Que proponga Morales

 

Las negociaciones que condujeron al Tratado de Paz y Amistad del 20 de Octubre 1904, entre Chile y Bolivia fueron acompañadas por una dura pugna interna en Bolivia, tan profunda, que aun no la superan. En su artículo 2° el tratado señala: “por el presente tratado, quedan reconocidos del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por éste en virtud del artículo 2 del Pacto de Tregua” de 1884 que puso fin a la guerra entre ambos países y entrega al control de Chile “los territorios comprendidos desde el paralelo 23° hasta la desembocadura del Río Loa”.

Chile por su parte se obligó – y cumplió – con la construcción de un ferrocarril de Arica a El Alto de la Paz, (4.063.561 libras esterlinas); los intereses de un préstamo contraído por Bolivia para la construcción de 6 líneas ferroviarias para unir diferentes partes del país (500.000 libras esterlinas); un pago al contado de 300.000 libras esterlinas; se hizo cargo de las reclamaciones reconocidas por el Gobierno de la Paz correspondientes a indemnizaciones privadas u obligaciones que afectaran a personas o empresas existentes en el litoral antes de la guerra; reconoció el más amplio libre tránsito por territorio y puertos chilenos pudiendo Bolivia instalar agencias de aduanas en los puertos que deseara y desde luego en Arica y Antofagasta. En total implicó un gasto de 7.000.000 de libras esterlinas de la época, que transformadas a dinero actual corresponde a aproximadamente US$ 300.000.000 monto que pesaron fuertemente en el presupuesto nacional por muchos años. Al decir de Oscar Espinosa Moraga, de la lectura del documento “parece desprenderse que Chile hubiera sido el vencido y no Bolivia”.

Esta aceptación duró solo 18 años. En 1918 Bolivia desconoció lo firmado e intentó llevar una reclamación marítima a la Liga de las Naciones, donde, previo informe en derecho, efectuado por tres juristas, es considerada inadmisible y rechazada.

1937: Como continuaran las peticiones bolivianas, en 1937, en el contexto de la Guerra del Chaco, se firma una Convención de Tránsito que reglamenta la cláusula pertinente del Tratado de 1904, con una generosidad sin precedentes: “Chile reconoce y garantiza el más amplio y libre tránsito a través de su territorio y puertos mayores, para las personas y cargas que crucen su territorio de o hacia Bolivia” … “El libre tránsito comprende toda clase de cargas y en todo tiempo, sin excepción alguna”.

1950: En 1950 se llega a una fórmula de colaboración entre Chile, Perú y Bolivia para el aprovechamiento de las aguas del Lago Titicaca, con la ayuda financiera de los EE.UU.. Tratándose de una obra de tal magnitud, en Chile se considera la posibilidad de conceder a Bolivia una salida al mar. El proyecto aborta debido a la oposición popular boliviana de incluir el uso del agua del Lago.

1962: El incremento, en 1962, del uso de las aguas del Río Lauca iniciado en 1939, lleva a una crisis en las relaciones entre ambos países que desata una violenta reacción en Bolivia, exacerbada por la creciente impopularidad del gobierno del Presidente Paz Estensoro. Se inicia con ataques verbales y concluye con la ruptura de relaciones diplomáticas. Durante esta crisis, Bolivia conecta el tema del aprovechamiento del agua del Río Lauca con la satisfacción de su “problema portuario” y lo extrapola llevándolo a considerarla la causa de su pobreza y atraso general. La campaña antichilena resulta irresistible y Paz Estensoro cae en noviembre de 1964.

1975:El 8 de febrero de 1975 se suscribió la llamada Acta de Charaña entre los presidentes de Chile, General Augusto Pinochet y de Bolivia, General Hugo Banzer. Este acto, que fue una iniciativa chilena, dio comienzo a negociaciones tendientes dar a Bolivia una salida soberana al Océano Pacífico. Como se señaló, las relaciones entre Chile y Bolivia estaban rotas desde 1962, por lo que uno de los primeros puntos del Acta de Charaña era restablecerlas, para iniciar la búsqueda de “fórmulas de solución a los asuntos vitales que ambos países confrontan, como lo relativo a la mediterraneidad que afecta a Bolivia, dentro de las recíprocas conveniencias y atendiendo a las aspiraciones de los pueblos boliviano y chileno”.

La Embajada Boliviana en Santiago, el 26 de agosto, entregó una Ayuda Memoria con “los criterios concretos que a su juicio deberían servir para un acuerdo”.

  • Cesión a Bolivia de una costa marítima entre la Línea de la Concordia y el Límite del radio urbano de la ciudad de Arica y una faja territorial desde dicha costa hasta la frontera chileno – boliviana, incluyendo la transferencia del ferrocarril de Arica a La Paz.
  • Cesión a Bolivia de un territorio soberano de 50 Km. de extensión a lo largo de la costa y de 15 Km. de profundidad, en zonas apropiadas a determinarse, alternativamente, próximas a Iquique, Antofagasta o Pisagua. Esta “faja costera” estará conectada con el actual territorio boliviano “de acuerdo a características especiales”.

 

En Bolivia comenzó a gestarse un creciente rechazo a la “compensación territorial” considerada en el acuerdo, mediante el cual Chile recibiría una compensación por el espacio que cedía a ese país, rechazo que terminó impidiendo al Presidente Banzer la continuación de las negociaciones.

  1. Banzer. En esta oportunidad Bolivia propuso un corredor y alternativamente la opción de un enclave, entregando para ello tres opciones. El corredor soberano abarcaría desde una zona contigua a la periferia norte de la ciudad de Arica y el límite internacional Chile-Perú. Sin compensaciones territoriales, pero con algunas en recursos hídricos compartidos y algunos recursos menores. La alternativa era un enclave que podría ubicarse: uno en la región de Atacama y dos en la de Antofagasta. Muere Banzer.

2001. Desde el año 2001, ya en el gobierno de Quiroga, en Bolivia, comenzó a especularse con la posibilidad de exportar gas boliviano a través de un ducto que saldría por algún puerto chileno.   En diciembre de ese año, la compañía Sempra Energy y el Consorcio Pacific LNG, firmaron un memorandum de entendimiento mediante el cual se acordaba la venta del gas, en exclusividad, en los EE.UU.. Solo faltaba la autorización del gobierno boliviano respecto al puerto a emplear para construir las instalaciones para la licuefacción y embarque del combustible. En junio del 2002, se dio a conocer un estudio realizado por técnicos del Consorcio Pacific LNG, en que se señala que la mejor alternativa para la construcción del gasoducto era a través de Chile, tanto por condiciones de menor distancia como mejores condiciones hidrográficas y ventajas para la obtención de financiamiento internacional. Ante la indecisión del gobierno boliviano, Sempra Energy da un ultimátum al Presidente Sánchez de Lozada que está armando su gabinete y recibiendo el gobierno nacional. Éste da a conocer, en forma extraoficial, que optará por la salida del gas por un puerto chileno, aunque sin manifestarlo abiertamente. Esto enrarece aún más las condiciones políticas internas de Bolivia. El 12 de octubre del 2003 se inician las revueltas en el sector de El Alto, próximo a La Paz, en rechazo al negocio de exportación del gas; sentimiento antichilenos y reclamos de los plantadores de coca. Evo Morales, dirigente cocalero y portavoz de los reclamos de ese sector, toma el liderazgo de las protestas. Se producen enfrentamientos y muertes. El 13 de octubre, Carlos Mesa, vicepresidente del gobierno de Sánchez de Lozada, deserta del gobierno y se pasa a la oposición. El gobierno se desintegra. El 17 del mismo mes el presidente huye a EE.UU. y el Congreso designa a Meza en su reemplazo. Meza da señales de querer continuar con el negocio de la exportación del gas y las reacciones son violentas, poniendo en peligro la continuidad de su gobierno. Meza “traiciona” a Lagos y hace público que se ha hablado de corredor. Rabieta de Lagos. Meza echa pié atrás. Renuncia a la Presidencia.

2005. La elección de Evo Morales. Asume en condiciones precarias y de entrada declara su hostilidad hacia Chile. Se aproxima a las FFAA y resalta su nacionalismo. En 2006 inicia la agenda sin exclusiones con Bachelet, agenda para vél li8mitada al punto N° 6, salida al mar. Negocia un posible enclave. Termina el gobierno de Bachelet y Piñera sostiene conversaciones reservadas con Evo en las que le propone un corredor al norte de Arica. Le explica circunstanciadamente los números del acuerdo: costos de transporte ferroviario, marítimo, tiempos y costos de transferencia de carga y otros parámetros. Evo parece no entender nada, se siente humillado y se retira molesto, pocos días después anuncia su concurrencia a la Corte Internacional de Justicia, con una demanda contra Chile para que obligue a éste a negocia de buena fe, sobre una oferta concreta y en plazos breves.

¿Por qué tantos fracasos?. Me parece que la historia es clara: desde el comienzo en Bolivia se formaron del bandos, los “reivindicacionistas” que aspiran a ninguna otra cosa que a la devolución de la Región de Antofagasta, que rechazan toda compensación a Chile, sea territorial, comercial y de acceso a recursos naturales aun cuando sea en mejores condiciones que como lo hace con otros países, como sucedió con el gas. Su rechazo toma la forma de asonadas nacionalistas muy violentes y odiosas que en varios casos terminaron en el derrocamiento del gobierno. El otro grupo, los “practicistas”, creen que lo mas conveniente para Bolivia es un acceso directo y eficiente al puerto de Arica, lo que sería bueno para las importaciones y exportaciones y para la industria y el comercio en general.

Chile generalmente inicia las negociaciones con un gobierno “Practicista” y concluye con su ruptura por parte de un gobierno “Reivindicacionista”.

¿Por qué razón Evo Morales tendría éxito en una negociación con Chile siendo él un “reivindicacionista” convencido y practicante?. Tanto así que con ese argumento derrocó a Sánchez de Lozada y tuvo en las cuerda a Carlos Meza. ¿Por qué habría de comprometerse a fondo con una negociación si sabe que se encuentra en una situación ganar – ganar, sea que tenga éxito en sus pretensiones o que se retire indignado y entre improperios contra Chile?

El peor error que podría cometer Chile –otra vez- es ofrecer una alternativa de solución a Bolivia que seguramente solo servirá para apuntalar políticamente a Morales y darle más munición a sus “derechos expectaticios”.

Esta vez es Bolivia –Morales- quien debe diseñar una oferta, socializarla entre los bolivianos y asegurar que si es sometida a plebiscito, será aprobada y luego ofrecerla a Chile.

La historia también muestra que esa oferta será bien recibida por Chile si es que incluye compensaciones territoriales proporcionales; compromisos para un desarrollo económico conjunto, es decir comercio e inversiones; hacerse cargo de convencer a Perú de que no obstruya el acuerdo, si la propuesta lo hiciera necesario; compromisos formales –jurídicos y políticos- que con este arreglo no habrá nunca más nuevas peticiones y que este nuevo arreglo incorpora y se hace cargo de todos los compromisos de libre tránsito, acceso preferencial a territorio y puertos nacionales y toda otra servidumbre y facilidad concedida en el pasado concentrándolos en el nuevo acceso al mar que se le conceda.

Suena extraña la petición de “buena fe” que Morales hace a Chile, especialmente después de retirar las “reservas” a la compet5encia del Tribunal Penal Internacional días antes y solo para poder presentar la demanda contra Chile. Y en un tribunal creado para prevenir conflictos, no para crearlos donde no existen, y en circunstancias en que los tratados vigentes están siendo aplicados cabalmente durante el último siglo.

 

 

 

 

Brasil ¿de regreso en el Planeta Tierra?.

El domingo 16 de marzo, en una entrevista a Marco Aurelio García, asesor internacional y estratégico de la presidencia de Brasil desde 2007, -es decir asesor tanto de Lula como de Dilma Rousseff-, el Profesor se expidió sobre una serie de materias relativas a la política exterior que aplicará el nuevo gobierno de Chile. La entrevista se titula “La Alianza del Pacífico no es relevante como se plantea”. Nadie podría estar en desacuerdo. La Alianza sería mucho más relevante a nivel regional y mundial si incorporara a toda Sudamérica. Pero el fondo del asunto no es ese, sino la factibilidad de hacerlo con las políticas ideologizadas y sectarias del Gobierno chavista; con los prejuicios y ambiciones de los geopolíticos delirantes de Brasil y con la discrecionalidad y corrupción que campea en Argentina. ¿Cómo avanzar hacia el desarrollo con políticas evidentemente fracasadas?.

Intencionada o inadvertidamente, García repite una sucesión distorsiones de la realidad protagonizada por Venezuela, Brasil, Bolivia y Argentina y se queja sin fundamentos. La realidad es bastante menos amistosa con Chile de lo que él sugiere.

El proyecto internacional de Brasil preparado como apronte para la reunión de ALCA en Quebec fue lanzado el 31 de agosto de 2000 bajo la premisa de que era necesaria una América del Sur más coordinada y unida. El Palacio de Ytamaraty a través de su Canciller Lampreia  señaló en ese entonces que “Brasil estaba dispuesto a desempeñar un rol compatible con su tamaño y con el tamaño de su mercado y de su territorio”. Después de describir un sombrío panorama de la situación regional, Lampreia concluía que “se requiere un urgente cambio de enfoque ya que si no se arregla primero lo político y la política, será difícil arreglar las diferencias del desarrollo económico y social. Debemos tener en claro que para Brasil el Mercosur es un peón y eso no basta y que el ALCA es una alternativa, no un destino”. El 23 de mayo de 2001, la prensa bonaerense publicó un reportaje que señalaba: “La Política Exterior de Brasil sigue infisionada por las ideas rectoras de sus geopolíticos … de construir una potencia sudamericana territorial y marítima capaz de brillar con luz propia entre las grandes y poderosas naciones del mundo”. En breve, los líderes brasileños declaraban que para llegar a ejercer liderazgo regional y protagonismo mundial, requerían la creación de un instrumento político propio que le permitiera influir en el total de América del Sur para alinear a los países.

Por otra parte, los intelectuales brasileños, entre los cuales suponemos estaba Marco Aurelio García, arribaron a un diagnóstico geopolítico que, según lo señala Fernando Henrique Cardozo, en su artículo titulado “La diplomacia inerte de Brasil”“hubo un error estratégico … en la evaluación de las fuerzas que predominarían en el mundo y de la posición de Brasil en el orden internacional que se trasformaba. Nuestra diplomacia se guió por la convicción de que estaba surgiendo un nuevo mundo. La convicción implícita era que, posterior a la caída del Muro de Berlín, después de un breve período de casi hegemonía de Estados Unidos, asistiríamos a la corrección del rumbo.Siempre soñamos con un mundo multipolar en el cual los “grandes” tuvieran que compartir el poder y que nosotros, los brasileños, poco a poco nos volveríamos actores legítimos en el gran juego de poder global”.

El año 2003, Lula asumió como presidente de Brasil para permanecer en ese puesto hasta el 31 de diciembre de 2010, siendo sucedido por Dilma Rousseff. Los dos períodos de Lula, -acompañado de una potente alza de los precios de las materias primas-, le permitieron desplegar toda su simpatía y carisma acompañado de un aura de éxito económico y avance social. Lula saltó al estrellado. En pocas palabras, el gobierno de Brasil creía contar con un líder carismático que podía aprovechar la ventana de oportunidad y transformar a Brasil en potencia global. Era el momento.

El 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez fue elegido presidente de Venezuela. Tras la redacción de una nueva constitución, fue reelegido en julio del 2000 hasta el 2006. Dos años más tarde, el 11 de abril del 2002, fue objeto de un intento de golpe civil – militar que fracasó. Con posterioridad a esta crisis, su discurso se radicalizó aún más y prontamente se asoció con Lula, que se convirtió en su mentor e incondicional apoyo político. Lula decía a la prensa: “Chávez cuenta conmigo, cuenta con nosotros desde el PT [Partido de los Trabajadores, de Brasil], cuenta con la solidaridad de la izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano: tu victoria será nuestra victoria”, “Las clases populares nunca fueron tratadas con tanto respeto, cariño y dignidad”.

Los días 11 y 12 de noviembre del año 2004, siete años antes de la creación de la Alianza del Pacífico, ya en plena luna de miel con Lula, Chávez se explayó sobre “El nuevo mapa estratégico” en que se movía la Revolución Bolivariana. Respecto a América Latina señaló:

“Se han venido definiendo dos ejes contrapuestos, Caracas, Brasilia, Buenos Aires. Existe el otro eje, Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile, ese eje está dominado por el Pentágono, es el eje monrroísta … Monroe o Bolívar, este es el eje monrroísta y este es el eje Bolívar (muestra en el mapa). Claro que la estrategia nuestra debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad Sudamericana”.

Es claro que Chávez y Lula, concordaban en que para “influir lo suficiente en América del Sur” había que quebrar o establecer el control sobre el eje Bogotá- Lima -Santiago de Chile, en vista a “enterrar el modelo económico, imperialista, capitalista”, como explicó Chávez el 4 de noviembre de 2005 en la III Cumbre de los Pueblos de América realizada en Mar del Plata.

Chávez creó Unasur y lo puso a disposición de Lula. El “instrumento” estaba listo.

En breve plazo tanto Morales con Bolivia y Ecuador con Correa fueron cooptados por una combinación de petrodólares e ideología populista. Con Perú falló la movida ya que Humala que resultó ser menos populista y más hábil de lo esperado: se sacudió a Brasil, controló a los activistas chavistas y avanzó por su cuenta dentro del camino trazado por su antecesor Alan García.

Siete años después del sinceramiento de Chávez, el 12 de abril del 2011, nace la Alianza del Pacífico que organiza formalmente a los países del “eje del Pacífico” identificado por Chávez como objetivo a ser dominado o quebrado. Se puede apreciar que más que una acción excluyente, la creación de este referente libremercadista y globalizado constituye un movimiento reactivo de autoprotección ante el activismo del eje Orinoco, Amazonas, Rio de la Plata o “eje del Atlántico” de Hugo.

En esos mismos años el Mercosur, transformado en el reñidero entre Brasil y Argentina, no resistía mas el déficit fiscal, las subvenciones y la corrupción, y Venezuela sobre extendida en dádivas y “aportes”, endeudada y con su industria petrolera destruida, comenzaban a dar claras muestras de agotamiento. El año 2014, en Venezuela y Argentina el populismo estalla en cámara lenta pero inexorable. Venezuela se aproxima al auto golpe de estado o a la guerra civil, en medio de la quiebra económica, la violencia, el desabastecimiento y la rabia popular, y responde a las demandas de los estudiantes con balas y grupos de choque en motocicletas. Argentina en medio de una crisis económica dramática, con inflación, estancamiento y crisis macro económica vuelve en busca de crédito al Banco Mundial, el Club de París y al odiado Fondo Monetario Internacional.

Agotada la política de estímulo al consumo y subsidios directos, cuyo epílogo estamos viendo en estos días, Brasil busca ansiosamente como salir del atolladero político en que se metió, haciendo como que no se da cuenta de lo que pasa en Venezuela y tratando de zafarse de Maduro, los Castro, Ahmadineyad, Erdogan, El Asad y otras joyitas.

Volvamos a la entrevista de García. Consultado el año 2014 respecto a que espera la administración de Rousseff de la política exterior de Bachelet, cándidamente responde: “Queremos dar una importancia muy grande a la relación con Chile y no separar a América del Sur en Atlántico y Pacífico”. Parece una declaración increíble. Recuerda la fábula del zorro y las uvas: Un zorro que vagaba por el campo muerto de hambre, encuentra un racimo de uvas colgando de un árbol, luego de infructuosos intentos por alcanzarlo, se aleja murmurando: ¡No importa, total, las uvas estaban verdes!.

Revisado el desarrollo de los acontecimientos no cabe duda que hubo alejamiento en la región y que se produjo debido a que Colombia, Perú y Chile se negaron a incorporarse al fallido intento populista del eje “bolivariano” y prefirieron seguir por su cuenta aplicando las políticas económicas y de integración a la economía mundial que les estaba resultando exitosa. Si hubo maniobras sectarias y excluyentes corren por cuenta de Chávez, Lula/Rousseff y los Kirchner, que azuzaron a Bolivia contra Chile e intentaron marginar a nuestro país para forzar su ingreso a su “eje”.

Si ahora  Brasil está tratando de deshacerse del fallido intento de política económica proteccionista y populista, bienvenido, pero falta más;  es imprescindible que abandone su ideología imperialista decimonónica. Para el Brasil petista la democracia es una suerte de comodín que unas veces se defiende y otras no, dependiendo de quién se trate, en el caso de los hermanos Castro y de Maduro, la cláusula democrática es una minucia intrascendente, no así en Paraguay. Este pragmatismo le causa daño a su imagen internacional.

Sería muy positivo reencontrarnos con Brasil y Argentina de vuelta en el planeta Tierra si es que Brasil comprende que la “potencia emergente” no es Brasil, sino la Alianza de Países de esta Región.

Desde nuestra perspectiva chilena  ¿por qué cambiar un amo imperial que es rico, tiene intereses mundiales y está lejos; por otro que es pobretón, provinciano y está encima todo el día?.

La idea de Marco Aurelio García de un ABC incluyente -con Colombia y México-, si es cierta, parece ir en la dirección correcta.

Bolivia, Chávez y el Mar

Los días 11 y 12 de noviembre del año 2004, siete años antes de la creación de la Alianza del Pacífico nacida en 12 de abril del 2011, el comandante Chávez se dirigió  a los“señores gobernadores, gobernadoras, alcaldes, alcaldesas, diputados, diputadas, dirigentes de nuestros partidos políticos, Alto Mando Militar, dirigentes sociales, ministros, ministras, señor vicepresidente y todos ustedes. Presidentes de empresas del Estado, dirigentes de distintos entes públicos de los más diversos”, para explayarse sobre “El nuevo mapa estratégico” en que se movía la Revolución Bolivariana.

El texto del Seminario fue editado por Marta Harnecker, su asesora marxista chilena, quien “suprimió repeticiones y datos de menor interés”, trabajo que sin duda todos agradecemos.

En una de sus intervenciones el Comandante  expuso la visión del mundo en que estimaba que se movía Venezuela. Respecto a América Latina señaló:

“En América Latina, vivimos un momento bastante interesante. En América Latina hay un gran forcejeo, es un forcejeo histórico de dos siglos por lo menos. Veamos el mapa de la América Latina y el Caribe. Vamos a mirar América del Sur. Se han venido definiendo dos ejes contrapuestos, Caracas, Brasilia, Buenos Aires. Ese es el eje sobre el cual corren vientos fuertes de cambio con mucha fuerza. El imperio va a tratar de debilitarlo siempre o de partirlo, incluso. Cuando nos dieron el golpe a nosotros antes de que ganara Lula, estaban tratando de evitar la conformación del eje, ya se preveía, pero no pudieron. Además ganó Tabaré Vásquez y el Frente Amplio en el Uruguay, lo cual fortalece el eje que pudiéramos llamar Orinoco-Amazonas-Río de la Plata. … Existe el otro eje, Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile, ese eje está dominado por el Pentágono, es el eje monrroísta y éste (muestra en el mapa) es el eje Bolívar, en referencia al eje Orinoco-Río de la Plata. Bolivia pudiera estarse convirtiéndose en una excepción y pudiera estarse acercando más a este eje. Sin embargo, aún es temprano para concluir en eso, así que Bolivia pudiéramos dejarla todavía allí. Claro que la estrategia nuestra debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad Sudamericana y creo que no es un sueño, creo que nunca antes en América se había dado una situación como ésta”. 

Parece indiscutible que no fue Chile quien se alejó de Sudamérica sino parte de Sudamérica, -los bolivarianos Venezuela, Brasil y Argentina y los de Alba, receptores de los subsidios petroleros de Chávez-, los que excluyeron a Chile por razones ideológicas, varios años antes de la existencia de la Alianza del Pacífico y mucho antes del gobierno de Presidente Piñera. Una clara muestra del sectarismo ideológico fundacional del grupo es la mofa que Chávez hacía del Presidente Lagos, quien según Hugo “dice que es socialista” y de Evo que exige a Bachelet que de pruebas de su socialismo cediendo ante Bolivia.

Después del fallido golpe de estado del 11 de abril del 2002 que casi lo derriba, Chávez adquirió una sólida antipatía por Lagos y por Chile, a quien acusó de simpatía por los golpistas y a partir de entonces se trasformó en el vocero de la aspiración marítima boliviana. Con la simpatía de los gobiernos de izquierda de la región, mas el apoyo de Fidel Castro el insultador profesional de la izquierda latinoamericana, Hugo las emprendió contra Chile y su Presidente. El 13 de enero del 2004, en la Cumbre de Monterrey, Chávez acusó a Lagos de mentiroso y repitió por enésima vez y en cuanto lugar y auditorio encontró, su voluntad de bañarse en una playa boliviana en el Océano Pacífico. Luego insistió en que Chile debía dar salida al mar a Bolivia y que él le regalaría “todo el asfalto que pudiera necesitar para hacer una carretera hacia al mar”.

En ese mismo contexto, entre Brasil y Venezuela le regalaron un lote de aviones de entrenamiento a la Fuerza Aérea Boliviana. Nada relevante como poder aéreo, pero todo un símbolo político. Poco tiempo después, Evo Morales se declaraba “uno de los admiradores de Fidel Castro y de Hugo Chávez”, y que los consideraba los principales aliados de su gobierno. El 26 de mayo del 2006, Venezuela y Bolivia firman el Acuerdo de Cooperación Técnica “para el mejoramiento y la complementación de las capacidades de defensa de cada país”. Nuevamente, nada para asustarse, pero clara muestra de antipatía hacia nuestro país, ya que se hacían alusiones a la protección de las fronteras bolivianas y la instalación de guarniciones en el Río Silala y otros lugares conocidos por los chilenos.

Brasil, como aspirante a líder regional no podía quedarse atrás, el año 2012, Marco Aurelio García, asesor de Dilma Rousseff para asuntos estratégicos internacionales, propuso que Unasur –una criatura parida por Chávez  y adoptada por Brasil a los pocos meses de edad- con el mismo García a la cabeza, tomara cartas en el asunto: “El asesor internacional de Dilma Rousseff aseguró que le gustaría “ayudar” en estos temas”. “estos diferendos se pueden resolver de manera generosa”. Obviamente el peso de la generosidad la pondría Chile. Argentina tampoco se inhibió de dar vuelo al columpio y hacer ruido para que “el problema se resolviera”.

Todo el grupo bolivariano, concertadamente, haciendo fuerza por Bolivia y en contra de Chile.

Es muy curioso que en estos días se diga que, a partir de este gobierno, la política exterior de Chile no tendrá sesgos ideológicos, en circunstancias que hemos sido objeto de un trato excluyente por parte de la izquierda chavista y petista (del PT) precisamente por razones ideológicas.

Morales se creyó el cuento. En su imaginación doblegar a Chile estaba al alcance de la mano, solo faltaba un poco mas de presión y juego de piernas. En uno de sus viajes a Chile los grupos bolivarianos, financiados por Chávez y en parte también por el gobierno argentino, se concentraron en el velódromo del Estadio Nacional para corear “Mar para Bolivia”. Evo se manifestó conmovido y atribuyó este apoyo a la “diplomacia de pueblos”, que saltando por sobre los gobiernos, incluso del que lo había invitado, imponía los deseos de las bases directamente.

Que los concurrentes aplaudieran a Evo y gritaran Mar para Bolivia no era extraño, ya que era la barra organizada y financiada por ellos mismos. El balde agua fría vino pocos días después cuando una encuesta señaló que el 80% de los chilenos ahora se oponía a cualquier dádiva territorial a Bolivia. El tiro había salido por la culata.

Hoy día el bolivarianismo se desfonda y estalla en cámara lenta pero inexorable. Venezuela se aproxima al auto golpe de estado o a la guerra civil, en medio de la quiebra económica, la violencia, el desabastecimiento y la rabia popular, y responde a las demandas de los estudiantes con balas y grupos de choque en motocicletas. Argentina en medio de una crisis económica dramática, con inflación, estancamiento y crisis macroeconómica vuelve  al Banco Mundial, el Club de París y al odiado Fondo Monetario Internacional en busca de crédito y Brasil busca ansiosamente como salir del atolladero político y económico en que se metió, haciendo como que no se da cuenta de lo que pasa en Venezuela, lo que muestra en la práctica que su pretendido “liderazgo” no es tal.

El sectarismo y la exclusión no corrió por cuenta nuestra, sino que fue el arma de los bolivarianos y petistas para tratar de forzarnos a ingresar a su grupo, hoy fallido, y que usó la aspiración boliviana como arma contra nuestro país.

Evo Morales perdió esta vuelta y haría bien en tomar nota de ello. La respuesta de la Presidente de Chile respecto al asunto es demoledora: “Aquí hubo una decisión del gobierno de Bolivia de llevar este tema a un tribunal internacional, y Chile expondrá su posición allá”.

No más lloriqueo, quejas de que lo desprecian ni referirse a los chilenos como “hermanos”. Si Morales quiere algo de Chile que lo diga con claridad y concretamente. No más vaguedades. Que por una vez actúe responsablemente y que jamás olvide que conspiró con los enemigos de Chile creyendo que nuestro país estaba débil y vulnerable.