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Acerca de fernandothauby

Consultor en Riesgo país, Política y Seguridad Regional, Nacional y Estrategia

BACHELET Y LA PAZ EN COLOMBIA

En representación de lo que queda de nuestro país, Bachelet concurrió a Colombia para unirse a la celebración de la firma del cese de la guerra entre sucesivos gobiernos de ese país y la guerrilla de las FARC.

La prensa nos informa de su idea respecto a lo que se celebra: “Consultada por la experiencia de Chile luego del régimen militar y de cómo nuestro proceso de reconciliación podía ser útil para el pueblo colombiano, la jefa de Estado sostuvo que «creo que es importante saber que reconciliación no es sinónimo de olvido. Por el contrario, justamente, para que nunca más se repita este tipo de cosas, la memoria es fundamental”.

Interesante respuesta. En la celebración de la firma del cese de la guerra, ella se une a los que quieren una “reconciliación” que impida la destrucción de los terroristas pero recordando para siempre lo que hicieron “los malos”, “para que nunca mas repita ese tipo de cosas”.

Lo que Bachelet aplaude es el cese de la guerra es decir, que las FFAA de Colombia no sigan infringiendo castigo a unas FARC derrotadas y que estas trasladen la lucha desde el combate armado a otro político, donde encontrarán una nueva oportunidad para intentar imponer su régimen totalitario, para lo cual es necesario que, simultáneamente, se mantengan vivas las razones, argumentos y justificaciones de la guerra que esgrimieron y seguirán empleando los derrotados.

¿Qué tipo de cosas son las que no deben repetirse jamás?

¿El intento de imposición de un régimen marxista por la fuerza o la rebelión de los demócratas, encabezados por las FFAA, para impedirlo ?

En Chile el gobierno de Allende, abusando de su autoridad, intentó incorporar institucionalmente a las FFAA a su gobierno cooptando a sus altos mandos con la complicidad de Prats. Fracasó en el intento.

Simultáneamente, mediante los grupos de extrema izquierda que operaban al alero de Castro, trabajó en su división y subversión. Tampoco lo logró, volviendo a fracasar en volcar “la correlación de fuerzas” a su favor.

Los sectores democráticos empujaron y justificaron la intervención de las FFAA para deponer a Allende pero sin asumir la responsabilidad: la cobardía característica de la derecha comenzaba a mostrar su cara repugnante.

Luego vino el intento de levantamiento armado del Partido Comunista apoyado por la URRS, Alemania Comunista, Cuba y los eternos compañeros de ruta europeos. Fracasaron nuevamente; el intento de asesinato de Pinochet fue un fiasco; su armamento fue capturado en Carrizal Bajo y sus cuadros entrenados en esos países fueron cayendo a medida que ingresaban a Chile.

Derrotados, aceptaron la negociación política, pero al igual que en Colombia, engañaron a todos con una “reconciliación” funcional a sus intereses circunstanciales e impusieron una “memoria” eterna para continuar la lucha.

Y así estamos; los militares encarcelados, difamados y perseguidos; los “guerrilleros” amnistiados y subvencionados; la izquierda «renovada» abusando del poder y la derecha forrada y feliz.

Pobre Colombia, está al comienzo de un camino similar, Dios quiera que me equivoque, pero es mas que probable que prontamente aparezca un Aylwin cualquiera que desconozca el acuerdo; una derecha que se una al lucro al amparo estatal y que se fortalezca la misma izquierda odiosa que en Chile proclama “NI PERDÓN NI OLVIDO” al amparo de la sonrisa maternal de Bachelet y la cara de bagre de su señora madre … para volver a intentar un nuevo asalto totalitario al poder.

La continuación de la lucha hasta la destrucción total de las FARC; la ejecución de sus líderes; el encarcelamiento prolongado de sus cabecillas y la mas fuerte sanción para los ayudistas y compañeros de ruta habría sido una solución mas duradera … para que nunca más se repita ese tipo de cosas.

 

UN(A) “BUENA ONDA” O UN LÍDER POLÍTICO

En una etapa del desarrollo nacional en que la prosperidad parecía automática e indestructible, la gente se cansó de los líderes políticos y se inclinó por Bachelet. Querían amor, cariño, descanso y relajamiento y lo tuvieron. A poco andar el progreso económico se detuvo y se insinuó la crisis, Bachelet hizo un cambio de gabinete y entregó, -en los hechos- el gobierno a los líderes tradicionales de la Concertación. Pero la Caja de Pandora ya había sido abierta.

La decadencia se insinuó pero el gobierno retrocedió justo al borde del desastre sin precipitarse al vacío, se terminó el período de Bachelet y fue elegido Piñera.

Piñera enfrentó y resolvió bien los elementos concretos que conformaban la crisis, pero careció de manejo político, de simpatía, de empatía y se las arregló para antagonizar con la gran mayoría de la opinión pública, que reconociendo su habilidad directiva, no pudo digerir su inusual personalidad ni su carencia de “relato”.

Y volvió Bachelet, ahora en brazos de lo que fue instalado por los medios de comunicación social como “su carisma”

El término carisma se ha banalizado y ya no se sabe muy bien que significa. En su origen tiene una acepción religiosa, está relacionado con la noción de gracia o don divino. En los tiempos laicos actuales los medios de comunicación transformaron el concepto y la forma del carisma y lo convirtieron en un producto más, disponible -para quienes pudieran pagarlo- en el mercado.

La Concertación de agarró desesperadamente de Bachelet para volver al poder, para lo cual se abocó a la ”construcción de una realidad”: la invención e instalación en la opinión pública de un “liderazgo carismático” de Bachelet capaz de dar en el gusto a cada chileno en particular, fuera lo que fuera que quisiera o pensara.

Para entender el concepto de liderazgo primero hay que describirlo brevemente; un líder es la persona encargada de guiar a otras por el camino correcto para alcanzar objetivos específicos o metas que comparten, el líder es la persona que guía al grupo y es reconocida como su orientadora.

El líder carismático es aquel al que sus seguidores le atribuyen condiciones y poderes superiores a los de otros dirigentes.

El líder tradicional es aquel que hereda el poder ya sea por costumbre o por jerarquía.

El líder racional es aquel que es elegido por su calidad de experto en las materias que le competen. Generalmente su ascenso es el resultado de una “carrera” o “trayectoria” que constituye la base comprobable de su capacidad y excelencia.

Volviendo al caso de Bachelet, Max Weber es muy claro respecto a las características y carencias del liderazgo carismático:

“El poder del carisma, se basa en la creencia, en la revelación y en los héroes”.

“Los seguidores reconocen a su líder no por legitimidad, sino porque representa un deber con ellos, una esperanza, un cambio y lo más importante una figura que se manifiesta de forma mística”. “El carisma es particularmente sensible al pensamiento utópico y es útil y eficaz cuando coincide adecuadamente con la situación internacional, la de la comunidad y con el contorno histórico”.

La nueva realidad política y social de Chile construida por los medios para Bachelet y sus seguidores constituyó su diagnóstico político y la base de su programa y resultó ser un gran error. Partiendo de un mal diagnóstico las políticas consideradas resultaron ser ineficaces; el mal diseño práctico de las mismas y su penosamente inepta puesta en práctica concluyó en un fracaso integral e irremediable.

Bachelet fue el producto de un eficaz manejo político que creó un carisma inexistente, en base a imágenes, promesas, sonrisas y gestos de complicidad. Sobre esa irrealidad se construyó otra mentira: un liderazgo carismático, en base a una persona que tenía varios elementos de carisma y ninguno de liderazgo.

Sus carencias críticas fueron su falta de experiencia, de conocimientos, de carácter, de habilidad negociadora, de generación de consensos, de autocrítica, de pluralismo, de visión estratégica y de capacidad para enfrentar y resolver problemas.

Cuando perdió la imagen de honestidad, asesinó fatalmente su propia credibilidad; cuando cayó en el personalismo y la indecisión, liquidó cualquier pretensión de liderazgo y cuando insistió en la imposición de sus preferencias personales dejando de lado la interpretación la voluntad ciudadana y lo que conviene al bien común, Bachelet se acabó.

¿Qué había pasado?. Los partidos políticos, en franca decadencia, incapaces de renovar sus liderazgos y capturadas sus directivas por oligarquías dominantes y corruptas se alejaron de la ciudadanía, recurrieron a la búsqueda de liderazgos carismáticos y encontraron un buen producto base en Bachelet 1.

Terminó su mandato tambaleando y fue reemplazada por un Piñera que satisfizo las necesidades económicas de la ciudadanía pero no pudo ocupar su lugar en el corazón de la opinión pública y Bachelet 2 fue traída de vuelta pero ahora en versión autoritaria. Ella se creyó el cuento de su liderazgo carismático y actuó en consecuencia. Se deshizo de sus “moderadores”, se quedó sola y cayó al vacío.

¿Qué viene ahora?. La derecha insiste con Piñera, el mismo Piñera pero ahora sin sorpresa ni suspenso. La izquierda se debate entre repetir el ejercicio por tercera vez, ahora construyendo un nuevo “líder carismático” a partir de una figura del periodismo, simpaticona y buena onda y sin ninguna trayectoria reconocible o volver a un “liderazgo racional” que pudiendo ser eficaz parece no consolar el corazón destrozado de sus bases mas radicales.

Los chilenos tiene la palabra: elegir a un candidato que pueda “ganarle al otro”; elegir a alguien que los “haga felices con su presencia” o elegir a uno que los “haga felices con sus resultados”.

¿Qué queremos, otro amor romántico o tener al mando a un experto comprobado?.

Para saber quien sería la mejor elección hay que exigir que cada candidato presente su programa en forma detallada; los compromisos que se compromete a respetar y los resultados a alcanzar; los miembros mas conspicuos de sus equipos; los partidos que lo apoyan; como va ha materializar su programa y sobre todo, de dónde va a sacar la plata para llevar a cabo sus sueños. No mas vaguedades, no mas presunta comunicación intuitiva con la ciudadanía, no mas prescindir o ningunear a la oposición. Debates pre electorales abiertos, reales, sin limitaciones ni cortapisas.

No mas retroexcavadoras y si mas participación durante el gobierno, no solo durante las elecciones y no me refiero a simulacros como el de la Constitución o los Talleres del Libro de la Defensa.

 

 

SEMBRAR VIENTOS Y COSECHAR TEMPESTADES

Desde su aparición en la escena política nacional el factor mas resaltante de su atractivo fue su carisma: empatía, conexión con la gente, sinceridad, modestia. Durante su primer mandato comenzó con un descenso que se acentuó y luego, casi a mitad de período, tras un agudo cambio de estilo (y de gabinete) se recuperó, trasmitiendo al público que ahora si, la verdadera Bachelet salía al ruedo. Tuvo éxito, dejó el gobierno con mas de 70% de popularidad, aun arrastrando desastres de la magnitud de la puesta en marcha del Transantiago y el increíblemente incompetente manejo de la crisis producida por el terremoto del 27 de febrero del 2010.

Salió bien pese a todo y tras ella quedó una imagen que confirmaba los atributos que se suponía tenía en abundancia.

Su reelección fue la tabla de salvación de la izquierda, se decía que traía consigo un “Programa” elaborado en detalle, listo para ser puesto en práctica, realista y factible. No fue así, desde sus primeros pasos el programa resultó una mentira. No existía. Era solo una lista de títulos de cosas que “sería bueno hacer” o “que sería lindo que existieran”.

Su atributo ancla, la honestidad, sinceridad y cercanía se derrumbaron en el caso Caval, un ejercicio de abuso de poder y corrupción interpretado por su hijo y su nuera. Luego todo siguió en el mismo plano inclinado rumbo al fracaso.

Ahí nos encontramos. En el fracaso integral. Una presidente ausente, oculta, escondida. Con orejeros que la empujan a decisiones políticas absurdas, rodeada de regalones y amiguis incapaces, inexpertos que creen saberlo todo y tener – en exclusividad- las respuestas a las inquietudes de todos los chilenos.

Pero pese a todo, aun se podía esperar que siguiera su camino con cierta dignidad y sin hacer mucho mas daño a la república. Ya no es así. Su nueva ocupación es la activa siembra de vientos, y cosechará tempestades.

La conmemoración de este 11 de septiembre -ausente del mas mínimo apoyo ciudadano- se ha traducido en una celebración gubernamental del odio, el sectarismo y la venganza. Lo trágico es que no parece ser una reacción puntual. En efecto, comenzó con la incorporación al equipo defensor de los derechos de Chile en La Haya, de la abogado Carmen Hertz, especialista en DDHH y activista de larga trayectoria. Se nos trata de engañar señalando que Hertz “trabajó durante 10 años vinculada al Ministerio de Relaciones Exteriores”

La verdad es que en 2009 asumió como directora de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores, departamento en el que anteriormente se desempeñó como asesora jurídica por cuatro años (1994-1998).

En 2003 fue agregada de Chile ante los organismos internacionales con sede en Ginebra y abogada del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior (2004-2006). Es decir, de DDHH desde la perspectiva de izquierda, mucho; de litigios entre países, nada.

¿Cuál es el aporte que hará?: ¿poner una perspectiva “de izquierda” a la posición chilena?; ¿ganarse algunos pesitos –sueldos y viáticos- antes que llegue el invierno?; ¿una plaquita “por favores concedidos”?.

En esta misma línea, tenemos el nombramiento de Solange Huerta a la cabeza del Servicio Nacional de Menores –Sename- tras una trayectoria de desinterés y desidia por el cuidado -o la falta de él- de los DDHH de centenares de menores que llegaron hasta su juzgado. Pero sucede que Huerta fue la fiscal que trató con delicadeza a Bachelet frente al caos de su gestión y sobre todo su incapacidad para haber puesto en servicio un Sistema Nacional de Emergencias digno de tal nombre y también enérgica aplicadora selectiva de todos los medios que puedan perjudicar a los militares y opositores.

La guinda de la torta fue este día 11 de septiembre. Comenzó con una romería de ministros y funcionarios públicos por los “memoriales” de cuanto grupo armado atacó a la sociedad chilena desde 1973 y recibió su merecido castigo.

Se nos dice que es bueno recordar para no caer en lo mismo. Si es así, ¿por qué no fueron a visitar el memorial de los militares asesinados por orden de Teillier en la Cuesta del Melocotón?, o al Mausoleo Institucional de Carabineros donde encontrarían una buena cantidad de carabineros asesinados mientras hacían guardia en la calle, o la tumba del senador Jaime Guzmán, asesinado por el Partido Comunista. ¿Es que un presidente suicidado vale mas que un senador acribillado a balazos?.

Pero la cosa es así, los terroristas fueron “asesinados” y los carabineros y militares fueron “ejecutados”. Los primeros son homenajeados por el gobierno y sus ministros y los otros insultados por los activistas de DDHH, todos ellos de izquierda.

Pero la guinda de la torta fue el rescate de Lorena Fries, desde el anonimato desde nunca debió salir, para instalarla en un nueva “subsecretaría” de DDHH. Adivine, ¿cómo será la repartija de los cargos?, por partidos, por “lotes”, por cuoteo numérico?. Ahora que vienen las elecciones municipales pueden ser una moneda de canje eficaz.

Lorena, inefable -enemiga declarada de la policía- su pesadilla es un Carabinero.

A cargo de la subsecretaría de DDHH, buen sueldo, viáticos, paseos al extranjero, rango ministerial. Va a durar poco, pero apuesto a que alcanzará a hacer bastante daño. Es lo suyo.

¿Por qué un gobierno que se derrumba comete este tipo de barbaridades?, ¿falta de inteligencia?, ¿carencia de sensibilidad?, ¿enojo con los chilenos que no aplauden sus dislates?, yo creo que es la muestra palpable de la completa y definitiva desconexión entre el grupo de marxistas iluminados, en decadencia terminal, que no perciben que Chile es diferente y que sus cuentos ya no son creíbles.

El punto central es que se niegan a entender algo que Tomas Moulian les viene

diciendo desde hace ya décadas en su “Chile, Anatomía de un Mito”. Los chilenos, en su mayoría, son ciudadanos de clase media que solo esperan que las condiciones de competencia sean un poco menos desfavorables para tratar de surgir. No quieren ser mendigos de los favores de un estado que decida donde estudian sus hijos, donde recibirán la vivienda fiscal, donde serán atendidos por una mala salud publica y queden abandonados a la merced de la criminalidad rampante que la izquierda solo puede mirar pasmada (o con simpatía)

Chile cambió, ciertamente, pero no en la forma que la izquierda quiere, porfiadamente, hacernos creer. Chile no es un país de izquierda. No se de que será, o siquiera si es posible reducir a 18 millones de personas en un concepto tan limitado y restrictivo

Pero de izquierda, no es.

Hasta el Poder Judicial está comenzando a ubicarse, ven nubes en el horizonte.

 

Control de las FFAA y División de Poderes

 

En la región hay casos dramáticos de FFAA que se constituyeron en factores permanentes de opresión política y abuso de poder sobre sus ciudadanos; otros en que sectores políticos civiles incapaces de conquistar democráticamente el poder y mantenerlo indefinidamente, construyeron FFAA a su imagen y semejanza para que los afirmaran; otros que cooptaron a sus mandos -mediante la corrupción o ventajas económicas y sociales- para que los ayudaran a imponer políticas que la ciudadanía no aceptaba de buen grado. Ha habido también casos en que disputas entre poderes del estado, ejecutivo contra legislativo, se resolvieron mediante la incitación a las FFAA para que actuaran contra uno u otro bando.

En Chile tenemos casos dramáticos: La revolución de 1891, en que el Poder Ejecutivo y el Legislativo no pudieron llegar a acuerdo y se jugaron por dividir a las FFAA tratando cada uno de capturar una parte mayor de ellas para enfrentar violentamente a sus oponentes. Tenemos también el intento –fallido- de Allende de capturar a las FFAA o lograr su división, para inclinar a su favor la correlación de fuerzas para imponer su revolución.

En Chile, la sapiencia política común en estos años, ha tratado de ocultar estas verdades para eludir sus culpas y dar sustento a una “transición” que parece finalmente superada y que señala el momento de comenzar dar la cara y decir verdades. Como sea, tenemos un asunto importante que despejar –como regular el empleo de las FFAA- y dejar de simular que el día 10 de septiembre de 1973 alguien dejó abierta la puerta del zoológico y las fieras escaparon a alterar la paz de la “copia feliz del Edén”.

Las Fuerzas Armadas son una parte esencial del Estado. Son diferentes a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, pero simultáneamente conforman la estructura básica de la función estatal. El Estado está pensado, creado y jurídicamente concebido en una perspectiva de normalidad. Las Fuerzas Armadas, por su parte, están previstas para casos excepcionales de la vida estatal.

Durante el estado de normalidad, las FFAA cumplen su función por medio del desarrollo de la planificación, organización, educación, entrenamiento de las fuerzas y el desarrollo de doctrinas para enfrentar un caso excepcional de características desconocidas y de ocurrencia imprevisible.

La primera función principal de las Fuerzas Armadas es la defensa del país: estado, gobierno, nación y territorio. Es decir se trata de garantizar la integridad territorial de la nación y restablecerla en caso de violación, así como para defender y proteger el orden estatal de su país y a sus ciudadanos de cualquier agresión del exterior.

En el cumplimiento de esta función, la medida fundamental de la integración de las Fuerzas Armadas al orden democrático es respecto a quien decide sobre la paz o la guerra, las Fuerzas Armadas o la dirigencia política del Estado.

Una segunda función principal de las Fuerzas Armadas es el constituir un último elemento de seguridad contra intentos internos de golpe, que pueden amenazar la existencia del Estado.

Esta función es en el entendido que no deben ser las propias Fuerzas Armadas las que decidan su misión interna como último medio para asegurar la existencia del Estado; esta decisión debe ser tomada por la dirigencia política del Estado.

Las Fuerzas Armadas son un instrumento de la dirigencia estatal, no son actores que actúan independientemente. Y tampoco las Fuerzas Armadas deben considerarse como garantes independientes de la Constitución o del orden estatal en el caso de que el Estado incurra en un conflicto que no represente una amenaza existencial. El problema se hace aun mas complejo cuando ello ocurre, es decir, cuando un conflicto político interno constituye una amenaza existencial -real y concreta- para el estado.

Un tercer ámbito por dilucidar se refiere al uso de las FFAA en tareas diferentes a las dos principales ya identificadas.

A veces parece no sólo atractivo sino también razonable, emplear a las Fuerzas Armadas, como factor único, funcional, con poder y capacidad para resolver problemas internos del Estado, es decir, problemas que no tienen nada que ver con las funciones básicas de las Fuerzas Armadas, como fue, por ejemplo, el empleo de fuerzas de la Armada de Chile durante el incendio de Valparaíso el año 2014.

Este empleo, al menos teóricamente, implica dos aspectos a considerar: el gobierno debe estar consciente de los riesgos en que incurre, ya que en adelante las Fuerzas Armadas -llamadas a funciones que no son de su incumbencia- pueden llegar a considerarse como las únicas capaces de resolver  problemas graves en el país. Eso a su vez intensifica el que las Fuerzas Armadas puedan considerarse también la solución de crisis que no están dentro de sus obligaciones sino que son internas del Estado, aun sin haber sido llamados. En otro orden de cosas, si los otros factores de orden del Estado, en especial la policía, son muy débiles o muy pequeños en número, para resolver problemas como por ejemplo, la prevención del terrorismo, no queda otra alternativa que responder a través de una intensificación del empleo de personal militar, con  equipamiento e instrucción adecuado para poder cumplir esos roles. No obstante, según su naturaleza, las Fuerzas Armadas no son policías de la seguridad interna.

Esto nos conduce a otro aspecto esencial de la integración de las Fuerzas Armadas dentro del Estado: la medida de esta integración depende decisivamente de las reglas especiales y concretas, particulares para cada país, que se establezcan para las Fuerzas Armadas y sus miembros en la vida cotidiana del estado. 

La Constitución. Lo señalado nos lleva a que las misiones -en sus dos ámbitos, interno y externo- que el Ejecutivo pueden asignar a las FFAA, así como las formas, condiciones y oportunidades en que se dispongan, deben estar previstas y claramente establecidas en la Constitución y ser parte de los acuerdos básicos de la sociedad.

En este punto también se hace evidente que esas previsiones deben apuntar tanto a (1) evitar que las FFAA intervengan en el ámbito político como (2) a que el Poder Ejecutivo emplee discrecionalmente a las FFAA para sus fines particulares, por lo que ambas situaciones deben encuadrarse en una casuística estrictamente establecida en la Constitución y que su cumplimiento sea fiscalizado por el Poder Legislativo y por el Poder Judicial, en lo que eso sea pertinente, por medio del ordenamiento legal.

Tenemos un caso nacional que muestra este asunto.

El 3 de enero de 1971 se aprobó el “Estatuto de Garantías Constitucionales” que el Partido Demócrata Cristiano (PDC ) exigió a Allende para ratificar su triunfo electoral en el Congreso. El PDC exigió que “se respeten las estructuras orgánicas y jerárquicas las FFAA y el Cuerpo de Carabineros, los sistemas de selección, requisitos y normas disciplinarias vigentes, se les asegure un equipamiento adecuado y su misión de velar por la seguridad nacional, no se utilicen las tareas de participación que se les asigne en el desarrollo nacional para desviarlas de sus funciones específicas ni comprometer sus presupuestos, ni se creen organizaciones armadas paralelas a las FFAA y Carabineros”.

Cuando esta discusión se inició, esta exigencia mereció una airada respuesta de Allende: “Soy intransigente defensor de las prerrogativas del Jefe el Estado … porque eso es una atribución privativa del Presidente de la República y seré celoso cautelador de sus atribuciones constitucionales … nunca nadie ha cuestionado la calidad de Generalísimo de las FFAA que por mandato constitucional asume el Presidente de la República. Esta condición, consubstancial a nuestro régimen jurídico, no admite intermediario en las relaciones entre los Altos Mandos y el Jefe del Estado”.

Al cabo, el “Estatuto de Garantías Constitucionales” se aprobó, pero cada parte la interpretó a su conveniencia.

De partida, Allende desconoció por completo la validez del Estatuto de Garantías Constitucionales, descalificándolo como una mera “necesidad táctica” para asegurar la toma del poder y luego involucró a los Altos Mandos de las FFAA en la materialización de sus políticas llegando al extremo de plantear al general Ruiz Danyau que asumiría como Comandante en Jefe de la FACH, que el cargo llevaba consigo, obligatoriamente, su ingreso como Ministro a su Gobierno. La oposición, que luego incluyó al PDC, usó por su parte este estatuto para dar luz verde a la destitución de Allende por parte de los militares, pero sin hacerse cargo de los efectos y consecuencias de su acción.

La ausencia de disposiciones claras y precisas en la Constitución dejó un espacio que permitió una discrepancia crítica que no pudo ser resuelta en forma inequívoca, que permitió el incremento de la conflictividad política y la elusión de las responsabilidades de los actores políticos y su transferencia en exclusividad a las FFAA.

Otro aspecto central de la integración de las Fuerzas Armadas en el orden democrático estatal es la seguridad de la primacía del sistema político completo (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) mediante el fraccionamiento del mando de ellas, es decir, que la autoridad sobre las FFAA esté dividida en competencias parciales claramente establecidas en la Constitución.

En breve, la supremacía sobre las FFAA la tiene la Constitución y tanto los poderes ejecutivo, el legislativo y judicial como las mismas FFAA no reconocen ni ejercen discrecionalidad alguna en el empleo de las FFAA.

Mas aun, la posición central en la administración de las FFAA la debe tener el Ministro de Defensa quien en tiempo de paz es su gestor y administrador.

El Jefe de Estado debe tener menos competencias que el Ministro, en relación con el rodaje de las Fuerzas Armadas, precisamente por ser parte interesada en su uso (y abuso), salvo en tiempo de guerra o crisis calificada por la Constitución, en que puede tomar el mando directo de ellas.

El Proyecto Puentes

Los autores de ese proyecto tienen otra visión. Según su representante en los “Talleres” organizados por el Subsecretario de Defensa, “el vínculo entre el Presidente y las FF.AA. en tiempos de paz pasa por el ministro de Defensa. El Presidente de la República asume la jefatura suprema de las FF.AA. solo en caso de guerra, lo que de por sí constituye una anomalía en un sistema democrático. Debiese existir una supremacía civil en todo momento, cuestión que hoy no ocurre”.

Asimilando “civil” a la figura del Presidente de la República, propone un nivel de discrecionalidad en el empleo de las FFAA que solo presagia conflictos. Tal vez no considere que en algún momento, el Presidente de la República puede ser alguien menos democrático que el expositor y emplear la capacidad  de acción política de las FFAA para sus propios fines.

Señala también que el “Presidente de la República solo (puede) determinar nombramientos, ascensos y retiros a propuesta de los Comandantes en Jefe respectivos, lo que limita la autoridad presidencial sobre las instituciones armadas. Como, además, son los comandantes en Jefe quienes proponen la lista de ascensos y retiros, dependerá de ellos –y no de la autoridad civil– definir la línea de mando que va conformándose en las instituciones castrenses”.

Precisamente esa es la idea, que la política, sus modos, preferencias y necesidades no influya en la selección de los oficiales, sino su apego objetivo al cumplimiento de sus obligaciones profesionales y constitucionales, en vista a tener FFAA no politizadas.

La única supremacía realmente democrática es la de la CONSTITUCIÓN, con la división de poderes y la igual libertad de los ciudadanos, a la cual deben someterse todos los chilenos, en todas las circunstancias.

 

De Elite Legítima a Minoría Dominante.

Sigue válido

Avatar de fernandothaubyBlog Fernando Thauby

Cuando un problema no encuentra solución evidente es prudente revisar las teorías que tratan de explicar el fenómeno para lograr una mejor comprensión del mismo. Nuestra elite política está en crisis y ese es un fenómeno bien estudiado. Una parte mayoritaria de los hombres elegidos para regular los destinos de nuestra sociedad carecen de la eficiencia, honestidad, cultura y capacidad necesaria para regular los destinos de la sociedad independientemente de los regímenes políticos o tipos de gobierno que se vayan sucediendo.

Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels proponen una respuesta que parece ajustarse muy bien a nuestro problema: “cuando los hombres elegidos para dirigir y gobernar a las masas carecen de las virtudes y capacidades necesarias para ello, deben dejar el paso a otros mas capaces”.

En las democracias los pueblos se manifiestan y hacen valer sus intereses mediante la organización del sistema electoral que constituye su arma principal en…

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RUIDO DE SABLES

El 3 de septiembre de 1924 un grupo de 60 militares manifestó su enojo golpeando el piso con sus sables en una sesión del Congreso en que éste debía atender una serie de reformas sociales, en vez de lo cual se dedicó a votar el aumento de su “dieta” parlamentaria.

El Congreso, estimulado por este ruido, 5 días mas tarde, en una sola sesión aprobó las leyes de jornada laboral de ocho horas; supresión del trabajo infantil; reglamentación del contrato colectivo; la ley de accidentes del trabajo y seguro obrero; legalización de los sindicatos; la ley de cooperativas y la creación de los tribunales de conciliación y arbitraje laboral.

Parece evidente que esta manifestación no se ajustó a la Constitución ni a las leyes, pero es también obvio que vino a resolver abusos que la estulticia parlamentaria no mostraba interés en resolver y que amenazaba con mayores peligros.

El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 es también bastante mas que un cuartelazo de un grupo de militares ambiciosos, sino que vino a hacerse cargo de una situación que hasta un antimilitar recalcitrante como Aylwin reconoció, poco antes de su muerte, como insostenible y que nos llevaba derechamente a la guerra civil.

En breve, los ruidos de sables en Chile no son comprensibles sin analizar su contexto y sin reconocer que excepcionalmente vienen a resolver problemas graves que de otro modo solo se agudizarían y que tienen su origen en la incompetencia de la clase política.

En estos días la prensa ha levantado -con alarma- su voz para acallar la expresión de las intenciones del General Director de Carabineros ante un eventual cambio en el sistema previsional de su gente.

Se podría pensar que el diagnóstico político y económico que hacen esas voces respecto de la situación del gobierno en estos días es que nos encontramos en una crisis que va de mala a muy mala. Se podría considerar también que puede haber una intención de amedrentar al Director General y a través suyo a los Comandantes en Jefe Institucionales o que sea una paso adelante en un proceso de “domesticación / cooptación” que lleve a la sumisión militar para incorporarlos al gobierno, como sucedió en Venezuela, Argentina o Bolivia y por último, podría tratarse de un genuino temor a los militares.

Como sea, esta alarma es un síntoma de una grieta profunda en las confianzas entre la Nueva Mayoría y su prensa, con los militares y policías chilenos.

Este reacción coincide con la ofensiva levantada desde el Ministerio de Defensa, en particular por el Subsecretario de Defensa, Marcos Robledo, que en conjunto con Angel Flisfich, publicaron un libro financiado por el PNUD en el marco de su función como think tank para las políticas públicas del actual gobierno, referido al control sobre los militares.

Robledo, en un curso dado por la UAI en la Academia de Guerra del Ejército explica su idea para medir la “gobernabilidad de la defensa” que consiste en la medición de las variables: control, eficacia, eficiencia y conducta.

Cada variable es ponderada según consideraciones teóricas respecto de su impacto en la gobernabilidad.

  • Control 25%
  • Eficacia 12,5%
  • Eficiencia 12,5%
  • Conducta militar 50%”

En pocas palabras, Robledo y Flisfich nos dicen que la Eficacia y la Eficiencia de los procesos de gestión y cumplimiento de las tareas la defensa pesan 25% (12,5% + 12,5%) contra el control sobre ellas que pesa 75% (25%+50%).

En breve, que el gobierno de Chile tiene FFAA fundamentalmente para controlarlas.

La posición del Subsecretario deja constancia de su profunda desconfianza y sospecha hacia las FFAA y sobre todo, de graves dudas respecto a sus convicciones democráticas y de compromiso y lealtad para con las instituciones nacionales; en sentido inverso, muchas personas sienten que la falta de reconocimiento del comportamiento de su sector político durante y con posterioridad al gobierno de Allende y de su entusiasmo colaborativo con gobiernos y FFAA “revolucionarias” de Unasur, arrojan dudas sobre la solidez de sus convicciones democráticas.

Lo señalado muestra que en la sociedad chilena existe un sector político –en general de izquierda- que sospecha y teme a las FFAA y busca una sumisión que no parece útil ni posible; un sector que descree de la incondicionalidad de la vocación democrática de la izquierda y que busca asegurarse que no vuelvan a usar a las FFAA para imponer su ideología y una gran masa de ciudadanos que no está en ninguna de esas posiciones y tiene confianza tanto en la vocación democrática de la izquierda como en la lealtad de las FFAA.

Dado que esta situación es una realidad, parece necesario enfrentarla abierta y explícitamente y no continuar buscando artilugios legalistas o reglamentarios para crear una situación de relaciones forzadas y artificiales que será aventada a la primera crisis política real.

 

 

Gendarmería: Un modelo de democratización para las FFAA

 

En los últimos meses y tal vez como culminación de los variados procesos de retroexcavación, comenzaron a ser agitados, ahora en forma sistemática, los papers con las propuestas financiadas por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para democratizar la defensa nacional de Chile. El escenario preferido han sido los “Talleres” con motivo del Libro de la Defensa. La expresión talleres va entre comillas por que en realidad y bajo cualquier canon académico, son monólogos; representaciones; ejercicios de democracia o sesiones de adoctrinamiento a un público cautivo.

No hay duda que el “Representante Residente” del PNUD -suena un poco colonial, pero no se dejen llevar por las apariencias- tiene todo el derecho de hacer propuestas y a exigir el cumplimiento de las reformas que acordó con el actual gobierno y cuya promoción financia; pero tampoco puede haber duda que pese a todo, las experiencias nacionales, obtenidas gracias el trabajo y creatividad de los chilenos deben ser adecuadamente valoradas.

En este orden de cosas, el proceso de reforma (democratización) de Gendarmería a lo largo de varios años y próximo ya a su culminación, debe ser considerado como modelo válido y con profunda raigambre nacional para ajustar a las FFAA a las ideas del PNUD respecto a gobernabilidad. En efecto, en varios aspectos se ha avanzado en forma original y notable:

-Democratización

Este concepto puede ser asimilado al de “Gobernabilidad Democrática” que dispone el PNUD, que en el caso de la democratización de Gendarmería los creativos nacionales llevaron mucho mas allá que el organismo internacional.

Por ejemplo, cuando comenzó el infundado escándalo de las generosas pensiones de algunos de sus ejecutivos, el partido de la presidente recurrió velozmente a requerir información directamente a los directivos de la Brigada Socialista existente en ese servicio. ¿Para que perder el tiempo interrogando a las autoridades institucionales si se podía obtener información mas amplia y con una adecuada “perspectiva de clase” yendo directamente a los miembros del partido?.

Cuando las preguntas fueron poniéndose complicadas, el interrogatorio se desvió a los responsables institucionales teóricamente a cargo del servicio. Ahí quedó claro el sistema de cuoteo que se estableció en ese servicio. Este reparto de cargos por partidos y dentro de ellos por corrientes y sensibilidades fue hábilmente conjugado con el ranking de parentescos, matrimonios y amistades.

Este sistema permite una participación democrática muy precisa y representativa del peso del poder de cada grupo; no mas mandos dispuestos por escalafones y requisitos, todo reemplazado por un proceso de equilibrios naturalmente derivado del ejercicio democrático que reflejen el peso político de cada grupo y el resultado de las negociaciones entre partidos de gobierno.

Este sistema, combinado con los sindicatos y su respectiva correlación de fuerzas ahí representadas produce un nivel de democratización inédito en el mundo. No cabe duda que este sistema democrático aplicado a las FFAA producirá iguales o mejores resultados y eliminará de raíz los anticuados conceptos de profesionalidad, especificidad y carrera profesional.

El Servicio Nacional de Salud por ejemplo también ha alcanzado niveles de cuoteo meritorios, por ejemplo, el Sur y Suroriente de Santiago corresponden a los socialistas, el Oriente y Occidente está reservado para la DC, y el sector Norte está en manos del PPD. En términos militares esto podría hacer coincidir con los Teatros Conjuntos o en subsidio, por Instituciones. Como sea, el sistema es positivo pero no alcanza en profundidad a la democratización de Gendarmería y podría ser insuficiente para controlar efectivamente a las FFAA.

– Gestión.

En lo que a personal se refiere, la selección de personal por el sistema de Alta Dirección Pública o por avance regulado por una carrera estructurada está obsoleto y de hecho, eliminado. La selección por recomendación impositiva de las autoridades del gobierno de turno y la correspondiente intervención de los partidos políticos refleja mucho mejor el espíritu democrático eliminando la intermediación de burócratas que apenas si son expertos en alguna técnica pero carecen de representatividad popular.

Pero la mejor parte de este sistema de reclutamiento políticamente controlado es que asegura que todos y cada uno de los funcionarios y autoridades, conocedores y subscriptores de las ideas y preferencias del gobierno y con contactos y relaciones personales en su aparato, podrán interpretar con mucho mayor fidelidad las política gubernamentales. Una gestión democratizada de las FFAA facilitará su control estrecho e intrusivo y la consiguiente eliminación de las personas que no se adapten. En este sentido, las únicas competencias válidas en cuanto a democratización la representarían las FFAA Bolivarianas y en menor grado las de Cuba.

La gestión económica tiene que tener prioridades claras, primero las pensiones, especialmente las mas altas, luego los sueldos, bonificaciones y viáticos, incluyendo a los que ganan sueldo sin concurrir con su presencia al lugar de trabajo y luego los gastos del servicio. Arreglar los baños de las cárceles es un lujo que Chile no se puede dar. Malpagar a sus directivos políticos sería una grave vulneración a sus DDHH.

Para mantener estrictamente controlada la igualdad en el malestar y la miseria, no se puede permitir que los mismos presos y sus amigos y parientes contribuyan a su bienestar, como sucede con los prisioneros políticos de Punta Peuco. Ese es un escándalo inaceptable.

El tema de las pensiones millonarias que causó tanto revuelo, es solo un gran malentendido, como lo explicó tan bien la Diputado Yasna Provoste en su intervención durante la injusta y escandalosa interpelación a la Ministro de Justicia en el Congreso. La pensión de $6.000.000 de pesos mensuales que la ex esposa del Presidente del Senado obtuvo en forma relámpago simplemente no fue debidamente explicada y menos comprendida.

Primero, es la ex esposa del Presidente del Senado. ¿Qué querían?, que jubilara con tres chauchas?.

Y segundo, que esa pensión en realidad constituye un “piloto” que muestra gráficamente como serán las pensiones cuando se elimine el sistema de AFP y se lo reemplace por otro de reparto que, sin duda, facilitará el ejercicio de la democracia ya señalado, puesto que agilizará el correcto y rápido reflejo de la militancia y parentescos de cada cada persona en el monto de su pensión.

La separación de personal uniformado del personal civil, con superioridad de remuneraciones de los primeros por sobre los segundos, en razón de los riesgos propios de ejercicio de la custodia de personas con conductas peligrosas, no tiene lógica y de hecho, la práctica democrática de la gestión ya lo eliminó en Gendarmería por la vía administrativa. El uso de un uniforme no puede significar privilegios. Que su trabajo sea peligroso, es un costo sumergido, ya sabían en lo que se metían cuando ingresaron en el servicio, así es que ya no hora de reclamos.

Este problema ya se encuentra resuelto entre los funcionarios civiles del Ministerio de Defensa que tiene mas que justificados su altos sueldos como retribución a su sacrificio por la República. Por lo demás, el trabajo en un ambiente contaminado como el de la Alameda es muy nocivo.

La gestión de mando. En este sentido, tanto el Ministro de Defensa como la Ministro de Justicia han alcanzado la casi perfección en el arte de la elusión de sus responsabilidades. Solo se enteran de la existencia de problemas por la prensa, se toman varios días en hacerse cargo del tema y sobre todo, transfieren con la máxima habilidad la responsabilidad y la decisiones de acción a alguien de nivel inferior. El summun del arte es, en la misma pasada, eliminar a un par de uniformados y basurear a las autoridades que estuvieron a cargo hasta el día antes a la asunción de su cargo.

Una experiencia nacional obtenida con un alto sacrificio personal de los funcionarios cuoteados y con un altísimo costo al erario nacional no pueden ser dejada de lado al emprender una tarea impostergable como es la democratización de las FFAA de Chile.

POLÍTICOS, MILITARES Y FISCALES

En 1970, Alain Joxe, sociólogo marxista francés de moda en esos años, publicó en Chile un breve libro titulado “Las FFAA en el sistema político chileno” que causó emoción entre la feligresía de izquierda. Joxe trabajaba por cuenta del Centre Nacional de la Recherche Scientifique, equivalente francés del rol de agitación  académica que el PNUD cumple hoy en Chile, en vista a la cooptación de las FFAA en beneficio del progresismo.

El momento en que Joxe escribe su análisis tiene como último antecedente de intervención militar la del año 1924, que el autor valora como un cierto avance en la dirección correcta. Joxe desarrolla una serie de ideas, la mayoría de las cuales no comparto, de las cuales recojo la que señala que “Una intervención militar en Chile equivale a diez en otros países: es perfecta. … Por supuesto que no se trata del mismo ejército ni del mismo trabajo, … la noción de tradición es relativa, y se evita decir que el ejército en Chile tiene por tradición intervenir cada treinta o cuarenta años”.

Si la tesis de Joxe fuera correcta, la UP no debiera haberse sorprendido por la intervención de 1973 – justo 40 años después de la de 1931- y los políticos chilenos deberían estar considerando que la próxima intervención militar sería entre los años 2020 y 2030.

Estos cálculos pueden haber estado detrás de la ansiedad de la Concertación por arrancar un “nunca mas” a alguna autoridad militar, que permitiera exorcizar este fantasma, pero así como yo no creo en la repetición mecánica de la historia ni en el determinismo sino en la construcción de la historia mediante una adición de actos libres, me parece que la mayoría de los líderes actuales de la Concertación también lo hacen.

Esto me lleva a concluir que la necesidad del “nunca mas” apuntaba mas al pasado que al futuro. Necesitaban un reconocimiento explícito por parte de un militar de alto rango de que la intervención militar de 1973 había sido injusta, innecesaria e inmoral.

Este ejercicio del militar democrático elevado a los altares a posteriori es recurrente: en Argentina el rol lo llenó Balza; en España   fue Gutierrez Mellado y asi, en todas partes. En Chile no podía faltar y el hombre fue Cheyre.

Pero a diferencia de lo acontecido en esos países, el converso chileno no permaneció en el panteón de los próceres sino que terminó encarcelado y enjuiciado como violador de derechos humanos y como criminal, abandonado por moros y cristianos –literalmente- y hoy se encuentra tratando de cobrar a Lagos y otros la deuda por los servicios prestados a la Concertación. ¿Qué pasó?.

Pasó que los comunistas, derrotados inapelablemente en el enfrentamiento armado contra la FFAA de Chile, en subsidio, se lanzaron a tratar de obtener venganza y lucro por la vía judicial dado que militarmente ya estaban acabados y desprestigiados ante sus financistas.

Un prócer marxista asiduo de Clausewitz dice que “guerra es la dialéctica política cuando incluye el uso de las armas”. Esta guerra comenzó en Chile en la década de los 60 y concluyó con la derrota del PC y sus excrecencias en 1990 y como todas las guerras su epílogo debía ser político, ya que se trataba de una actividad política.

En Chile no fue así, los políticos no fueron capaces de enfrentar sus tareas y traspasaron el problema de cerrar la guerra a los fiscales y jueces. Por esa vía judicializaron la política y claudicaron de sus deberes. Hoy ya casi no tienen poder, los fiscales los llevan y los traen de la nariz y los jueces resuelven lo que el Congreso no es capaz de hacer.

El lucro y la venganza se encuentran es sus etapas finales, sus rendimientos son decrecientes, cada día las acusaciones a los militares son mas absurdas y canallescas, hasta la Corte Suprema parece avergonzada de si misma, pero el animal aun tiene estertores. El juicio a Cheyre es uno de ellos.

Veremos en que concluye este episodio tragicómico. Las esperanzas de que el mundo político muestre valor y hombría es casi inexistente.

En un período pre eleccionario mas bien se podría esperar un intento de algún pre candidato de mostrar alguna respetabilidad en vista a obtener ventajas electorales.

Oscuro, Chile, es tu cielo nublado;

                                                                        los mediocres te aplastan también.

 

TATA EVO: RACISMO Y COLONIALISMO

En su meteórico fin de semana turístico en el norte de Chile, Choquehuanca, que funge de Canciller en Bolivia a medias con García Linera, repitió una de las perlas con que Evo Morales regala a su auditorio de Twitter, refiriéndose a Chile y su gobierno: «Hay actitudes en algunas autoridades, actitudes de patriarcas, aquí hay racismo y eso alguien tiene que decirlo», puntualizó el canciller de Bolivia.

El racismo y el comportamiento patriarcal no es, ni con mucho un monopolio chileno. El gobierno de Evo Morales lo aplica en forma procaz.

El 28 de febrero de este año, en el periódico “Página 7”, comentando la derrota de Morales en el referendo que debía autorizar su re reelección, el inefable García Linera, ideólogo y cómplice de Morales, dejó en claro su respeto por los ciudadanos aborígenes bolivianos. Aquí va para su uso y goce:

DOMINGO, 28 DE FEBRERO DE 2016

García Linera: “Si se va Evo, ¿quién va a protegernos?”. García Linera en Curahuara de Carangas, Oruro, ayer.

Página Siete / La Paz

 El vicepresidente Álvaro García Linera predijo que cuando el presidente Evo Morales deje el mandato el 22 de enero de 2020 le dará mucha «tristeza” y que «quedaremos como huérfanos”, porque el dignatario «es como un padre” para los bolivianos.

«Si se va, ¿quién va a protegernos?, ¿quién va a cuidarnos? Vamos a quedar como huérfanos si se va Evo. Sin padre, sin madre, así vamos a quedar si se va Evo. Por eso estoy muy triste mis hermanos, es muy triste pero he oído a mi abuelita y me dijo que no perdimos la guerra, sólo una batalla”.

 En el acto de entrega, el Vicepresidente invitó a una pareja de beneficiarios a subir a la tarima. En el escenario, les informó que la obra demandó alrededor de 70.000 bolivianos.

 «Nuestro presidente Evo, tata Evo, igual que vos, de tu mismo color de piel, de tu misma sangre, eso te está regalando, 70.000 bolivianos, casi 10.000 dólares. ¿Cuándo algún Presidente se acordó de San Pedro de Cuarahuara? ¿Cuándo alguien regaló una vivienda al pobre, al humilde?”, preguntó García Linera.

 Tales declaraciones surgen tras casi una semana del referendo constitucional, cuyos resultados finales sepultaron la posibilidad del presidente Evo Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera para postularse nuevamente como candidatos.

 Así, ellos deben dejar sus funciones el 22 de enero de 2020.

 «Estoy un poco triste. Si se va Evo, ¿quién te va a cuidar? Si se va el tata Evo, ¿quién va a traer viviendas al campo? Esa es mi pena hermanos (…). Si nuestro hermano Evo se va, ¿quién se va a acordar de los pobres, humildes? Eso deben reflexionar, porque es gracias a nuestro tata Evo que hoy estamos entregando 96 viviendas. Si no hubiera tata Evo, esas viviendas no habría acá”, agrego García Linera.

 Evo Morales: Una democracia en acción, respeto a los aborígenes y honestidad política. Patético.

 

Por unos votos mas …

Un programa de televisión del día domingo recién pasado mostró a Cecilia Pérez expidiéndose sobre el caso Cheyre.

Para todos los efectos prácticos y políticos fue Sebastián Piñera hablando por interpósita boca.

Su argumentación, lanzada de corrido y evidentemente preparada de antemano para ser expuesta a modo de manifiesto electoral en esa tribuna televisiva, apuntó a ese electorado democratacristiano y concertacionista “de salida”, que necesita una justificación para explicar el abandono de su fidelidad al “no” con todo su contenido sociológico y afectivo y dar excusa y sustento a su abandono explícito de la utopía chavista y allendista.

Nadie podría negar -de hecho los izquierdistas mas emblemáticos no lo hacen- que los gobiernos radicales de izquierda han resultado un fracaso completo y total en Sudamérica y en Chile.

La Socialdemocracia a la Lagos se impuso por mayoría abrumadora. ¿Cómo puede “un desertor” salir de ese embrollo manteniendo cierta dignidad?

La izquierda no es capaz de dar a los arrepentidos lo que necesitan ni lo que quieren, no es capaz ni siquiera de mantener lo que han logrado con su esfuerzo.El discurso revolucionario, chavista, lulista, dejó de ser creíble. Fracasó en todos los países, aun en aquellos que comenzaron con recursos de sobra. Los gobiernos revolucionarios fueron cooptados por “los poderosos de siempre” mediante la corrupción público – privada, poderosos que resultaron ser las oligarquías políticas y sindicales.

Donde no fueron cooptados, se corrompieron abusando de la administración del estado en su beneficio personal, creando una verdadera clase social de operadores y ladrones.

La pirueta siquiátrica que se les ofrece a estas personas que quieren  escapar de los restos de sus amores juveniles es evidente: empleando un análisis básico y superficial condenan a la dictadura en forma inapelable, execran “los crímenes de los militares”, abominan de Pinochet, se niegan, sin matices, a que se respeten los derechos de los militares prisioneros. Esto los exculpa de arrimarse a Piñera por “razones prácticas” y dejar atrás la “verdadera fe” marxistoide.

Esta escuálida argumentación planteada por Pérez, es razonable para los miembros de algunas comunas de clase media baja agotados por el miedo a los delincuentes, asustados de perder sus trabajos y temerosos de regresar al proletariado. Escuálida, pero útil para ser consumida también por la burguesía que ya transitó de “emergente” a clase media consolidada, esa de Chicureo y similares.

Esta es la cuerda que pulsa la campaña de Piñera: simplificar el pasado complejo presentando una versión light de la historia al alcance intelectual de sus consumidores, aunque esté alejada de la verdad y potencie los vientos que ya se han sembrado.

Por unos votos mas … .

Otro valor y consecuencias tiene este tipo de argumentos cuando tratamos de interpretarlo en el nivel intelectual, de responsabilidad política, histórica y de estado que se esperaría del candidato presidencial y de su grupo. Creo que sería mucho citarles a Clausewitz, pero valga el comentario correspondiente que hizo Lenin: “La Guerra es dialéctica política que incluye el uso de la fuerza”.

La izquierda chilena lo entiende muy bien y lo aplica en forma magistral, en ambos sentidos. La derecha no lo entiende, es demasiado arrogante e intelectualmente pobre. Para que comprendan, esto dice que cuando se incorpora el uso de la fuerza para hacer política, hemos ingresado a la guerra y al revés, que cuando la lucha se lleva a cabo sin armas, estamos en el reino de la política.

En pocas palabras, la izquierda, la Unidad Popular, particularmente el Partido Socialista, el Partido Comunista, el Mapu, la Izquierda Cristiana el MIR y en la segunda fase del conflicto, el FMR y sus colgajos llevaron a cabo una guerra interna, con acción política y con armas y la derecha la siguió armando sus propios grupos. Los militares que se suponía serían divididos por el gobierno de Allende con el concurso de su aliado, Prats, para arrastrarlos detrás suyo a la Revolución socialista, pusieron fin a esta guerra manteniéndose unidos, neutralizando a un bando y desmovilizando al otro, luego vino la política.

A algunos militares (vg. Cheyre) se les jugó la mas magistral (y sucia) de las jugadas: se les hizo creer que la crisis, que era de naturaleza política, iba a ser resuelta políticamente y en realidad fue resuelta mediante la aplicación de los tribunales y la policía, los recursos de fuerza del Estado.

En forma crecientemente abusiva, a medida que los sucesivos gobiernos de izquierda iban apoderándose del aparato judicial su acción fue cada día mas arbitraria, injusta y escandalosa.

Hoy enjuician a Juan Cheyre, ex Comandante en Jefe del Ejército, el “general del nunca mas”, que creyó que estaba haciendo política y ahora se enfrenta a la realidad de que la guerra sigue mediante la judicatura. Fue su elección, lo triste es que perjudicó a sus subordinados y a la Patria.

Si, a la Patria, ya que aunque por ahora no se aprecie, la memoria histórica de esta “jugada”, no será olvidada por los militares ni por los muchos chilenos que los aprecian.

Pedir imaginación a la fronda de derecha es pedirle peras al olmo. Su mentalidad concreta carece de sentido histórico y de sensibilidad política, por eso están condenados a la extinción. Son un arcaísmo.

Si otros creen que por este camino harán un gobierno exitoso, no pueden estar mas equivocados, puede que ganen una elección, pero no mucho mas.