PROLONGACIÓN DE LA CARRERA MILITAR

Esta columna ha sido titulada “Prolongación” de la carrera militar y no “Modernización”, ya que la modernización que genera el proyecto en cuestión es mínima y el propósito central de los cambios de esta “Ley Piñera” es solo la prolongación de la carrera militar. Lo que a priori, no es bueno ni malo, sino que debe ser sometido análisis, pero partiendo desde la claridad de los objetivos buscados.

Cifras

La inquietud gubernamental respecto a la carrera militar se movilizó a partir de la agitación mediática de las presuntas altas pensiones -3 millones de pesos- que recibirían los militares al retirarse y de la baja edad en que jubilarían; alrededor de los 50 años de edad.

El tema fue también incluido en el marco del debate de las bajas pensiones que otorgarían la AFP a sus ahorrantes, comparadas desfavorablemente con las supuestas cifras ya señaladas para los militares.

El uso de números al voleo es habitual cuando se trata del mundo militar, por ejemplo:

Al mes de enero de 2018, las “altas pensiones militares”, estaban constituidas por un 74,8% de persona que ganaban menos de un millón de pesos, incluyendo a un 33,5 que recibía menos de $ 500.000. Entre los pensionados militares existe un porcentaje significativo de personas que vive en la pobreza.

Solo el 2,6% de ellos gana sobre los 3 millones que se dice es lo “normal” para los militares.

Para un conjunto constituido por personas con educación de nivel  técnico profesional e ingenieros, muchos de los cuales alcanzan cargos de alta responsabilidad no es, de ninguna manera, una extravagancia y es evidente que es una falsedad referirse a la pensiones militares a bulto como de “3 millones de pesos”.

La profesión y la carrera militar

La profesión militar es la respuesta a una vocación de servicio. Implica una actitud ante la vida que se centra más en los demás que en si mismo, y esta vocación se aplica a una escala de valores en la que la Patria destaca como algo a lo que vale la pena servir; la Tierra; la Gente; el Estado, como la nación organizada para la convivencia; y también la Cultura propia, la Historia común, la Aventura compartida y los Objetivos en los que convergen nuestros sueños y nuestras ilusiones colectivas.

Por tanto, la profesión militar implica, de entrada, una buena dosis de idealismo, la aceptación de una vida de austeridad y se materializa en un hombre de acción siempre dispuesto a enfrentar problemas y a resolverlos, aun a costa de sí mismo.

La profesión militar es también una carrera, porque el vínculo relacional entre la Nación y sus FFAA se establece mediante un compromiso mutuo.

En breve, la profesión militar lleva consigo una vida de solidaridad, austeridad y acción y un pacto con la sociedad que se estructura en torno a una carrera con compromisos de ambas partes.

La Carrera Militar en Chile

Desde comienzos del siglo XX la Profesión Militar se estructuró en un esquema –una Carrera- en que el militar se comprometía a: “servir fielmente a su patria, ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar, hasta rendir la vida si fuese necesario, cumplir con su deberes y obligaciones militares conforme a las leyes y reglamentos vigentes, obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de sus superiores, y poner todo empeño en ser un soldado valiente, honrado y amante de su patria”.

El Estado por su parte, personificado en el Presidente de la República, se comprometía proveer sus necesidades profesionales y personales con dignidad; a disponer sus misiones y objetivos y a emplearlas en los términos establecidos en la Constitución y las Leyes.

La profesionalización de las FFAA fue establecida formalmente en Chile desde comienzos del siglo XX y se materializó mediante un sistema con oficiales y suboficiales en escalafones separados, organizados en una estructura piramidal burocrática rígida, de dedicación exclusiva, con tiempos mínimos y máximos en cada grado y requisitos para ascender, todo lo anterior ligado a un sistema de remuneraciones, previsión y pensiones.

Las condiciones económicas, culturales y sociales del país en esos años, caracterizadas por un importante grado de rigidez, estancamiento y falta de crecimiento y desarrollo, facilitaron la paulatina conformación en nuestra sociedad de un modus vivendi burocrático en que la “carrera” era la forma de mantenerse y progresar, lentamente, paso a paso, estructuradamente y siguiendo escalafones. Esta cultura abarcó al total de la sociedad, de las actividades productivas estatales, de los organismos de servicios del estado e incluso de algunas empresas privadas como los bancos. La iniciativa, el emprendimiento y el riesgo fueron dejados de lado. Se buscó, afanosamente, la estabilidad y la seguridad teniendo al estado como proveedor.

En breve, la carrera militar se constituyó en una actividad de ingresos bajos pero seguros y estables; estrictamente burocrática, rígida y sin incentivos para ningún tipo de cambios; que culminaba en un retiro relativamente temprano con una pensión modesta pero garantizada por el estado.

Dado que el escalafón requería la eliminación constante de personal para mantenerlo en movimiento, se implantó un sistema de “cuotas” de retiros por escalafones y en cada grado, de manera de ir dejando espacio para el ascenso de los que seguían. Los incluidos forzosamente “en la cuota de retiros”, la gran mayoría, ya que los que podían llegar a la cúspide siempre sería un número muy pequeño respecto a los que comenzaban la carrera, fueron compensados con pensiones prematuras aun mas pequeñas. Esos militares, privados obligatoria y prematuramente de sus carreras son los que viven en la pobreza.

De esta manera, “alargar la carrera” actual supone imponer cambios accesorios que mantienen el meollo del acuerdo entre FFAA y Gobierno establecidos hace un siglo, que no se hacen cargo de los inmensos cambios habido Chile y en el mundo entre el comienzo del siglo XX y el del siglo XXI. El proyecto, también incluye cambios que deforman el esquema establecido, en perjuicio de los afectados, particularmente de los empleados civiles y otros profesionales no militares.

La realidad actual de nuestro país nos muestra una gran incremento en las expectativas de vida de las personas; la oferta constante de alternativas de desarrollo personal y de mejoramiento económico; la expansión del número de matrimonios en que ambos cónyuges trabajan y reciben sueldos similares o mayores para las mujeres; de reconversión laboral sistemática; de búsqueda y oferta de oportunidades no solo en el país sino también en el extranjero. Cada año decenas de oficiales piden un año de “permiso sin goce de sueldo” para viajar o para explorar alternativas laborales fuera del servicio. Por otro lado, la automatización y la robotización avanza hacia la creciente disminución del número de personal necesario para tripular la unidades, la Compañía de Infantería de Marina que comandé durante cuatro años estaba constituida por 6 oficiales y 180 soldados, hoy tiene 5 oficiales y 135 hombres. Un destructor requería una tripulación de 85 marinos y hoy solo necesita 42 y un Crucero tenía 1000 tripulantes.

La “carrera” ha disminuido sustancialmente su valor; vivir con estrechez el presente a cambio de “la posibilidad” de tener –en el futuro- una pensión solo aceptable ya no es lo atractivo que era en el Chile del siglo XX. Sacrificar la “carrera” de la esposa, ya no es aceptado así como así, no por razones económicas, menos por razones sociales. La “casa (el departamentito) fiscal” en una población modesta y la piscina del Club de Campo (pagada por los socios), ya no emocionan a nadie.

Nuestros jóvenes quieren y pueden vivir bien ahora y no tiene miedo de enfrentar el futuro. La seguridad ya no es lo importante y angustiante que fue.

Evidentemente, siempre habrá un número de personas que no tomará riesgos y priorizará la seguridad, pero cabe preguntarse, ¿es esa la clase de personas que necesitamos?. El riesgo, la movilidad, el cambio y la autonomía son características de la vida actual, especialmente de los jóvenes.

Parecería que hoy la gente privilegia el vivir bien ahora, avanzar todo lo que pueda y experimentar y conocer lo mas posible, ¿es eso lo que ofrecerá un alargue de la carrera?.

En breve. Tomar una decisión en esta situación es difícil, requiere tiempo, estudios y diálogo. La imposición a machamartillo de decisiones tomadas por personas poco o no representativas de los presuntos beneficiarios del cambio parece insuficiente.

Una rápida mirada a las soluciones que han encontrado -y siguen buscando- muchas FFAA en diferentes partes del mundo, en países que ya hicieron el camino que comenzamos a enfrentar, parece de toda prudencia.

La carrera de por vida puede ser reemplazada por un mix de “carreras” de diferentes duraciones, por especialidades, preferencias personales y conveniencias institucionales, que comiencen y terminen en plazos previamente establecidos y se lleven a cabo según acuerdos entre las partes.