La región después de la Cumbre de Panamá

Fue un parto de los montes, los rugidos de Maduro que presagiaban un cataclismo telúrico terminó en una reunión “accidental” de 10 minutos con Obama en un salón cualquiera, para hablar generalidades que no concluyeron en nada. Abogó por los dineros de los siete funcionarios venezolanos que se enriquecieron ilegalmente y cuyas cuentas fueron congeladas por Obama, pero no obtuvo ni el menor resultado. Maduro recibió el apoyo del pintoresco Evo Morales de Bolivia; la presidente de Argentina Cristina Fernández y del inevitable Daniel Ortega de Nicaragua, un elenco de perdedores en proceso de extinción. Eso, mientras 25 ex Presidentes de América y España pedían la liberación de los presos políticos de oposición.

La excusa pueril de Maduro ante Obama: “él y sus simpatizantes no son enemigos de Estados Unidos, sino “revolucionarios apasionados” que quieren “construir la paz”.

A Evo, por su parte le pasó como al zorro hambriento de la fábula: después de saltar infructuosamente una y otra vez tratando de alcanzar y comerse el racimo de uvas rojas que colgaba de un árbol, debió alejarse mascullando ¡no importa, total, estaban verdes!. Obama no le prestó ni la mas mínima atención y la Cumbre no estaba para bollos marítimos.

Dilma Rouseff fue y volvió a Brasil a la carrera para no quedarse sin el sillón presidencial. Mas del 60% de los brasileños quieren que renuncie o sea destituida del cargo; sus pujos revolucionarios están de capa caída, tanto así que le dijo a Maduro que se abstuviera de forzar un conflicto con Obama o lo dejaría caer, tuvo que cambiar de bando y unirse a los presidentes que reclamaban la liberación de los presos políticos venezolanos. Parece evidente que el liderazgo regional de izquierda inaugurado por Lula naufragó en la crisis política, económica y social que Brasil vive en estos meses. Con una inflación del 7,5%, un desempleo del 6% y aumentando y con una perspectiva de crecimiento negativo de 0,9% no hay liderazgo posible.

Argentina vive su propio mundo, con la crisis del obscuro asesinato del Fiscal Niesman; el eterno caso Amia; el conflicto con sus acreedores internacionales y la crisis económica cada día mas profunda, tampoco está para liderazgos. Así y todo Cristina encontró la oportunidad de decir algunos desatinos.

La VII Cumbre de las Américas deja detrás de si el inicio de un probable cambio en el escenario regional. Los gobiernos “chavistas”, sea como comparsas o como usuarios de los exabruptos del extinto Chávez, se encuentran con la resaca de una fiesta en grande que duró demasiado y se gastó en exceso.

El abandono de la revolución por parte de Cuba, sellada con apretones de mano y alabanzas al presidente del Imperio por parte de Raúl Castro da la medida de la crisis del grupo. El inminente fin del flujo gratuito de petróleo desde Venezuela a los caribeños del Alba obligó a esos gobiernos a ir con sus cuitas donde Obama.

Castro el menor, con habilidad y oportunidad se las arregló para alejarse de Maduro, salvar la cara y quedar en el centro de la escena gracias a las negociaciones entre Colombia y las Farc que aloja en su isla y quedar en inmejorables condiciones para acoger la inversión cubano – norteamericana en su país al borde del colapso.

Los “gusanos” vuelven con sus bolsillos llenos de dólares y con probada habilidad para actuar como “capitalistas salvajes”.

La actuación política de los EEUU ha sido de manual. Puso fin a la añeja versión de la Guerra Fría aun vigente en el hemisferio y regresó a Cuba con el amor de los sufridos cubanos de a pié. El discurso de Obama renunciando al imperialismo y la intervención fue acogido con alegría por su auditorio cansado ya de insultarlos sin oficio ni beneficio.

Mostró a rusos, chinos e iraníes que esta es su región, la de EEUU, y que ellos son solo visitas exóticas. El envío de Bernard Aronson a La Habana para “acompañar el proceso de negociaciones entre las Farc y Colombia” es un palmetazo a los que intentan poner a China, Rusia e Irán como alternativa a su liderazgo regional. Y regresa poderoso y fuerte, económica, militar y políticamente fuerte. Tan fuerte que se permite ser benevolente y aceptar los insultos de Correa y las criticas de los “maduristas”, sin inmutarse e ignorarlos con un sonriente silencio.

Nuestro pobre país ni siquiera asistió al encuentro, quisiera creer que nuestra autoridades tuvieron pudor de mostrase en público. Hace ya muchos años que Chile no tiene política exterior y este gobierno no es el mas indicado para iniciarla. La indecorosa negativa de Bachelet a recibir a las esposas de los presos políticos en Venezuela y el vergonzoso silencio respecto a lo que ocurre en ese país es subrayado por los acuerdos parlamentarios en sentido contrario, dejándola en completa orfandad.

Vienen cambios, tomará uno o dos años, pero la región dejará de ser como es y nuevos vientos soplarán. Es de esperar que sean cambios para bien y no nuevas versiones del populismo que vengan a profundizar la miseria intelectual y moral en que la región se ha debatido en estos últimos quince años.

El posible “regreso” de los EEUU a la región, de prolongarse en el próximo gobierno norteamericano, sería un potente elemento disruptor del actual ordenamiento.