Las verdades que nos recordó el Sr. Bu

Por razones comerciales viví y trabajé algunos años con varios empresarios chinos, en Singapur, Taiwán, Indonesia y Malasia y fue una experiencia muy grata. Tengo un gran respeto y aprecio por su cultura, sus maneras sociales y su trato de negocios.

Dicho esto, creo que podemos separar lo personal de lo nacional.

China ha hecho una mala elección de sus socios en Sudamérica: Venezuela, en sus versiones Chávez y Maduro; Brasil y Argentina y no podría decir que hayan sido exitosas. Su ingreso estrepitoso y depredador no ha sido duradero ni rentable.

Con Chile ha funcionado mejor, pero están cometiendo tres errores graves que pueden demoler lo construido: China tiene su cultura nacional peculiar y distintiva, en que la disciplina, la homogeneidad social y el autoritarismo político -características desarrolladas a lo largo de siglos- les han permitido sortear y manejar graves crisis humanitarias, militares y económicas con gran éxito. Exigen que se les respete y comprenda. Desde nuestro lado, aquí se valoriza la autonomía personal, la heterogeneidad social y la democracia y también exigimos que se nos respete y se entiendan los limites que el gobierno tiene para intervenir en la sociedad.

Como es inevitable que ocasionalmente haya choques y conflictos, es fundamental el uso de buenas maneras, la discreción y tratar de entender los límites de la contraparte. No voy a criticar al Sr. Bu, pero los resultados muestran que el camino elegido para tratar el asunto de la visita de un diputado chileno a Taiwán y Hong Kong no fue positivo.

El segundo error es aproximarse a nuestras autoridades en forma imperativa. En verdad los gobiernos norteamericanos, por años, han intentado hacerlo con resultados variables y pese a que compartimos la misma cultura política, los modales imperiales de algunas de sus autoridades y embajadores han sido difíciles de digerir. Dos procónsules concurrentes -un norteamericano y un chino- parecen ser excesivos para Chile y como no podemos sacudirnos de ambos, la prudencia aconseja liberarnos aunque sea de uno de ellos. El Sr. Xu Bu nos está empujando a una situación en que preferiríamos no estar.

El Sr. Mike Pompeo -emisario de Donald Trump, presidente de los EEUU- vino a Chile y luego de descalificar al Gobierno y pueblo chino, impartió una serie de directivas y recomendaciones para la toma de decisiones por parte de nuestro gobierno para seleccionar al socio para la instalación del sistema 5G y el cable de fibra óptica transpacífico. Poco tiempo después el Canciller de China Sr. Wang Yi, en una entrevista escrita en un diario nacional, nos explicó en detalle la conveniencia de comprometernos, a largo plazo, con empresas de su país.

Ambos emisarios, de alto nivel, promovieron sus intereses nacionales, lo que es legítimo. Pero el Sr. Bu olvida algo importante: EEUU pese a todo, es una sociedad abierta, con un Poder Judicial separado del gobierno, con prensa libre, con diversidad de partidos políticos y reglas comerciales objetivas que muchas veces se cumplen. En China, la concentración del poder en el Estado y en el Partido Comunista y la discrecionalidad gubernamental, son omnímodas y universales. Para completar el cuadro siendo pragmáticos, Trump y Pompeo tienen una vida política limitada, un término presidencial, como máximo dos. En cuanto a China, el Sr. Xi Jinping permanecerá por muchos años y el Partido Comunista por muchos mas.