Area de Estudios Multigremial – FACIR

HASTA QUE EL VANDALISMO SE HIZO COSTUMBRE

Cuando la izquierda sale a la calle,

La derecha tiembla

Michelle Bachelet 2010

Un estudio efectuado por un equipo de diez investigadores periodísticos[1], todos de explícita “sensibilidad de izquierda”, aborda el problema de la violencia ciudadana en Chile en una forma diferente, original. Va directamente a los protagonistas. Es dificil asignar un determinado valor de credibilidad y rigor a la investigación, pero de cualquier manera sigue siendo un dato interesante.

El estudio de Ciper revisa y descarta dos de las hipótesis más difundidas para interpretar el surgimiento de la movilización. “En primer lugar, la idea que estas movilizaciones forman parte de una contienda de largo plazo, en la cual grupos organizados, muchas veces fuera de la institucionalidad, aprovechan la oportunidad política que abre una fuerte crítica social o política”. Y en segundo lugar: “frustración de expectativas entre la percepción de lo que ofrece el modelo de desarrollo y la realidad cotidiana a la que ellos efectivamente pueden acceder. Esta explicación, no obstante, deja sin aclarar dos cuestiones: por qué la protesta se produce en ese momento si las expectativas han sido frustradas por largo tiempo, y cuáles los principios que orientan la acción de los manifestantes”.

Su hipótesis explicativa para la continuada violencia es: “la calle se llenó de personas convocadas por sus propias experiencias y problemas; solo una vez reunidas, fortalecieron sus miradas políticas. No fue la política la que provocó el estallido, sino que la protesta llevó a expresar políticamente el descontento social”. “Establecer las características y orientaciones de estos participantes resulta clave dado que son ellos quienes otorgan la indiscutida masividad que alcanzaron estas manifestaciones”. En sus palabras: “Para muchos, es luego de salir a la calle que se inicia el proceso de politización”. “Es decir, no fue la política la que provocó el estallido, sino que la protesta llevó a articular políticamente el descontento social”.

Las explicaciones de los participantes son consistentes entre ellos, incluso entre personas provenientes de distintos barrios, condiciones económicas y sociales: “Casi todos se sumaron a las protestas de manera espontánea, sin obedecer a lógicas tradicionales de convocatoria política o social, y expresando discursos y objetivos políticos muy variados”. Héctor, un ingeniero comercial de 27 años, residente en Concepción, relata cómo llegó a protestar sin haberlo hecho antes y resume en gran parte la experiencia de otros entrevistados:Al principio yo no sabía que esto iba a pasar. Fue de un día para otro y cuando pasó justo estaba con unos amigos y en verdad ellos y yo quedamos muy impactados con el tema. Entonces (…) al tiro salimos a manifestarnos y todos estaban de acuerdo y creo que en ese sentido fue súper rápido. (…) Casi todas las mañanas la gente se juntaba en la Plaza de Armas y ahí llegaba yo, iba en bicicleta (…) Fue una experiencia muy buena en ese sentido estar ahí con mis amigos, ayudarnos y ver todo como pasa en la realidad ahí mismo. Creo que fue algo igual impactante”.

Otro caso: Un estudiante de historia, residente de San Miguel señala: “la movilización fue la que me pauteó y me dio a conocer el petitorio”. “Ernesto, un diseñador de 32 años de Maipú, apunta que gracias al estallido él y su entorno comenzaron a tomar más en serio la política”: “Entonces ahora la conversación ya no es como reclamar y como putear al huevón que está de presidente – disculpa la palabra – sino que tiene que ver con un poco más de contenido. ¿cachai? …”

Este efecto tambien se produjo en los grupos mas adinerados: “[Yo] comparto con gente de distintos estratos socioeconómicos, todos mis amigos que eran de clase más alta, más zorrones, más cuicos, hay varios que despertaron de cierta manera, cachai. Empezaron analizar y vieron lo que pasa en el SENAME, vieron la realidad de otra manera”. Esto, en parte explica un “caceroleo” en Huechuraba, la misma noche del día 10 de Octubre.

Un breve repaso de las causas alegadas por los manifestantes violentos en Chile nos muestra su evolución y sus constantes:

-Durante el Gobierno de Allende se produjeron muchas manifestaciones de violencia política, la mayoría de ellas convocadas y protagonizadas por fuerzas de izquierda que se suponía apoyaban al gobierno. En ellas pudimos ver un intento de tendencias extremas dentro del gobierno que intentaban agudizar los conflictos internos en busca de una aceleración y profundización de los cambios revolucionarios. Casi al final se vieron algunas manifestaciones -poco violentas- de derecha.

-Durante el Gobierno Militar las manifestaciones violentas (izquierda) fueron de dos tipos, ciudadanas, violentas pero masivas, cuya legitimidad para ellos era moralmente aceptable en cuanto eran parte de su percepción de estar en una lucha política; y otra terrorista, inaceptable para todos desde el punto de vista moral y muy discutibles en cuando a sus efectos políticos.

-Durante los diferentes gobiernos de izquierda entre 1990 y 2000 tenemos un panorama diferente en que los disturbios son generados por parte de los partidos en el gobierno -a veces con su complicidad-, en que el objeto era empujar sus políticas hacia la izquierda mas allá de lo aceptado por la ciudadanía en su expresión electoral.

La situación actual se inicia con la desafortunada expresión de Lagos en el 2001 en que justifica los violentos desmanes en el centro de Santiago diciendo que “hay que dejar que los cabros se expresen”, haciéndose cómplice de la ruptura del orden público e impidiendo la aplicación de ley. Interpreto esta reacción -por completo alejada de la personalidad autoritaria de Lagos- , como una concesión al ala izquierda de sus impatizantes (los autoflagelantes).

Gobierno de Bachelet I – 2006 – 2010

El siguiente peldaño en esta escalada es en el Gobierno de Bachelet, en que la violencia ciudadana fue mantenida y estimulada por los profesores, apoderados y rectorías de universidades -controladas por la izquierda-, con motivo de su insatisfacción por la Ley Orgánica de Educación (LOCE) presentada por Bachelet y otras “exigencias”, que culminan con la violenta ocupación del Liceo de Aplicación y del Instituto Nacional.

El 21 de Mayo de 2006 Bachelet anuncia que no aceptará la violencia “Quiero ciudadanos críticos, conscientes, que planteen sus ideas y sus reivindicaciones. Pero esa crítica debe hacerse con un espíritu constructivo, con propuestas sobre la mesa y, lo más importante, a cara descubierta y sin violencia. Quiero ser muy clara: lo que hemos visto en semanas recientes es inaceptable. ¡No toleraré el vandalismo, ni los destrozos, ni la intimidación a las personas! Aplicaré todo el rigor de la ley. La democracia la ganamos con la cara descubierta y debemos continuar con la cara descubierta”.

 Pero termina aceptándolo y no aplica la ley. Siguen las tomas y retomas y se incrementa la violencia y se consolida la impotencia o complicidad del gobierno.

El 30 de mayo de 2006 cerca de 80.000 estudiantes escolares secundarios inician un paro nacional. El 1 de junio, Bachelet, enfrentando amenazas de los estudiantes, universitarios, profesores, apoderados, agrupaciones de trabajadores y partidos políticos con convocar a un nuevo paro nacional si sus demandas de una nueva reforma educacional no eran acogidas de forma definitiva y luego que surgieran fuertes críticas por no haber dado importancia al conflicto desde su origen, se dirigió a la Nación por primera vez a través de cadena nacional de televisión y radio anunciando soluciones a la mayoría de las demandas de los estudiantes.

El gobierno de Bachelet se rindió, o mejor, reconsideró su política y se plegó a las demandas de los amotinados, que mal que mal, estaban empujando cambios en la dirección que ella compartió siempre. Pero no cambió nada significativo. La Revolución Pingüina ganó en la calle, pero fue cooptada por los partidos políticos de izquierda y terminó en poco o nada.

En esta etapa ya tenemos a la violencia ciudadana empleada como instrumento de presión sobre el gobierno de izquierda, efectuada por sus propios partidarios, para ir mas allá de la voluntad manifestada por la ciudadanía en las urnas y más allá de las políticas de gobierno, con la sumisión -complicidad- del mismo.

La conocida expresión de Bachelet “cuando la izquierda sale a la calle, la derecha tiembla”, da cuenta de su nueva valoración del uso de la violencia ciudadana para la imposición de políticas más allá de la aprobación ciudadana expresada democráticamente.

Bachelet deja plantada la bomba política que complicará a su sucesor, Piñera I.

Gobierno de Piñera I – 2010 – 2014

El año 2011, a un año de su asunción, Piñera debió enfrentar una fuerte ofensiva estudiantil impulsada por un número creciente de actores de izquierda: estudiantes, profesores, universidades controladas por la izquierda y la CUT. La primera fue el 12 de mayo a pocos días de la cuenta pública del Presidente. Piñera informó sus propuestas para la educación, las que fueron rechazadas de inmedianto y continuó con una seguidilla de marchas y manifestaciones con un número reducidos de manifestantes, la mayoría organizaciones de izquierda. A fines de Junio había 17 universidades en paro, tomadas o movilizadas. El 7 de junio se iniciaron las tomas de escuelas y colegios secundarios. El Ministro de Educación Joaquín Lavín “solicitó” deponer las tomas. Nadie le prestó atención.

El 11 de Junio los amotinados decretaron la “radicalización del movimiento estudiantil” que se materializó en tres marcha sucesivas con números variables de participantes, pero cada vez incluyendo más organizaciones no estudiantiles de todo tipo controladas por la izquierda.

En respuesta a los paros y tomas de los colegios, el 26 de junio, el Gobierno decidió adelantar las vacaciones de los colegios. Sin embargo, la mayoría de ellos persistieron en las tomas a pesar de la medida. El Gobierno en parálisis total, no hizo nada.

El Consejo de Rectores de las Universidades estatales rechazó la contrapropuesta del Gobierno e insistieron en negociar sobre la base de los principales puntos que proponen: fiscalización del lucro, aportes basales, más ayudas estudiantiles y la creación de una Superintendencia de Educación Superior.

Según el Ministro de Educación, Joaquin Lavín: “Los que marcharon hoy no representan a todos los estudiantes, sino que a los que estudian en las universidades tradicionales, que no son más del 30 % de los universitarios y que reciben los mayores recursos del Estado. El gobierno no reacciona frente a una crisis puntual ni a lo que se grita en la calle. Tenemos claro qué hacer y estamos impulsando cambios legales que permitan inyectar recursos a la educación. […] Siempre he estado dispuesto a conversar los temas que realmente están relacionados con la educación. Lo que no se puede hacer es mezclar las legítimas demandas con exigencias políticas e ideológicas.
Sectores que están más a la izquierda del Partido Comunista se tomaron la dirigencia estudiantil. Estos grupos ultras, como los llaman los propios estudiantes, han desplazado a los anteriores dirigentes y no tienen intención de llegar a acuerdos ni de mejorar la educación. Afortunadamente, la gran mayoría de las personas que miran con simpatía esta movilización están preocupadas por la educación”.

Luego vinieron tres propuestas sucesivas del Gobierno tratando de satisfacer las demandas de los huelguistas, las que fueron rechazadas completamente y que motivaron nuevas y mas violentas manifestaciones.

El Gobierno, abandonado a su suerte -por los partidos de izquierda y por sus propios partidarios- en la defensa del orden y seguridad interna, fue completamente incapaz de controlar políticamente la situación y menos aun de atreverse a recurrir al uso de la fuerza legal para imponer el orden. Pese a que los revoltosos inicialmente no contaban con el apoyo abierto y explícito de los partidos de izquierda con representación parlamentaria, éstos terminaron pasándose al bando estudiantil, que hacía rato había dejado de ser tal. También fue incapaz de disciplinar a los Rectores de las universidades estatales que por momentos lideraron la lucha contra su propio gobierno.

De la misma manera, tal como se sostiene en la tesis que analizamos, los manifestantes violentos que se iniciaban con un número reducido, durante el curso de cada manifestación se potenciaban con adherentes “espontáneos”, sin objetivos políticos concretos pero deseosos de “participar”, en un espíritu entre lo festivo y disfrutar “una experiencia muy buena, en ese sentido estar ahí con mis amigos, ayudarnos y ver todo como pasa en la realidad ahí mismo, fue impactante”.

Decir quees la misma manifestación inorgánica la que adquiere un significado político es inconsistente, ya que los manifestantes salieron a apoyar algo que aun no sabían qué iba a ser, en otras palabras, concurren disponibles para apoyar cualquier causa que se expresara en cualquier forma. No es una causa política la que los motiva, es la participación en la manifestación en si misma.

El petitorio de los huelguista llegó a ser exactamente la pedida máxima de los partidos de izquierda. En breve, la izquierda estaba intentando imponer -empleando la violencia- cambios constitucionales y legales que estaba incapacitada de hacer por la vía democrática.

18 de Julio fue la ceremonia de rendición incondicional del Gobierno; Felipe Bulnes, el nuevo ministro de educación  aseguró que “los estudiantes tenían el mérito de haber hecho sentir su voz, había generado un consenso en cuando a la reforma que hay que implementar”, y llamó a los estudiantes a deponer los paros y las marchas dado que venía “el tiempo de sentarnos a trabajar para construir con las distintas fuerzas políticas y con el aporte de ellos las soluciones que el país necesita”. El presidente Piñera se refirió también al tema y mencionó que había que analizar la educación como “bien de consumo”. La rendición incondicional del Gobierno, una vez más, fue empañada por el desatino oral del Presidente.

También se prometió enviar en menos de 40 días un proyecto de desmunicipalización de la educación pública, pasando los colegios a manos de organismos públicos descentralizados, crear una Superintendencia de Educación Superior para fiscalizar que las instituciones universitarias efectivamente no tengan fines de lucro y proponer una reforma a la Constitución estableciendo el derecho a una educación de calidad.

La propuesta del gobierno fue nuevamente rechazada por los dirigentes del movimiento: Camila Vallejo dirigente comunista denunció que la propuesta contaba con muchos vacíos y que perpetuaba el sistema de endeudamiento para los sectores más necesitados (sistema implantado en la administración de Lagos).

La rendición fue tardía e inoficiosa. Nadie le puso atención y nada cambió.

Pero la izquierda -la izquierda institucional y la extrema izquierda- habían tenido éxito en instalar en la opinión pública la animadversión hacia Piñera, la deslegitimización de su derecho a gobernar y se habían instalado también tanto su incompetencia política, como su falta de coraje para tomar decisiones difíciles. También se confirmó que “cuando la izquierda sale a la calle, la derecha tiembla”. Los parlamentarios de derecha y los partidarios del gobierno se acobardaron. La opinión pública se acobardó y la prensa, ya controlada por la izquierda, se alineó en el bando de izquierda. Este un caso claro de uso deliberado de la violencia como herramienta política.

Gobierno de Bachelet II – 2014 – 2018

En su campaña, Bachelet acogió las demandas que se le efectuaron a Piñera, las incorporó en masa a su programa de gobierno y propuso “una gran reforma a la educación”

Bachelet comenzó con un derroche de generosidad fiscal repartiendo bonos y subsidios: a dos días de su toma de poder dio dos bonos muy generosos;  luego vino el bono marzo, de carácter permanente; después el bono ropa, para los afectados por el incendio de Valparaíso;  a continación el bono Invierno. Aumentó el número de senadores de 38 a 50 y de diputados de 120 a 150 con sueldos y asignaciones extravagantes. Refinanció el Transantiago -cuyos usuarios no pagaban pasaje, “evadían”- con US$ 1000 millones; creó el Ministerio de la Mujer; una amplia gama de consejos para temas de género y otros de tipo ideológico, mientras el crecimento se estancaba en 1,6% -contra el 5,3% del gobierno anterior. Aumentó fuerte la deuda pública y subió el riesgo país. Cunde la corrupción zun más intensamente en su versión gobierno – empresarios.

Según el Ministro de Economía Rodrigo Valdés: “El PIB per cápita creció solamente un 1,4 % en promedio entre 2013 y 2016 y la fuerte presión política para impulsar el gasto en programas sociales ha contribuido a aumentar el nivel de deuda del Gobierno”. El comunicado expresó las siguientes justificaciones: “La rebaja refleja un prolongado crecimiento económico bajo que ha perjudicado los ingresos fiscales, la contribución del aumento de la deuda por parte del Gobierno, y la erosión del perfil macroeconómico del país”.

El 8 de mayo de 2014 se produce la primera marcha estudiantil, de baja intensidad. A poco andar el populismo se apodera del gobierno y comienza a legislar principamente para generar adhesión política y reducir el riesgo de manifestaciones violentas.

No se habló más de reforma educacional -los recursos no alcanzan- y crece la falta voluntad política para llegar a un acuerdo aceptable entre tantos actores agudamente divergentes. La izquierda extrema no logra establecer un frente común para una reforma educacional y el tema queda congelado. Dice Cristina Girardi: “Con matices, existe un acuerdo en que las reformas de Bachelet, independiente de si hayan tenido o no la intención de modificar estructuralmente el modelo educativo, no lograron con éxito su cometido: cambiar la lógica de mercado vigente en el área. Esa sigue siendo, entonces, tarea para la casa”.

Listo para pasárselo al gobierno que la suceda. La popularidad de Bachelet cae: el 75% de la gente cree que hizo un mal gobierno, el sentimiento respecto a la Presidente es de un 29% de desilusión, un 19% de desconfianza y un 15% de rabia. Su imagen provoca un 63% de rechazo.

Gobierno de Piñera II

La situación política y social al comienzo de su gobierno

El inicio del segundo gobierno de Piñera se hizo bajo el efecto de varios elementos políticos y sociales conflictivos. El más urgente y crítico parece haber sido el de la educación.

En Chile, existe una pugna intensa entre la derecha, que promueve un sistema educativo de cuasi – mercado, y la izquierda que quiere implantar un sistema estatal.

Esta pugna no ha encontrado una definición debido a la interacción de varios elementos: costo, acuerdo político y técnico, desconfianza hacia el predominio ideológico en la enseñanza estatal, agudización de la división social, calidad de la educación, igualitarismo, preferencia de la clase media por la educacioón particular subvencionada.

En el índice de Desarrollo Humano de la ONU (Educación), Chile (0.847) -con el actual sistema educacional de cuasi-mercado-  está en el primer puesto en Latinoamérica. Los países con mejores índices compuestos de Educación (alfabetización, gasto en educación, tasa bruta de matriculación, usuarios de internet por cada 100 personas, años de educación promedio, años esperados de instrucción) en Sud América son Argentina (0.764) y Uruguay (0.731)​.

En Chile los profesores, directivas estudiantiles y partidos de izquierda mantienen su hegemonía cultural y un firme control político en los gremios relacionadas con la educación, mientras la derecha domina en términos de calidad y prestigio.

Como vimos, Bachelet II conflictuó con los estamentos escolares y universitarios, cedió en lo que se refiere a conceder ventajas ante la violencia y con la ayuda de su coalición política consiguió una remanso de paz ciudadana que le permitió completar su período.

El Gobierno de Piñera II, se enfrentó desde el segundo mes de gobierno con una fuerte oposición del estamento educacional cuyo petitorio practicamente copiaba el programa que Bachelet no cumplió en su mandato. La lucha fue muy intensa y violenta y concluyó con la rendición de Piñera, quien accedió a casi todas las exigencias, jugando con el tiempo para tratar de concluir su período en relativo orden.

Otro elemento clave fue el Instituto Nacional (IN). Un reportaje extranjero, el 2 de agosto de 2019  señala que “en los últimos meses el IN ha dado titulares no tanto por sus logros académicos, sino por los constantes choques entre estudiantes y fuerzas del orden, incidentes donde jóvenes han sido grabados lanzando bombas molotov o han resultado heridos manejando artefactos incendiarios, denuncias de amenazas a profesores en el interior del colegio. Un puñado de otras famosas escuelas estatales para varones también han participado en las protestas, pero las del Instituto Nacional son las más extremas.

Mientras se repiten los focos de desorden y violencia, uno de sus líderes explica:

“Mi escuela refleja el estado de la educación en Chile: falta de recursos y cuidado a los estudiantes”. “Hay quejas por plagas de ratas, baños bloqueados con filtraciones de aguas residuales, duchas frías, ventanas rotas, techos con goteras y acoso por parte de los profesores”. “Hace seis años que pedimos que las cosas cambien. Estamos hartos de que nos pongan la etiqueta de terroristas y delincuentes, cuando lo único que queremos es ser escuchados”, “Algunos alumnos creen que la única forma de obtener la atención de la gente es lanzando cócteles molotov y tomando las aulas”, explica.

Esos seis años incluyen los años 2014 a 2018, presididos por Bachelet, que no recibió quejas a ese respecto.

El alcalde de Santiago, responsable financiero del establecimiento en 2019 señala:

“Desde que soy alcalde, cada peso que me han dado ha sido utilizado para la infraestructura de la escuela”, afirma: “Cada vez que reparamos algo, los estudiantes lo dañan. Arreglamos algunos de los baños durante las vacaciones y la primera tarde del nuevo periodo escolar tenían grafiti por todas partes y estaban dañados”. Argumenta que los problemáticos son un pequeño grupo de estudiantes muy politizados que quieren causar problemas. “No podemos tener a estudiantes que lanzan gasolina sobre los profesores y bombas. Tenemos que pararlos”, asegura.

 

El gobierno tomó algunas medidas de control que obtuvieron el siguiente análisis del mismo líder estudiantil: (Las medidas) también han llevado a que los manifestantes enmascarados aumenten de unos 20 a 100, de un total de 4.000.

Esto confirma que los creadores del movimiento -los políticamente motivados- fueron entre 20 y 100 alumnos de un total de 4.000 y que los demás “se unieron a la violencia sin motivos ni objetivos específicos.

Este establecimiento albergó a los violentos que en forma reiterada y a lo largo de muchos meses implantando la campaña “evade” en el Metro, con los niños  saltando los torniquetes sin pagar el pasaje, destruyendo las instalaciones y asustando a los pasajeros, todo mucho antes del alza que habría motivado la violencia del 18 de Octubre. Esta continuada acción terrorista y vandálica no mereció acción eficaz por parte del gobierno, permitiendo su popularización y crecimiento. La completa impunidad de los agresores transformó el vandalismo en una actividad festiva, un juego de burlar a una policía impotente y acorralada por las propias autoridades.

Estos grupos, asesorados por terrorista profesionales -de izquierda y extranjeros- perfeccionaron el arte y lo plantearon ante la ciudadanía y juventud como un modelo de audacia, originalidad y autonomía.

Este es un dato central para la comprensión de lo que vendría los días siguientes al 18 de Octubre

El Transantiago. Las últimas semanas del gobierno de Lagos el año 2006, en forma ridículamente improvisada, fueron traídos desde Brasil los vehículos con que se implementaría el sistema de transporte de superficie Metropolitano, el Transantiago. Todo funcionó mal, lo que se tradujo en anarquía, politización, fomento de la indisciplina social, confirmación de la impotencia para corregir el caótico sistema por parte del Gobierno de Bachelet y luego de Piñera.

La evasión en el Transantiago llegó a su récord histórico durante el primer trimestre de 2020, alcanzando un 35,2%.

Este fallido sistema, vivido y sufrido a diario por los santiaguinos, constituyó un grave golpe al prestigio y a la competencia de la gestión de la autoridad, a la honestidad de la ciudadanía y a la consolidación de la anarquía. Piñera tampoco supo enfretar y menos controlar esta problema, que aun no habiendo sido creado por él, al asumir la presidencia recibió como presente griego de parte de Bachelet.

La Izquierda y extrema izquierda. Desde el comienzo de los gobiernos de la Concertación, una parte de la izquierda siguió insistiendo en completar la revolución inconclusa. Esta aspiración fue distanciando a los partidarios de administrar -modificando- el sistema implantado por el Gobierno Militar, de los partidarios de reemplazarlo por un renovado proceso revolucionario.

El rotundo fracaso y corruptela de la revolución cubana, de la revolución chavista, de la revolución sandinista, de los gobierno de Dilma y Lula en Brasil y de los Kirchner en Argentina puso de manifiesto que la vía revolucionaria ya no tenía destino en sudamérica, menos en Chile. Paralelamente la izquierda Concertacionista declaraba plegarse a la continuidad del sistema democrático, pero sin cerrar -definitiva y totalmente- la opción de pasar a la vía revolucionaria y violenta, si las condiciones eran propicias.

El fracaso económico y político del Gobierno de Bachelet II mostró no sólo el inevitable declive de la Concertación sino la probable llegada de una sucesión de intolerables gobiernos de derecha. Solo quedaba el fin de la izquierda revolucionaria y su evolución hacia una posible opción socialdemócrata, que no convencía a muchos.

Por otra parte, la corrupción mediante el abuso del poder y dinero estatal la tenía completamente infectada incluyendo incursiones del narcotráfico.

El triunfo de Piñera II dio la señal para emplear todos los recursos disponibles para para hacer fracasar su gobierno y eventualmente derrocarlo políticamente. La experiencia de la izquierda en 1973 llevaba a excluir temporalmente la opción armada, no así la violencia ciudadana que ya había demostrado su eficacia en el gobierno de Piñera I.

Esta es la base de la beligerancia total, agresiva e intransigente de la izquierda, de toda ella, desde el mismo comienzo de la administración de Piñera.

Los dos arietes disponibles eran los estudiantes ya entrenados en la violencia, incluyendo su unidad de combate mas experta, el Instituto Nacional y las redes entre los grupos anarquistas y el lumpen citadino, que no solo se había mantenido durante el primer año de Piñera, sino que se había tornado mas violento y descarado, sin que hubiera reacción gubernamental ni política alguna.

La derecha política y empresarial y Piñera. La experiencia frente a la violencia ciudadana de su primer gobierno no fue asimilada, ni siquiera percibida. La incompetencia política de Piñera no le permitió sentir el pulso político. Sus reacciones fueron tardías, insuficientes e inadecuadas. Su carencia de empatía y su ausencia de liderazgo lo situaron siempre al margen de la temperatura política imperante.

La derecha política -pendenciera y divisiva- no fue escuchada y retribuyó el maltrato piñerista con deslealtad y desapego. Lo abandónó en momentos críticos y priorizó sus intereses electorales y de poder antes que los de su Gobierno.

Su tradicional falta de valor ante la amenaza de violencia fisica y sicológica, los puso reiteradamente al borde del pánico y muy próximos al “sálvense quien pueda”. La Clase Política de derecha no merece más atención, baste decir que sigue siendo incompetente, ignorante y cobarde.

La derecha empresarial, soberbia, mezquina y culturalmente obsoleta, tampoco fue ningún aporte en ningún sentido, mas bien fue un pesado lastre.

Así, Piñera quedó como a él le gusta: Solo.

Piñera y la ciudadanía chilena. Elegido para poner orden en las finanzas y recuperar la marcha de la economía, no pudo mostrar resultados en solo un año. Tal vez injustamente, esto potenció su ya sólida impopularidad personal.

Sus desatinos, impertinencias y obsesión por la figuración y éxito personal lo llevó a meterse en compromisos internacionales como su desdichada incursión en el conflicto Venezolano y en la organización en Chile de una convención de APEC sobre el medio ambiente, para el cual no había ambiente en lo mas mínimo.

Piñera el día 17 de Octubre de 2019

  • El presidente preocupado de las invitaciones y organización de la APEC para el medio ambiente, en el cuál él mismo sería la estrella principal, flanqueado por Trump y Putín.
  • Tratando de olvidar el fiasco de Cúcuta.
  • Con la economía sin repuntar en la magnitud ni forma esperada.
  • Los alumnos del Instituto Nacional continuaban con su ya habituales agresiones a Carabineros, lanzamiento de bombas incendiarias y toma y destrucción de sus instalaciones, a escasas cuadras de la sede de Gobierno.
  • La ciudadanía sufriendo con un caótico sistema de transporte de superficie.
  • En el Metro el vandalismo y la evasión continuaba -cortesía de los alumnos del Instituto Nacional-  impunemente-. El gobierno sólo atinaba a cerrar estaciones, dejando a pié a miles de personas que no encontraban otra alternativa para regresar a sus casas.
  • Con la agenda de gobierno política focalizada en una impopular reforma al sistema de pensiones y a la jornada laboral.
  • En la larga historia de Chile es poco probable que haya habido algún presidente más despreciado por las fuerzas de orden y seguridad que Piñera, algo que parecía no interesarle para nada, él creía poder prescindir por completo de ellas.

El día 18 de Octubre: Piñera decretó el alza del pasaje del Metro en $ 30.

Ante la reacción indignada de los usuarios del Metro la Ministro de Transportes explica que el alza era “necesaria”; otro dijo que ya que las flores estaban con precios bajos, tal vez era el momento para que los maridos aprovecharan para regalar flores a sus esposas, y el nuevo Ministro de Economía Juan Andrés Fontaine -un típico representante de la Fronda- recomendó a los trabajadores que se levantaran más temprano para aprovechar las tarifas reducidas, a tempranas horas de la mañana.

Resultados Inmediatos

  • El vandalismo se acentuó en el Metro. Y el público lo vió con simpatía.
  • Se potenció el ambiente de anarquía impuesto por la violencia del Instituto Nacional mediante las tomas y huelgas estudiantiles de mas de tres años de duración; vándalos entrenados, disponibles a sólo escasas cuadras de las estaciones vandalizadas, concurrieron a las estaciones atacadas; la rápida reacción de apoyo y simpatía de las organizaciones de izquierda de todo tipo, y el silencio y parálisis de los políticos -de todos elos-; y de broche de oro, se hizo presente la antipatía generalizada hacia Piñera y su equipo y la comprobada impunidad de los delincuentes violentos.
  • La reacción de Carabineros, ya escaldados por reiteradas situaciones de abandono  por parte del Ejecutivo ante situaciones anteriores de violencia, fue lenta y débil, lo que concurrió a su potenciamiento.
  • Se dejó sentir la débil, indolente y descoordinada reacción comunicacional del gobierno.
  • Algo muy grave: el apoyo masivo e instantáneo al vandalismo por parte de los medios de comunicación social, -en particular la televisión- creó una shock de gran violencia en todo Chile e incitó a violentistas de todos los pelajes a imitar las acciones de los escolares en otras estaciones.
  • Tal vez un factor minúsculo pero gravísimo, fue la concurrencia de Piñera a la hora peak del caos, a la celebración del cumpleaños de su nieto que se efectuaba en un popular local del barrio alto, dejando su puesto en La Moneda.

A las pocas horas de iniciadas las acciones vandálicas en el Metro, Piñera confirmó su incapacidad para tomar decisiones en un ambiente de crisis de seguridad; la extrema concentración de lacapaidad para la toma de decisiones; de su incapacidad de escuchar a nadie que no confirmara sus prejuicios; la ausencia de equipo de colaboradores, y lo peor, su completa carencia de liderazgo. Cayó en el silencio y la parálisis.

Situación entre el 19 y el 24 de octubre

Durante los seis días siguientes, Piñera y su gobierno nunca supieron con claridad que estaba pasando. Esa situación no es rara frente a eventos sorpresivos y violentos.

La violencia siguió incrementándose en una dinámica obvia. Los manifestantes polítizados, escasos en número, reforzados con lumpen y narco traficantes, con anarquistas y desadaptados de cualquier clase pero con objetivos personales o grupales claros y concretos – atacar una comisaría, saquear un supermercado o un grupo de locales comerciales de pymes, un objeto o construcción conspicuo y visible, destruir e incendiar -, se concentraron en cualquier lugar en que pudieran formar a un grupo gritón, violento y cohesionado detrás de cualquier eslogan, donde fueron arribando personas de todas las condiciones y característica sin motivos específicos y sin ninguna otra intención concreta que aprovechar el “recreo” frente a la autoridad, seguros de contar con impunidad, diversión que hasta ahora había estado reservada para algunos grupos organizados, como los estudiantes, pero que ahora estaban al alcance de cualquiera que quisiera unirse.

Y atacaron.  

Según partidarios de Piñera: “En programas políticos de televisión y análisis de prensa, muchos se preguntan por qué el Gobierno tardó tanto en reaccionar y por qué el presidente Piñera ha estado tan ausente, con apenas una brevísima aparición pública el sábado, en plena crisis. “Yo creo que el Gobierno entregó rápidamente el control a los militares porque nunca tuvo el manejo de la situación. Lo que ha ocurrido no se veía hace más de cinco décadas en Chile”, dice Saavedra, que cree muy difícil el futuro para el Gobierno. Un Gobierno que solo lleva 19 meses en el poder. “Se hace complejo pensar cómo podrán retomar el control, o cómo podrán darle cierta conducción a la demanda ciudadana”, agrega.

“El Gobierno ha actuado de manera muy torpe; limitó el problema a un asunto de orden público y perdió una oportunidad de oro. Y cuando el sábado Piñera anunció el congelamiento de la tarifa del Metro, ya era muy tarde”, dice Bellolio. “Su actuación ha sido incompetente, negligente, ha estado ausente y la entrega del control a los militares es una muestra de aquello”, señala. ¿Y podrá Chile, en estas circunstancias, organizar la APEC? Bellolio duda: “No sabemos si esta violencia es una expresión catártica que murió aquí o hay células preparando más protestas. Si el Gobierno reacciona ahora puede que tenga una chance de salvar la cumbre”. No lo hizo.

No concuerdo con lo que señala el estudio de Ciper: “Para muchos, es luego de salir a la calle que se inicia el proceso de politización”,Nuestras entrevistas muestran que los manifestantes dan sentido a su acción a partir del propio conflicto”.

Estimo que los manifestantes violentos que actuaron entre el 19 y el 25 de octubre nunca tuvieron objetivos ni ningún sentido a su acción mas allá de la violencia como acción de liberación,a mi juicio no son declaraciones de sentido político sino más bien de justificación de acciones que por estar muy alejadas de la formación cultural y ciudadana común, su vulneración requiere alguna excusa más o menos creíble o políticamente correcta. ¿Qué sentido político puede tener estar un día incendiando una iglesia para exigir una nueva ley de educación y al día siguiente apoyando una marcha de homosexuales desnudos en una perfomance pornográfica puramente exhibicionista?

En Chile, hasta fines del año 2010, las marchas de protesta o manifestaciones políticas dejaban una estela de robos, rayados, destrucción y pillaje en eje de la misma y en menor medida en las calles adyacentes, pero desde el maremoto de 2010, último año de Bachelet I, pudimos apreciar como el saqueo y vandalismo puro, sin ningún atisbo de justificación política, abierto, público, desvergonzado y lo peor, impune, se instalaba en la sociedad. Este fue un cambio cualitativo significativo en la conducta social en Chile, que no tiene nada de expresión política sino de anomia pura y simple y de impotencia y complicidad del gobierno de turno, de todos ellos.

En los conflictos violentos podemos identificar causas estructurales y causas coyunturales. Los saqueos y el vandalismo del 2010 son claramente coyunturales. Es la ocasión en que la ausencia e impotencia de la autoridad deja abierta la puerta a los desadaptados y violentos de la sociedad.

También existen causas estructurales.

Marcha del 25 de Octubre, expresión política de los ciudadanos

Fue la única marcha realmente multitudinaria, la única con sentido realmente político, fue pacífica y ciudadana y dio expresión a la causa estructural: la incompetencia política y estatal en la gestacióin y ejecución de las políticas públicas, en un ambiente generalizado de abuso y corrupción.

Entre 700.000 y 1 millón de personas concurrieron a la Plaza General Baquedano, sin violencia, sin eslóganes ni banderas partidista, sin insultos ni desmanes, a expresar sus agravios y quejas- Se quejaron contra un Estado inepto, gastador y corrupto, contra un Poder Judicial que no aplica la ley, contra Políticas Públicas incompetentes: Educacion; Habitación; Pensiones; Sueldos; Salud; Transporte Público. Contra el autismo del Congreso y la banalidad de los diputados y senadores.

No quería cambiar el tipo de desarrollo que estaba teniendo el país, querían que alcanzara a todos y en forma eficaz, sin corrupción y sin politiquería. Querían que se les escuchara, que las instituciones políticas, los partidos, el Congreso y el Gobierno, el Poder Judicial, los escucharan. Querían que sus “representantes”, los representaran, de veras.

Piñera perdió la oportunidad de su vida, el Gran Oportunista no tuvo el valor para pararse al frente de los ciudadanos y actuar como lo hacen los políticos de fuste, porque no lo es y nunca lo será. La izquierda no fue capaz de distanciarse de los vándalos, aun tenían la esperanza de derrocar a Piñera. La derecha, en pánico, se escondió y dejo el campo libre.

Desde el 26 de Octubre, hasta que el vandalismo se hizo costumbre.

Piñera, solo, asustado, incapaz de percibir lo que los ciudadanos querían, sin poder discriminar entre los que protestaban en forma política y los vándalos, fue arrastrado dando tumbos hacia el desastre.

El Covid – 19 le dio un respiro, el terrorismo en la Araucanía confirmó su incapacidad política y de gobierno.

Si la izquierda quiere hacernos creer que esto es hacer política, se equivoca en forma fatal, esto es fascismo.

Si la derecha quiere hacernos creer que la violencia es inmanejable, una vez más  está mintiendo, esto es cobardía.

Así Vamos.

Fernando Thauby García


[1] 18/O: Personas comunes en movilizaciones extraordinarias (Parte 1). 17.10.2020. CIPER