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Crisis en Chile: ANÁLISIS DE ACTORES Y UNA EVENTUAL SALIDA

En las últimas semanas han salido varios análisis de lo acontecido en Chile. Se podría decir que en general todos manejan los mismos datos y lo que varía es la solidez, profundidad y amplitud del análisis. Uno de los mejores que he leído es “Pensar el Malestar” de Carlos Peña. Creo que es un aporte muy valioso y oportuno, no es para todo público y sabemos que los interesados en profundizar en este tipo de análisis constituye un auditorio mas bien reducido.

Sin pretender competir con tan afamados analistas, les propondré una aproximación mas simple, directa, esquemática y operativa que, creo, puede ayudarlos a armar un cuadro para el seguimiento de los eventos actuales y futuros.

Los actores y sus relaciones entre si, son relativamente fáciles de identificar; sus motivaciones e intenciones es mas difícil. El actor mas difícil es, sin duda, la izquierda, que incluye grupos y personas muy diversas y complejas. Hay actores sobrevalorados en cuanto a su importancia y también algunos enigmáticos o desconocidos.

A mi juicio, hay grupos que llevan la iniciativa estratégica -imponen los objetivos por los que se lucha y tratan de manejar la forma y lugar en que esa lucha se desarrolla-En este ámbito hay cuatro actores cuya actividad, objetivos y protagonismo ha ido cambiado durante el proceso.

  • El primero es un grupo de ex actores políticos y sociales en el Gobierno de la Unidad Popular, que nunca se resignaron a la derrota política que les impuso el Gobierno Militar y no abandonaron las ilusiones de revertir el resultado de esa primera batalla. Su argumentación se centró en poner de relieve las deficiencias del Modelo. Dado que éste fue indiscutiblemente exitoso, sus criticas se situaron en aquellas áreas con mucha carga emotiva y en aspiraciones de alta subjetividad e imposibles de satisfacer por completo.

La parte política e ideológica de esta campaña fue alrededor de aspectos que, teniendo una base de realidad, eran el resultado de la propia gestión de los gobiernos de la Concertación, que apoyaban, de los cuales tuvieron que separar camas sin abandonar sus posiciones y beneficios de todo orden. Me refiero a los “autoflagelantes”.

Nunca excluyeron por completo “el empleo de todas las formas de lucha”. Y su ideología podría condensarse en “ni perdón ni olvido” y “mejor pobres e iguales que ricos y con distribución desigual de la riqueza”. No creen en la democracia; si en el Estado protagonista y líder.

  • El segundo fueron los sinceramente “renovados” que siendo los intelectualmente mas hábiles, capturaron los puestos de poder en el Estado -Poder Judicial, Poder Ejecutivo (gobernaron 30 de 35 años) y Poder Legislativo (a veces con mayoría en el Congreso)-. Establecieron mecanismos para crear grupos clientelares muy extendidos y sólidos – en empresas del estado, en los servicios estatales, en organismos autónomos financiados por el estado, en ONGs, centros semi académicos y cargos inamovibles y bien remunerados en todos los ministerios (los operadores). Los directivos de este nivel organizaron un flujo y reflujo de personas entre la empresa privada y los cargos gubernamentales y parlamentarios.

Este sector se alejó completamente de la ciudadanía, conservando firmemente su clientela electoral lo que le permitió asegurar el control político. Este nivel se sumergió en la corrupción y en el cohecho promovido por el gran empresariado nacional formando una asociación de beneficios mutuos que nadie (ninguno de los Poderes del Estado) quiso ni pudo investigar y sancionar.

Este fenómeno, uno de los culpables de la desmoralización de la sociedad, se aceleró durante el Gobierno de Bachelet que concluyó debilitando el crecimiento económico y poniendo en evidencia la desigualdad entre los tipos de ciudadanos existentes en Chile.

  • El tercer Grupo es la derecha en sus dos vertientes firmemente entrelazadas: la derecha política y la derecha económica. Con el asesinato de Jaime Guzmán la UDI murió política e intelectualmente, RN no despegó nunca. Abandonaron las poblaciones y la actividad política, se aislaron del pueblo, se encerraron en sus negocios particulares y en proveer un buen servicio a los empresarios que financiaron sus candidaturas.

Los empresarios, asociados con parlamentarios de ambas tendencias políticas, se dedicaron a ganar dinero en forma legítima e ilegítima, armaron carteles, se coludieron para robar a los consumidores, abusaron de información privilegiada y de su influencia a través de sus parlamentarios/empleados. Ninguno, nunca, fue a la cárcel. Todos zafaron fácilmente.

Constituyó una potente contribución a la desmoralización nacional y una burla a la meritocracia, la honradez y el esfuerzo personal

  • El cuarto Grupo, constituido por la clase media tradicional y la emergente, alejada de la Clase Política. Mayormente “privatizados”, -sea como Pimes o como empleados de empresas privadas-, políticamente desorganizados y carentes de experiencia de lucha callejera.

Este grupo se manifestó una sola vez, el 25 de Octubre, en forma masiva -casi un millón de personas-, pacífica, apolítica, familiar, respetuosa y democrática, rechazaron la presencia y protagonismo de políticos de todas las layas y no exhibieron pancartas ni banderas, otras que la bandera nacional.

Mostraron su tremendo número y enviaron un mensaje muy potente, pero el Gobierno fue incapaz de recibirlo; la Clase Política no quiso competidores en su feudo y los ignoró; los Autoflagelantes, la izquierda revolucionaria, no tenía nada que decirles. Para las turbas violentas, eran despreciables en todo orden de cosas.

Simultáneamente, en una segunda línea, se cocinaba a fuego lento una fuerza variopinta de desadaptados diversos que agruparé bajo “el nombre de Turba Violenta (TV): anarquistas que en Valparaíso promovían “a tomarse las fábricas”!, como si en Valparaíso hubiera alguna, mas allá de algún modesto taller de cuchuflíes, y rayaban las murallas con mensajes estúpidos y obsoletos que denunciaban su bajo intelecto. Traficantes de drogas al menudeo, con sus proveedores santiaguinos y su clientela de milennials de “finde”, convenientemente apoyados por miembros de la Clase Política. Barras bravas en connivencia con los dueños de los equipos profesionales. Niños escolares, abandonados por sus padres y políticamente abusados por sus profesores y mentores políticos, y una amplia diversidad de pornógrafos, desviados sexuales y minorías varias, promotoras conductas y causas contra la razón.

Estas personas tuvieron el motor para su expresión política en el área menos pensada: los asistentes al Instituto Nacional (IN) (me da vergüenza llamarlos estudiantes).

Ninguno de ellos tenía la tracción necesaria para movilizar una masa significativa de personas; este protagonismo fue asumido por los violentos del IN que en forma crecientemente violenta, impune y ante la pasividad abyecta de todo tipo de autoridades enfrentó y derrotó reiteradamente a las autoridades metropolitanas, a la policía y al gobierno, llegan incluso a organizar, en sus aulas, cursillos de combate urbano impartidos por miembros jubilados del FPMR (Partido Comunista). De ahí pasaron al “Evade”, que practicaron con creciente violencia, durante varias semanas, hasta lanzarse al ataque vandálico masivo del 18 de Octubre, ante la completa pasividad e impotencia del Ejecutivo.

La dinámica que adquirió la estructura e interacción de estos grupos es muy ilustrativa:

1.- Los niños del IN atacaron y destruyeron 7 estaciones de Metro con algún refuerzo de elementos de las TV.

2.- Coordinados mediante las redes sociales y apoyo externo, las TV se apoderaron del movimiento. Multiplicó exponencialmente la violencia y generalizó el asalto a las estaciones del Metro. Desplazó por completo a los niños del IN y asumió el control táctico de los ataques.

3.- El Partido Comunista (PC) y elementos de Frente Amplio (FA) intentaron tomar el control de la TV, sin éxito. Pero lograron instalar un Objetivo Político -el derrocamiento de Piñera- , que siendo solo de ellos y no de la TV, lo impusieron mediáticamente.

4.- La TV se hizo funcional al PC y FA y a las aspiraciones de los políticos autoflagelantes, pero conservando un amplio espacio de libertad de acción.

5.- Desatada la crisis que el gobierno no supo, no pudo o no quiso controlar, el Segundo y Tercer grupo, integrado por los dueños de los Partidos Políticos  los Parlamentarios de ambos sectores -la Clase Política – cuyo interés principal y único, era la conservación del poder que parecía escaparse de sus manos llegó a un acuerdo relámpago en que el Gobierno entregó la Constitución (por la cual Piñera, democristiano, nunca tuvo ningún aprecio, mas allá de la política económica) a cambio de que la izquierda estableciera el fin de la violencia  -La Paz-.

6.- El acuerdo de paz que la izquierda debía producir, imponiéndose de la TV nunca se produjo ya que desde el principio fue una estafa; la izquierda vendió lo que no tenía: su control sobre la TV.

7.- Se inició un lento descenso de la violencia a la espera de un “Marzo” que prometía ser de horror.

8.- Y llegó Marzo. Regresó la violencia, ahora protagonizada por turbas de niños caprichosos y violentos manipulados por diversos lotes, desde la Clase Política hasta el PC y el FA, actúan simultáneamente, aunque sin coordinación directa, con el TV.

Mientras tanto, la Clase Política insiste majaderamente a la ciudadanía con la imposición de una Nueva Constitución que nadie sabe para que se haría, ni que se cambiaría a la actual carta.

Parece evidente que lo que la opción Rechazo quiere es que siga la Constitución actual. Pero ¿sabe alguien que quieren los que promueven la opción Apruebo?. Dicen saben lo que no quieren de la actual, pero no tienen ni la menor idea ni propuesta respecto al contenido de una nueva.

Parece que una vez mas los chilenos no pensamos correctamente. Todos estamos de acuerdo -menos la Clase Política, obviamente- que el problema de fondo que tenemos es un grave déficit de calidad en la gestión del Estado, es decir necesitamos su profunda restructuración: del Gobierno y todas sus innumerables agencias de servicios y productivos: Codelco, salud, sociales (Sename), técnicos, de vivienda, de pensiones, ministerios, subsecretarías, entes reguladores y muchos mas). Reorganización de Poder Judicial y de todo el sistema de leyes que ha demostrado ser ineficaz, eliminar la politización y la corrupción, los procedimientos investigativos etc. y del Poder Legislativo, cuya inoperancia, falta de representatividad y legitimidad, corrupción, incompetencia y alto costo es acreedor al repudio generalizado de la ciudadanía.

Si esto es así, parece evidente que la forma correcta de hacer este cambio -que en la propuesta actual demoraría mas de dos años en concluir- sería primero elegir, el año 2022 un Presidente que de garantías de liderazgo para conducir un proceso complejo; luego elección de un Congreso en la perspectiva de discutir la necesidad de cambiar o no la Constitución, y si lo fuera, de discutir, negociar y proponer una alternativa y luego, el año 2023 hacer un plebiscito de salida.

Parece una alternativa demasiado cuerda como para que encuentre acogida entre los políticos chilenos.

REGLAS DEL USO DE LA FUERZA o el Arte de Mentirse a si Mismos

La Constitución vigente, copia casi al pie de la letra normas válidas hace siglos pero actualmente obsoletas y las copia porque le permiten a las autoridades políticas de hoy eludir la responsabilidad de sus decisiones. En efecto es evidente que durante el siglo XIX y XX, las fuerzas enviadas a imponer el orden en una Oficina Salitrera en Iquique no podían ser controladas por el Presidente desde Santiago pero ya no es así. Convendremos que en el siglo XXI, el Presidente puede ver, incluso con mas detalles que militar al mando, lo que está sucediendo en el lugar de  los hechos e intervenir con sus juicios, análisis, comentarios y críticas al militar en la escena y que el enjuiciamiento y desautorización de lo obrado, a conveniencia del político, también es de rutina.

Una fuerza militar, particularmente las de infantería, es un conjunto de hombres y armas que tiene por objeto producir el mayor daño posible sobre el enemigo mediante el uso de armas crecientemente precisas, letales y livianas. El enemigo está estructurado y armado en forma completamente opuesta, su objetivo es producir efectos políticos vía impacto mediático. Ambos bandos pretenden conseguir un objetivo táctico, propio y diferente para cada cual. Al costo que sea necesario.

La medida de efectividad militar es el complimiento de su tarea; el número de bajas, propias y del enemigo, es lamentable pero ellos no constituyen factores decisorios, de la misma manera, la destrucción material. En otras palabras, en el combate, la destrucción y la muerte son elementos componentes pero no determinantes. Uno de los muchos errores fatales de R. Mc.Namara en la Guerra de Vietnam fue tratar de medir el éxito militar en términos de muertos y material militar destruido. Era un “ingeniero” muy inteligente pero un líder militar incapaz.

El insurgente, por su parte, combate para producir imágenes, efectúa una actuación para las cámaras de los medios de comunicación social, la violencia tiene un rol “artístico” y las imágenes de los muertos, los heridos y la destrucción material son todo.

En las operaciones de seguridad interior, la Policía y las FFAA tienen dos situaciones radicalmente diferentes: para los primeros la limitación de las bajas y la destrucción son fundamentales, su función es altamente política; para los militares son accesorias y la medición de la efectividad de sus acciones son los resultados. Esta es la razón de la existencia de uno y otro tipo de fuerzas del Estado.

Las fuerzas militares en el combate urbano están conformadas por un número reducido de soldados, armados y equipados para obtener una gran capacidad letal y de destrucción física. Los amotinados, por el contrario, son muy numerosos en cuanto a la cantidad de personas y equipados con pocas armas efectivas y vestuario muy vistoso.

Es una lucha muy desigual. Los militares, al emplear sus armas, producirán muchas bajas y si no las emplean serán sobrepasados por la multitud y abrumados moral y mediáticamente. Los amotinados se organizan y crean tácticas para evitar que los militares puedan usar su superioridad militar. Dicho de otra manera, las organizaciones mediáticas y las acciones que inhiben a las tropas militares a emplear sus armas son parte sustantiva de la táctica del enemigo. Los militares por su parte, están organizados, equipados y entrenados para hacerlo con la mayor letalidad posible y cuando lo hacen, su letalidad derrota y hace huir a los vándalos.

Es por eso que los Gobiernos deben considerar cuidadosamente su determinación de emplear fuerzas militares en la seguridad interior. Un fusil militar está diseñado para arrancar un brazo, una pierna o hacer un agujero de 30 centímetros de diámetro en un estómago. Una fuerza militar vence cuando quiebra la voluntad de su oponente mediante la violencia. Le quiebra la voluntad o el físico. Un tanque en la calle solo puede hacer dos cosas: Disparar su cañón y destruir una casa o despanzurrar a una persona con sus orugas. Nada más (y nada menos), y ambos bandos lo saben. Es famosa la foto de un hombre desarmado parado frente a una columna de tanques -deteniéndolos- en la Plaza de Tiananmen, en China.

Si el Gobierno y la ciudadanía quieren pensar otra cosa y actuar como si la situación fuera diferente, están auto engañándose miserablemente.

Así las cosas, los ocho “principios” que sustentan a las Reglas de Uso de la Fuerza (RUF), son inaplicables:

-Principio de legalidad: “Usar la fuerza en conformidad al ordenamiento jurídico. Y atendiendo a un objetivo legítimo”. Esto es tarea y responsabilidad del Gobierno al disponer el empleo de fuerzas militares. Las fuerzas está “en uso” cuando se dispone su empleo y el objetivo también lo determina él.

-Principio de necesidad: “Usar las Fuerzas solo cuando sea estrictamente necesario”. Es responsabilidad y decisión del Gobierno.

-Principio de proporcionalidad: “Usar las fuerzas solo cuando sea estrictamente necesario para cumplir el objetivo de la consigna”. La consigna la determina el Gobierno y los militares deben determinar y alcanzar el objetivo que la materializa. No pueden cambiarlo ni incumplirlo. Es también tarea y responsabilidad del Gobierno. Debido a la diferente naturaleza de sus formas de lucha, el desequilibrio está implícito cuando el Gobierno dispone el empleo de fuerzas militares para imponer su autoridad.

-Principio de gradualidad: Si el empleo de las fuerzas militares ocurre cuando las fuerzas policiales fueron sobrepasadas, parece evidente que “la comunicación, persuasión, negociación y empleo de armas disuasivas” ya perdieron su validez, por lo demás, hacerse cargo de una situación en que las fuerzas propias (en este caso los Carabineros) fueron derrotadas, se requerirá un gran empuje y violencia para recuperar la iniciativa e imponerse a una turba enardecida por su primera victoria. Una segunda y sucesiva derrota de las fuerzas del Gobierno derivarán en un aumento exponencial de la violencia y agresividad de las turbas.

-Principio de responsabilidad: “El uso de la fuerza, fuera de los parámetros permitido por la ley, no solo conlleva las responsabilidades individuales por las acciones u omisiones incurridas, sino, cuando corresponda, también las demás establecidas en el ordenamiento jurídico”. Parece evidente que el responsable final es el presidente de la república desde que determina la participación de las fuerzas militares y establece su consigna, es decir cual es la situación que deberán establecer, determinando así el uso de la fuerza.

– Los principios de “Deber de advertencia”; “Deber de evitar el daño colateral” y “Legítima defensa”, parecen agregados convenientes para cuando se inicien las investigaciones después de un evento con bajas, destrucción y escándalo, es decir son de utilidad -ex post- para que las autoridades afectadas puedan basar argumentaciones jurídicas según sea necesario y conveniente para deshacerse de su responsabilidad.

El Artículo 3ª del Decreto entra en las reglas concretas.

Dispone 9 reglas, todas de sentido común, excepto las reglas Nº 8 y 9.

La Regla Nº 8 dispone usar las armas de fuego en legítima defensa, de acuerdo a lo establecido en el Código Penal y el de Justicia Militar. Parece evidente que si el Gobierno desea que las fuerzas militares actúen solo en defensa propia, sin tomar acción positiva para restablecer el orden y contener la violencia y destrucción, la decisión obvia habría sido no llevarlas al lugar de la confrontación.

La Regla Nº 9.- “Usar las armas de fuego como último recurso, cuando las medidas anteriormente señaladas resultaren insuficientes … y sólo en el caso de enfrentamiento con personas que utilicen o se apresten a utilizar armas de fuego u otras armas letales … las reglas anteriormente señaladas no obstan a la aplicación del Código Penal y del Código de Justicia Militar, entendiéndose que forman parte de la normativa aplicable”, son solo retórica auto exculpatoria inútil.

No tengo razones para pensar que lo que considero deficiencias de este Decreto sean aceptables para todas las personas, también estoy consciente que en materias así de sensibles puede haber y hay muchas y diversas opiniones pero sostengo que la experiencia muestra que existen algunas tendencias, en quienes dictan las leyes sobre materias delicadas, a hacerlas de manera idealista, en una perspectiva teórica, con puertas traseras y laterales que les permitan derivar las culpabilidades y responsabilidades hacia escalones mas bajos en la jerarquía ejecutiva y una esperanzo oculta pero perceptible, que ellos mismos no se verán necesitados de aplicar las reglas que inventaron sino para apretar y culpar a otros cuando lo hagan.

Creo que el mejor empleo de las fuerzas militares en seguridad interior es no emplearlas, pero si fuera imprescindible, comienzan por haber educado a la ciudadanía, en la teoría y en la práctica, en la convicción de que es mucho mas conveniente para todos, obedecer lo que las Fuerzas Militares desplegadas les ordenen, no intentar doblegarlas por la violencia y cumplir estrictamente las leyes, por cuanto ese comportamiento racional permitirá a la ciudadanía regresar a una manifestación sin violencia física, sin destrucción y sin daños a terceros inocentes. En breve les permitirá hacer una demostración de sus quejas y exigencias y no un levantamiento violento contra el estado.

Las medidas para controlar militarmente un comportamiento civil cuyos actores intentan que sea violento, maligno y opuesto al estado, no solo es ineficaz sino contraproducente. La disuasión antes de los hechos y la acción violenta y decidida cuando los hechos están fuera de control es la única respuesta racional, y la gran mayoría de los ciudadanos así lo entienden y aprecian. Años de prédica desde algunas tendencias políticas que emplean la violencia como forma de acción política, no han impedido que un altísimo porcentaje de la ciudadanía siga teniendo fe, confianza, respeto y cariño por las FFAA, Carabineros de Chile y Policía de Investigaciones. Todas las encuestas así lo muestran, reiteradamente.

Nunca se debe olvidar que la derrota de las Fuerzas Armadas por parte de las turbas, significa el fin del Estado y el comienzo de la Guerra Civil.


La Izquierda, la Violencia y Carabineros de Chile

El 11 de diciembre recién pasado, la Defensora de la Niñez, Patricia Muños, escribió en Twitter: “Otro niño, de 16 años, entrando en la posta central por lesión con lacrimógenas …debo reconocer que me gustaría ver al gabinete completo, con las caras de pena que estoy viendo ahora (por la sanción política al ex Ministro Chadwick), pero por los niños víctimas  de la brutalidad policial”.

El reciente discurso de la Sra Muñoz, funcionaria estatal chilena, apunta a persuadir a los lectores que primero, la persona afectada por un herida en la cara era un niño, en circunstancias que una parte importante de los políticos quieren darles derecho a voto, es decir a concederles juicio y capacidad de discriminación; segundo; que fue herido por una bomba lacrimógena, es decir, en una acción “represiva”; tercero fue víctima de “brutalidad policíaca” y cuarto, por una “acción violenta desproporcionada”.

Se puede apreciar con claridad el esquema ideológico de una izquierda que sigue firmemente anclada en el conflicto iniciado por la Unidad Popular y sus movimientos revolucionarios en 1970, que se prolonga hasta hoy, sin resolverse. Escuchar los discursos y leer los planteamientos de los revolucionarios actuales es transportarse a la década de los ´80.

Mas tarde retwitteó “Información inicialmente recibida desde el lugar no se condice con lo que niño, afortunadamente, fue capaz de relatar a los médicos porque está consciente y referiría una pedrada y no una lacrimógena, por lo tanto no se trataría de una agresión de Carabineros de Chile”

En esta retórica es perfectamente distinguible que, en la cabeza de la señora Muñoz, está firmemente establecida la confrontación “democracia vs autoritarismo”; “gobierno militar vs gobierno civil”; “lucha por la  libertad vs opresión”, “pueblo vs dictadura” y que, naturalmente la corrección, la decencia y la moderación reside en el pueblo que se manifiesta y la brutalidad en los Carabineros que “reprimen”. Olvidando que el “tirano” actual, el “dictador” que oprime, fue elegido por los chilenos por amplia mayoría hace solo dos años.

En este contexto no es dificil comprender la dificultad de los políticos de izquierda para situar el rol de Carabineros de Chile en el rol de la preservación del orden y la seguridad democrática de Chile en el año 2019, ni el trauma del Presidente Piñera, de raigambre democristiana, abominador del Gobierno Militar y crítico de los “cómplices pasivos”. Desde esta perspectiva su desconfianza, temor y antagonismo hacia la función de seguridad interna – y hacia Carabineros de Chile, su instrumento por antonomasia- está asociada a la épica juvenil y formación ideológica temprana de su generación, de la cual él fue mas bien un observador pasivo.

Un caso paradigmático de como algunos ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, es lo señalado a El Líbero por “el economista y ex presidente de CodelcoÓscar Landerretche (PS), que sostuvo sobre el proceso de reforma a Carabineros que «es evidente que Carabineros de Chile quedó determinado por la experiencia de la dictadura en Chile. Y no entiendo qué en el proceso de transición no se haya considerado reformar a las policías»”, transición administrada por 27 años de gobiernos de izquierda durante los cuales al menos en dos oportunidades tuvieron la mayoría en ambas cámaras.

Que un conjunto de autoridades con estas características pretenda “modernizar” a Carabineros de Chile, parece ser una empresa que supera la imprescindible necesidad de compromiso con la democracia, conocimiento de la labor policial y comprensión de la realidad histórica, social, educacional y económica del Chile actual y de esta Institución.

CARABINEROS CARENTES DE LIDERAZGO POLÍTICO

La primera lección de liderazgo que recibí fue muy simple y me quedó grabada a fuego: Mis dos tareas básicas como oficial subalterno de Infantería de Marina eran: “Cumplir la misión y Cuidar a mis soldados. Siempre y en ese orden”. Simple y claro. Sin excusas ni atenuantes.

La segunda lección fue leyendo a Clausewitz. Refiriéndose al Comandante en combate señala: “Cuando surgen las dificultades y las cosas ya no funcionan como una máquina bien aceitada, el jefe debe actuar con gran fuerza de voluntad. … El Comandante debe luchar dentro de si mismo, con la impresión general de disolución de todas las fuerzas físicas y morales y el espectáculo angustioso del sacrificio sangriento; y luego con todos los que lo rodean que directa e indirectamente le trasmiten sus impresiones, sus sentimientos, sus ansiedades y esfuerzos. A medida que los individuos van agotando sus fuerzas, uno tras otro, y cuando la voluntad propia de cada cual ya no basta para alentarlos y mantenerlos, la inercia de toda la masa comienza a descargar su peso sobre los hombros del Comandante … estas son las cargas que debe soportar un jefe que desee realizar grandes proezas”.

Cuando el paisaje se oscurece, las informaciones son alarmantes y contradictorias, cuando el desánimo se hace presente, todas las caras se vuelven hacia el Comandante y él, nadie mas que él, debe dar las órdenes y cargar con todas las responsabilidades.

Es lo que Sebastián Piñera, Presidente de Chile, no hizo.

Desde hace ya años, sucesivos gobiernos de izquierda -muchos de cuyos líderes y simpatizantes se manifestaron en las calles contra el Gobierno Militar-, han mostrado sus simpatías por los que hacen los disturbios, y su desapego hacia los agentes del orden que, de alguna manera, en sus mentes seguían representando al “enemigo”.

La frecuencia, intensidad y violencia de este tipo de manifestaciones sufrieron un aumento constante a partir del año 2011, en que muchos próceres de izquierda abandonaron “la Transición”, tiraron por la borda sus propias historias de vida de los últimos veinte años y entregaron el testimonio revolucionario e inconformista a jóvenes estudiantes adornados de la “frescura” de la novedad de sus caras, aunque repitieran discursos añejos y gastados. Se agudizaron las contradicciones entre las manifestaciones pacíficas y por tanto legítimas y la violencia desatada cuya expresión chocó frontalmente contra las propias autoridades “renovadas”, que no pudieron superar la contradicción de ser, simultáneamente, los responsables del orden y la seguridad pública y simpatizar con los violentos.

No voy a incursionar en la cara oscura de la situación materializada por la promiscuidad, la corrupción, las complicidades personales y otras asociaciones espurias entre altos mandos policiales elegidos con extraños criterios y los funcionarios gubernamentales, agotados, con mucho poder y pocos escrúpulos, en medio de una prensa siempre favorable a los transgresores y un Poder Judicial permisivo, cuando no cómplice, del odio a todo lo que oliera a Gobierno Militar.

Carabineros de Chile quedó en medio.

Luego vino la larga saga del Instituto Nacional, a pocas cuadras de La Moneda que, impertérrita, presenció su destrucción. Como se señaló, el movimiento político – estudiantil iniciado en 2011, con las simpatías de los partidos de izquierda, por entonces en el gobierno, se inició con una fuerte campaña en los colegios fiscales de Santiago, con la complicidad benevolente de la Intendente Metropolitana que culminó su mandato con  siete establecimiento “tomados” y en proceso de demolición por parte de las bandas que los capturaron. El Alcalde entrante, logró estabilizar el control municipal sobre las tomas, pero no lo consiguió en el Instituto Nacional.

El año 2019 la situación se tornó imposible. La violencia se agudizó y se hizo inmanejable, Carabineros fue más y más constreñido en el uso de la fuerza legítima y las acusaciones sistemáticas contra Carabineros de Chile, -apoyadas por los medios de comunicaciones, los partidos de gobierno y parte del Centro de Padres del Instituto- con acusaciones de violación de DDHH a los estudiantes, hicieron imposible su accionar.

Redujeron su trabajo a mirar y tratar de contener la expansión de la destrucción y lanzamiento de bombas incendiarias.

La situación quedó fuera de control, ante la resignada ausencia del Gobierno de Piñera. La falta de reacción policial llevó a los estudiantes a trasladar la violencia fuera del Instituto, inaugurándose las acciones de “Evasión”, en que comenzaron a saltar los torniquetes de ingreso a las estaciones del Ferrocarril Metropolitano a vista y paciencia de todo tipo de autoridades, esto se consolidó y recibió el apoyo de terroristas jubilados del FMR que incluso hicieron instrucción de combate callejero en las aulas mismas del Instituto.

Asi llegamos a la debacle del 18 de Obtubre.

Con la autoridad política, municipal, judicial y policial completamente depreciada. Insultar y golpear a Carabineros se convirtió en una rutina “normal”, casi una entretención o un juego. Se extendieron los rayados con insultos soeces, las acusaciones por violaciónes a los DDHH de los manifestantes se legitimaron automáticamente, nunca, ningún tribunal encontró que ninguno de ellos fuera excesivo, infundado y directamente falso, que eran la gran mayoría de ellos. Jamás apareció un Fiscal.

Desde el comienzo de la violencia desatada, el Gobierno, a través de su Ministro del Interior y luego desde la boca del mismísimo Presidente adquirió una clara parcialidad en favor de los presuntamente afectados y nunca emitió reclamos por la violencia contra Carabineros ni menos contra la vejación de la autoridad, incluso la propia.

El Gobierno con el Presidente a la cabeza desapareció, se escondió, calló, se acobardó, abandonó su puesto de mando. Su simpatía por los delincuentes presuntamente agredidos aumentó y el respaldo a Carabineros, si fuera posible, disminuyó.

La protección de la reputación internacional del Presidente, particularmente ante los organismo internacionales y tribunales de DDHH, fue considerada merecedora de cualquier sacrificio de la sociedad chilena. Piñera se arrodilló ante Bachelet y fue escupido.

La campaña mediática de la izquierda se puso en marcha a toda velocidad. Un caso emblemático fue la campaña para inculpar a Carabineros de uso excesivo de la fuerza al emplear escopetas de perdigones. No era nada nuevo, son armas en uso desde hace años y las municiones fueron adquirida en el gobierno de Bachelet, pero ahora se descubrió que los perdigones eran dañinos e iban directamente a los ojos de los manifestantes y a veces de a parejas, uno para cada ojo. El inefable INDH acusó que 352 personas sufrieron lesiones oculares que 21 que sufrieron el estallido o pérdida del globo ocular. La misma organización días mas tarde corrigió su información: 5 de ellos sufrieron la pérdida de un ojo, 73 quedaron con lesiones oculares por agua a presión, gas lacrimógeno y golpe entre otros. Todo después de 5 semanas de batallas campales con violencia extrema de las turbas. Violencia que no mereció la atención de la Justicia.

El diario norteamericano The New York Times, asociado con un medio de televisión chileno particularmente odioso contra la policía, publicó un video y un artículo extremadamente tendencioso. Fue solo uno, aparentemente pronto se dio cuenta de la exageración y engaño, pero el daño ya estaba hecho e incrementado el pánico de la autoridades nacionales.

Este ha sido un caso de texto de una falla grave de liderazgo Presidencial y del Gobierno, antes y durante la crisis, un caso de abandono de deberes de primera magnitud y actualmente tenemos lo peor: los culpables de este desastre, el Presidente Piñera y su Ministro del Interior Gonzalo Blumel, designan y ponen en marcha un proceso para “reestructurar por completo a Carabineros de Chile”. 

Con candor explican: “Como parte de los compromisos que tomamos después del informe de Human Rights Watch (HRW), vamos a convocar a un consejo para la reforma a Carabineros”, dijo el Secretario de Estado en conversación con CNN Chile.

Según Blumel “necesitamos una policía del Siglo XXI” y adelantó que la instancia que se realizará esta semana en La Moneda “se va a enfocar en revisar todo lo que veníamos haciendo en la modernización de Carabineros para ver si están a la altura de lo que se requiere; en segundo lugar, para abordar el tema de orden público; y, tercero, tenemos que ver cómo estas actuaciones en materia de orden público se consolidan bien con la protección absoluta de los Derechos Humanos”. “No sólo debemos dejar que las instituciones funcionen (…) sino que hacer que funcionen”.

Si eso es lo que desean, es una gran decisión, pero el orden de las tareas está invertido, es imprescindible “reestructurar y refundar” al Estado en pleno: el Ejecutivo, poniendo a personas capaces y competentes; segundo al Legislativo, reduciendo sus absurdas dimensiones y exigiendo competencia técnica y idoneidad moral y tercero al Poder Judicial despolitizándolo y enfocándolo a las funciones que la Constitución les asigna, apartándolo de otras áreas que han ocupado ante el abandono y cobardía de los otros dos poderes del Estado, y eliminando la corrupción y otros vicios de que adolece.

Un Estado con grandes facultades, con una dotación inmensa y cara, de mala calidad, incompetente y sin control ni supervisión eficaz, es la peor maldición para Chile y resolver eso es prioritario.

El problema no es la Constitución ni Carabineros, es la gestión del Gobierno y la falta de liderazgo Presidencial.

11 de diciembre de 2019

DESCRITERIO E INSOLENCIA PERONISTA

Argentina suele pasar por periódicas crisis que incluyen comportamientos gubernamentales y sociales alejados de los usos y costumbres del resto del mundo: asesinatos de opositores en connivencia con la Presidente de la República; robos y desfalcos en magnitudes solo comparables a lo sórdido de los comportamientos de sus autoridades Nacionales y del Poder Judicial; desconocimiento de compromisos formales con otros países, incluido Chile y muchas vergüenzas más que en nuestro país no suscitan comentarios oficiales y ni siquiera privados. No es digno; lo que corresponde a vecinos discretos es mirar, aprender y callar. Burlarse de un país en problemas y aprovechar para encaramarse en algún ridículo podio del éxito regional no es de personas decentes. En descargo de Eduardo Fernández debemos reconocer que el tino, el criterio y el respeto no son atributos peronistas.

Fernández se dio el lujo de declarar que había “analizado el caso de Chile” con el Presidente de Francia -sobreviviente éste del motín de los “chalecos amarillos”- en la cual “le conté lo que pasa en Chile. Le dije: presidente, el milagro chileno es que los chilenos no hayan reaccionado antes”, en alusión a las cifras económicas del país en la última década.

“Hablamos de Lula, de Chile, de Argentina, de Bolivia, de Venezuela… De los problemas del continente. Y sentí, cuando hablé con el presidente Macron, que el presidente Macron me entendía”, aseguró el presidente electo trasandino.

No pudo contenerse y continuó: “Tuve, hace unos días, una muy buena conversación con el presidente (Sebastián) Piñera. Yo quisiera que el presidente Piñera haga un esfuerzo mayor, yo estoy dispuesto a ayudar en todo lo que pueda, pero no tengo la llave para solucionar el asunto”, afirmó al diario español de izquierda El País.

Me imagino que no pretenderá darnos ayuda económica, ni menos avalarnos ante un banco internacional. Tal vez se refiera a interceder ante sus amigos de extrema izquierda en Chile, pero sabemos que ellos no controlan la violencia, los violentos los controlan a ellos; o puede que esté pensando en enviarnos a un asesor económico, pienso en Kiciloff, que destruyó todo lo que no se robó. En los próximos meses veremos que tan eficaz será su gobierno en sacar a Argentina del desastre en que el peronismo la sumergió y podremos ganar experiencias de su ejemplo.

El Grupo de Puebla, en su cita en Buenos Aires, apoyó a Morales y a Maduro, manifestó su angustia por la violencia en Colombia y la persecución de dirigentes sindicales en Ecuador y “apoyó las protestas en Chile”. “Alertó de que en Chile hay una “violenta represión de la movilización social por parte de las fuerzas policiales” con violaciones a los derechos humanos y pidió al presidente Sebastián Piñera que reconociera el reclamo popular y reformase la Constitución. Es difícil imaginarnos como Chile, hasta ahora, pudo existir y prosperar sin la supervigilancia, asesoría y recomendaciones de Fernández.

“El Grupo de Puebla que integran 32 líderes de doce países, se reunió durante dos días en la capital argentina con el propósito de aunar las fuerzas progresistas de la región”.

Esta promesa nos asegura poder tener a la vista las políticas de ese Grupo, de manera de disponer de un referente que nos lleve a tener economías y estados prósperos, sobrios y probos como los de Argentina kirchnerista y del Brasil de Lula o de la ágil gestión de Andrés Manuel López Obrador de México.

Para mayor confirmación de la solidez de sus argumentos, ideas y políticas, el designado ideológo y promotor de Fernández, Marcos Enríquez-Ominami, las expuso con magistral síntesis y claridad  asegurando al periódico español El País que “la izquierda latinoamericana debía reaccionar”.”Frente a un populismo de derecha hay que responder con populismo de izquierda. Y punto. Los nacionalismos son minimalistas, ramplones, vulgares, mienten todo el tiempo. Responderemos con la misma audacia que los populismos de derecha”,  puntualizó Henríquez-Ominami al periodico español El País. Toda una promesa de ideas sólidas, originales y novedosas.

Pese a todo, lo mas intrigante es tratar de adivinar que pasa por la cabeza de  Fernández: según indica la prensa, Fernández llegará a Chile la semana del 16 al 20 de diciembre “en el marco de la tercera reunión del Grupo Puebla. El Presidente de Argentina, en ese entonces ya en ejercicio, viene a reunirse con un grupo político que es abiertamente oponente y adversario de todo lo que es, hace y cree el gobierno de nuestro país. Viene a Chile a una reunión de un grupo hostil a su Gobierno y en apoyo a los grupos que tratan de derrocarlo, visita “que serviría para concretar una reunión con Sebastian Piñera” -marginalmente y si le alcanza el tiempo-.

Parece una provocación innecesaria, no muy inteligente y presumida.

Excesiva hasta para un Peronista.

24 de Noviembre de 2019

LEY Y PAZ, PRIMERO Y AHORA.

Un estado presidencialista en que el Presidente está mental y políticamente acabado, no es viable. La magnitud y complejidad de la situación nacional supera su capacidad de comprensión. Piñera carece de la solidez cultural necesaria para entender la crisis, que decir para liderar al país hacia una salida.

La sociedad real se ha vuelto tan diferente a la imaginada por sus líderes políticos que se ha creado una situación de incomunicación total entre el gobernante y los gobernados.

El Estado actual aun conserva parte de su capacidad para materializar acciones, pero es incapaz de recibir e interpretar lo que lo que los ciudadanos quieren, de satisfacer sus necesidades, que ya no son solo de índole material, sino también social, intelectual y afectiva.

El Poder Legislativo ha derivado en una oligarquía corrupta, ineficaz e incompetente. Desconectada por completo de sus representados. Se ha convertido en máquina de poder de minorías dominantes coludidas y asociadas con los operadores de la administración pública; con el Poder Judicial; con las empresas del Estado y los empresarios y comerciantes que generan y administran la riqueza privada, que a su vez, solo miran por sus intereses de corto plazo.

Del Poder Judicial ni hablar, en Chile siempre ha sido una excrecencia del poder político y hoy lo es de un sector político específico, la izquierda radical y ha interpretado la ley para ajustar cuentas y modelar la sociedad según sus desviados valores.

Al desatarse la crisis que vivimos, se produjo primero una parálisis y luego la reacción mecánica, instintiva, automática e ineficaz de la institucionalidad política. Con el Presidente fuera del cuadro, el Congreso y los Partidos políticos se apoderaron de la escena y negocian acuerdos y procesos que solo interesan a ellos y cuyos actores y resultados, ya están definidos por ellos mismos. Incluyendo a los que sean llevados como “independientes”.  Apuntados solo a perpetuar su especie.

La sociedad se mueve por otros carriles: No lee, no entiende ni entenderá la Constitución y menos el alambicado proceso para su eventual reemplazo, Constitución que, por lo demás, no incide directamente en sus problemas ni aspiraciones personales y que a esta altura de la situación han dejado de ser el centro de la crisis.

La Constitución ha dejado de ser el tema central, el intento de Golpe de Estado fracasó, ahora estamos ad-portas de una Guerra Civil. Los nietos de los revolucionarios de 1973 están tratando de concretar el proyecto de Allende y sus padres renovados, desesperados, no saben que hacer.

Chile tiene un desafío que solo puede ser resuelto por sus elites, y las elites actuales no tienen la imaginación, la generosidad, el intelecto ni el patriotismo necesario para hacerlo. Se necesita una nueva elite y hay que construirla, en Chile también hay gente capaz y decente.

Esa elite tiene que producir una nueva institucionalidad que de cuenta de las nuevas condiciones sociales, económicas, vitales y culturales del Chile actual. Que incorpore a todos los voluntaria e involuntariamente marginados de la sociedad actual. Que socialmente valorice el ser por sobre el parecer, el hacer por sobre el tener, el pertenecer por sobre el descollar, el contribuir por sobre el lucir. Que tras la decadencia de la religión, de a las personas una motivación que los haga parte activa y participativa de una empresa social, nacional material y espiritual. Mi larga pertenencia a la Armada de Chile y concretamente a la Infantería de Marina me confirma que una vida de servicio es posible, gratificante y que es capaz de proporcionar una existencia social y personal buena y satisfactoria.

Ninguna solución imaginada, diseñada y conducida por la elite política y económica actual, que nos trajo hasta la crisis en que estamos, podrá proporcionar una respuesta suficiente.

Es el momento de la sociedad organizada al margen de las ideologías, estructurada a partir de las comunidades locales, simultáneamente solidaria y subsidiaria, con centro de gravedad en las organizaciones sociales. Es el momento de la eliminación de la centralización del poder y de los recursos y su traspaso a las regiones y ciudades. La reducción radical del Congreso y la eliminación de la perpetuación de sus miembros mediante reelecciones sucesivas e interminables; la eliminación de todas sus inmunidades y prebendas; su sometimiento a constante y exhaustiva supervisión ciudadana, objeto de altas exigencias de calidad, excelencia y probidad. Es el momento de la exclusión de la actividad política de los grupos que practican doctrinas antidemocráticas o violentas en sus fines y en sus medios y su erradicación de todo el territorio nacional.

Es el momento de seleccionar los liderazgos -locales y nacionales- en base a la excelencia, la calidad, el compromiso y las virtudes. Es imprescindible dignificar y exigir dignidad a los líderes.

Ley y Paz primero y ahora

22 de Noviembre de 2019

CAMINANDO POR LA CORNISA

Una mirada a vuelo de pájaro nos muestra un país caminando por la cornisa. El gobierno no controla el país.

La seguridad y su funcionamiento general están tan debilitados que las autoridades del Estado se han vuelto irrelevantes. El presidente arrinconado por sus ambiciones contradictorias está paralizado. Quiere ser un modelo mundial de respeto a los ddhh que, en Chile, son administrados por funcionarios de extrema izquierda pagados por el mismo estado; por medios de comunicación social que los usan para paralizarlo y por organismos internacionales convocados por el mismo presidente. Este afán lo ha llevado a subutilizar la fuerza pública, a degradar sus capacidades profesionales, a debilitar su moral hasta el extremo y a abandonar sus responsabilidades básicas.

La coalición política que lo llevó a la presidencia ha desertado del gobierno y lucha por satisfacer ambiciones personales de caudillos que ven llegada su oportunidad, un grupo de diputados de su partido propuso una indicación inconstitucional para incrementar el ingreso mínimo, desconociendo su autoridad. El presidente de su partido, Renovación Nacional, se ha unido a la oposición en su exigencia de dictar una nueva constitución en oposición a la alternativa presidencial de preguntar a la ciudadanía si aceptaba o no esa idea.

Por su parte, los partidos políticos -oficialistas y de oposición- y sus parlamentarios se comportan como dueños y líderes de las protestas y disturbios que han arrinconado a Piñera, en circunstancias que fueron sobrepasados y arrastrados por ellos, llevándolos a la irrelevancia completa. En estos días pretenden ponerse a la cabeza de la sociedad y presentarse ante la ciudadanía con un poder que nunca tuvieron y una legitimidad que nadie les reconoce. Desde sus asientos -sobrepagados- en el Congreso hacen una parodia de negociaciones que nadie les ha pedido, proponiendo ideas que a nadie interesan. Tratan de subirse a un carro que va pasando.

Mientras tanto, aprovechando la parálisis gubernamental, los activistas de la violencia: el Partido Comunista, el Frente Amplio -actualmente en disolución- el narcotráfico, el lumpen, las barras bravas y las organizaciones sindicales controladas por el comunismo, tratan de mantener un nivel de violencia que les permita seguir siendo el motor de la agitación y asegurar un protagonismo en las negociaciones que ellos pretenden que lleven a una nueva Constitución Revolucionaria, único interés real y significativo en todo lo que sucede.

Por último, el grueso de la población mira desorientada y perdida, recibiendo propaganda emocional de izquierda y señales silenciosas e inefectivas de la derecha. Los culpables del desastre: una clase política incompetente, ignorante, corrupta y venal y una clase empresarial y comercial mezquina y abusadora

Cabe preguntarse, ¿será posible mantener este equilibrio inestable durante dos años y algo, acompañado de todo tipo de acusaciones, elecciones de concejales, alcaldes, gobernadores, diputados y senadores, representantes para la Asamblea Constituyente, ad-portas de una elección Presidencial y en un creciente declive económico e incremento del desempleo?

Parece un exceso de optimismo, este tren corre a alta velocidad y puede descarrilarse sin aviso, Piñera puede salir, -voluntariamente o por la fuerza- en cualquier momento, la violencia puede agudizarse y Carabineros puede quebrarse y mandar todo al traste.

Las FFAA, creo, no se inmolarán por Piñera, por la derecha ni por la izquierda.

Sin embargo, lo peor, lo mas grave y lo mas probable es que diversos grupos de la sociedad decidan -en subsidio de la impotencia del Estado-, asumir su defensa y seguridad con sus propios medios.

Es lo que se conoce como Guerra Civil.

19 de noviembre de 2019