La Agonía de las Naciones Unidas (ONU)

Desde la Grecia antigua hasta nuestros dias han existido diversos “Ordenes Mundiales”, estructuras políticas que han dado forma a una determinada distribución de poder mediante instituciones y procedimientos que les permitieron negociar sus diferencias y ventilar los agravios de sus socios, en vista a ir acomodando al acuerdo inicial a la variación de sus poderes relativos.

Los ordenes mundiales suelen ser de corta duración y surgen después de una gran conflicto o catástrofe, que lleva a los estados a sentir la necesidad de tener un mayor nivel de estabilidad, en un acuerdo que refleje las condiciones resultantes del desastre.

El Orden Mundial resultante de la I Guerra Mundial (I GM) fue efímero, no así el de la II GM en que la invención de las armas atómicas, la desaparición de los grandes imperios globales -Gran Bretaña, Francia- y la consiguiente “descolonización, y la aparición de las dos nuevas superpotencias -la Unión Soviética (URRS) y EEUU- potencidas por las dos grandes cosmovisiones antagónicas que prevalecieron durante el siglo XX -el Capitalismo democrático y el Socialismo totalitario- adoptadas por cada una de ellas, llevaron a una situación mundial extremadmente peligrosa.

El instrumento que, en conjunto, ambas superpotencias crearon para mantener estable el Orden Mundial fue la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Que solo hubiera dos centros de poder hizo que llegar a tal acuerdo fuera más fácil. 

Este orden duró hasta que, con el colapso de la URRS, la distribución del poder se instaló decididamente a favor del bando norteamericano. Así, el equilibrio de poder que sustentaba a la ONU se desequilibró. Como resultado de capacidades cambiantes, voluntades vacilantes y ambiciones crecientes, algunos países miembros decayeron y otros aumentaron su poder. 

La aparición de China como actor, primero económico y luego político y finalmente militar, pusieron punto final al esquema pos II GM y consiguientemente a la ONU. Los problemas a resolver, los conflictos a negociar y los actores resolutivos, ahora son otros: China y EEUU.

La ONU fue un reflejo de la lucha ideológica, política, económica y militar entre la URRS y EEUU. Actualmente, la lucha ideológica a mutado radicalmente, la ideología marxista a dado paso al globalismo y al nacionalismo; la economía socialista murió dejando el campo a la globalización, el libre comercio, el capitalismo de estado, las grandes cadenas logísticas globales, y la competencia militar se ha focalizado entre EEUU y China.

¿Qué quedó de la ONU?. A medida que las consecuencias del colapso de la URRS se manifestaban, las actividades de la ONU fueron mutando hacia la preeminencia de los intereses y preferencia ideológicas de la burocracia que la conforma que, controlada en gran parte por funcionarios adeptos a algunas variantes del marxismo, la usan para dar la lucha ideológica global, en beneficio de sus ideologías y otras oscuras fuerzas transnacionales. Esta burocracia, luego de la caída de la URRS se autonomizó y, a partir de sus ideología, desarrolló y aplicó una agenda política de alcance mundial que actúa empleando el dinero, los mecanismos y la cobetura de la ONU.

La izquierda chilena logró un gran representación dentro de esa burocracia, actuando como un instrumento fiel y muy eficaz para la difusión de su ideología. Los Gobiernos de Chile aceptaron y su Congreso aprobó -a mansalva de sus ciudadanos- el ingreso a una amplia variedad de acuerdos, compromisos, obligaciones y apoyos a todo tipo de actividades que materializan la ideología globalista promovida desde la ONU.

El globalismo es particularmente querido por sus burócratas, no solo por su sintonía ideológica sino también porque les entrega y asegura posiciones de poder y dinero de larga duración a ellos y a sus familias, formando una especie de dinastía o club de alcance mundial.

Organizaciones como la ONU casi nunca caen de golpe, se van deteriorando, desintegrando y decayendo, hasta resultar un remedo grotesco de lo que fueron en su inicio.

En el ámbito de la seguridad, aunque la disuasión nuclear aún se mantiene, algunos de los acuerdos de control de armas que la respaldan se han roto y otros se están deshaciendo. Aun cuando Rusia, ha evitado cualquier desafío militar directo a la OTAN, ha mostrado una creciente voluntad de alterar el status quo: mediante el uso de la fuerza en Georgia en 2008 y Ucrania desde 2014, mediante la intervención militar en Siria y el uso ofensivo de la guerra cibernética para tratar de afectar los resultados políticos en los Estados Unidos y Europa. 

El orden liberal está exhibiendo sus propios signos de deterioro. El autoritarismo está aumentando no solo en China y Rusia, sino también en Filipinas, Turquía, Irán y Europa Oriental. El comercio global ha crecido, pero la Organización Mundial de Comercio (OMC) ni siquiera ha intentado enfrentar los desafíos de hoy, incluidas las barreras no arancelarias y el robo de propiedad intelectual. 

El Consejo de Seguridad de la ONU es irrelevante en la gran mayoría de los conflictos del mundo, y los acuerdos internacionales no han logrado enfrentar los desafíos asociados con la globalización.

La estrategia norteamericana con centro en el Indo – Pacífico, que estructura un nuevo escenario para la seguridad internacional, tiene como actores principales a grandes países que no tenían relevancia alguna en el Consejo de Seguridad de la ONU y cuyos intereses no tenen nada que ver con esa organización: China, India, Japón, ambas Coreas, Australia, Indonesia, Irán.

Por ahora y respecto a la ONU no hay que limitarse a esperar su colapso definitivo, habiéndose convertido en una fósil de un mundo que dejó de existir hace años y habiéndose transformado en un escollo a nuestra soberanía y libertad, ha llegado el momento de contribuir a su eliminación y comenzar revisar las propuestas de reemplazo que ya se están discutiendo en las cancillerías del mundo.

En este sentido, la decisión de Chile de unirse al sistema de comunicaciones mundial en G5 con tecnología occidental, que transitará hacia Asia via Australia y Nueva Zelanda en vez de hacerlo con Hawei y directamente a China, es indicativo que las fuerzas que organizarán el nuevo mundo ya están actuando.

Solo falta que tomemos nota de ello.

Fernando Thauby

Melosilla

07 Agosto 2020