BAILE DE MÁSCARAS – LA IZQUIERDA Y LA DERECHA

Lo que ha sacudido a nuestro país es una manifestación de disgusto social, en efecto, la generación de jóvenes actuales, nacidos y criados en un país crecientemente acomodado, quieren y exige “más”. Más bienes, más servicios, más beneficios, más crédito. Todo a partir de un baremo que para la generación mayor es alto y crecientemente satisfactorio, pero que para ellos es insuficiente y crece demasiado lento. Esa tensión es normal y natural.

Entonces, ¿de dónde esa violencia irracional?.

Aquí hay varios responsables y un culpable.

Los responsables son los gobiernos nacionales que dejaron debilitar y desprestigiar el principio de autoridad y a las autoridades, instituciones y agencias encargadas de exigirlo; permitieron la caída vertical del prestigio y credibilidad de la ley; ejercieron con liviandad sus deberes legales y constitucionales que se manifestaron en una seguidilla de desaciertos, complicidades, errores y debilidades: la corruptela política, el abuso económico y de poder obsceno, por parte del Congreso; el abuso empresarial particularmente en las áreas de salud, previsión, farmacias; el manejo errático e impotente de los desafíos y provocaciones en la Araucanía; el desmadre e incompetencia de las autoridades del Ministerio del Interior; la seguidilla de desmanes y burlas a la autoridad por parte de un grupo de escolares delincuentes del Instituto Nacional, a pocas cuadras del Palacio de Gobierno. El desafío constante y reiterado de grupos anarquistas con promoción abierta del odio y la violencia; en forma muy importante, en la incapacidad e impotencia de las autoridades ante las pandillas de narcotraficantes que actúan públicamente y en total impunidad y por último, el comportamiento arbitrario, abusador y corrupto del Poder Judicial y la constante acción subversiva y antidemocrática del Partido Comunista, con su arsenal reconocido públicamente y aún oculto.

Y hay un culpable. El Presidente de la República Sebastián Piñera que, por razones que solo él conoce, debilitó sistemáticamente el orden público restando apoyo a las policías, hizo de la crítica y demostración de desafecto a las FFAA una actitud permanente; que eludió su responsabilidad de dirección superior de las policías; que no tomó acción ante desafíos flagrantes a su autoridad; que permitió al Poder Judicial entrometerse en áreas de competencia del Ejecutivo y en permitir la aplicación a los militares una justicia injusta y prevaricadora, evidente para todos menos para él y su grupo cercano y que favoreció a sus propios enemigos, en un afán ingenuo de agradarlos a ellos y a sus promotores extranjeros y nacionales. Que mostró indolencia respecto a la organización y funcionamiento de la Agencia de Inteligencia Nacional y por su debilitado prestigio personal y permanentemente en entredicho, por muchos y reiterados negocios oscuros, “pasadas” e intereses económico personales de gran magnitud en empresas e instituciones financieras extranjeras que se cruzaban con intereses nacionales.

Esta bomba de tiempo estalló con el ataque de un pequeño grupo de terroristas y agitadores profesionales con financiamiento y asesoría extranjera; el apoyo propagandístico cibernético; la acción antidemocrática y subversiva del Partido Comunista y la incompetencia del Ejecutivo. Esa chispa cayó en el pastizal de la frustración, el esnobismo, la irresponsabilidad y el fracaso en la satisfacción de expectativas sembradas por el mismo Piñera en su campaña electoral.

Quedó a la vista la interacción de tres grupos: los “profesionales” liderando estudiantes violentos y lumpen, que destruyeron el Metro; la masa de clase media descontenta y movilizada por la posibilidad de expresarse y por el lumpen reforzado con los narco traficantes, los vándalos y ladrones de poca monta que en Chile aparecen ante la posibilidad del saqueo y la violencia.

La acción (inacción) de los partidos políticos es interesante. La derecha desapareció, callaron hasta que los militares controlaron el caos, se quedaron en sus casas, ni siquiera “twittearon”, tímidamente comenzaron a aparecer sus cabezas en estos últimos días. La izquierda apareció cínica y audazmente a “agudizar las contradicciones” cuando el control de la violencia ya estaba en manos de Carabineros, insultando y provocando hasta la caricatura; había que engañar a Chile mostrándose como “controladores” de los disturbios en condiciones que no solo no controlaban nada sino que el “¡que se vayan todos!” popular los incluía a ellos en forma destacada.

En estos días tenemos un show curioso: La izquierda, intentando transformar su derrota en victoria política, “exige” “cabildos”, “asamblea constituyente”, plebiscito y/o Nueva Constitución; ahora!!.

¿A cambio de qué?. Se presentan como que fueran quienes controlan y administran el caos. No lo son, en realidad son tan inculpados como el gobierno y no controlan a ninguno de los grupos revoltosos identificados anteriormente.

Tratan de vender al Gobierno un caballo robado, y el Gobierno no lo compra -no por ser una estafa- sino ¡por que lo encuentra caro!.

Increíble la frescura de uno y la estupidez del otro. Más aun cuando los temas de interés social manifestados en encuestas sucesivas de Chilecracia.cl entre 3 millones de chilenos señala que los temas que los partidos políticos de Izquierda quieren imponer al gobierno ocupan los lugares 22.- Nueva Constitución, y 40.- Asamblea Constituyente entre los que interesa a la sociedad, es decir, son temas que les importan a ellos pero son de muy baja prioridad para la ciudadanía y sus intereses netamente sociales.

Una vez más, el sistema político de izquierda prioriza sus propios temas de poder y se trenza en lucha con el gobierno al que le impone temas irrelevantes para la sociedad.

Los partidos de derecha -para variar- paralizados, miran y lloran su fracaso en conquistar el amor de sus enemigos. … y Piñera duda.