Las demandas de los vecinos. Hora de decir basta.

Los mecanismos judiciales para la solución de controversias generalmente son presentados como una etapa superior de las relaciones internacionales, un procedimiento que hace prevalecer la razón y el derecho en un ámbito que de otra manera sería una cruda y violenta competencia de fuerzas. No es posible descalificar esta forma de valorizar y apreciar como un avance esta alternativa de solución de controversias internacionales, sin embargo, es necesario tener presente sus limitaciones y las ficciones que los rodean.
Lo primero es que estos mecanismos no son de aplicación universal y obligatoria sino opciones voluntarias que algunos países aceptan e incorporan a sus comportamientos; que otros aceptan con limitaciones –las “reservas” a los tratados-, y que otros derechamente rechazan o ignoran. También está el asunto de la inexistencia de una autoridad capaz de hacer respetar sus fallos y sancionar a los rebeldes con el apoyo de una policía internacional imparcial.
Es contra esta realidad que debemos revisar la reiterada declaración de los gobiernos de Chile de lo que sería su “tradición” internacional: la judicialización de las diferencias internacionales, es decir llevar los conflictos con otros países a un tribunal.
El caso más conspicuo en este ámbito es el llamado “Pacto de Bogotá” o “Tratado Americano de Soluciones Pacificas” suscrito en esa ciudad el 30 de abril de 1948. Este tratado forma parte de un conjunto de acuerdos interamericanos, políticos y de seguridad establecidos por los EEUU en el marco de la Guerra Fría con el propósito de organizar la región para el enfrentamiento militar y político a muerte con la Unión Soviética.
El objetivo del tratado fue imponer una obligación general a sus signatarios para resolver sus conflictos a través de medios pacíficos. También los obliga a agotar los mecanismos regionales de solución de los asuntos antes de acudir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (en el cual la URRS tenía poder de veto) para lo cual confiere jurisdicción a la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Entre los veintiún países signatarios del convenio, nueve lo ratificaron sin reservas: Brasil, Colombia, Costa Rica, Haiti, Honduras, México, Panamá, República Dominicana y Uruguay; seis lo ratificaron con reservas: Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y Perú; cinco no lo ratificaron: Argentina, Cuba, Estados Unidos, Guatemala y Venezuela y dos lo denunciaron después de haberlo aprobado: El Salvador y Colombia, este último el 28 de noviembre de 2012 tras el fallo de la CIJ en su litigio con Nicaragua.
Los elementos más relevantes de este Tratado están contenidos en sus siguientes artículos: el Artículo I que dice que (los estados) convienen en abstenerse de la amenaza, del uso de la fuerza o de cualquier otro medio de coacción para el arreglo de sus controversias y en recurrir en todo tiempo a procedimientos pacíficos. El II por el cual los países reconocen la obligación de resolver las controversias internacionales por los procedimientos pacíficos regionales antes de llevarlas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El Artículo VI. Que el tratado no podrán aplicarse a los asuntos ya resueltos por arreglo de las partes, o por laudo arbitral, o por sentencia de un tribunal internacional, o que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia en la fecha de la celebración del presente Pacto (1948) y el Artículo XXXI. Los países reconocen al Tratado como “obligatorio y a la CIJ, ipso facto, sin necesidad de ningún convenio especial mientras esté vigente el presente Tratado”, la jurisdicción de la Corte en todas las controversias de orden jurídico que surjan entre ellas y que versen sobre: La interpretación de un Tratado; cualquier cuestión de Derecho Internacional; la violación de una obligación internacional.
Como se puede apreciar el ámbito de mayor aplicabilidad del Tratado se encuentra en los problemas de delimitación territorial o jurisdiccional. Los diferendos de tipo comercial o político se negocian en otras instancias ad-hoc creadas posteriormente y no suelen referirse a la interpretación de tratados ni del Derecho internacional. En esta misma línea la globalización ha creado una amplia gama de alternativas de negociación y arbitraje.
Lo anterior indica, y la historia lo confirma, que la aplicación de este Pacto por parte de Chile se ha dado en problemas de delimitación territorial o marítima, con países vecinos: Argentina, Bolivia y Perú. Veamos entonces la utilidad real del Pacto de Bogotá para Chile:

Con Argentina: El Tratado General de Arbitraje entre Chile y Argentina de 1902 estableció que las controversias que pudieran surgir serían arbitradas por la Corona Británica cuya sentencia sería inapelable. Cuando Chile intentó recurrir a este Tratado, el Gobierno argentino rechazó el cumplimiento de lo acordado. Cuando Chile intentó recurrir unilateralmente a la Corte Internacional de Justicia, fue informado por Argentina que de hacerlo, constituiría casus belli. Se acordó formar una corte arbitral constituida por cinco jueces integrantes de la Corte Internacional de Justicia nombrados por consenso de ambos países, quienes debían entregar su fallo al gobierno británico, que finalmente lo aprobaría o rechazaría sin modificarlo. El arbitraje fue solicitado por ambos países el 22 de julio de 1971 y dado a conocer el 2 de mayo de 1977 por la Reina Isabel II en nombre del gobierno británico y Argentina lo declaró “insanablemente nulo” y se negó a cumplirlo.
Luego de un largo e intenso período de tensiones, con amenazas de uso de la fuerza incluida, la mediación del Papa Juan Pablo II, sumados a una intensa crisis política y económica en Argentina lograron llevar a ese país a aceptar una delimitación negociada políticamente y alejada del derecho Internacional, en desmedro de Chile.
Lo indicado en esta muy breve síntesis muestra que Argentina no cumple sus compromisos internacionales, que nunca los ha cumplido y que muy probablemente, nunca los cumplirá. Esto permite concluir que el Pacto de Bogotá, si es que lo suscribiera, sería inútil como instrumento para resolver conflictos entre ambos países. inútil.

Con Perú: La grave crisis internacional entre ambos países entre 1975 y 1976 muestra que cuando Perú se siente más poderoso que Chile no duda en intentar una agresión contra nuestro país. Lo que disuadió a Perú de iniciar una guerra en 1976 fue la determinación de nuestro gobierno en cuanto a luchar sin límites de tiempo ni esfuerzos. Posteriormente, en 2010, la aplicación del Pacto de Bogotá le permitió a Perú llevar a Chile a la Corte Internacional de Justicia, en forma unilateral y contra nuestra voluntad para demandar una revisión de acuerdos libremente contraídos, respecto a la delimitación marítima entre ambos países que, en realidad, correspondían a acuerdos regionales que involucraban a Chile, Perú, Ecuador y Colombia.
Esto indica que cuando Perú cree poder derrotarnos militarmente, no duda en intentarlo, con o sin Pacto de Bogotá, y muestra también que dada nuestra peculiar forma de entender las relaciones internacionales, le permitirá llevarnos a la fuerza a juicios en los que no tenemos nada que ganar y mucho que perder.

Con Bolivia: La lógica política de los gobiernos de Bolivia y en especial de Evo Morales se columpia entre la modernidad, la cultura ancestral boliviana y una versión básica y superficial de Marx. En la lógica de Morales y su grupo, Chile al no entregar una salida soberana al mar a Bolivia, es “injusto”, no “comparte” y es “arrogante”. Por años hablaron de la invalidez del Tratado Paz y Amistad de 1904; súbitamente dejaron de lado esta aproximación e hicieron una presentación a la Corte Internacional de Justicia pidiendo que Chile negociara “de buena fé”, rápido y entregara los territorios requeridos. Es decir entienden “negociación” como una manera de formalizar sus exigencias, que deben ser satisfechas en su totalidad por Chile. Simultáneamente dejan expresamente abierta la posibilidad de recurrir simultánea o posteriormente a otras instancias judiciales, en oposición a lo que dice el Artículo VI del Tratado, en cuanto a que los fallos de la Corte son conclusivos y finales.
En breve, Morales se aproxima a la CIJ como si se tratara de una instancia política y no judicial; que cree que los procedimientos jurídicos son solo indicativos y que las negociaciones son “de buena fe” solo si incluyen finales garantizados y beneficiosos para él y para su país. Dada la mentalidad que se ha conformado en el pueblo boliviano respecto a su atraso y pobreza como los resultantes del abuso a que ha sido sometido por Chile y por su propia elite dirigente, nunca habrá “una solución” que perdure más allá del gobierno boliviano que la negoció. En este sentido, con Bolivia no hay solución posible a sus demandas.
El comportamiento de Morales no podría ser considerado distante de las tendencias más populares en Bolivia, y su creatividad política y jurídica no parece estar constreñida por las fórmulas judiciales. Así, la adhesión de Chile al Pacto de Bogotá solo abre una instancia que permite a los gobiernos bolivianos obligar a Chile a seguirlo en sus desvaríos y ser juguete de sus maniobras y peleas internas. La asimetría entre ambos estados respecto al respeto a los tratados, a la palabra empeñada y a las formalidades internacionales se transforma así en una debilidad para nuestro país.

Se puede concluir que el Pacto de Bogotá, probadamente, no es útil como instrumento jurídico para que Chile dirima conflictos con sus vecinos en condiciones de equidad y confianza que permitan contar con él para defender nuestros intereses nacionales.
Por último, en los tribunales de justicia, nacionales e internacionales se encuentra presente una tendencia creciente que señala que los jueces “hacen justicia” y no se limitan a “aplicar la ley”, con lo cual suplantan a los cuerpos políticos internos e internacionales en sus atribuciones tradicionales de intermediación y determinación de las reglas de convivencia y se auto erigen en representantes directos de las personas y los pueblos. Esta tendencia hace que la suerte de un pleito quede sujeta a aquello que el juez estime justo y donde las pruebas son solo un antecedente más de la causa.

En breve, no es en los argumentos jurídicos en donde Chile podrá defenderse, sino en el recurso a su poder nacional gestionado por políticos y diplomáticos profesionales. Esto comienza por liberarnos del Pacto de Bogotá y tomar la seguridad nacional en nuestras propias.
Las relaciones internacionales de Chile son asunto de políticos y diplomáticos y no de abogados y jueces.

Pasó la hora judicial y llegó la hora de la política.

Humala: Demoliendo la confianza

El estilo de comportamiento de Alan García quedó inmejorablemente graficado en la sucia jugarreta que le hizo a Bachelet cuando, en una conversación personal y sin advertírselo a su contraparte, abrió el parlante de su teléfono y permitió que un grupo de sus ministros escucharan como se burlaba de su colega presidente. Una treta muy propia de su torcida personalidad que pretendió excusar aduciendo que en esta región no éramos alemanes y que aquí había humor para hacer este tipo de “bromas”.
Su salida de la presidencia fue un alivio para todos, chilenos y peruanos.

Su reemplazo, Ollanta Humala, un líder nacionalista extremo no auguraba nada bueno. Ya había hecho pública su intención de viajar en tanque a Arica para conocer la ciudad y a comienzos del año 2007, frustrado por el acercamiento entre el gobierno de Perú y el de Chile, a la cabeza de su Partido Nacionalista Peruano, encabezó un movimiento contra García acusándolo de “inacción cómplice” frente a Chile, exigió la renuncia de los Ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores de Perú y demandó la elaboración de la cartografía del dominio marítimo peruano y comunicarla a las Naciones Unidas para “legalizar internacionalmente nuestro límite con Chile”.

Acusó a Michelle Bachelet de encabezar “la mafia cívico – militar” y otros despropósitos, todo esta propaganda animada por marchas militares que llamaban a “la victoria” y otros mensajes militaristas. El espasmo patriotero concluyó con la organización de una marcha, el día 4 de Abril hasta la frontera con Chile llegando al Hito Nº 1 e invadiendo el ahora muy conocido triángulo entre el Hito Nº1, el punto de corte con la línea costera del paralelo que pasa por ese Hito y el punto, bautizado por Perú como “concordia”. Ahí izarían una bandera peruana,con bastantes posibilidades de crear un cassus belli con nuestro país.

Humala asumió la presidencia en medio de pocas expectativas de buenas relaciones vecinales, sin embargo, ya en el poder, con sorpresa y agrado pudimos ver a un verdadero estadista en acción. Un presidente mesurado, serio y de palabra, todo un cambio tras el exótico Alan García. Tras una gestión amistosa respecto a Chile, hoy nos sorprende con una jugada al mas puro estilo García. Es cierto que su popularidad está baja y que la presión de los ultranacionalistas de la aristocracia peruana y de los dinosaurios de su cancillería es intensa y que cuentan con recursos y acceso a los medios mas que suficientes para hacerle desagradable la vida. También es cierto que sufre, al igual que Chile, el término del super ciclo del precio del cobre y eso se refleja en intranquilidad social, paro así y todo, lo feo de su comportamiento no tiene excusa. El 19 de Agosto de este año, Humala firmó el decreto que aprobó la Carta de Límite Exterior Sur de Perú.

Lo feo comenzó de inmediato.

La prensa peruana (La República), destacó que el “Mapa fue elaborado por cartógrafos peruanos y chilenos”, insinuando que su contenido reflejaba una posición oficial y de común acuerdo entre ambos gobiernos y siguió; “La Carta es un mapa en el que se muestran los nuevos límites entre Perú y Chile, después del fallo emitido por la Corte Internacional de Justicia de La Haya, a principios de este año”, dejando la impresión que su contenido es una representación del fallos de la Corte. Y remacha: “En declaraciones a la prensa, el jefe de Estado (Humala) indicó que el mapa “señala claramente que el inicio de la frontera entre Perú y Chile es el punto Concordia, no hay otro”, conectando a Chile y la CIJ en la legitimación del punto Concordia como limite terrestre entre Perú y Chile, algo jamás reconocido por ninguno de los dos. Pero la mala fe y el engaño de Ollanta Humala fue mas lejos cuando aseguró: “En ese sentido tenemos que agradecer al personal técnico, cartógrafos, personal de la Marina de Guerra del Perú, de la Cancillería y al buen entendimiento para que esta comisión binacional haya llegado rápidamente a la determinación de las coordenadas”, mezclando las mentiras y engaños anteriores y termina con una afirmación genuinamente pérfida: “Esta Carta reemplazará a la del 2007, y fue elaborada por una comisión mixta peruano-chilena, integrada por cartógrafos que determinaron las coordenadas del límite marítimo”. No dice que la Carta no incluye solo los límites marítimos determinados por la Corte Internacional de Justicia, sino que subrepticiamente mete de contrabando la delimitación terrestre incluyendo la creación peruana del punto Concordia, que nunca fue aceptado por Chile ni por la CIJ.

Como la mentira tiene las piernas cortas, los propios medios peruanos preguntaron que como era que Chile se había allanado a esto y Humala, pillado en la mentira, se defendió declarando al mismo diario La República: “El mapa recoge la sentencia de La Haya, pero también el inicio de la frontera terrestre. No hemos faltado a la verdad”, dijo el jefe de Estado e insiste: “el mapa recoge la sentencia de La Haya, pero también el inicio de la frontera terrestre que, es el Punto Concordia. No hemos faltado a la verdad, está basado en el Tratado de 1929 y los protocolos complementarios”.

Pero lo peor es que su declaración trae reminiscencias ominosas de la pretendida “marcha patriótica” que se reseña al comienzo, solo que ahora Humala está a la cabeza de la república y dispone de todos los medios para hacerla, mas aun cuando organizaciones militaristas y de extrema derecha peruana como la “Asociación Patriótica por la Recuperación de Arica y Tarapacá” que sesiona en el Congreso Nacional y que está conformada por senadores, académicos, historiadores, almirantes, generales y descendientes de próceres de la Guerra del Pacífico llaman también a marchar al “Triángulo” este 27 de Agosto, en conjunto con otros “patriotas” de Tacna. Una gran decepción, el proceso de construcción de confianza mutua que parecía avanzar ha mostrado todas sus falencias, nada ha cambiado, todo sigue igual, la agenda retrógrada, chovinista, odiosa y falsa, sigue vigente, al menos con Humala, la Cancillería y la aristocracia limeña.

Israel cruzó la Delgada Línea Roja

En los últimos diez años Israel ha sufrido ataques con cohetes y granadas de mortero disparadas desde la franja de Gaza por miembros de Hamas que han causado una veintena de muertos.
En general son disparos hechos al azar que caen en cualquier parte y que apuntan principalmente a notificar a los israelíes que existe un problema en Gaza, creado y mantenido por ellos mismos y por su gobierno.
En efecto, los habitantes de esa estrecha faja de terreno árido poblada por dos millones de palestinos amontonados en la miseria y la desesperanza absoluta, se organizan malamente para hacer notar su condición. Los disparos desde Gaza amenazan, asustan e incomodan a los israelíes. No dan para mas.
Gaza está sometido a un bloqueo feroz: sin acceso al mar, siendo un área costera sus pescadores no pueden hacerse a la mar; sin aeropuerto, no pueden volar a ninguna parte; sin salidas por tierra, bloqueados por Egipto y por Israel; sin puertos por donde recibir y sacar carga; solo pueden aspirar a languidecer entre ruinas.

El ataque israelí de mayor envergadura bautizado como «Plomo Fundido», fue lanzado a fines de 2008, dando muerte a 1.300 palestinos y dejando 5.000 personas heridas. Durante la operación murieron 13 israelíes.

La penúltima operación israelí a gran escala contra Gaza fue la denominada «Pilar Defensivo», en noviembre de 2012, en la que mataron a 170 palestinos y dejaron a 1.300 heridos.
El ataque actual “Margen Protector” lleva ya mas de 2000 muertos y miles de heridos; de los muertos, alrededor de 400 son niños.
En ese mismo lapso -2008 – 2014-, Israel ha efectuado mas de veinte ataques a Gaza, dejando varios cientos de muertos y varios miles de heridos, casi todos civiles y muchos niños.

La actual escalada de la tensión comenzó el 12 de junio cuando tres israelíes fueron asesinados en la parte ocupada de Cisjordania. Vino la represalia: el 2 de julio apareció el cadáver de un joven palestino, Mohamed Abu Khder, de 16 años, muerto por apaleo y quemado vivo a causa de una venganza de radicales judíos.
Luego vino el ataque en forma. ¿Cuál es su justificación?. Benjamín Netanyahu explica que con bombardeos aéreos no ha sido posible impedir que miles de cohetes y granadas sean disparadas desde túneles y refugios subterráneos en Gaza y que es necesario hacer una incursión con tropas.

Este somero recuento nos permite sacar algunas conclusiones y reconocer algunos hechos.
– Parece claro que la desproporción entre los “bombardeos” de Hamas y las represalias y ataques de Israel para suprimirlos son evidentemente desproporcionados. Una veintena de muertos israelíes en diez años y miles de muertos y decenas de miles de heridos palestinos en el mismo lapso nos hablan de una disparidad brutal. En realidad tenemos un estado moderno, con abundantes recursos materiales, tecnológicos y apoyo político castigando reiteradamente a un grupo de refugiados malamente organizados por una banda de aficionados con mas odio que recursos.
– Muestra también que pese a la brutalidad del castigo y la cantidad de bajas palestinas, Israel no logra impedir que los disparos desde Gaza continúen. Las operaciones anteriores –Plomo Fundido y Pilar Defensivo- no lo lograron.
No hay razones para pensar que Margen Protector lo logre, mas aun si se considera que Hamas salió políticamente fortalecido antes su pueblo y que Israel a nivel mundial ha sufrido una derrota moral tal vez irremontable.
– Israel anunció que había destruido algo así como 800 “túneles”. ¿Cuánto les tomará a Hamas reconstruirlos? ¿días?, ¿semanas?. Por lo demás los jóvenes de Gaza no tiene nada mas que hacer que cavar túneles, pensar como causar daño a Israel y proporcionar mano de obra abundante y barata para el mercado israelí.

Parece un hecho que Israel se ha sobregirado en su cuenta de buena voluntad mundial, sea como víctimas del Holocausto; como la única democracia en la región o como sociedad civilizada y moralmente consciente. En realidad han creado un estado autoritario prepotente; han fabricado el “Gueto de Gaza” y han cercado a Israel con una muralla creando un gueto para ellos mismos.
La fea y cruda verdad es que Israel -el conjunto de su sociedad, no solo su actual gobierno-, no tiene la menor intención de resolver el cruel problema que afecta en forma insoportable al pueblo palestino. Hace todo lo que puede para trabar la creación de un Estado Palestino, al cual, al igual que los judíos, ellos también tienen derecho.

La soberbia es el primero de los pecados y el mas grave y esta maldición aqueja a un número mayoritario de los israelíes.

Las volteretas de Brasil

El largo conflicto de Brasil con Chile comenzó en 1999, cuando el entonces presidente Lagos decidió -a mi juicio con gran acierto- firmar un Acuerdo de Libre Comercio con EEUU en vez de unirse al Mercosur. Esta decisión le valió la furia de una parte sustantiva de la elite brasileña, comenzando por el presidente Fernando Henrique Cardozo, antiguo amigo de Lagos que ahora pasó a ser ex – amigo.
Esta primera rabieta se manifestó en forma abierta y reiterada. La amistad “sin fronteras” con Chile como les gusta decir a los brasileños, encontró fronteras precisas y sólidas: el gobierno de Chileno no estaba disponible para tirar por la borda años de esfuerzo para abrir su economía y readecuar su comercio interno y exterior ni menos para sacrificar su evidente y visible progreso económico solo para unirse a otra propuesta proteccionista y estatista ya probada y fracasada.
La segunda reacción vino por cuenta de Luiz Inacio da Silva –Lula- auto declarado amigo de Chile que encabezó, desde el Foro de Sao Paulo, una campaña a nivel regional para forzar a Chile a aceptar la imposición de sus preferencias políticas. Dicho Foro, fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil para unir a los partidos de izquierda revolucionaria de Latinoamérica después de la caída del Muro de Berlín, tuvo su primer triunfo con Hugo Chávez que logró conquistar el poder en Venezuela en 1998, precediendo a Lula que lo hizo en 2002 en Brasil. Chávez, en una de las primeras reuniones del Foro explicaba que en la región habían dos alineamientos en competencia: los “bolivarianos” socialistas del Atlántico, y los libremercadistas “monroístas” del Pacífico. Llamó a la destrucción de los monroístas y expuso su diagnóstico estratégico -también acordado con Lula- respecto a que la integración basada en el nacionalismo latinoamericano y el antiimperialismo requería enfrentar decididamente el “regionalismo abierto” que practicaban Colombia, México y otros países Centroamericanos -y muy conspicuamente- Chile bajo los gobiernos de la Concertación.
Los acuerdos del XIX Foro de Sao Paulo en agosto del 2013 concluyeron fustigando a la Alianza del Pacífico porque en su agenda se hallaba la liberalización del comercio y de los servicios: “Denunciamos las tentativas, inspiradas en potencias extrarregionales, en el sentido de fracturar y sabotear la integración regional, como es el caso de la llamada Alianza del Pacífico y la búsqueda incesante por generar crisis y estimular divisiones en el Mercosur”. También señaló la declaración. “No por casualidad está formada por países que poseen tratados de libre comercio con Estados Unidos”.
La Alianza del Pacífico fue designada como el objeto del odio revolucionario.
Luego vino la tercera voltereta. Entre 2010 y 2012 el gobierno de Rousseff tomó nota del estancamiento de la economía de su país y el 2013 reaccionó con arrogancia planteando “la incorporación de Mercosur, con Brasil a la cabeza, a la Alianza del Pacífico”, petición que fue rechazada ya que a la Alianza no incorporaba asociaciones sino países individuales. La ira se concentró en el gobierno de Chile –concretamente en su presidente Piñera-, a tal punto que Marco Aurelio García –canciller oficioso de Brasil – le informó a Piñera que el rechazo era considerado como una agresión a Brasil.
La cuarta voltereta. A juego perdido, Rousseff, a través del omnipresente García, se aproximó a la candidatura de Bachelet. Sus huellas digitales está nítidas en su programa de gobierno.
En su último viaje antes de la instalación de esa administración, García lanzó una curiosa propuesta de revivir el “ABC”, histórico proyecto de asociación entre Argentina, Brasil y Chile, del cual Chile había sido excluido durante los años de pobreza que siguieron a la crisis de 1929 y a la instalación de la clase media como actor autónomo en el esquema de poder político nacional. Parece que esta idea fue una “volada” personal de García ya que prontamente cayó en el olvido.
La quinta vuelta de carnero fue el lanzamiento de una alternativa que implicaba el regreso de Brasil a las políticas socialdemócratas y el abandono de hecho de sus mojoncitos revolucionarios y populistas.
Asumido el actual gobierno de Chile comenzó la aplicación del Programa que, en palabras del Canciller Muñoz se basa en que que “Existe una diversidad de caminos en la región para avanzar en el desarrollo. Seremos respetuosos con esas diferencias, entendiendo, sin embargo, que es posible construir un todo integrado de partes distintas y desiguales. Hay espacio para proyectos subregionales que pueden ser ladrillos para la construcción de un proyecto mayor y más incluyente de integración latinoamericana” cuyos resultados aun están por verse. Ya han transcurrido un par de reuniones de Chile con Brasil y de ambos con la Alianza, con declaraciones y promesas; habrá que esperar hasta ver su epílogo.
Brasil tiene varias dificultades en su relación con Chile: No se resigna a considerarlo un igual; no percibe que su poder nacional (militar + político + económico) no alcanza para imponernos comportamientos a su gusto. No asume que Chile, siendo una economía abierta, inserta en el medio internacional desde hace varios años, no es susceptible a sus amenazas ni a su dictados. No aprecia que para jugar en el mundo económico del Pacífico es necesario cumplir las reglas, honrar la palabra empeñada y que no hay espacios para aspiraciones de supremacías ni menos para hegemonías.
La existencia de la Alianza es imperdonable para Brasil ya que desafía un axioma de su política exterior: el establecimiento de un sistema “Sudamericano”, que excluya a México. Por eso la propuesta de Rousseff no es acercar a a los países del Mercosur a la Alianza sino a “países de la Alianza”. La diferencia es México. En este sentido la pugna actual es respecto a si la Alianza del Pacífico será Sudamericana o Latinoamericana es decir con o sin México.
Dos elementos claves de la “cultura del Pacífico” son que el éxito o fracaso de los acuerdos se miden por los resultados no por las declaraciones y que la magia verbal latina no emociona a los asiáticos en lo mas mínimo: Se ríen a carcajadas cuando los gobernantes argentinos llaman “buitres” a quienes compraron bonos basura con la expectativa de cobrar una ganancia del 60%, pero que el gobierno Argentino no es “buitre” cuando aplica “una quita” del 75%, es decir devuelve $1 de cada $4 que pidió prestado. Todo un negocio!.
Tampoco va a conseguir jamás acomodar a los socios del Pacífico a sus necesidades: ¿alguien se imagina a Brasil negociando con Asean, con Apec y con el Trans Pacific Partnership, desde su actual perspectiva imperialista sudamericana, antiimperialista (con EEUU), anticapitalista y proteccionista?.
Asociar a un grupo de países que conforma una Unión Aduanera como Mercosur con una asociación de países unidos en torno al Libre Comercio como la Alianza del Pacífico resulta una tarea jamás emprendida hasta ahora, que de tener éxito marcaría un hito en la historia económica mundial. Sería lograr la cuadratura del círculo o la mezcla perfecta del aceite con el vinagre.
La única salida posible es la que recomendó Juan Eduardo Errázuriz uno de los representantes de Chile a la reciente reunión de ABAC el consejo empresarial de la APEC que aglutina a las 21 economías más importantes del Pacífico, en que destacó las expectativas comerciales que se abren para Brasil empleando a Chile como su base de exportaciones al Asia, es decir que los empresarios brasileños invirtieran en Chile para, “desde aquí”, exportar a Asia Pacífico: “Dentro de esos grupos (APEC; TPP y ASEAN) la Alianza del Pacífico juega un papel muy importante, y no segregada del resto de Latinoamérica, sino que (estamos) invitando a Brasil y Argentina a participar vía inversiones acá, de manera de aprovechar mediante esas inversiones toda la apertura que ya ha hecho Chile. De hecho, el acuerdo firmado entre la Sofofa y empresarios brasileños apunta en esa dirección.
Esta vía es algo muy distinto a la pretensión de “unir” a Mercosur con la Alianza, pero algo factible y realista que dadas las característica regionales es muy posible que les resulte menos atractivo que una de esas alternativas retóricas y “mágicas” pero inviables que tanto emocionan en la región.
No cabe duda que para Brasil presentarse en el escenario mundial arropado por los países de la región no es lo mismo que llegar solo. Pero esa compañía no es asumir su representación ni poner la región al servicio de sus objetivos nacionales, mas aun, esa compañía será siempre condicional y caso a caso. Duro, pero así es la vida en el siglo XXI. Lo mismo vale para México. El imperialismo ya no es válido, para nadie.
A diferencia de los siglos XIX y XX, en el actual mundo global y sobre todo en América, Chile tiene otras alternativas (EE.UU. México; Colombia y Argentina cuando se recupere) mas aun cuando la diferencia de poder nacional no es la que solía existir en esos tiempos, Ahora dos o tres países regionales unidos pueden equilibrar fácilmente a Brasil (o a México).

Chile : Que pasa en el barrio

La clave que determina la dirección que toman los análisis políticos y estratégicos de la región está dada por la respuesta a la pregunta: ¿estamos al final de un proceso de desarrollo económico que fracasó porque se aplicaron políticas erróneas, o estamos en el remanso de un ciclo de desarrollo que continuará avanzando porque se aplicaron políticas correctas?.

Dicho de otra manera dado que dos grupos de países eligieron políticas diferentes y divergentes, ¿quiénes seguirán avanzando y quiénes deberán enmendar rumbo empleando para ello tiempo y esfuerzo?. Los países que conforman Mercosur y el Alba, en definitiva los países del Atlántico y el Caribe, ¿estaban en el curso correcto hacia el desarrollo y la gobernabilidad?, ¿o los que estaban en el camino correcto eran los de la Alianza del Pacífico?.
Comienzo señalando que en mi opinión los países que estaban en el camino correctos eran los de la Alianza del Pacífico y los estaban en el error eran los del Atlántico (Mercosur y Alba) y que las evidencia así lo confirman.

Acaba de concluir en Caracas la entrega de la presidencia de Mercosur por parte de Maduro a Cristina Fernández. Esta entrega debió haber sido hecha hace seis meses. A nadie le importó mucho el atraso. Asistieron los presidentes de Venezuela, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Evo Morales como observador. No hubo ni un solo acuerdo económico, solo declaraciones políticas, es decir Mercosur viene a sumarse a Unasur; Celac y la OEA como foro político. ¿Se necesitan mas espacios donde “hablar de política” o es ya hora de comenzar a “hacer desarrollo”?

Sin ser peyorativo, el panorama de Mercosur y de sus socios es un desastre: Venezuela, sede del encuentro, se debate en el desabastecimiento extremo y la inflación desbocada. La gobernabilidad es inexistente y las instituciones han sido destruidas deliberadamente. Maduro trata de sujetarse en el poder apoyado en los militares personificados por ¿su amigo? Diosdado Cabello.
Argentina está en su segundo default en 13 años. Su economía está colgando de la soja y el futuro es oscuro. Las instituciones, especialmente los partidos políticos, el Congreso y la Judicatura han sido demolidos, la corrupción es muy alta y las perspectivas de crecimiento son negativas. Cristina Fernández, en vez de agitarse para buscar la forma de pagar sus deudas, se aplica en descalificar al juez e insultar a los acreedores.
Brasil anuncia sucesivos recortes a sus expectativas de crecimiento, ya va en menos del 2% y puede terminar el año con una tasa negativa. Los anuncios de proyectos de inversión espectaculares se suceden uno tras otros pero no se concreta ninguno.
Sorprendentemente Dilma Rousseff leyó un discurso en que promovía la ampliación de la zona de libre comercio prevista por la Aladi para el 2019 la que se adelantaría para fines de este año. Esta iniciativa se debe a que también Rousseff está inquieta por la incertidumbre en su país. Su propuesta contó con el apoyo del presidente de Paraguay, Horacio Cartes. Que Cartes suscriba esa política tiene lógica, es miembro (observador) de la Alianza del Pacifico que también está en la línea de políticas económicas de libre mercado, .. pero Rousseff?, ¿qué le está pasando?
La nueva actitud política de Brasil refleja su urgente necesidad de comenzar a sacar a su economía del estancamiento y eso pasa por aproximarse a la Alianza del Pacífico formada por Chile, Colombia, México y Perú y distanciarse de los socialistas del siglo XXI, Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Uno de los problemas mas serios que está enfrentando Brasil –y su presidente- es la negativa de Argentina de incorporarse al libre mercado. Brasil lleva años tratando de firmar un acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea. El fracaso de Rousseff se debe a que Cristina Kirchner bloquea la negociación. Maduro, por su parte no acepta hablar del tema y el inefable Evo abomina de todo lo que signifique globalización, libre comercio e iniciativa privada. Venezuela y Argentina por su parte, padecen desequilibrios macroeconómicos de tal calibre que ni aunque quisieran podrían iniciar cualquier apertura. En cambio, el uruguayo José Mujica pide acordar cuanto antes con Europa.
¿Cuánto podrá resistir Mercosur y Unasur semejante divergencia en sus visiones del mundo y de la economía?. Los plazos se acaban, hay que actuar rápido, la economía se hunde y la gente se molesta. Creo que a mediano plazo veremos cambios profundos en los alineamientos regionales.
Mientras muchos huyen de Mercosur hasta ahora 25 Estados han solicitado participar como observadores de la Alianza del Pacífico, entre ellos Canadá, China, Japón y Estados Unidos.