La lucha desatada en la izquierda

El derrumbe del sistema soviético punteado por el dramático fin del Muro de Berlín y el desbande del Pacto de Varsovia dejó huérfano al comunismo global  y probó que los socialismos reales habían fracasado. El colapso de Alemania Oriental, -el ejemplo del “éxito” del sistema- fue también signo de su muerte.

Lula, con el Foro de Sao Paulo como eje, trató de revivir una propuesta edulcorada para el consumo latinoamericano. Su hundimiento hizo evidente la incompetencia y la profunda corrupción en que cayeron los gobiernos sudamericanos de izquierda que materializaron o se unieron a este proyecto.

En un solo movimiento crearon el Estado arruinado y el Estado mafioso.

Chávez logró lo imposible, arruinó a Venezuela, un país riquísimo; Lula y Dilma que comenzaron con una sucesión de “milagros” económicos y sociales terminaron quebrando a Brasil y en Argentina, Néstor y Cristina dilapidaron la riqueza del período de las materias primas a altos precios aplicando políticas absurdas y facinerosas.

Sobreviven el extravagante Evo Morales de Bolivia agarrándose desesperadamente al poder y Correa de Ecuador que ya anunció su pase a retiro.

La izquierda chilena, al mando de un país que venía creciendo como nunca antes en su historia, no pudo sustraerse a este momento revolucionario y Bachelet inauguró un gobierno refundacional para lograr su inclusión en el lote, justo cuando este se derrumbaba.

¿Qué le pasó a la “izquierda renovada” que pudo ser doblegada por Bachelet a la cabeza de un lote de iluminados con un chavismo tardío y aguado?.

La izquierda chilena como todas las izquierdas se debate en una lucha entre “las almas bellas” de los absolutos (avanzar sin tranzar) y los “socialdemócratas” que descienden al feo mundo de la realidad y la negociación política democrática (tranzar para avanzar).

Las almas bellas no se contentan con menos que la perfección y el absoluto. En política exigen no transar; si la opinión pública no concuerda con sus postulados, es el pueblo el que está equivocado. Si hay que avanzar imponiendo algo menos que “todo” eso es transar, y transar es traicionar.

En todo lugar y tiempo, entre las almas bellas se oculta también la ambición de poder, muy legítima por lo demás, que lo que en realidad pretende es una “rotación de elites”, es decir reemplazar al grupo hegemónico del partido o sector político. La pugna entre los “autoflagelantes” y “autocomplacientes” es una clara muestra de ella.

Hasta las últimas elecciones las almas bellas de la Concertación -desde sus jugosos cargos públicos y subvenciones diversas- pudieron representar su papel en el éter, siempre cómodo, de la crítica y la teoría.

En la debacle pos derrota de la Concertación de Bachelet 1, se culpó del fracaso a la falta de verdadera revolución y al exceso de socialdemocracia. No era entendible que dejaran de ejercer el poder. El gobierno “pertenece” a la izquierda.

En el fondo, la izquierda ex – marxista chilena lleva en su ADN ideológico la negación del fundamento de la democracia representativa: la rotación en el poder. La participación en un juego que ven como una sucia comedia no solo significa una contradicción con sus propios principios, sino una claudicación -salvo que sean ellos quienes estén a cargo-. La rotación de los diferentes sectores políticos en el ejercicio del gobierno no solo es inmoral, es inaceptable.

Bachelet 2 fue una sorprendente conjunción de astros, una ex mandataria que gobernó como socialdemocráta/entreguista, se convirtió a la verdadera fe de la “autoflagelancia”, se situó a la cabeza de las almas bellas y llegó al gobierno con una retroexcavadora institucional y una aplanadora, la mayoría en ambas cámaras legislativas, .

Para gobernar decentemente debería haber abandonado el maximalismo y explicar a sus partidarios el carácter estrictamente terrenal de la política. Tendrían que haber abjurado de una parte, más o menos grande de sus principios, con el riesgo inevitable de decepcionar a la parte más fervorosa y virginal de su feligresía. Pero el gobierno fue “consecuente” e impuso su “programa” por las buenas y por las malas y así, en medio de la pureza ideológica, se apresta a entregar un país políticamente paralizado, económicamente debilitado y profundamente dividido. La corrupción mediante el uso y abuso de la administración pública alcanzó niveles escandalosos y la explotación del estado mediante el cuoteo y la asignación de servicios completos a  cada partido, se instaló como la contrapartida de la pureza ideológica.

Y así llegamos al día de hoy.

Los autoflagelantes, los puros, las almas bellas, los que quieren desplazar a las directivas actuales y apoderarse de sus cargos y del poder, esgrimen, como lo señala Genaro Arriagada, un diagnóstico demoledor: “Es cierto que los conservadores crecen, pero no hay que caer en la receta simple de “escuchar al pueblo”, pues aunque es verdad que el centro nos abandona, que en las elecciones el país gira a la derecha, la solución es ir a buscar a los que no votan, a “los indignados”, a los que odian a la democracia representativa y los cambios graduales. Para ello hay que abandonar las estructuras partidarias y crear un “movimiento” marcado no por los militantes, sino por la sociedad civil, las ONGs radicalizadas”.

Por el momento, en la despiadada lucha interna, bajan a la suciedad de la política real y se precipitan sobre los restos de los líderes tradicionales. Destrozan a Lagos con un dictum irremontable: “ … Si, al final del primer Gobierno transformador desde 1990, la Nueva Mayoría elige como su candidato a uno que representa precisamente a la izquierda que entendió que, para ser de izquierda, había que renunciar a todo lo que definía a la izquierda, y solo quedará por verse si lo haremos a la manera inglesa o tendrá que ser a la española”.

Los aspirantes a desbancar a la izquierda Concertacionista plantean que lo necesario “es la continuación y profundización de los cambios iniciados durante este Gobierno”, es poner el foco en las cuestiones política, no en “hacer cosas”.

El que la ciudadanía “quiera que se hagan cosas” es completamente irrelevante. El proyecto político es lo importante: el “programa” onírico de Güell, Peñailillo, Arenas y Bachelet. Otras “cosas” como las ganas de la ciudadanía de repetir su viaje familiar a Punta Cana, cambiar su refrigerador por uno mas grande, comprar una casa con un dormitorio mas o recibir mejor atención en el hospital, es irrelevante, burgués. Obviamente este tipo de juicios es mucho mas fácil de hacer cuando el que los hace tiene un buen cargo universitario y entre su esposa y él, juntan una renta mensual quince veces mayor que la de un trabajador común y corriente.

Este tipo de lógicas es antigua en Chile, lo nuevo es que los chilenos ya entendieron como funciona el poder político y les perdieron el temor y el respeto a sus personeros.

Mientras los izquierdistas sensatos – descalificados como socialdemócratas- se defienden luchando entre la espada y la pared y esgrimen argumentos realistas que contienen su experiencia de gobierno, otros tratan de vestirse de indignados, aunque no tengan por que estarlo.

La verdad, la izquierda como grupo ha demostrado ser incompetente para ejercer el gobierno. Solo lo puede hacerlo cuando cuenta con una oposición que permite que la gente razonable pueda prevalecer por sobre las “almas bellas” incapaces de razonar con realismo. Es por eso que el sistema binominal les permitió hacer gobiernos razonables.

Veremos quien gana en esta vuelta. Si volveremos a ver al Allendismo revolucionario o veremos a otros Lagos socialdemócratas.

Trump altera nuestra pasividad

Chile sigue sin tener una Estrategia de Seguridad.

El próximo Libro de la Defensa, por lo que se filtra desde los lugares en que en estricto secreto se trabaja ese documento “de Estado”, expondría respecto a problemas de gran relevancia ideológica para sus autores: los homosexuales; la mujer en las FFAA; el cambio climático; la cooperación con Unasur, y la creación de FFAA para la paz, todos ellos periféricos al objeto de la defensa nacional

A comienzos del año 2009 Bachelet –en su primera administración y antes de su revival revolucionario- viajó, en compañía del senador Navarro (MAS) y del diputado Teillier (PC) a La Habana a rendir homenaje a Fidel Castro. De esos devaneos ideológicos no queda nada. Todo el esquema político y estratégico del programa de seguridad de su actual gobierno, -un proyecto de inserción revolucionaria, antiimperialista y regionalista- imaginado y comenzado a construir en torno a Unasur, la Patria Grande y la ideología del Foro de Sao Paulo se derrumbó junto con los gobiernos de izquierda de Argentina, Brasil y Venezuela y el fracaso del gobierno de Bachelet en medio de una demostración dramática de incompetencia gubernamental y de gestión.

Mientras tanto, el mundo siguió su marcha. La realidad regional cambió por completo y el Ministerio de Defensa de Chile no se dio por aludido y siguió en su ocupación tradicional: no hacer nada y justificar su existencia tratando de publicar un Libro de la Defensa que no interesa a nadie ni sirve para nada.

Luego vino el terremoto Trump.

Este no es un tema marginal, que afecta a otros y pasa sigilosamente por nuestro lado. En efecto, si recordamos la actitud inmediatamente posterior al 11 de septiembre del año 2001, veremos que EEUU convocó a los países del mundo y los separó en dos bandos claros: los amigos y los otros.

En ese momento crítico, el entonces presidente Lagos marginó a Chile de participar en Iraq, y lo pudo hacer casi sin consecuencias debido a que el presidente de los EEUU era una persona sujeta a los cánones normales de la democracia y del respeto entre los estados. Eso ya no es mas así. No con Trump.

En este contexto de fondo debemos considerar que Chile ha firmado con EEUU una amplia variedad de compromisos, declaración de intenciones y de acuerdo políticos, diplomáticos y militares; formales y administrativos. Mientras su cumplimiento se materializó dentro de cánones “normales” no hubo problemas; lo que se solicitó y exigió estuvo mas o menos dentro de las líneas políticas sobrentendidas entre las partes, aun cuando no hubieran sido explicitadas específicamente. Actualmente y en el futuro próximo no existe ninguna seguridad que eso continúe vigente y que no se nos ponga ante disyuntivas difíciles de resolver.

Habría que comenzar considerando los efectos del cumplimiento, por parte de la administración del presidente Trump de la expulsión de los inmigrantes mexicanos desde EEUU y la reacción y respuesta regional; la imposición unilateral de proteccionismo económico, y el aporte que se nos exija para cumplir eso de “America first”.

Por otra parte, cada vez que Chile hizo alguna aproximación a China en el ámbito militar, aun la mas leve e inocua, nuestro socio norteamericano nos hizo saber su disgusto. Ahora estamos frente a una probabilidad muy alta de emprender un camino que nos aproximará a China alejándonos de EEUU en lo económico, lo político, lo estratégico y específicamente en lo naval/marítimo en el Pacífico.

Parece de la mas elemental prudencia evaluar con la mayor precisión posible el efecto que estos cambios producirán en el escenario de nuestra seguridad nacional y en particular sobre nuestra Armada, que hasta ahora ha recibido un trato especial, -en lo tecnológico, de acceso a información clasificada y a armas sofisticadas-, reservado a las Armadas amigas y de confianza..

En esta misma línea, me parece evidente que la inactividad, la gasificación ideológica y la falta de realismo de nuestro Ministerio de Defensa comienza a transformarse en una amenaza a la seguridad nacional y a confirmar que su incompetencia es dañina para Chile.

El repetitivo y rutinario Libro de la Defensa debería abocarse a tratar de entender que está pasando, como afecta a nuestra seguridad y como debe preparase nuestra defensa para apoyar los intereses nacionales en este nuevo escenario.

La Armada, cuyo campo de acción –el Océano Pacífico- es el espacio crítico en que se jugarán las políticas y estrategias globales en los próximos años necesita directivas específicas y claras de sus autoridades políticas.

Es hora de sacar de su reposo al Ministerio de Defensa

PIÑERA PRESIDENTE

Nicolás Noguera, gerente general de Bancard, sociedad de inversiones de Sebastián Piñera, mostró calidad humana y profesional al hacerse cargo de la crisis suscitada por los negocios entre Bancard y la pesquera peruana Exalmar y explicó que su gestión se basa en tres pilares:  hacer buenas inversiones, ser leal a sus mandantes y satisfacer sus expectativas.

No se le puede exigir sensibilidad política ni consideraciones éticas correspondientes a actividades de su controlador en relación a otras áreas de su quehacer. En este orden de cosas, mas responsabilidad tiene el hijo homónimo de Sebastián Piñera, miembro del Directorio de Bancard, quien es titular de un rol político en la conducción de la empresa y de protección del prestigio de su padre y controlador del grupo.

Por lo que se puede deducir de las informaciones públicas existentes hasta ahora, no habría delito, ni de Bancard ni de Piñera. Las amenazas del diputado Hugo Gutiérrez, insultador designado por Partido Comunista para sacar ventaja de este caso, son solo una muestra del actuar de esa secta, no tienen base.

En breve, a lo largo de muchos años, Piñera ha sido objeto de demandas y denuncias de diferente tipo. Nunca ha sido condenado. Esto indica que la justicia chilena, en cada caso, consideró que ninguna de esas acusaciones era delito, es decir, para la justicia chilena, Piñera siempre ha actuado dentro de la ley.

Sin embargo, reiteradamente ha tenido que dar explicaciones que convencieron poco o nada a la opinión pública y su prestigio y credibilidad ha sido afectado reiteradamente por estos hechos.

Paralelamente, sus partidarios, compañeros de partido y asociados a Chile Vamos confiesan que en esta campaña electoral esperaban que en cualquier momento saliera a la palestra su doble militancia, -en la política y los negocios-. Y estaban anímicamente preparados para sortearla; creían que la ciudadanía estaba acostumbrada a las periódicas denuncias de escándalos comerciales y financieros y que, como se señaló, no llegarían a ser probadas como delitos, por lo que una nueva acusación no cambiaría demasiado la invulnerabilidad del candidato Piñera.

Esta conformidad, en que la ausencia de un veredicto judicial negativo valida todos los comportamientos del empresario, está próxima al cinismo: “todos creen que no actúa éticamente pero como nada ha sido probado legalmente, podemos vivir con ello” y tácitamente quedan a la espera del próximo escándalo –en Chile o en el extranjero- para salir nuevamente en su defensa jurídica y volver a obtener una absolución legal, aunque simultáneamente gran parte de la opinión pública quede convencida que la acción fue  incorrecta o “fea”.

La moral es algo delicado de tratar. Obviamente las criticas de los Gutiérrez no valen nada, tienen que consultar el diccionario para averiguar el significado de la palabra, antes de emplearla. Las de otros chilenos, de la mayoría me atrevería a decir, si son importantes porque reflejan una manera de ser, de vivir y de entender lo que debe ser un líder nacional.

Cuando una persona, como Piñera, alcanza una fortuna descomunal, cuando sus intereses se desparraman por el mundo, se disuelven en una maraña de empresas, conglomerados y asociaciones y actúa en un medio en que la rapidez, la formalidad jurídica y la rentabilidad lo es todo, los parámetros éticos comienzan a diferir mas y mas de los que rigen el actuar de los chilenos comunes.

En el caso actual, Exalmar, las acciones, probablemente legales de Piñera y familia, están lejos de la comprensión y aprobación de los chilenos. Posiblemente estén dentro de los parámetros internacionales que rigen para este tipo de empresarios, que no son válidas para los ciudadanos de a pié. El actuar de Piñera – Presidente no es representativo de las formas ni del fondo que anima a la mayoría de los chilenos.

Esta inconsistencia derivará, una y otra vez, en enojosas y molestas explicaciones que nunca serán completamente satisfactorias, no por que sean falsas sino porque corresponden a muy diferentes visiones y posiciones en el mundo . Si a esto agregamos que el umbral de exigencia ciudadano sobre estos temas aumentó considerablemente los últimos dos años podemos anticipar un choque inevitable entre la ciudadanía y el primer mandatario.

El caso de la Presidente Bachelet -que fue catalogada como “incombustible” en el afecto, respeto y credibilidad que le profesaba la ciudadanía- muestra que todo puede venirse al suelo en un solo traspié afectando gravemente no solo al Presidente sino a la gobernabilidad del país.

Creo, sinceramente, que la adquisición de las acciones de la pesquera peruana por ahora no pone en tela de juicio la capacidad de Piñera para gobernar, su dignidad presidencial ni su compromiso con el interés nacional. También creo, que en las actuales circunstancias de la sociedad chilena la derecha debe buscar otro abanderado y debe evitar sucumbir a la ansiedad que causa el legítimo deseo de volver al poder. La consistencia entre lo que se dice y lo que se practica es, en estos años, vital.

La falta de entusiasmo y la escasez de voceros para salir en defensa del candidato muestra la incomodidad de muchos.

El próximo “MILAGRO BRASILEÑO”

En 1990 el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, con Lula a la cabeza, fundó en Brasil el Foro de Sao Paulo, para rearticular los partidos marxistas sudamericanos después de la debacle de la URRS. El único miembro que ejercía el poder ejecutivo en algún país era Cuba.

A fines del año 2001, con Cardozo al mando, Brasil decaía a ojos vista. Su proyecto social demócrata no pudo sostener el gasto necesario para financiar los servicios y prestaciones que se suponía que el estado debía proveer para satisfacer los derechos de sus ciudadanos. Para poder postular a un cuantioso crédito del FMI, éste les exigió apuntar a tasas de crecimiento anuales no inferiores al 4,5 % o el 5 % del PBI, reducir el tipo básico de interés -en ese momento entre los más elevados del mundo- del 18,5 % al 13 % y reducir la deuda pública de 259. 000 000, que representaba el 70 % de la deuda pública total y el 42 % del PBI; algo imposible para Cardozo y música para el populismo de Lula que ganó las elecciones a finales del 2002.

Lula se lanzó en grande: intentó buscar el liderazgo regional y trató de ganar un puesto como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En conjunto con Chávez obstruyó el ALCA promovido por EEUU. En conjunto con Turquía, propuso mediar para llegar a un acuerdo con el programa nuclear de Irán. Celso Amorín -su Ministro de RREE- se puso a disposición de la ONU para mediar entre Irán y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AEIA) sobre la energía nuclear.

El 1º de enero de 2003 en el acto de toma de posesión, Lula anunció el inicio del combate contra la pobreza. Durante los primeros meses de su presidencia, se inició el proyecto Hambre Cero, destinado a seis millones y medio de familias. Con el sustento de la bonanza económica mundial, se lanzó en un muy publicitado programa social que se dijo habría reducido la tasa de pobreza en forma sustancial y potenciado la escolaridad general.

El año 2005 se iniciaron los escándalos por la corrupción. El “Mensalao” o las Mensualidades, que fueron sobornos pagados a legisladores del Partido Laborista Brasileño para que votaran a favor del gobierno. El 1 de octubre de 2006 ganó por amplio margen la reelección hasta el 2011, en que lo sucedió su ahijada política Dilma Rousseff. El 4 de marzo de 2016, Lula fue arrestado y su casa fue allanada en la causa que investiga a Petrobras por corrupción desde hacia varios meses. Lula habría recibido 8 millones de dólares entre pagos por conferencias, viajes y regalos.

En medio de este escándalo, el 16 de marzo la Presidenta Dilma Rousseff lo nombró Ministro de la Casa Civil, equivalente a Primer Ministro, en una estrategia para evitar que Lula llegara a la cárcel, lo que derivó en un juicio político a Dilma que se fue complicando con nuevas acusaciones y concluyó con su destitución.

Durante el período de bonanza el PBI subió sustancialmente y se aseguró que la clase media hasta entonces débil, había crecido hasta ser mayoritaria, con mas del 50% de la población. Las estadísticas de comercio exterior mostraban que las exportaciones crecieron por sobre las importaciones. Los altos aranceles para las importaciones -hasta el 50% en algunos casos- siguieron altos en el criterio de que la fabricación en el país siempre significaba crecimiento.

El año 2015 Brasil se encontraba de nuevo en una veloz y profunda crisis. El PIB disminuyó en el 3.8% con una previsión de profundización para el año 2016. Según el gobierno de Rousseff la culpa era de la sequía y la disminución de la actividad económica en China. Se optó por la la conocida receta tipo FMI, austeridad y el incremento de impuestos. Esto redujo el consumo y la economía cayó en picada. Cayó el empleo (en 1,5 millones de empleos) y se estableció el control de precios. La corrupción detuvo las inversiones estatales en infraestructura. Un ejemplo fue Petrobras que detuvo la inversión de US$ 32.000 millones, a efectuarse en cuatro años, aunque la caída del precio del petróleo también contribuyó a desinflar las expectativas sobredimensionadas. El escándalo de corrupción comprometió empresas brasileñas de ingeniería y construcción, como Odebrecht, Andrade Gutierrez y OAS, sin mencionar la estrepitosa caída de Eike Batista, protegido de Lula y modelo de Lobo de Wall Street brasileño, que también incursionó en nuestro país.

El primer pulso electoral después de la debacle fueron las elecciones municipales, en que el PT bajó de 630 municipios controlados el 2012, a solo 256, es decir el 60%. Decayó brutalmente en la credibilidad ciudadana.

Según los líderes del PT, “el período de gobierno de Lula (2002-2010) fue el mejor de toda la historia nacional. Ricos y pobres han disfrutado de los beneficios de un país cuyo producto interior bruto (PIB) creció a una tasa promedio del 4% anual, con una inflación bajo control y baja tasa de desempleo (6,7% en promedio). Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), casi 30 millones de personas salieron de la pobreza entre 2001 y 2009, una hazaña reconocida internacionalmente, y que dieron lugar a la llamada nueva Clase C”. “Al igual que en la crisis argentina, los problemas comenzaron con el deterioro de los términos del intercambio, el debilitamiento del gobierno y la reversión de la cuenta de capital, y fueron acentuados por el crecimiento del gasto público”.

Según Carlos Ominami, tratando de tapar el sol con un dedo: “La destitución de Dilma no fue simplemente cambiar un Presidente. Se trata de algo mucho mayor aún: cambiar de modelo, derrotar un proyecto y para ello es imprescindible destruir a Lula y al Partido de los Trabajadores. La política que está poniendo en práctica el gobierno de Temer no tiene misterios. Se trata del triángulo clásico: recorte del gasto fiscal, disminución de impuestos y privatizaciones”. “La derecha llegó a la conclusión de que el ciclo progresista abierto por el primer gobierno de Lula era muy difícil de detener. Por ello, el objetivo principal, la presa mayor, finalmente no era Dilma: es Lula … que había llegado a ser el principal referente del progresismo a nivel mundial”.

La pobreza ocurre automáticamente; la riqueza en cambio, debe ser producida y explicada. Esto que parece tan obvio no lo es. Las políticos populistas se aplican a la distribución y dejan de lado la producción, es por eso que cuando se acaba al dinero que había llega inevitablemente la pobreza. Las políticas de Lula tarde o temprano debían hacer crisis y llevar a Brasil de vuelta a la pobreza. No cabe en alguien racional que explique que “Al igual que en la crisis argentina, los problemas comenzaron con el deterioro de los términos del intercambio”, porque ese cambio es de normal e inevitable ocurrencia y cualquier política económica basada en condiciones excepcionales de los términos de intercambio anormalmente favorables, es una irresponsabilidad y, con todo respeto, una estupidez.

En Brasil, Cardozo falló porque quiso crear, esta vez a escala regional, el probadamente fallido sistema económico de economía cerrada por altos aranceles (Mercosur), que debía “proteger temporalmente” a la oligarquía nacional con la ilusión que Brasil colonizaría económicamente al resto de sus miembros. Para colmo comenzó tratando de distribuir consiguiendo préstamos del FMI.

Lula se subió a los altos precios internacionales y se creyó rico. Estaba cantado que la plata se acabaría. Y se acabó. Gastó como loco dando amplias ventajas a los empresarios locales que hicieron mucho dinero y, como ya saben de que se trata este juego, no invirtieron, no mejoraron la productividad y apostaron todo a la especulación. De paso se embolsicaron cantidades siderales de dinero público administrado por funcionarios deseosos de ser corrompidos. La afición del propio Lula a los empresarios que deberían llevar la bandera imperial de Brasil a los confines de Sudamérica no fue completamente inocente, también mordió su pedazo.

Los grandes empresarios han jugado muchas veces a la política de la colonización regional que tanto gusta a todos los sectores políticos brasileños, desde Cardozo a Aurelio García –El Profesor-; desde Lula a los generales; desde los Teresinha de Castro a Itamaratí. A todos les gustaría expandir y controlar mercados y gobiernos regionales; ofrecer o imponer su tutela y tratar de apabullar con las enormes cifras que su país puede mostrar, que señalan un potencial pero no una realidad y en esas fantasías, dejan atrás la realidad, lo concreto y lo factible.

En pocos años, -uno o dos-, veremos un nuevo “milagro brasileño”. Con los mismos actores: la oligarquía prebendaria/nacionalista; los partidos políticos en busca de lechar la vaca rápida y exhaustivamente y a los académicos/ideólogos/geopolíticos iluminados, todos explicando al mundo, ahora con diferentes discursos, que Brasil “está condenado el éxito”, haga lo que haga.

Nada va a cambiar mientras no se le cobren sus errores a ese trío fatal y los impostores sean reemplazados por gente real.