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La plasticidad de Rafael Correa

Puede decirse que la plasticidad es una cualidad mecánica de los materiales que les permite deformarse de acuerdo la magnitud de las presiones a que son sometidos. También existe la plasticidad en ciertos políticos, como Correa, que se adaptan a las condiciones tomando formas muy variadas que incluso les permiten hacerse irreconocibles ante un observador desatento. Esta plasticidad mecánica no afecta a las características propias de la naturaleza de la cosa, es decir que pese a sus mutaciones nunca dejan de ser lo que son, como Correa.

Este martes 13, Correa se reunió con la presidente de Chile en el marco de una visita de dos días a nuestro país luego de la cual manifestó que “ La historia de América Latina está cambiando». «El arribo de Bachelet a la Presidencia de Chile significa que el país está cambiando y que Latinoamérica está cambiando», expresó.

“El cambio” en boca de Correa tiene significados que es necesario dejar en claro, la historia del personaje y su “plasticidad” hace que ello pueda tomar características delicadas. En efecto, cuando Hugo Chávez en el pináculo de su borrachera ideológica intentaba usar a las FARC para destruir al gobierno democrático de Colombia y de incorporar a ese país a una Gran Colombia Bolivariana bajo su mando, contó con el apoyo de Correa que alegremente declaraba que “Ecuador no limita con Colombia sino con las FARC” avalando así la movida de Hugo para dar la condición jurídica internacional de “beligerante” al grupo narcoterrorista lo que permitiría a los estados -a Venezuela- prestarle apoyo de todo tipo, impunemente.

El ataque colombiano al campamento de las FARC en Ecuador permitió la captura del computador de Raúl Reyes, número 2 de las FARC. La información allí contenida dejó en evidencia que no solo habían encontrado santuarios en Ecuador y Venezuela, sino que los presidentes de ambos países, Hugo Chávez y Rafael Correa, consideran a la brutal guerrilla marxista como aliados en su proyecto ideológico – político regional y que recibieron su apoyo financiero para hacerse del poder en sus respectivos países.

Las declaraciones del entonces Ministro del Interior ecuatoriano, Gustavo Larrea, amenazando con remplazar a los jefes militares ecuatorianos “que tengan un comportamiento hostil” hacia las FARC no dejan mucho espacio para disimular la colusión entre el gobierno de Correa y la banda terrorista.

En un Seminario efectuado en Caracas los días 11 y 12 de noviembre del 2004 Chávez explicó du visión política regional: “Existe … otro eje, Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile, ese eje está dominado por el Pentágono …  Claro que la estrategia nuestra debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad Sudamericana y creo que no es un sueño, creo que nunca antes en América se había dado una situación como ésta”, asídeclaró su estrategia para aislar a Chile y forzar su ingreso a UNASUR.

El 13 de enero del 2004, en la Cumbre de Monterrey, Chávez acusó a Lagos de mentiroso y repitió por enésima vez y en cuanto lugar y auditorio encontró, su voluntad de bañarse en una playa boliviana en el Océano Pacífico y que élle regalaría “todo el asfalto que pudiera necesitar para hacer una carretera hacia al mar” … y Correa se unió a los que maldecían a Chile.

Correa en su viaje a Bolivia el año pasado repitió sus infundados cargos contra nuestro país, es por eso que resulta tan extraña su aseveración actual de que “Respecto a la demanda boliviana a una salida soberana al mar, Correa enfatizó que es un compromiso de toda América. Me parece muy injusto que la responsabilidad se le de Chile». Demasiada “plasticidad”.

Ahora intenta diluir sus exabruptos y manifiesta que “Respecto a la demanda boliviana a una salida soberana al mar, «es un compromiso de toda América. Me parece muy injusto que la responsabilidad se le dé Chile».

Peor aun, que pretenda que algún chileno le crea aquello de que: «He hablado siempre no sólo de Bolivia, sino que también de Paraguay, que la región debe buscar que los países mediterráneos tengan salida al mar», es una ofensa.

Parece indiscutible que no fue Chile quien se alejó de Sudamérica sino parte de Sudamérica, -los bolivarianos Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina y los de Alba, receptores de los subsidios petroleros de Chávez-, los que excluyeron a Chile por razones ideológicas, varios años antes de la existencia de la Alianza del Pacífico y mucho antes del gobierno del Presidente Piñera. Una clara muestra del sectarismo ideológico fundacional del grupo es la mofa que Chávez hacía del Presidente Lagos, quien según Hugo “dice que es socialista” y de Evo que exige a Bachelet que de pruebas de su socialismo cediendo ante Bolivia.

Esto es lo que hace tan extraños los esfuerzos actuales por culpar al gobierno de Piñera de haberse alejado de los bolivarianos de Sudamérica. El ex Embajador Maira repite como mantra algo que el no solo sabe que no es cierto, sino que el mismo vivió desde su posición privilegiada de embajador de nuestro país en Argentina.

No me parece necesario comentar el comportamiento de Correa y de su país frente a Chile en el recién concluido pleito con Perú, ni un millón de explicaciones podrá justificar un comportamiento inamistoso y rayano en la perfidia, que muchos chilenos no olvidaremos y que esperamos que en su momento la deuda sea debidamente saldada.

Hoy día el bolivarianismo se desfonda y ello ocurre principalmente por su incapacidad para administrar sus ingentes recursos naturales, por su corrupción y por el despilfarro criminal de los fondos fiscales de sus respectivos países, así, suena muy extemporánea la expresión de deseos de Correa: «Unidos pondremos las condiciones al capital internacional», por el contrario, Chile busca que la inversión extranjera venga a Chile y Correa haría bien en reconsiderar su ideología obsoleta.

Es bueno que Correa se de por enterado que Chile no anda detrás de una revolución, que no aspira a seguir los pasos de Chávez ni los suyos, así es que si busca adeptos para formar la “patria grande” chavista, debería enfocar sus esfuerzos hacia otro país.

Aquí no existe ningún mandato revolucionario; en las últimas elecciones presidenciales concurrió a votar sólo la mitad del padrón electoral. El 50% concurrió a las urnas y de ellos sólo el 46% votó por Bachelet, algo así como el 25% del padrón electoral. Suficiente para que constituya un mandato legítimo pero insuficiente para hacer una revolución. Las reglas en Chile no son las mismas que en Ecuador, la opinión de la gente cuenta y se la respeta.

Entre el 12 y 17 de junio se llevará a cabo en Santa Cruz , Bolivia, la Cumbre del Grupo de Países en Vías de Desarrollo y China (G77+China), que de acuerdo a los preparativos bolivianos se constituirá en un festival antichileno orquestado por Evo Morales.

El encargado de la difusión exterior de la demanda marítima boliviana Carlos Mesa, planteó que el centenario reclamo ante Chile por una salida soberana al mar debería estar presente en la cumbre del G77+China, que albergará su país en junio próximo. El mandatario boliviano Evo Morales había sostenido ese criterio al asumir en enero la presidencia pro témpore del organismo.

Mesa, designado para esas funciones por Evo Morales, opinó que “el ingrediente jurídico está en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y Bolivia tiene que trabajar un ingrediente político” en la perspectiva de “lograr la solidaridad y comprensión de la comunidad internacional”. En esa línea opinó: “creo que la reunión de Santa Cruz, del G77+China, debe tener el tema de mar como un aspecto fundamental y yo puedo contribuir en esa reunión”.

Frente a esta embestida adquieren un sentido claro las acciones de la Presidente y de la Cancillería de Chile. Todos los votos cuentan, incluso el voto “plástico”de Correa.

 

Que proponga Morales

 

Las negociaciones que condujeron al Tratado de Paz y Amistad del 20 de Octubre 1904, entre Chile y Bolivia fueron acompañadas por una dura pugna interna en Bolivia, tan profunda, que aun no la superan. En su artículo 2° el tratado señala: “por el presente tratado, quedan reconocidos del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por éste en virtud del artículo 2 del Pacto de Tregua” de 1884 que puso fin a la guerra entre ambos países y entrega al control de Chile “los territorios comprendidos desde el paralelo 23° hasta la desembocadura del Río Loa”.

Chile por su parte se obligó – y cumplió – con la construcción de un ferrocarril de Arica a El Alto de la Paz, (4.063.561 libras esterlinas); los intereses de un préstamo contraído por Bolivia para la construcción de 6 líneas ferroviarias para unir diferentes partes del país (500.000 libras esterlinas); un pago al contado de 300.000 libras esterlinas; se hizo cargo de las reclamaciones reconocidas por el Gobierno de la Paz correspondientes a indemnizaciones privadas u obligaciones que afectaran a personas o empresas existentes en el litoral antes de la guerra; reconoció el más amplio libre tránsito por territorio y puertos chilenos pudiendo Bolivia instalar agencias de aduanas en los puertos que deseara y desde luego en Arica y Antofagasta. En total implicó un gasto de 7.000.000 de libras esterlinas de la época, que transformadas a dinero actual corresponde a aproximadamente US$ 300.000.000 monto que pesaron fuertemente en el presupuesto nacional por muchos años. Al decir de Oscar Espinosa Moraga, de la lectura del documento “parece desprenderse que Chile hubiera sido el vencido y no Bolivia”.

Esta aceptación duró solo 18 años. En 1918 Bolivia desconoció lo firmado e intentó llevar una reclamación marítima a la Liga de las Naciones, donde, previo informe en derecho, efectuado por tres juristas, es considerada inadmisible y rechazada.

1937: Como continuaran las peticiones bolivianas, en 1937, en el contexto de la Guerra del Chaco, se firma una Convención de Tránsito que reglamenta la cláusula pertinente del Tratado de 1904, con una generosidad sin precedentes: “Chile reconoce y garantiza el más amplio y libre tránsito a través de su territorio y puertos mayores, para las personas y cargas que crucen su territorio de o hacia Bolivia” … “El libre tránsito comprende toda clase de cargas y en todo tiempo, sin excepción alguna”.

1950: En 1950 se llega a una fórmula de colaboración entre Chile, Perú y Bolivia para el aprovechamiento de las aguas del Lago Titicaca, con la ayuda financiera de los EE.UU.. Tratándose de una obra de tal magnitud, en Chile se considera la posibilidad de conceder a Bolivia una salida al mar. El proyecto aborta debido a la oposición popular boliviana de incluir el uso del agua del Lago.

1962: El incremento, en 1962, del uso de las aguas del Río Lauca iniciado en 1939, lleva a una crisis en las relaciones entre ambos países que desata una violenta reacción en Bolivia, exacerbada por la creciente impopularidad del gobierno del Presidente Paz Estensoro. Se inicia con ataques verbales y concluye con la ruptura de relaciones diplomáticas. Durante esta crisis, Bolivia conecta el tema del aprovechamiento del agua del Río Lauca con la satisfacción de su “problema portuario” y lo extrapola llevándolo a considerarla la causa de su pobreza y atraso general. La campaña antichilena resulta irresistible y Paz Estensoro cae en noviembre de 1964.

1975:El 8 de febrero de 1975 se suscribió la llamada Acta de Charaña entre los presidentes de Chile, General Augusto Pinochet y de Bolivia, General Hugo Banzer. Este acto, que fue una iniciativa chilena, dio comienzo a negociaciones tendientes dar a Bolivia una salida soberana al Océano Pacífico. Como se señaló, las relaciones entre Chile y Bolivia estaban rotas desde 1962, por lo que uno de los primeros puntos del Acta de Charaña era restablecerlas, para iniciar la búsqueda de “fórmulas de solución a los asuntos vitales que ambos países confrontan, como lo relativo a la mediterraneidad que afecta a Bolivia, dentro de las recíprocas conveniencias y atendiendo a las aspiraciones de los pueblos boliviano y chileno”.

La Embajada Boliviana en Santiago, el 26 de agosto, entregó una Ayuda Memoria con “los criterios concretos que a su juicio deberían servir para un acuerdo”.

  • Cesión a Bolivia de una costa marítima entre la Línea de la Concordia y el Límite del radio urbano de la ciudad de Arica y una faja territorial desde dicha costa hasta la frontera chileno – boliviana, incluyendo la transferencia del ferrocarril de Arica a La Paz.
  • Cesión a Bolivia de un territorio soberano de 50 Km. de extensión a lo largo de la costa y de 15 Km. de profundidad, en zonas apropiadas a determinarse, alternativamente, próximas a Iquique, Antofagasta o Pisagua. Esta “faja costera” estará conectada con el actual territorio boliviano “de acuerdo a características especiales”.

 

En Bolivia comenzó a gestarse un creciente rechazo a la “compensación territorial” considerada en el acuerdo, mediante el cual Chile recibiría una compensación por el espacio que cedía a ese país, rechazo que terminó impidiendo al Presidente Banzer la continuación de las negociaciones.

  1. Banzer. En esta oportunidad Bolivia propuso un corredor y alternativamente la opción de un enclave, entregando para ello tres opciones. El corredor soberano abarcaría desde una zona contigua a la periferia norte de la ciudad de Arica y el límite internacional Chile-Perú. Sin compensaciones territoriales, pero con algunas en recursos hídricos compartidos y algunos recursos menores. La alternativa era un enclave que podría ubicarse: uno en la región de Atacama y dos en la de Antofagasta. Muere Banzer.

2001. Desde el año 2001, ya en el gobierno de Quiroga, en Bolivia, comenzó a especularse con la posibilidad de exportar gas boliviano a través de un ducto que saldría por algún puerto chileno.   En diciembre de ese año, la compañía Sempra Energy y el Consorcio Pacific LNG, firmaron un memorandum de entendimiento mediante el cual se acordaba la venta del gas, en exclusividad, en los EE.UU.. Solo faltaba la autorización del gobierno boliviano respecto al puerto a emplear para construir las instalaciones para la licuefacción y embarque del combustible. En junio del 2002, se dio a conocer un estudio realizado por técnicos del Consorcio Pacific LNG, en que se señala que la mejor alternativa para la construcción del gasoducto era a través de Chile, tanto por condiciones de menor distancia como mejores condiciones hidrográficas y ventajas para la obtención de financiamiento internacional. Ante la indecisión del gobierno boliviano, Sempra Energy da un ultimátum al Presidente Sánchez de Lozada que está armando su gabinete y recibiendo el gobierno nacional. Éste da a conocer, en forma extraoficial, que optará por la salida del gas por un puerto chileno, aunque sin manifestarlo abiertamente. Esto enrarece aún más las condiciones políticas internas de Bolivia. El 12 de octubre del 2003 se inician las revueltas en el sector de El Alto, próximo a La Paz, en rechazo al negocio de exportación del gas; sentimiento antichilenos y reclamos de los plantadores de coca. Evo Morales, dirigente cocalero y portavoz de los reclamos de ese sector, toma el liderazgo de las protestas. Se producen enfrentamientos y muertes. El 13 de octubre, Carlos Mesa, vicepresidente del gobierno de Sánchez de Lozada, deserta del gobierno y se pasa a la oposición. El gobierno se desintegra. El 17 del mismo mes el presidente huye a EE.UU. y el Congreso designa a Meza en su reemplazo. Meza da señales de querer continuar con el negocio de la exportación del gas y las reacciones son violentas, poniendo en peligro la continuidad de su gobierno. Meza “traiciona” a Lagos y hace público que se ha hablado de corredor. Rabieta de Lagos. Meza echa pié atrás. Renuncia a la Presidencia.

2005. La elección de Evo Morales. Asume en condiciones precarias y de entrada declara su hostilidad hacia Chile. Se aproxima a las FFAA y resalta su nacionalismo. En 2006 inicia la agenda sin exclusiones con Bachelet, agenda para vél li8mitada al punto N° 6, salida al mar. Negocia un posible enclave. Termina el gobierno de Bachelet y Piñera sostiene conversaciones reservadas con Evo en las que le propone un corredor al norte de Arica. Le explica circunstanciadamente los números del acuerdo: costos de transporte ferroviario, marítimo, tiempos y costos de transferencia de carga y otros parámetros. Evo parece no entender nada, se siente humillado y se retira molesto, pocos días después anuncia su concurrencia a la Corte Internacional de Justicia, con una demanda contra Chile para que obligue a éste a negocia de buena fe, sobre una oferta concreta y en plazos breves.

¿Por qué tantos fracasos?. Me parece que la historia es clara: desde el comienzo en Bolivia se formaron del bandos, los “reivindicacionistas” que aspiran a ninguna otra cosa que a la devolución de la Región de Antofagasta, que rechazan toda compensación a Chile, sea territorial, comercial y de acceso a recursos naturales aun cuando sea en mejores condiciones que como lo hace con otros países, como sucedió con el gas. Su rechazo toma la forma de asonadas nacionalistas muy violentes y odiosas que en varios casos terminaron en el derrocamiento del gobierno. El otro grupo, los “practicistas”, creen que lo mas conveniente para Bolivia es un acceso directo y eficiente al puerto de Arica, lo que sería bueno para las importaciones y exportaciones y para la industria y el comercio en general.

Chile generalmente inicia las negociaciones con un gobierno “Practicista” y concluye con su ruptura por parte de un gobierno “Reivindicacionista”.

¿Por qué razón Evo Morales tendría éxito en una negociación con Chile siendo él un “reivindicacionista” convencido y practicante?. Tanto así que con ese argumento derrocó a Sánchez de Lozada y tuvo en las cuerda a Carlos Meza. ¿Por qué habría de comprometerse a fondo con una negociación si sabe que se encuentra en una situación ganar – ganar, sea que tenga éxito en sus pretensiones o que se retire indignado y entre improperios contra Chile?

El peor error que podría cometer Chile –otra vez- es ofrecer una alternativa de solución a Bolivia que seguramente solo servirá para apuntalar políticamente a Morales y darle más munición a sus “derechos expectaticios”.

Esta vez es Bolivia –Morales- quien debe diseñar una oferta, socializarla entre los bolivianos y asegurar que si es sometida a plebiscito, será aprobada y luego ofrecerla a Chile.

La historia también muestra que esa oferta será bien recibida por Chile si es que incluye compensaciones territoriales proporcionales; compromisos para un desarrollo económico conjunto, es decir comercio e inversiones; hacerse cargo de convencer a Perú de que no obstruya el acuerdo, si la propuesta lo hiciera necesario; compromisos formales –jurídicos y políticos- que con este arreglo no habrá nunca más nuevas peticiones y que este nuevo arreglo incorpora y se hace cargo de todos los compromisos de libre tránsito, acceso preferencial a territorio y puertos nacionales y toda otra servidumbre y facilidad concedida en el pasado concentrándolos en el nuevo acceso al mar que se le conceda.

Suena extraña la petición de “buena fe” que Morales hace a Chile, especialmente después de retirar las “reservas” a la compet5encia del Tribunal Penal Internacional días antes y solo para poder presentar la demanda contra Chile. Y en un tribunal creado para prevenir conflictos, no para crearlos donde no existen, y en circunstancias en que los tratados vigentes están siendo aplicados cabalmente durante el último siglo.

 

 

 

 

Brasil ¿de regreso en el Planeta Tierra?.

El domingo 16 de marzo, en una entrevista a Marco Aurelio García, asesor internacional y estratégico de la presidencia de Brasil desde 2007, -es decir asesor tanto de Lula como de Dilma Rousseff-, el Profesor se expidió sobre una serie de materias relativas a la política exterior que aplicará el nuevo gobierno de Chile. La entrevista se titula “La Alianza del Pacífico no es relevante como se plantea”. Nadie podría estar en desacuerdo. La Alianza sería mucho más relevante a nivel regional y mundial si incorporara a toda Sudamérica. Pero el fondo del asunto no es ese, sino la factibilidad de hacerlo con las políticas ideologizadas y sectarias del Gobierno chavista; con los prejuicios y ambiciones de los geopolíticos delirantes de Brasil y con la discrecionalidad y corrupción que campea en Argentina. ¿Cómo avanzar hacia el desarrollo con políticas evidentemente fracasadas?.

Intencionada o inadvertidamente, García repite una sucesión distorsiones de la realidad protagonizada por Venezuela, Brasil, Bolivia y Argentina y se queja sin fundamentos. La realidad es bastante menos amistosa con Chile de lo que él sugiere.

El proyecto internacional de Brasil preparado como apronte para la reunión de ALCA en Quebec fue lanzado el 31 de agosto de 2000 bajo la premisa de que era necesaria una América del Sur más coordinada y unida. El Palacio de Ytamaraty a través de su Canciller Lampreia  señaló en ese entonces que “Brasil estaba dispuesto a desempeñar un rol compatible con su tamaño y con el tamaño de su mercado y de su territorio». Después de describir un sombrío panorama de la situación regional, Lampreia concluía que “se requiere un urgente cambio de enfoque ya que si no se arregla primero lo político y la política, será difícil arreglar las diferencias del desarrollo económico y social. Debemos tener en claro que para Brasil el Mercosur es un peón y eso no basta y que el ALCA es una alternativa, no un destino». El 23 de mayo de 2001, la prensa bonaerense publicó un reportaje que señalaba: “La Política Exterior de Brasil sigue infisionada por las ideas rectoras de sus geopolíticos … de construir una potencia sudamericana territorial y marítima capaz de brillar con luz propia entre las grandes y poderosas naciones del mundo”. En breve, los líderes brasileños declaraban que para llegar a ejercer liderazgo regional y protagonismo mundial, requerían la creación de un instrumento político propio que le permitiera influir en el total de América del Sur para alinear a los países.

Por otra parte, los intelectuales brasileños, entre los cuales suponemos estaba Marco Aurelio García, arribaron a un diagnóstico geopolítico que, según lo señala Fernando Henrique Cardozo, en su artículo titulado “La diplomacia inerte de Brasil”“hubo un error estratégico … en la evaluación de las fuerzas que predominarían en el mundo y de la posición de Brasil en el orden internacional que se trasformaba. Nuestra diplomacia se guió por la convicción de que estaba surgiendo un nuevo mundo. La convicción implícita era que, posterior a la caída del Muro de Berlín, después de un breve período de casi hegemonía de Estados Unidos, asistiríamos a la corrección del rumbo.Siempre soñamos con un mundo multipolar en el cual los «grandes» tuvieran que compartir el poder y que nosotros, los brasileños, poco a poco nos volveríamos actores legítimos en el gran juego de poder global”.

El año 2003, Lula asumió como presidente de Brasil para permanecer en ese puesto hasta el 31 de diciembre de 2010, siendo sucedido por Dilma Rousseff. Los dos períodos de Lula, -acompañado de una potente alza de los precios de las materias primas-, le permitieron desplegar toda su simpatía y carisma acompañado de un aura de éxito económico y avance social. Lula saltó al estrellado. En pocas palabras, el gobierno de Brasil creía contar con un líder carismático que podía aprovechar la ventana de oportunidad y transformar a Brasil en potencia global. Era el momento.

El 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez fue elegido presidente de Venezuela. Tras la redacción de una nueva constitución, fue reelegido en julio del 2000 hasta el 2006. Dos años más tarde, el 11 de abril del 2002, fue objeto de un intento de golpe civil – militar que fracasó. Con posterioridad a esta crisis, su discurso se radicalizó aún más y prontamente se asoció con Lula, que se convirtió en su mentor e incondicional apoyo político. Lula decía a la prensa: «Chávez cuenta conmigo, cuenta con nosotros desde el PT [Partido de los Trabajadores, de Brasil], cuenta con la solidaridad de la izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano: tu victoria será nuestra victoria», «Las clases populares nunca fueron tratadas con tanto respeto, cariño y dignidad”.

Los días 11 y 12 de noviembre del año 2004, siete años antes de la creación de la Alianza del Pacífico, ya en plena luna de miel con Lula, Chávez se explayó sobre “El nuevo mapa estratégico” en que se movía la Revolución Bolivariana. Respecto a América Latina señaló:

“Se han venido definiendo dos ejes contrapuestos, Caracas, Brasilia, Buenos Aires. Existe el otro eje, Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile, ese eje está dominado por el Pentágono, es el eje monrroísta … Monroe o Bolívar, este es el eje monrroísta y este es el eje Bolívar (muestra en el mapa). Claro que la estrategia nuestra debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad Sudamericana”.

Es claro que Chávez y Lula, concordaban en que para “influir lo suficiente en América del Sur” había que quebrar o establecer el control sobre el eje Bogotá- Lima -Santiago de Chile, en vista a “enterrar el modelo económico, imperialista, capitalista”, como explicó Chávez el 4 de noviembre de 2005 en la III Cumbre de los Pueblos de América realizada en Mar del Plata.

Chávez creó Unasur y lo puso a disposición de Lula. El “instrumento” estaba listo.

En breve plazo tanto Morales con Bolivia y Ecuador con Correa fueron cooptados por una combinación de petrodólares e ideología populista. Con Perú falló la movida ya que Humala que resultó ser menos populista y más hábil de lo esperado: se sacudió a Brasil, controló a los activistas chavistas y avanzó por su cuenta dentro del camino trazado por su antecesor Alan García.

Siete años después del sinceramiento de Chávez, el 12 de abril del 2011, nace la Alianza del Pacífico que organiza formalmente a los países del “eje del Pacífico” identificado por Chávez como objetivo a ser dominado o quebrado. Se puede apreciar que más que una acción excluyente, la creación de este referente libremercadista y globalizado constituye un movimiento reactivo de autoprotección ante el activismo del eje Orinoco, Amazonas, Rio de la Plata o “eje del Atlántico” de Hugo.

En esos mismos años el Mercosur, transformado en el reñidero entre Brasil y Argentina, no resistía mas el déficit fiscal, las subvenciones y la corrupción, y Venezuela sobre extendida en dádivas y “aportes”, endeudada y con su industria petrolera destruida, comenzaban a dar claras muestras de agotamiento. El año 2014, en Venezuela y Argentina el populismo estalla en cámara lenta pero inexorable. Venezuela se aproxima al auto golpe de estado o a la guerra civil, en medio de la quiebra económica, la violencia, el desabastecimiento y la rabia popular, y responde a las demandas de los estudiantes con balas y grupos de choque en motocicletas. Argentina en medio de una crisis económica dramática, con inflación, estancamiento y crisis macro económica vuelve en busca de crédito al Banco Mundial, el Club de París y al odiado Fondo Monetario Internacional.

Agotada la política de estímulo al consumo y subsidios directos, cuyo epílogo estamos viendo en estos días, Brasil busca ansiosamente como salir del atolladero político en que se metió, haciendo como que no se da cuenta de lo que pasa en Venezuela y tratando de zafarse de Maduro, los Castro, Ahmadineyad, Erdogan, El Asad y otras joyitas.

Volvamos a la entrevista de García. Consultado el año 2014 respecto a que espera la administración de Rousseff de la política exterior de Bachelet, cándidamente responde: “Queremos dar una importancia muy grande a la relación con Chile y no separar a América del Sur en Atlántico y Pacífico”. Parece una declaración increíble. Recuerda la fábula del zorro y las uvas: Un zorro que vagaba por el campo muerto de hambre, encuentra un racimo de uvas colgando de un árbol, luego de infructuosos intentos por alcanzarlo, se aleja murmurando: ¡No importa, total, las uvas estaban verdes!.

Revisado el desarrollo de los acontecimientos no cabe duda que hubo alejamiento en la región y que se produjo debido a que Colombia, Perú y Chile se negaron a incorporarse al fallido intento populista del eje “bolivariano” y prefirieron seguir por su cuenta aplicando las políticas económicas y de integración a la economía mundial que les estaba resultando exitosa. Si hubo maniobras sectarias y excluyentes corren por cuenta de Chávez, Lula/Rousseff y los Kirchner, que azuzaron a Bolivia contra Chile e intentaron marginar a nuestro país para forzar su ingreso a su “eje”.

Si ahora  Brasil está tratando de deshacerse del fallido intento de política económica proteccionista y populista, bienvenido, pero falta más;  es imprescindible que abandone su ideología imperialista decimonónica. Para el Brasil petista la democracia es una suerte de comodín que unas veces se defiende y otras no, dependiendo de quién se trate, en el caso de los hermanos Castro y de Maduro, la cláusula democrática es una minucia intrascendente, no así en Paraguay. Este pragmatismo le causa daño a su imagen internacional.

Sería muy positivo reencontrarnos con Brasil y Argentina de vuelta en el planeta Tierra si es que Brasil comprende que la “potencia emergente” no es Brasil, sino la Alianza de Países de esta Región.

Desde nuestra perspectiva chilena  ¿por qué cambiar un amo imperial que es rico, tiene intereses mundiales y está lejos; por otro que es pobretón, provinciano y está encima todo el día?.

La idea de Marco Aurelio García de un ABC incluyente -con Colombia y México-, si es cierta, parece ir en la dirección correcta.

Bolivia, Chávez y el Mar

Los días 11 y 12 de noviembre del año 2004, siete años antes de la creación de la Alianza del Pacífico nacida en 12 de abril del 2011, el comandante Chávez se dirigió  a los“señores gobernadores, gobernadoras, alcaldes, alcaldesas, diputados, diputadas, dirigentes de nuestros partidos políticos, Alto Mando Militar, dirigentes sociales, ministros, ministras, señor vicepresidente y todos ustedes. Presidentes de empresas del Estado, dirigentes de distintos entes públicos de los más diversos”, para explayarse sobre “El nuevo mapa estratégico” en que se movía la Revolución Bolivariana.

El texto del Seminario fue editado por Marta Harnecker, su asesora marxista chilena, quien “suprimió repeticiones y datos de menor interés”, trabajo que sin duda todos agradecemos.

En una de sus intervenciones el Comandante  expuso la visión del mundo en que estimaba que se movía Venezuela. Respecto a América Latina señaló:

“En América Latina, vivimos un momento bastante interesante. En América Latina hay un gran forcejeo, es un forcejeo histórico de dos siglos por lo menos. Veamos el mapa de la América Latina y el Caribe. Vamos a mirar América del Sur. Se han venido definiendo dos ejes contrapuestos, Caracas, Brasilia, Buenos Aires. Ese es el eje sobre el cual corren vientos fuertes de cambio con mucha fuerza. El imperio va a tratar de debilitarlo siempre o de partirlo, incluso. Cuando nos dieron el golpe a nosotros antes de que ganara Lula, estaban tratando de evitar la conformación del eje, ya se preveía, pero no pudieron. Además ganó Tabaré Vásquez y el Frente Amplio en el Uruguay, lo cual fortalece el eje que pudiéramos llamar Orinoco-Amazonas-Río de la Plata. … Existe el otro eje, Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile, ese eje está dominado por el Pentágono, es el eje monrroísta y éste (muestra en el mapa) es el eje Bolívar, en referencia al eje Orinoco-Río de la Plata. Bolivia pudiera estarse convirtiéndose en una excepción y pudiera estarse acercando más a este eje. Sin embargo, aún es temprano para concluir en eso, así que Bolivia pudiéramos dejarla todavía allí. Claro que la estrategia nuestra debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad Sudamericana y creo que no es un sueño, creo que nunca antes en América se había dado una situación como ésta”. 

Parece indiscutible que no fue Chile quien se alejó de Sudamérica sino parte de Sudamérica, -los bolivarianos Venezuela, Brasil y Argentina y los de Alba, receptores de los subsidios petroleros de Chávez-, los que excluyeron a Chile por razones ideológicas, varios años antes de la existencia de la Alianza del Pacífico y mucho antes del gobierno de Presidente Piñera. Una clara muestra del sectarismo ideológico fundacional del grupo es la mofa que Chávez hacía del Presidente Lagos, quien según Hugo “dice que es socialista” y de Evo que exige a Bachelet que de pruebas de su socialismo cediendo ante Bolivia.

Después del fallido golpe de estado del 11 de abril del 2002 que casi lo derriba, Chávez adquirió una sólida antipatía por Lagos y por Chile, a quien acusó de simpatía por los golpistas y a partir de entonces se trasformó en el vocero de la aspiración marítima boliviana. Con la simpatía de los gobiernos de izquierda de la región, mas el apoyo de Fidel Castro el insultador profesional de la izquierda latinoamericana, Hugo las emprendió contra Chile y su Presidente. El 13 de enero del 2004, en la Cumbre de Monterrey, Chávez acusó a Lagos de mentiroso y repitió por enésima vez y en cuanto lugar y auditorio encontró, su voluntad de bañarse en una playa boliviana en el Océano Pacífico. Luego insistió en que Chile debía dar salida al mar a Bolivia y que él le regalaría “todo el asfalto que pudiera necesitar para hacer una carretera hacia al mar”.

En ese mismo contexto, entre Brasil y Venezuela le regalaron un lote de aviones de entrenamiento a la Fuerza Aérea Boliviana. Nada relevante como poder aéreo, pero todo un símbolo político. Poco tiempo después, Evo Morales se declaraba “uno de los admiradores de Fidel Castro y de Hugo Chávez”, y que los consideraba los principales aliados de su gobierno. El 26 de mayo del 2006, Venezuela y Bolivia firman el Acuerdo de Cooperación Técnica “para el mejoramiento y la complementación de las capacidades de defensa de cada país”. Nuevamente, nada para asustarse, pero clara muestra de antipatía hacia nuestro país, ya que se hacían alusiones a la protección de las fronteras bolivianas y la instalación de guarniciones en el Río Silala y otros lugares conocidos por los chilenos.

Brasil, como aspirante a líder regional no podía quedarse atrás, el año 2012, Marco Aurelio García, asesor de Dilma Rousseff para asuntos estratégicos internacionales, propuso que Unasur –una criatura parida por Chávez  y adoptada por Brasil a los pocos meses de edad- con el mismo García a la cabeza, tomara cartas en el asunto: “El asesor internacional de Dilma Rousseff aseguró que le gustaría “ayudar” en estos temas”. “estos diferendos se pueden resolver de manera generosa”. Obviamente el peso de la generosidad la pondría Chile. Argentina tampoco se inhibió de dar vuelo al columpio y hacer ruido para que “el problema se resolviera”.

Todo el grupo bolivariano, concertadamente, haciendo fuerza por Bolivia y en contra de Chile.

Es muy curioso que en estos días se diga que, a partir de este gobierno, la política exterior de Chile no tendrá sesgos ideológicos, en circunstancias que hemos sido objeto de un trato excluyente por parte de la izquierda chavista y petista (del PT) precisamente por razones ideológicas.

Morales se creyó el cuento. En su imaginación doblegar a Chile estaba al alcance de la mano, solo faltaba un poco mas de presión y juego de piernas. En uno de sus viajes a Chile los grupos bolivarianos, financiados por Chávez y en parte también por el gobierno argentino, se concentraron en el velódromo del Estadio Nacional para corear “Mar para Bolivia”. Evo se manifestó conmovido y atribuyó este apoyo a la “diplomacia de pueblos”, que saltando por sobre los gobiernos, incluso del que lo había invitado, imponía los deseos de las bases directamente.

Que los concurrentes aplaudieran a Evo y gritaran Mar para Bolivia no era extraño, ya que era la barra organizada y financiada por ellos mismos. El balde agua fría vino pocos días después cuando una encuesta señaló que el 80% de los chilenos ahora se oponía a cualquier dádiva territorial a Bolivia. El tiro había salido por la culata.

Hoy día el bolivarianismo se desfonda y estalla en cámara lenta pero inexorable. Venezuela se aproxima al auto golpe de estado o a la guerra civil, en medio de la quiebra económica, la violencia, el desabastecimiento y la rabia popular, y responde a las demandas de los estudiantes con balas y grupos de choque en motocicletas. Argentina en medio de una crisis económica dramática, con inflación, estancamiento y crisis macroeconómica vuelve  al Banco Mundial, el Club de París y al odiado Fondo Monetario Internacional en busca de crédito y Brasil busca ansiosamente como salir del atolladero político y económico en que se metió, haciendo como que no se da cuenta de lo que pasa en Venezuela, lo que muestra en la práctica que su pretendido “liderazgo” no es tal.

El sectarismo y la exclusión no corrió por cuenta nuestra, sino que fue el arma de los bolivarianos y petistas para tratar de forzarnos a ingresar a su grupo, hoy fallido, y que usó la aspiración boliviana como arma contra nuestro país.

Evo Morales perdió esta vuelta y haría bien en tomar nota de ello. La respuesta de la Presidente de Chile respecto al asunto es demoledora: “Aquí hubo una decisión del gobierno de Bolivia de llevar este tema a un tribunal internacional, y Chile expondrá su posición allá”.

No más lloriqueo, quejas de que lo desprecian ni referirse a los chilenos como “hermanos”. Si Morales quiere algo de Chile que lo diga con claridad y concretamente. No más vaguedades. Que por una vez actúe responsablemente y que jamás olvide que conspiró con los enemigos de Chile creyendo que nuestro país estaba débil y vulnerable.

 

Brasil entre Cardozo, Lagos y Bachelet

Un reciente artículo de Fernando Henrique Cardozo bajo el título “Cambiar el rumbo de Brasil”, ofrece una visión de una alternativa que permite ser optimista, no solo respecto a su futuro sino también respecto al rol de su país en la región. Cardozo, de 82 años de edad, es un sociólogo, cientista político y profesor universitario. Como mandatario su gobierno aplicó políticas neoliberales y redujo la inflación hasta el 5%. Consiguió un importante aumento de la inversión extranjera. Tuvo dificultades para controlar el déficit fiscal y el comercial y la reducción del precio de las exportaciones y luego la crisis económica de Rusia afectaron severamente a la economía de Brasil y el crecimiento no fue el esperado. Se vio en la necesidad de devaluar la nueva moneda, el Real. La economía comenzaba a recuperarse cuando se produjeron elecciones presidenciales, en la que su candidato, José Serra, perdió a manos del Partido de los Trabajadores (PT) de Inacio “Lula” da Silva. Cardozo es considerado un líder intelectual de su país.

Él resume así su propuesta: «La política exterior brasileña debería abrirse al Pacífico, estrechar relaciones con Estados Unidos y Europa, establecer múltiples acuerdos comerciales, no temerle a la competencia y ayudar al país a prepararse para ella…».

Su diagnóstico se basa en las siguientes premisas: “El gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), sin decirlo, le apostó todas sus fichas a la «declinación del Occidente»: de la crisis surgiría una nueva situación de poder en la cual los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el mundo árabe y lo que sería el antes llamado Tercer Mundo tendrían un papel destacado. Y Europa, abatida, haría contrapunto a un Estados Unidos menguante”.

“No es eso lo que está sucediendo: los estadounidenses salieron adelante … logrando además un fuerte arranque en la producción de energía barata”, “los próximos decenios serán de «coexistencia competitiva» entre los dos gigantes, Estados Unidos y China, con partes de Europa integradas en el sistema productivo estadounidense y con las potencias emergentes, como nosotros mismos, México, Sudáfrica y tantas otras, en busca de espacios de integración comercial y productiva para no perder relevancia”.

“Es obvio que la política exterior brasileña tendrá que cambiar de foco, abrirse al Pacífico, estrechar relaciones con Estados Unidos y Europa, establecer múltiples acuerdos comerciales, no temerle a la competencia y ayudar al país a prepararse para ella. Brasil tendrá que volver a asumir su papel en América Latina, hoy disminuido por el bolivarianismo prevaleciente en algunos países y por la Cuenca del Pacífico, con la cual debemos integrarnos, pues no puede ni debe ser vista como excluyente del Mercosur.

No debemos quedar aislados en nuestra propia región, vacilantes ante el bolivarianismo, abrazados a la irracionalidad de la política argentina -que ojalá se reduzca- y poco preparados para la embestida estadounidense en el Pacífico”.

Por su parte, Ricardo Lagos, ex Presidente de Chile y amigo personal de Cardozo, en un artículo aparecido en Agosto del 2012, expresa una posición muy similar: “Es necesario hacer un análisis más en profundidad. Y esto con dos afirmaciones previas: ni Brasil puede emprender su trayectoria global desligándose de su entorno, en especial con América del Sur, ni los países de la Alianza del Pacífico pueden construir una relación eficiente con el otro lado del océano sin expresar que también buscan ser puente de países como Brasil, Argentina y otros”… “el peso de Brasil es importante en el mundo por sí solo, pero lo es mucho más cuando el mundo ve a través de Brasil la expresión de un gran subcontinente como es América del Sur””.

“Pero también está la otra realidad: el siglo XXI es el siglo del Océano Pacífico. Allí están ahora las grandes corrientes del comercio mundial, los flujos financieros principales y los países de crecimiento más rápido. Aquí está el despertar de ese gigante que es China y un poco más atrás, la India. La historia muestra cómo el devenir de la humanidad se ha dado en torno de mares y océanos. Y ello ha favorecido a los países o puertos ribereños, pero siempre cuando entendieron que su sentido estratégico estaba en ser puerta de entrada, vínculo o puente con los que estaban más allá de esa geografía cercana al mar”.

Son diagnósticos y propuestas que comparto en gran medida ya que no solo darán profundidad estratégica y volumen comercial a Chile sino que también favorecerán el crecimiento y la estabilidad de Brasil y podría contribuir a su inserción en el contexto regional sudamericano en una forma positiva.

Por otra parte, el programa de gobierno de Bachelet se expresa en términos muy similares a los de Cardozo y Lagos y no podía ser de otra manera considerando la fuerte influencia de ambos sobre la intelectualidad de izquierda en Chile y Latinoamérica. Pero aquí hay una diferencia crítica: los dos primeros son políticos que plantean una alternativa de integración y participación regional en el Pacífico desde una perspectiva académica, especulativa; en cambio el programa de gobierno de Bachelet, se presume que señala una “estrategia” una “hoja de ruta”, una “secuencia de acciones para alcanzar un objetivo”, lo que exige la existencia de ciertas condiciones para que ellas sean factibles.

La primera condición es que Brasil abandone las políticas económicas que lo llevaron al fracaso y “cambie el foco” como lo señala Cardozo. Aun cuando hay fuertes críticas a la estrategia “antimperialista” del PT como la que publicó el editorial del periódico O Globo -«No se sabe hasta cuándo Brasilia estará pasiva, en nombre de un proyecto ideológico de montaje de una barrera en América latina contra el «imperialismo yanqui», un delirio. Al final, Juan Domingo Perón y Getulio Vargas lo intentaron, en la década del 50, y no dio resultado»-, lo más probable, desgraciadamente, es que las próximas elecciones las gane Dilma Rousseff y que las políticas económicas brasileñas cambien poco o nada.

Una segunda condición es que Brasil abandone toda pretensión de incorporarse a la Alianza del Pacífico a la cabeza de Mercosur. Esta es una solicitud inadmisible. La Alianza del Pacífico rechazó el ingreso de Mercosur pero dejó abierta la puerta para que “los países que integran Mercosur” se incorporaran individualmente. Brasil y México ciertamente son las mayores economías de América Latina, pero ningunos nde los dos puede pretender tener súbditos sometidos a su voluntad. Pueden aspirar a tener socios, respecto a los cuales cooperar y liderar, pero siempre en un esquema de respeto mutuo. Algunos brasileros entienden el problema: “O Estado de S. Paulo anticipó que Rousseff recibirá un pliego de recomendaciones para negociar con la Alianza del Pacífico, y para reformular el Mercosur, eliminando el arancel externo común y permitiendo a cada socio la estrategia que considere más ventajosa”, pero también hay políticos brasileños como el inefable Marco Aurelio García, que no parecen entender la diferencia.

En los organismos del Pacifico los compromisos son libremente adquiridos y son para conseguir fines específicos que interesan por igual a todas y cada una de las partes involucradas. Los acuerdos no se toman por mayorías sino por consensos y no van más allá de los propósitos establecidos en cada acuerdo, sin ampliarse a la intervención en los asuntos internos de los estados miembros. Es uno de los grandes valores asiáticos que permite la cooperación entre países diferentes en tamaño, poder y regímenes políticos que los chilenos hemos aprendido a respetar. La base de las organizaciones del Pacífico es que los que participan lo hacen como “países” y no llegan como “grupo” y menos algún país llega como “líder de un grupo”, como es la forma con que Brasil pretende asegurar su preeminencia y poder. Los “Building Blocks” acá no corren.

Brasil y Argentina deben también hacer abandono de su idea de «Sudamérica» como un concepto internacional predominante por sobre el de «América Latina». Esta clasificación, que aspira al aislamiento de México, es la premisa a partir de la cual Brasil intenta armar su liderazgo regional. Ahora, a través de la Alianza del Pacífico, México vuelve para quedarse y si puede no ser bueno para Brasil, claramente aumenta el peso de la región en su conjunto.

El colapso de los proyectos populistas, en su versión chavista en Venezuela, petista en Brasil y del “modelo K” en Argentina, abren paso a una posibilidad que puede ir armándose y adquiriendo solidez en los próximos años. El mensaje de Cardozo es particularmente esperanzador, pero no es el único, en Argentina también han surgido análisis similares a los de Cardozo y proyectos nacionales en esa misma línea.

Pero por ahora son solo deseos, cuando esos grupos políticos alcancen el poder y adopten las conductas correspondientes, será hora de hablar en serio sobre su incorporación a la Alianza del Pacífico.

Por ahora nuestra política exterior debe tratar con las situaciones como son.
 

 

La Haya, Mar de Grau – Qwerty

El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) resultó una caja de sorpresas: Acogió todas las tesis chilenas: que existía un límite marítimo entre Chile y Perú reconocido por ambas partes; que dicho límite se originaba en el Hito N° 1 de la frontera terrestre y que dicho límite marítimo corría por el paralelo geográfico que pasa por sobre dicho Hito N° 1. En breve, Chile tenía razón en todo su planteamiento. Los peruanos que por sus propias razones esperaban una derrota moral para Chile, no encontraron satisfacción. Habíamos actuado de buena fe y con transparencia. Más aun, teníamos razón.

Peor, un hito de la diplomacia de la zancadilla como el muy mentado memorándum Bakula, resultó ser una anécdota intrascendente; la reiterada pillería de los diplomáticos peruanos de plantear una situación conflictiva al momento de retirarse de una reunión, por cualquier otro motivo, con un par chileno solo satisfizo su ego. Sus alambicadas creaciones cartográficas y la creatividad de su conspicuo Ministerio de Relaciones Exteriores (Torre Tagle) fueron duramente desmentidas y disectadas por una lógica jurídica implacable. Lo que Perú recibió no fue el producto de la destreza de Torre Tagle sino de la magnanimidad de la Corte. Un regalo.

Pero el fallo también sorprendió a Chile. Nuestro país fue a una corte de derecho y su caso fue fallado según criterios de equidad: satisfacer al desvalido que siempre tiene una nueva pedida.

Más allá del juicio que nos merezca el fallo de la CIJ, los chilenos fuimos a ella en cumplimiento de un compromiso libremente adquirido –el Pacto de Bogotá- nos sometimos a su jurisdicción y ahora sólo nos resta cumplir su fallo, como país formal y respetable que somos. Sin embargo, esta experiencia nos señala que la CIJ en sus fallos incluye criterios discrecionales –la equidad es un juicio moral o ético y por lo mismo subjetivo- que deja nuestros intereses nacionales entregados a su criterio y expuesto a su propia delimitación de competencias. En esa condición es mucho más válido recurrir al arbitraje u otro sistema de solución de controversias adecuado para cada caso, que siendo igualmente discrecionales, las partes puedan intervenir en la determinación de su composición, procedimientos y límites a su potestad.

Tan pronto como se leyó el fallo, las autoridades peruanas hicieron declaraciones cuyo propósito y exactitud merece análisis. El Presidente Humala se expidió sobre la naturaleza de las aguas entregadas por el fallo a Perú, señalándola como lugar donde su país ejercería “soberanía”. Aquí hay un error. El párrafo 178 de la sentencia dice “El agente peruano declaró, en nombre de su gobierno, que “el concepto de Dominio Marítimo” usado en la Constitución peruana es aplicado de forma consistente con las zonas marítimas definidas en la Convención de 1982. La Corte toma nota de que esta declaración expresa una adopción formal (de este concepto) por parte del Perú”.

Debemos recordar que la Constitución peruana establece que el dominio marítimo del Perú comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, (tratamiento de “mar territorial”) hasta la distancia de 200 millas marinas (Art. 54º), y declara que “ejercerá dicho control y protección … en una zona comprendida entre esas costas y una línea imaginaria paralela a ella y trazada sobre el mar a una distancia de doscientas (200) millas marinas, medida siguiendo la línea de las paralelas geográficas. Mediante Ley No. 23856 del 24 de mayo de 1984 el dominio marítimo del Perú pasó a denominarse “Mar de Grau”.

Durante este pleito, Perú ha declarado formalmente que para toda interpretación legal, ha renunciado a su pretensión de la “territorialidad” y acepta la figura de la Zona Económica Exclusiva de acuerdo a lo establecido en la Convención de 1982. Es decir, reconoce que sólo tiene derechos económicos sobre dichas aguas y que respeta la libre navegación y sobrevuelo a las naves y aeronaves de todas las banderas.

En breve, Perú no ejerce “soberanía” ni sobre los territorios marítimos recientemente otorgados por la CIJ ni sobre el ex – Mar de Grau.

No está claro si Torre Tagle consideró o explicó a sus conciudadanos este importante asunto, que toca a su Constitución.

Los alcances de este fallo, por lo tanto van mucho más allá de agregar algo de Zona Económica Exclusiva al mar peruano, sino que afectan a la condición jurídica de la totalidad de dicho espacio marítimo, que de un golpe, ha cambiado drásticamente de condición. Si esto es ganancia o pérdida para Perú es debatible, pero está claro que lo que Perú entendía por Mar de Grau ha dejado de existir.

 

Sin perjuicio de lo señalado, varias autoridades menores y muchos periodistas y comunicadores peruanos están intentando no solo desconocer el compromiso adquirido por su país, sino extender el criterio de “territorialidad” a su reciente adquisición territorial marítima. Este es el efecto qwerty, que dice que una vez que una idea se masifica, aunque sea mala y errónea, tiende a mantenerse inalterada, por mucho que se explique que es falsa. Chile está alerta sobre esta nueva muestra de creatividad. Es de esperar que nadie en Perú trate de ir más allá de lo prudente. Es hora de actuar como adultos.

 

Otro asunto interesante es el del triángulo comprendido entre el Hito N°1, origen de la frontera marítima y la frontera terrestre entre ambos países; el punto de corte entre el paralelo que configura el límite marítimo binacional y el borde costero y el punto 266 (Concordia para Perú) que señalaría el punto en que el semicírculo que determina el comienzo de la frontera terrestre, corta la línea de la alta marea. Este pequeño espacio de sólo 3,7 hectáreas parece haber concentrado toda la pasión de los que quedaron frustrados con el reconocimiento de las tres tesis chilenas por parte de la CIJ. Esto es una gran lástima pues representa transformar algo muy menor en un conflicto. La única explicación plausible de esta obcecación sería que el valor de ese pequeño territorio daría la posibilidad de conseguir el tan anhelado triunfo moral sobre Chile.

Personalmente, si estuviera a mi alcance, se lo regalaría a Perú como una muestra de comportamiento adulto y alma grande. Ese pequeño lunar ya ha suscitado al menos un intento de provocación, recordemos la “marcha de los reservistas” de Humala cuando aun no era presidente. La creatividad de nuestros vecinos podría reeditarla con los mismos eternos reservistas o con el “pueblo” y crear una situación conflictiva de mal pronóstico. La emboscada política ha probado ser un arma lícita, al menos para Alan García y su gobierno, por nombrar un ejemplo cercano.

Parece haber llegado el momento de que algunos círculos peruanos cesen en sus provocaciones. Todo tiene su límite. Calma y parsimonia no significan impotencia y si alguien está pensando en reeditar a García y burlarse nuevamente de Bachelet, creo que comete un grave error, tal vez irreparable.

El castillo de naipes se derrumbó y la Corte descartó por completo la entelequia. Es hora de hablar en serio. No más “engañamuchachos”, como dicen el Lima.

Relaciones frías y distantes

Desde hace algunas semanas diversos medios periodísticos han estado acogiendo y difundiendo un tipo de análisis de las relaciones exteriores de Chile que se parece mucho a una campaña de desinformación.

Un resumen comprehensivo y completo de los argumentos presentados por la izquierda fue expuesto por Luis Maira, que fuera embajador en Argentina. Al término de su exposición ante el Consejo Chileno para las RR.EE., al cual a la prensa no tuvo acceso, Maira le planteó directamente a Piñera las críticas que la diplomacia vinculada al  «Acuerdo Político Programático Nueva Mayoría»ha realizado a la política exterior del actual Gobierno. En ausencia de una fuente neutral, tendré que referirme a la versión de Carlos Ominami, que comparte el análisis de Maira.

Según la prensa Ominami reveló que quedó planteada una controversia, “hay una diferencia importante de apreciación entre el balance que hace el Presidente y el balance que hacemos muchos otros”. Maira habría dicho que «si uno hace un balance a la evaluación de América del Sur, nos vamos a encontrar con que hay un conflicto con Perú, tenemos un conflicto abierto con Bolivia, perdimos una relación privilegiada con Ecuador, tenemos las relaciones más o menos congeladas o en un bajo nivel con Brasil y Argentina».
Es un análisis difícil de entender, sobre todo proviniendo de una persona que ha tenido una función diplomática

En efecto, si revisamos los dichos de Maira, encontramos que en su primer juicio, -la existencia de un conflicto con Perú-, podemos constatar que éste tiene una larga data y que su agudización ocurrió, precisamente, durante el gobierno anterior, de Bachelet, en el cual Maira jugó un importante papel. La pretensión de los diplomáticos de izquierda de agudizar el conflicto con Perú mediante una actitud hostil, por su “comportamiento inamistoso” –que lo fue, y mucho- hoy nos tendría enfrentando un epílogo jurídico -al que nunca debimos haber llegado-, en medio de una fuerte tensión internacional. Si Maira creía que resolver este conflicto por las armas era la solución, pudo haberlo expuesto en su momento. No lo hizo. Las bravatas no ayudan a nada, sobre todo las bravatas después de la crisis. Por lo demás, si de acuerdos estratégicos se trata, Maira debe recordar que Perú firmó un acuerdo estratégico militar con Gran Bretaña, como reconocimiento a ese país por no bloquear el acceso de sus buques a las Falkland. Al revés de Chile que se ha sometido a todos los caprichos y exigencias de la familia Kirchner y se ha distanciado de un verdadero amigo, Gran Bretaña.

Respecto al “conflicto abierto con Bolivia”, también es de larga data. El gobierno de Bachelet intentó controlarlo mediante la “Agenda de los 13 puntos, sin exclusiones”, que concluyó en una sorprendente y casi secreta oferta de un enclave en territorio nacional, que además de provocar a Perú sin oficio ni beneficio, no contribuyó en nada a mejorar las relaciones con Bolivia. Por el contrario, el reto de Morales a Bachelet de que no acreditaría como socialista si no se retiraba de la Alianza del Pacífico, es toda una muestra de lo bajo del nivel a que llegaron las relaciones bilaterales. El gobierno de Piñera mantuvo “relaciones distantes” con Bolivia, que probablemente sea lo mejor que se pueda lograr con el Chamán de Bolivia.

“Perdimos una relación privilegiada con Ecuador”. Si alguna vez lo fue, con Correa eso no existió. Correa está movido, primero, por una ideología socialista anticuada y dogmática, intentó y logró estrujar a Chávez y lo secundó en su apoyo a las FARC de Colombia. Negó a Chile tres veces, igual que otro célebre personaje. Y lo más trágico es que fue ingrato y mal amigo con Chile antes y durante el gobierno de Piñera, antes incluso a que Perú decidiera arrastrarnos a La Haya.

Las relaciones con Brasil son las de siempre. A ratos Brasil parece querer súbditos y no amigos las reiteradas visitas de Aurelio García a dar instrucciones asi lo parecen.

Chile hace lo que ellos quieren o dejan de “amarnos”. Es oportuno recordar que su primera y gran rabieta fue por el no ingreso de Chile al Mercosur, durante un gobierno de la Concertación, en circunstancias que los presidente de ambos países eran ideológicamente cercanos y amigos. Así fue y así sigue. Ahora su molestia fue exacerbada por la Alianza del Pacífico. Esta comenzó siendo ninguneada y dejada de lado, pero como continuó avanzando cundió la frustración. Pero eso es problema de Brasil, cuando se les pase, las relaciones mejorarán. En mi opinión Brasil es un caso de marketing demasiado exitoso. La izquierda local saca a colación el viaje de Dilma Rousseff a Lima para formar un “acuerdo estratégico” con Perú. Brasil y todos los países de la región se lo pasan firmando acuerdo estratégicos, es la política de los gestos, la política de las palabras que nunca se materializan en nada. Brasil le dio cuerda a un acuerdo estratégico firmado con Perú hace como diez años donde nunca pasó nada, ahora lo sacan del cajón, lo firman de nuevo y listo. Y los chilenos se alarman.

Brasil tiene un gravísimo problema de infraestructura. Los camiones hacen filas de 40 kilómetros para entrar al puerto de Sao Paulo, no está para construir una carretera trans – amazónica si ni siquiera pueden construir un ferrocarril entre Rio y Sao Paulo. Es cierto las izquierdas son grandes amantes de los gestos y los dichos, pero un poco de realismo nunca sobra.

La política exterior de Argentina es un caso aparte. Tabaré Vásquez, de Uruguay, izquierdista de credenciales incuestionables fue arrinconado y “apretado” por Kirchner con todas las de la ley por lo de las plantas de celulosa en el río Uruguay. Una patota financiada por el gobierno argentino mantuvo bloqueado el acceso al puente binacional en Gualguaychú causando un enorme daño a la economía uruguaya. El tema siguió con José Mujica: teniendo que elegir entre dos desgracias es célebre su preferencia por “El Tuerto” que por “La Vieja”. Cristina peleó con Dilma, con la UE, con España, con EEUU, con Gran Bretaña. Estoy seguro que el Maira recuerda los tristes días en que Argentina desconoció los contratos de venta de gas a Chile, que además hizo con malos modales y con mentiras. La verdad es que con la Argentina de los Kirchner es mejor tener una relación fría que no una caliente como la que ellos tienen con medio mundo. Lo mismo vale para Maduro de Venezuela.

Para la izquierda chilena Colombia y México no cuentan como amigos. Pura ideología.

Es cierto que los chilenos tenemos mala memoria y no somos muy vivos, pero, por favor, no abusen. Por lo demás, el que Chile fuera elegido miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas indica que no está aislado, ni carece de liderazgo ni buena imagen internacional.

 

Chile, el Invitado de Piedra y Unasur

 Rafael Correa, de Ecuador, nos ha informado que este primer trimestre viajará a Cuba para participar en la cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac) y  luego vendrá a Chile. Como sorpresa nos trae un negocio: nos va a ofrecer la venta de energía eléctrica renovable. El vicepresidente ecuatoriano, Jorge Glas, lo explica así: “Estamos realizando los estudios del sistema de interconexión eléctrica andina. Con la producción de las hidroeléctricas ecuatorianas podremos exportar energía eléctrica”. Con ese fin, tiene previsto construir ocho hidroeléctricas hasta 2017, con una inversión de unos 5.000 millones de dólares.”Tendremos una matriz energética situada entre las más amigables con el ambiente. El 93% de nuestra energía provendrá de hidroelectricidad, energía renovable que no contamina”. Nadie le ha dicho que en Chile la Izquierda considera anatema a la energía hidroeléctrica.

También vendrá para la toma de posesión de Bachelet: “Vamos a tener viajes para posesión de mandos en países amigos”, dijo el Mandatario con ocasión de su informe semanal, durante el cual anticipó la planificación de sus giras internacionales para el año 2014. “Todo esto ya está agendado, planificado como debe ser. No está grabado en piedra, es flexible, puede retrasarse, adelantarse un viaje, puede anularse”. Curiosa reflexión respecto a su eventual anulación. Será que podría dejar de interesarle asistir, también podría ser una forma de dejar claro que su presencia se producirá sólo si el gobierno de Chile se hace acreedor a su augusta presencia, aunque también podría ser que no lo inviten y tenga que quedarse en su casa.

Este mensaje llega justo detrás del recado del Chamán de Bolivia, Evo Morales –que va para su tercera reelección para completar 14 años de gobierno–, quien, justo antes de su viaje al funeral de Alba, notificó a Bachelet que la prueba de fuego de la autenticidad de su filiación socialista pasa por su adhesión a Unasur y Alba y su abandono de la Alianza del Pacífico.

Correa dice que viajará a países amigos entre los cuales se encontraría Chile. No es tan así. Correa ha sido inamistoso con Chile tanto durante el pleito al que nos arrastró Perú como con su estrepitoso apoyo a Morales durante su reciente visita a Bolivia, que también ha demandado a Chile. La uniformidad de su comportamiento desafecto hacia Chile se ha dado tanto habiendo gobiernos de Izquierda como de Derecha; pareciera que su desamor es hacia Chile, como país, más que hacia gobiernos. Sorprendente si se considera que Ecuador es un país que ha recibido múltiples y variadas muestras de apoyo y afecto del nuestro, tanto en situaciones normales como en situaciones complicadas, por ejemplo la guerra que sostuvo contra Perú, su nuevo mejor amigo. Me parece que, si no viene, no habrá lágrimas por su ausencia, más bien al revés.

Pocos días después, su canciller, Ricardo Patiño, manifestó que “la reelección de la socialista Michelle Bachelet como Presidenta de Chile permitirá el fortalecimiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se ha visto debilitada”, también señaló que “la muerte del mandatario venezolano Hugo Chávez, en 2013, afectó el proceso de integración de Latinoamérica, pero confía en que se retome en 2014”, y admitió que en el organismo “existió un cierto debilitamiento como consecuencia de los problemas en torno al funcionamiento de la secretaría general”, ya que “el ex ministro venezolano Alí Rodríguez, que concluyó su periodo de funciones en julio pasado, fue un “extraordinario” secretario de la Unasur, pero “desafortunadamente, por sus problemas de salud, la dinámica que se llevaba se ha debilitado de alguna forma”.  También lamentó que “no se haya llegado a “un adecuado consenso” para nombrar al próximo secretario. “Eso, hay que reconocerlo, ha generado que la dinámica que se llevaba se ha debilitado de alguna forma”.

En breve, se murió Chávez, se acabó la plata. Alí Rodríguez, sin plata, no sirvió para nada, no tenía nada que regalar. No se han podido conseguir un candidato a Secretario General porque Unasur es un muerto que nadie quiere cargar.

Hay que recordar que Unasur fue un invento de Chávez, Brasil se lo escamoteó y con él jugó un juego feo: “Líder de los antiimperialistas” frente a Sudamérica y “Estado responsable que controla los desbordes de Chávez” frente a EE.UU. y Europa. Hoy Unasur es un huerfanito y Brasil, que es el que de veras mangonea, desea que Bachelet le haga de testaferro. Si Correa espera que Chile reemplace a Venezuela como mecenas político y económico de Unasur es que está completamente perdido respecto a la situación real chilena. Bachelet va a necesitar cada centavo para pagar todas sus promesas. No hay dinero para financiar proyectos  populistas.

Estos hechos son aun más interesantes si los miramos a la luz del programa de Gobierno de la Izquierda. El texto es una obra maestra de la pirueta diplomática para quedar bien con todo el barrio. Dice:

1.- “El eje de la política internacional del siglo XXI está en el Pacífico”. Es evidente para todo el planeta, no podría ser de otra manera.

2.- “La política exterior de Chile en el próximo gobierno debe contribuir a lograr una mayor unidad regional”. Deseable, pero ¿cómo?, ¿en torno a qué proyecto?

3.- “Debemos fortalecer nuestra participación en los distintos mecanismos de integración actualmente existentes en América Latina y, en especial en América del Sur”. Mercosur se murió y Alba agoniza. Cada uno de sus miembros va para su lado. ¿Cuáles son los mecanismos existentes en la realidad?

4.- Hay que impulsar puentes de entendimiento por sobre diferencias ideológicas y subregionales. ¿Con Maduro? ¿Con Cristina? ¿Con Morales? Con Dilma no hay problemas si le obedecemos en todo.

5.- “En este marco, valoramos los esfuerzos de integración en la Alianza del Pacífico, pero nos abocaremos a orientar nuestra participación en esta iniciativa en una perspectiva no excluyente o antagónica con otros proyectos de integración existentes en la región en los que Chile también participa. Asimismo, recuperaremos el impulso inicial de la Alianza, como una plataforma comercial para proyectarse colectivamente en la región asiática”. Bien. La Alianza del Pacífico no excluye a nadie, pero no puede incluir a países que insisten en las fracasadas políticas económicas de Mercosur. Mercosur nunca podrá integrarse con Asia, ya que su estrategia de desarrollo es cerrada, estatista y proteccionista.

6.- “Chile ha perdido presencia en la región, sus relaciones vecinales son problemáticas, se ha impuesto una visión mercantil de nuestros vínculos latinoamericanos y se han ideologizado las opciones de inserción externa”. La verdad es con Perú y Bolivia se pusieron más problemáticas durante el anterior gobierno de Bachelet y Kirchner tiene relaciones problemáticas hasta con el Papa. Lo “mercantil” ha sido una descalificación recurrente respecto a la “política de las cuerdas separadas” con Perú, pero no vale más que como un recurso político electoral y la ideologización ha corrido por cuenta de los chavistas y no de Chile.

7.- “Más aún si se constata que la importancia de esta región se ve reforzada por la contribución estratégica que ésta podría aportar a las proyecciones de nuestro país en América Latina y el Caribe, en general, y con América del Sur, en particular. Para ello, Chile debe consolidar su condición de ‘país puerto’ y ‘país puente’ entre las naciones latinoamericanas del Atlántico Sur y el Asia Pacífico, lo que requiere mejorar la interconectividad, aumentar la capacidad de nuestros puertos y perfeccionar nuestros servicios. Chile está en condiciones de desempeñar un rol de vínculo entre las economías de ambas orillas del Pacífico, aprovechando las fuertes relaciones comerciales que tenemos en la región, así como nuestra extensa red de tratados de libre comercio. Por ello, favoreceremos vínculos colectivos latinoamericanos con ASEAN”. ¡Brillante!, es una gran oportunidad para Chile, pero es difícil que pase mientras Mercosur no abandone sus políticas económicas fracasadas.

En la Izquierda chilena existe una idea curiosa. Venezuela, Argentina y Brasil son Latinoamérica; Colombia, Perú, Chile y México no lo son. Si estamos con los primeros, estamos acompañados, si lo hacemos con los segundos, estamos solos y aislados. Raro. La Nueva Mayoría trae consigo una Nueva Geografía.

Pero lo peor es que parece olvidar que la propuesta es irreal. Les ofreceremos un acceso a la globalización a los países que no quieren globalizarse. Es como tratar de venderles helados a los esquimales.

No sabemos qué ocurrirá, pero definitivamente va a ser interesante.

Chile y Bolivia – Política de Estado

La Asamblea de Naciones Unidas, se reunió a comienzos de la presente semana en Nueva York donde Evo Morales volvió a expedirse sobre varios tópicos. Previo los insultos de rigor a nuestro país, a nuestro gobierno y a sus diplomáticos, recordó que Bolivia acudió a la Corte Internacional de Justicia para que obligue a Chile a negociar de manera “oportuna, efectiva y de buena fe” un acceso soberano al mar para Bolivia. Propuso la creación de un “tribunal de los pueblos” para juzgar a Barak Obama por “delitos de lesa humanidad” y exigió el traslado de la sede de las Naciones Unidas “a cualquier otro país del globo”. En breve, el tipo sigue comportándose como si el mundo fuera El Alto y sus habitantes tuvieran toda la paciencia del mundo para escuchar sus payasadas.

Pero hay mucho más. Evo Morales no es “Bolivia”, es solo un presidente más y Bolivia es nuestro vecino y lo será hasta el fin de los tiempos. Bolivia actual es un estado rudimentario y sus instituciones funcionalmente inexistentes, pero esto no será así para siempre y en el intertanto, debemos mantener una relación civilizada con ese país y con quienes lo gobiernen. Las políticas de Chile han variado a lo largo del tiempo desorientando a nuestros interlocutores bolivianos y dando pié a su creencia en curiosos “derechos expectaticios”.

Parece fundamental acordar una política de estado que establezca con claridad que queremos y como actuaremos en nuestra relación con ese país. A continuación les someto algunas ideas para enfrentar, en el largo plazo, este incordio.

En términos generales caben tres posibles alternativas de relacionamiento con Bolivia:

Ignorarla: Esta opción implica dos pérdidas: no beneficiarse del potencial de comercio e inversión existente en ese país y privar a la I y II regiones de la actividad económica transfronteriza que le puede aportar dinamismo y ganancias. Implica también el peligro de que el problema de la droga; la delincuencia; el terrorismo;  el tráfico de armas y el desgobierno terminen traspasándose a Chile, más allá de todas las barreras que interpongamos.

Debilitarla: Esta opción incluye apoyar las fuerzas centrífugas que existen en ese país y contribuir a su desmembramiento nacional. Esta alternativa apuntaría a establecer una relación positiva con la región sur de Bolivia donde existen algunas posibilidades de cooperación. Existe el grave riesgo de que se instale, en el corazón de Sudamérica una zona de inestabilidad y anarquía permanente.

Cooperación e integración: Parece ser la opción más conveniente, ya que es la que avanza más rápida y seguramente hacia la promoción de nuestros intereses nacionales, la que parece menos difícil de conseguir y la más ética.

Una política de Estado

Chile requiere objetivos de largo plazo, estables, acompañados de la constante revisión de sus objetivos de mediano y corto plazo y del empleo de sus recursos de poder.

¿Qué queremos en Bolivia?

En Chile no existe la intención de imponer un diseño geopolítico, ideológico o hegemónico a Bolivia. Chile tiene en ese país intereses concretos que derivan principalmente de la vitalidad económica y empresarial de nuestra sociedad y de sus necesidades de desarrollo, a nivel nacional y de dos regiones específicas, y como se señaló la mejor vía para lograrlo pasa por la cooperación e integración.

¿Cuál es entonces el “estado final deseado?, ¿La situación final que deseamos establecer y mantener respecto a Bolivia en el largo plazo?.

Esa situación podemos caracterizarla como de “Amigos y Socios en el desarrollo y la modernidad”, es decir una situación en que Bolivia sea un estado democrático, bien estructurado, con instituciones sólidas, en pleno control de su territorio, con participación activa en la Cuenca del Pacífico, con valores sociales y políticos compatibles con los nuestros, próspero y amistoso hacia Chile. Una Bolivia en la cual los chilenos puedan hacer negocios y viceversa en una forma fluida, que haya una fuerte corriente de intercambio y cooperación política, social, educacional y de seguridad.

Alcanzada esta situación, la aspiración marítima boliviana posiblemente podrá seguir existiendo, pero en un marco de interdependencia económica y de sintonía política que permitirá buscar y encontrar un acuerdo que entonces si podría ser factible y duradero. Este acuerdo deberá ser mutuamente conveniente, y conllevar un beneficio evidente para ambas partes, lo que en el caso de Chile no puede ser algo como “el gas”, necesidad coyuntural no comparable a algo permanente como “el territorio”, y sobre la base de que Bolivia tiene una “aspiración marítima” y no “un derecho al mar”.

Para considerar el diseño de una estrategia es necesaria la identificación de los objetivos sobre los cuales es necesario establecer un grado de influencia que permita el avance hacia el “estado final deseado” sin obstrucciones graves.

 

Objetivos y líneas estratégicas

Favorecer la toma del control político y económico de Bolivia por parte de un grupo social con intereses y valores compatibles con los nuestros. Por lo señalado anteriormente, esto pasa por establecer alianza con la clase media emergente, facilitando, apoyando y reconociendo el avance de este grupo político y socio económico.

Reducir la conflictividad de la elite actualmente dirigente: esto transita por cooptar a la elite dirigente de la Paz, apoyándonos en su interés en modernizar y desarrollar la economía boliviana. Apoyar y cooperar en el ámbito económico con la elite dirigente del Sur de Bolivia. Reconociendo sus diferencias con la Paz, apoyando su desarrollo y fortaleciendo los intereses comunes, políticos y económicos.

Construir puentes de cooperación directa con los grupos indígenas y sus organizaciones, contribuyendo a su desarrollo económico y social en el nivel comunitario e individual. Reemplazar en la relación, una percepción de egoísmo y autobeneficio de Chile, por otra de generosidad y beneficio mutuo. Identificando y destacando objetivos intermedios comunes: Lucha contra el narcotráfico, reducción de la pobreza, difusión de la educación, promoción de la salud, mejorar las condiciones de habitabilidad.

Proyectando nuestro progreso nacional como una oportunidad para compartir nuestros logros y capacidades: Acceso de su economía a la Cuenca del Pacífico, a los beneficios que entregue la Alianza del Pacífico, apoyo a su ingreso a TPP y apoyo a sus negociaciones de tratados comerciales. Favorecer la modernización del sistema político boliviano, y propender a su estabilidad política alrededor de un sistema económico de libre mercado.

Recursos de poder

Para obtener los objetivos señalados Chile cuenta con recursos de poder de diverso tipo: Clase media amplia, establecida y que comparte el poder económico, que ejerce el poder político a través de partidos políticos sólidos y bien organizados. Clase empresarial emprendedora. Política económica que funciona y genera crecientes beneficios sociales. Sistema educacional privado y público de buena calidad, interesado en la cooperación internacional. Una red amplia y cooperativa de organizaciones académicas. Fuerza militar efectivamente disuasiva. Amplia gama de organizaciones de la sociedad civil con práctica y experiencia en la materialización de acciones de solidaridad social.

Consideraciones Finales

Para la existencia de una política de Estado frente a Bolivia es fundamental identificar objetivos de largo plazo y dar orientación y coherencia a los objetivos y las estrategias de mediano y corto plazo.

La proposición de soluciones a la aspiración marítima de Bolivia, inspiradas en el manejo de crisis coyunturales, solo lleva a complicar el tema sin resolverlo, y genera expectativas imposibles de satisfacer por parte de Chile sin vulnerar gravemente sus propios intereses nacionales.

Los aspectos críticos de nuestra relación con Bolivia son políticos,- la ausencia de interlocutores válidos en ese país,- y cultural,- la incapacidad de comunicarnos eficientemente -. Chile no puede resolver esos déficits por si solo, requiere que ocurra un cambio en Bolivia.

Está de moda que los débiles tengan más derechos que los fuertes. Pero las cosas tienen límites, Bolivia no puede pretender prolongar la extraña situación de pretender negociar con Chile y no tener relaciones diplomáticas. Esta es una condición sine que non.

Este asunto, ¿interesará para algo a algún candidato Presidencial?. Lo dudo.

El Profesor García vino de Brasil

Hace algunos días Aurelio García, El Profesor, poderoso asesor estratégico y de política exterior de la Presidente de Brasil, Dilma Rouseff visitó nuestro país. En cuanto a las criticas brasileñas hacia la Alianza del Pacifico nos informó que “Nuestra actitud es respetuosa respecto a todos los proyectos de integración. La alianza es un proyecto económico al que no le ve tanta relevancia porque los acuerdos preexistente entre los países que integran la Alianza no permiten que esta les agregue muchas cosas a las que había de antes”. “Si se tratara de un proyecto político ahí si estaría un poco preocupado. Ya hubo declaraciones de Mandatarios de países de la Alianza que decían que era un poco de contención de Unasur, si es así es malo”. “Nosotros no queremos una integración puramente comercial por una sencilla razón: solamente beneficiaría a Argentina y Brasil porque somos dos grandes economías que tenemos una pauta de exportación muy diversificada, y no queremos vecinos débiles sino fuertes. Si queremos un proyecto de integración de la región debe ser equilibrada … Queremos un América del Sur fuerte, industrializada, interconectada, con carreteras. Hay proyectos de interconexión incluso del Atlántico al Pacifico, uno pasando por Perú, que ya está listo. Y el otro es el que vamos a inaugurar muy pronto con Argentina, Bolivia y Chile. Hay una idea de una carretera que salga de Brasil pase por Argentina y llegue a Chile por un túnel a través de la cordillera, explicó. García destaca que como país buscan una alianza con valores ideológicos, como democracia, pero que no involucre modelos económicos”.

El Profesor es fiel a si mismo y no cambia su discurso, pero se equivoca: En los proyectos de integración lo que se escribe no es relevante, lo que se hace si lo es y en este sentido, la Alianza avanza en hechos a una velocidad que el Mercosur nunca tuvo.

Todos los acuerdos entre países son políticos. Algunos con más énfasis en la seguridad, otros en la economía y otros en la ideología. El Mercosur privilegió esto último y la Alianza, lo segundo, la economía, pero no puede haber Pactos entre países que tengan diferente “visión de mundo”, o ideología. En ese sentido, tanto el Mercosur como el Pacto del Pacífico, tienen una base política innegable. La diferencia entre uno y otro es si son excluyentes e incluyentes. El Pacto del Pacífico heredó las más valiosas de las características de sus socios Asiáticos: el pragmatismo, la inclusividad y la concreción alejándose de la retórica inútil habitual en Latinoamérica, convirtiéndose en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial, y de proyección al mundo, con especial énfasis en Asia-Pacífico. Articulación política para lo grande, no para presuntos liderazgos para asuntos anecdóticos. En este sentido la Alianza es un pacto para dar lugar a un área de integración profunda para avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas. Para impulsar un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías de las partes, con miras a lograr un mayor bienestar, la superación de la desigualdad socioeconómica y la inclusión social de sus habitantes. En esto coinciden las autoridades económicas y políticas de Chile.
Es evidente que al analizar la integración desde una perspectiva estatista, El Profesor pierde la clave del asunto. El tamaño y la presunta “pauta de exportación muy diversificada”, -que no es tal-, tanto de Brasil como Argentina, al comerciar con el Pacto del Pacífico no lo harían solo con las economías y los productos locales. Por ser un pacto de libre comercio, entrarían a competir con todos los socios del Pacto, estén donde estén y sean de tamaño que sean. En nuestro caso, entrarían a competir con la industria chilena y también con la de India, China y EEUU, entre muchos otros con los que Chile tiene acuerdos de libre comercio. No hay magia, solo competencia, y eso beneficia a los consumidores mientras el proteccionismo beneficia a los empresarios –en especial a los que tienen amigos en el gobierno-, y eso de que las economías cerradas protegen a los trabajadores locales es un cuento, por algo Chile está cercano al pleno empleo y sin dar subsidios para inflarlo artificialmente.

Los consumidores chilenos ya conocen los bienes de tecnología actual, de buena calidad y precios razonables, no será posible convencerlos que compren artículos malos, caros y anticuados para favorecer el “nacionalismo sudamericano” ni dar sustento al desarrollo industrial de Brasil volviendo a una unión aduanera estatista y asimétrica. Los acuerdos de “industrialización protegida” son, precisamente los que apuntan al imperialismo, mucho más que los de “libre comercio”.

Por último, lo de la interconexión. El profesor ve la interconexión como un asunto de carreteras y ferrocarriles, -se quedó en el pasado- no debe olvidar el transporte marítimo ni el aéreo: el primero para transportar grandes volúmenes a bajo precio y el segundo para llevar personas y productos de alto valor, en forma rápida y expedita. En nuestro país el transporte aéreo de personas ha aumentado más que en ningún país de la región, por lejos.

El Profesor, una vez más, nos promete carreteras transcontinentales, lo viene haciendo desde hace años. La realidad es que el atraso de la infraestructura de transporte en Brasil es el cuello de botella que junto a la baja productividad tiene estancado al país. Asistimos a una lluvia de proyectos mamut, ferrocarril San Pablo – Río; 800 aeropuertos; carreteras cruzando todo el territorio brasileño … y nada. Si no pueden concretar sus proyectos nacionales, ¿podrán embarcarse en proyectos gigantes transcontinentales con una argumentación geopolítica decimonónica y casi sin sustento comercial?. Brasil, gran productor mundial de soja, tiene de colas de camiones cargados de hasta 40 kilómetros de largo esperando para entrar al puerto de Santos así parece un poco prematuro pensar en un proyecto “ … de una carretera que salga de Brasil pase por Argentina y llegue a Chile por un túnel a través de la cordillera”. El ranking del World Economic Forum ubica la calidad del transporte interno de Brasil en el puesto N° 114 de 148 países.

Luego viene el Trans Pacific Partnership (TPP), estamos avanzando en ello, y rápido. Ese es el camino correcto, si El Profesor quiere participar, adelante, pueden partir como observadores y si en el futuro se deciden por una economía abierta y competitiva, ¡¡ bienvenidos !!.