Venezuela prepara un autogolpe

Los últimos dos gobiernos de Venezuela, el de Chávez y el de Maduro, cometieron -en todos los ámbitos- toda clase de excesos, pero donde se superaron a si mismos fue en la política económica que destruyó al país mediante una administración irresponsable, ideologizada y de una incoherencia abismante.

Los resultados son increíbles: un gobierno que dispuso de una economía alimentada por un flujo inagotable de petróleo, en años en que ese producto alcanzaba los precios mas altos jamás vistos, se las arregló para disminuir sostenidamente su producción y despilfarrar los ingresos regalándolos a Cuba a cambio del envío de técnicos y de mano de obra cuasi esclava, y subsidiando a varios países caribeños a cambio del “amor de sus pueblos”. Una muestra del resultado, trágico si no fuera risible, llevó a que como señal del “amor” obtenido, el gobierno de Trinidad y Tobago, ante la crítica escasez de bienes básicos en Venezuela, le ofreciera un canje de papel higiénico por petróleo.
Entre ambos gobiernos –Chávez y Maduro- destruyeron la economía, arruinaron la producción agropecuaria nacional y reemplazaron el sistema de distribución por el típico sistema socialista de cooperativas populares, monopolios estatales y grupos políticos de control, destinado a cooptar a la población y acorralar a la oposición para continuar en el poder, mas a que a proporcionar un servicio eficiente a la población. Dividieron la sociedad venezolana en una forma desconocida en ese país y cooptaron a las Fuerzas Armadas comprándolas con prebendas y corruptelas.
Hoy Venezuela tiene una inflación sobre el 78% anual y sus ciudadanos hacen colas de varias cuadras para poder “conseguir” productos racionados bajo la controladora mirada de tropas de la Guardia Nacional que han sido desplegadas por todo el país para mantener el orden. La crisis económica acompaña a una profunda crisis política en que el gobierno ha perdido el apoyo incluso de quienes se consideraba sus beneficiarios.
El gobierno de Maduro no tiene ni la mas remota posibilidad de vencer en las elecciones presidenciales de noviembre próximo, como no sea mediante la reedición de los habituales fraudes electorales de Chávez, esta vez aun en mayor escala.
El problema es que esa derrota electoral tendrá efectos vitales –y el término debe ser entendido en todo su significado- para los líderes políticos y militares del régimen.
Desde hace meses, Maduro y su gobierno se encuentran en campaña preparándose para un autogolpe de estado. Se modificó la legislación autorizando a las FFAA para hacer uso letal de sus armas en disturbios civiles. Esta modificación legal fue puesta en ejecución con el asesinato de un estudiante, menor de edad, sin mayores consecuencias políticas ni legales. Perifoneó un intento del gobierno de los EEUU para derrocarlo, acusación que el acusado descartó como “acusación ridícula”, con este pretexto, Maduro exigió a las FFAA un renovado juramento de fidelidad –al mas puro estilo hitleriano- y lo obtuvo.

Encarceló al alcalde de Caracas, líder de la oposición y expulsó a 83 de los 100 miembros de la embajada norteamericana en Caracas (el 20% según las curiosas cuentas de Maduro). Para reforzar su campaña anti norteamericana dispuso que se prohibiera “el otorgamiento de cualquier tipo de visado y por tanto el ingreso a Venezuela del ex – presidente estadounidense George W. Bush, su vicepresidente Dick Cheney, del ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) George Tenet; y de los congresistas Marco Rubio, Bob Menéndez, Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen”, en el extraño caso que alguno de ellos quisiera concurrir a su país.

Para combatir la ausencia de alimentos para los hambrientos venezolanos, lanzó una campaña que regala semillas “para que los venezolanos puedan plantar sus propios tomates, verduras y pollos”, en una pintoresca confusión botánico – avícola.

Hasta el exótico ex – presidente de Uruguay, “Pepe” Mujica manifestó su temor ante el avance de Maduro hacia en autogolpe y los devastadores efectos que producirá en la izquierda sudamericana. Esto, en el caso de Chile, será especialmente vergonzante para el senador y presidente del MAS, para el Partido Comunista, su secretario general y para los jóvenes ex estudiantes que han ocultado, callado y cohonestado la violencia contra los estudiantes venezolanos, en un silencio impropio de su edad y condición.

El autogolpe en Venezuela tendrá características especiales. Será de izquierda, lo que no es novedoso, pero será en un marco político regional en que la mayoría de los gobiernos que le fueron afines .-Argentina, Brasil, Bolivia y Ecuador- se encuentran en crisis políticas graves, acompañadas de corrupción y declinación económica severa. Pondrá a los partidos de “izquierda democrática” sudamericana en un situación inconfortable a mas no poder. La lucha entre sus renovadas creencias democráticas y sus genes estalinistas entrarán en conflicto.

Las FFAA venezolanas no “apoyarán” al gobierno víctima del golpe, sino que “serán parte integral” del mismo, y esto marca una diferencia sustancial y hace del auto golpe algo factible, al menos al iniciarse como un ajuste de cuentas interno.
Los generales y almirantes, en un número apreciable está involucrados en negocios turbios: drogas, armas, contrabando y lavado de dinero. Fueron actores y beneficiarios en los amoríos delictuales con el Irán de Hajmadineyad. Es evidente que el fin del chavismo será el término de su poder político; su preponderancia social y sus ventajas económicas, peor aun, vendrá la vuelta de mano y enfrentarán los tribunales de justicia, normales y populares, nacionales e internacionales.

Lucharán hasta el último de sus soldados y luego escaparán a “hacer su exilio”. Con Cuba en pleno romance con EEUU, solo les quedará Argentina –por un breve lapso- Ecuador, Nicaragua y otros estados parias. No habrá exilio dorado en Miami.

¿Cuánto lucharan los soldados antes de unirse al pueblo o disolverse?, es una pregunta clave. La experiencia muestra que la situación general del pueblo, escasez de artículos de consumo básico, desde alimentos a papel confort, presión de los organismos de control del Partido, ausencia de libertad personal y cansancio se permean desde la ciudadanía hacia los soldados y sus familias. Los generales y Maduro podrían encontrarse con una sorpresa.

Lo mas probable parece ser una situación de colapso interno del régimen con la aparición de un nuevo grupo de control, reemplazo de Maduro y lucha por apropiarse del mando. Un actor central, por lo menos al comienzo de la disolución será Diosdado Cabello.
Los conflictos internos de este tipo, en que un bando posee las armas y el estado y el otro solo la ciudadanía suelen ser de desarrollo lento al comienzo y aceleración creciente -en algunos días o semanas- en la represión o en la división y disolución de las fuerzas armadas. Si la organización militar resiste la tensión, es probable que presenciemos un baño de sangre muy intenso y talvez prolongado.
La victoria final será del pueblo, en eso no hay duda. Ningún régimen puede, hoy por hoy, mantenerse indefinidamente contra el sentir popular y la consiguiente presión externa.
El gobierno de Chile seguirá haciendo equilibrios y figuras. El corazón de la Presidente Bachelet está con las autocracias marxistas: la anciana Honecker, asesina jubilada, sigue contando con el auspicio de los gobiernos chilenos, sin responder nunca a sus abusos y tropelías. Según la madre de la Presidente, nunca apreció represión en Alemania Oriental. Ni la madre ni la hija nunca supieron de la Stasi, los gulags ni de los muertos tratando de cruzar el Muro. Su admiración a Fidel Castro la hizo trotar de emoción, durante una impropia visita- homenaje al tirano, en su anterior período.

Su consistencia ideológica no puede ser puesta en duda: no ha hecho ni una sola crítica al régimen de Maduro y sus milicotes.
Se aproxima la hora de la verdad en Venezuela … y en Chile.