Déjà vu

Déjà vu (ya visto) es la experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha vivido previamente una situación. La experiencia del déjà vu suele ir acompañada por una sensación de «sobrecogimiento», «extrañeza» o «rareza».
Muchos en Chile estamos sintiendo un déjá vu.
Alain Joxe, un sociólogo marxista francés que vivió en Chile a fines de los ´60, escribió un pequeño libro en que establece una periodicidad de los golpes militares en Chile; cada 40 años aproximadamente. Obviamente cada uno de ellos tuvo características diferente, en sus orígenes, la orientación política de los golpistas; la identidad de los grupos de interés que los estimularon; de quienes se apropiaron de sus beneficios y de su término, pero igual, la periodicidad se mantuvo. Joxé atribuye el bajo número y frecuencia de estos golpes militares a que al hacerlos, los cambios políticos y sociales que introdujeron los militares fueron de tal magnitud que no fue necesario repetirlos sino en el largo plazo, casi medio siglo después.
No es entonces sorprendente que con la misma periodicidad algunos chilenos perciban cierto déjà vu.
Tenemos un gobierno que llegó al poder con clara mayoría de votos en presencia de una abstención importante; con un mandato democráticamente fuerte y con una representatividad débil. Como también tuvo una mayoría sustantiva en ambas cámaras del congreso, dispone de una mayoría que le permite imponer su programa de gobierno en forma incontrarrestable, solo que el programa consistía en una serie de títulos de materias y propósitos cuyo desarrollo o no existió o no se dio a conocer, lo que fue subsanado por el carisma de la candidata, a la que la gente entregó su confianza sin hacer muchas preguntas.
Y comenzaron los cambios. Cambios que para la mayoría de las personas fueron una sorpresa en su radicalidad, apresuramiento y autoreferencialidad. Basado en una diagnóstico muy discutible, se asumió que la sociedad chilena se encontraba en un estado de frustración solo remontable con un cambio radical de estilos y rumbos.
El cambio político (cultural) lleva la bandera.
El fortalecimiento de los elementos de una Sociedad de Derechos provistos por un Estado de Bienestar requirió reformas impositivas –para proveer recursos financieros- y reformas educacionales –para “emparejar la cancha”- para culminar en una nueva Constitución que viniera a reestructurar el Pacto Social existente.
Curiosamente ni la reforma impositiva ni la reforma educacional suscitan la adhesión mayoritaria de la gente, pero el gobierno no se deja amilanar, sigue adelante contra la voluntad de parte importante de la clase media y de los padres y alumnos que se suponen serían los beneficiarios de ambas reformas.
La razón de esta persistencia es clara: lo que importa es el cambio político.
En este proceso el desarrollo económico se ralentiza, el crecimiento se estanca y el desempleo crece. Los afectados recién empiezan a tomar nota. Y nos les gusta. Pero el gobierno sigue avanzando sin transar.
Hace un par de días veía al Sr. Martner en la televisión. Con total seguridad explicaba que la situación económica en Argentina era muy positiva, que era el país de América Latina que mas había crecido en los últimos diez años. Nadie se atrevió a rebatirlo: era un ejercicio de construcción socialista de la realidad contra toda la realidad real. Un déjà vu en si mismo.
Todos sabemos que lo que pasó en Argentina en esa década no se entiende sin considerar lo que pasó cinco años antes: recesión y pérdida de empleo inédita; 40 por ciento de pobreza y 15 por ciento de indigencia, más corralito bancario. Diez años antes hubo hiperinflación. La respuesta a esos 10 años fueron estos 10 años de boom de consumo y boom de commodities. Se olvidó que se regaló la energía, que hubo tasa de ahorro negativa, que se demolieron las instituciones políticas para encubrir la corrupción y que se falsearon los índices estadísticos para ocultar la inflación.
Pero esos son solo efectos colaterales, lo que importa, allá y acá, es el cambio social, la ideología. Todo un déjà vu de los mismos personajes, de sus amigos o de pretéritos Ministros de Hacienda de Chile, explicando que nuestra economía tenía problemas momentáneos pero que prontamente se avanzaría de nuevo a paso de carga, una vez que las reformas estructurales estuvieran asimiladas. Lo mismo con la reforma educacional que se materializa mediante la eliminación “del lucro”, aunque los profesores sigan sean deficientes, mal pagados, politizados y no asistan a las sesiones de “perfeccionamiento” que el estado pone a su disposición para que hagan mejor su trabajo. Tratando de convencernos que la igualdad recomienda eliminar la selección ya que “todos somos iguales”, aunque algunos alumnos quieran estudiar y otros no estén ni ahí, que algunos sean mas inteligentes que otros y que unos aspiren a cierto tipo de actividades y otros a otras.
Por su parte, la derecha política fue barrida después de lo que dijeron que sería el mejor gobierno de Chile. Canibalizada en peleas entre los caciques de los partidos de gobierno, administrada por una fronda arcaica y soberbia y sus jóvenes protegés, tan antipáticos y soberbios como sus jefes. Ufanándose de cifras que solo impresionan a los asistentes a Casa Piedra.
A poco del fin del gobierno de Piñera la derecha económica, los grandes empresarios y los no tan grandes también, tomaron nota de que su primera línea de defensa, había sido diezmada o mejor, se había suicidado, y tomó el problema de su supervivencia en sus manos.
El espacio dejado por la derecha política lo tomó la derecha económica. Lo peor, ellos también están dándose cuenta que el cambio revolucionario prescinde de su clase y lo hace porque no teme a la crisis económica, no le importa, es algo de menor valor e importancia que el cambio social. El siguiente paso es el caudillismo. De todo esta pugna saldrá un líder carismático, un tecnócrata, un nuevo Jorge Alessandri, que tomará la bandera política de la CPC y volverá las cosas “a su orden natural”. Todo un déjà vu.
Como era de esperar también emergen nuevos Cristianos por el Socialismo: Nunca me quedó claro si eran cristianos que podían serlo porque eran socialistas o eran socialistas porque eran cristianos. El grupo Cristianos por el socialismo fue un movimiento político y cultural que nació en Chile durante los años 70 en base al “Grupo de los 80” formado por igual número de sacerdotes y laicos católicos. Enfrentaron a la jerarquía católica acusándolos de autoritarios, conservadores, doctrinarios y otros “insultos”. El vacío de poder y representatividad que deja una clase política en disolución es tomado por espontáneos –esos toreros aficionados que saltan al ruedo para ser corneados por los toros- entre los cuales siempre aparece un pequeño grupo de curas clericales, en el pasado de derecha y últimamente de izquierda.
Ya tenemos a nuestro Rasputín, nuestro Savonarola y nuestro San Francisco de Asís desafiando al Cardenal con el apoyo y simpatía de la Conferencia Episcopal que los considera “un testimonio vivo de fidelidad a Jesucristo”, con el aplauso de los mismos políticos limitados mentales que no se dan cuenta que esos curas les están quitando la pega. Uno de los apologistas describe al Santón mayor: “El Padre representa a los nuevos tiempos como sacerdote, atrevido y sin inhibiciones que ha avanzado demostrando con su propia vida que sí se puede servir a los más excluidos y abandonados donándose, viviendo cómo y con ellos, no temiendo represalias ni dejándose llevar por lo que resulta más exitoso o aplaudido. Su vida religiosa ha estado en medio de la realidad, de ésta y de otras, con todas las tensiones y conflictos que ello implica, propagando por intermedio de su ejercicio sacerdotal –entre millares de jóvenes y adultos– un amor a Jesucristo y a su Iglesia desde la misericordia y el servicio” , si, pero siempre con red de seguridad, al hombre nunca le faltará la comida ni el techo, no tiene hijos que alimentar ni otras responsabilidades que propia piel; las represalias que puede sufrir son de chiste y eso de no dejarse llevar por el aplauso, habría que revisarlo. Por lo demás, este tipo de profetas se hizo incombustible, ya no pueden ser quemados y ellos lo saben, lo que los hace muy “atrevidos y sin inhibiciones”.
La historia no se repite. Tampoco tiene ciclos idénticos, pero hay situaciones que se asemejan mucho a otras anteriores. O que algunos las sentimos como un déjà vu.