Entre Una Izquierda Fracasada y Una Derecha Ausentista

Cada día nuestro Chile actual se asemeja mas a nuestro Chile del siglo pasado. Cunde la violencia verbal, avanza el odio y el resentimiento. Las posiciones políticas y personales se endurecen, la parálisis se apodera de nuevos espacios. Lentamente, es cierto -lo que hace difícil percibir el cambio diario- pero que de a poco va mostrando como la desmoralización no cesa de incrementarse.

El juego político de grupos y grupitos de “líderes” ignorantes y políticos embotados por sus egos y sus ambiciones, pasa de ser un medio a ser un fin en si mismo. En la razón de sus vidas. Las emociones del protagonismo y del asambleísmo mareador e inconducente lo es todo; la reflexión serena es nada.

Una mirada al entorno político regional no es benévola con los líderes políticos de izquierda de los últimos 20 o 30 años. Países empobrecidos, estados quebrados, corruptos hasta la médula.
Cristina Kirchner haciendo fila para ir a la cárcel como protagonista de corruptelas caricaturescas, haciendo la recolección de coimas en bolsas y sacos; Lula preso por robo y corrupción; Correa arrancando de sus coimas y negociados tan oscuros como el petróleo crudo; el increíble Maduro, una caricatura de dictador latinoamericano; su mentor, el ya olvidado Chávez, resistiéndose ferozmente a morir para poder seguir esquilmando a su país. El circense Morales, con su ministra desnuda en su avión y sus melodramas sexo políticos; el célebre -y silencioso- Ortega presidente eterno de Nicaragua; que decir del desconocido nuevo presidente de Cuba, porque ¿sabía usted que Castro el Menor entregó la Presidencia?.
Que decir del penoso festival de Bachelet con su “legado” que dejó de tras de si una borrachera de gastos; de ofertones populistas; que detuvo el desarrollo nacional; aumentó el endeudamiento; incrementó el gasto fiscal sin oficio ni beneficio, excepto para los cientos de miles de empleados públicos que contrató para disimular el aumento del desempleo y asegurar los votos de los beneficiarios. Sin olvidar el genocidio del Sename con sus altos sueldos para sus directivos.
El constante desfile de paupérrimos venezolanos recorriendo los caminos de Sudamérica para conseguir el pan, el techo y el abrigo que el socialismo del siglo XXI les quitó, es una propaganda fatal para sus deseos de re estibar la carga y tratar de levantar cabeza.

No hay caso, el socialismo suena bonito pero no funciona, es muy bueno para producir pobreza y los chilenos ya saben es posible escapar a ese circulo vicioso. Hace 50 años en Chile en el punto mas alto del socialismo y el estatismo todo era pobre. Todo era malo, anticuado, no funcionaba, desde los teléfonos hasta la salud. Si un trabajador hubiera hablado de ir con su familia al Caribe de vacaciones le hubieran puesto una camisa de fuerza y encerrado en un manicomio, peor aun si dijera que pensaba cambiar su auto por un modelo mas nuevo. Todos saben que hoy eso es posible y que muchos lo hacen. Por eso, el socialismo está muerto y enterrado, algunos de sus líderes aun no se dan por notificados pero en el fondo, saben que es así.
Los chilenos no necesitan que el gobierno ni los políticos les den nada. Lo que quieren es que haya trabajo y que los dejen vivir en paz y dignidad. La mano del gobierno que dicen que da, lo hace, pero poquito, la mayoría se cae de esa mano para ir a parar a los bolsillos de los que reparten.

Entonces, ¿es que llegamos al predominio político eterno de la derecha?.
Nada de eso, sus debates “ideológicos” dan pena, deprimen. A veces dan un poco de risa, pero mas que todo, enojan.

¿Qué pasó con la derecha?. Seamos francos, la valentía nunca ha sido uno de sus atributos. El gobierno militar entregó el poder y cayeron en estrepitoso silencio. La política se transformó en negocio, tráfico de información privilegiada, prestamos “amistosos”, inversiones rápidas y muy rentables, especulación, empleo de los contactos.
La globalización produjo dos tipos de chilenos: los de derecha y de la elite de izquierda que se montaron sobre las oportunidades que el mundo global brinda a los que reúnen dinero, contactos y cultura; y el mundo de los chilenos de a pié, cuyas condiciones económicas mejoraron sustancialmente pero quedaron anclados a los problemas, carencias y estructuras del subdesarrollo, agravados por la globalización, la inmigración y el avance tecnológico, sin líderes, sin estructuras, sin propuestas que los hicieran recuperar la fe y la confianza.

Los primeros, los ciudadanos globales, abierto a un mundo de oportunidades, partes de una comunidad apátrida, internacional, prestos a moverse a cualquier parte, -ubi bene, ubi patria- capaces de adaptarse a cualquier cultura, sin responsabilidades mas allá de su propia piel. El prototipo nacional es el joven de Evópoli, bi o trilingüe, vivido y estudiado en el extranjero; ex funcionario de empresa u organismo internacional, políticamente correcto, convencido de que a donde vaya será parte de la elite dirigente y que cree que existen reglas universales seguidas por todos en todas las sociedades. Marca su superioridad haciendo como que cree que todos los chilenos son, piensan y se comportan como él -porque son “globalizados como él-.
Sin lealtades ni compromisos, -no los necesita-, es fluido, líquido, adaptable, móvil, incontenible. Rechaza cosas arcaicas como sociedad, nación, responsabilidad colectiva. Ellos “se salvan solos”.

El segundo tipo son los “inmóviles”, los que no pueden irse a otra parte ni quieren ser otras personas; los que quedaron amarrados a empresas o formas de producción de baja tecnología, que no producen ganancias espectaculares, que demandan compromiso y trabajo constante y duro, que quieren vivir en comunidad pero ven como estas se hacen líquidas, se desintegran, a medida que los chilenos mas educados los abandonan o los traicionan. Así, con mejor nivel de vida que sus padres, no pueden aspirar a mejores oportunidades laborales, educacionales y culturales, peor aun siguen viviendo en comunidades en descomposición que son capturadas por las redes de las drogas y la delincuencia, sin liderazgos, sin la solidaridad tribal tradicional, sin redes familiares. Con acceso a mas medios materiales pero socialmente proletarizados, atomizados, llevados al individualismo profundo y desesperanzado, del que no ven salida alguna.

¿Qué pasó?. Por distintos caminos unos y otros convergieron en el individualismo, la proletarización, -unos desarraigados a nivel mundial y los otros desmoralizados a nivel nacional-, entregados a las drogas, unos por snobismo y los otros por escapismo, a la corrupción, a la amoralidad total. Al reemplazo de los principios por la conveniencia.

¿Cómo podemos salir?, Qué está faltando? Parece evidente que la solución no está por el lado de los líderes enérgicos entusiastas del racismo, ni del populismo demagógico, tampoco del nacional socialismo ni del nacionalismo fascista, ni del nacional liberalismo, menos del revolucionarismo retrógrado de esos jóvenes izquierdistas entre románticos y perdidos.

El camino parece ser que surjan nuevas elites nacionales pragmáticas, comprometidas, eficientes, responsables, que retomen su rol de liderazgo de los conciudadanos chilenos para acompañarlos en la reconstrucción de la identidad nacional, la revalorización de su cultura, el restablecimiento de las “estructuras sólidas” que describe Zygmunt Bauman en Modernidad líquida. Que crean y nos convenzan que, en nuestro caso, “nos salvamos juntos o nos hundimos juntos”, que no hay espacio para tránsfugas ni para egoístas, es el momento del patriotismo y del nacionalismo sano para el fortalecimiento de una comunidad integradora, abierta, inclusiva, solidaria. Ser Chileno es Bueno.