ANOMIA MILITAR

Una competencia deportiva entre los integrantes de diversas promociones de la Escuela Militar derivó en una crisis que dio el vamos a toda suerte de especulaciones respecto a su origen, causas, intenciones, significados y consecuencias. Se ordenaron investigaciones en plazos anti reglamentarios, el Ministro entró en contradicciones, reconoció la escasés de sus atribuciones de mando, el Presidente estuvo ausente y se especuló respecto a la existencia de un eventual complot.
Analizado con distancia, el problema parece ser mas simple pero no menos grave. Actores relevantes de la estructura del Ejército actuaron fuera de los márgenes normales o esperados, fuera del control de sus mandos naturales y en forma aparentemente inexplicable.
Una importante institución militar, el Ejército, parecía afectado por una condición sociológica grave: anomia.

La anomía en un estado de alienación de los miembros de un grupo, que limita o impide a sus autoridades ejercer el control sobre ellos. Surge cuando las reglas sociales se han degradado o han desaparecido y dejan de ser respetadas, explica las conductas antisociales y alejadas de lo que se considera como normal o aceptable en la estructura social existente.

La anomía es fatal en las organizaciones militares y precede por muy poco a su desintegración y desbande. Esta alienación suele tener su origen en la pérdida de legitimidad de las autoridades, en su incapacidad técnica o en su carencia de liderazgo, que destruyen la disciplina y la cohesión interna del grupo.
La crisis que estamos viendo en el Ejército tiene, en alto grado, este componente.

Un breve resumen de los antecedentes. Un Comandante en Jefe que al salir a retiro deja expuesto su comportamiento deshonesto. Que ejerció su cargo inmerso en un grupo desprestigiado: un vendedor de armas de mala fama; un político traficante de influencias y con las mejores conexiones con la autoridad; un abogado demasiado diestro e inescrupuloso y una corte de subalternos aspirantes a heredar el poder institucional. Lo reemplaza un oscuro miembro junior del grupo, que recibe el apoyo y apalancamiento del operador político que tira los hilos; es nombrado con inusitada antelación y rapidez por el gobierno saliente, en medio de la frustración institucional.

Se inicia la limpieza y despeje de los miembros del equipo derrotado que aspiraba al poder y que no lo alcanzó. Renuncian prestigiosos oficiales, personas de primer nivel personal y profesional que conformaban el grupo que la institución esperaba que rescataría a la institución de su postración moral y de su pérdida de prestigio, que al ver coartadas sus posibilidades profesionales abandonan sus cargos, para regocijo de los miembros del equipo ganador.

¿El gobierno actual dirimió de esa forma la pugna entre ambos grupos?, ¿la vio venir y no hizo nada?, ¿o solo pasó por su lado sin que se percatara?

Otro antecedente crítico es el hecho de que el Ejército, mas aun que las otras Instituciones, es la moneda de cambio de la pugna política -de ya medio siglo de duración- entre políticos de derecha e izquierda que no tienen el valor, la decencia ni el interés en apartarlas de la escena política desde donde reciben continuos ataques y descalificaciones que no pueden responder.

Esto explica el éxito del operador que administraba la benevolencia del Gobierno anterior hacia uno u otro grupo militar y les iba señalando lo que debía o no decir y hacer para contar con el favor de la autoridad política y de paso fortalecer su propio poder.
Lo señalado y la anomia que ello ha producido, es la base de la comedia de equivocaciones ocurrida recientemente en la Escuela Militar.

La autoridad suprema de las FFAA es el Presidente de la República y su mano derecha es el Ministro de Defensa. Aquí nos encontramos con una primera luz roja: La diferencia entre las Constituciones de 1925 y de 1980 es clara: en la primera correspondía al Presidente mandar personalmente a las FFAA, en la segunda en cambio, solo en caso de guerra le corresponde asumir su Jefatura Suprema. Esta disposición apunta a evitar que el Presidente use a las FFAA con fines políticos – partidista (Allende), pero a falta de otra disposición, deja a las FFAA sin jefatura suprema en tiempo de paz. De ahí la impotencia de que se queja el Ministro de Defensa.

Esta es una situación aparentemente cómoda para todos: el Presidente descansa en el Ministro, el Ministro no manda a las FFAA y descansa en paz; los Comandante en Jefes ganan autonomía, todos felices; solo que el sistema no funciona, va generando anomía y cuando se desata una crisis, por pequeña e irrelevante que sea –como las inoportunas palabras de agradecimiento a su padre por parte del Coronel Miguel Krassnoff hijo- se produce en pánico general que es aprovechado por cuanto aventurero político pulula por los mentideros capitalinos.
Aparecen las medidas drásticas, los plazos ilegales y arbitrarios que solo agudizan la crisis y sobre todo dejan al desnudo la carencia de liderazgo de los mandos gubernamentales.

En breve, esta situación es el resultado de años de inexistencia de un Ministerio de Defensa eficaz, técnicamente idóneo, respetado y respetable. La eliminación de las asignaciones presupuestarias automáticas derivadas de la Ley Reservada del Cobre y su reemplazo por un mecanismo que relaciona capacidades con presupuesto vendrá a incrementar la visibilidad de la incompetencia técnica y administrativa del Ministerio de Defensa, de la misma manera, tan pronto como se presente una crisis internacional real que demande la puesta en ejecución de planes militares, la exótica organización del Estado Mayor Conjunto, dejará en evidencia que se trata solo de un esquema destinando a diluir las responsabilidades políticas sobre la defensa y a dejar a la improvisación como el recurso final y decisivo.

Las FFAA, cuando son mandadas adecuadamente son organización fuertes y sólidas, pero cuando son sometidas al abandono por parte de sus mandos, a la traición de sus líderes o privadas de sus rituales y formas, son tremendamente débiles.
Una vez destruidas es muy difícil volver a ponerlas de pié.
Es hora de tomar en serio a la defensa y a los militares.

EL PÁNICO SE LLAMA BOLSONARO

Todo indica que el próximo presidente de Brasil será Jair Bolsonaro.
Eruditos y exploradores de internet profundo han buscado y encontrado cuanta indiscreción y desatino dijo en los últimos veinte años. Ha sido traído a la actualidad todo aquello que los administradores de lo políticamente correcto han implantado en las mentes blandas de las audiencias mediáticas, estimulando las reacciones pavlovianas de las masas que materializan las redes sociales.

Dado el fervor y entusiasmo crítico de los analistas y periodistas de izquierda locales, pareciera que Bolsonaro está en vías de ser presidente de Chile, en reemplazo del líder suave y acogedor de las ponencias de izquierda, que hoy día lidera nuestro país.

Una ex presidente, la Sra. Bachelet, concurrió a Brasil a dar testimonio de su rechazo al encarcelamiento de Luiz Inacio da Silva por corrupción y abuso de poder. Antes, prohombres del PS habían enviado una carta para lo cual, adorando lo que habían quemado, concurrieron a la presencia del Papa Bergoglio -que al decir de un periodista agudo, tiene mucho corazón y poco cerebro-, para pedirle y obtener su apoyo y recoger algo de su legitimidad para “exigir” la liberación de alias Lula.

Afortunadamente para los signatarios de la carta, la prensa brasileña y mundial no les prestó ni la más mínima atención, liberándolos de hacer un ridículo aun más grande.

En medio del naufragio de la izquierda chilena, suena raro que aún se atrevan a dar lecciones y asesorías al Partido de los Trabajadores de Brasil, después de dar en Chile y ante el mundo un curso práctico de cuatro años de incapacidad administrativa, ideas obsoletas y prejuicios sesenteros y lo peor, del rechazo generalizado a sus políticas por parte de la ciudadanía y del abuso matonesco de su mayoría parlamentaria, aún pretendan dictar cátedra internacional de buen gobierno.
Tal vez lo mas llamativo, dentro del espectáculo de inconsecuencias, es la escandalera por los dichos atribuidos a Bolsonaro dejando en penumbra la violación reiterada y gravísima de los Derechos Humanos en Venezuela, Nicaragua y Cuba y la corruptela del PT en Brasil y Cristina en Argentina.

Esta moralina histérica es explicable sólo por el pánico que sienten ante su incapacidad para entender el mundo actual y la triste constatación de que han vivido una vida de errores y engaños.

Un último tema de reflexión.
La izquierda de Chile muestra su consternación y repudio a que Bolsonaro sea favorable a la modificación del Estatuto del Desarme que restringe la posesión de armas de fuego; que sea favorable a la reimplantación de la pena de muerte para secuestradores, violadores y traficantes de drogas y que no está dispuesto a violar a la diputada María do Rosario porque la encuentra fea.
Mas autoritario aún, Ricardo Lagos, ex presidente de Chile, declara que “debemos decir no a Bolsonaro”.
Si Bolsonaro fue Diputado en 7 períodos consecutivos; es el diputado federal más votado de Rio de Janeiro; fue el diputado más influyente en 2017; en las elecciones primarias obtuvo el 46,8% de la votación; hoy día tiene el 59% de las preferencias para ser elegido presidente.
¿No les parece evidente que lo que él es y representa es exactamente lo que el pueblo brasileño quiere?.
¿O quieren voto censitario, para que lo hagan solo los que “saben?, los Progre.

GEOPOLÍTICA BOLIVIANA POS LA HAYA

Bolivia es, para la gran mayoría de los chilenos, una entidad desconocida donde se reemplaza el estudio o el reconocimiento de nuestra ignorancia refugiándonos en prejuicios, estereotipos, derecho internacional o en una pretendida similitud cultural.
Bolivia está compuesta, grosso modo, por dos mundos, el Andino y el Oriente. El primero corre de norte a sur sobre las tres principales cordilleras que atraviesan Bolivia –paralelas y adyacentes a la frontera con Chile-, e incluye los departamentos de Pando, La Paz, Beni, Cochabamba, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Tarija, conformando el paisaje geográfico, humano y cultural que para nosotros es lo propiamente boliviano; el segundo, Oriente, es la provincia de Santa Cruz y en parte Chuquisaca, que no están en nuestro mapa mental ni cultural.

La hegemonía política de Bolivia fue disputada entre Sucre -en Chuquisaca- y la ciudad de la Paz en el Departamento del mismo nombre, resultando vencedora esta última que pasó a constituirse -cinco años antes de la Guerra del Pacífico- como capital nacional e impuso un proyecto geopolítico con centro en la región Andina y con La Paz como eje político y social.

Sucre, que por su ubicación y trayectoria cultural había jugado un rol integrador del total del territorio Boliviano actuando como bisagra entre Oriente y el mundo Andino, decayó y se consolidó la división política y económica boliviana, bajo la supremacía andina.

La construcción de un ferrocarril desde Arica a La Paz, financiado por Chile, constituyó un factor principal para que La Paz consolidara su rol de capital nacional, concentrando el tránsito de las mercaderías de importación y exportación de Bolivia por Chile.
De hecho, Arica se constituyó como parte fundamental del proyecto geopolítico andino. Es el matrimonio por conveniencia entre ambas ciudades que existe hasta hoy.

En este contexto encontramos la explicación de la obsesión de Evo Morales con Arica. Si bien es cierto que a veces ha mencionado a Antofagasta, no es ese el centro de sus desvelos. En realidad, Antofagasta conversa mejor con Sucre que con La Paz y la reactivación de esa comunicación debilitaría seriamente la hegemonía política y la supremacía económica de La Paz potenciando la de Oriente y Santa Cruz, vecinos de Chuquisaca.

Durante gran parte del siglo XX el desarrollo boliviano se basó en las exportaciones mineras que proporcionaron los recursos para alimentar el poder político y económico residente en la Paz, que se expresó a través del comercio de bienes importados vía Arica, de servicios financieros, de salud, educación y demás, prestados a toda la nación.
El factor económico generado por el negocio de la plantación de coca y la producción y exportación de drogas no puede ser cuantificado con precisión pero se puede asumir que es un negocio cuyas cabezas y beneficiarios operan desde La Paz; que actúan en beneficio de la región Andina de Bolivia, que es exportado en buena parte vía Chile y via Tipnis, que es de gran cuantía y que políticamente, la droga es un actor oculto pero real y con poder significativo.
Durante las negociaciones derivadas de la propuesta de Charaña, quedó claro que para el gobierno boliviano Antofagasta no tenía importancia ni valor y el regateo se centró en “Arica o Nada”, confirmando que la Paz estaba decidida a mantenerse como región hegemónica política y económica de Bolivia lo que se confirmó con la resistencia pasiva pero implacable a cualquier intento de Oriente de avanzar en el desarrollo de sus acceso portuarios fluviales y del avance de su comercio directo con Argentina y Brasil.

El gobierno de Morales –epítome de lo andino- por su parte, cuando desplazó de la política a la elite blanca y se apoderó del gobierno, constató que el control político y económico que podía ejercer sobre Santa Cruz se había debilitado y seguía reduciéndose, lo que lo llevó a fortalecer la política de mantener a La Paz como controlador de la economía nacional vía control de las exportaciones, importaciones y servicios y a contener la autonomía económica de Santa Cruz.
La posibilidad de perder la apuesta sobre Arica, no lo impulsó a potenciar Puerto Busch o Puerto Aguirre en el Oriente sino en buscar en Perú -el puerto de Ilo, casi inexistente- una alternativa que permitiera la continuidad de la hegemonía andina manteniendo la estructura de control político – económica existente.
El ciclo de alto precio de las materias primas de los años 2005 al 2015 comenzó a generar un cambio que afectó tanto al mundo Andino como al Oriente.
A partir de la década de los sesenta Oriente había comenzado a acelerar su ritmo de desarrollo en un proceso que se aprecia al considerar la importación de vehículos: la gran mayoría llegó vía Chile – La Paz, en que los vehículos pesados y equipos industriales iban a Oriente y los utilitarios y de carga livianos a La Paz y sus cercanías, poniendo en evidencia el proceso de industrialización de Santa Cruz y el rol de distribución y servicios de La Paz.
La economía de Santa Cruz se basa mayoritariamente en la actividad privada representada por 40.400 empresas principalmente agropecuarias e agroindustriales. Santa Cruz produce el 70 por ciento de los alimentos del país, aporta el 30% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, superando a La Paz (25%), Cochabamba (14%), Tarija (13%), Potosí (5,4%), Oruro (4,7%), Chuquisaca (5,0%), Beni (2,4%) y Pando (1%). La producción y venta del petróleo, gas y derivados producidos en Oriente, está en manos del estado y su exportación va por ductos hacia Brasil y Argentina, dejando en Santa Cruz una parte menor de las ganancia.

El boom de los precios de los commodities de exportación de Bolivia se redujo
escalonadamente entre 2016 y 2018 y concluyó en una situación en que
Santa Cruz sigue presentando un crecimiento constantemente mayor que los demás departamentos bolivianos.
Pareciera que la economía boliviana se está consolidando en el Oriente y el Sur de su territorio, lejos de las fronteras con Perú y Chile y de una u otra manera, esto se reflejará en el equilibrio de poder político interno, en desmedro de La Paz y sus políticos andinos y a favor de Santa Cruz y sus empresarios privados, occidentalizados, liberales y globalizados.

Podemos concluir que Chile frente a Bolivia se encuentra enfrentado a un problema internacional cuyas raíces van mucho mas allá de una aspiración popular boliviana o de un caudillo errático e irresponsable, sino que tiene su origen profundo en un grave y dinámico conflicto geopolítico interno de Bolivia en el cual nuestro manejo es débil e incompleto por la falta de análisis y estudio que nos permita definir políticas eficaces para enfrentarlo.

En los próximos meses veremos una agudización del conflicto Andino – Santa Cruz en que los orientales intentarán aprovechar la debilidad de La Paz, derivada de la derrota de su proyecto ariqueño, para potenciar su propia autonomía y poder político y económico.
Esta lucha interna, en el mediano plazo, podrá reducir la presión boliviana sobre Chile y concentrarse mas en la lucha interna, en la cual deberíamos tener algo que decir y que aportar en defensa y promoción de nuestros intereses.