El Bluff de Humala. ¡Que muestre sus cartas!

Otra vez las intrigas limeñas llegan hasta nuestras costas. Es sabido que los palacios albergan espías, traidores y mentirosos, pero el Palacio de Pizarro bate todas las marcas. En los círculos especializados ha causado sorpresa la aseveración del Presidente del Perú respecto a una supuesta “confesión” de espionaje de un almirante chileno a su par peruano, empleando… ¡whatsapp!. Sorpresa no solo por la materia de la supuesta confesión, sino por lo feble de la “prueba”, que es presentada al mundo en la forma de un argumento incontestable. Como muchos lo saben, falsificar una identidad de watsapp es facilísimo: basta con comprar un teléfono y ponerle a éste la identidad que uno desee. Luego nos “hacemos amigos de whatsapp” y listo. Así, cada quien podría chatear con el personaje famoso que desee… sin que éste se entere, por supuesto. Si se descarga de la web una foto del personaje elegido, la falsa “identidad” queda mucho más creíble. Además, hay varios softwares gratis para editar el contenido de un chat de whatsapp modificando los registros de la conversación que quedan en el teléfono propio, “Whatsshack” es el programa más común y se puede descargar gratuitamente. Incluso hay otros que modifican la memoria interna del teléfono receptor, resistiendo así un “peritaje” más acabado. En el caso denunciado por Humala, se pudo haber usado cualquiera de las dos técnicas: se podría tratar de un chat completamente falso o de uno convenientemente “editado”, para satisfacer los fines del Perú. De cualquier manera, la “prueba peruana” -para cualquier entendedor- resulta irrisoria. Un “archivo de chateo” obtenido del celular propio no tiene valor alguno. Sin embargo, el Presidente del Perú lo presenta sin pudor como un sólido elemento probatorio, al nivel de comprometer la relación bilateral. En medio de toda esta mezcolanza, pasa desapercibida la mala factura del engendro telefónico, en que el Director de Inteligencia Naval del Perú aparece pidiendo ayuda a su par chileno. Le pide que le de datos para condenar a Philco. Parece no tener pruebas y será un ridículo mayúsculo cuando un tribunal peruano lo declare inocente!. Hay dos posibilidades: – Primero: que Humala, su Canciller, Ministro de Defensa, autoridades navales y otros en Perú, son tan inocentes y carentes de conocimientos y asesores técnicos, que dieron crédito a la “prueba” que el Director de Inteligencia de la MGP les presentó y luego alguien “filtró” a la prensa el oficio con el tema en vísperas de una votación vital para Humala en el Congreso. O segundo: Humala, mañoso, sabe que su “prueba” es ridícula e intuye que es falsa. Pero la usa y filtra los documentos oportunamente para poner a Chile a la defensiva y evitar –infructuosamente- un resultado adverso en el Congreso y una crisis política, apelando al nacionalismo. Que la prueba sea ridícula no importa: en Perú compran con avidez cualquier acusación en contra de Chile y la mentira, como muchas veces, madrugó. Lo mas pintoresco es que la actual crisis que atormenta al Presidente Humala es precisamente, el resultado de los chuponeos, interceptaciones, filtraciones y otras jugarretas de inteligencia mafiosa que son el sello de esos organismos en el Perú. Es muy decidor verificar que la crisis actual del Gobierno de Humala se debe a mal empleo de un organismo de inteligencia peruano (la DINI, que espiaba a políticos… ¡peruanos!) y que sea otro organismo de inteligencia peruano, cuestionado hace poco por sus malas prácticas y aparentemente sembrado de traidores, quien provea la tabla de salvación para sortear este difícil momento. A comienzos de este mes un medio cercano al gobierno ya reclamaba del uso personal que Humala hacía de un asunto de interés nacional y se cuestionaba respecto a la curiosa forma en que lo manejaba. “Cada día cobra más fuerza la tesis de que el presidente estaría utilizando el caso del espionaje chileno como una cortina de humo que encubra escándalos, como los vínculos de la pareja presidencial con Belaúnde Lossio, los ingresos de la primera dama o los sospechosos fondos con los que el nacionalismo financió sus campañas. Que el presidente no reclamase a Chile por el espionaje apenas se enteró del mismo, sino recién tiempo después cuando los hechos salieron a la luz generó muchas preguntas. Por ejemplo: ¿Es que el gobierno se guardó este caso para utilizarlo luego con el fin de distraer a la opinión pública en el momento en que estuviese demasiado concentrada en revisar si hay esqueletos en su clóset? ¿Será que el gobierno le está subiendo el tono a este conflicto para aglutinar a la ciudadanía alrededor suyo y solucionar el problema de enfrentarse a las próximas elecciones con una alicaída popularidad? Estas preguntas, además, se vuelven más relevantes a raíz de los hechos de los últimos días”. Por esas mismas fechas, otro periodista, adicto al gobierno, proclamaba que las pruebas del espionaje eran tan contundentes que ya no eran solo las declaraciones del Suboficial Philco, que identificaba a un oficial chileno a quien habría entregado información reservada, sino que el gobierno “disponía de un amplísimo expediente que deja sin salida al gobierno de la presidenta Michelle Bachelet en hasta ahora su invicta vocación por no reconocer el espionaje al Perú”. Esas pruebas nunca fueron mostradas y nadie las vió. La necesidad de inventar este melodrama de los Watsapp vino a confirma que en verdad nunca tuvieron nada mas que los dichos de un traidor y esta misma desnudez de argumentos fue lo que los llevó a acusar a El Comercio de actitud antipatriótica por no alinearse sumisamente tras su cuento, y que la prensa peruana concentrara su fuego en “revelar” los gustos y actividades recreativas y familiares del presunto oficial chileno identificado por el traidor en una galería de fotos de oficiales de la Armada de Chile donde había 100% probabilidades de acertar eligiendo a cualquiera de ellos. Humala, cara rígida, seño fruncido, actitud corporal “de combate”, nos asusta con que no está “satisfecho”; sus exégetas dicen que quiere no solo disculpas públicas y oficiales sino también la promesa de que nunca mas habrá espionaje chileno en Perú y que el embajador Fernando Rojas no regresará a Chile hasta que haya una respuesta con esas “satisfacciones”, “exige” disculpas a Chile. Dice también que no teme “tensar las relaciones” hasta donde el honor peruano lo haga necesario. … Y la respuesta esto debe ser ahora!!. Esta semana!. El canciller Gutiérrez resultó un poco (solo un poco) mas sensato, manifestó que no pedirían la extradición del Oficial chileno “reconocido” por el traidor Philco. ¿Se imaginan lo ridículo de la situación?. Un raciocinio alambicado solo comprensible dentro de las extrañas prácticas políticas peruanas. También manifestó que “estas prácticas ya no caben” en la relación entre ambos países. Lástima que Humala no se enteró, ya que no estaría en el brete en que está, con su Primera Ministra Ana Jara destituída … por espiar a los propios peruanos!!. Con la última “viveza” de la inteligencia peruana, la fabricación del dialogo de Watsapp entre los Directores de Inteligencia Naval de ambos países, por fin pareciera que Humala ha logrado “comprobar” el espionaje chileno y puede redoblar sus exigencias, y densificar su cortina de humo ante una cada día mas difícil situación política y económica. Las inversiones extranjeras viene cayendo fuerte en Perú, tanto por las condiciones externas como por la inestabilidad política interna. Estos devaneos bondianos no contribuyen en nada a la imagen de seriedad del Gobierno peruano, pero lo peor, al menos para Chile, es la creciente soberbia, insolencia y falta de respeto hacia nuestro país. Humala inventa, distorsiona, ofende y miente y además se permite ponernos plazos y exigirnos disculpas ante sus fabricaciones. Si no cumplimos sus caprichos nos exponemos a sus iras; él no teme tensar las relaciones al máximo, él no se inquieta por el daño económico a chilenos y peruanos, el solo se preocupa por su carrerita política. Nos amenaza con castigos indeterminados pero durísimos. Aun no logra juntar las fuerzas para conseguir la modificación constitucional que le informe a los peruanos que el Mar de Grau era solo otra de las tantas ficciones en que desarrollan sus vidas, y con ello pone en peligro el cumplimiento del fallo de la Corte Internacional de Justicia, situación en la que Chile ha demostrado una paciencia en las antípodas de la impertinencia de Humala. La situación en que se encuentra él, su gobierno y su país no dan para tanta rudeza. Tenemos bastante con que apretar, comenzando con el inconcluso límite marítimo norte y el triángulo chileno que pretenden desconocer y la chifa que quieren poner en El Chinchorro. Ya pagamos; es hora de VER, que los creativos del gobierno de Perú muestren sus cartas y nosotros las nuestras.