LO DESECHABLE

Hasta el último decenio del siglo XX, los bienes eran durables y cuando se rompían, se reparaban; ahora son desechables y cuando se rompen, se botan.

Los buenos empleos eran los estables y de por vida; ahora los empleos deseables son los bien pagados y temporales.

Un matrimonio que se rompía era una desgracia; hoy es una oportunidad de cambio y una nueva experiencia.

Un padre envejecido o un hermano discapacitado era un compromiso fraternal y una tarea familiar; hoy es un problema económico y una tarea profesional.

El ideal social parece ser la transitoriedad, la autonomía, el cambio y la inmediatez.

Hay dos fuerzas que están presionando esa tendencia y, en conjunto, están modelando nuestra sociedad.

Por un lado, el aumento exponencial de personas que buscan afanosamente la libertad de todo compromiso y atadura y que simultáneamente, viven atemorizadas, en la incertidumbre y la soledad; y por el otro, insertos en un esquema de una economía global autonomizada de todo compromiso social, dirigido por entes míticos desconocidos que no son responsables ante nadie y que se mueven por el mundo, fuera del control de los gobiernos y los pueblos, en febril persecución de sus intereses particulares.

La libertad -por su parte- es entendida y buscada como una exigencia perentoria de la eliminación de todo tipo de límites y controles; de las restricciones físicas, sociales y morales, y de la evasión de la responsabilidad de las decisiones personales cuando ellas derivan en daños a nuestra salud o existencia. Mientras en el fondo de nuestras mentes, subyace la delegación de la responsabilidad final en manos del “Estado”, como figura paternal, que in extremis, se hará cargo de nosotros.

Por otra parte, el mundo y la sociedad, inundados de basura industrial y del consumo humano, sólida, liquida y gaseosa; contaminante y venenosa, se llena cada día con más desechos humanos: personas sin empleos o directamente in-empleables, viejos, discapacitados físicos y síquicos; subdotados intelectuales e individuos intoxicados permanentes por la droga y el alcohol.

Hay una tensión que parece girar en torno a la búsqueda de la libertad total y de la necesidad de “administrar los desechos”, materiales y humanos en que, inexorablemente, terminaremos todos.

La aceleración del avance de la informática, de las comunicaciones, la robótica y la automatización; la concentración de la manufactura y la industria en inmensos conglomerados globales con residencia gerencial en “paraísos fiscales” y residencia física en países miserables, explotados sin pudor alguno; la creación de una superclase de magos de las finanzas globales, secundados de una clase también global de administradores y gestores, carentes de todo compromiso con las naciones y sociedades en que nacieron y trabajan, augura no solo la continuidad de las actuales tendencias sino su consolidación.

Estamos en un mundo que requiere medidas enérgicas y claras para tomar un rumbo en que el género humano sea vuelto a poner como centro y propósito del uso de la libertad y de la actividad económica, y social.