Brasil ¿de regreso en el Planeta Tierra?.

El domingo 16 de marzo, en una entrevista a Marco Aurelio García, asesor internacional y estratégico de la presidencia de Brasil desde 2007, -es decir asesor tanto de Lula como de Dilma Rousseff-, el Profesor se expidió sobre una serie de materias relativas a la política exterior que aplicará el nuevo gobierno de Chile. La entrevista se titula “La Alianza del Pacífico no es relevante como se plantea”. Nadie podría estar en desacuerdo. La Alianza sería mucho más relevante a nivel regional y mundial si incorporara a toda Sudamérica. Pero el fondo del asunto no es ese, sino la factibilidad de hacerlo con las políticas ideologizadas y sectarias del Gobierno chavista; con los prejuicios y ambiciones de los geopolíticos delirantes de Brasil y con la discrecionalidad y corrupción que campea en Argentina. ¿Cómo avanzar hacia el desarrollo con políticas evidentemente fracasadas?.

Intencionada o inadvertidamente, García repite una sucesión distorsiones de la realidad protagonizada por Venezuela, Brasil, Bolivia y Argentina y se queja sin fundamentos. La realidad es bastante menos amistosa con Chile de lo que él sugiere.

El proyecto internacional de Brasil preparado como apronte para la reunión de ALCA en Quebec fue lanzado el 31 de agosto de 2000 bajo la premisa de que era necesaria una América del Sur más coordinada y unida. El Palacio de Ytamaraty a través de su Canciller Lampreia  señaló en ese entonces que “Brasil estaba dispuesto a desempeñar un rol compatible con su tamaño y con el tamaño de su mercado y de su territorio”. Después de describir un sombrío panorama de la situación regional, Lampreia concluía que “se requiere un urgente cambio de enfoque ya que si no se arregla primero lo político y la política, será difícil arreglar las diferencias del desarrollo económico y social. Debemos tener en claro que para Brasil el Mercosur es un peón y eso no basta y que el ALCA es una alternativa, no un destino”. El 23 de mayo de 2001, la prensa bonaerense publicó un reportaje que señalaba: “La Política Exterior de Brasil sigue infisionada por las ideas rectoras de sus geopolíticos … de construir una potencia sudamericana territorial y marítima capaz de brillar con luz propia entre las grandes y poderosas naciones del mundo”. En breve, los líderes brasileños declaraban que para llegar a ejercer liderazgo regional y protagonismo mundial, requerían la creación de un instrumento político propio que le permitiera influir en el total de América del Sur para alinear a los países.

Por otra parte, los intelectuales brasileños, entre los cuales suponemos estaba Marco Aurelio García, arribaron a un diagnóstico geopolítico que, según lo señala Fernando Henrique Cardozo, en su artículo titulado “La diplomacia inerte de Brasil”“hubo un error estratégico … en la evaluación de las fuerzas que predominarían en el mundo y de la posición de Brasil en el orden internacional que se trasformaba. Nuestra diplomacia se guió por la convicción de que estaba surgiendo un nuevo mundo. La convicción implícita era que, posterior a la caída del Muro de Berlín, después de un breve período de casi hegemonía de Estados Unidos, asistiríamos a la corrección del rumbo.Siempre soñamos con un mundo multipolar en el cual los “grandes” tuvieran que compartir el poder y que nosotros, los brasileños, poco a poco nos volveríamos actores legítimos en el gran juego de poder global”.

El año 2003, Lula asumió como presidente de Brasil para permanecer en ese puesto hasta el 31 de diciembre de 2010, siendo sucedido por Dilma Rousseff. Los dos períodos de Lula, -acompañado de una potente alza de los precios de las materias primas-, le permitieron desplegar toda su simpatía y carisma acompañado de un aura de éxito económico y avance social. Lula saltó al estrellado. En pocas palabras, el gobierno de Brasil creía contar con un líder carismático que podía aprovechar la ventana de oportunidad y transformar a Brasil en potencia global. Era el momento.

El 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez fue elegido presidente de Venezuela. Tras la redacción de una nueva constitución, fue reelegido en julio del 2000 hasta el 2006. Dos años más tarde, el 11 de abril del 2002, fue objeto de un intento de golpe civil – militar que fracasó. Con posterioridad a esta crisis, su discurso se radicalizó aún más y prontamente se asoció con Lula, que se convirtió en su mentor e incondicional apoyo político. Lula decía a la prensa: “Chávez cuenta conmigo, cuenta con nosotros desde el PT [Partido de los Trabajadores, de Brasil], cuenta con la solidaridad de la izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano: tu victoria será nuestra victoria”, “Las clases populares nunca fueron tratadas con tanto respeto, cariño y dignidad”.

Los días 11 y 12 de noviembre del año 2004, siete años antes de la creación de la Alianza del Pacífico, ya en plena luna de miel con Lula, Chávez se explayó sobre “El nuevo mapa estratégico” en que se movía la Revolución Bolivariana. Respecto a América Latina señaló:

“Se han venido definiendo dos ejes contrapuestos, Caracas, Brasilia, Buenos Aires. Existe el otro eje, Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile, ese eje está dominado por el Pentágono, es el eje monrroísta … Monroe o Bolívar, este es el eje monrroísta y este es el eje Bolívar (muestra en el mapa). Claro que la estrategia nuestra debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad Sudamericana”.

Es claro que Chávez y Lula, concordaban en que para “influir lo suficiente en América del Sur” había que quebrar o establecer el control sobre el eje Bogotá- Lima -Santiago de Chile, en vista a “enterrar el modelo económico, imperialista, capitalista”, como explicó Chávez el 4 de noviembre de 2005 en la III Cumbre de los Pueblos de América realizada en Mar del Plata.

Chávez creó Unasur y lo puso a disposición de Lula. El “instrumento” estaba listo.

En breve plazo tanto Morales con Bolivia y Ecuador con Correa fueron cooptados por una combinación de petrodólares e ideología populista. Con Perú falló la movida ya que Humala que resultó ser menos populista y más hábil de lo esperado: se sacudió a Brasil, controló a los activistas chavistas y avanzó por su cuenta dentro del camino trazado por su antecesor Alan García.

Siete años después del sinceramiento de Chávez, el 12 de abril del 2011, nace la Alianza del Pacífico que organiza formalmente a los países del “eje del Pacífico” identificado por Chávez como objetivo a ser dominado o quebrado. Se puede apreciar que más que una acción excluyente, la creación de este referente libremercadista y globalizado constituye un movimiento reactivo de autoprotección ante el activismo del eje Orinoco, Amazonas, Rio de la Plata o “eje del Atlántico” de Hugo.

En esos mismos años el Mercosur, transformado en el reñidero entre Brasil y Argentina, no resistía mas el déficit fiscal, las subvenciones y la corrupción, y Venezuela sobre extendida en dádivas y “aportes”, endeudada y con su industria petrolera destruida, comenzaban a dar claras muestras de agotamiento. El año 2014, en Venezuela y Argentina el populismo estalla en cámara lenta pero inexorable. Venezuela se aproxima al auto golpe de estado o a la guerra civil, en medio de la quiebra económica, la violencia, el desabastecimiento y la rabia popular, y responde a las demandas de los estudiantes con balas y grupos de choque en motocicletas. Argentina en medio de una crisis económica dramática, con inflación, estancamiento y crisis macro económica vuelve en busca de crédito al Banco Mundial, el Club de París y al odiado Fondo Monetario Internacional.

Agotada la política de estímulo al consumo y subsidios directos, cuyo epílogo estamos viendo en estos días, Brasil busca ansiosamente como salir del atolladero político en que se metió, haciendo como que no se da cuenta de lo que pasa en Venezuela y tratando de zafarse de Maduro, los Castro, Ahmadineyad, Erdogan, El Asad y otras joyitas.

Volvamos a la entrevista de García. Consultado el año 2014 respecto a que espera la administración de Rousseff de la política exterior de Bachelet, cándidamente responde: “Queremos dar una importancia muy grande a la relación con Chile y no separar a América del Sur en Atlántico y Pacífico”. Parece una declaración increíble. Recuerda la fábula del zorro y las uvas: Un zorro que vagaba por el campo muerto de hambre, encuentra un racimo de uvas colgando de un árbol, luego de infructuosos intentos por alcanzarlo, se aleja murmurando: ¡No importa, total, las uvas estaban verdes!.

Revisado el desarrollo de los acontecimientos no cabe duda que hubo alejamiento en la región y que se produjo debido a que Colombia, Perú y Chile se negaron a incorporarse al fallido intento populista del eje “bolivariano” y prefirieron seguir por su cuenta aplicando las políticas económicas y de integración a la economía mundial que les estaba resultando exitosa. Si hubo maniobras sectarias y excluyentes corren por cuenta de Chávez, Lula/Rousseff y los Kirchner, que azuzaron a Bolivia contra Chile e intentaron marginar a nuestro país para forzar su ingreso a su “eje”.

Si ahora  Brasil está tratando de deshacerse del fallido intento de política económica proteccionista y populista, bienvenido, pero falta más;  es imprescindible que abandone su ideología imperialista decimonónica. Para el Brasil petista la democracia es una suerte de comodín que unas veces se defiende y otras no, dependiendo de quién se trate, en el caso de los hermanos Castro y de Maduro, la cláusula democrática es una minucia intrascendente, no así en Paraguay. Este pragmatismo le causa daño a su imagen internacional.

Sería muy positivo reencontrarnos con Brasil y Argentina de vuelta en el planeta Tierra si es que Brasil comprende que la “potencia emergente” no es Brasil, sino la Alianza de Países de esta Región.

Desde nuestra perspectiva chilena  ¿por qué cambiar un amo imperial que es rico, tiene intereses mundiales y está lejos; por otro que es pobretón, provinciano y está encima todo el día?.

La idea de Marco Aurelio García de un ABC incluyente -con Colombia y México-, si es cierta, parece ir en la dirección correcta.