Corrupción y Partidos Políticos en Chile

Los ciudadanos sufren la corrupción en dos niveles: uno que requiere de su complicidad y concurso, como son el tráfico de influencias, el soborno la extorsión y el fraude que se ven reflejadas en acciones como entregar dinero a un funcionario público para ganar una licitación; pagar una coima para evitar una clausura u obtener un contrato que de otra manera no conseguiría, y otro mas complejo que deriva del ejercicio sistemático y organizado del abuso de poder político en la gestión del estado, en beneficio del funcionario, de sus familiares, de su partido o de sus socios o para causar a daño a otros.

En la primera el afectado es cómplice, ya que se requiere su consentimiento y complicidad, en la segunda es víctima, ya que el sistema estatal le impone una situación a la que él debe someterse.

La primera es un delito de las personas directamente involucradas, la segunda es institucional y por consiguiente mucho mas grave y dañina ya que involucra la confianza pública, el respeto a la autoridad y funciona sobre la base de  estructuras políticas de facto creadas para defraudar y robar haciendo uso del poder político otorgado por la misma ciudadanía, para otros fines.

En Chile este segundo tipo de corrupción se ha apoderado de grandes sectores del estado y está causando grave daño a la economía y destruyendo la moral ciudadana. Es un ataque directo, constante y mortal a la institucionalidad política y al estado democrático.

Esta corrupción no es nueva, no ha pasado inadvertida ni han faltado políticos que la hayan denunciado. El ex Presidente y ex Diputado del PPD Jorge Schaulsohn lo hizo ya el año 2006, en que denunció públicamente esta situación y fue conminado a “explicar sus declaraciones”, lo que hizo al siguiente tenor:

“Santiago, 22 de diciembre de 2006

Señores Miembros

Tribunal Supremo Partido Por la Democracia

Compañeros:

Respondo a la nota fechada el 12 del corriente en la cual se me solicita “informe por escrito acerca de los hechos que podrían explicar mis declaraciones”, aparecidas en los medios de comunicación y que se refieren al tema de la falta de probidad durante los últimos años.

En primer lugar, cabe señalar que ellos son públicos y notorios y obran en conocimiento de la opinión pública en general ya que han recibido profusa difusión y condena de la propia Presidenta Michelle Bachelet … se desprende inequívocamente que existe plena conciencia de que afrontamos un serio quebrantamiento de la probidad pública, junto a abusos de poder y recursos fiscales para fines políticos … en el caso de Chiledeportes hay varios funcionarios formalizados por los delitos de fraude y estafa al fisco. Entre ellos, algunos militantes de nuestro partido, por haber confeccionado un listado de asignaciones cuyos  beneficiarios serían parlamentarios, concejales y alcaldes PPD. De hecho, los implicados en el ya famoso “affair” del email, Farías y Morales, han sido objeto de sanciones por este mismo tribunal y el jefe de gabinete del ministro Secretario General de Gobierno debió dimitir.

… Mención aparte merece el hecho que dos de los cuatro vicepresidentes electos en los últimos comicios internos enfrentan acciones judiciales por, entre otras cosas, haber incluido facturas falsas en su rendición de cuentas ante el Servel. Me refiero al senador Guido Girardi y a la diputada Carolina Tohá … Como resultado de todo ello, tres de los vicepresidentes están cuestionados y dos suspendidos del ejercicio de sus cargos …  .

… En el contexto de estos escándalos se abrió también un debate sobre la presencia masiva de los denominados “operadores” en puestos de la administración pública. Se trata de individuos que acceden a cargos de relevancia fruto del “padrinazgo” de caudillos al interior de los partidos, en compensación por apoyos recibidos en campañas internas o de elección popular y que han sido protagonistas de muchos de los hechos de corrupción. … Ello, sin perjuicio de una gran cantidad de personas que ocupan formalmente cargos en el Estado, pero sólo como medio de sustentar sus gastos de vida mientras se dedican por entero a la actividad político partidista.

Desgraciadamente los casos analizados no son únicos ni extraordinarios y han persistido pese a todos los esfuerzos de la Concertación por atacar el problema. En Chiledeportes, entonces Digeder, ya en 1992 se habían suscitado situaciones irregulares que dieron lugar a la formación de una Comisión Investigadora de la Cámara y a reformas legales, llegándose incluso a cambiar su nombre. Todos recordamos el caso del “desmalezamiento” que afectó a la Refinería de Petróleos de Concón … .También está el doloroso episodio de las indemnizaciones de Enap, las asesorías de Codelco, los sobresueldos y la saga de MOP-Gate, que consistió en el uso de medios ilegítimos e ilegales para alcanzar propósitos declarados como loables, tales como el mejoramiento de la infraestructura, y que derivó en el procesamiento, detención y condena de numerosos funcionarios públicos.

Es difícil aquilatar el daño que ha significado para la probidad el que estas ilegalidades en vez de haber sido condenadas se hayan justificado. Con ello se envió la señal equivocada respecto de lo que se espera de los funcionarios públicos en materia de probidad y se avaló la doctrina de que el fin justifica los medios. … La persistencia de hechos censurables llevó al ex ministro del Presidente Patricio Aylwin Edgardo Boeninger, en entrevista publicada en el diario El Mercurio el domingo 3 de diciembre, a hablar de “generalización de prácticas indebidas, corruptelas crecientemente difundidas en el Estado”. Agrega que en la Concertación se pensó que así como el privado favorecía fundamentalmente a los partidos de derecha “no sería ilegítimo recibir financiamiento público a través de los recursos estatales para los programas sociales”. Estos conceptos fueron refrendados el domingo recién pasado por el ex subsecretario del Presidente Eduardo Frei y del Presidente Ricardo Lagos y ex presidente del Partido Socialista, Gonzalo Martner, quien afirmó que los partidos de la Concertación se beneficiaron con fondos reservados y que el intervencionismo electoral existió.

Sobre esta materia debo consignar que me consta que efectivamente cuando asumí la presidencia del PPD en 1994 existía desde antes y continuó después un sistema de ayuda económica directa que en ese entonces recibían todos los partidos de la Concertación proveniente del Ejecutivo.

El tema de la corrupción no es nuevo entre nosotros; ya emergía con fuerza en la agenda pública a mediados de los noventa. Casos como los que afectaron a la Onemi, RPC, Digeder, Serplac III Región, Colectores de Esval, falsificaciones de Aduanas, fraude al fisco en Empremar, arriendos ilícitos en Emporchi, Indap, Sence, entre muchos otros, llevaron al Presidente Frei a constituir una Comisión Nacional de Ética Pública, la que me correspondió integrar en mi calidad de presidente de la Cámara de Diputados, y que  propuso 40 medidas para combatirla. Sin embargo, al cabo de unos pocos años una nueva crisis derivó en el acuerdo Insulza-Longueira, cuyo propósito fue superar una difícil coyuntura política derivada del uso indebido de gastos reservados para inflar las remuneraciones de un conjunto de funcionarios públicos. Y, ahora, en el cuarto gobierno de la Concertación, la Presidenta Michelle Bachelet se ha visto obligada a repetir la historia, convocando, una vez más, a un grupo asesor y a proponer 30 medidas adicionales, entre las que llaman especialmente la atención las que combaten la intervención abusiva del Ejecutivo en los procesos electorales, un hecho que hasta hace muy pocas semanas nos negábamos a reconocer.

Es necesario, entonces, preguntarse ¿por qué, pese a las medidas adoptadas por los sucesivos gobiernos concertacionistas, que obviamente reconozco y valoro, no hemos podido derrotar este flagelo? Es indudable que corrupción siempre existirá, pero hay que estar vigilantes.

Como afirma el profesor Carlos Peña González, nada sacamos con hablar de corrupción si no somos capaces de ver la realidad y tomar nota de que se trata de una forma de conducta fuertemente arraigada en una tradición de Estado muy fuerte que ha estimulado el surgimiento de una cultura de la mendicidad hacia el Estado que es aprovechada por quienes viven de la política; estar largo tiempo en el poder genera ocasiones para la corrupción y para la captura del Estado por oligarquías y grupos que acaban aferrándose al poder a cualquier costo.

El antídoto, sugiere Peña, es que hay que esmerarse en hacer circular y renovar las elites, cosa que entre nosotros no ocurre. La cultura a la que aludo impone como valor y obligación superior lealtad al grupo por sobre los principios; privilegiar a los amigos y parientes; seleccionar proyectos en función de intereses y no de mérito. En síntesis, el cultivo de la mediocridad en desmedro de la excelencia.

Me entristece la intolerancia y falta de espíritu democrático de que han hecho gala muchos de mis compañeros”.

Sin otro particular, les saluda afectuosamente,

Jorge Schaulsohn B.

Santiago, 22 de diciembre de 2006

EFECTOS DE ESTA CARTA RENUNCIA

“Jorge Schaulsohn fue expulsado del Partido por la Democracia”

Publicado: Martes, 26 de Diciembre de 2006 a las 22:35hrs. 

“El abogado Jorge Schaulsohn Brodsky perdió su calidad de militante del Partido por la Democracia (PPD), según resolvió el Tribunal Supremo de la tienda, que consideró que el político fue incapaz de entregar antecedentes que justificaran sus denuncias de corrupción en la Concertación, amparadas bajo lo que denominó “ideología de la corrupción”.

Han transcurrido 13 años desde esta denuncia y la situación ha empeorado sustancialmente. Se han conformado mafias que cubren todo el espectro de la institucionalidad del Estado: Municipalidades; Servicios Públicos; Empresas del Estado; Cámara de Diputados; Senado; Ministerios; Contraloría y la recientemente descubierta extensión hacia el Poder Judicial.

Su influencia también alcanza a la empresa privada e incluso las iglesias y clubes deportivos.

Los jefes/propietarios de estas mafias pueden ejercer su poder a lo largo y ancho de la instituciones del estado y de la sociedad toda y mover influencias, dinero, cargos, favores y dádivas a su gusto y placer.

Se han transformado en poderes paralelos a las autoridades legítimas y abusadores de la ciudadanía desde una condición de impunidad total.

¿Desde donde operan estos capos mafiosos?, desde los partidos políticos y a través de diputaciones y senaturías que se prolongan a lo largo de 10, 20 y 30 años cargos sobre los cuales ya han adquirido títulos de propiedad como ocurre con Letelier y otros.

El primer paso, modesto pero imprescindible, para romper las cadenas que estas pandillas nos han impuesto es reducir sustancialmente la cantidad de diputados y senadores, eliminar la reelecciones, reducir drásticamente sus dietas escandalosas, aumentar el poder y actividad de los organismos fiscalizadores y generar nuevas instancias que permitan a los ciudadanos requerir informaciones a diputados y senadores, las que deban tener respuesta obligatoria y a breve plazo.

Vamos mal, mañana peor.

¿Ayudar a Guaidó o hacerle el trabajo a los venezolanos?

La campaña de Guaidó contra el dictador Maduro ha perdido fuerza, se ha estancado y caído en una rutina apática.

Pocos países del mundo soportarían una situación de miseria y abuso como la que vive Venezuela, pero ella parece no alterar demasiado a los líderes políticos de la oposición de ese país, se les ve a media fuerza, sin imaginación, sin empuje.

Peor aun, cada cierto tiempo Estados Unidos –Trump- recuerda al mundo que “todas las opciones están sobre la mesa” insinuando la posibilidad de una invasión armada.

Por favor, ¿alguien creería que EEUU pondría soldados en Venezuela?. Es evidente que lo que podría, y posiblemente haría, sería bombardear desde aire, mar y tierra con todo tipo de misiles y bombas a todo el territorio bolivariano, podría hacer polvo a sus fuerzas militares de opereta y matar a un número importante de sus narco generales, pero también es claro que llegaría el momento, inevitable, de poner botas en el terreno y eso, EEUU no lo hará.

Por varias razones: Las FANB sin duda que lucharía mejor contra soldados “gringos” que contra otros venezolanos; las heridas en la relación oposición/gobierno en Venezuela serían muy profundas y duraderas asegurando una larga inestabilidad política; las fuerzas terrestres norteamericanas tendrían que permanecer varios años y varios miles de muertos y mutilados en Venezuela y eso, con todo respeto por los dichos de Trump, es una bravata irreal y, en el mejor de los casos, ella no se prolongaría mas allá de su primer y único mandato.

Por su parte, Guaidó, cuando saque a Maduro y sus bandidos, necesitará un ejército real, capaz de seguir la lucha contra las pandillas de narcotraficantes aliados con los restos de las FANB, y las bandas de delincuentes comunes armados que conforman las fuerzas auxiliares irregulares del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

De la misma manera requerirá una policía despolitizada y eficaz y un sistema de inteligencia leal y eficiente para desmontar la infiltración cubana y las trenzas de delincuentes militares que desde ese momento serán aliados de las bandas de traficantes y lavadores masivos de dineros mal habidos.

Como se ve, el problema de la recuperación democrática de Venezuela pasa por la construcción, desde ya, de un ejército para Venezuela democrática. El entrenamiento de esta fuerza puede ser llevada a cabo con la ayuda del grupo de Lima e insertada en Venezuela cuando esté lista, con el apoyo distante de los EEUU.

Entre los millones de venezolanos exiliados hay centenares de miles de hombres en condiciones de luchar por su patria. No es aceptable que Guaidó insinúe que la invasión militar la harán soldados extranjeros.

Por otra parte, el inicio de estos preparativos le señalará a los milicotes maduristas, sin lugar a dudas, que la lucha viene en serio y que ya no es cuestión de lucir uniformes llenos de medallas, insignias y entorchados y que hay que prepararse en serio para luchar. Esta señal si duda dará una nueva perspectiva a los cálculos de los generales de Maduro, mal que mal los que roban y trafican lo hacen para ganar dinero y disfrutarlo, no para ser el muerto mas rico del cementerio, si es que sus huesos llegan a uno.

Me parece que es hora que los venezolanos tomen sus asuntos en sus manos  … y se preparen para luchar en serio para conseguir la independencia de su patria.

Esperando a Guaidó

Samuel Becket publicó a fines de los ´40 una “comedia del absurdo” titulada “Esperando a Godot” en la que dos vagabundos esperan en vano, a la vera del camino, la llegada de un  tal Godot con quien puede que tengan una cita y el cual “no llegará hoy pero mañana seguro que si”, y en realidad, nunca llega. Pasan el tiempo conversando y discutiendo. Un crítico refiriéndose a las interminables escenas y a la escasez de personajes, resumió su crítica con una frase de la propia obra: “¡Nada ocurre, nadie viene, nadie va, es terrible!”

Las manifestaciones populares en Caracas no inquietan a Maduro, con su combinación de militares, guardia nacional, bandas de motociclistas armados, con el sistema cubano de control cuadra a cuadra y la delincuencia común, controlan al pueblo venezolano. Con el monopolio gubernamental sobre la comida, el vestuario, los medicamentos y el acceso a los hospitales compra y administra lealtades.

Maduro no es Pinochet, prefiere llevar a su país al caos antes que arriesgarse a perder el poder. Nunca llamará a un plebiscito, jamás entregará el gobierno. Los narco militares venezolanos saben que confiar en las promesas de los partidos políticos es una estupidez que solo los militares chilenos y los argentinos cometerían. Ellos jamás. Ya saben lo que pasa. Un gobierno marxista no suelta el poder.

La alternativa sería una intervención de los EEUU. ¿Por qué ese país haría tal cosa?. A Trump le gustaría que Venezuela tuviera un comportamiento democrático y sensato, pero difícilmente pase de las sanciones y el apoyo político y diplomático a una guerra abierta para desalojar del poder a Maduro y a sus narco generales. Meterse a un país en parte selvático, de dimensiones inmensas, lleno de bandidos urbanos, con las bandas de las FARC colombianas y las pandillas venezolanas que operan el narcotráfico y la minería ilegal proveyéndoles de recursos financieros inagotables a Maduro y su Mafia … y el lote siniestro de Cuba, Rusia y China, infiltrando armas de tecnología avanzada, es otra cosa.

EEUU podría lanzar grandes ataques aéreos de precisión, misiles y drones, podría destruir lo que quiera, cuantas veces quiera, pero inexorablemente llegará el momento de tener que invadir el país y las ciudades, reconstruir las instituciones, construir una nueva policía, un nuevo ejército, sofocar el terrorismo, controlar la delincuencia ya entronizada en la sociedad, levantar la economía y eso no tomaría meses sino años, muchos años.

Trump no enviará a sus soldados a Venezuela. No le interesa. Es un especulador y no pone pone un dólar si no tiene la seguridad de ganar mil y eso no sucederá, considerando que en los próximos dos años deberá enfrentar una reelección que no es para nada segura.

Siguiendo la distribución normal de las tareas, al Grupo de Lima le corresponderá poner la carne –los muertos, los heridos y los mutilados- en una lucha feroz que durará no menos de diez años.

Nuestro país tendría que comenzar por ampliar sustancialmente la Prisión de Punta Peuco; reforzar al Instituto Chileno de Derechos Humanos; recuperar a la Lorena Fries; reorganizar la Vicaría de la Solidaridad, ahora sin pedófilos y convencer a los chilenos que deben enviar a sus hijos a luchar por la democracia en Venezuela. Esto con la oposición frenética de la izquierda y el desgano –por decir lo menos- de los militares.

Piñera, por lo menos al final de su gobierno, tendrá que revisar a fondo sus parlamentos sobre lo abominable que fue el Gobierno Militar de Chile cuando reconstruyó simultáneamente la economía, la institucionalidad y la democracia, contra la oposición del terrorismo armado y financiado por Alemania Oriental, Cuba, la Unión Soviética y los “compañeros de ruta” de EEUU y Europa. Que nadie se llame a engaño, una guerra como la que se avisora no será con guantes ni a besos.

Será también un momento didáctico, esta vez la fronda deberá enviar a su hijos y sobrinos. No se quedarán en la casa, como sucedió durante el Gobierno Militar; estudiando en Harvard; haciéndose ricos o apropiándose de los bienes fiscales privatizados. Todos los chilenos estaremos llevando la cuenta exacta de cuantos de ellos están en la lucha por la democracia. Lo mismo vale para los que están endeudados con la hospitalidad de Venezuela que los recibió cuando huyeron de Chile y les permitió continuar conspirando y entorpeciendo la tarea del gobierno de Chile para recuperar el país.

Sus niños deberán estar allá, en el combate real y no en una oficina. Los estaremos vigilando día a día.

Parece que mejor lo piensan con mas detención. Mientras tanto, sigan esperando a Guaidó.

Liberales y Carrera Militar

En mi columna anterior titulada “PROLONGACIÓN DE LA CARRERA MILITAR”, referida a la ruptura unilateral -por parte del Gobierno de Sebastián Piñera-  del acuerdo político militar desarrollado a lo largo del siglo XX, escribí:

La profesión militar es la respuesta a una vocación de servicio. Implica una actitud ante la vida que se centra más en los demás que en si mismo, y esta vocación se aplica a una escala de valores en la que la Patria destaca como algo a lo que vale la pena servir.

Por tanto, la profesión militar implica, de entrada, una buena dosis de idealismo, la aceptación de una vida de austeridad y se materializa en un hombre de acción siempre dispuesto a enfrentar problemas y a resolverlos, aun a costa de sí mismo”.

Al releer lo escrito tomé conciencia de la eventual obsolescencia política y social de mis ideas: sigo creyendo en la patria, la solidaridad, el estado, la nación, el territorio patrimonial nacional, el servicio público, la compasión, la austeridad, la responsabilidad social, el auto sacrificio en bien de la sociedad, la honradez, el respeto a la fe pública y los compromisos de honor. No siempre cumplo, pero mi conciencia me lo reprocha, lo que indica que estoy contrariándola.

¿Quiénes comparten estas ideas en el Chile actual?, no los liberales, por cierto, para ellos –y así me lo han dicho- toda la palabrería anterior solo intenta disimular la incapacidad, la incompetencia, la carencia de empuje, la falta de ambiciones, la debilidad intelectual, en suma, la mediocridad de los que en realidad no pueden ganar, ni siquiera pueden competir, por lo que abandonan la pista antes del disparo de partida y se refugian bajo un paraguas de palabrería hueca. Un militar, después de todo, es alguien que no pudo ser un “winner” en el exigente mundo de la competencia individual.

Esta es la base del profundo y arraigado desprecio de la derecha liberal hacia la profesión militar y de la banalización de los asuntos que les inquietan e interesan personal y profesionalmente y su desinterés en la defensa nacional a la que nunca conocieron y en la que jamás participaron.

Estuve en servicio en las FFAA de Chile para las prolongadas crisis con Perú, Argentina y el largo y cruel conflicto Interno. Pasamos las mas agudas estrecheces económicas institucionales, personales y familiares, tuvimos que enfrentar desafíos armados desde la indigencia de material, bajo el peso de la Enmienda Kennedy y el embargo de armas, municiones y repuestos. Sacamos adelante a nuestras familias con los cotidianos milagros que hicieron nuestras esposas y madres.

En todos esos años nunca vi a un representante de la fronda, jamás vi ni escuché a un liberal apoyándonos con algo mas que palabrería afectada, que malamente escondía una repugnante mezcla de desprecio a los militares, temor a las turbas que sentían amenazantes y el pánico a perder su lugar de privilegio.

Para esa lógica, la carrera militar es solo un trabajo servil, justamente mal remunerado, financieramente improductivo, socialmente marginal e intelectualmente menguado y chato.

Solo esta explicación podría fundamentar la forma banal y galopante en que se ha desarrollado el proyecto  de la Ley Piñera de “Modernización de la Carrera Militar”.

Es evidente que ningún liberal auténtico podría ser militar. Sería un tarugo redondo en un agujero cuadrado. Todo, absolutamente todo, desde las remuneraciones modestas hasta el dormitorio colectivo; desde el rancho igualitario hasta el uso del uniforme; desde la obediencia en beneficio de la eficiencia colectiva hasta el espíritu de cuerpo; desde la falta de ambiciones materiales hasta la ambición por fama y gloria colectiva, todo les resultaría ilógico y absurdo. Un liberal está para las grandes cosas, como llamar mujer a alguien biológicamente masculino; para liberar a quien sabe quien, de quien sabe cuales, cadenas imaginarias y atarearse por temas realmente críticos como permitir que un niño de 14 años cambie, por si y ante si, de género en el Registro Civil.

Para un gobierno poseído por la lógica del frenesí liberal que campea entre los miembros de la derecha actual en Chile, tomar en serio y resolver correctamente un problema complejo como el de diseñar una “carrera militar moderna”, es una misión imposible, peor aun, de inutilidad en si misma. Lo único útil que puede salir de ahí sería una reducción de un gasto ineficiente. No pueden disolver las FFAA (por ahora) pero si pueden reducir el gasto –pérdida- en ellas.

Hay quienes consideran que esta forma de entender y vivir y el liberalismo es modernidad y progreso, que ese tipo de relaciones sociales es el que forma sociedades fuertes y resilientes: la lucha individual por la supervivencia, con el triunfo del mas fuerte y una cierta y limitada tolerancia hacia los “losers”.

También habemos muchos que sabemos que un país es mas que la suma de sus habitantes y que la sumatoria de sus fortunas y pobrezas. Sabemos que juntos somos mucho mas y que las Fuerzas Armadas son un núcleo duro en torno al cual aglutinar a todos –todos, de verdad todos- los chilenos y que por eso y mucho mas, son imprescindibles y merecen respeto, consideración y apoyo.

Por lo señalado pido a las autoridades gubernamentales que esta reforma sea abordada con seriedad, con tiempo y sobretodo sin movidas politiqueras para dividir y aislar a los que no están de acuerdo con su proyecto.

La carrera militar es algo mas que una molestia a resolver por un subsecretario frustrado por gente “penca”, inesperadamente indóciles.

Fernando Thauby García

Melosilla 29 de Marzo de 2019

PROLONGACIÓN DE LA CARRERA MILITAR

Esta columna ha sido titulada “Prolongación” de la carrera militar y no “Modernización”, ya que la modernización que genera el proyecto en cuestión es mínima y el propósito central de los cambios de esta “Ley Piñera” es solo la prolongación de la carrera militar. Lo que a priori, no es bueno ni malo, sino que debe ser sometido análisis, pero partiendo desde la claridad de los objetivos buscados.

Cifras

La inquietud gubernamental respecto a la carrera militar se movilizó a partir de la agitación mediática de las presuntas altas pensiones -3 millones de pesos- que recibirían los militares al retirarse y de la baja edad en que jubilarían; alrededor de los 50 años de edad.

El tema fue también incluido en el marco del debate de las bajas pensiones que otorgarían la AFP a sus ahorrantes, comparadas desfavorablemente con las supuestas cifras ya señaladas para los militares.

El uso de números al voleo es habitual cuando se trata del mundo militar, por ejemplo:

Al mes de enero de 2018, las “altas pensiones militares”, estaban constituidas por un 74,8% de persona que ganaban menos de un millón de pesos, incluyendo a un 33,5 que recibía menos de $ 500.000. Entre los pensionados militares existe un porcentaje significativo de personas que vive en la pobreza.

Solo el 2,6% de ellos gana sobre los 3 millones que se dice es lo “normal” para los militares.

Para un conjunto constituido por personas con educación de nivel  técnico profesional e ingenieros, muchos de los cuales alcanzan cargos de alta responsabilidad no es, de ninguna manera, una extravagancia y es evidente que es una falsedad referirse a la pensiones militares a bulto como de “3 millones de pesos”.

La profesión y la carrera militar

La profesión militar es la respuesta a una vocación de servicio. Implica una actitud ante la vida que se centra más en los demás que en si mismo, y esta vocación se aplica a una escala de valores en la que la Patria destaca como algo a lo que vale la pena servir; la Tierra; la Gente; el Estado, como la nación organizada para la convivencia; y también la Cultura propia, la Historia común, la Aventura compartida y los Objetivos en los que convergen nuestros sueños y nuestras ilusiones colectivas.

Por tanto, la profesión militar implica, de entrada, una buena dosis de idealismo, la aceptación de una vida de austeridad y se materializa en un hombre de acción siempre dispuesto a enfrentar problemas y a resolverlos, aun a costa de sí mismo.

La profesión militar es también una carrera, porque el vínculo relacional entre la Nación y sus FFAA se establece mediante un compromiso mutuo.

En breve, la profesión militar lleva consigo una vida de solidaridad, austeridad y acción y un pacto con la sociedad que se estructura en torno a una carrera con compromisos de ambas partes.

La Carrera Militar en Chile

Desde comienzos del siglo XX la Profesión Militar se estructuró en un esquema –una Carrera- en que el militar se comprometía a: “servir fielmente a su patria, ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar, hasta rendir la vida si fuese necesario, cumplir con su deberes y obligaciones militares conforme a las leyes y reglamentos vigentes, obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de sus superiores, y poner todo empeño en ser un soldado valiente, honrado y amante de su patria”.

El Estado por su parte, personificado en el Presidente de la República, se comprometía proveer sus necesidades profesionales y personales con dignidad; a disponer sus misiones y objetivos y a emplearlas en los términos establecidos en la Constitución y las Leyes.

La profesionalización de las FFAA fue establecida formalmente en Chile desde comienzos del siglo XX y se materializó mediante un sistema con oficiales y suboficiales en escalafones separados, organizados en una estructura piramidal burocrática rígida, de dedicación exclusiva, con tiempos mínimos y máximos en cada grado y requisitos para ascender, todo lo anterior ligado a un sistema de remuneraciones, previsión y pensiones.

Las condiciones económicas, culturales y sociales del país en esos años, caracterizadas por un importante grado de rigidez, estancamiento y falta de crecimiento y desarrollo, facilitaron la paulatina conformación en nuestra sociedad de un modus vivendi burocrático en que la “carrera” era la forma de mantenerse y progresar, lentamente, paso a paso, estructuradamente y siguiendo escalafones. Esta cultura abarcó al total de la sociedad, de las actividades productivas estatales, de los organismos de servicios del estado e incluso de algunas empresas privadas como los bancos. La iniciativa, el emprendimiento y el riesgo fueron dejados de lado. Se buscó, afanosamente, la estabilidad y la seguridad teniendo al estado como proveedor.

En breve, la carrera militar se constituyó en una actividad de ingresos bajos pero seguros y estables; estrictamente burocrática, rígida y sin incentivos para ningún tipo de cambios; que culminaba en un retiro relativamente temprano con una pensión modesta pero garantizada por el estado.

Dado que el escalafón requería la eliminación constante de personal para mantenerlo en movimiento, se implantó un sistema de “cuotas” de retiros por escalafones y en cada grado, de manera de ir dejando espacio para el ascenso de los que seguían. Los incluidos forzosamente “en la cuota de retiros”, la gran mayoría, ya que los que podían llegar a la cúspide siempre sería un número muy pequeño respecto a los que comenzaban la carrera, fueron compensados con pensiones prematuras aun mas pequeñas. Esos militares, privados obligatoria y prematuramente de sus carreras son los que viven en la pobreza.

De esta manera, “alargar la carrera” actual supone imponer cambios accesorios que mantienen el meollo del acuerdo entre FFAA y Gobierno establecidos hace un siglo, que no se hacen cargo de los inmensos cambios habido Chile y en el mundo entre el comienzo del siglo XX y el del siglo XXI. El proyecto, también incluye cambios que deforman el esquema establecido, en perjuicio de los afectados, particularmente de los empleados civiles y otros profesionales no militares.

La realidad actual de nuestro país nos muestra una gran incremento en las expectativas de vida de las personas; la oferta constante de alternativas de desarrollo personal y de mejoramiento económico; la expansión del número de matrimonios en que ambos cónyuges trabajan y reciben sueldos similares o mayores para las mujeres; de reconversión laboral sistemática; de búsqueda y oferta de oportunidades no solo en el país sino también en el extranjero. Cada año decenas de oficiales piden un año de “permiso sin goce de sueldo” para viajar o para explorar alternativas laborales fuera del servicio. Por otro lado, la automatización y la robotización avanza hacia la creciente disminución del número de personal necesario para tripular la unidades, la Compañía de Infantería de Marina que comandé durante cuatro años estaba constituida por 6 oficiales y 180 soldados, hoy tiene 5 oficiales y 135 hombres. Un destructor requería una tripulación de 85 marinos y hoy solo necesita 42 y un Crucero tenía 1000 tripulantes.

La “carrera” ha disminuido sustancialmente su valor; vivir con estrechez el presente a cambio de “la posibilidad” de tener –en el futuro- una pensión solo aceptable ya no es lo atractivo que era en el Chile del siglo XX. Sacrificar la “carrera” de la esposa, ya no es aceptado así como así, no por razones económicas, menos por razones sociales. La “casa (el departamentito) fiscal” en una población modesta y la piscina del Club de Campo (pagada por los socios), ya no emocionan a nadie.

Nuestros jóvenes quieren y pueden vivir bien ahora y no tiene miedo de enfrentar el futuro. La seguridad ya no es lo importante y angustiante que fue.

Evidentemente, siempre habrá un número de personas que no tomará riesgos y priorizará la seguridad, pero cabe preguntarse, ¿es esa la clase de personas que necesitamos?. El riesgo, la movilidad, el cambio y la autonomía son características de la vida actual, especialmente de los jóvenes.

Parecería que hoy la gente privilegia el vivir bien ahora, avanzar todo lo que pueda y experimentar y conocer lo mas posible, ¿es eso lo que ofrecerá un alargue de la carrera?.

En breve. Tomar una decisión en esta situación es difícil, requiere tiempo, estudios y diálogo. La imposición a machamartillo de decisiones tomadas por personas poco o no representativas de los presuntos beneficiarios del cambio parece insuficiente.

Una rápida mirada a las soluciones que han encontrado -y siguen buscando- muchas FFAA en diferentes partes del mundo, en países que ya hicieron el camino que comenzamos a enfrentar, parece de toda prudencia.

La carrera de por vida puede ser reemplazada por un mix de “carreras” de diferentes duraciones, por especialidades, preferencias personales y conveniencias institucionales, que comiencen y terminen en plazos previamente establecidos y se lleven a cabo según acuerdos entre las partes.

Un “Nunca Más” de Cartón

En 1970, Alain Joxe, sociólogo marxista francés, de moda en esos años, publicó en Chile un breve libro titulado “Las FFAA en el sistema político chileno” que causó emoción en la feligresía de izquierda. Joxe trabajaba por cuenta del Centre Nacional de la Recherche Scientifique -equivalente francés del rol de agitación  académica que el PNUD cumple hoy en Chile- en vista a la cooptación de las FFAA en beneficio del progresismo.

El momento en que Joxe escribió su análisis tenía como último antecedente de intervención militar la del año 1924, que el autor valora como un cierto avance en la dirección correcta. Joxe desarrolla una serie de ideas, la mayoría de las cuales no comparto, de las cuales recojo la que señala que “Una intervención militar en Chile equivale a diez en otros países: es perfecta. … Por supuesto que no se trata del mismo ejército ni del mismo trabajo, … la noción de tradición es relativa, y se evita decir que el ejército en Chile tiene por tradición intervenir cada treinta o cuarenta años”.

Si la tradición que sospecha Joxe fuera correcta, la UP no debiera haberse sorprendido por la intervención de 1973 -40 años después de la de 1931- y los políticos chilenos actuales deberían estar considerando que la próxima intervención militar sería entre los años 2020 y 2030. Obviamente cada intervención tiene un fondo similar –recuperar la paz y el progreso- pero generalmente tienen formas muy diferentes.

Estos cálculos pueden haber estado detrás de la ansiedad de la Concertación por arrancar un “Nunca Mas” a alguna autoridad militar, que permitiera exorcizar este fantasma, pero así como yo no creo en la repetición mecánica de la historia ni en el determinismo sino en la construcción de la historia mediante una adición de actos libres, me parece que la mayoría de los líderes políticos actuales también lo hacen.

Esto me lleva a concluir que la necesidad del “Nunca Mas” apuntaba mas al pasado que al futuro. Necesitaban un reconocimiento explícito por parte de un militar de alto rango de que la intervención militar de 1973 había sido injusta, innecesaria e inmoral.

Este juego del “militar democrático”, elevado a posteriori a los altares periodísticos, es recurrente: en Argentina ese rol lo llenó Balza; en España fue Gutiérrez Mellado y así, en todas partes. En Chile no podía faltar y el hombre fue Cheyre.

La aceptación militar de esta jugarreta constituyó no solo un error sino una debilidad de carácter y un exceso de vanidad y ambición.

Pero a diferencia de lo acontecido en esos países, el converso chileno no permaneció en el panteón de los próceres sino que terminó encarcelado y enjuiciado como violador de derechos humanos, abandonado por moros y cristianos –literalmente- y hoy se encuentra tratando de cobrar a Lagos y otros, la deuda impaga por los servicios prestados a la Concertación.

¿Qué pasó?.

Pasó que los comunistas, derrotados inapelablemente en el enfrentamiento armado contra la FFAA de Chile, dado que militarmente ya estaban acabados y desprestigiados ante sus financistas, y que sus socios no podía instalarlos en el Gobierno ya que eran impresentables ante la ciudadanía, en subsidio, fueron apoyados para lanzarse a tratar de obtener venganza y lucro por la vía judicial con la complicidad de la izquierda y la derecha.

Un prócer marxista asiduo de Clausewitz dice que “guerra es la dialéctica política cuando incluye el uso de las armas”. Esta guerra comenzó en Chile en la década de los 60 y concluyó con la derrota del PC y sus excrecencias en 1990 y como todas las guerras su epílogo debía ser político, ya que se trataba de una actividad política.

En Chile no fue así, los políticos –como se dijo- no fueron capaces de enfrentar sus tareas y traspasaron el problema de cerrar la guerra a los fiscales y jueces. Por esa vía judicializaron la política y claudicaron de sus deberes. Hoy ya casi no tienen poder, los fiscales los llevan y los traen de la nariz y los jueces “resuelven” lo que el Gobierno y Congreso no se atreven a hacer.

El lucro y la venganza se encuentran es sus etapas finales, sus rendimientos son decrecientes, cada día las acusaciones a los militares son mas absurdas y ridículas, hasta la Corte Suprema a veces parece avergonzada de si misma, pero el animal aun tiene estertores. El juicio a Cheyre es uno de ellos.

Veremos en que concluye este episodio tragicómico. Las esperanzas de que esta vez el mundo político muestre valor y recojan a “su hombre” en desgracia, es casi inexistente.

La desafortunada malversación de fondos fiscales reservados y presupuestarios y su gasto en forma frívola y obscena por parte del general Fuentealba ex Comandante en Jefe del Ejército y algunos próximos a él, muestran que si bien, como dice Joxe, la intervención militar de 1973 fue profunda, eficaz y duradera -aun se mantienen sus políticas económicas y sociales y dejó detrás de si a un Chile completamente cambiado-, en la salida de las FFAA y Carabineros del gobierno, no todos sus Altos Mandos estuvieron a la altura.

De los líderes políticos, mejor callar.

Una mirada al ambiente político actual trae un dejá vù sesentero, se parece a los últimos meses del gobierno de Frei: gobierno auto centrado, oposición odiosa, intransigencia, jóvenes alejados de la realidad, demagogia, FFAA abusadas para manejos politiqueros  …, el Nunca Más de Cheyre fue de cartón.

A nivel regional nos columpiamos entre Maduro, Bolsonaro, Padrino y Manini, pero nadie saca conclusiones

Oscuro, Chile, es tu futuro nublado; los mezquinos te aplastan también.

LADRONES EN DEFENSA; UN POCO DE HISTORIA

Año                                      :1969

Presidente de la República: Eduardo Frei Montalva, PDC.

Ministro de Defensa           : Sergio Ossa Pretot, PDC.

Se negociaba la adquisición de equipos de telecomunicaciones[1]. El Oficial a cargo, Almirante Ismael Huerta –con amplia experiencia en adquisiciones- se negaba a reducir la cantidad de repuestos considerados en la adquisición inicial, ya que sabía que si no se adquiría todo junto, los sistemas pronto estarían fuera de servicio por falta o atraso en su adquisición.

Se citó a los representantes de los proveedores. “Esta vez traían en el rostro una expresión particularmente grave. El mas caracterizado entre ellos tomó la palabra para señalarme que la propuesta había experimentado un alza de $250.000 dólares”. “Me traían una propuesta, suprimir los repuestos”. “De este modo la Armada podría materializar su plan y adjudicar la propuesta con los fondos que le estaban reservados al efecto. En cuanto a las partes componentes y partes de reemplazo, ya se verá mas adelante”.

“Monté en cólera pero mis interlocutores permanecieron impasibles”. “Los despedí con rudeza, daría cuenta de inmediato a la superioridad de la Institución”.

“Cuando abandonaban la sala de la Dirección (de Armamentos de la Armada), uno de ellos volvió sobre sus pasos. Era el representante de la firma, que hacía de cabeza, y el que había expuesto la situación. Colocó la mano a un costado de su boca como para tapar el sonido de su voz y dijo:

For The Party´s fund  (Para la caja del Partido) – y se marchó apresuradamente”.

Es solo un botón de muestra, podría mencionar muchos otros casos, no solo de fondos para el partido sino también para los políticos a cargo: dos fragatas a construir en Gran Bretaña; aviones adquiridos a mansalva e impuestos a las FFAA; satélites; terrenos cercanos a un aeropuerto; gastos reservados de los Ministros de Defensa y una laaaaarga lista.

El próximo año, 1970, venían elecciones presidenciales y la Democracia Cristiana estaba haciendo caja.

¿Qué señala esto?

1.- No todos los militares son ladrones

2.- Muchos políticos si lo son

3.- Poner a un civil para reemplazar a un militar en un cargo donde se puede robar, no es garantía de nada.

4.- Confiar en que un militar nunca robará, no es realista.

Suscribo la filosofía política anglosajona: “Si alguien con poder puede abusar, abusará; si alguien con acceso a la alcancía puede robar, robará”.

SOLUCIÓN:

1.- Controles y equilibrios. Nadie puede tomar una decisión por si y ante si. Todos deberán negociar la decisión a tomar con los otros interesados. Una sola “agencia” acumulará poder para sus integrantes, sin adquirir ninguna responsabilidad por sus decisiones.

2.- Trasparencia. Toda transacción debe poder ser revisada, completamente,  por otros interesados con la necesarias competencias.

3.- El Ministro de Defensa debe asumir sus responsabilidades y dirigir, controlar y responder. Basta de un Ministro que solo mira y traspasa sus responsabilidades a otros organismos. No mas soluciones socialistas -mas burócratas-, no mas organismos ad hoc. Que el Ministerio funcione y el Ministro responda.

4.- Como los ladrones son de alto vuelo, debe haber una Contraloría en serio, valiente blindada, y a prueba de amenazas (también sujeta a inspección y control)

POR FAVOR, NO MAS HIPOCRESÍA.


[1] Huerta Diaz, Ismael. Volvería a ser Marino. Tomo I, páginas 343 y siguientes.