Archivo de la categoría: Uncategorized

Aborto y adopción. Testimonio

Una cosa es participar e interesarse en una situación y otra es ser parte de la misma y estar vitalmente involucrado en ella.

Las perspectivas no son las mismas.

Esto también sucede respecto al aborto. Los embarazos que fueron abortados no llegaron a materializarse en personas y obviamente no pueden dar su opinión, están muertas. Los embarazos a los que se permitió llegar a término son personas, están vivas y ellas si tienen una opinión de vida al respecto.
Quiero compartir con ustedes una carta enviada por una querida sobrina a un periódico –que aun no publica- en que expone su experiencia de vida. No es la opinión de un espectador. Ella estuvo involucrada a fondo en el problema, sin poder alegar nada a su favor. Las decisiones fueron tomadas sin consultarle.
Sobrevivió y este es su testimonio. Les pido que lean esta carta sin prejuicios y con el respeto que merece.

Señor Director:
Mi nombre es M. Fernanda Thauby Santibáñez, tengo 21 años, estudiante universitaria y fui adoptada.
Mi mamá siempre me dijo desde que tengo memoria, que yo había nacido de su corazón, lo que más tarde interpreté naturalmente que era por el hecho de ser adoptada, por lo tanto nunca fue tema en mi casa, ni en mi familia, fue tan así, que cuando entré a pre kínder “yo estaba tan orgullosa de haber sido escogida entre tantos niños” que me acuerdo que a mis compañeras les contaba siempre que yo era adoptada.
A medida que pasó el tiempo mi mamá me preguntó si yo quería conocer a mi mamá biológica, yo le respondí sinceramente que no quería, porque era feliz con la familia que tenía.
La verdad que hasta el día de hoy, si me preguntaran si quiero conocer a mi mamá biológica, mi respuesta sería: ”mi mama es quién me crió, me dio educación, me dio valores y lo más importante es que me entregó cariño y afecto y eso es lo más grande que una persona puede dar a otra”.
Agradezco profundamente que mi mamá biológica me haya entregado en adopción por el motivo que sea y no me haya abortado, ya que si no fuera por la generosidad de ella, yo no estaría aquí dando mi testimonio de vida.

María Fernanda Thauby Santibáñez

Ella presenta su caso públicamente porque se sentiría muy feliz si logra que una sola mujer embarazada no aborte a su hijo y le permita vivir la experiencia que ella ha tenido.
Fernanda tuvo la oportunidad de vivir, ser parte de una buena familia y dar y recibir mucho amor de sus padres adoptivos.

Las Tragedias de Valparaíso

Desde una ventana de mi departamento en Viña del Mar pude ver con horror la furia del fuego que quemaba a Valparaíso. La duración del incendio me dio el tiempo para meditar sobre sus tragedias.

Algunos arquitectos analizan las deficiencias técnicas de su diseño, otros meditan sobre la mediocridad de sus autoridades, pero nadie considera que esta pobre ciudad ha exhibido, durante más de veinte años seguidos, el récord nacional de pobreza y desempleo lo que la ha reducido de una ciudad progresista y elegante a una barriada pobre y marginal.

A comienzos de los años ´60 llegué a Valparaíso, una ciudad aun importante, pero ya sumida en la melancolía propia de la decadencia. La crisis del 1929 y el violento cambio de nuestra política económica que -en un movimiento defensivo ante la crisis mundial- pasó de la apertura al comercio internacional al proteccionismo, había marcado el inicio de la rápida desindustrialización de Valparaíso.

En efecto, la competencia, la eficiencia y la productividad que en la apertura motivaban a los comerciantes e industriales chilenos instalados en buena parte en Valparaíso, se transformó en una pugna por acceder a los favores políticos del gobernante de turno que, en una economía cerrada, podía por ley asegurar sus ganancias. Así, las grandes empresas instaladas en la región –no solo en Valparaíso, sino también en Quillota y Limache se movieron hacia el centro de poder político -Santiago-.

Comenzó la decadencia. Los impuestos territoriales se fueron a Santiago, los gerentes y planas mayores de las empresas también. La clase media tradicional formada por los comerciantes y profesionales las siguieron a Santiago dejando una “casa de verano” en Viña del Mar. Los trabajadores perdieron sus puestos de trabajo o siguieron a la empresa a la Capital. La pobreza y la cesantía llegaron para quedarse. Con el paso del tiempo la naciente clase media emergente que restaba en Valparaíso también emigró hacia las ciudades cercanas a Viña del Mar: Quilpué, Villa Alemana, Peñablanca, Con Con y hoy día hacia Placilla y Curauma, escapando de la decadencia del Puerto.

En el Puerto quedaron las externalidades negativas: suciedad, ruido, destrucción de las calles, prostitución y violencia y Santiago se llevó las externalidades positivas, trabajo, impuestos, comercio y ganancias a Providencia y Las Condes.

El espacio dejado primero por la clase media tradicional y luego por la “emergente”, fue ocupado por jubilados con rentas bajas; personas recién llegadas del campo a la ciudad, y excedentes demográficos de Santiago y otras ciudades. Desconocedores de los hábitos de vida necesarios para habitar una ciudad y más aun una ciudad difícil y exigente como Valparaíso: dejaron que los embalses decantadores de arena se embancaron con basura, y vinieron los aludes de agua y barro; la basura se amontonó en las quebradas y se llenaron de ratas y pericotes en invierno y de pasto en verano; la municipalidad sin recursos fue incapaz de ejercer su rol de conservación de los servicios, la marginalidad se magnificó.

Cierto es que hubo alcaldes ineptos, otros que robaron a raudales, pero también los hubo buenos y dedicados, todos fracasaron por igual, los problemas eran insolubles. Los alcaldes comenzaron a vender los activos de la ciudad para pagar las deudas y la ciudad se descapitalizó aun más. Cuando volvió la economía abierta, ya Santiago se había transformado en un hoyo negro que se tragaba todo. Era demasiado tarde.

Los “nuevos porteños” esos que rayan las murallas llamando “A tomarse las fábricas”, son semi analfabetos que no se han dado la molestia de tratar de encontrar aunque sea una fabrica que tomarse. Si trataran, a lo mas encontrarían un taller de empolvados y cuchuflíes. La nueva expresión del arte “popular” con que pretenden hacer a Valparaíso un «centro cultural» apenas dan para desfiles de borrachos machacando batucadas; el «arte muralista», al cual se invitan a artistas de Santiago y de otros países se expresa rayoneando las murallas con monos horrorosos y vulgares que afean la ciudad, y la filantropía actual se manifiesta alimentando a los perros sin dueños en las puertas de las casas, sin tomar la responsabilidad del cuidado permanente de los mismos.

Esas son las tragedias de Valparaíso
¿Qué proponen los expertos?: Recomiendan «evitar el efecto dominó de la madera: abrir plazas como cortafuegos; reformular la construcción en los cerros y en el Plan de Valparaíso», «un nuevo Plan Regulador de la ciudad». Alguno pretende explicar a los porteños como funcionan los tranques como si ellos no los hubieran visto nunca.

Suena bienintencionado, pero nada de eso sirve, la pobreza es más fuerte.

¿Solución?: Regionalismo; Que Santiago nos deje respirar y emprender.

¿Cómo hacerlo?: Intendentes elegidos por voto popular, con poder y presupuesto, el resto vendrá solo. Diputados y Senadores de veras de la región.

¿Factibilidad?: Ninguna. Las oligarquías políticas y burocráticas jamás soltarán el poder que han acumulado. Con las mejores razones nos explicarán que el centralismo es lo único aceptable para Chile y propondrán una nueva línea para el Metro.

Humalamemoria

Una conocida revista peruana, ya cerrada, describía así el estado mental de Velasco Alvarado, presidente de Perú, frente el ambiente en la frontera entre Chile y su país en Julio de 1975:
“En sus manos, que ahora temblaban por la enfermedad, se había acumulado todo el poder con que un hombre pudiera soñar. En su voluntad, que ya flaqueaba, se concentraba el destino de un gigantesco poder militar recién construido. Y en su corazón, aún anidaba aquel viejo deseo de recuperar los territorios perdidos por Perú en la Guerra del Pacífico. Juan Velasco Alvarado, el soldado raso que había llegado a Presidente, continuaba siendo para muchos, y a pesar de su malograda salud, el hombre que quería la guerra con Chile … Inserto dentro de un fenómeno continental de militarismo progresista —que en esos años incluía a Omar Torrijos, en Panamá, y Juan José Torres, en Boli¬via—, Velasco fue la cabeza visible de un movimiento que ya llevaba varias décadas incubándose en los regimientos peruanos. Inspirados por un ardiente nacionalismo y una tendencia socialista, fue en el CAEM —Centro de Altos Estudios Militares—donde desde los años 50 se comenzó a formar aquella elite progresista que se tomaría el poder, y que durante siete años gobernaría, inspirados en la teología de la liberación y en autores socialistas, nacionalistas y nostálgicos del imperio incaico. Este grupo estaba convencido que sólo un gobierno de las Fuerzas Armadas de larga duración era capaz de realizar los enormes cambios estructurales que necesitaba la nación.
Juan Velasco Alvarado, entonces Comandante en Jefe del Ejército, sería el paladín del nuevo movimiento que alardeaba erradicar la injusticia en el Perú. Pero también era el hombre que quería reconstruir la integridad nacional, con un país fuerte y seguro. Para esto último se apoyaba en un nacionalismo basado en el patriotismo militar”.
“Desde el primer momento, se mezcló la ambición de cambiar la estructura social del país con la de construir un poder militar tan enorme, que —de darse la ocasión— se pudieran reconquistar los territorios perdidos en la Guerra del Pacífico, fuente de gran trauma nacional … En marzo de 1974 Velasco Alvarado haría declaraciones que rápidamente llegaron al corazón del gobierno chileno, y alcanzaron a filtrarse en la prensa nacional. En una entrevista al diario francés Le Monde, el general peruano habló de la inminencia de una guerra con Chile. En la misma época, la revista inglesa The Economist recogería la tensión que vivían ambos países, informando que Perú montaba bases de submarinos y cohetes soviéticos, preparándose para la guerra con Chile. Desde Brasil, los diarios O Estado de S. Paulo y Jornal do Brasil recogían la misma noticia”.

“Es julio de 1975. Y Arica, con una población de 90.000 personas, está en pie de guerra. El Ejército chileno se ha plegado —listo para el enfrentamiento— en la más grave crisis militar de las últimas décadas. Al otro lado del límite las tropas peruanas se levantan en una gigantesca movilización sobre la frontera con Chile. Desde Lima, el gobierno de Juan Velasco Alvarado vuelve a alistar su poderosa maquinaria militar.
Durante 1974 y 1975 la tensión prebélica ha subido y bajado, como un tobogán. Desde que el general Juan Velasco Alvarado iniciara en el Perú el mayor rearme de su historia, el gobierno del general Pinochet se prepara para enfrentar un posible ataque peruano. Y aunque pocas declaraciones bélicas se han cruzado, en Chile persiste la certeza de que, si puede, Velasco va a intentar recuperar la zona de Arica, perdida en la Guerra del Pacífico.
Los generales chilenos estiman que la única forma de detener a Velasco Alvarado es demostrarle que no le será posible lanzar una ofensiva aplastante y rápida que le permita quedarse con los territorios reivindicados. Para esto, Chile se vuelca a construir un escenario que le hará saber a Perú que si va a la guerra, ésta será larga y revelará la debilidad estratégica vecina. Si bien Perú tiene una gran fuerza ofensiva, no posee, según los generales chilenos, la capacidad logística —o de organización— como para sostener un conflicto prolongado. Con retroexcavadoras, y todo tipo de maquinaria, los regimientos pasan los días y los meses en lo que el general (r) Jorge Dowling llamaría «nuestra agricultura». Se excavan trinchera en eternos kilómetros, se levantan camellones y se instala una fábrica de tetrápodos, enormes figuras de cemento destinadas a formar diques para la contención de tanques”.

“Detrás de esa primera línea, se siembran 20 mil minas, que en 1981 llegarían a ser 60 mil”.

“Sin embargo, más allá de las conjeturas, lo que puso punto final al peligro de guerra fue el derrocamiento del general Velasco Alvarado, en la madrugada del 29 de agosto de 1975. Esa madrugada y poco antes de que (el general) Morales concretara el golpe, dos llamadas telefónicas cruzarían hasta Chile. En una, el general Artemio García, comandante en Tacna, despertaría a las 05:00 horas al comandante Dowling en Arica para informarle que el general Morales Bermúdez sería el nuevo Presidente de Perú. Tras colgar, García se comunicó con la casa del coronel Odlanier Mena en Santiago, quien después de haber servido en Arica, había sido destinado a la Dirección de Inteligencia del Ejército.

Una de las razones que motivó el golpe de Morales Bermúdez, de acuerdo a versiones que circulan tanto en Chile como en Perú, fue evitar la guerra. Morales era un militar mucho más moderado que Velasco, y según una versión recogida por la embajada chilena en Lima, hubo un hecho preciso que lo habría impulsado a derrocar rápidamente a Velasco. En una visita a La Habana, Fidel Castro habría invitado a Morales a visitar unas instalaciones militares, donde había infinidad de tanques. «Tengo todo preparado, los tanques, y 12 mil hombres para caer sobre Arica junto con ustedes», le habría dicho Fidel. Morales, atemorizado de que esa loca idea pudiera convertirse en realidad, acortó su visita a Cuba, volvió a Lima y aceleró su conspiración. Poco tiempo después, en la embajada chilena se subrayarían con rojo los despachos de prensa que informaban que 12 mil soldados cubanos habían partido para Angola”.
Como se puede apreciar, las minas que Chile instaló en la frontera entre ambos países fueron puestas con poderosas razones que Ollanta Humala conoce muy bien.
Dos comentarios: primero, las intenciones ofensivas no eran de Chile, eran de Perú, -reconocido por sus propias autoridades-, y segundo, las minas son de carácter defensivo no ofensivo, lo que técnicamente confirma lo anterior.
En breve, si las minas están ahí es responsabilidad de Perú.
Durante la campaña presidencial de 2006, el entonces candidato Ollanta Humala, en su versión etnopopulista – militarista en la ya conocida línea del CAEM, declaró que “no conocía Chile y que cuando viniera a Arica, lo haría en tanque”. En definitiva no vino; se podría pensar que las minas lo hicieron cambiar de opinión.
En su segunda campaña, y para sorpresa de muchos, surgió el Presidente Humala estadista, un gobernante serio, ponderado y moderno. Sin embargo de cuando en cuando le surgen regurgitaciones antiguas.
No está bien dirigirse a otro país en forma imperativa y estirando los argumentos para parecer razonable. Chile ha cumplido el tratado de Ottawa y lo seguirá haciendo, las admoniciones están de más. Si el señor Víctor Perlacios Canales conduciendo su taxi, de noche, se metió a Chile por un lugar no autorizado y perfectamente señalizado, en forma ilegal, subrepticia y atravesando un campo minado, cuya causa existencial ya analizamos, su muerte, siendo penosa y triste, es de su exclusiva responsabilidad o de quienes lo mandaron, como ese curioso camión lleno de militares peruanos al mando de un coronel que cruzó la frontera donde no hay minas, para después retornar muy orondo por el paso fronterizo Santa Rosa
Con motivo de la misma desgracia, por segunda vez, el Presidente Humala amenaza con no concurrir a Chile a la próxima firma de la Alianza del Pacífico -iniciativa promovida por el mismo Perú- en conjunto con Colombia y México,. Su ausencia sería -sin duda- lamentable, pero Chile ha hecho un largo camino sin el apoyo ni compañía de Perú y puede, perfectamente, seguir haciéndolo.
No creo que el Presidente Humala se haya retrotransformado en otro caudillo latinoamericano patriotero y chovinista; tampoco creo que esté presionando por el sacado de las minas para poder hacer (en forma segura) su anunciada visita militar a Arica, creo más bien, que se trata de un caso de oportuna mala memoria.

Políticos buenos v/s Economistas malvados

Son frecuentes los alegatos que vilipendian a los economistas como “hermeneutas sagrados de los mercados”, “tecnócratas insensibles” a las aspiraciones de los pueblos, “usurpadores» del rol que legítimamente les corresponde a los auténticos representantes del pueblo, y todo ello a la luz de la evidente quiebra de varias economías europeas o de los derroches insensatos de gobiernos populistas petroleros.
Los “mil euristas” españoles – jóvenes que ganaban mil euros (aproximadamente $650.000) mensuales, se “indignaron” contra el gobierno del socialista Rodríguez Zapatero porque no estaba cumpliendo el compromiso legal de otorgarles un empleo mejor remunerado y un departamento, justo cuando la economía española hacía crisis terminal y mostraba que no sólo no podía cumplir lo que había ofrecido sino que debía comenzar a retirar lo que estaba dando a sus ciudadanos.
¿Qué pasaba?; ¿es que Rodríguez era un pro capitalista voraz e insensible?; ¿es que no quería que los españoles fueran felices?; ¿sería que quería asegurarse de que PSOE perdiera por paliza las elecciones que se acercaban?.

A mediados del 2011 el nivel de endeudamiento – público y privado – de España era insostenible, la suma de ambos ascendía al 355% de su PIB – la cuarta mayor deuda del mundo desarrollado – con vencimientos por 300.000 millones de euros para el 2012. El recurso habitual de salir a pedir dinero prestado dejó de funcionar. Los organismos crediticios de todo tipo dejaron de creerles y cada vez les exigieron intereses más y más altos llegando al 7% y avanzando hacia cifras mayores. Los alemanes, mecenas habituales del bienestar social europeo, se cansaron de apoyar a países que se negaban a pagar sus impuestos, que gastaban más de lo que producían, que acortaban sus jornadas laborales, que alargaban sus vacaciones y vivían en niveles más altos que los que podían sustentar.
Los síntomas del problema español venían de antes, el 2008 la tasa de desempleo era 11%; en 2009, 18%; hacia fines de 2010 escaló a 20% en el tercer trimestre de este año la economía española dejó de crecer; la desocupación subió al 21,52% (5.000.000 de personas sin trabajo); y el déficit fiscal llegó al 8% del PBI.
En abril de 2011 se decidió un fuerte recorte del gasto público, U$S 19.048,5 millones, algo tremendamente impopular que hizo caer la imagen positiva del gobierno: se redujeron los sueldos a 2,6 millones de empleados públicos; se redujo la inversión pública y se suspendió la asignación de 2500 euros por cada recién nacido. Vienen medidas más duras, reducción de sueldos y salarios; aumento del IVA; reducción de prestaciones sociales, pero la peor noticia es que este esfuerzo se prolongará por varios años.

Las economías de los “estados de bienestar” están fallando y no aparecen otras soluciones que las criticadas “recetas” de los economistas malvados e insensibles.

El “sistema de bienestar” consiste en que el Estado debe hacerse cargo de proveer casi todo lo que pueda necesitar un ciudadano para ser feliz. Básicamente: trabajar 35 o menos horas por semana; disponer de más de un mes de vacaciones; jubilar a los 60 años o antes y con un alto nivel de beneficios. Mantener el empleo a todo evento aun a aquellos que tienen desempeño laboral deficiente. Disponer de servicios de salud y transporte de buena calidad a bajo precio o mejor gratis. Dar educación subsidiada o gratis a los estudiantes que se esfuerzan y también a los que no lo hacen. En breve, resolver las necesidades de Salud; Educación; Trabajo; Vivienda; Jubilación; Cultura; Protección a los desvalidos; Medio ambiente; Asistencia jurídica y varios Derechos Sociales, como integración social. Siempre y a todos.

En Europa las demandas de los ciudadanos aumentaron sin cesar sin que los gobiernos pudieran satisfacerlas ni convencer a sus ciudadanos de que no eran económicamente sostenibles. Los costos de la salud y de la previsión crecieron mucho más allá de lo esperado. Los beneficios sociales estimularon la inmigración masiva y así se creó un desbalance entre los derechos establecidos para los ciudadanos y la capacidad de los estados para financiarlos. La tendencia humana a trabajar menos y descansar más resultó imparable al igual que la tendencia de las autoridades a aceptar las peticiones de los electores antes que a rechazarlas.
Hoy día vemos como “los políticos” están siendo reemplazados por “los tecnócratas”. No es que los economistas les estén quitando sus cargos a los líderes políticos, es que éstos están escapando del desastre que hicieron.
Crearon demandas desbocadas, deterioran la oferta y desbalancearon el sistema.
Berlusconi, Papandreu y Rodríguez fueron derrotados por mercados que ellos mismos no quisieron controlar para complacer a sus electores a sabiendas que estaban yendo más allá de lo sostenible.
Los eventos en Grecia, Italia, España muestran a una clase política disfuncional e irresponsable. Que no nos vengan con el cuento de que ellos son víctimas de “las fuerzas del mercado”, en realidad son víctimas de su propia arrogancia e irresponsabilidad. Tenían el mandato y la legitimidad para gobernar y no lo hicieron. Se les pagaba para ser guías, no seguidores serviles de grupos de gritones.
Lo más patético: estos eran los gurúes que venían a criticarnos porque nuestro Estado no era suficientemente generoso, como el de ellos.