La amenaza del actual gobierno de los EEUU de recolonizar a América Latina, en boca de Trump, parece estar despojada de todo respeto y acompañada con las malas maneras y la prepotencia con que él cree gobernar el planeta. Pero esta rusticidad representa una alternativa, válida para muchos ciudadanos de ese país, para mantener parte de su poder nacional y condensar su desprecio a lo “latino”.
Chile están teniendo dificultades crecientes para mantener la dignidad y la independencia nacional y nada indica que esto vaya a desaparecer con el próximo ocupante de ese gobierno. Simultáneamente el entramado internacional post II Guerra Mundial parece estar en crisis terminal. Por todas partes vemos a diario como los países se aprestan a orientar sus velas a otros vientos. Para un país como el nuestro, este es un mundo en que caminar solo es peligroso y hay que moverse en grupo, asociado.
Una asociación estratégica entre un Estado y una organización internacional (como la Unión Europea, la ASEAN o bloques como los BRICS) es un marco diplomático y jurídico formal que establece una relación privilegiada. Esta figura abarca múltiples dimensiones (política, económica, logística y de seguridad) y busca objetivos a largo plazo mediante una estructura que establece un marco normativo legal completo, sujeta a las reglas y directrices del bloque, de duración indefinida y de fuerte impacto geopolítico. Estas asociaciones funcionan como herramientas de equilibrio estratégico.
Un país puede utilizar una asociación estratégica con una organización internacional para diversificar sus dependencias comerciales y financieras, evitando así subordinarse exclusivamente a la órbita de influencia de potencias individuales, como Estados Unidos o China. Estas asociaciones reducen drásticamente la incertidumbre al establecer reglas claras que generan las garantías jurídicas y la previsibilidad necesarias para que los actores privados ejecuten proyecciones de inversión a gran escala respaldadas por condiciones estables mediante:
-Institucionalización del Diálogo: Con mecanismos regulares de consulta (cumbres de alto nivel, comités ministeriales conjuntos). Esto garantiza que el país socio tenga una línea directa para coordinar posturas con el bloque en foros multilaterales.
– Alineación Económica y Logística: Conforma una plataforma para un trato preferencial que facilita los flujos de bienes y servicios. En la práctica, suele ser el «paraguas» necesario para impulsar y financiar megaproyectos de infraestructura transfronteriza, integración de cadenas de suministro o corredores logísticos internacionales con el respaldo del bloque.
– Cooperación y Transferencia: Abre el acceso a fondos de desarrollo, programas de investigación conjunta y transferencia de tecnología de la organización
En resumen, firmar una asociación estratégica implica pasar de una relación netamente comercial y coyuntural a una alianza donde el país y la organización coordinan activamente su posicionamiento a largo plazo en el tablero global.
Actualmente parece haber dos organizaciones en formación, ampliación y consolidación, aplicables a nuestro país: Los BRICS con una orientación aún no bien consolidad y la UNIÓN EUROPEA, que no ha establecido aún las condiciones formales para el ingreso de Canadá como «miembro asociado». No se trata de elegir un bando, sino que de diversificar nuestras opciones y maximizar nuestros intereses en un mundo multipolar y en transformación.
La relevancia de los BRICS en el complejo escenario global, y la reciente participación de Chile en su última cumbre, ha provocado un debate necesario para la política exterior del país. La ampliación del bloque y el interés de diversas naciones por acercarse a él han generado tensiones, en especial, con Estados Unidos. En este contexto, es imperativo que Chile adopte una postura estratégica que salvaguarde sus intereses y proyecciones a largo plazo. BRICS agrupa a economías emergentes con un peso demográfico y geográfico considerable y no sólo busca redefinir las estructuras financieras y comerciales globales, sino que -en su carácter no occidental- pretende ofrecer una plataforma alternativa a las instituciones históricamente controladas por Occidente. Para Chile, un país con una economía abierta y dependiente del comercio internacional, explorar estas nuevas vías de cooperación no es una opción, sino una necesidad pragmática.
La UNIÓN EUROPEA + CANADÁ. Se trata de una propuesta política inédita anunciada a mediados de septiembre de 2026 por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Al no existir el estatus de “Estado Asociado”, los derechos específicos, el grado de acceso al mercado europeo y las obligaciones jurídicas de Canadá deben redactarse y negociarse desde cero.
Este es un tema que debemos tomar con gran seriedad, sin prisas, sin sesgos ideológicos ni ideas preconcebidas. El nuevo mundo internacional se está conformando ante nuestros ojos. La tarea es muy difícil, no podemos quedarnos atrás; no podemos adelantarnos, ni embarcarnos en el grupo equivocado.
Viña del Mar, 16 de septiembre.
Fernando Thauby García
Capitán de Navío IM (r)
[i] Los datos duros han sido obtenidos mediante IA