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Acerca de fernandothauby

Consultor en Riesgo país, Política y Seguridad Regional, Nacional y Estrategia

La Haya, Mar de Grau – Qwerty

El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) resultó una caja de sorpresas: Acogió todas las tesis chilenas: que existía un límite marítimo entre Chile y Perú reconocido por ambas partes; que dicho límite se originaba en el Hito N° 1 de la frontera terrestre y que dicho límite marítimo corría por el paralelo geográfico que pasa por sobre dicho Hito N° 1. En breve, Chile tenía razón en todo su planteamiento. Los peruanos que por sus propias razones esperaban una derrota moral para Chile, no encontraron satisfacción. Habíamos actuado de buena fe y con transparencia. Más aun, teníamos razón.

Peor, un hito de la diplomacia de la zancadilla como el muy mentado memorándum Bakula, resultó ser una anécdota intrascendente; la reiterada pillería de los diplomáticos peruanos de plantear una situación conflictiva al momento de retirarse de una reunión, por cualquier otro motivo, con un par chileno solo satisfizo su ego. Sus alambicadas creaciones cartográficas y la creatividad de su conspicuo Ministerio de Relaciones Exteriores (Torre Tagle) fueron duramente desmentidas y disectadas por una lógica jurídica implacable. Lo que Perú recibió no fue el producto de la destreza de Torre Tagle sino de la magnanimidad de la Corte. Un regalo.

Pero el fallo también sorprendió a Chile. Nuestro país fue a una corte de derecho y su caso fue fallado según criterios de equidad: satisfacer al desvalido que siempre tiene una nueva pedida.

Más allá del juicio que nos merezca el fallo de la CIJ, los chilenos fuimos a ella en cumplimiento de un compromiso libremente adquirido –el Pacto de Bogotá- nos sometimos a su jurisdicción y ahora sólo nos resta cumplir su fallo, como país formal y respetable que somos. Sin embargo, esta experiencia nos señala que la CIJ en sus fallos incluye criterios discrecionales –la equidad es un juicio moral o ético y por lo mismo subjetivo- que deja nuestros intereses nacionales entregados a su criterio y expuesto a su propia delimitación de competencias. En esa condición es mucho más válido recurrir al arbitraje u otro sistema de solución de controversias adecuado para cada caso, que siendo igualmente discrecionales, las partes puedan intervenir en la determinación de su composición, procedimientos y límites a su potestad.

Tan pronto como se leyó el fallo, las autoridades peruanas hicieron declaraciones cuyo propósito y exactitud merece análisis. El Presidente Humala se expidió sobre la naturaleza de las aguas entregadas por el fallo a Perú, señalándola como lugar donde su país ejercería “soberanía”. Aquí hay un error. El párrafo 178 de la sentencia dice “El agente peruano declaró, en nombre de su gobierno, que “el concepto de Dominio Marítimo” usado en la Constitución peruana es aplicado de forma consistente con las zonas marítimas definidas en la Convención de 1982. La Corte toma nota de que esta declaración expresa una adopción formal (de este concepto) por parte del Perú”.

Debemos recordar que la Constitución peruana establece que el dominio marítimo del Perú comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, (tratamiento de “mar territorial”) hasta la distancia de 200 millas marinas (Art. 54º), y declara que “ejercerá dicho control y protección … en una zona comprendida entre esas costas y una línea imaginaria paralela a ella y trazada sobre el mar a una distancia de doscientas (200) millas marinas, medida siguiendo la línea de las paralelas geográficas. Mediante Ley No. 23856 del 24 de mayo de 1984 el dominio marítimo del Perú pasó a denominarse “Mar de Grau”.

Durante este pleito, Perú ha declarado formalmente que para toda interpretación legal, ha renunciado a su pretensión de la “territorialidad” y acepta la figura de la Zona Económica Exclusiva de acuerdo a lo establecido en la Convención de 1982. Es decir, reconoce que sólo tiene derechos económicos sobre dichas aguas y que respeta la libre navegación y sobrevuelo a las naves y aeronaves de todas las banderas.

En breve, Perú no ejerce “soberanía” ni sobre los territorios marítimos recientemente otorgados por la CIJ ni sobre el ex – Mar de Grau.

No está claro si Torre Tagle consideró o explicó a sus conciudadanos este importante asunto, que toca a su Constitución.

Los alcances de este fallo, por lo tanto van mucho más allá de agregar algo de Zona Económica Exclusiva al mar peruano, sino que afectan a la condición jurídica de la totalidad de dicho espacio marítimo, que de un golpe, ha cambiado drásticamente de condición. Si esto es ganancia o pérdida para Perú es debatible, pero está claro que lo que Perú entendía por Mar de Grau ha dejado de existir.

 

Sin perjuicio de lo señalado, varias autoridades menores y muchos periodistas y comunicadores peruanos están intentando no solo desconocer el compromiso adquirido por su país, sino extender el criterio de “territorialidad” a su reciente adquisición territorial marítima. Este es el efecto qwerty, que dice que una vez que una idea se masifica, aunque sea mala y errónea, tiende a mantenerse inalterada, por mucho que se explique que es falsa. Chile está alerta sobre esta nueva muestra de creatividad. Es de esperar que nadie en Perú trate de ir más allá de lo prudente. Es hora de actuar como adultos.

 

Otro asunto interesante es el del triángulo comprendido entre el Hito N°1, origen de la frontera marítima y la frontera terrestre entre ambos países; el punto de corte entre el paralelo que configura el límite marítimo binacional y el borde costero y el punto 266 (Concordia para Perú) que señalaría el punto en que el semicírculo que determina el comienzo de la frontera terrestre, corta la línea de la alta marea. Este pequeño espacio de sólo 3,7 hectáreas parece haber concentrado toda la pasión de los que quedaron frustrados con el reconocimiento de las tres tesis chilenas por parte de la CIJ. Esto es una gran lástima pues representa transformar algo muy menor en un conflicto. La única explicación plausible de esta obcecación sería que el valor de ese pequeño territorio daría la posibilidad de conseguir el tan anhelado triunfo moral sobre Chile.

Personalmente, si estuviera a mi alcance, se lo regalaría a Perú como una muestra de comportamiento adulto y alma grande. Ese pequeño lunar ya ha suscitado al menos un intento de provocación, recordemos la “marcha de los reservistas” de Humala cuando aun no era presidente. La creatividad de nuestros vecinos podría reeditarla con los mismos eternos reservistas o con el “pueblo” y crear una situación conflictiva de mal pronóstico. La emboscada política ha probado ser un arma lícita, al menos para Alan García y su gobierno, por nombrar un ejemplo cercano.

Parece haber llegado el momento de que algunos círculos peruanos cesen en sus provocaciones. Todo tiene su límite. Calma y parsimonia no significan impotencia y si alguien está pensando en reeditar a García y burlarse nuevamente de Bachelet, creo que comete un grave error, tal vez irreparable.

El castillo de naipes se derrumbó y la Corte descartó por completo la entelequia. Es hora de hablar en serio. No más “engañamuchachos”, como dicen el Lima.

La Haya – No mas autoelogios, hora la autocrìtica

En su serie “Chile y Perú en La Haya”, José Rodríguez Elizondo, uno de los mejores conocedores de las relaciones entre ambos países, hace un recuento de las acciones con que Alan García  inició el proceso que nos llevó a La Haya, que resumo más o menos así: El año 2006, García reconoció que se encontraba en un brete. En su accidentado y nada memorable primer mandato había abierto un frente de conflicto con Chile que no lo beneficiaba en su nuevo intento presidencial. Concluyó que su mejor opción era “encapsular” el diferendo y dejarlo en el limbo, sin abjurar de su judicialización y a la vez sin avanzar en la crisis. En palabras de Rodríguez: “Si Bachelet aceptaba el desafío, podría crearse un contexto “win-win”. Ni ella apostaría la soberanía chilena a un fallo judicial, de pronóstico incierto por definición, ni él se expondría a un fallo que lo aislara y/o acogiera la fuerte posición jurídica de Chile. ¿Y si Bachelet no cotizaba su oferta?… Elemental: diría que la arrogancia chilena justificaba la demanda, arremetería con todo su peso –que ahora no era poco- y quedaría absuelto ante la Historia”..

García tenía un problema de tiempo. Debía amarrarlo todo antes instalarse. Se agendó una cumbre informal con Chile, recién electo vino a Santiago, pero Bachelet no recogió el guante y García regresó a Lima decidido a llevar a Chile a La Haya. “En definitiva, Bachelet se mantendría en la línea de Lagos, mientras García retomaba, en lo fundamental, la política agresiva de Toledo”. Hasta aquí Rodríguez.

García comenzó con una serie de declaraciones hostiles desafiando a Chile a una competencia económica dura. En medio de esta ofensiva, la Cancillería chilena intervino innecesariamente señalando al Hito 1, ya cuestionado por Perú, como el primer referente geográfico que delimitaría la nueva región de Arica – Parinacota. García aprovechó el desacierto y presionó a Bachelet para que retirara la indicación, ya que “en caso contrario, él se vería obligado a demandar (a Chile) ipso facto, acosado como estaba por los nacionalistas”. Chile echó pié atrás afirmándose en que el Tribunal Constitucional, “dictaminó que la indicación era nula por motivos de forma”. García remachó su triunfo haciendo trascender que aquello “no lo dejaba satisfecho”.

Hasta ahí estaba claro que la iniciativa la llevaba García y que Chile estaba siguiendo su juego, con nuestra Cancillería “atajando los penales” a medida que él los pateaba.

Y el proceso continuó: Emprendió una campaña contra la imagen internacional de nuestro país: Chile un mal vecino. En este contexto se sitúa su fantasiosa propuesta de un “pacto de no agresión” entre los dos países, tratando de mostrar a Chile como un país agresor. El gobierno peruano, consciente de la buena imagen de Chile emprendió una campaña comunicacional global para minar esa reputación. Para ello, -nos informa El Mostrador-, contrataron a la Agencia de Comunicaciones Interimage Latinoamericana, S.A., con sede en Miami, de propiedad del guatemalteco Julio Ligorría, reconocido lobbista internacional, por un pago anual de US$ 200 mil más gastos y otros ítems reservados. Como se puede ver, una cifra bastante modesta dentro de la importancia del tema. Ligorría en persona asesoró al gobierno limeño. Acudió en varias oportunidades al Palacio de Miraflores y a Torre Tagle para presentar el plan, la estrategia e incluso los contenidos, los que, una vez construidos, eran difundidos tanto por Perú como por Interimage actuando en nombre del Perú. García perseveró en su plan.

Trató a Chile de “envidioso”, “republiqueta” y otros epítetos provocadores. La presidente Bachelet conservó la calma y no lo siguió en ese camino.

La inoportuna explosión de un caso de espionaje vino a empeorar la situación y el broche de oro lo puso García abusando de la buena fe de Bachelet cuando se comunicaron por teléfono para tratar el caso del desatinado general Donayre. García decidió dar explicaciones por los exabruptos alcohólicos del militar antes de que el gobierno chileno se enterara. Con Bachelet al teléfono le aseguró que Donayre no seguiría en funciones y ella dio por superado el incidente. Incluso declaró a los medios que entre ambos habían desactivado un tema explosivo. Bachelet ignoraba que el diálogo había sido compartido con todo el gabinete peruano y que el general no se iba por sanción, sino porque ya había iniciado su expediente de jubilación. Cuando se enteró de la burla, llegó el fin de la amistad que quedaba y el asunto se tornó personal.

El 16 de enero de 2008 Allan Wagner –designado agente del Perú- presentó la demanda en La Haya. Entretanto Chile se encontraba en un proceso de negociaciones con Bolivia con una “agenda sin exclusiones” de 13 puntos, acordada en julio de 2006. En realidad Chile se interesaba en los 12 puntos referidos a diversos temas de cooperación, drogas, confianza mutua y negocios y Bolivia en uno solo: como obtener una salida soberana al mar. En el lapso comprendido entre 2007 y 2009, es decir simultáneamente a los hechos entre Perú y Chile señalados anteriormente, dos comisiones de los gobiernos de Evo Morales y de Bachelet se reunieron casi en secreto para buscar alternativas de solución a la aspiración marítima boliviana. Se habría considerado un enclave en Tarapacá, en una zona ubicada al sur de la Quebrada de Camarones y al norte de Iquique. La fórmula «sin soberanía» que se debatió sorteaba las obligaciones del Tratado de 1929, que dispone que Chile deba consultar a Perú antes de ceder parte de ese territorio nacional, sin perjuicio de lo cual el lado boliviano, desde un comienzo, dejó claro que la propuesta tenía que contemplar “el terreno para construir una ciudad, un aeropuerto, carreteras y una playa” y que constituía “un primer paso que debía culminar en la cesión de la soberanía del enclave”. El enclave ofrecido el año 2007, que tuvo variaciones entre ese año y el 2009, se lo menciona ubicado “al Norte de Iquique”; en “Mejillones del Norte” cercano a Pisagua; “en un punto al Sur de la Quebrada de Camarones” y en “Tiliviche”. En Chile no se supo nada de esto, por lo que hay que referirse a la información boliviana: el Vice Canciller de ese país Hugo Fernández explica que “El primer semestre del año 2009 una delegación de tres técnicos del gobierno de Bolivia viajó en forma reservada a la provincia de Tarapacá donde se reunieron con funcionarios de la Cancillería y de la Dirección de Fronteras y Límites (de Chile). Los técnicos viajaron en un transporte regular, vestidos como personas corrientes, los esperaron en Iquique y después fueron en helicóptero al lugar del enclave”. “El viaje duró tres días y la comitiva boliviana se respaldó con mapas y documentos topográficos para inspeccionar las características del terreno y las potencialidades de tal enclave”. “Hay un documento en el que se menciona la visita conjunta sobre la cual se hizo un estudio específico para luego ser elevado como acta de una posible solución”. Según algunos medios periodísticos bolivianos habría habido un segundo viaje. Esta oferta de Chile a Bolivia constituía un fuerte golpe al Perú, -que sin duda se enteró de inmediato y en detalle de la movida-, sin embargo García no recogió el guante y sin darse por aludido siguió sin cambios su maniobra en la Haya. Aquí podemos identificar dos momentos. Primero entre 1977, fecha de inicio de las conversaciones con Bolivia y el 16 de enero del 2008, fecha de la presentación de la demanda peruana. Aquí se puede entender la oferta chilena de un enclave a Bolivia como una forma de presionar a Perú para no llevar a Chile a una demanda en La Haya y segundo, entre esa fecha y los viajes de la comisión boliviana a Tarapacá para visitar el posible enclave, en que ya no había efecto disuasivo posible por cuanto la demanda estaba presentada y solo conseguía agudizar el conflicto con Perú … salvo que se jugara con la idea de “patear el tablero” y meter a Bolivia en la disputa con Perú a cambio de un enclave temporalmente sin soberanía pero con la intención de cambiar esa condición a futuro para crear una nueva situación geopolítica. Era un juego rudo, pero válido.

García jugaba al límite: según la prensa peruana habría manifestado que “no había que hacer enojar a Chile porque se iban a llevar sus inversiones (en Perú) y devolvernos a los compatriotas que viven allá”. Lo de las inversiones es más amplio: que el gobierno de Bachelet se llevara “las inversiones chilenas en Perú” era un problema, sin duda, pero más problema para él era que en Chile se apretara a los inversionistas peruanos para obligarlos a “irse”, lo que le crearía una crisis política interna con los grandes empresarios de su país. Desde otro punto de vista, García estaba identificando las dos vulnerabilidades que Chile podía explotar para disuadirlo de continuar con su intento de llevarlo a La Haya -las inversiones y los migrantes-. Las siguientes acciones del gobierno chileno, con las informaciones disponibles, resultan incomprensibles. García predicaba en pro de “las cuerdas separadas”, es decir la tramitación de la demanda en La Haya por un lado y las relaciones bilaterales por otra y el gobierno de Chile se oponía alegando que las relaciones entre los dos países eran integrales y únicas, es decir no se podían separar los temas. Sorprendentemente, el Gobierno de Bachelet por voluntad propia separó la demanda en La Haya de los dos problemas que atemorizaban a García y que constituían el capital de nuestro gobierno para intentar disuadirlo de seguir adelante: primero con la firma del Tratado de Libre Comercio del 2007 y luego con la Reforma Migratoria del 2008, con lo que puso a cubierto los dos flancos expuestos de Perú.

Así las cosas se inició el gobierno de Piñera y concluyó el de García. El proceso de La Haya estaba en marcha y ya era indetenible. Continuar las negociaciones -por el enclave- con Bolivia no aportaban nada y suponían hipotecar irremediablemente la futura relación con Perú, aun cuando el fallo de La Haya fuera positivo para Chile.

Piñera estableció su propia estrategia: Jugaría al establecimiento de un futuro compartido con Perú, cualquiera que fuera el fallo en La Haya. Puso en marcha tres líneas de acción: No negociaría soberanía ni enclave con Bolivia. La segunda, pese a la asimetría estructural del contencioso, Chile cumpliría cualquier fallo y la tercera, que frente a Perú actuaría en “cuerdas separadas” mientras se ventilaba el pleito. Lo demás es sabido.

De esta saga puedo extraer seis conclusiones significativas: la primera, es que en Chile carecemos de un sistema de planificación y conducción estratégica integrada acorde a la velocidad y complejidad de las relaciones internacionales en el siglo XXI; segundo, que la propuesta del futuro gobierno de Bachelet respecto a que “Una concepción moderna e incluyente de nuestra acción internacional requiere de un Sistema Integrado de Política Exterior”, que provea un diseño y visión estratégica a la Política Exterior, constituye una aproximación correcta y oportuna para comenzar a solucionar ese déficit. Tercero, que la conducción de la política exterior no es un problema jurídico sino político. Sin duda contiene y debe considerar los elementos jurídicos, pero en función de la acción política, de poder; cuarto, que los críticos de la política exterior del gobierno de Piñera deben comenzar por explicar sus propias acciones frente a Perú, Bolivia y su sorprendente debilidad ante Argentina, algunas de las cuales resultan incomprensibles con la información disponible y que el conjunto de ellas constituyen un fracaso integral. Cinco, el problema con Perú y Bolivia no puede seguir siendo postergado y requiere que sea enfrentado con honestidad y decisión. Chile no puede, en su actual condición de poder nacional aceptar ser ignorado, insultado, presionado y burlado impunemente. El primer paso es poner fin a nuestro compromiso con el Pacto de Bogotá y recuperar el control sobre nuestra política exterior. Un país que no se hace respetar no merece respeto, y sexto, el parámetro central de la política exterior de Chile es su interés nacional permanente, no las preferencias ideológicas de sus administradores transitorios y en eso la opinión pública debe estar vigilante, porque Chile es de todos los chilenos y no del Gobierno de turno.

 

 

 

Relaciones frías y distantes

Desde hace algunas semanas diversos medios periodísticos han estado acogiendo y difundiendo un tipo de análisis de las relaciones exteriores de Chile que se parece mucho a una campaña de desinformación.

Un resumen comprehensivo y completo de los argumentos presentados por la izquierda fue expuesto por Luis Maira, que fuera embajador en Argentina. Al término de su exposición ante el Consejo Chileno para las RR.EE., al cual a la prensa no tuvo acceso, Maira le planteó directamente a Piñera las críticas que la diplomacia vinculada al  «Acuerdo Político Programático Nueva Mayoría»ha realizado a la política exterior del actual Gobierno. En ausencia de una fuente neutral, tendré que referirme a la versión de Carlos Ominami, que comparte el análisis de Maira.

Según la prensa Ominami reveló que quedó planteada una controversia, “hay una diferencia importante de apreciación entre el balance que hace el Presidente y el balance que hacemos muchos otros”. Maira habría dicho que «si uno hace un balance a la evaluación de América del Sur, nos vamos a encontrar con que hay un conflicto con Perú, tenemos un conflicto abierto con Bolivia, perdimos una relación privilegiada con Ecuador, tenemos las relaciones más o menos congeladas o en un bajo nivel con Brasil y Argentina».
Es un análisis difícil de entender, sobre todo proviniendo de una persona que ha tenido una función diplomática

En efecto, si revisamos los dichos de Maira, encontramos que en su primer juicio, -la existencia de un conflicto con Perú-, podemos constatar que éste tiene una larga data y que su agudización ocurrió, precisamente, durante el gobierno anterior, de Bachelet, en el cual Maira jugó un importante papel. La pretensión de los diplomáticos de izquierda de agudizar el conflicto con Perú mediante una actitud hostil, por su “comportamiento inamistoso” –que lo fue, y mucho- hoy nos tendría enfrentando un epílogo jurídico -al que nunca debimos haber llegado-, en medio de una fuerte tensión internacional. Si Maira creía que resolver este conflicto por las armas era la solución, pudo haberlo expuesto en su momento. No lo hizo. Las bravatas no ayudan a nada, sobre todo las bravatas después de la crisis. Por lo demás, si de acuerdos estratégicos se trata, Maira debe recordar que Perú firmó un acuerdo estratégico militar con Gran Bretaña, como reconocimiento a ese país por no bloquear el acceso de sus buques a las Falkland. Al revés de Chile que se ha sometido a todos los caprichos y exigencias de la familia Kirchner y se ha distanciado de un verdadero amigo, Gran Bretaña.

Respecto al “conflicto abierto con Bolivia”, también es de larga data. El gobierno de Bachelet intentó controlarlo mediante la “Agenda de los 13 puntos, sin exclusiones”, que concluyó en una sorprendente y casi secreta oferta de un enclave en territorio nacional, que además de provocar a Perú sin oficio ni beneficio, no contribuyó en nada a mejorar las relaciones con Bolivia. Por el contrario, el reto de Morales a Bachelet de que no acreditaría como socialista si no se retiraba de la Alianza del Pacífico, es toda una muestra de lo bajo del nivel a que llegaron las relaciones bilaterales. El gobierno de Piñera mantuvo “relaciones distantes” con Bolivia, que probablemente sea lo mejor que se pueda lograr con el Chamán de Bolivia.

“Perdimos una relación privilegiada con Ecuador”. Si alguna vez lo fue, con Correa eso no existió. Correa está movido, primero, por una ideología socialista anticuada y dogmática, intentó y logró estrujar a Chávez y lo secundó en su apoyo a las FARC de Colombia. Negó a Chile tres veces, igual que otro célebre personaje. Y lo más trágico es que fue ingrato y mal amigo con Chile antes y durante el gobierno de Piñera, antes incluso a que Perú decidiera arrastrarnos a La Haya.

Las relaciones con Brasil son las de siempre. A ratos Brasil parece querer súbditos y no amigos las reiteradas visitas de Aurelio García a dar instrucciones asi lo parecen.

Chile hace lo que ellos quieren o dejan de “amarnos”. Es oportuno recordar que su primera y gran rabieta fue por el no ingreso de Chile al Mercosur, durante un gobierno de la Concertación, en circunstancias que los presidente de ambos países eran ideológicamente cercanos y amigos. Así fue y así sigue. Ahora su molestia fue exacerbada por la Alianza del Pacífico. Esta comenzó siendo ninguneada y dejada de lado, pero como continuó avanzando cundió la frustración. Pero eso es problema de Brasil, cuando se les pase, las relaciones mejorarán. En mi opinión Brasil es un caso de marketing demasiado exitoso. La izquierda local saca a colación el viaje de Dilma Rousseff a Lima para formar un “acuerdo estratégico” con Perú. Brasil y todos los países de la región se lo pasan firmando acuerdo estratégicos, es la política de los gestos, la política de las palabras que nunca se materializan en nada. Brasil le dio cuerda a un acuerdo estratégico firmado con Perú hace como diez años donde nunca pasó nada, ahora lo sacan del cajón, lo firman de nuevo y listo. Y los chilenos se alarman.

Brasil tiene un gravísimo problema de infraestructura. Los camiones hacen filas de 40 kilómetros para entrar al puerto de Sao Paulo, no está para construir una carretera trans – amazónica si ni siquiera pueden construir un ferrocarril entre Rio y Sao Paulo. Es cierto las izquierdas son grandes amantes de los gestos y los dichos, pero un poco de realismo nunca sobra.

La política exterior de Argentina es un caso aparte. Tabaré Vásquez, de Uruguay, izquierdista de credenciales incuestionables fue arrinconado y “apretado” por Kirchner con todas las de la ley por lo de las plantas de celulosa en el río Uruguay. Una patota financiada por el gobierno argentino mantuvo bloqueado el acceso al puente binacional en Gualguaychú causando un enorme daño a la economía uruguaya. El tema siguió con José Mujica: teniendo que elegir entre dos desgracias es célebre su preferencia por “El Tuerto” que por “La Vieja”. Cristina peleó con Dilma, con la UE, con España, con EEUU, con Gran Bretaña. Estoy seguro que el Maira recuerda los tristes días en que Argentina desconoció los contratos de venta de gas a Chile, que además hizo con malos modales y con mentiras. La verdad es que con la Argentina de los Kirchner es mejor tener una relación fría que no una caliente como la que ellos tienen con medio mundo. Lo mismo vale para Maduro de Venezuela.

Para la izquierda chilena Colombia y México no cuentan como amigos. Pura ideología.

Es cierto que los chilenos tenemos mala memoria y no somos muy vivos, pero, por favor, no abusen. Por lo demás, el que Chile fuera elegido miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas indica que no está aislado, ni carece de liderazgo ni buena imagen internacional.

 

Chile, el Invitado de Piedra y Unasur

 Rafael Correa, de Ecuador, nos ha informado que este primer trimestre viajará a Cuba para participar en la cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac) y  luego vendrá a Chile. Como sorpresa nos trae un negocio: nos va a ofrecer la venta de energía eléctrica renovable. El vicepresidente ecuatoriano, Jorge Glas, lo explica así: “Estamos realizando los estudios del sistema de interconexión eléctrica andina. Con la producción de las hidroeléctricas ecuatorianas podremos exportar energía eléctrica”. Con ese fin, tiene previsto construir ocho hidroeléctricas hasta 2017, con una inversión de unos 5.000 millones de dólares.”Tendremos una matriz energética situada entre las más amigables con el ambiente. El 93% de nuestra energía provendrá de hidroelectricidad, energía renovable que no contamina”. Nadie le ha dicho que en Chile la Izquierda considera anatema a la energía hidroeléctrica.

También vendrá para la toma de posesión de Bachelet: “Vamos a tener viajes para posesión de mandos en países amigos”, dijo el Mandatario con ocasión de su informe semanal, durante el cual anticipó la planificación de sus giras internacionales para el año 2014. “Todo esto ya está agendado, planificado como debe ser. No está grabado en piedra, es flexible, puede retrasarse, adelantarse un viaje, puede anularse”. Curiosa reflexión respecto a su eventual anulación. Será que podría dejar de interesarle asistir, también podría ser una forma de dejar claro que su presencia se producirá sólo si el gobierno de Chile se hace acreedor a su augusta presencia, aunque también podría ser que no lo inviten y tenga que quedarse en su casa.

Este mensaje llega justo detrás del recado del Chamán de Bolivia, Evo Morales –que va para su tercera reelección para completar 14 años de gobierno–, quien, justo antes de su viaje al funeral de Alba, notificó a Bachelet que la prueba de fuego de la autenticidad de su filiación socialista pasa por su adhesión a Unasur y Alba y su abandono de la Alianza del Pacífico.

Correa dice que viajará a países amigos entre los cuales se encontraría Chile. No es tan así. Correa ha sido inamistoso con Chile tanto durante el pleito al que nos arrastró Perú como con su estrepitoso apoyo a Morales durante su reciente visita a Bolivia, que también ha demandado a Chile. La uniformidad de su comportamiento desafecto hacia Chile se ha dado tanto habiendo gobiernos de Izquierda como de Derecha; pareciera que su desamor es hacia Chile, como país, más que hacia gobiernos. Sorprendente si se considera que Ecuador es un país que ha recibido múltiples y variadas muestras de apoyo y afecto del nuestro, tanto en situaciones normales como en situaciones complicadas, por ejemplo la guerra que sostuvo contra Perú, su nuevo mejor amigo. Me parece que, si no viene, no habrá lágrimas por su ausencia, más bien al revés.

Pocos días después, su canciller, Ricardo Patiño, manifestó que “la reelección de la socialista Michelle Bachelet como Presidenta de Chile permitirá el fortalecimiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se ha visto debilitada”, también señaló que “la muerte del mandatario venezolano Hugo Chávez, en 2013, afectó el proceso de integración de Latinoamérica, pero confía en que se retome en 2014”, y admitió que en el organismo “existió un cierto debilitamiento como consecuencia de los problemas en torno al funcionamiento de la secretaría general”, ya que “el ex ministro venezolano Alí Rodríguez, que concluyó su periodo de funciones en julio pasado, fue un “extraordinario” secretario de la Unasur, pero “desafortunadamente, por sus problemas de salud, la dinámica que se llevaba se ha debilitado de alguna forma”.  También lamentó que “no se haya llegado a “un adecuado consenso” para nombrar al próximo secretario. “Eso, hay que reconocerlo, ha generado que la dinámica que se llevaba se ha debilitado de alguna forma”.

En breve, se murió Chávez, se acabó la plata. Alí Rodríguez, sin plata, no sirvió para nada, no tenía nada que regalar. No se han podido conseguir un candidato a Secretario General porque Unasur es un muerto que nadie quiere cargar.

Hay que recordar que Unasur fue un invento de Chávez, Brasil se lo escamoteó y con él jugó un juego feo: “Líder de los antiimperialistas” frente a Sudamérica y “Estado responsable que controla los desbordes de Chávez” frente a EE.UU. y Europa. Hoy Unasur es un huerfanito y Brasil, que es el que de veras mangonea, desea que Bachelet le haga de testaferro. Si Correa espera que Chile reemplace a Venezuela como mecenas político y económico de Unasur es que está completamente perdido respecto a la situación real chilena. Bachelet va a necesitar cada centavo para pagar todas sus promesas. No hay dinero para financiar proyectos  populistas.

Estos hechos son aun más interesantes si los miramos a la luz del programa de Gobierno de la Izquierda. El texto es una obra maestra de la pirueta diplomática para quedar bien con todo el barrio. Dice:

1.- “El eje de la política internacional del siglo XXI está en el Pacífico”. Es evidente para todo el planeta, no podría ser de otra manera.

2.- “La política exterior de Chile en el próximo gobierno debe contribuir a lograr una mayor unidad regional”. Deseable, pero ¿cómo?, ¿en torno a qué proyecto?

3.- “Debemos fortalecer nuestra participación en los distintos mecanismos de integración actualmente existentes en América Latina y, en especial en América del Sur”. Mercosur se murió y Alba agoniza. Cada uno de sus miembros va para su lado. ¿Cuáles son los mecanismos existentes en la realidad?

4.- Hay que impulsar puentes de entendimiento por sobre diferencias ideológicas y subregionales. ¿Con Maduro? ¿Con Cristina? ¿Con Morales? Con Dilma no hay problemas si le obedecemos en todo.

5.- “En este marco, valoramos los esfuerzos de integración en la Alianza del Pacífico, pero nos abocaremos a orientar nuestra participación en esta iniciativa en una perspectiva no excluyente o antagónica con otros proyectos de integración existentes en la región en los que Chile también participa. Asimismo, recuperaremos el impulso inicial de la Alianza, como una plataforma comercial para proyectarse colectivamente en la región asiática”. Bien. La Alianza del Pacífico no excluye a nadie, pero no puede incluir a países que insisten en las fracasadas políticas económicas de Mercosur. Mercosur nunca podrá integrarse con Asia, ya que su estrategia de desarrollo es cerrada, estatista y proteccionista.

6.- “Chile ha perdido presencia en la región, sus relaciones vecinales son problemáticas, se ha impuesto una visión mercantil de nuestros vínculos latinoamericanos y se han ideologizado las opciones de inserción externa”. La verdad es con Perú y Bolivia se pusieron más problemáticas durante el anterior gobierno de Bachelet y Kirchner tiene relaciones problemáticas hasta con el Papa. Lo “mercantil” ha sido una descalificación recurrente respecto a la “política de las cuerdas separadas” con Perú, pero no vale más que como un recurso político electoral y la ideologización ha corrido por cuenta de los chavistas y no de Chile.

7.- “Más aún si se constata que la importancia de esta región se ve reforzada por la contribución estratégica que ésta podría aportar a las proyecciones de nuestro país en América Latina y el Caribe, en general, y con América del Sur, en particular. Para ello, Chile debe consolidar su condición de ‘país puerto’ y ‘país puente’ entre las naciones latinoamericanas del Atlántico Sur y el Asia Pacífico, lo que requiere mejorar la interconectividad, aumentar la capacidad de nuestros puertos y perfeccionar nuestros servicios. Chile está en condiciones de desempeñar un rol de vínculo entre las economías de ambas orillas del Pacífico, aprovechando las fuertes relaciones comerciales que tenemos en la región, así como nuestra extensa red de tratados de libre comercio. Por ello, favoreceremos vínculos colectivos latinoamericanos con ASEAN”. ¡Brillante!, es una gran oportunidad para Chile, pero es difícil que pase mientras Mercosur no abandone sus políticas económicas fracasadas.

En la Izquierda chilena existe una idea curiosa. Venezuela, Argentina y Brasil son Latinoamérica; Colombia, Perú, Chile y México no lo son. Si estamos con los primeros, estamos acompañados, si lo hacemos con los segundos, estamos solos y aislados. Raro. La Nueva Mayoría trae consigo una Nueva Geografía.

Pero lo peor es que parece olvidar que la propuesta es irreal. Les ofreceremos un acceso a la globalización a los países que no quieren globalizarse. Es como tratar de venderles helados a los esquimales.

No sabemos qué ocurrirá, pero definitivamente va a ser interesante.

Chile y Bolivia – Política de Estado

La Asamblea de Naciones Unidas, se reunió a comienzos de la presente semana en Nueva York donde Evo Morales volvió a expedirse sobre varios tópicos. Previo los insultos de rigor a nuestro país, a nuestro gobierno y a sus diplomáticos, recordó que Bolivia acudió a la Corte Internacional de Justicia para que obligue a Chile a negociar de manera “oportuna, efectiva y de buena fe” un acceso soberano al mar para Bolivia. Propuso la creación de un “tribunal de los pueblos” para juzgar a Barak Obama por “delitos de lesa humanidad” y exigió el traslado de la sede de las Naciones Unidas “a cualquier otro país del globo”. En breve, el tipo sigue comportándose como si el mundo fuera El Alto y sus habitantes tuvieran toda la paciencia del mundo para escuchar sus payasadas.

Pero hay mucho más. Evo Morales no es “Bolivia”, es solo un presidente más y Bolivia es nuestro vecino y lo será hasta el fin de los tiempos. Bolivia actual es un estado rudimentario y sus instituciones funcionalmente inexistentes, pero esto no será así para siempre y en el intertanto, debemos mantener una relación civilizada con ese país y con quienes lo gobiernen. Las políticas de Chile han variado a lo largo del tiempo desorientando a nuestros interlocutores bolivianos y dando pié a su creencia en curiosos “derechos expectaticios”.

Parece fundamental acordar una política de estado que establezca con claridad que queremos y como actuaremos en nuestra relación con ese país. A continuación les someto algunas ideas para enfrentar, en el largo plazo, este incordio.

En términos generales caben tres posibles alternativas de relacionamiento con Bolivia:

Ignorarla: Esta opción implica dos pérdidas: no beneficiarse del potencial de comercio e inversión existente en ese país y privar a la I y II regiones de la actividad económica transfronteriza que le puede aportar dinamismo y ganancias. Implica también el peligro de que el problema de la droga; la delincuencia; el terrorismo;  el tráfico de armas y el desgobierno terminen traspasándose a Chile, más allá de todas las barreras que interpongamos.

Debilitarla: Esta opción incluye apoyar las fuerzas centrífugas que existen en ese país y contribuir a su desmembramiento nacional. Esta alternativa apuntaría a establecer una relación positiva con la región sur de Bolivia donde existen algunas posibilidades de cooperación. Existe el grave riesgo de que se instale, en el corazón de Sudamérica una zona de inestabilidad y anarquía permanente.

Cooperación e integración: Parece ser la opción más conveniente, ya que es la que avanza más rápida y seguramente hacia la promoción de nuestros intereses nacionales, la que parece menos difícil de conseguir y la más ética.

Una política de Estado

Chile requiere objetivos de largo plazo, estables, acompañados de la constante revisión de sus objetivos de mediano y corto plazo y del empleo de sus recursos de poder.

¿Qué queremos en Bolivia?

En Chile no existe la intención de imponer un diseño geopolítico, ideológico o hegemónico a Bolivia. Chile tiene en ese país intereses concretos que derivan principalmente de la vitalidad económica y empresarial de nuestra sociedad y de sus necesidades de desarrollo, a nivel nacional y de dos regiones específicas, y como se señaló la mejor vía para lograrlo pasa por la cooperación e integración.

¿Cuál es entonces el “estado final deseado?, ¿La situación final que deseamos establecer y mantener respecto a Bolivia en el largo plazo?.

Esa situación podemos caracterizarla como de “Amigos y Socios en el desarrollo y la modernidad”, es decir una situación en que Bolivia sea un estado democrático, bien estructurado, con instituciones sólidas, en pleno control de su territorio, con participación activa en la Cuenca del Pacífico, con valores sociales y políticos compatibles con los nuestros, próspero y amistoso hacia Chile. Una Bolivia en la cual los chilenos puedan hacer negocios y viceversa en una forma fluida, que haya una fuerte corriente de intercambio y cooperación política, social, educacional y de seguridad.

Alcanzada esta situación, la aspiración marítima boliviana posiblemente podrá seguir existiendo, pero en un marco de interdependencia económica y de sintonía política que permitirá buscar y encontrar un acuerdo que entonces si podría ser factible y duradero. Este acuerdo deberá ser mutuamente conveniente, y conllevar un beneficio evidente para ambas partes, lo que en el caso de Chile no puede ser algo como “el gas”, necesidad coyuntural no comparable a algo permanente como “el territorio”, y sobre la base de que Bolivia tiene una “aspiración marítima” y no “un derecho al mar”.

Para considerar el diseño de una estrategia es necesaria la identificación de los objetivos sobre los cuales es necesario establecer un grado de influencia que permita el avance hacia el “estado final deseado” sin obstrucciones graves.

 

Objetivos y líneas estratégicas

Favorecer la toma del control político y económico de Bolivia por parte de un grupo social con intereses y valores compatibles con los nuestros. Por lo señalado anteriormente, esto pasa por establecer alianza con la clase media emergente, facilitando, apoyando y reconociendo el avance de este grupo político y socio económico.

Reducir la conflictividad de la elite actualmente dirigente: esto transita por cooptar a la elite dirigente de la Paz, apoyándonos en su interés en modernizar y desarrollar la economía boliviana. Apoyar y cooperar en el ámbito económico con la elite dirigente del Sur de Bolivia. Reconociendo sus diferencias con la Paz, apoyando su desarrollo y fortaleciendo los intereses comunes, políticos y económicos.

Construir puentes de cooperación directa con los grupos indígenas y sus organizaciones, contribuyendo a su desarrollo económico y social en el nivel comunitario e individual. Reemplazar en la relación, una percepción de egoísmo y autobeneficio de Chile, por otra de generosidad y beneficio mutuo. Identificando y destacando objetivos intermedios comunes: Lucha contra el narcotráfico, reducción de la pobreza, difusión de la educación, promoción de la salud, mejorar las condiciones de habitabilidad.

Proyectando nuestro progreso nacional como una oportunidad para compartir nuestros logros y capacidades: Acceso de su economía a la Cuenca del Pacífico, a los beneficios que entregue la Alianza del Pacífico, apoyo a su ingreso a TPP y apoyo a sus negociaciones de tratados comerciales. Favorecer la modernización del sistema político boliviano, y propender a su estabilidad política alrededor de un sistema económico de libre mercado.

Recursos de poder

Para obtener los objetivos señalados Chile cuenta con recursos de poder de diverso tipo: Clase media amplia, establecida y que comparte el poder económico, que ejerce el poder político a través de partidos políticos sólidos y bien organizados. Clase empresarial emprendedora. Política económica que funciona y genera crecientes beneficios sociales. Sistema educacional privado y público de buena calidad, interesado en la cooperación internacional. Una red amplia y cooperativa de organizaciones académicas. Fuerza militar efectivamente disuasiva. Amplia gama de organizaciones de la sociedad civil con práctica y experiencia en la materialización de acciones de solidaridad social.

Consideraciones Finales

Para la existencia de una política de Estado frente a Bolivia es fundamental identificar objetivos de largo plazo y dar orientación y coherencia a los objetivos y las estrategias de mediano y corto plazo.

La proposición de soluciones a la aspiración marítima de Bolivia, inspiradas en el manejo de crisis coyunturales, solo lleva a complicar el tema sin resolverlo, y genera expectativas imposibles de satisfacer por parte de Chile sin vulnerar gravemente sus propios intereses nacionales.

Los aspectos críticos de nuestra relación con Bolivia son políticos,- la ausencia de interlocutores válidos en ese país,- y cultural,- la incapacidad de comunicarnos eficientemente -. Chile no puede resolver esos déficits por si solo, requiere que ocurra un cambio en Bolivia.

Está de moda que los débiles tengan más derechos que los fuertes. Pero las cosas tienen límites, Bolivia no puede pretender prolongar la extraña situación de pretender negociar con Chile y no tener relaciones diplomáticas. Esta es una condición sine que non.

Este asunto, ¿interesará para algo a algún candidato Presidencial?. Lo dudo.

La Derecha y el Mundo Militar

Entendiendo como “Mundo Militar” al conjunto de militares en retiro -oficiales y suboficiales- organizados en varias estructuras; a sus familias y a las personas y grupos que se relacionan con ellos y sobre los cuales éstos ejercen influencia o atracción. La relación entre la derecha y el «mundo militar» es un tema sobre el cual existen estereotipos que pocas veces son sometidos a análisis y cuestionamiento.

Desde un punto de vista sociológico, el mundo militar es una parte de la elite social, entendida ésta como un conjunto de individuos o grupos que ocupan posiciones de autoridad y ejercen influencia por cuanto poseen determinadas características que son valoradas socialmente. La capa superior de la sociedad la conforma la “elite gobernante” bajo la cual se sitúa una “elite no gobernante”. Los militares se encuentran en este segundo nivel. Para que cumplan su función, es fundamental que se sientan comprometidos con la elite gobernante, lo que requiere conocimiento y confianza mutua.

La organización militar chilena -desde su fundación por O´Higgins- fue una elite “abierta”, es decir accesible a cualquier persona que compartiera sus valores y doctrinas, tanto es así que en Chile, particularmente durante el siglo XX, se constituyó en uno de los mecanismos de movilidad social más eficaces, en particular para la clase baja en su avance hacia la clase media; para el movimiento del pueblo desde el campo hacia las zonas urbanas y de educación para los sectores más pobres de la sociedad.

Desde fines del siglo XIX este rol de movilidad social de la organización militar se acentuó, lo que sumado a sus tradicionales bajas rentas les ganó el desprecio de la aristocracia nacional y su apelativo de “siúticos” y “medio pelo” más aún a partir de los años ´30 del siglo XX en que su apoyo a las reformas sociales los terminó de alejar de la derecha. Este desprecio fue mutuo, ya que el contacto frecuente de la generalidad de los militares con la aristocracia provinciana, y de sus mandos con la aristocracia santiaguina, les mostró una clase anticuada, prejuiciosa y con una visión de mundo obsoleta y simple.

La asunción del gobierno de la Unidad Popular se encontró con el mundo militar cercano al partido mesocrático -la Democracia Cristiana- ; alejados de la Derecha por las razones expuestas, y profundamente anticomunista y antimarxista por su contacto generalmente conflictivo con esos partidos; en parte consecuencia del antimilitarismo ideológico de la izquierda y por el antagonismo generado por el empleo político de los militares para el control de huelgas y conflictos laborales. Era un choque de culturas entre un grupo tradicionalista, nacionalista y de clase media, con los partidos revolucionarios con una visión internacionalista y una vocación proletaria, exacerbada por la Guerra Fría y la nueva versión del socialismo castrista militarizado.

La “agudización de las contradicciones” por parte de la UP y otros movimientos de izquierda -como el MIR- que la entendían como motor de la revolución, agravó este antagonismo, pese a los esfuerzos de Allende por atraerlos en su apoyo. En este  proceso se fue produciendo la convergencia de la DC, los partidos de derecha y el mundo militar, y su agrupamiento en torno a un conjunto de valores democráticos occidentales y representativos de las clases medias, a los que la derecha adhirió con el fervor de alguien que se ahoga. El único punto de unión real era solo el sentirse igualmente atacados por la UP.

Se produjo así una alianza en que los militares actuaban en función de valores que representaban a la clase media –la generalidad de los chilenos- y con el propósito de “salvar a la república”; la DC –nunca amiga de los militares- envuelta en una lucha ideológica a muerte con el marxismo, necesitaba todos los apoyos que pudiera conseguir para derrocar a la UP, y la Derecha, articulada en torno a la defensa de su estilo de vida tradicional, de sus negocios, empresas y propiedades agrícolas, intereses que, por esta vez, convergían con los de los otros dos actores principales: los militares y el grueso del partido mesocrático.

A poco andar después del “11”, la DC se alejó del Gobierno Militar y éstos quedaron en el gobierno en compañía de la derecha, comprometidos en un programa político y económico compartido intensamente, pero por diferentes razones: los militares pensaban que era positivo para Chile y la derecha lo promovía porque “además” de ser positivo para Chile, lo era para sus intereses -y también lo fue-.

Sobre estas interpretaciones se construyó una presunta alianza. Pero en el fondo la diferencia sociológica de base se mantenía. Rosario Guzmán, hermana del asesinado senador Jaime Guzmán lo señala con crudeza: “(Jaime) supo que (ciertos próceres aristocráticos) lo despreciaban porque él nunca miró en menos a los militares. Entendía que la lógica y formación militares son diametralmente diferentes a los del mundo civil, pero él no se sentía superior a ellos ni les parecía justo haberlos utilizado para que pusieran orden en medio del caos y luego abandonarlos a su suerte y hacerles la desconocida”. Asi, en la misma medida que la distancia entre los valores de unos y los intereses de otros crecían, aumentaba la distancia entre los militares y la derecha. Durante veinte años la derecha esgrimió su condición de minoría parlamentaria como excusa para no hacer nada, y cada vez en forma más abierta destacó como la memoria del Gobierno Militar debilitaba su postura política y abría flancos para la defensa de sus intereses político – partidistas y económicos. El mundo militar debía callarse y agradecer que no les pegaran más de lo que ya estaban recibiendo.

Así las cosas llegó el gobierno de Piñera quien en su campaña electoral se comprometió a que se haría justicia con los militares prisioneros. Sin ser requerido, prometió:“En nuestro gobierno vamos a velar para que la justicia se aplique a todos los ciudadanos de nuestro país, incluyendo por supuesto a las personas que están en servicio activo o en retiro de nuestras Fuerzas Armadas y de Orden, sin arbitrariedades, en forma oportuna y sin mantener procesos eternos que nunca terminan, respetando garantías fundamentales como es el debido proceso, como es la presunción de inocencia y como es también la imparcialidad del tribunal que debe juzgar los casos, y también la aplicación correcta de acuerdo a nuestra legislación y de los tratados internacionales del principio de prescripción de los delitos”.

A semanas de asumir el cargo, se negó a conceder a los militares prisioneros los beneficios carcelarios que se les concedían a los criminales comunes y que le habían sido dados a todos los violentistas de la izquierda, incluidos los condenados por crímenes cometidos después del Gobierno Militar. El Ministerio de Justicia con Felipe Bulnes primero y luego con Teodoro Ribera, endureció las condiciones de los prisioneros, el número de procesados aumentó en forma exponencial y se incrementó el número de persecutores, sumando nuevos abogados y manteniendo a los que dejaron los gobiernos de la Concertación. Claramente las promesas electorales no significaban nada para quien las firmó.

El shock más fuerte fue su manejo de la Defensa: la designación de un ex ministro DC, Jaime Ravinet, quien llegó a continuar su agenda personal tal como lo había hecho en su desempeño ministerial durante la Concertación, y luego la designación de Allamand, acompañado de un grupo de jóvenes de la fronda aristocrática, encabezados por su jefe de gabinete, Eduardo Riquelme, que no perdió oportunidad de ofender, pasar a llevar y manifestar su desprecio a cuanto general pasó por su oficina. Allamand llegó a limpiar “los establos de Augías” de la corrupción, a poner orden y a mostrar su autoridad y “liderazgo”, y sobre todo a promover su candidatura presidencial. El broche de oro lo puso Piñera en persona con su abrupta descalificación de buena parte de los miembros de su Alianza de gobierno como “cómplices” del Gobierno Militar.

La situación actual es la previa al 11 de septiembre de 1973, los militares y la derecha no tienen nada en común. Los primeros tratando de regirse por principios y por los intereses nacionales, los segundos manejándose por conveniencias e intereses sectoriales. Ocasionalmente ambos podrán coincidir, pero será solo un accidente, no el motivo de una relación de fondo. No existe apoyo automático de uno hacia el otro y no hay afectio societatis de ninguna especie. Ambos grupos tiene diferentes visiones de mundo respecto a Chile.

La mejor muestra de lo dicho es un diálogo entre un conspicuo parlamentario de la UDI y la señora de un militar en retiro, en una reunión convocada por el primero en el Congreso en que el político, algo molesto ya que sus candidatos no estaba encontrando eco en el mundo militar, manifiesta: – “Tienen que apoyarnos para que la Concertación no logre una gran mayoría parlamentaria”; – “Se equivoca, no votaremos por ustedes. No nos representan”; … -cara de sorpresa … -“Si, mientras nuestros maridos arriesgaban sus vidas, ustedes se enriquecían y cuando hubo que defenderlos, ustedes los abandonaron”.

La Derecha parece creer, por motivos inexplicables, que los militares están “amarrados” a votar por ella, que no tienen libertad política. No asimilan que el presidente y su grupo «quemó las naves». Se trata de que “la Nueva Derecha” nuevamente está tratando de repetir su juego de 1891 y 1925. Las consecuencias serán, obviamente de su responsabilidad.

Para mal de males, “los militares” han adquirido conciencia del poder que les da disponer de un gran número de adherentes disciplinados capaces de organizarse para hacer sentir su peso electoral.

Varios miles de votos: los que le faltaron a Allamand en las primarias y que le seguirán faltando a la «nueva derecha», que se reparte a los votantes como si fueran monos amaestrados.

 

Cuarenta años y Cuarenta días después

La conmemoración de los 40 años del 11 de septiembre de 1973 en medio de una campaña electoral fue la ocasión propicia para un repaso intenso de todo lo truculento e impactante ocurrido a partir de esa fecha. La “memorización” corrió por cuenta de los medios de comunicación, que en esta ocasión y dentro de su banalidad habitual, se esmeraron en la búsqueda de imágenes y declaraciones impactantes. La novedad la aportó una entrevista efectuada por tres canales de televisión a un senil e inconexo Manuel Contreras que aportó la cuota de barbaridades que el caso requería. Otra sorpresa fue la aparición de nuevos e impensados “sobrevivientes” de Villa Grimaldi y las rocambolescas peripecias de algunos buenos burgueses que nadie hubiera pensado que estuvieron a un tris de engrosar la lista de los detenidos desaparecidos. La pretensión de haber estado  en ese siniestro lugar parece haberse transformado en certificado de demócrata y «nuevo derechista» reformado; en algo que “viste”.

Luego vino la semana de las Fiestas Patrias y el foco de la atención pública volvió a las elecciones, a las sorpresas que ella pudiera deparar y al cálculo de cómo me afectaría a mi si fuera electo X, Y o Z.

¿Qué dejó a los chilenos este recuento de espantos?, creo que algo comenzó a sonar raro a muchos de los periodistas e intelectuales que enfrentan este tema desde una perspectiva seria y de largo plazo, y de esa incomodidad están comenzando a surgir las preguntas críticas para el devenir de nuestra sociedad, algunas de las cuales podrían ser:
¿Cómo fue que llegamos a eso?; ¿por qué y cómo fue que nuestra sociedad se intoxicó de odio, resentimiento y furia?; desde el 70 hasta el 11 de septiembre del 73, ¿qué pretendían realmente los políticos de ambos bandos en pugna?; ¿es que nadie se daba cuenta de la gravedad de la situación del país?; ¿quiénes eran, política y moralmente -en su fuero interno- los líderes políticos de ese entonces, varios de los cuales siguen en funciones?; -¿cómo se explica que el extremismo revolucionario amenazara de muerte a la oposición y a las FFAA con una escopeta descargada?; ¿cómo fue que sus líderes huyeron abandonando a sus seguidores, sin dar nunca cuenta de su irresponsabilidad y deslealtad?; ¿qué creían los líderes de la UP que resultaría de su intento de que las FFAA se les plegaran para hacer, en su nombre, la revolución que ellos mismos había abortado?; la violencia represiva ¿fue una y la misma en cada momento del Gobierno Militar?; ¿cómo es que hubo militares profesionales que llegaron a eso?; ¿es ese un rasgo derivado de su condición militar o de una déficit cultural general de nuestra sociedad?; ¿cómo la pugna de poder entre los miembros de la Junta de Gobierno se reflejó en la violencia represiva; la intervención norteamericana política y financiera, ¿contribuyó a agravar el enfrentamiento antes y después del 11 de septiembre?; ¿cómo afectaron a la política interna las feroces presiones económicas, políticas y militares extranjeras contra el Gobierno Militar?; ¿la intervención de los gobiernos de Cuba y la Unión Soviética, mediante la organización y apoyo a grupos armados y entrenados en sus territorios, ¿cambiaron la naturaleza del conflicto interno en Chile?; ¿por qué, parte significativa de la opinión pública apoyó al Gobierno Militar y continúa considerándolo necesario?; ¿quiénes eran Pinochet y Allende tanto como personas como en su rol de gobernantes y líderes políticos y que responsabilidades les caben en el desastre ocurrido?; ¿cómo planeaba Allende y la UP continuar su revolución si conseguía el apoyo militar vía Prats?; ¿después de Carrizal Bajo, qué venía?; considerando que el PC sigue validando la vía armada como una opción para conquistar el poder, ¿donde están las armas que internó y nunca fueron habidas?.
Al final del día, la pregunta global es que llevó a Chile a quebrarse y llegar a ser una sociedad de enemigos, y que hoy -a mas de 40 años- algunos grupos sigan intentando considerarse “ganadores” para satisfacer sus complejos y traumas personales, montados sobre una pirámide de muertos, desaparecidos, encarcelados, difamados, dolor y odio, para lo cual necesitan que el resto de Chile siga “perdiendo”. Sería patético si no fuera tan peligroso.

Por otro lado, si todo se olvida, si no se recuerda nada, ¿cómo vamos a obtener algún provecho de la experiencia?. Debemos clarificar para que queremos recordar. Esta no es una cuestión retórica. Se puede recordar con propósitos muy diferentes. Si el ser humano es perfectible, necesita imperiosamente que su código de conducta vaya incorporando sus experiencias, buenas y malas, y para eso es necesario recordarlas. Para olvidar es necesario primero recordar y luego decidir olvidar. Cada persona tiene derecho a ser completamente independiente de su pasado y disponer de él como le plazca.

Pero la memoria tiene buenos y malos usos.

Una buena explicación –para mi- es la de Tzvetan Todorov, que señala que “el acontecimiento recuperado puede ser leído de manera literal y de manera ejemplar. En la manera literal el recuerdo no conduce a nada más allá de si mismo. Todas las interpretaciones se instalan sobre él, se subrayan las causas y consecuencias de ese acto; a su autor, y se extienden todas las consecuencias del trauma a todos los instantes de la existencia de ambos, culpable y víctima. Alternativamente, en una lectura ejemplar, una vez recuperado el recuerdo -sin negar su propia singularidad- se decide utilizarlo como una manifestación de una categoría más general que sirva de modelo para comprender otras situaciones nuevas. Así, el pasado se convierte en principio de acción.
Una vez establecido el pasado, la pregunta sería ¿para qué puede servir y con qué fin?.

¿Qué utilidad tiene el pasado si no permite ver la aberraciones del presente?. Una persona que fue víctima de prisión injusta o de torturas no podría homenajear a Fidel Castro, a Kim Jong Il, ni proteger a Margot Honecker ex – dueña de la Stasi. Un crimen no explica al otro, en ningún sentido, pero ¿si no ayuda a mejorar al presente y el futuro, que utilidad tendría la memoria?. Salvo que existan otros intereses. Sea perpetuarse como víctima eterna, con las ventajas que ello acarrea en cuanto a supremacía moral y otras ventajas, como manera de deslegitimar una visión política adversaria, a un sector social o a instituciones que  desagradan o peor aún, colarse de contrabando entre las víctimas y apoderarse de parte de la deuda simbólica, como está sucediendo en nuestro país.

La memoria tiene otra arista complicada: ¿cómo y quién elije que recordar?.
Siguiendo a Paul Ricoeur, existe la memoria y el olvido, pero éste último, en sociedades complejas, es más bien una decisión de «no recordar»; es decir, decidir si se olvida o no, y que parte de la memoria se olvida. Las opciones selectivas de olvido suelen ser complicadas, pues muchas veces explotan en la cara: sea la supresión de la idea de izquierda durante el Gobierno Militar  u hoy, de la ideología y el comportamiento de la UP previa al 11 de septiembre del ’73.

La razón es que las explicaciones parciales siempre dejan heridos en el camino. Heridos que quedan frustrados con el sistema; que consideran han sido sometidos a un tratamiento «injusto» en la construcción de los consensos sociales y que, por lo mismo, buscan revertirlos. La selección no puede sino ser «un pacto social» de alta legitimidad. Otra conclusión relevante de Ricoeur es que la Historia, por principio, se «niega» a ser de nadie, pues porfiadamente destruye las construcciones oficiales. El intento algo patético de la “ley de olvido selectivo” que significó el proyecto de Ley de Memoria Histórica del año pasado, no es más que una aproximación totalitaria para tratar de «borrar al faraón del registro», como en el antiguo Egipto. Un inconducente intento de “oficializar” que la tragedia chilena comenzó el 11 de septiembre de 1973, que a partir de esa fecha, y solo desde esa fecha, hay buenos y malos, culpables e inocentes, perfectamente identificados.

Eso no solo no funciona, sino que deja preguntas abiertas que normalmente destruyen a los que buscan imponer esa visión restrictiva. Ha llegado el tiempo de pensar y hablar en serio, no hacerlo nos puede llevar a repetir la historia.

Educación y Clase Media

En Chile la clase media es mayoritaria. No es homogénea, existe una ya asentada y otra emergente. Ambas comparten los valores que las definen como clase media: viven de su trabajo, creen en el esfuerzo personal, valorizan la educación, son frugales y ahorrativas, respetan las reglas, quieren paz y estabilidad para seguir progresando. Sus valores son conservadores y burgueses y están conscientes y orgullosas de ello, sin embargo simultáneamente, en menor o mayor grado, su realidad económica es precaria: una enfermedad catastrófica o prolongada; un accidente grave –desde un terremoto a un incendio-; la concurrencia simultánea de varios hijos a la educación superior; perder el empleo o ser víctimas de un robo o estafa mayor, puede llevarse todo en un abrir y cerrar de ojos y devolverlos a la pobreza y la proletarización sin que puedan hacer mucho para evitarlo. La ayuda social gubernamental está focalizada principalmente hacia las clases mas desposeídas.

Su inconmovible confianza en que la educación es lo que hace la diferencia, -lo que consolida su nuevo estatus y solidifica su nueva realidad-, la ha llevado a hacer un esfuerzo titánico por llevar a sus hijos a la universidad, sin embargo los resultados han sido frustrantes: están endeudados, la educación a que tuvieron acceso es mediocre y siguen marginados del juego ya que carecen de las redes sociales para acceder a los cargos –públicos y privados- que hace ya tiempo fueron apropiados por las oligarquías sociales, sindicales y políticas, y que son los que tienen las remuneraciones a que aspiraban.

Los que soñaron con emprender, se encuentran con que la educación que recibieron no los capacitó para ello; que no tienen acceso al financiamiento y que siguen dependientes de otros o del Estado.

Esta es la base de la protesta. Desde el año 2011 los estudiantes de clase media y sus familias reclaman que la educación es un derecho y que para ello, no podía continuar siendo un negocio que ni siquiera les daba lo que les prometía y frente al cual se encontraban indefensos. En efecto, la educación superior entregada por las universidades estatales es, generalmente, de calidad, pero el número de estudiantes que admite es finito y la pobre calidad de su gestión hace que si se las pretendiera expandir, el costo creciera exponencialmente. Por su parte, la calidad de las universidades privadas es directamente proporcional a su costo, así, las de mejor calidad tiene altos precios y las más baratas, son deficientes.

Junto a lo anterior, se encontró con que las barreras académicas de entrada en ambos tipos de universidades segregaban a los alumnos según la calidad de la educación media recibida, con lo que la diferenciación se acentuaba: los estudiantes que recibieron mala educación media solo pueden acceder a universidades de calidad deficiente lo que los lleva, en un círculo vicioso, a endeudarse para luego no encontrar el empleo con la remuneración esperada, mientras que los provenientes de buena enseñanza media tendrían acceso a las universidades de calidad, -privadas o estatales- y podría acceder a los empleos mejor remunerados.

Según los estudiantes (Fielbaum, Andrés), la disputa quedó planteada en los siguientes términos: “Los estudiantes exigen que el negocio educacional se termine en todo el sistema educativo, y que la gratuidad se materialice en financiamiento directo a las instituciones para que estas puedan colaborar entre si en vez de competir. El gobierno, por su parte, exige respeto a la libertad de emprendimiento asegurando que el no entregar fondos públicos a las instituciones que lucran es suficiente. Asimismo argumenta que lo que debiera importar a los estudiantes es no pagar de su propio bolsillo, pero el cómo se entreguen las platas es problema del Gobierno”. Según el mismo dirigente, si las transformaciones en educación es “dirigida y procesada por los mismos viejos partidos y actores de la transición, es difícil esperar otra cosa que no sea un mero maquillaje” y cuando se evidenciaron “los conflictos de interés presentes tanto en la Concertación como en la derecha, comprendimos que una iniciativa que cambie el sistema educativo desde su raíz no provendría desde el mundo político chileno”.

En breve, el problema de la educación parece planteado en dos grandes ámbitos: (1) Costo y financiamiento y (2) Acceso y calidad.

Si tomamos universidades de la misma o equivalente calidad, encontraremos que el costo es parecido, la diferencia está en el destino de los excedentes: en las privadas, va a los dueños de la universidad y en las estatales, va a los gestores y administradores de la misma. En cuanto al financiamiento, en las privadas sale principalmente de las familias de los estudiantes y en parte del Estado y en las estatales principalmente del Estado y en parte de las familias.

La otra parte del problema parece estar en el segundo ámbito: Acceso y calidad. En efecto, si la universidad –pública o privada- es de alta calidad, el acceso será selectivo y la retribución en remuneraciones a sus egresados, será adecuada. Si la calidad de la universidad es deficiente, también en ambos casos, el acceso será irrestricto pero no habrá retribución o habrá una pobre retribución en términos de remuneraciones laborales a sus egresados.

Así las cosas me parece que la solución va por un cambio integral del sistema educacional que apunte a la educación como instrumento de emancipación -tanto respecto de los grandes empleadores particulares, como del Estado- que no solo dé igualdad de oportunidades con posterioridad al egreso del sistema educacional sino que también permita el fácil y libre intercambio, en cualquier momento de la vida, entre la actividad laboral y la educacional que deje que cada cual avance hasta donde su potencial se lo permita, en el momento y forma que lo desee. Parece también evidente que un sistema así solo puede tener éxito si el sistema educacional apunta a la formación no solo de trabajadores y empleados asalariados sino principalmente de emprendedores, innovadores y creadores que no solo produzcan valor agregado y riquezas sino también trabajos mejores y más satisfactorios.

Me parece que la educación debe ser siempre sin fines de lucro, en el caso de la educación superior así lo dice la ley, quienes entraron a esa actividad lo sabían desde el principio y solo la falta de fiscalización y la complicidad estatal permitió su existencia y afincamiento. Por otra parte, lo que se recibe gratis no es apreciado aprecia, así, la educación pagada es mejor aprovechada, pero para que ello sea factible, debe ser segmentada en tramos mucho más breves que permitan que los afectados puedan asumir una carga económica más reducida, en momentos sucesivos de su vida. Una educación superior que retiene a sus alumnos por 5, 6 ó 7 años continuados es un arcaísmo insostenible: un sistema hecho para hijos de ricos o de la elite gobernante. No hay hijo de vecino común y corriente que pueda resistir ese ritmo de pagos ni de endeudamiento.

El sistema debe apuntar a una educación analítica, culturalmente globalizada, experimental, con frecuentes reciclajes y oportunidades de acceso y reentrada del sistema educacional al mundo laboral y viceversa, acompañado de un sistema que de igualdad de oportunidades para el acceso al crédito, al financiamiento y las informaciones necesarias para emprender con razonables posibilidades de éxito.

La diferencia en calidad de la educación media es consecuencia de muchas variables que van desde el lugar de residencia hasta la madurez del estudiante, en un sistema flexible como el que se describe la baja calidad que se obtuvo en un determinado momento podría ser revertida cuando cada persona en cualquier momento y condición de su vida, decida complementar o perfeccionar su educación media y orientarla para acceder a un ámbito específico de la creatividad y el emprendimiento. Esta flexibilidad abriría la competencia y debilitaría el sistema de castas generado por los colegios VIP a que acceden tanto los vástagos de la elite de izquierda como de derecha.

De esta manera, los verdaderos agentes de cambio social y económico serían los emprendedores de la clase media, que empleando sus virtudes y valores habrían encontrado el ambiente apropiado para hacer realidad todas sus potencialidades

No creo tener la solución perfecta, pero dado que esto no ha sido tema electoral y no ha logrado atraer la atención de la clase política, propongo estas ideas a la reflexión de los lectores.

 

 

 

 

 

 

 

 

Educación y Clase Media

En Chile la clase media es mayoritaria. No es homogénea, existe una ya asentada y otra emergente. Ambas comparten los valores que las definen como clase media: viven de su trabajo, creen en el esfuerzo personal, valorizan la educación, son frugales y ahorrativas, respetan las reglas, quieren paz y estabilidad para seguir progresando. Sus valores son conservadores y burgueses y están conscientes y orgullosas de ello, sin embargo simultáneamente, en menor o mayor grado, su realidad económica es precaria: una enfermedad catastrófica o prolongada; un accidente grave –desde un terremoto a un incendio-; la concurrencia simultánea de varios hijos a la educación superior; perder el empleo o ser víctimas de un robo o estafa mayor, puede llevarse todo en un abrir y cerrar de ojos y devolverlos a la pobreza y la proletarización sin que puedan hacer mucho para evitarlo. La ayuda social gubernamental está focalizada principalmente hacia las clases mas desposeídas.

Su inconmovible confianza en que la educación es lo que hace la diferencia, -lo que consolida su nuevo estatus y solidifica su nueva realidad-, la ha llevado a hacer un esfuerzo titánico por llevar a sus hijos a la universidad, sin embargo los resultados han sido frustrantes: están endeudados, la educación a que tuvieron acceso es mediocre y siguen marginados del juego ya que carecen de las redes sociales para acceder a los cargos –públicos y privados- que hace ya tiempo fueron apropiados por las oligarquías sociales, sindicales y políticas, y que son los que tienen las remuneraciones a que aspiraban.

Los que soñaron con emprender, se encuentran con que la educación que recibieron no los capacitó para ello; que no tienen acceso al financiamiento y que siguen dependientes de otros o del Estado.

Esta es la base de la protesta. Desde el año 2011 los estudiantes de clase media y sus familias reclaman que la educación es un derecho y que para ello, no podía continuar siendo un negocio que ni siquiera les daba lo que les prometía y frente al cual se encontraban indefensos. En efecto, la educación superior entregada por las universidades estatales es, generalmente, de calidad, pero el número de estudiantes que admite es finito y la pobre calidad de su gestión hace que si se las pretendiera expandir, el costo creciera exponencialmente. Por su parte, la calidad de las universidades privadas es directamente proporcional a su costo, así, las de mejor calidad tiene altos precios y las más baratas, son deficientes.

Junto a lo anterior, se encontró con que las barreras académicas de entrada en ambos tipos de universidades segregaban a los alumnos según la calidad de la educación media recibida, con lo que la diferenciación se acentuaba: los estudiantes que recibieron mala educación media solo pueden acceder a universidades de calidad deficiente lo que los lleva, en un círculo vicioso, a endeudarse para luego no encontrar el empleo con la remuneración esperada, mientras que los provenientes de buena enseñanza media tendrían acceso a las universidades de calidad, -privadas o estatales- y podría acceder a los empleos mejor remunerados.

Según los estudiantes (Fielbaum, Andrés), la disputa quedó planteada en los siguientes términos: “Los estudiantes exigen que el negocio educacional se termine en todo el sistema educativo, y que la gratuidad se materialice en financiamiento directo a las instituciones para que estas puedan colaborar entre si en vez de competir. El gobierno, por su parte, exige respeto a la libertad de emprendimiento asegurando que el no entregar fondos públicos a las instituciones que lucran es suficiente. Asimismo argumenta que lo que debiera importar a los estudiantes es no pagar de su propio bolsillo, pero el cómo se entreguen las platas es problema del Gobierno”. Según el mismo dirigente, si las transformaciones en educación es “dirigida y procesada por los mismos viejos partidos y actores de la transición, es difícil esperar otra cosa que no sea un mero maquillaje” y cuando se evidenciaron “los conflictos de interés presentes tanto en la Concertación como en la derecha, comprendimos que una iniciativa que cambie el sistema educativo desde su raíz no provendría desde el mundo político chileno”.

En breve, el problema de la educación parece planteado en dos grandes ámbitos: (1) Costo y financiamiento y (2) Acceso y calidad.

Si tomamos universidades de la misma o equivalente calidad, encontraremos que el costo es parecido, la diferencia está en el destino de los excedentes: en las privadas, va a los dueños de la universidad y en las estatales, va a los gestores y administradores de la misma. En cuanto al financiamiento, en las privadas sale principalmente de las familias de los estudiantes y en parte del Estado y en las estatales principalmente del Estado y en parte de las familias.

La otra parte del problema parece estar en el segundo ámbito: Acceso y calidad. En efecto, si la universidad –pública o privada- es de alta calidad, el acceso será selectivo y la retribución en remuneraciones a sus egresados, será adecuada. Si la calidad de la universidad es deficiente, también en ambos casos, el acceso será irrestricto pero no habrá retribución o habrá una pobre retribución en términos de remuneraciones laborales a sus egresados.

Así las cosas me parece que la solución va por un cambio integral del sistema educacional que apunte a la educación como instrumento de emancipación -tanto respecto de los grandes empleadores particulares, como del Estado- que no solo dé igualdad de oportunidades con posterioridad al egreso del sistema educacional sino que también permita el fácil y libre intercambio, en cualquier momento de la vida, entre la actividad laboral y la educacional que deje que cada cual avance hasta donde su potencial se lo permita, en el momento y forma que lo desee. Parece también evidente que un sistema así solo puede tener éxito si el sistema educacional apunta a la formación no solo de trabajadores y empleados asalariados sino principalmente de emprendedores, innovadores y creadores que no solo produzcan valor agregado y riquezas sino también trabajos mejores y más satisfactorios.

Me parece que la educación debe ser siempre sin fines de lucro, en el caso de la educación superior así lo dice la ley, quienes entraron a esa actividad lo sabían desde el principio y solo la falta de fiscalización y la complicidad estatal permitió su existencia y afincamiento. Por otra parte, lo que se recibe gratis no es apreciado aprecia, así, la educación pagada es mejor aprovechada, pero para que ello sea factible, debe ser segmentada en tramos mucho más breves que permitan que los afectados puedan asumir una carga económica más reducida, en momentos sucesivos de su vida. Una educación superior que retiene a sus alumnos por 5, 6 ó 7 años continuados es un arcaísmo insostenible: un sistema hecho para hijos de ricos o de la elite gobernante. No hay hijo de vecino común y corriente que pueda resistir ese ritmo de pagos ni de endeudamiento.

El sistema debe apuntar a una educación analítica, culturalmente globalizada, experimental, con frecuentes reciclajes y oportunidades de acceso y reentrada del sistema educacional al mundo laboral y viceversa, acompañado de un sistema que de igualdad de oportunidades para el acceso al crédito, al financiamiento y las informaciones necesarias para emprender con razonables posibilidades de éxito.

La diferencia en calidad de la educación media es consecuencia de muchas variables que van desde el lugar de residencia hasta la madurez del estudiante, en un sistema flexible como el que se describe la baja calidad que se obtuvo en un determinado momento podría ser revertida cuando cada persona en cualquier momento y condición de su vida, decida complementar o perfeccionar su educación media y orientarla para acceder a un ámbito específico de la creatividad y el emprendimiento. Esta flexibilidad abriría la competencia y debilitaría el sistema de castas generado por los colegios VIP a que acceden tanto los vástagos de la elite de izquierda como de derecha.

De esta manera, los verdaderos agentes de cambio social y económico serían los emprendedores de la clase media, que empleando sus virtudes y valores habrían encontrado el ambiente apropiado para hacer realidad todas sus potencialidades

No creo tener la solución perfecta, pero dado que esto no ha sido tema electoral y no ha logrado atraer la atención de la clase política, propongo estas ideas a la reflexión de los lectores.

 

 

 

 

 

 

 

 

Justicia o Poder Fáctico

Con motivo de la acusación constitucional al Ministro de Educación Harald Beyer, el destacado intelectual Agustín Squella escribió un agudo análisis de un criterio que está siendo empleado en algunas instancias de poder en Chile:

“Se afirma también que ni la persona ni la trayectoria ni la gestión del Ministro Beyer importan en este caso sino establecer un hito en la lucha por terminar con el lucro en la educación universitaria, o sea transpersonalismo puro y duro. Lo que una persona es o haya hecho no cuenta a la hora de juzgarlo. Lo único que vale es la meta a que se quiere llegar sin importar quienes queden en el camino. El transpersonalismo, en su desprecio por la persona y en su venerar del Estado, de la razones de Estado y de las causas colectivas, infesta muchas veces la política y hace prevalecer la ética de los resultados (es bueno para la causa sacrificar a un sujeto) sobre la ética de la convicción (en conciencia no estoy convencido que ese sujeto deba ser sacrificado), por mi parte creo que no pocas veces la primera de tales éticas es solo un mal disfraz que esconde la falta de coraje para ser consecuentes con la segunda”.

Esta explicación del comportamiento arbitrario, inmoral y de discutible legalidad en que incurren algunas autoridades estatales parece tener la capacidad explicativa necesaria para dar una respuesta satisfactoria a comportamientos que sorprenden e indignan.

Luego años de escucha e interceptación de las comunicaciones personales y empresariales del comisionista en armamentos Guillermo Ibieta, el 2 de junio del 2009 la Policía de Investigaciones le incautó el disco duro de su computador, conteniendo 100.000 archivos, en el marco de la investigación del llamado caso Riggs y su “arista”, el caso Leopard.

La investigación, originalmente dirigida a esclarecer la eventual existencia de transferencias de dineros hacia el general Pinochet en la adquisición de un lote de tanques Leopard, tomó ahí una dirección diferente: determinar si constituyeron delito las comisiones pagadas por Ibieta a dos de sus agentes o empleados en el proceso de obtención del contrato para hacer, en astilleros holandeses, modificaciones menores a los buques adquiridos en ese país.

Súbitamente, la información obtenida en los archivos digitales de Ibieta fue transferida ilegalmente a la prensa, la que comienza a fabricar la imagen de una relación dolosa entre miembros de la Armada culpándolos de haber cometido graves delitos contra la “seguridad nacional” al, presuntamente, haber transferido información clasificada a Ibieta, según se deduciría de esos archivos.

La inmoralidad es evidente, la investigación periodística se sustenta en la “filtración” de la información reservada obtenida por la PDI y en custodia de la Fiscalía para los fines de la causa judicial, contra marinos a los que se acusa de haber “filtrado” esa misma información a Ibieta!. Y nadie se escandaliza.

Aquí un periodista juega un rol fundamental: establece la presunta comisión de un delito y comienza la “construcción de un caso” presionando a la Armada a través de artículos de prensa, reclamando la necesidad de iniciar una investigación por la “vulneración de la seguridad nacional” por parte de miembros de la Armada, escondiendo la fuga previa, de la misma información, desde el fiscal hacia si mismo.

Aquí entra otro medio de comunicación, esta vez digital, el cual dando por sentado la culpabilidad de todas las personas que aparecen mencionadas en los archivos de Ibieta, efectúa una campaña destinada a establecer que esas personas han sido declaradas culpables por lo que deben ser castigadas, ya!, aunque no haya habido juicio formal al respecto.

En esta acción, se destruye la carrera de varios oficiales, contra los cuales no ha sido probado ningún delito.

En el intertanto, en su investigación el Ministro de Fuero Manuel Antonio Valderrama y el Fiscal Metropolitano Oriente Carlos Gajardo solicitan  al Ministro de Defensa información detallada sobre el proceso de adquisición de las fragatas, en Holanda, la que fue entregada por la Armada al Ministerio de Defensa Nacional mediante el Oficio Secreto N° 4561/3079 del 25 de Junio de 2012.

Pues bien, muy poco después, el mismo medio digital los dio a conocer, in extenso y completamente, en su publicación electrónica. Repitiendo la inmoral acción anterior con el “disco duro de Ibieta” y ahora si atentando gravemente contra la seguridad nacional.

A continuación, haciendo un enlace entre ambas informaciones y configurando “un caso”, el medio digital comienza a hacer campaña para la destitución de los oficiales de la Armada ya seleccionados como objetivos y la revocación de sus nombramientos ya aprobados.

 

La Armada por su parte, con fecha 8 de Junio del 2011, reacciona a esta arremetida e inicia una investigación interna por la presunta fuga de información (solo dentro de la Armada, ya que no tiene competencia para investigar el mismo posible delito cometido en la Fiscalía Civil), designando al Fiscal Naval CF Jt Sr. Cristian Pfeiffer. Mientras esta investigación avanzaba, habiéndose hecho parte el Consejo de Defensa del Estado prácticamente desde sus inicios con plenos poderes y teniendo plena vista a la Investigación, la Corte Suprema ante el requerimiento planteado por ese organismo fiscalizador, designa al Ministro en Visita Sr. Patricio Martínez Sandoval de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, quien a contar del 10 de Septiembre del año pasado, toma el control de la investigación y en tan sólo 20 días somete a procesamiento a 5 Almirantes y 3 Comandantes, quienes estuvieron detenidos hasta por 19 días en el Cuartel de Orden y Seguridad de Viña del Mar.

Este “estudio de los autos” constituye una importante marca de lectura veloz, ya quesegún certifica su propia Secretaría «siendo las 12:15 (del 10 de septiembre)se constituye el Ministro Martínez, (quien recibe los antecedentes de la causa) integrada en 11 tomos en fojas 3352 y más de 26 Cuadernos Separados Secretos (CSS)”. Cada uno de estos CSS con una enorme cantidad de páginas. “Estudió” mas 4.000 páginas a tan alta velocidad que estuvo en condiciones de dictar autos de procesamiento el día 28 del mismo mes (18 días después). Los encarcelados no fueron acusados de nada concreto, nunca supieron de sus eventuales delitos y fueron puestos en libertad tras 19 días de cautiverio infamante, sin explicación. Actualmente la investigación, sigue entrampada en la Corte Marcial. ¿Era necesaria tanta precipitación para encarcelar a 2 Vicealmirantes, 3 Contraalmirantes, 2 Capitanes de Navío y 1 Capitán de Fragata, todas personas, profesionales, con familias y subalternos, que pasaron múltiples cedazos y controles durante sus carreras para llegar a esos grados? ¿Ayudó a la causa de la justicia el espectáculo grotesco montado por la misma prensa que creó un caso que hasta hoy todo indica sin fundamento?.

Sobre la base de tan endebles argumentos, un oficial fue dado de baja, injusticia aplaudida por el entonces Ministro de Defensa Andrés Allamand Zavala, quien en una potente demostración de liderazgo se unió al coro declarando a un medio de prensa: ”Renuncia de un Capitán de la Armada “refuerza” (su) política de probidad”.

Aquí tenemos un caso evidente de “transpersonalismo” en que varias personas han sido vulneradas en sus derechos y en que lo que hicieron o dejaron de hacer ni significó ninguna diferencia, en realidad ni siquiera supieron de qué se los estaba culpando.

La pregunta que hay que hacerse es si las motivaciones de los agentes del Estado actúan en una lógica en que lo único que “vale es la meta a que se quiere llegar sin importar quienes queden en el camino” Y si su ética es la de los resultados en que “el fin perseguido valida todos los atropellos e injusticias” cometidas en el proceso.

También está la otra posibilidad: que no sea ninguna de las dos opciones sino pura y simple falta de ética y la manifestación de la existencia de un poder de facto que promueve sus propios intereses, corporativos y personales.

 

La ausencia de investigación y publicidad por parte de los medios respecto a las serias faltas a la seguridad nacional ocurridas en las “filtraciones” de información desde los tribunales de justicia, y la lentitud y falta de entusiasmo en el Poder Judicial para auto examinar sus propias falencias al respecto, llevan a sospechar de una extraña benevolencia o derechamente de complicidad entre las partes.

 

Lo peor es que este parece ser un sistema empleado en todo tipo de entes que explotan el poder que los ciudadanos les hemos conferido, en beneficio de sus creencia ideológicas o de si mismos.

 

Esto es importante para todos los chilenos. Hoy los afectados son otros, mañana puede ser usted o su familia, que también serán sacrificados sin posibilidad de defensa.