Espionaje: Lo que va de Pérez de Cuéllar a Gonzalo Gutiérrez

Javier Pérez de Cuellar es probablemente uno de los diplomáticos mas conocidos y respetados de Perú. Su currículo es impresionante: nacido en 1920, diplomático desde 1944, siendo ya abogado y profesor de derecho internacional. Fue embajador de Perú en Suiza, Unión Soviética, Polonia, Francia, Gran Bretaña, Brasil y las Naciones Unidas
Al servicio de las Naciones Unidas tuvo una participación destacada en Zambia, Afganistán e Indochina.
Su actuación como mediador y negociador en política le han merecido el reconocimiento de la comunidad internacional, lo que se muestra en los numerosos premios y distinciones que ha recibido a lo largo de su carrera política, entre los cuales se encuentre el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional de 1987; además, ha sido investido doctor Honoris Causa por varias universidades y es miembro de la Academia Francesa de Ciencias Morales y Políticas.
Fué profesor de derecho Internacional en la Academia Diplomática del Perú y Profesor de Relaciones Internacionales en la Academia de Guerra Aérea de su país. Escribió un Manual de Derecho Diplomático (Manual of Diplomatic Law), 1964, con ediciones posteriores corregidas y aumentadas.
En 1994, en medio de una situación de instabilidad en su país, aceptó presentarse como candidato a la presidencia de su país, apoyado por los partidos de oposición a Fujimori; en la elecciones de 1995, Pérez de Cuellar quedó a 20 puntos de quien resultara elegido, el presidente Alberto Fujimori.
En la Constitución de Perú existe la figura del Presidente del Consejo de Ministros del Perú, comúnmente llamado “Premier” o “Primer Ministro” el cual es nombrado por el Presidente de la República y ratificado por el Congreso.

Según la Constitución Política del Perú, el Primer Ministro es, luego del Presidente de la República, el portavoz autorizado del Gobierno.

Javier Pérez de Cuéllar fue Presidente del Consejo de Ministros del Perú simultáneamente con el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores desde el 22 de noviembre del 2000 al 28 de julio del 2001, durante la presidencia de Valentín Paniagua.

Como se puede apreciar Pérez de Cuéllar es un diplomático experto, de amplia experiencia internacional y de un probado buen juicio y habilidad negociadora, en breve, un diplomático de peso que no toma posiciones livianamente.

El año 2001, a fines de su desempeño como Primer Ministro y Ministro de Relaciones Exteriores, recibió una protesta de la Embajada de Chile en Perú, reclamando por el hallazgo de varios micrófonos instalados subrepticiamente en sus dependencias en Lima. Es evidente que un trabajo de esas características, audacia y descaro solo podía provenir de instancias oficiales especializadas. Es bueno recordar también que en la vida política interna de Perú, la escucha subrepticia de teléfonos, robo de documentos y colocación de sistemas de escucha, es materia de uso habitual.
Pues bien, Pérez de Cuéllar portavoz oficial del Gobierno del Perú, respondió en forma clara y concreta: “La embajada de Chile debería mejorar la seguridad de sus instalaciones”, punto, caso cerrado. El mensaje fue claro; en el patio de los niños grandes se juega sin llorar. No hubo disculpas, ni promesas de enmienda ni juramentos de amor.
El Gobierno de Chile de la época, tomó nota y comenzó a tomar las medidas apropiadas con mayor rigurosidad y entendió la “doctrina” de su país anfitrión.

¿Qué ha pasado desde ese ayer de Paniagua y Pérez de Cuéllar al hoy de Humala y de Gonzalo Gutiérrez?, se puede apreciar que ha habido un cambio radical, desde la diplomacia realista y digna a la política de barrio y plañidera.

Si bien es evidentemente cierta la influencia de la política interna peruana en su errático comportamiento internacional, en especial cuando el Presidente Humala se encuentra en pésimas condiciones en las encuestas y su esposa, que era la esperanza de su movimiento, ha caído brutalmente debido a la revelación de escándalos de lavado de dinero. Sin embargo no es menos grave en todo esto que en el año 2015, las mas altas autoridades políticas del Perú no temen complicar gravemente las relaciones con Chile sin mayor reflexión.

La conclusión de eso es evidente. La República de Chile no les suscita mas respeto ni interés que sus problemas locales inmediatos. La sobria reacción chilena en este incidente nos parece un ejemplo de una situación bien manejada. El presidente Humala quedo expuesto en su maniobra y algo de credibilidad recuperó nuestra diplomacia. Solo queda esperar que el Perú no nos volverá s someter de nuevo a este tipo de situaciones.

La historia, para tristeza de los chavistas-pacifistas locales, tiende a matizar esa esperanza.
Mientras en Perú los intereses personales del Presidente prevalezcan sobre los intereses de Estado y la Cancillería peruana no sea capaz de hacer valer su asesoría y capacidad técnica, la relación estará sujeta a vaivenes y cambios inesperados.