Las deudas del PS con el PC

El 9 de septiembre de 1973, siendo presidente Salvador Allende y José Tohá Ministro de Defensa, el senador socialista Carlos Altamirano, ante una multitud anunció: “A nuestro juicio, compañeros, el golpe reaccionario se ataja golpeando al golpe. No se ataja conciliando con los sediciosos. El golpe no se combate con diálogos. El golpe se aplasta con la fuerza de los trabajadores, con la fuerza del pueblo, con la organización de la clase obrera, con los comandos comunales, con los cordones industriales, con los consejos campesinos. Hemos oído aquí gritos de “crear, crear, poder popular”, porque el pueblo así lo ha comprendido. La guerra civil en que se encuentra empeñada la reacción, estimulada, apoyada, financiada y sustentada por el imperialismo norteamericano, se ataja sólo creando un verdadero poder popular. El compañero Allende no traicionará, compañeros, dará su vida si es necesario en la defensa de este proceso”.

Este discurso fue la culminación del enfrentamiento político -teórico y práctico- entre el Partido Comunista (PC) y el Partido Socialista (PS), teniendo a Allende como fiel de la balanza o como violinista en el tejado.
El PC, fiel seguidor de las directivas de Moscú, intentaba una revolución a partir de la conquista política del poder; sin alterar el proceso de la “distensión” a nivel de la Guerra Fría y sin unirse a la vía violenta del castrismo; el PS por su lado, estaba obnubilado por la “gesta” de Fidel Castro y sus barbudos, soñaba con la conquista violenta del poder, y Allende por su parte quería conjugar lo imposible: la vía pacifica de Moscú, sin ceder el puesto de líder revolucionario continental a Fidel Castro.

La incesante “agudización de las contradicciones” por parte del PS estaba arrinconando al PC, el ambiente de odio en la sociedad chilena era insoportable. La crisis económica y el conflicto social llevaron al PS a la convicción de que “la vía institucional” era inviable. El PS decía tener todo listo, los “cordones industriales” pertrechados y organizados, las FFAA adecuadamente “infiltradas” por sus agentes y simpatizantes, el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) aseguraba controlar amplias extensiones territoriales populares.
El 11 de septiembre se desató la guerra, los líderes de izquierda huyeron a perderse, algunos despistados buscaron las armas y no las encontraron, los dirigentes no dieron la cara. Allende se suicidó. Altamirano huyó.

Los militares habían comprado el cuento de la lucha armada y se habían preparado concienzudamente, fueron a la guerra con todo, a ganar. La debilidad de la resistencia fue una sorpresa grata pero difícil de creer de buenas a primeras. La parte mas difícil fue tomar el control del Estado que había sido copado por individuos y organizaciones mas o menos anárquicas y autónomas. Miles de activistas fanáticos controlaban todo, en todas partes.
El PS corrió a asilarse a las embajadas y el PC recibió la parte mas fuerte del impacto. Sus militantes quedaron abandonados, algunos resistieron, la mayoría fue capturada y encerrada, clasificada, en parte liberada y en parte enviada a detención.
En el caos reinante era imposible saber quien era quien y que papel jugaba cada cual en el régimen de la Unidad Popular. En realidad ni el Gobierno de Allende sabía que pasaba en Chile.

Este feroz fracaso, es el primero de los varios golpes que el PC recibió por culpa de la irresponsabilidad de los líderes del PS, que impusieron a Allende una lucha armada que dijeron ser capaces de ganar y en la cual fueron derrotados sin siquiera combatir.

Después vino la derrota del MIR que, sin hacerse cargo de su propia incapacidad, lanzó una heroica proclama: “El MIR no se asila”. Muy pronto, Enríquez y los miembros de la dirección del MIR comprobaron que carecían de la preparación y de los elementos necesarios para emprender una resistencia armada. Tampoco sabían que de sus propias filas saldrían hombres y mujeres que los delatarían. Tras algunos enfrentamientos, los combatientes revolucionarios también huyeron. Con el tiempo terminaron transformados en píos mártires perseguidos por sus ideas y sus perseguidores militares convertidos en delincuentes y asesinos malvados.
Desde fines de los años ´60 el PC había iniciado la formación de varios cientos de oficiales militares profesionales en la URRS, Bulgaria, Rumania, Cuba y Alemania Oriental que se desempeñaron en diferentes cargos en esos países mas Nicaragua y El Salvador (Brigada Internacional Simón Bolívar). En 1977, comprobada la derrota política y militar en Chile, el PC llevó a cabo un giro estratégico radical: se aproximó a Fidel Castro, adoptó la lucha armada como instrumento para el derrocamiento del Gobierno Militar y la implantación de la Revolución en Chile. Comenzó reuniendo a sus militares y a sumar a los egresados de las nuevas promociones, proceso que culminó el 3 de septiembre de 1980, en que Luis Corvalán a través de un discurso transmitido por Radio Moscú, anunció a Chile y al mundo, que el PCCh adoptaba una estrategia de Rebelión Popular de Masas para iniciar la “sublevación nacional” como vía al “establecimiento del socialismo”. La guerra contra el gobierno de Chile.
No está claro quienes ni como impusieron este cambio de estrategia pero el PC comenzó a aplicarlo enérgicamente en Chile mediante el “trabajo militar de masas” (TMM), consistente en entrenamiento paramilitar orientado a atentados menores, tales como bombas en postes de alumbrado y de teléfonos, bombas de ruido en dependencias públicas, boicots, sabotajes, propaganda armada, disturbios callejeros, barricadas y subversión en las FFAA, incluyendo la venta subsidiada de drogas a la salida de los cuarteles. Un paso crítico fue la creación del ala militar del PC, el Frente Manuel Rodríguez.
En el intertanto, y desde fines de los ´70 venía haciéndose claro que el apoyo de Fidel a los revolucionarios latinoamericanos no era desinteresado, en realidad, en el ambiente político que se vivía entre la URRS y EEUU, las guerrillas en Sudamérica ayudaban a Fidel a pasar desapercibido y desviaban la atención mundial, desde su isla y su revolución fracasada, hacia otros objetivos.
El PC chileno, se cambió al carro militarista justo cuando la vía violenta dejaba de ser viable. En este contexto, los socialista exiliados en Europa comenzaban su conversión hacia la “vía institucional”, conocida en nuestro país como la “renovación socialista”. Y … los Comunistas volvieron a ser abandonados por el PS que comenzaron solos la lucha contra el Gobierno Militar.
En 1984 las fuerzas de seguridad del Gobierno Militar golpearon duramente al PC, primero con la captura del cargamento de armas en Carrizal Bajo y luego haciendo fracasar el atentado contra el Presidente Pinochet. La reacción del gobierno fue drástica. Los comunistas quedaron aislados y en cuestión de semanas decidieron un brusco giro estratégico, optando por desmantelar al FPMR antes del término de ese año. Esta parte de la batalla resultó con abundantes bajas entre las fuerzas del PC, provocando fuertes crisis en el MIR (división y posterior atomización) y en el Partido Comunista (desgajamientos y debilitamiento).
Y la puñalada final en palabras de un prócer PC: “La llamada estrategia de “concertación” fue plenamente exitosa: consiguió que la dictadura concentrara su represión sobre el ala revolucionaria de la oposición democrática (el PC) y aceptara negociar con el ala concertacionista. Logró dividir a la izquierda y atraer a la “renovación socialista” al proceso negociador, concitar las esperanzas democráticas y el respaldo pasivo de una amplia masa ciudadana, negociar con los militares y la derecha el proceso de transición a un régimen civil que bajo la formalidad de procedimientos democráticos (elecciones, división de poderes, partidos políticos) asegurara la continuidad de la misma economía neoliberal al servicio de los grandes empresarios, la coadministración entre la Alianza y la Concertación de la institucionalidad política (candados constitucionales, binominal), el control monopólico de los medios de comunicación y reproducción cultural, el papel de las FFAA como garantes de la gobernabilidad institucional, y la impunidad y olvido de la responsabilidad dictatorial”.

En breve la derrota total.

Conquistado el gobierno, llegó la hora del pago de la Concertación al PC permitiendo y alentando su venganza contra las FFAA, para lo cual Aylwin armó el entramado de las “Leyes Cumplido” y, en ausencia de acceso del PC al saqueo del estado, dar compensaciones pecuniaria inagotables para sus combatientes y simpatizantes (ahora “mártires” y “gente que pensaba distinto”).

El ex Ministro Edgardo Boeninger, creador de la estrategia de la DC para ganar el plebiscito de 1988, cerebro de la transición, creador la Concertación y ministro de la Secretaría General de la Presidencia de Aylwin describe fría y crudamente esta maniobra que, aprovechando la debilidad militar paralizados por “la tradición de dependencia y de respeto por la figura del Presidente de la República, el constitucionalismo militar y el estricto apego a las jerarquías”, para someterlos, desconocer los acuerdos, crear legislaciones especiales y procedimientos judiciales ad-hoc para arrastrarlos a los tribunales a recibir los castigos impuestos por un Poder Judicial bajo el control de la Concertación.

La pregunta clave, ¿adónde llegará esto?, porque hasta ahora, los gobiernos se limitan a esperar que no se hable del problema político – militar y que ojalá no estalle durante su período, y así va medio siglo.

Este blog continúa con “la Cossa Nostra” – La Izquierda y La Derecha Unidas”.g>