El manoseo franco – boliviano y algunas reminiscencias coloniales locales

El 30 de octubre del este año, el Director Jurídico de la Cancillería de Francia, François Alabrune, se expidió con soltura respecto a nuestro pleito con Bolivia, y lo hizo en forma negativa para nuestros intereses nacionales.

Ese día el eslovaco Peter Tomka, en ese entonces presidente de la Corte Internacional de Justicia, hizo su cuenta anual informado a la Asamblea General del funcionamiento del tribunal.

La presentación en si misma no es mas que un ritual burocrático que no suscita mayor interés, pero en este caso, con posterioridad a la presentación de Tomka, Alabrune en representación del gobierno de Francia, hizo los comentarios que le parecieron pertinentes a su Cancillería:

“Entre los casos que hay en la Corte actualmente se incluyen cuatro casos sobre la obligación de negociar, como el de Bolivia y Chile referido a un acceso al Océano Pacífico. La obligación de negociar ha sido una de las piedras angulares del derecho internacional”.

La intervención no fue aclarada por el gobierno francés, pero según los conocedores del tema, este tipo de afirmaciones se hacen en acuerdo con los actores involucrados, en este caso, con Tomka y mas importante, con quien se aprestaba a sucederlo a la cabeza del tribunal, el francés Ronny Abraham. La coincidencia sorprendente es que el juez ad hoc escogido por Bolivia, el secretario general de la Academia de Derecho Internacional de La Haya, Yves Daudet, es de la misma nacionalidad: francés.

No es ser mal pensado imaginar que esta intervención -y el posterior silencio aclaratorio- son una demostración política del gobierno de Francia. El hecho de haberse referido con nombre al caso de nuestro país con Bolivia confirma el contenido político del mensaje. Alabrune es un abogado, pero como funcionario de la Cancillería de su país es un funcionario político que cumple las directivas de su gobierno. Tal como es su momento lo hizo Felipe Bulnes, durante su olvidable desempeño como Ministro de Justicia y de Educación.

Mas allá de lo efectiva o real que pueda ser esta toma de partido del gobierno de Francia, el referirse a la disputa señalando que “la obligación de negociar ha sido una de las piedras angulares del Derecho Internacional”, constituye munición para la propaganda boliviana y un daño para nuestro país y eso no pudo pasar desapercibido para ese gobierno.

Las relaciones internacionales son relaciones de poder, es decir se manejan según parámetros políticos. El derecho internacional es sin duda un factor morigerador o si se quiere un arma mas dentro del arsenal que constituye el poder nacional de los actores en disputa, pero ello no obsta a la naturaleza política de las relaciones entre países, aunque nuestros expertos insistan en mantenerse asidos al salvavidas de plomo jurídico como único y decisivo argumento.

Sin duda el gobierno de Francia tiene sus propias razones para actuar así, y no somos nosotros quienes deban cuestionar sus intereses y políticas, pero si es asunto nuestro ser realistas en nuestros análisis, políticas y acciones.

El comportamiento de Francia, un país en declive, que infla su auto estima con planteamientos imperiales, es posible solo porque nosotros se lo permitimos y el que un caudillo bárbaro como Evo Morales puede lanzarnos insultos y maldiciones desde la punta de su cerro, es posible solo porque para él no tiene consecuencias.

Esta situación trae a colación la desafortunada interpretación de Felipe Bulnes, representante de Chile en este pleito, respecto a la naturaleza del conflicto creado por Bolivia, cuando a comienzos de este año, en una entrevista en un diario nacional manifestó su molestia por las, a su juicio, impropias intervenciones de actores políticos nacionales –pauteo las denominó -y puso a los chilenos “en su lugar”, -entre el segundo patio y el corral de las vacas- respecto a una materia que a su juicio debía ser algo de su sola y personal incumbencia y control: la preparación de la postura chilena para enfrentar este pleito.

Para pertenecer a la fronda chilena bastan conexiones familiares, el aprendizaje de algunos modales arcaicos y amanerados y algunas destrezas útiles para administrar el poder de su grupo social. Todo ello insuficiente para manejar nuestro destino o pretender la exclusividad en algún tipo de representación nacional.

Según Bulnes, “la situación preocupa al gobierno y a los expertos a cargo del caso -¿el mismo?-, pues podría exponer la estrategia jurídica chilena” … “Estoy completamente en desacuerdo y profundamente preocupado por el clima político que se ha ido instalando en el caso frente a Bolivia. Creo que no tiene precedentes y me parece que no estamos tomando conciencia de la irracionalidad con que se está imponiendo el debate. Lo digo, porque me parece completamente inapropiado que actores políticos relevantes de este país, rompiendo un precedente que ha sido la unidad y la responsabilidad con que se enfrenta un caso de esta naturaleza, busquen pautear la forma en que Chile debe defenderse ante la Corte Internacional de Justicia. Me parece incomprensible que pretendan fijar una posición respecto de lo que se debe hacer, pero aún más incomprensible me resulta que no reparen en que ello promueve una discusión pública sobre la estrategia judicial que debe adoptar Chile, cuando eso es contrario a las normas más básica de prudencia”.

De nuevo, Bulnes cree que está ante un problema judicial y de competencia solo de cierta auto designada elite e ignora que lo que pasa en Chile y con Chile es materia de todos los chilenos.

Hasta donde se sabe, Bulnes es conocedor del derecho comercial, pero no tiene trayectoria en política exterior ni en derecho internacional, por lo que resulta insólita su pretensión de mantener a los actores políticos fuera del tema. ¿Es que los representantes del pueblo chileno no tienen derecho –o la obligación- de dar su opinión, que puede o no ser acogida por el gobierno, pero que al ser planteada ayuda a una mejor comprensión de lo que los dueños de Chile, los chilenos de a pie, quieren?.

Se comporta como un representante típico de quienes se creen dueños de Chile aunque sean recién llegados a un tema y demuestren una clara falta de comprensión del Chile y del mundo de hoy. Firmar un cheque en blanco para que un representante de la fronda nacional “tome las mejores decisiones para Chile” es una exigencia que refleja la soberbia obsoleta, agraria y decimonónica sobre la que se encarama Bulnes para tratar de hacerse ver.

El comportamiento de Morales de Bolivia y del representante del Gobierno de Francia muestran que en el sistema internacional la competencia es sin guantes y de políticos que representan los intereses de los verdaderos dueños del país. Las opiniones de los ciudadanos cuentan, son ellos los que a la hora de las crisis ponen su vida y dinero para proteger la dignidad del país.

¿Qué hizo Bulnes por Chile en 1973 y en 1978?.