

Volviendo al caso del fútbol, la final entre dos equipos “nacionales” europeos se parece mas a una justa entre dos gladiadores bárbaros de talla imperial: un reciario con red y tridente contra un secutor con espada y escudo grande, que una pelea de campeones barrio de Roma.

El público se acostumbró al espectáculo de calidad y no acepta menos, le gustó la globalización.

TRUMP, VIETNAM Y LAS ELITES LIBERALES EN EEUU.

En 1997, ya acabada la guerra de Vietnam (60.000 militares norteamericanos muertos; 300.000 heridos, mutilados e inválidos), H.R. Mc Master publicó “Dereliction of Duty”[1] libro que junto a “On Strategy” de Harry G. Summers Jr. (1982), constituyen las mejores obras para comprender la derrota norteamericana en Viet Nam en 1973.

McMaster culpa de la derrota a los líderes en Washington: “La guerra en Vietnam no se perdió en el campo de batalla, ni se perdió en los titulares del New York Times ni en los campus universitarios. Se perdió en Washington, DC, incluso antes de que los estadounidenses asumieran la responsabilidad exclusiva de los combates en 1965 y antes de que se dieran cuenta de que el país estaba en guerra. . . . [Fue] un fracaso exclusivamente humano, cuya responsabilidad fue compartida por el Presidente Johnson y sus principales asesores militares y civiles”.

Según el mismo autor, las semillas del fracaso las sembró Kennedy desde la crisis de Cuba o mas bien, desde la entronización de “La arrogancia, la debilidad, la mentira en la búsqueda del interés propio [y] la abdicación de la responsabilidad ante el pueblo estadounidense” de los New Frontiersmen que Kennedy llevó a la Casa Blanca. Prototipos de la “era Kennedy”, eran “hombres de aproximadamente 46 años de edad, muy enérgicos, de ideas bien articuladas e idealista entusiastas”.

Kennedy que no tenía experiencia de gobierno ni de gestión empresarial impuso un estilo informal en la gestión de gobierno; consultaba solo a su hermano Robert y a sus asesores mas cercanos y luego validaba las decisiones -ya tomadas- en asambleas mas amplias. En este esquema, la Junta de Comandantes en Jefes (JCJ) perdió su acceso al Presidente y por consiguiente la influencia real en el proceso de toma de decisiones. Así y todo, cuando impulsado por su intenso interés por derrocar a Castro, lanzó la operación de Bahía Cochinos en Cuba y fracasó, culpó a la JCJ de haberlo asesorarlo deficientemente.

Esta forma de trabajo -y de distanciamiento- continuó con Johnson. “Los hombres de la Nueva Frontera” eran hombres de acción y la JCJ era reacia a involucrarse en operaciones que no fueran en gran escala”, lo que los llevaba a descalificar a los militares como blandos o pusilánimes.

McMaster, por su parte, explica detalladamente por qué las operaciones militares preferidas por Kennedy/McNamara y luego Johnson, destinadas a “mostrar intenciones” o “enviar mensajes al enemigo” fracasaron al intentar lograr objetivos militares escasamente detallados, confusos y conflictivos.

Según McMaster, esta forma disfuncional de relaciones y de trabajo continuó con Johnson y en realidad se prolongó en todas las administraciones demócratas, hasta llegar a Obama. McMaster describe a Lyndon B. Johnson como un presidente principalmente preocupado por evitar que Vietnam se convirtiese en un tema político interno y a sus asesores (encabezados por McNamara) como “hombres con una combinación de arrogancia, tortuosidad y desdén por la experiencia diferente de la suya”; la militar, obviamente.

Así comenzó una divergencia e incomunicación entre la elite política liberal y los militares, que no se resuelve hasta hoy. Estas situaciones parecen ser cosas del pasado, pero no es así, son del presente y el futuro de EEUU y afectarán a muchas naciones del mundo.

En efecto, las declaraciones de Trump de que las fuerzas militares de los EEUU “no serán derrotadas de nuevo”, su decisión de incrementar sustantivamente el gasto militar y de designar precisamente a H.R. McMaster como su Asesor de Seguridad Nacional, son mas que elocuentes respecto a su visión del empleo de las fuerzas.

Esto explica también la alta preferencia electoral por Trump entre los militares y el apoyo de que goza entre ellos en la actualidad.

Se dice que los electores de Trump son mayoritariamente aquella parte de la población norteamericana catalogable como de clase media baja, campesinos y trabajadores industriales con escasa educación, extremistas de derecha, personas que no encuentran su lugar en un mundo globalizado y que no tienen aptitudes para acomodarse a la sociedad global y moderna. Los miembros de las FFAA de los EEUU están muy lejos de poder ser incluidos en esas categorías, conforman, además, una de las instituciones mas respetadas y queridas por el pueblo norteamericano.

Esto demuestra que el fenómeno Trump es mucho mas complejo y profundo de lo que dice la anécdota o el twit.

La frustración militar no concluyó con Kennedy, Johnson y la guerra de Vietnam sino que continuó con problemas que se repiten, como luchar guerras sin objetivos claros, con restricciones que aumentan innecesariamente el número de muertos y heridos norteamericanos o prolongan las operaciones por años y años y problemas nuevos como el uso (abuso) de las FFAA no para promover intereses nacionales sino intereses políticos personales, partidistas o ideológicos como la ideología de género y la reivindicación de los homosexuales y otras minorías, sometiendo a las FFAA a un estrés innecesario y a una reducción de su efectividad de combate.

El Coronel Robert Buzz Patterson -ex ayudante militar de Clinton- es un autor político estadounidense y jubilado como piloto de la Fuerza Aérea de los EEUU, y describe con dureza el abandono de sus deberes y liviandad de Clinton y la incapacidad de Obama en el ejercicio del mando sobre las FFAA:

– “Clinton es un modelo de desprecio hacia los militares, desde su ridículo saludo pseudo militar a sus arrogantes ayudantes anti militares, su mensaje se recibía fuerte y claro: La Administración Clinton no sentía ni la mas mínima simpatía hacia los ciudadanos norteamericanos en uniforme, hombres y mujeres” 

– “creo que el presidente Bill Clinton fue responsable del 11-S … (Antes del 11 de Septiembre) tuvimos ocho o diez veces la oportunidad de capturar o matar a Osama bin Laden. Y en cada ocasión, el presidente Clinton decidió “pasar”. Creo, con toda franqueza y sinceridad, que el 11 de septiembre fue su responsabilidad”.

– “… le pedí al Presidente Clinton que me diera las claves (de las armas nucleares) para que pudiera cambiar los códigos por otros nuevos -lo hacíamos de vez en cuando- y el Presidente Clinton confesó que, de hecho, había perdido los códigos … y que no recordaba cuanto hacía de ello”.

 – “Solo una persona detesta mas a los militares que Bill Clinton: Hillary, su esposa”.

 – “Creo que hemos elegido a un hombre, Barack Obama, que es más peligroso para nuestros militares y para la seguridad nacional de esta nación, que incluso Bill Clinton. Creo que no entiende que estamos luchando -en mi opinión- contra un enemigo ideológico tan peligroso como lo hicimos el siglo pasado contra el comunismo, el fascismo y el nazismo.

 – “la política de seguridad nacional del Presidente Obama no usa ni una sola vez las palabras jihad, islam, musulmán, extremismo, fundamentalismo, terrorismo -de hecho, todo lo contrario: identifica al calentamiento global como la mayor amenaza para la seguridad nacional de América”.

 – “Cuando capturas a un terrorista y le dices que tiene derecho a guardar silencio, se calla, y no tenemos la inteligencia que necesitamos para interrumpir otros ataques contra los estadounidenses en todo el mundo”.

 – “Obama nombró al general McChrystal como su general al mando para combatir la guerra en Afganistán, y luego se reunió con el general McChrystal sólo una vez en doce meses antes de echarlo … y lo mismo sucede con el general Petraeus …”

 – “Tenemos Infantes de Marina que patrullan partes muy peligrosas de Afganistán sin balas en sus armas por temor a que disparen y golpeen a civiles inocentes … no puedes ganar una guerra si no tienes balas en tus armas. No se puede luchar si no se te permiten disparar contra el enemigo”.

 – “Creo que expreso las preocupaciones de los militares, porque realmente no pueden hacerlo en un foro abierto. Creo que vas a ver cada vez más que la gente militar esté disgustada, siendo más vocal, y no creo que eso sea realmente bueno para el comandante en jefe. Creo … es importante para los estadounidenses entender que tenemos una falta total de liderazgo en la Casa Blanca.

 – “Son los medios –de comunicación social- … lo eligieron y van a proteger su Presidencia por completo … Ellos lo eligieron y van a proteger su candidatura. No son los perros guardianes de los Estados Unidos, son los protectores de la izquierda, del ala izquierda de nuestra sociedad.

 Se puede concordar o no con McMaster, pero es un hecho que fue elegido por Trump para ser su asesor directo y que lo que dice y escribe es lo que piensa.  Se puede pensar que Patterson exagera o que está completamente equivocado, pero es evidente que representa el sentir de muchos militares, en servicio y retirados y muchos norteamericanos de a pié; parece sensato aceptar que existe un problema real entre una parte significativa de la ciudadanía norteamericana (los militares) y una elite política y social que potencia su capacidad para imponer sus preferencias mediante el control y apoyo avasallador de los medios de comunicación social y parece claro también que este es un conflicto que ha venido agudizándose en el tiempo.

En última instancia el choque es entre el internacionalismo, palabra que cubre la inmigración, la bienvenida a los refugiados de guerra, la Unión Europea, lo extranjero en general; los derechos humanos universales; el feminismo; la homosexualidad; la protección del medio ambiente y los intelectuales, contra el nacionalismo, que valora la identidad nacional; la prioridad de los intereses nacionales, la continuidad cultural, los valores tradicionales, la homogeneidad racial y el patriotismo.

Trump no es la causa, es un efecto.

 [1] La expresión “Derelection of Duty”” se puede traducir como nuestro delito militar de “Grave Abandono de Deberes militares”.

TRUMPISMO

Steve Bannon -ideólogo de Trump – al pedírsele que explicara que está tratando de hacer el gobierno, explicó: “Estamos tratando de construir un sistema que empodere a la gente común y corriente por sobre las elites nacionales y las burocracias internacionales”. Revisando otras declaraciones de Bannon y Trump se puede identificar su visión del futuro global y nacional y la estrategia para lograrlo; visión y estrategia con las cuales se puede concordar o discrepar, pero no negar su existencia.

El movimiento que lidera Trump no es una “locura”, no es algo “irracional”, ni menos “accidental”, es una propuesta articulada que pretende ser eficaz, es decir llevar a los EEUU a la meta deseada. Esa meta, en simple, es “Volver a hacer grande a los EEUU”; para ellos EEUU fue grande, dejó de serlo y debe recuperar esa grandeza y eso requiere un nuevo orden mundial con nuevas características.

Esta decadencia sería el resultado de dos factores base: el creciente y ya intolerable incremento del poder de las estructuras burocráticas internacionales, – la ONU en primer lugar – que han avanzado envolviendo a EEUU en una red de hilos delgados pero que en conjunto han paralizado su capacidad para proteger y promover sus intereses nacionales. Y segundo, las elites y las burocracias administrativas nacionales que, en connivencia con las burocracias internacionales, han aceptado estas cortapisas y han entronizado en EEUU el funcionamiento de regulaciones humanitarias, acuerdos comerciales, restricciones ambientales y tratados de diversa índole que paralizan e impiden la expresión de la creatividad y habilidad de la nación norteamericana para producir riquezas y bienes para su pueblo y el empleo de su poder para imponer comportamientos favorables a otros actores internacionales.

Este dos elementos llevan a que la tarea prioritaria sea la “deconstrucción del Estado administrativo y de la burocracia internacional”.

Podemos concordar que la ONU está lejos de ser una organización eficiente, es más, está controlada por grupos nacionales e ideológicos que administran múltiples agencias e ingentes recursos financieros, a través de los cuales vía “acuerdos” y “recomendaciones” cocinadas en trastiendas ideológicas, imponen agendas que no han sido sancionadas por los estados y menos aun por las ciudadanías, que recién vienen a conocerlas cuando son divulgadas e impuestas a través de medios académicos y de comunicación masiva que responden a sus mismas ideologías.

El poder y la manipulación de estas organizaciones sectoriales de la ONU ha alcanzado niveles de abuso intolerables, pero ello lleva a preguntarse, despedazar toda la Organización ¿es lo mas adecuado para los fines de la estabilidad global?, ¿es prescindible la existencia de un foro político global como la ONU?.

Desde otro punto de vista, el creciente desarrollo de las comunicaciones y el surgimiento de una amplia variedad de actores independientes ha potenciado la capacidad de las ciudadanías para liberarse de liderazgos intelectuales auto designados y casi eliminado la utilidad de la tutoría política y social centralizada en organismos y cenáculos académicos dedicados a ello, es decir las Agencias, Oficinas, Universidades y otras creaciones de la ONU dejaron de ser útiles o necesarias.

Parece entonces mas eficaz conservar a la ONU como el foro político de alto nivel que ha prestado valiosos servicios a la paz mundial y entrar en una revisión y reestructuración que reduzca y adecue sus innumerables ramificaciones a las necesidades de la realidad actual, la haga transparente, la sometan a control económico y político y acote su libertad de acción para que deje actuar a las fuerzas sociales y políticas nacionales sin manipulaciones ideológicas espurias.

Esto nos permite concluir que la intención final de la política del actual Gobierno de los EEUU es alcanzar la mas completa autonomía internacional, promoviendo el proteccionismo y el unilateralismo internacional; eliminando los espacios de negociación política y económica y liberando el potencial de su poder militar para su uso unilateral. Quiere un EE.UU. poderoso, con gran despliegue militar, pero que se ocupe solo de los problemas que lo afectan directamente. Nada de misiones ni consideraciones humanitarias ni altruistas.

El planteamiento de Trump es elocuente: “Yo no represento al globo, los represento a ustedes”, haciendo que la platea delirara ante a su líder gritando “USA, USA”.

Por otro lado, la revisión del funcionamiento de la política interna de los EEUU presenta características bien conocidas por los chilenos. El poder político –y su conexión económica y financiera- ha sido capturado por grupos –familias- que se repiten en cargos de gobierno estatal y federal, en la gestión de los partidos políticos, en la distribución de cargos públicos de nivel alto y medio, en directorios de empresas fiscales, en la política exterior, que salta alternativamente de directorios de empresas privadas a cargo ministeriales y al Congreso, con ramificaciones familiares, sociales y de intereses comunes que han capturado el poder marginando al pueblo en cuyo nombre dicen gobernar.

No cabe duda que es una situación intolerable, y cada vez mas intensamente ya que, de nuevo, la información fluye en forma vertiginosa y es casi imposible ocultar las componendas y “cocinas” políticas. Pero, tratar de desmantelar esa plaga ¿justifica entregar todo el poder a caudillos envueltos en la bandera patria como Chávez, Maduro o Hitler, acompañado de toda clase de bandidos, extorsionadores, narco traficantes y abusadores?. Hasta el momento, Trump ha desplazado a los representantes de las “familias políticas” habituales en los EEUU, y los ha reemplazado por “capitanes de la industria” financiera, petrolera, militar y fabril de discutible probidad y responsabilidad. ¿Es eso el cambio propuesto?, o es mas de los mismo, con otros nombres y otros bolsillos.

La relación que se intenta construir es directa entre El Líder y el Pueblo, sin intermediarios, El Líder “no es un político”, “viene de fuera del sistema”, “está limpio”, sabe lo que el pueblo quiere y como lo quiere, busca una conexión poderosa con las masas, fundamentalmente la clase trabajadora y clase media pero al mismo tiempo se esfuerza por relacionarse con los grupos mas poderosos de EEUU. Para esto, recurre a diversas estrategias entre las cuales se distingue: un personalismo rígido y excluyente, la afirmación de la superioridad de lo “norteamericano” como elemento de cohesión y el relanzamiento del “espíritu nacionalista y patriótico”. Este grupo está actuando mediante el shock y la ruptura de reglas democráticas como el respeto a la prensa, la separación de poderes y  la buena fe de los actos de gobierno.

Sin exagerar, es posible encontrar similitudes a las técnicas empleadas por Adolf Hitler, Benito Mussolini y Hugo Chávez.

Como motor de este movimiento y respuesta a lo señalado, el trumpismo está impulsando la resurrección de conceptos que las elites norteamericanas llevan años tratando de cambiar como el patriotismo un sentimiento opuesto al universalismo; o trabajando por potenciar otros como los derechos humanos por encima de las leyes nacionales; el compromiso con la humanidad como especie en vez de la cohesión nacional; el multiracismo y el multiculturalismo como identidad social.

Uno de los primeros intelectuales del trumpismo, Walter Berns en su obra “Making Patriots” elabora una lógica –para mi sólida y convincente- que concluye en que el ciudadano patriota es aquel que cumple las leyes mas estricta y constantemente, y de ahí sale otro factor en que se apoya el trumpismo: los ciudadanos se debilitan en su patriotismo, en su voluntad de trabajar por la patria y de defenderla cuando las elites gobernantes dictan leyes que chocan con sus creencias y valores mas queridos y respetados.

Pese a la separación entre la iglesia y el estado; a la diferenciación entre las preferencia personales y las de la comunidad, pese a todo, las leyes deben permitir que cada persona se sienta un ciudadano y no solo habitante de una nación y eso no puede pasar cuando sistemáticamente se legista a contrapelo en materias raciales; relacionados con la homosexualidad, el sexo, el islam, la inmigración mexicana y centroamericana, la familia y otras que chocan contra las creencias religiosas, sociales, morales, económicas y culturales de una parte relevante de la población norteamericana.

Se puede apreciar que la fractura política y social parece ser la diferenciación entre el tipo de mundo y de país que las elites promueven y tratan de materializar y las creencia, valores y sentimientos de una parte mas tradicional –y tal vez menos sofisticada en su educación- de la nación. Esta brecha se ve magnificada cuando el ascenso de China se percibe intensamente y muchos aprecian que las políticas de las actuales elites solo favorecen este crecimiento y debilitan el propio.

La reacción política y mediática de la elite desplazada por ese sector hasta ahora silenciado y sin representación política ni económica, ha sido feroz y promete ser mas dura.

La política trumpista de “agudización de las contradicciones” y la negativa al diálogo y la discusión interna no parecen ser las alternativas mas eficaces y eso nos lleva de vuelta a hasta donde esta estrategia apunta a “cambiar por la fuerza el sistema nacional e internacional” por completo o a “tratar de resolver los conflictos políticos internos” mediante el proceso político democrático que privilegia el diálogo, la negociación y el acuerdo.

Veremos el novedoso caso de EEUU luchando por conservar o restablecer la democracia. Es de esperar que nadie cometa la estupidez de mandarles a un Kennedy local a explicarles a los norteamericanos que Trump fue elegido democráticamente (por un porcentaje de votación mucho mayor que el de Allende) y que lo que corresponde es que lo dejen gobernar y llevar adelante su programa de gobierno.

SOBREVIVIENDO A TRUMP

Trump llegó y probablemente se quedará en su cargo por cuatro años. El tipo no es fácil, no es amistoso ni simpático, pero es lo que hay. Su frase televisiva favorita, pronunciada con fruición era “estás despedido” y la gozaba.

Sea como sea, tenemos que vivir con él y es mejor que hagamos un esfuerzo para tratar de entender sus procesos mentales y sus objetivos.

Lo primero que Trump trae a la mente es eso de que “todos lo problemas complejos tienen una solución fácil …. y generalmente errónea”. Leer o escuchar sus discursos lleva a concluir que simplifica gruesamente, pero dado el nivel intelectual y político de los candidatos y de la mayoría de los ciudadanos a nivel global, sabemos que es una práctica normal y que muchos –al menos la mitad de los norteamericanos- le creyeron. No hay razones para pensar que muchos otros ciudadanos del mundo sean muy diferentes. Esto nos dice que sus ideas simples son contagiosas y muy probablemente se difundirán.

Esto nos lleva a la primera interrogante: ¿de veras cree lo que dijo en su campaña?, ¿intentará cumplir el programa que prometió?. Yo creo que si. Mis razones: el hombre tiene una personalidad que lo hace buscar la admiración en forma obsesiva; le encanta sorprender y escandalizar; razona en términos de resultados a corto plazo sin considerar los efectos a mediano y largo plazo – es un especulador-. Si el negocio no marcha, lo liquida y se cambia a otro.

De alguna manera parece estar intentando re-crear una situación política, económica y social mundial ya superada y, considerando que fue buena para Estados Unidos, reproducir alguno de sus elementos mas conspicuos: abuso, proteccionismo, mercantilismo, racismo, prepotencia, agresión verbal y física.

En este orden de cosas, el eslogan “EEUU Primero” destaca que en su visión, EEUU puede crecer y ser feliz -en si y por si mismo- en dirección opuesta a la idea hegemónica prevaleciente hasta hace alguna semanas de que una globalización que reconocía una interdependencia económica, ambiental, política y de seguridad que recomendaba no dejar países o regiones demasiado atrás, ya que de una otra manera afectarían negativamente a “nuestro crecimiento y felicidad”. Esto, sin considerar los componentes éticos y morales que parecen no estar incluidos en la lógica de Trump. El resultado obvio de esta idea es que EEUU renuncia al liderazgo global avanzando hacia un mundo integrado y opta por la superioridad y el despotismo nacionalista.

El ataque a las Torres Gemelas mostró que la superioridad militar absoluta no era suficiente para dar a los ciudadanos norteamericanos seguridad total, ni siquiera suficiente. Tampoco para asegurarles prosperidad económica abundante y duradera.

Creo que Trump no considera una “estrategia” en el sentido de identificar un objetivo o resultado final; reunir, organizar y emplear los recursos necesarios y proceder según una secuencia temporal y física predeterminada. Es decir no buscar un resultado final específico sino que busca producir una secuencia de éxitos operativos y sectoriales que le otorgarán triunfos (y satisfacciones personales) sucesivas. El resultado final será una sorpresa para todo, incluso para él, solo que a él eso no le importa.

De lo anterior se desprende que la “seudo estrategia” de Trump es la búsqueda continua e incesante de “oportunidades”, situaciones inconexas entre si, que le permitan obtener esos triunfos operacionales (o peor aun, tácticos) que para él son objetivos en si mismos.

Este tipo de estrategia puede ser enfrentada actuando en dos planos simultáneamente: primero, buscando, facilitando y participando en las “oportunidades” que Trump busca, siempre y cuando simultáneamente lo sean también para nosotros. Dicho de otra forma, cooperar y asociarse en la materialización de oportunidades mutuamente convenientes, teniendo en vista que nosotros, en nuestros cálculos de conveniencia si consideramos los efectos a medianos y largo plazo; que podremos zafarnos del compromiso si nos cambia las reglas, y que es muy probable que esas “oportunidades” no trasciendan a su administración. En ausencia de esas circunstancias, mantener la relación en un bajo perfil y moverse con cautela y discreción frente a su administración parece ser la mejor política.

Debemos distinguir entre el gobierno de Trump y las instituciones políticas, administrativas, militares y comerciales de los EEUU y movernos con discreción en esos planos. Nunca olvidar que EEUU es un estado federal y que los estados tiene una considerable autonomía en muchos aspectos.

En el ámbito internacional global, buscar alternativas políticas y comerciales en la Unión Europea, en potencias medianas como Australia, Canadá, Sudáfrica, Indonesia y Corea, y grandes pero de protagonismo mediano como India y Gran Bretaña. Avanzar con la Alianza del Pacífico y postergar los proyectos con China y Rusia.

Parece evidente que la administración Trump hará lo posible por degradar a la ONU e instrumentalizarla, de la misma manera que a la OEA y los organismos técnicos internacionales, que muy probablemente verán reducida su influencia y relevancia.

Trump tendrá su primera medición significativa al término de su primer año de administración, en este lapso deberá mostrar que sus acciones de gobierno (intencionalmente no digo políticas) fueron beneficiosas para los ciudadanos norteamericanos. Si ha tenido éxito, continuará profundizándolas hasta llegar a un fracaso seguro en su segundo y tercer año de gobierno y deberemos prepararnos para ver el inédito espectáculo de los norteamericanos luchando para deshacerse de un tirano y conservar la democracia.

Si muestran efectos negativos en su primer año, la crisis ya habría comenzado.

Una última recomendación, mantengan observación sobre el yerno, Jared Kushner que, se dice, tiene una influencia decisiva.

 

 

 

Trump altera nuestra pasividad

Chile sigue sin tener una Estrategia de Seguridad.

El próximo Libro de la Defensa, por lo que se filtra desde los lugares en que en estricto secreto se trabaja ese documento “de Estado”, expondría respecto a problemas de gran relevancia ideológica para sus autores: los homosexuales; la mujer en las FFAA; el cambio climático; la cooperación con Unasur, y la creación de FFAA para la paz, todos ellos periféricos al objeto de la defensa nacional

A comienzos del año 2009 Bachelet –en su primera administración y antes de su revival revolucionario- viajó, en compañía del senador Navarro (MAS) y del diputado Teillier (PC) a La Habana a rendir homenaje a Fidel Castro. De esos devaneos ideológicos no queda nada. Todo el esquema político y estratégico del programa de seguridad de su actual gobierno, -un proyecto de inserción revolucionaria, antiimperialista y regionalista- imaginado y comenzado a construir en torno a Unasur, la Patria Grande y la ideología del Foro de Sao Paulo se derrumbó junto con los gobiernos de izquierda de Argentina, Brasil y Venezuela y el fracaso del gobierno de Bachelet en medio de una demostración dramática de incompetencia gubernamental y de gestión.

Mientras tanto, el mundo siguió su marcha. La realidad regional cambió por completo y el Ministerio de Defensa de Chile no se dio por aludido y siguió en su ocupación tradicional: no hacer nada y justificar su existencia tratando de publicar un Libro de la Defensa que no interesa a nadie ni sirve para nada.

Luego vino el terremoto Trump.

Este no es un tema marginal, que afecta a otros y pasa sigilosamente por nuestro lado. En efecto, si recordamos la actitud inmediatamente posterior al 11 de septiembre del año 2001, veremos que EEUU convocó a los países del mundo y los separó en dos bandos claros: los amigos y los otros.

En ese momento crítico, el entonces presidente Lagos marginó a Chile de participar en Iraq, y lo pudo hacer casi sin consecuencias debido a que el presidente de los EEUU era una persona sujeta a los cánones normales de la democracia y del respeto entre los estados. Eso ya no es mas así. No con Trump.

En este contexto de fondo debemos considerar que Chile ha firmado con EEUU una amplia variedad de compromisos, declaración de intenciones y de acuerdo políticos, diplomáticos y militares; formales y administrativos. Mientras su cumplimiento se materializó dentro de cánones “normales” no hubo problemas; lo que se solicitó y exigió estuvo mas o menos dentro de las líneas políticas sobrentendidas entre las partes, aun cuando no hubieran sido explicitadas específicamente. Actualmente y en el futuro próximo no existe ninguna seguridad que eso continúe vigente y que no se nos ponga ante disyuntivas difíciles de resolver.

Habría que comenzar considerando los efectos del cumplimiento, por parte de la administración del presidente Trump de la expulsión de los inmigrantes mexicanos desde EEUU y la reacción y respuesta regional; la imposición unilateral de proteccionismo económico, y el aporte que se nos exija para cumplir eso de “America first”.

Por otra parte, cada vez que Chile hizo alguna aproximación a China en el ámbito militar, aun la mas leve e inocua, nuestro socio norteamericano nos hizo saber su disgusto. Ahora estamos frente a una probabilidad muy alta de emprender un camino que nos aproximará a China alejándonos de EEUU en lo económico, lo político, lo estratégico y específicamente en lo naval/marítimo en el Pacífico.

Parece de la mas elemental prudencia evaluar con la mayor precisión posible el efecto que estos cambios producirán en el escenario de nuestra seguridad nacional y en particular sobre nuestra Armada, que hasta ahora ha recibido un trato especial, -en lo tecnológico, de acceso a información clasificada y a armas sofisticadas-, reservado a las Armadas amigas y de confianza..

En esta misma línea, me parece evidente que la inactividad, la gasificación ideológica y la falta de realismo de nuestro Ministerio de Defensa comienza a transformarse en una amenaza a la seguridad nacional y a confirmar que su incompetencia es dañina para Chile.

El repetitivo y rutinario Libro de la Defensa debería abocarse a tratar de entender que está pasando, como afecta a nuestra seguridad y como debe preparase nuestra defensa para apoyar los intereses nacionales en este nuevo escenario.

La Armada, cuyo campo de acción –el Océano Pacífico- es el espacio crítico en que se jugarán las políticas y estrategias globales en los próximos años necesita directivas específicas y claras de sus autoridades políticas.

Es hora de sacar de su reposo al Ministerio de Defensa

El gazapo de Kerry

Vivimos en el campo y tenemos una perrita fox terrier, Coca. Es chiquitita, pero cazadora y brava. Tiene su canil y ahí recibe su comida, mayormente pellets que complementa con lo que caza y lo que “pesca”.

Sabe que si se para en la puerta de la cocina tipo 14:30 puede pescar alguna sobra y así sucede de vez en cuando.

Coca es agradecida, cada cierto tiempo nos deja algo de lo que caza en la puerta de la cocina.

Hace unos días nos dejó un gazapo, chico, flaco, un montón de pelos, ya bastante mordisqueado. Fue su retribución.

Igual que Kerry.

Llegó de visita a Chile y trajo un pen drive que dejó en la puerta de la Nueva Mayoría. El aparato traía basura, el mismo recocido revuelto, reciclado y ordenado de otra manera. Traía “información fresca” del asesinato de Letelier en Washington. Como el general Contreras ya murió, no tenía mucho sentido seguir dándole, ahora los tiros apuntaban de nuevo al Presidente Pinochet.

Me di la tarea de leer lo que se publicó de los dichosos papeles. Una lata, el mismo estofado rancio. Los informes del Super Agente 86 para Control. En realidad un regalo tan modesto como el de la Coca, solo que Kerry podía haber ofrecido algo mas contundente, recursos no le faltan. Apoyo explícito a Chile cuando está bajo ataque del chavismo, por ejemplo.

Es pintoresca la reacción de los ultrones de la izquierda que viven en Chile: cuando la CIA basurea a sus próceres estamos ante la agresión de una instrumento oscuro y macabro del imperialismo norteamericano, una organización epítome de la falsedad, la intriga y la mala fe. Los Sith del Imperio del Mal.

Cuando entrega informes fuleros y pencas sobre “los milicos”, se transforman en los Jedis de la justicia y la verdad.

Travestismo siquiátrico del 10% de desconformados mentales –tarugos redondos en agujeros cuadrados- que existen en toda sociedad.

La “noticia”, una vulgar metida de “la boca del pájaro en la córnea del público”, no duró ni dos días. Solo lo suficiente para que la familia del activista muerto anunciara una nueva –otra mas- demanda para obtener mas dinero para pasar la pena.

El hijo, de triste memoria para los que tenemos buena memoria, olvidado ya de sus maniobras con las plantas de revisión técnica de vehículos y de la escuela para conductores con que se dio comienzo a la temporada de caza de los políticos para mejorar sus siempre insuficientes remuneraciones, se lanzó a sacarle brillo al gazapo de Kerry.

No le fue bien, pero volverá, el mundo mediático de la izquierda está lleno de gazapos.