Frente a la última versión a de la Doctrina Monroe

FRENTE A LA ÚLTIMA VERSIÓN DE LA DOCTRINA MONROE

Fernando Thauby.   Capitán de Navío IM (r)

La Doctrina Monroe fue formulada en 1823 por el gobierno de los EE.UU. para contener la influencia de las potencias coloniales europeas en América Latina y reemplazarla por su propia hegemonía. Más de un siglo después, durante la Guerra Fría, se recrearon los mecanismos y herramientas para mantener a los gobiernos latinoamericanos fuera de la influencia de la URSS y contener la expansión de la ideología comunista. Este año 2026 el gobierno norteamericano ha hecho pública una renovada versión de ella, por cierto  adaptada a las necesidades actuales de los EEUU: el objetivo de establecer en el hemisferio un espacio de intervención, alineamiento y validación política, para integrarlo en su competencia con China.

Expuesta en presencia de Donald Trump por el Subsecretario de Defensa Elbridge Colby, quien dirige los Asuntos Políticos de la estrategia militar del Pentágono, este dijo que se trataba de exponer la política de “realismo hemisférico”, en la cual “el continente americano deja de ser una política exterior para convertirse en el perímetro inmediato de la seguridad estadounidense”.

La “Doctrina Monroe”,mencionadaexplícitamente en estos términos, tiene una función central: define al continente americano como un conjunto de la seguridad nacional de los EEUU, bajo la idea de que el hemisferio es un espacio prioritario, vulnerable y políticamente subordinado al mismo.

Una idea que recorre todo el documento es la impudicia de culpar a Latinoamérica como origen y responsable del tráfico de drogas contra el territorio de los EEUU -a lo que endilga cientos de miles de muertos- y cuya magnitud exige la participación militar como un respuesta proporcional y justificada. Este diagnóstico traslada el centro de gravedad del problema del narcotráfico desde su propio gobierno, que no quiere o es incapaz de reducir la demanda interna, hacia los países de la región que no encuentran como o no pueden reducir la producción.

La causa de esta situación, según la presentación de Colby, sería el “momento unipolar” que distrajo a los EE.UU de su responsabilidad de controlar a los gobiernos de América Latina incapaces de contener el “narcoterrorismo”; más la inestabilidad de los gobiernos de partidos de izquierda, y la falta de voluntad y de capacidad defensiva de los estados latinoamericanos. Según Colby -y el gobierno de Trump- el descuido de EE. UU. en su aplicación de la Doctrina Monroe origina la necesidad de que su país garantice la independencia de los de la región, mediante su protección.

Así, la asistencia del gobierno norteamericano ayudaría a fortalecer la soberanía de estos países.

A este punto, el subsecretario Colby dibuja un programa político. Al establecer al narcotráfico, la migración y la criminalidad como amenazas directas a la seguridad de los EEUU, lo que justifica que la respuesta militar se presente como un recurso legitimo dentro de la preservación de la seguridad de la región, como espacio de intervención, alineamiento y de validación política determinados por los EEUU. Establece, asimismo, entre los gobiernos de América Latina, una distinción entre países que aceptan este nuevo marco estratégico y los que quieren hacer una lectura más política y policial del problema.

En varios países ya se ha acogido – estimulada fuertemente por los EE.UU. la respuesta militarizada y transnacional en el marco de la seguridad hemisférica de esta Doctrina.

Pero el problema es que, más allá de la amenaza del tráfico de drogas y del descontrol interno de los países, ella pone fin al enfoque diplomático tradicional, transformando la región en un escenario de competencia estratégica global, donde el objetivo principal es enfrentar la influencia logística, económica y tecnológica de China y potenciar la solidez económica de los EE.UU frente a otros competidores.

La Doctrina Monroe se presente ahora bajo el ropaje del realismo transaccional, un enfoque de las relaciones internacionales que combina el realismo político tradicional (la primacía del interés nacional y la búsqueda de poder en un sistema anárquico) con una lógica contractual de negocios, con varios componentes:

* El poder como apalancamiento (leverage): La influencia de un Estado no semide por la        lealtad a una alianza formal, sino por su capacidad de negociación y presión caso por caso.

* Bilateralismo sobre multilateralismo: Prefiere acuerdos directos país a país en lugar de depender de organismos multilaterales (como la ONU o la OMC), a los que considera lentos, restrictivos o financieramente descompensados.

* Compromisos condicionales y revocables: Las garantías de seguridad y las alianzas militares se tratan como contratos comerciales. Se exige reciprocidad explícita —usualmente económica o en reparto de costos— para mantener los compromisos.

* Pragmatismo sin carga ideológica: Prescinde de la «diplomacia de valores» (como la promoción de la democracia o los derechos humanos) para centrarse únicamente en la extracción de valor estratégico: recursos energéticos, zonas de amortiguación o balanzas comerciales favorables.

Impacto y uso de la Doctrina contra Chile.

Aunque históricamente Chile ha mantenido una postura de cautela y realismo frente a las distintas versiones de la Doctrina Monroe, la actual lo sitúa directamente bajo el foco de las presiones estadounidenses debido a sus características geopolíticas:

* Dependencia Asimétrica con China: China no solo es el mayor socio comercial de Chile, sino un proveedor tecnológico clave. Para Washington, esta relación económica es vista como una vulnerabilidad estratégica que debe ser contenida, forzando al país a elegir bandos en licitaciones tecnológicas y redes de telecomunicaciones.

* Vigilancia sobre la Infraestructura Sudamericana: Proyectos logísticos transfronterizos que facilitan el flujo comercial hacia el Pacífico —como la conexión terrestre con el megapuerto de Chancay en Perú o la consolidación del corredor bioceánico de Capricornio— son monitoreados de cerca. Estados Unidos percibe la integración de estas redes con capitales asiáticos como una expansión inaceptable de la huella logística china en el continente.

* Minerales Críticos en Disputa: El control sobre las vastas reservas chilenas de cobre y litio se ha convertido en un tema existencial para la transición energética de EE. UU. La “Doctrina Donroe” busca garantizar, mediante presiones diplomáticas, que las cadenas de suministro de estos minerales no caigan bajo el control mayoritario de empresas estatales chinas.

* Seguridad y Crimen Transnacional: La agenda estadounidense exige resultados inmediatos en el control del tráfico de drogas y el desmantelamiento de redes criminales transnacionales. Esto ejerce una fuerte presión sobre el recién separado Ministerio de Seguridad Pública de Chile para que alinee sus protocolos de inteligencia y el control del paso interoceánico austral con los estándares de seguridad dictados por Washington.

Este panorama nos debe empujar como país a la búsqueda de formas de inserción internacional en múltiples direcciones con una cautela que nos evite ser llevados a la pérdida de la soberanía.