Archivo de la categoría: Mundo

El Estado Islámico o la brutalidad como estrategia

Las regiones de Medio Oriente conocidas durante el siglo XX como Irán, Irak, Siria, Jordania, Palestina y la Península Arábiga es un área geográfica donde, desde tiempos remotos, vivieron tribus nómades con algunas ciudades emplazadas en los cruces de las rutas comerciales, que fueron apareciendo y desapareciendo durante los años según variaban las características de los bienes transados y la riqueza de los diferentes grupos.

La conquista turca fue la primera conmoción política y social de los tiempos modernos en Medio Oriente. A su caída, los imperios europeos se apropiaron de los restos del Imperio Otomano y con ellos conformaron “países” que no pudieron o no quisieron incluir las diferencias tribales que muchas veces incorporaban facciones religiosas derivadas del Cristianismo, el Islamismo y de otras religiones. La verdad es que ni la opinión ni los intereses de los afectados fueron tomados en cuenta en lo absoluto.
Durante la descolonización pos Segunda Guerra Mundial la región se dividió en tres grandes grupos, los que apostaron por crear estados laicos como Irak, Siria y Egipto -la República Árabe Unida-, los que mantuvieron una organización con fuerte influencia clerical como los Emiratos y Arabia Saudita, y los quedaron a medio camino, como Irán.
Irak, Siria y Egipto, que habían avanzado en la creación y consolidación de estados “en forma”, cayeron aplastados por la Guerra Fría, la presencia disruptora norteamericana y la agresión israelí y concluyeron en dictaduras personalistas.
La intervención norteamericana en Irak y luego en Siria fueron los golpes de gracia que demolieron los dos últimos intentos de gobierno mas o menos laicos que sobrevivían quedando solo Egipto, en una agonía que parece no tener destino.

La presencia de la Guerra Fría, con todos sus inconvenientes, fue un elemento de estabilización y consolidación de los regímenes existentes, siempre bajo la protección de EEUU o de la URRS. Su fin llevó a la región de regreso a “la normalidad”: las tribus y sus correspondientes interpretaciones del Islam volvieron a ser las únicas respuestas a las identidades y lealtades de las personas, y la teocracia volvió por sus fueros.
Este vacío de “estados”, según los entendemos en Occidente, está siendo llenado por las organizaciones tradicionales que conservan su arcaísmo y toda su incapacidad para desempeñarse en el mundo moderno y que al mismo tiempo, son las únicas que aun conservan cierta legitimidad.

En este caos surgió el Estado Islámico (EI) o el Califato Islámico. Es interesante que haya nacido como “califato”, un nombre de pura raigambre islámica y que posteriormente haya cambiado a “estado”, es decir que haya escogido identificarse con un concepto occidental que consideran que los define tanto como su condición islámica. Este es un contrasentido, ya que el Islam no reconoce otra legitimidad de la autoridad que la que le da el propio Islam.

A partir del control logrado sobre áreas territoriales en Siria e Irak los jihadistas debían transformarse en un ente político con algunos de los atributos que definen a un estado, lo que no lograron. En efecto, su único factor de identidad con los pueblos capturados era su declaración de profesar el Islam, pero al imponerlo con carácter extremo y diferente a la práctica de los habitantes de los territorios conquistados, produjo su rechazo.
Así, su debilidad y carencia de conexión con las poblaciones solo pudieron ser contrarrestadas mediante el empleo de la brutalidad, lo que a su vez liquidó toda posibilidad de creación de un estado. Es importante recordar que la componente europea de los yihadistas son personas “reconvertidas” al islam luego de transitar por un período mas o menos largo de europeización y práctica de los usos políticos y culturales occidentales y que parte sustancial de ellos provienen del proletariado marginal de países desarrollados, en los cuales no encontraron cabida. Como ideología y cultura política están mas cerca de la Banda Baader Meinhof, las Brigadas Rojas, ETA y el IRA que de Alá, Mahoma y el Corán.

Esta misma brutalidad aplicada a sus enemigos militares apuntó a dos maneras de condicionar en su comportamiento: doblegarlos ante el terror o hacerlos reaccionar descontroladamente atacando al Islam. No sucedió ni lo uno ni lo otro: Occidente fue capaz de distinguir entre el Estado Islámico y el Islam.

El brutal asesinato del piloto jordano Muaz al Kasasbeh torturado y quemado vivo en un montaje preparado especialmente para su filmación y difundidas las imágenes por diversos medios de comunicación marcará un antes y un después. Muchos líderes islámicos, incluido Iraníes, condenaron duramente la acción como actos contrarios a la prédica y práctica del Islam. Jordania lanzó una potente campaña aérea que ya lleva mas de 60 misiones y que han declarado que continuará; los Emiratos Árabes que habían suspendido su campaña aérea contra el EI, lo reanudaron en conjunto con Jordania y el rechazo mundial que ya había alcanzado una gran intensidad con el ataque el semanario satírico francés Charlie Ebdo, se potenció, hoy no quedan estados que apoyen al EI, está solo y mas temprano que tarde este abandono los llevará a la derrota

La conducta de los líderes del Estado Islámico ha apuntado a doblegar por la fuerza a sus enemigos internos y externos. No han aprendido del fracaso de los EEUU en Irak, ni de Assad en Siria, ni del de Israel en Gaza ni en Palestina.
Mas temprano que tarde comenzará el regreso de los criminales del EI a sus países de origen en Europa, EEUU, Canadá, Australia y otros.
Será el momento de hacerlos pagar por sus crímenes y brutalidades

Mindef: De la Defensa Nacional de Chile a la Defensa Colectiva Regional

La integración regional ha sido un sueño persistente en Sudamérica. Comenzó desde la independencia misma y ha continuado bajo diversos enfoques y justificaciones. Los fracasos iniciales se debieron principalmente a razones geográficas y políticas. Por un lado existía una diferenciación inicial derivada de la división administrativa española la que se sumaba al inmenso tamaño de sus territorios que no les permitía no siquiera controlar efectivamente los espacios que se presumía a su cargo.
Sudamérica está dividida por la Cordillera de Los Andes que la cruza de norte a sur en toda su extensión partiéndola en dos mundos, el Atlántico y el Pacífico; los valles formados por sus estribaciones hacia el Pacífico subdividen esos territorios en regiones aisladas de sus vecinos conformando subregiones que prontamente desarrollaron sus propias sociedades, economías, culturas y elites, diferentes a las de sus vecinos. Por el otro lado, la selva de la Amazonía instalada al centro del continente reforzó esta división impidiendo “la conquista del Oeste” e impuso el tránsito y el poblamiento sudamericano en su periferia costera con interconexión terrestre muy dificultosa por lo que se organizó principalmente por vía marítima, separando aun mas a los diversos “países”.
Pero el sueño no murió. Se continuó intentando la integración por diferentes vías y con diferentes motivaciones, y fracasó una y otra vez. Tal vez las razones mas comunes de estos fracasos modernos fueron el voluntarismo que minusvaloró la magnitud de las dificultades, la presencia protagónica de ideologías políticas y las agenda de las personas y países que impulsaban esos intentos, que generalmente pretendían instrumentalizar un proyecto ideológico bajo el disfraz de “integración”.
El intento chavista, que finalmente se estructuró en torno a Unasur es un típico ejercicio mítico regional. En 1999 Chávez bramaba: ¡En Venezuela está en marcha lo que hemos llamado el proceso de resurrección venezolana … Alerta, Alerta, Alerta, que camina la espada de Bolívar por Latino América!!”. El correlato obvio fue cultivar el mito de Chávez como una especie de Bolívar reencarnado, primero para consumo interno venezolano y luego como “modelo” para Sudamérica.
El Foro de Sao Paulo se constituyó con Castro, Lula y Chávez con la intención explícita de retomar en Sudamérica las banderas abandonadas por la caída de la Unión Soviética. Lula buscó afanosamente la supremacía brasileña desde un discurso de izquierda; Chávez intentaba una revolución continental y los Castro buscaban con angustia algún mecenas que se hiciera cargo de los resultados de su inepcia económica. Luego se colgaron Kirchner, Correa y Morales.
Entre 2002 y 2004, Chávez se enfrentó al proyecto de “Regionalismo abierto”, que marchaba en tándem con ALCA, Área de Libre Comercio de las Américas, de la cual los gobiernos de Chile fueron entusiastas promotores. Desde ahí se originó su animadversión a nuestro país. Según su diagnóstico, Sudamérica estaba dividida en dos grupos, los bolivarianos, que lo seguían a él y a Lula, y los “monroistas”, integrados por Chile, Colombia México y Perú que debían ser doblegados. Chávez creó la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) instalando una situación binaria: los buenos, antiimperialistas, revolucionarios, etc. y los malos, vendidos, sometidos etc.
Chávez se auto asignó dos tareas 1.- “enterrar el ALCA y el modelo económico, imperialista y capitalista y 2.- “ser el partero de una nueva historia, el partero de una nueva integración, el partero de ALBA , la Alternativa Bolivariana para las Américas, para los pueblos de América, una verdadera integración libertadora, para la libertad, para la igualdad, para la justicia y la paz”. Sus instrumentos serían Unasur y el dinero del petróleo venezolano.

Lagos se mantuvo claramente al margen de este grupo, Bachelet en su primera administración se les aproximó, en parte por su simpatía hacia Lula/Rousseff y hacia Fidel. Piñera se dejó designar presidente para no alejarse tanto de esos países y estableció un modus vivendi con Chávez. El actual gobierno de Chile mantiene una posición ambigua: calla ante los atropellos a la democracia y a los Derechos Humanos por parte del gobierno militarizado de Chávez y parece apoyar la creación de una “comunidad de seguridad sudamericana” en torno a Unasur. En efecto, el Programa de Gobierno de la actual administración en su sección “Defensa” declara: “Durante el período 2014-2018, la política de Defensa Nacional tendrá como objetivo principal de mediano y largo plazo, generar una Comunidad de Seguridad en América del Sur que garantice la paz y elimine definitivamente la amenaza de la guerra, siendo el Consejo de Defensa de UNASUR la institución para avanzar en esta materia”.
El actual Subsecretario de Defensa, en Punto Final el año 2012, criticando la Estrategia de Seguridad y Defensa (ENSD) propuesta por el gobierno de Piñera declaraba: “Así, mientras en la región el debate entre los miembros de UNASUR evoluciona aceleradamente y comienza a decantar la idea de la creación de una comunidad de seguridad como consecuencia de la larga paz sudamericana, la ENSD avanza aisladamente en una dirección casi opuesta”.

A esta altura se hacen necesarias algunas reflexiones. Primero, es evidente que los organizadores y “dueños” de Unasur están en un proceso que, vía Foro de Sao Paulo, se declara heredero y continuador del difunto marxismo soviético para su materialización en Sudamérica. Segundo, que se declara anticapitalista y antiimperialista en la forma que Castro, Chávez y Lula entienden ese término. Tercero, que están conformando una “comunidad de seguridad” con una fuerte componente militar y Cuarto, que pretenden ampliar el ámbito de ingerencia militar en los gobiernos de los países, al estilo Venezuela.

A qué nos están invitando, ¿a una integración para la prosperidad de nuestros pueblos o a reeditar la guerra fría y el enfrentamiento político con destrucción de la democracia y atropello a los DDHH?. El ejemplo de Venezuela, Argentina y Ecuador sugieren lo segundo.
Cabe entonces preguntarse si los chilenos están conscientes que nuestra política exterior y de defensa se mueven en esa misma línea política y militar. También preguntarse si nuestra ciudadanía ha tomado nota que vamos hacia una defensa colectiva regional en que asumimos compromisos militares con nuestros socios. Dado que los gobiernos de Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia practican un agresiva política económica, comunicacional y diplomática contra los EEUU, Gran Bretaña y varios otros países, ¿es legítimo que nuestro país haya tenido un vuelco estratégico, militar y de seguridad de esa magnitud sin que haya sido socializado con la ciudadanía?, ¿cómo es posible que los gobiernos sigan adquiriendo compromisos relevantes a espaldas de la opinión pública?.
Los días 9 y 10 de Junio de este año, en Buenos Aires, se efectuó la Conferencia de Defensa y Recursos Naturales del Consejo de Defensa Suramericano (CDS). Esta curiosa incursión de la defensa en funciones propias de Gobierno derivan de un silogismo tan simplón como erróneo: “Los recursos naturales son importantes; Hay que garantizar la soberanía y protección de los mismos; Los militares son responsables de la soberanía y protección de sus países; Ergo: los militares deben defender los recursos naturales”.
¿Tiene la Estrategia de Defensa algo que hacer respecto al ejercicio y funcionamiento de la democracia en cada país o en el conjunto de la región?, ¿algo que decir respecto al manejo que cada gobierno determine adecuado para gestionar sus recursos naturales?.

Pero la manipulación de nuestra ingenuidad u oportunismo va mas allá. Por acuerdo mayoritario, en el Plan de Acción 2014, aprobado en esa oportunidad con la concurrencia del representante del Ministerio de Defensa de Chile, Carlos Maldonado Prieto, se le encargó a Venezuela y a Chile “Proponer y consolidar lineamientos estratégicos del CDS/Unasur para la construcción progresiva y flexible de una visión compartida de defensa regional de acuerdo a lo ordenado en el numeral 16 de la Declaración de Paramaribo el 30 de agosto de 2013 y en concordancia con los lineamientos orientadores aprobados en el IV Seminario …”
En este sentido la aseveración del actual Subsecretario de Defensa al criticar la forma en que se trabajó la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa en el gobierno de Piñera es muy válida: “Este gobierno tiene pleno derecho a opiniones diferentes a las de los gobiernos anteriores, pero es indispensable que se mantenga el debate público buscando acuerdos que signifiquen continuidad en lo fundamental, como que se mantenga el carácter estatal de las políticas que se aplicarán. Esa dinámica se suspendió, y fue un grave error. Afecta a una política que se aplicó durante más de diez años y todavía no está suficientemente institucionalizada. Sobre todo, porque hay que cautelar el carácter estatal de la defensa y el papel del Ministerio de Defensa, que es nuevo … Y por eso mismo es indispensable que haya un verdadero debate, amplio e informado”, algo que también vale para este gobierno.

Que no haya duda, Chile, junto a Venezuela somos los que proponen la nueva estrategia. Estamos yendo hacia la conformación de una alianza militar regional en que los intereses de nuestros socios pasan a ser nuestros. Los países que conforman la mayoría en Unasur son: Argentina; Venezuela, Ecuador, Bolivia, Surinam y Brasil, tan amigos nuestros que si lleváramos ahí nuestra queja por los malos modales de Morales nos ganaríamos una sonora rechifla.
Todo parece indicar que estos asuntos de interés nacional deberían ser discutidos abiertamente, con participación del Congreso, de la ciudadanía y de los académicos e intelectuales y no manejadas a puerta cerrada, en forma casi subrepticia. Se hace gran caudal de la defensa como política de estado: si cambiar por completo el paradigma de defensa nacional que nos ha acompañado desde la independencia por otro de defensa colectiva regional – que se apoya en una ideología que es rechazada por las grandes mayorías nacionales- no afecta a la política de estado, es difícil identificar algo que lo hiciera, salvo que “política de estado” sea una forma de denominar lo que le gusta a cierto sector y que le permite rechazar visiones alternativas y mas promisorias como por ejemplo, la Alianza del Pacífico y la cooperación en seguridad con México, Canadá, Perú y Colombia.

Las Guerras Orientales del siglo XXI

Durante los siglos XVIII y XIX las naciones europeas sostuvieron un gran número de guerras en el norte de África y en Medio Oriente. Eran guerras coloniales, destinadas a imponer su dominio directo y total sobre territorios y poblaciones nativas con el propósito de obtener réditos económicos o prestigio.
La diferencia central con las también numerosas intervenciones actuales, es que en el pasado aspiraban a imponer su control directo y que ahora no quieren gobernarlas sino imponer regímenes autóctonos que compartan y apliquen sus procedimientos políticos, valores y cultura.
Hace algún tiempo escribí un ensayo bajo el título de “Guerra en el siglo XXI; una forma de revolución” que señalaba que “En su definición tradicional la guerra tiene un elemento de continuidad que es su naturaleza política; los estados no hacen la guerra – o no debieran hacerla – sino para obtener o conservar, -mediante el empleo de la fuerza-, condiciones externas que consideran muy necesarias o imprescindibles para su seguridad, prosperidad y honor/valores. La práctica parece señalar que esto habría cambiado, en particular las justificaciones, entornos y procesos para su materialización, y con ello se habría introducido un elemento de confusión que está produciendo guerras de difícil solución exitosa para los agresores, como las de Viet Nam, Kosovo, Iraq y Afganistán.
La guerra, según fue tradicionalmente entendida en la modernidad occidental, ha sido una acción violenta mediante la cual un estado doblegaba la voluntad de otro en vista a conseguir que cediera en algo que le interesaba; más aun, los rituales de la rendición y los tratados que formalizaban el nuevo equilibrio alcanzado, requerían de la continuidad física y de legitimidad del estado derrotado. Actualmente la guerra concluye con el reemplazo completo y total no solo del gobierno, sino del régimen en su conjunto, incluyendo el cambio de elites dirigentes y de las formas y valores que conforman a sus instituciones políticas, y esto marca una situación completamente diferente. La Hipótesis propuesta es que: “A partir de las consideraciones señaladas, esta ponencia propone que actualmente la guerra ha tomado la forma de intervención militar que apunta a la imposición,- en otro estado -, de instituciones, valores y conductas políticas y se ha transformado en un mecanismo de acción política cuyo resultado es una revolución impuesta desde el exterior. De esa manera, incorporando muchas de las características de proceso político y sico-social de la revolución, la guerra actual ha concluido adquiriendo una forma muy compleja y difícil de resolver”.

Desde sus orígenes, Revolución se relacionó con liberación y Guerra con poder y el común denominador de guerra y revolución es la violencia. Este rasgo común es el que facilita el tránsito entre una y otra y las hacen diferentes de los restantes fenómenos políticos. Ambas usan la violencia con fines políticos, sin embargo tienen una profunda diferencia: la guerra está relacionada con la aplicación – siempre violenta – del poder nacional de un estado contra otro para dirimir una “diferencia de intereses”, mientras la revolución se auto justifica con la búsqueda – a veces violenta – de la libertad mediante el “reemplazo del régimen” existente.
Lo novedoso es que actualmente estados u alianzas de estados hacen guerras para “liberar” pueblos o minorías, guerras que abiertamente declaran que concluirán con el establecimiento de un nuevo poder estatal institucionalizado que aspiran a hacer funcionar un nuevo orden socialmente acatado, es decir guerras que, declaradamente, tratan de lograr los fines propios de una revolución.

En estas condiciones, las intervenciones necesitan pasar necesariamente por la destrucción de las fuerzas militares del estado intervenido; por el aniquilamiento del estado mismo; por la ocupación de su territorio, y la eliminación – política, social y a veces física – de sus elites gobernantes. Pero no puede detenerse allí, sino que necesita continuar con la imposición de la dominación formal de la sociedad,- que se aspira llegue a ser libremente aceptada -, a la que se le impone un nuevo poder político apoyado por una fuerza militar hegemonizada, al menos en sus orígenes, por los interventores. En breve, se trata de demoler el régimen existente y reemplazarlo por otro dominado por una elite local que interprete la cultura del interventor.

El problema de fondo se traslada entonces a determinar si es o no posible que una cultura preexistente sea cambiada o impuesta por la fuerza en otra sociedad que ha desarrollado la suya propia y que piensa, vive, reza y muere de otra manera.
Nuestro mundo tiene su base en la cultura griega, con el aporte posterior de Roma y de la religión Judeo – Cristiana. En los siglos posteriores esta base común experimento las variaciones derivadas de procesos históricos diferenciados. Asi, una familia protestante norteamericana tiene diferencias culturales con otra luterana alemana o una calvinista francesa o una católica centroamericana, pero manteniendo siempre una impronta común constituyendo lo que llamamos la cultura “cristiano – occidental”.
Si consideramos el pueblo griego sobre el fondo histórico del antiguo Oriente, la diferencia es tan profunda que los griegos parecen conformar una unidad con el mundo europeo de los tiempos modernos. Hasta tal punto que no es difícil interpretarlo en el sentido de la libertad del individualismo moderno.
Es imposible encontrar el punto común entre las Cariátides y las pirámides de Egipto o la Venus de Milo con las Tumbas Reales de Persia. Unas representan la exaltación del ser humano, de su belleza y desarrollo intelectual y el otro la magnificencia de sus soberanos y la exaltación religiosa. La valoración de la autonomía y el valor infinito del alma humana que cohabitan en el mundo griego y en el judaísmo no están presentes en otras culturas o lo están de otras maneras radicalmente diferentes. Son estas diferencias las que dieron origen a sociedades y culturas diferenciadas. Parece absurdo pretender que Descartes encuentre un terreno común con Mahoma.
Distintas culturas producen regímenes políticos diferentes. Parece de una irrealidad y soberbia mayúscula pretender que nuestro sistema político liberal, democrático, individualista y cada día mas pragmático y materialista sea implantado e interpretado en sociedades como las de Afganistán o en Irák.
Occidente seguirá enfrascado en guerras orientales interminables y “no puede esperar resultados diferentes mientras siga haciendo lo mismo”.

Israel cruzó la Delgada Línea Roja

En los últimos diez años Israel ha sufrido ataques con cohetes y granadas de mortero disparadas desde la franja de Gaza por miembros de Hamas que han causado una veintena de muertos.
En general son disparos hechos al azar que caen en cualquier parte y que apuntan principalmente a notificar a los israelíes que existe un problema en Gaza, creado y mantenido por ellos mismos y por su gobierno.
En efecto, los habitantes de esa estrecha faja de terreno árido poblada por dos millones de palestinos amontonados en la miseria y la desesperanza absoluta, se organizan malamente para hacer notar su condición. Los disparos desde Gaza amenazan, asustan e incomodan a los israelíes. No dan para mas.
Gaza está sometido a un bloqueo feroz: sin acceso al mar, siendo un área costera sus pescadores no pueden hacerse a la mar; sin aeropuerto, no pueden volar a ninguna parte; sin salidas por tierra, bloqueados por Egipto y por Israel; sin puertos por donde recibir y sacar carga; solo pueden aspirar a languidecer entre ruinas.

El ataque israelí de mayor envergadura bautizado como «Plomo Fundido», fue lanzado a fines de 2008, dando muerte a 1.300 palestinos y dejando 5.000 personas heridas. Durante la operación murieron 13 israelíes.

La penúltima operación israelí a gran escala contra Gaza fue la denominada «Pilar Defensivo», en noviembre de 2012, en la que mataron a 170 palestinos y dejaron a 1.300 heridos.
El ataque actual “Margen Protector” lleva ya mas de 2000 muertos y miles de heridos; de los muertos, alrededor de 400 son niños.
En ese mismo lapso -2008 – 2014-, Israel ha efectuado mas de veinte ataques a Gaza, dejando varios cientos de muertos y varios miles de heridos, casi todos civiles y muchos niños.

La actual escalada de la tensión comenzó el 12 de junio cuando tres israelíes fueron asesinados en la parte ocupada de Cisjordania. Vino la represalia: el 2 de julio apareció el cadáver de un joven palestino, Mohamed Abu Khder, de 16 años, muerto por apaleo y quemado vivo a causa de una venganza de radicales judíos.
Luego vino el ataque en forma. ¿Cuál es su justificación?. Benjamín Netanyahu explica que con bombardeos aéreos no ha sido posible impedir que miles de cohetes y granadas sean disparadas desde túneles y refugios subterráneos en Gaza y que es necesario hacer una incursión con tropas.

Este somero recuento nos permite sacar algunas conclusiones y reconocer algunos hechos.
– Parece claro que la desproporción entre los “bombardeos” de Hamas y las represalias y ataques de Israel para suprimirlos son evidentemente desproporcionados. Una veintena de muertos israelíes en diez años y miles de muertos y decenas de miles de heridos palestinos en el mismo lapso nos hablan de una disparidad brutal. En realidad tenemos un estado moderno, con abundantes recursos materiales, tecnológicos y apoyo político castigando reiteradamente a un grupo de refugiados malamente organizados por una banda de aficionados con mas odio que recursos.
– Muestra también que pese a la brutalidad del castigo y la cantidad de bajas palestinas, Israel no logra impedir que los disparos desde Gaza continúen. Las operaciones anteriores –Plomo Fundido y Pilar Defensivo- no lo lograron.
No hay razones para pensar que Margen Protector lo logre, mas aun si se considera que Hamas salió políticamente fortalecido antes su pueblo y que Israel a nivel mundial ha sufrido una derrota moral tal vez irremontable.
– Israel anunció que había destruido algo así como 800 “túneles”. ¿Cuánto les tomará a Hamas reconstruirlos? ¿días?, ¿semanas?. Por lo demás los jóvenes de Gaza no tiene nada mas que hacer que cavar túneles, pensar como causar daño a Israel y proporcionar mano de obra abundante y barata para el mercado israelí.

Parece un hecho que Israel se ha sobregirado en su cuenta de buena voluntad mundial, sea como víctimas del Holocausto; como la única democracia en la región o como sociedad civilizada y moralmente consciente. En realidad han creado un estado autoritario prepotente; han fabricado el «Gueto de Gaza» y han cercado a Israel con una muralla creando un gueto para ellos mismos.
La fea y cruda verdad es que Israel -el conjunto de su sociedad, no solo su actual gobierno-, no tiene la menor intención de resolver el cruel problema que afecta en forma insoportable al pueblo palestino. Hace todo lo que puede para trabar la creación de un Estado Palestino, al cual, al igual que los judíos, ellos también tienen derecho.

La soberbia es el primero de los pecados y el mas grave y esta maldición aqueja a un número mayoritario de los israelíes.

El aprendizaje histórico en Israel

La experiencia histórica es materia de aprendizaje. No es una adquisición espontánea sino un proceso reflexivo que requiere objeto o propósito, método y gran valor moral. Requiere persistencia ya que de otra manera será un conocimiento solo superficial; debe remontarse hacia el pasado y proyectarse en la larga duración hacia al futuro.

El ciudadano común es, generalmente, víctima de la ilusión de lo definitivo. Cree que lo que estudia, lo que le enseñan sus maestros, el sentido común de una época y de una sociedad, y lo que vio y vivió, es lo definitivo.
Un verdadero líder político rechaza esa forma de dogmatismo y acepta que nada está establecido definitivamente y que los llamados “hechos” son revisados constantemente a la luz de nuevas preguntas y revisiones.

La épica judía del regreso a Israel después del Holocausto en un hecho de la historia, importante y en su momento ejemplar y atenuador de los daños inferidos a los árabes que habitaban Palestina, pero el tiempo transcurrido ya ha difuminado algunas de las características de esta épica y resalta otras que en su momento quedaron subsumidas en los sentimientos de culpabilidad mundial por haber permitido el exterminio de millones de judíos ante el silencio de Occidente.

Esa misma culpabilidad es una de las razones basales del apoyo de Occidente al nacimiento del Estado de Israel, otros fueron la Guerra Fría, el petróleo, la instabilidad política en Medio Oriente, Nasser y su partido Baath, el canal de Suez y otras, pero su valorización ha cambiado y seguirá cambiando. Esas situaciones ya no son las mismas.
La influencia judía en Estado Unidos, en los medios de comunicaciones, el cine, la política y las finanzas dio a Israel el margen de tiempo y los medios financieros para consolidarse como estado, en condiciones que ningún otro estado ha tenido al nacer, pero de nuevo, no hay razones para pensar que esta ventaja durará para siempre. Las sociedades son veleidosas y la sobreexplotación de un apoyo generoso pueden mutar en fastidio y cansancio.
En breve, el nacimiento, consolidación y supervivencia del Estado de Israel es consecuencia de la situación política, geopolítica y económica posterior a la Segunda Guerra Mundial, del éxito norteamericano en su competencia a muerte con la Unión Soviética y de la continuidad de su apoyo.

¿Significa eso que Israel tiene su futuro asegurado?. No me parece. Ningún estado hegemónico ha sobrevivido para siempre. Ninguna supremacía es eterna, los imperios ascienden, descienden y se disuelven y así sucederá con EEUU. No siempre es así con las Naciones. Muchos pueblos cambian de Estado, se unen y separan de otros grupos y bajo nuevos ordenamientos políticos, siguen siendo actores en la parte del mundo en que les correspondió vivir.
¿Podrá la nación Israelí sobrevivir a la reducción o desaparición de la protección norteamericana?.

Los recientes acontecimientos derivados de la desaparición y muerte de tres adolescentes judíos; el precipitado castigo inflingido por el Estado de Israel a Hamas través de sus FFAA,y el asesinato de un joven Palestino a manos de los “colonos” de los asentamientos a que pertenecían los tres jóvenes judíos asesinados muestran que Israel y los israelíes creen que la situación mundial está congelada, que es definitiva, que todo seguirá así y que su libertad para hacer lo que les parezca es inamovible. Me parece que están equivocados.

El Estado de Israel y la Nación israelí allí asentada no podría sobrevivir largo tiempo sin la protección norteamericana y como la vida de las naciones se cuenta en cientos de años, la inclusión de una mirada histórica de un plazo mas allá de las conveniencias políticas inmediatas, debería llevarlos a un comportamiento mas razonable con sus vecinos árabes respecto a los cuales no existe razón alguna para pensar que no puedan salir de su postración política actual en un futuro no tan lejano.

Los vientos reiteradamente sembrados se tornarán en tempestades incontrolables. No se puede vivir entre enemigos para siempre y actuar como si ello no importara.