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Consultor en Riesgo país, Política y Seguridad Regional, Nacional y Estrategia

El Gobierno de Chile y la unidad latinoamericana

Evo Morales trata alternativamente a los chilenos y a sus autoridades de “hermanos” y luego de ladrones, bandidos, mentirosos y un amplio surtido de insultos. Correa también nos hermanea. Hasta Chávez nos trató de parientes mientras financiaba, -bajo cuerda-, a candidatos a cargos de alto nivel político en Chile, pagaba manifestaciones, financiaba el funcionamiento de grupos antisistema y hacía causa común con Bolivia contra Chile.

¿Por qué tanto amor hacia los que nos detestan?. Porque nuestro gobierno se muere de ganas de ser incluido entre los miembros de la Patria Grande.

La Patria Grande es un concepto creado por el argentino Manuel Ugarte en 1922 y reciclado por los bolivarianos. Hace referencia a los libertadores de la guerra de Independencia Hispanoamericana particularmente a Bolívar y a San Martín y a los fallidos intentos de unificar políticamente a las naciones que surgían. Ugarte reúne diversos discursos que promovían la unidad hispanoamericana, mientras simultáneamente sus autores conspiraban y guerreaban entre si.

Esta idea de unidad ha estado siempre presente en el imaginario hispano americano y ha cobrado particular vigencia en tres momentos históricos: durante e inmediatamente después de las guerras de la Independencia, como reacción al caos y la inseguridad reinante en la región después del colapso español y frente al creciente poderío de los EEUU. Fracasó.

Luego en el entre siglo del XIX al XX, en que la idea fue recogida por los intelectuales liberales de distinta intensidad y orientación, esta vez como reacción frente al desplome de los imperios europeos, la revolución industrial y el liderazgo global de los EEUU. Dio origen a “partidos populares” internacionales y a variadas asociaciones y cofradías políticas, que no avanzaron mas allá de la retórica. Se murió de inanición.

Ahora tenemos su resurrección por parte del Coronel Hugo Chávez de Venezuela. Esta vez el estímulo fue la incapacidad de muchos países de la región de incorporarse a la globalización, al reajuste del mapa mundial, al avance del libre comercio, al cambio cultural y de aprovechar en forma útil la transitoria bonanza económica derivada de los altos precios de las materias primas. Actualmente este intento se desploma dejando tras de si un conjunto de organizaciones burocráticas a medio construir como Unasur, Celac, Alba y otras agencias menores.

La idea o necesidad que ha estado presente en estos tres intentos es la misma: la conciencia de la incapacidad, inadecuación y falta de respuestas de las elites políticas frente a los desafíos del mundo exterior, que no saben ni se atreven a enfrentar. Esto lleva a algunos gobiernos a reaccionar con miedo y buscar refugio en una pretendida fortaleza dada por el número y la extensión territorial de otros gobiernos igualmente atemorizados e incapaces. Se resucitan los vínculos de diversa índole, -afectivos, culturales o históricos- para tratar de verse a si mismos sin las debilidades que los atenazan y disimulan y ocultan las profundas diferencias entre ellos. En vez de emprender el camino realista y trabajoso de ir construyendo colaboración e integración a paso lento y sólido, surgen las ideas sorprendentes, imaginativas, irreales y vocingleras que tanto gustan a la afición local y esconden la necesidad de trabajo duro, paciente, realista y de largo plazo, que las elites políticas locales abominan.

El ejemplo típico es Chávez que quiso hacer una revolución continental “express” y construir un Hispanoamérica cerrada, autoreferente y autárquica en unos pocos años, financiada por el alto precio del petróleo y dinamizada por su verborrea. Su ignorancia portentosa de la historia y de las realidades nacionales lo llevaron a creer que las condiciones económicas de su país se mantendrían para siempre y que sería presidente perpetuo de un país riquísimo aunque nadie trabajara y el dinero se robara y mal usara a destajo. Se le olvidó también que Brasil no es Hispanoamérica y que la unidad latinoamericana no le interesa para nada, ya que lo que pretende es la supremacía de Brasil sobre el resto, no de una asociación de los “hermanos latinoamericanos”; tampoco parece haberse enterado de la caída de los socialismos reales por ineficientes, corruptos y burocráticos y lo mas grave, despreció, al igual que Brasil, la existencia en Sudamérica de gobiernos capaces de intentar su incorporación al mundo moderno y asociarse entre ellos y con otros países fuera de la región para salir a competir, como lo está haciendo la Alianza del Pacífico.
La retórica típica que moviliza la actual fuga de la realidad es del tipo que declara un intelectual de izquierda argentino: «América simboliza el continente de la esperanza. Y esa esperanza debe encontrase en el actual proceso de integración regional que permitiría, a través del Mercosur, Unasur y CELAC, resurgir en dicha unión nuestra identidad de «Patria Grande». Para ello debemos plantarnos con coraje, deponer falsas y mediocres consignas chauvinistas, pero con una firme voluntad para afirmarnos desde una historia en común. Historia donde se destaca la visibilización del poder popular, reflejo fiel de las diversas fuerzas organizadas de nuestra comunidad, las cuales se reencuentran, en este tiempo, con el Gobierno y el Estado, planteando una conciencia del hacer con idealismo, pasión y fe”.

Creíamos que las elites políticas de Chile habían escapado de esta divagaciones, pero parece que nos encontramos ante una recaída que ensambla muy ajustadamente con su creciente descrédito.

Anexa a esta palabrería surge el pacifismo simplón y reductivo: El actual Subsecretario de Defensa, Marcos Robledo, el 17 de Octubre del 2012 en su crítica a la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa presentada por Allamand, destacaba que “En ambas versiones (de la ENSyD) se mantuvo la afirmación de que entre los principales riesgos y amenazas para la seguridad de Chile se encuentra una “crisis o ataque al territorio nacional”, una afirmación que había sido cuidadosamente evitada en los libros de la defensa, lo cuales habían optado por acentuar los avances hacia la cooperación y superación de los conflictos vecinales, esfuerzo muy debilitado en la ENSD”.

Gran solución estratégica!. No mencionar los peligros los hace desaparecer!.

Sin embargo, para el actual Subsecretario, “el principal defecto (de la ENSyD era): el configurar una identidad estratégica chilena en conflicto con su entorno y aislada de las dinámicas políticas y de defensa del ámbito sudamericano”.

Pongámosle nombre: aislada de las dinámicas políticas de Unasur, del chavismo y de la seguridad colectiva regional de signo antinorteamericano.

E insiste: “Mientras en el debate entre los miembros de UNASUR comienza a decantar la idea de la creación de una comunidad de seguridad, la ENSD avanza aisladamente en una dirección casi opuesta”.

Según el Subsecretario, estamos organizando una comunidad de seguridad.

En Julio del 2009, el Ministerio de Defensa de Chile, bajo la dirección de Michelle Bachelet, publicó un documento titulado “CDS, Crónica de su gestación”. En él, Gonzalo García Pino
 Presidente Pro Tempore del Grupo de Trabajo de Constitución del
Consejo de Defensa Suramericano en su párrafo tercero se explaya respecto a lo que él titula como “El Consenso en Torno a Temas Excluidos”:

El Consejo de Defensa Suramericano se asienta sobre un conjunto
amplio de consensos positivos y sobre algunas exclusiones que le permitan hacer efectivo el despliegue de sus capacidades para ser un foro político de diálogo sobre cuestiones de defensa.
 En este sentido, tiene un conjunto de exclusiones, tales como, la definición
 de que se trata de un Consejo de Defensa y no de asuntos de seguridad. Asimismo, es un foro de encuentro político y no una alianza militar. Por lo mismo, es un espacio de diálogo que se construye a favor de un nuevo escenario y no va dirigido en contra de ningún país. Particularmente, no nace para oponerse a las políticas
 de defensa de Estados Unidos en la región.
Para nadie es un misterio que si el tono positivo se destaca para relevar las cuestiones de defensa, más bien debe resultar sombrío para explicar el alcance de la dimensión de seguridad interna en la región. América Latina es una de las zonas más inseguras del mundo y la ciudadanía refleja un creciente temor que afecta severamente las condiciones de vida de buena parte de Sudamérica, América Central y El Caribe. Esta dificultad ya alcanza a la propia gobernabilidad de los sistemas democráticos y complejiza las propias decisiones de los Estados en orden a resolver problemas de seguridad pública echando mano a las Fuerzas Armadas, particularmente en materia de lucha contra las drogas. Por lo mismo, resulta particularmente definidor que el Consejo de Defensa Sudamericano haya excluido de su conocimiento las cuestiones propias de la seguridad, no importando su denominación específica (seguridad pública, humana, ciudadana, orden público, etc.”).

De hecho esta importante definición ya fue sobrepasada. El Plan de Acción 2013 del CDS incluye, por ejemplo, la tarea 1.2 que asigna tareas de “Continuación de líneas de trabajo recogidas en tres informe previos: Seguridad, Seguridad Regional, Desafíos, factores de riesgo, amenazas y objetivos estratégicos. Y la tarea 1.3 que incluye la elaboración de una Matriz Regional de desafíos, factores de riesgo y amenaza a la seguridad y mas conspicuamente: dispone un Seminario Regional “Una visión compartida de la defensa y seguridad regional. En colaboración con la Casa Patria Grande”.

El Plan de Acción 2014, en el Área Prospectiva y Estrategia dispone un “Estudio Prospectivo Suramérica 2015”, que “tiene por objeto identificar, desde la perspectiva de la seguridad regional y la defensa, potenciales oportunidades, desafíos y eventuales riesgos o amenazas en la materia” y la “Conferencia “Defensa y Recursos Naturales”, desarrollada en Buenos Aires

Es evidente que los propósitos del Consejo de Defensa Suramericano han sido sobrepasado por la presión de los bolivarianos y la falta de voluntad o la complicidad de los demás socios, incluido Chile.

Que quede constancia que el país no ha sido informado de esta nueva interpretación de los objetivos del CDS y que el Ministerio de Defensa de Chile actúa a espaldas de la ciudadanía; que quede constancia asimismo de la incapacidad e indolencia de la oposición para exigir explicaciones y hacer cumplir los acuerdos firmados.

Si esta inclusión de la seguridad se hace efectiva, parece evidente que un gobierno democrático como el nuestro debería comenzar exigiendo investigar los nexos entre el narcotráfico y el gobierno boliviano y el incumplimiento -por parte de ese país- de los tratados libremente contraídos; los atropellos a la libertad de prensa en Ecuador y el abuso de los derechos humanos de los venezolanos por parte de Maduro.

Los gobiernos de Venezuela y Argentina se hunden víctimas de sus demasías y Bolivia avanza en sus ataques a Chile con el apoyo de nuestros hermanos latinoamericanos y todo hace prever la agudización de esta agresión por el asunto del Río Silala, ¿es que vamos continuar siendo cómplices de los bolivarianos para Unasur en su lucha contra los Derechos Humanos y Políticos de sus propios pueblos?. ¿Con que objeto continuamos potenciando una organización como el CDS creada como bocina para perifonear la propaganda chavista y como plataforma desde donde agredir a los países de la Alianza del Pacífico y en especial a Chile?.

La ideología y la inconsecuencia nos está cegando y llevando a una decadencia cada día mas profunda.

Chile y sus hermanastros

Con motivo del saludo de fin de año al Cuerpo Diplomático acreditado en Chile, la Presidente de la República declaró que “Las relaciones vecinales ocupan un lugar central en las relaciones exteriores de Chile”. “El Ejecutivo impulsa una estrategia política que favorece el acercamiento con estas naciones, además de impulsar e intensificar los nexos de cooperación y amistad por medio de un diálogo franco, cooperativo y abierto”. Y se felicita: “Nuestro país ha vuelto al vecindario y estamos emprendiendo una política de acercamiento y fortalecimiento de vínculos concretos con nuestros países hermanos”.

Esta declaración coincidió, desgraciadamente, con la publicación del acuerdo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) en que esos países reiteraron “su solidaridad con el justo e histórico reclamo del Estado Plurinacional de Bolivia sobre su derecho a salida al mar con soberanía”, declaración que fue calificada como “una intromisión inaceptable”, por el gobierno de Chile: Hay una evidente contradicción entre los dichos de la Presidente y la conducta hostil de ambas asociaciones.

En la región existen tantas organizaciones que conforman una maraña que las hace parecer relevantes y significativas, cuando no lo son. Revisemos quien es quien.

Comencemos con TCP formado por Cuba, Bolivia y Venezuela, mas las islas de Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente, Las Granadinas y Santa Lucía. El TCP es de propiedad de su financista –Venezuela-. La creciente crisis económica de este país, inflación desbocada, declinante precio del petróleo -su única exportación-, endeudamiento con China e inviabilidad como sujeto de crédito la ponen en una condición de vías de extinción. Los mendicantes no seguirán detrás de un gobierno en quiebra por mucho tiempo mas: No money no music.

Sigamos con ALBA, un grupo bolivariano de gobiernos socialistas del siglo XXI integrado por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela- cuyos miembros se dirigen a la inviabilidad económica en medio de atropellos a la libertad de prensa, conducta antidemocrática, perpetuación en el poder, corrupción y violaciones a los Derechos Humanos de su ciudadanos.
La participación de Ecuador en esta desdichada declaración es doblemente ofensiva para Chile. En efecto, la diplomacia chilena ha hecho un gran esfuerzo para “recuperar” la amistad ecuatoriana incluyendo abundantes becas de estudio para civiles y militares, apoyo logístico y aproximaciones amistosas comerciales y diplomáticas que Ecuador; con su participación en esta declaración, queda claro que el intento ha sido un fracaso. La falsedad de Correa, presidente Ecuador, queda subrayada por las disculpas y retractaciones que hizo cuando, de visita en Chile a comienzos de año, se inmiscuyó en las relaciones chileno – bolivianas y nuestro gobierno le llamó la atención.
UNASUR está conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Guyana, Surinam, Uruguay, y Venezuela mas Perú, Chile, Colombia, y Paraguay. Por el momento dejemos afuera Argentina y Brasil y a los miembros de la Alianza del Pacífico: Chile, Colombia y Perú y volvemos a encontrar a los mismos bolivarianos: Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Guyana, Surinam y Venezuela
MERCUSUR, por su lado, está integrada por Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela mas Paraguay. Bolivia no es aun miembro pleno, pero está en proceso de incorporarse al pacto. Esta es una alianza que se inició como una unión aduanera que tras los fracasos económicos al interior de sus estados miembros y de conflictos comerciales entre ellos, devino en una identidad ideológica bolivariana o del socialismo del siglo XXI compartida por todos sus miembros. De ellos, Uruguay, presidido por el pintoresco Pepe Mujica, – que quiere que Bolivia consiga acceso al mar «como sea y por dónde sea» – en vías de entregar el gobierno, se ha caracterizado por su “franqueza” pueblerina y desatinada.

Los gobiernos sudamericanos hostiles a Chile se repiten: Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela, Guyana; Surinam, Nicaragua y Uruguay.

Todos son países muy respetables, no así sus gobiernos que están mas cerca de la anécdota y del estereotipo latinoamericano que de ser potencias políticas o económicas significativas.
Los mismos presidentes que nos disparan desde Alba nos abrazan en el Consejo de Defensa de Unasur; los mismos que nos insultan desde Unasur nos palmotean la espalda en Mercosur, y así, los mismos payasos nos agreden y nos abrazan desde distintos circos, y Chile sigue dándoles respetabilidad a sus organizaciones con su participación y a veces asumiendo cargos simbólicos pero sin capacidad de control.

Individualmente o en grupo, ¿tienen capacidad para complicar nuestra acción internacional?. Parece evidente que no. No son líderes de nada, son seguidores. ¿De quién?, Veamos:

Señalé que Argentina y Brasil merecían tratamiento aparte. En efecto, los gobiernos de ambos países han llegado al término de sus respectivos caminos ideológicos, económicos y políticos. Cristina, el próximo año 2015 abandonará el gobierno en medio de una crisis política, económica e institucional creada por ella misma y por su difunto marido. Después de una década de una inmensa disponibilidad de recursos financieros, se las arreglaron para dilapidarlo y sumergir al país en la corrupción y la desmoralización. Los Kirchner odian a Chile y siempre lo adiaron, intentaron activamente hacer fracasar la política de Alfonsín para terminar la crisis creada por Galtieri y sus militares contra Chile y no perdieron oportunidad para maltratar a nuestro país y a nuestros gobernantes. Nos exigieron condicionar nuestro comportamiento internacional en beneficio de sus intereses en las Falkland en claro desmedro de los nuestros respecto a los intereses de Magallanes y en contra del Reino Unido. ¿A cambio de qué?.
Brasil no pudo asimilar el golpe que le propinó el Presidente Lagos al no abandonar el camino económico de Chile para seguirlos en su aventura socialista – nacionalista. El rechazo a sacrificar a nuestros país en el altar de las conveniencias brasileñas fue imperdonable. Henrique Cardozo; Lula y Dilma no pudieron pasar este mal trago, la independencia de Chile les resultó demasiado para sus egos descomunales.

Si algún gobierno chileno sueña con conquistar el cariño de los bolivarianos, no puede estar mas equivocado. Nunca igualaremos las credenciales revolucionarias de Evo ni la palabrería de Correa ni los desvaríos de Maduro. No podríamos hacer pareja con Cristina en su lógica anti – todos, ni nos transformaremos en títeres de Dilama siguiéndolos como escuderos a donde quieran llevarnos.

Basta ya de genuflexiones; basta de mendigar amor, no mas silencios “dolidos”. Nuestro verdaderos y únicos problemas se sitúan en Argentina y Brasil, dos países con gobiernos que equivocaron el camino y que se resisten a reconocerlo. Se aproximan al final, sus políticas fracasaron y sus sueños de supremacía regional no convocan ni convencen. No podemos seguir haciendo el loco apoyándolos para que entren a sabotear nuestra Alianza del Pacífico, si quieren entrar y participar, bienvenidos, pero no podemos llevar nuestros esfuerzos hasta desnaturalizarla solo para parecer simpáticos y lograr sus afectos. No somos nosotros los encargados de salvar sus muebles del incendio que causaron ellos mismos

No mas amores no correspondidos, no mas humillaciones; nuestras relaciones con los demás países y sus gobiernos son relaciones políticas, en las que nuestro gobierno debe administrar todos sus recursos de poder mediante la acción diplomática, judicial, militar y económica y la movilización del poder de otros países y organizaciones con los que tenemos intereses compartidos; todo, para promover, proteger y adelantar los intereses nacionales de Chile, en la forma en que el Gobierno en ejercicio los entiende y valora.
Cuando los inefables Evo Morales y Álvaro García declaran que el acuerdo de ALBA muestra el “aislamiento de Chile” ya que “Son más de once países que apoyan este pedido clamoroso del pueblo boliviano”, no podemos ser tan ingenuos de dejarnos impresionar porque Cuba, Venezuela, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente, Las Granadinas, Santa Lucía, Bolivia, Ecuador y otros pequeños países cumplen su parte del contrato de provisión de petróleo para el apuntalamiento de sus desfallecientes economías por parte de un tragicómico gobernante Venezolano que se derrumba.

Las controversias entre estados son conflictos políticos; de poder; no son torneos de debates jurídicos ni concursos de popularidad. Las buenas maneras y las consideraciones son instrumentales, no tiene valor en si mismas. Si por ser corteses y considerados nuestros adversarios nos imponen sus conveniencias y nos perjudican, al diablo con las buenas maneras!.

Bolivia y sus amiguitos deben saber que pueden recibir el impacto de nuestros malos modales, de nuestros fouls, zancadillas y empujones no solo verbales sino también de actos. No se puede ir de frac a conversar con el líder de la barra brava.

Por si alguien no se ha enterado la justicia moderna, nacional e internacional, no pasa por aplicar los fundamentos tradicionales del derecho sino por “hacer justicia” en la forma que el juez la entiende. Cualquier concurrencia a un juzgado pasa por ponerse en las manos de un personaje, con un poder sin ningún contrapeso, para el cual su promoción personal y sus convicciones ideológicas son mas relevantes que los antecedentes, las razones “en derecho”, los contextos, los acuerdos previos. Las doctrinas jurídicas tradicionales fueron sobrepasadas por la ideología.

Hoy por hoy, ponerse en manos de un juzgado internacional es un riesgo para un país que, como Chile, ha tenido éxito. Es inútil mostrarles que tenemos la razón, es mucho mas necesario que entiendan que perjudicarnos va contra los intereses corporativos de sus tribunales y los de sus peculios personales.

Mindef: De la Defensa Nacional de Chile a la Defensa Colectiva Regional

La integración regional ha sido un sueño persistente en Sudamérica. Comenzó desde la independencia misma y ha continuado bajo diversos enfoques y justificaciones. Los fracasos iniciales se debieron principalmente a razones geográficas y políticas. Por un lado existía una diferenciación inicial derivada de la división administrativa española la que se sumaba al inmenso tamaño de sus territorios que no les permitía no siquiera controlar efectivamente los espacios que se presumía a su cargo.
Sudamérica está dividida por la Cordillera de Los Andes que la cruza de norte a sur en toda su extensión partiéndola en dos mundos, el Atlántico y el Pacífico; los valles formados por sus estribaciones hacia el Pacífico subdividen esos territorios en regiones aisladas de sus vecinos conformando subregiones que prontamente desarrollaron sus propias sociedades, economías, culturas y elites, diferentes a las de sus vecinos. Por el otro lado, la selva de la Amazonía instalada al centro del continente reforzó esta división impidiendo “la conquista del Oeste” e impuso el tránsito y el poblamiento sudamericano en su periferia costera con interconexión terrestre muy dificultosa por lo que se organizó principalmente por vía marítima, separando aun mas a los diversos “países”.
Pero el sueño no murió. Se continuó intentando la integración por diferentes vías y con diferentes motivaciones, y fracasó una y otra vez. Tal vez las razones mas comunes de estos fracasos modernos fueron el voluntarismo que minusvaloró la magnitud de las dificultades, la presencia protagónica de ideologías políticas y las agenda de las personas y países que impulsaban esos intentos, que generalmente pretendían instrumentalizar un proyecto ideológico bajo el disfraz de “integración”.
El intento chavista, que finalmente se estructuró en torno a Unasur es un típico ejercicio mítico regional. En 1999 Chávez bramaba: ¡En Venezuela está en marcha lo que hemos llamado el proceso de resurrección venezolana … Alerta, Alerta, Alerta, que camina la espada de Bolívar por Latino América!!”. El correlato obvio fue cultivar el mito de Chávez como una especie de Bolívar reencarnado, primero para consumo interno venezolano y luego como “modelo” para Sudamérica.
El Foro de Sao Paulo se constituyó con Castro, Lula y Chávez con la intención explícita de retomar en Sudamérica las banderas abandonadas por la caída de la Unión Soviética. Lula buscó afanosamente la supremacía brasileña desde un discurso de izquierda; Chávez intentaba una revolución continental y los Castro buscaban con angustia algún mecenas que se hiciera cargo de los resultados de su inepcia económica. Luego se colgaron Kirchner, Correa y Morales.
Entre 2002 y 2004, Chávez se enfrentó al proyecto de “Regionalismo abierto”, que marchaba en tándem con ALCA, Área de Libre Comercio de las Américas, de la cual los gobiernos de Chile fueron entusiastas promotores. Desde ahí se originó su animadversión a nuestro país. Según su diagnóstico, Sudamérica estaba dividida en dos grupos, los bolivarianos, que lo seguían a él y a Lula, y los “monroistas”, integrados por Chile, Colombia México y Perú que debían ser doblegados. Chávez creó la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) instalando una situación binaria: los buenos, antiimperialistas, revolucionarios, etc. y los malos, vendidos, sometidos etc.
Chávez se auto asignó dos tareas 1.- “enterrar el ALCA y el modelo económico, imperialista y capitalista y 2.- “ser el partero de una nueva historia, el partero de una nueva integración, el partero de ALBA , la Alternativa Bolivariana para las Américas, para los pueblos de América, una verdadera integración libertadora, para la libertad, para la igualdad, para la justicia y la paz”. Sus instrumentos serían Unasur y el dinero del petróleo venezolano.

Lagos se mantuvo claramente al margen de este grupo, Bachelet en su primera administración se les aproximó, en parte por su simpatía hacia Lula/Rousseff y hacia Fidel. Piñera se dejó designar presidente para no alejarse tanto de esos países y estableció un modus vivendi con Chávez. El actual gobierno de Chile mantiene una posición ambigua: calla ante los atropellos a la democracia y a los Derechos Humanos por parte del gobierno militarizado de Chávez y parece apoyar la creación de una “comunidad de seguridad sudamericana” en torno a Unasur. En efecto, el Programa de Gobierno de la actual administración en su sección “Defensa” declara: “Durante el período 2014-2018, la política de Defensa Nacional tendrá como objetivo principal de mediano y largo plazo, generar una Comunidad de Seguridad en América del Sur que garantice la paz y elimine definitivamente la amenaza de la guerra, siendo el Consejo de Defensa de UNASUR la institución para avanzar en esta materia”.
El actual Subsecretario de Defensa, en Punto Final el año 2012, criticando la Estrategia de Seguridad y Defensa (ENSD) propuesta por el gobierno de Piñera declaraba: “Así, mientras en la región el debate entre los miembros de UNASUR evoluciona aceleradamente y comienza a decantar la idea de la creación de una comunidad de seguridad como consecuencia de la larga paz sudamericana, la ENSD avanza aisladamente en una dirección casi opuesta”.

A esta altura se hacen necesarias algunas reflexiones. Primero, es evidente que los organizadores y “dueños” de Unasur están en un proceso que, vía Foro de Sao Paulo, se declara heredero y continuador del difunto marxismo soviético para su materialización en Sudamérica. Segundo, que se declara anticapitalista y antiimperialista en la forma que Castro, Chávez y Lula entienden ese término. Tercero, que están conformando una “comunidad de seguridad” con una fuerte componente militar y Cuarto, que pretenden ampliar el ámbito de ingerencia militar en los gobiernos de los países, al estilo Venezuela.

A qué nos están invitando, ¿a una integración para la prosperidad de nuestros pueblos o a reeditar la guerra fría y el enfrentamiento político con destrucción de la democracia y atropello a los DDHH?. El ejemplo de Venezuela, Argentina y Ecuador sugieren lo segundo.
Cabe entonces preguntarse si los chilenos están conscientes que nuestra política exterior y de defensa se mueven en esa misma línea política y militar. También preguntarse si nuestra ciudadanía ha tomado nota que vamos hacia una defensa colectiva regional en que asumimos compromisos militares con nuestros socios. Dado que los gobiernos de Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia practican un agresiva política económica, comunicacional y diplomática contra los EEUU, Gran Bretaña y varios otros países, ¿es legítimo que nuestro país haya tenido un vuelco estratégico, militar y de seguridad de esa magnitud sin que haya sido socializado con la ciudadanía?, ¿cómo es posible que los gobiernos sigan adquiriendo compromisos relevantes a espaldas de la opinión pública?.
Los días 9 y 10 de Junio de este año, en Buenos Aires, se efectuó la Conferencia de Defensa y Recursos Naturales del Consejo de Defensa Suramericano (CDS). Esta curiosa incursión de la defensa en funciones propias de Gobierno derivan de un silogismo tan simplón como erróneo: “Los recursos naturales son importantes; Hay que garantizar la soberanía y protección de los mismos; Los militares son responsables de la soberanía y protección de sus países; Ergo: los militares deben defender los recursos naturales”.
¿Tiene la Estrategia de Defensa algo que hacer respecto al ejercicio y funcionamiento de la democracia en cada país o en el conjunto de la región?, ¿algo que decir respecto al manejo que cada gobierno determine adecuado para gestionar sus recursos naturales?.

Pero la manipulación de nuestra ingenuidad u oportunismo va mas allá. Por acuerdo mayoritario, en el Plan de Acción 2014, aprobado en esa oportunidad con la concurrencia del representante del Ministerio de Defensa de Chile, Carlos Maldonado Prieto, se le encargó a Venezuela y a Chile “Proponer y consolidar lineamientos estratégicos del CDS/Unasur para la construcción progresiva y flexible de una visión compartida de defensa regional de acuerdo a lo ordenado en el numeral 16 de la Declaración de Paramaribo el 30 de agosto de 2013 y en concordancia con los lineamientos orientadores aprobados en el IV Seminario …”
En este sentido la aseveración del actual Subsecretario de Defensa al criticar la forma en que se trabajó la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa en el gobierno de Piñera es muy válida: “Este gobierno tiene pleno derecho a opiniones diferentes a las de los gobiernos anteriores, pero es indispensable que se mantenga el debate público buscando acuerdos que signifiquen continuidad en lo fundamental, como que se mantenga el carácter estatal de las políticas que se aplicarán. Esa dinámica se suspendió, y fue un grave error. Afecta a una política que se aplicó durante más de diez años y todavía no está suficientemente institucionalizada. Sobre todo, porque hay que cautelar el carácter estatal de la defensa y el papel del Ministerio de Defensa, que es nuevo … Y por eso mismo es indispensable que haya un verdadero debate, amplio e informado”, algo que también vale para este gobierno.

Que no haya duda, Chile, junto a Venezuela somos los que proponen la nueva estrategia. Estamos yendo hacia la conformación de una alianza militar regional en que los intereses de nuestros socios pasan a ser nuestros. Los países que conforman la mayoría en Unasur son: Argentina; Venezuela, Ecuador, Bolivia, Surinam y Brasil, tan amigos nuestros que si lleváramos ahí nuestra queja por los malos modales de Morales nos ganaríamos una sonora rechifla.
Todo parece indicar que estos asuntos de interés nacional deberían ser discutidos abiertamente, con participación del Congreso, de la ciudadanía y de los académicos e intelectuales y no manejadas a puerta cerrada, en forma casi subrepticia. Se hace gran caudal de la defensa como política de estado: si cambiar por completo el paradigma de defensa nacional que nos ha acompañado desde la independencia por otro de defensa colectiva regional – que se apoya en una ideología que es rechazada por las grandes mayorías nacionales- no afecta a la política de estado, es difícil identificar algo que lo hiciera, salvo que “política de estado” sea una forma de denominar lo que le gusta a cierto sector y que le permite rechazar visiones alternativas y mas promisorias como por ejemplo, la Alianza del Pacífico y la cooperación en seguridad con México, Canadá, Perú y Colombia.

Mindef – Una larga marcha se inicia con un pequeño paso

El Ministerio de Defensa no funciona según lo esperado. En dos artículos anteriores me he referido a este tema.
En el primero de ellos –Mindef, una tarea mal hecha– señalaba que la gestación de la Ley 20.424, -que intentaba reorganizar por completo el Ministerio-, se produjo en un ambiente de desconfianza en que las partes intentaron dejar establecido en el cuerpo legal los resguardos que evitaran la repetición de situaciones de autonomía militar y uso político de las FFAA ocurridos en el pasado y que protegieran a las personas incorporadas a ese ministerio dentro del cuoteo de los cuatro gobiernos transcurridos desde 1990 hasta 2010.

También señalaba que el Reglamento de la Ley, -técnicamente escuálido-, no contribuyó en nada a su funcionamiento interno y que la carencia de profesionales civiles y militares con conocimientos de la gestión moderna de la defensa vino a impedir que se alcanzara el objetivo de cuerpo legal definido como: “Ejercer la Dirección Superior de la Defensa y ser capaz de llevar a cabo el ciclo completo de políticas públicas del sector, comenzando con la emisión de una “Política Estratégica Nacional» como objetivo general de carácter político del Estado frente al actuar de la Defensa”.
La administración Piñera descuidó la gestión de la defensa y se limitó a administrar su potencial político para promover agendas diversas: la del propio Piñera en cuanto tratar de introducir una cuña en la Democracia Cristiana designando a Ravinet en el cargo; la de Allamand, tratando de propulsar su candidatura presidencial y la Hinzpeter, intentando algo que solo él sabía que era.
Se puede apreciar que la administración Piñera no sometió al Ministerio de Defensa al proceso de reorganización sistemática de su estructura orgánica y operativa que éste exigía y que era imprescindible para llevar a cabo las funciones determinadas por su nueva Ley Orgánica.

Desde marzo del presente año –9 meses efectivos- , se encuentra en funciones el nuevo equipo gubernamental lo que conllevó la incorporación de nuevas autoridades y funcionarios de confianza política, sin que se aprecie progreso alguno. Esta fue el tema de la segunda columna –Mindef, el reposo del guerrero– a que hice referencia al comienzo y que en breve señala que si bien “Se podrá o no estar de acuerdo con (el análisis de Burgos a la gestión de defensa del gobierno Piñera), … en su crítica se aprecia una contradicción entre lo dicho y lo hecho. En efecto, habiendo hecho pública una crítica dura, precisa y propositiva, no es posible entender que encontrándose en el cargo de Ministro de Defensa, -desde donde podría haber comenzado a llevar a cabo la corrección de todos estos errores-, a ocho meses de su asunción, no ha hecho nada en esa dirección”.

En efecto, el documento de Estrategia de Seguridad y Defensa propuesta por el gobierno pasado sigue varado en el Congreso desde donde no ha sido retirado, corregido ni desestimado para iniciar un nuevo proyecto, ya que como se señaló es imposible gestionar la defensa sin establecer su rol ni sus tareas dentro de la seguridad nacional.

El punto de partida para “gestionar los procesos” de gobierno del sector defensa, es que el ejecutivo les dé “dirección” a los mismos señalándole su rol y tareas dentro del sistema de seguridad nacional. Es decir primero se debe establecer una “Estrategia o Política de Seguridad Nacional” y después Defensa podrá avanzar en las suyas.
En breve, el mando político, en nuestro caso el presidente de la república -responsable constitucional de la defensa y seguridad nacional- debería emitir una directiva mediante la cual instruya a su gabinete respecto a la forma en que deberá articularse el conjunto de recursos de poder nacional para lograr lo señalado. A partir de esa directiva la defensa sabrá que es lo que deberá hacer, las restricciones o condicionantes de su actuar y el requerimiento de recursos para su tarea.

Hacer un rediseño total de una institución es difícil y hacerlo en un Ministerio lo es aun mas. Hay dificultades de distinto tipo: En 24 años ha habido 15 ministros, lo que da un promedio de 1,6 años para cada uno de ellos, un plazo demasiado breve. La duración actual de las administraciones es de solo cuatro años, de los cuales una parte se pierde en la instalación del equipo gobernante. Generalmente el cargo es designado en base a consideraciones político partidista: cuoteo, equilibrios, agendas personales. Rara vez ha habido un ministro de defensa con experiencia de gestión gerencial o empresarial. Los ministros se rodean de un equipo político adecuando a su agenda política o personal, no técnico. Muchos de los cambios por hacer requieren el concurso del Congreso lo que introduce un elemento de imprevisibilidad –lo que entra puede ser muy distinto de lo que salga aprobado- y de retardo. Todo cambio implica alterar los equilibrios y distribución de poder existente al interior del ministerio, lo que es conflictivo y genera resistencias. En el mercado laboral hay escasez de personal capacitado técnicamente y el ministerio no ofrece proyección laboral a mediano o largo plazo.

Estas y otras dificultades desalientan a cualquiera.

También hay elementos que lo facilitan: la gestión moderna de la defensa es una técnica conocida y disponible. Si bien la simple copia no es capaz de acomodar muchos elementos peculiares de cada caso, historia, cultura política, ideologías y disponibilidad de especialistas, su estudio y análisis puede ser un apoyo muy significativo. Hay ofertas de gran valor, como por ejemplo el programa DIRI, ofrecido por EEUU.

Volviendo a Chile: El primer problema es ¿qué hacer?; ¿por dónde empezar?

Creo que lo primero es establecer el objetivo final. Para dónde vamos, qué queremos hacer. Creo que lo que se requiere es que el ministerio:
– Asuma la responsabilidad de mando, determine políticas, defina estrategias, asigne tareas y medios, establezca estándares y objetivos cuantificables y supervise la ejecución de todo lo anterior.
– Organice el sector defensa como un sistema operativo militar único e integrado, conservando la especificidad e identidad de cada institución.
– Estructure un sistema en que cada autoridad civil disponga de asesoría militar institucional y asesoría militar independiente y en que cada autoridad esté sujeta a juicio técnico o político constituyendo un esquema de “controles y equilibrios”.
– Conforme un sistema militar en que las funciones gobierno, operativa y administrativa operen sinérgicamente, bajo la coordinación, autoridad y la responsabilidad del Ministro.
– Incorpore la participación eficaz del Congreso.
– Actualice constantemente la doctrina de defensa.

Esto requiere una aproximación de modernización con las FFAA, no contra ni al margen de ellas. Que la Junta de Comandantes en Jefe sea parte relevante del sistema de defensa. Que la modernización sea real, no bastan cambios cosméticos ni juegos mediáticos. El protagonismo y eje de todos los cabios deben ser las fuerzas de combate y ellas requieren la mayor atención, cuidado y preferencias.

¿Por dónde empezar?. No hay forma de evitar comenzar por una clara –PRECISA Y BREVE- estrategia de seguridad nacional dictada por el gobierno, como parte de una política de estado, que articule todos los recursos de poder del estado para continuar avanzando hacia donde los chilenos queremos llevar a nuestro país. Luego el gobierno a través de su ministerio de defensa, deberá desarrollar la estrategia militar que, evidentemente está determinada por la anterior y que debe incluir las estrategias para la defensa nacional, la cooperación interna, la cooperación regional, la participación en operaciones de paz, la proyección en el Pacífico y otras.

Otro paso fundamental es rehacer el Reglamento de la Ley de manera que quede establecido con claridad que es lo que cada organismo y nivel ministerial debe hacer, quien lo hace, en colaboración o acuerdo con que otros organismos del mismo ministerio, en que fecha del año, con información a que otros organismos fuera del ministerio de defensa. Las responsabilidades deben quedar claramente definidas.

La calificación del personal existente es fundamental. Existen ofertas extranjeras de programas de apoyo a la formación del personal. También existen programas nacionales y se pueden crear otros según las necesidades. El personal que no pueda o quiera recalificarse podrá ser movido a otros servicios del estado. La profesionalización del personal y la creación de un servicio civil profesional es una necesidad ineludible para asegurar remuneraciones adecuadas y permanencia del personal.
El problema de la continuidad solo puede ser resuelto con la existencia de un grupo de trabajo dedicado cuya vida exceda a la de una administración, hasta que la institucionalidad ministerial se haya desarrollado lo suficiente como para generar un impulso modernizador propio y permanente. En este aspecto, una institución moderna como se aspira que sea el ministerio de defensa, requiere la capacidad de cambio y auto modernización permanente, como un elemento característico. La creación de un organismo de trabajo como el señalado podría ser anexado al gabinete del ministro y funcionar bajo su supervisión y guía.

Los grandes cambios administrativos suelen ser traumáticos, particularmente cuando afectan a la vida personal y familiar de las personas, tales como remuneraciones, carreras, salud, previsión y educación. Por otra parte, en la defensa, estos aspectos están fuertemente imbricados y cualquier cambio que se haga en uno de ellos afecta a los demás, es por eso que “el gran cambio”, el “decreto que ponga orden de una vez”, es la peor forma de enfrentar una transformación. Existen ámbitos técnicos y organizacionales en que esta interconexión también se da, creo que en todos ellos la mejor opción estratégica de cambio es la de una identificación del “estado final deseado” o condición general última que se espera alcanzar, la que debe ser conocida por todos y aceptada por la mayoría, que ser alcanzada mediante cambios incrementales avanzando en todos ellos a la vez, con cautela y precaución, pero sin pausa.

En breve, modernizar es difícil pero posible, las claves son continuidad, definición de objetivos, metas y estándares, socialización de los objetivos por alcanzar y del camino que se va a recorrer. Muchas organizaciones se han modernizado, incluyendo a las propias instituciones de la defensa.

El ministerio de defensa también puede. Será una larga marcha, pero puede comenzar con pequeños pasos.

Mindef: El Reposo del guerrero

El propósito de la ley para la reestructuración del Ministerio de Defensa fue “fortalecer la autoridad presidencial y la autoridad ministerial” en la gestión de los procesos de gobierno dentro del Ministerio y “actualizar la normativa orgánica y fijar una estructura que sea capaz de llevar a cabo el ciclo completo de políticas públicas del sector”.

El punto de partida para “gestionar los procesos” de gobierno del sector defensa es que el ejecutivo les dé “dirección” y “magnitud” a los mismos señalándole su rol y tareas dentro del sistema de seguridad nacional. Es obvio que esto no puede sino ser posterior a la decisión gubernamental respecto a la identificación de la combinación de políticas –económica, de defensa, diplomática, de desarrollo social, policial, etc.- que le darán “seguridad” al país en cada coyuntura histórica, para poder avanzar en su desarrollo económico y social resguardando su honor, dignidad, identidad y valores. Es decir primero se debe establecer una “Estrategia o Política de Seguridad Nacional” y después Defensa podrá avanzar en las suyas. En breve, el mando político, en nuestro caso el presidente de la república, -responsable constitucional de la defensa y seguridad nacional-, debería emitir una directiva mediante la cual instruya a su gabinete respecto a la forma en que deberá articularse el conjunto de recursos de poder nacional para lograr lo señalado. A partir de esa directiva la defensa sabrá que es lo que deberá hacer, las restricciones o condicionantes de su actuar y la disponibilidad de recursos para su tarea.
Lo mismo vale para Relaciones Exteriores, Interior, Hacienda y Economía en lo que corresponda. Se puede ver con claridad que la Política de Defensa es posterior y derivada de la Política de Seguridad Nacional. En un país como el nuestro, sin amenazas dirigidas específicamente a él, generalmente la primacía la tienen la economía y la política interior y exterior, y la defensa militar actúa como respaldo permanente y se emplea como último recurso.

En Chile, esta Política de Seguridad no ha sido emitida nunca. La declaración estampada en el segundo Libro de la Defensa Nacional de Chile muestra en forma expresiva el fondo del problema: “Cabe subrayar, sin embargo, que el Estado no ha generado ningún conjunto de criterios y orientaciones que, con el carácter de un marco general, pueda ser entendido como una Política de Seguridad Nacional”.

En muchos países los ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores desarrollan un “Libro” de la política exterior y de la defensa en conjunto o separadamente, en que dan a conocer las líneas generales de su conducción, al entorno político regional o mundial. Este es un documento de publicidad y comunicación. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, ha manifestado su intención de hacer un “Libro de las RREE”. Como sea, la autoridad que autoriza y legitima ambas políticas es el Presidente de la República, ya que ambas son de su responsabilidad constitucional.

En Chile, erróneamente y en forma paulatina, este Libro de la Defensa fue siendo considerado como una política de defensa de facto y mas o menos permanente (de “Estado” se la llamó). En el artículo publicado en La Tercera en agosto del 2012, refiriéndose al fiasco de la Estrategia de Seguridad y Defensa del gobierno de Piñera, el actual Ministro de Defensa, incurre en esta confusión, entendible en alguien que no está interiorizado en los aspectos conceptuales del sector: “Más allá de que las autoridades de Defensa hayan expuesto al Presidente a un bochorno evitable, resulta preocupante que, en forma tan liviana, se impulsara una iniciativa que destruía, en aspectos centrales, los lineamientos tan arduamente consensuados en los Libros de la Defensa, es decir, afectando una política de Estado”. El Libro de la Defensa no contiene la política de defensa de Gobierno ni del Estado. No pretende dar directivas al Ministerio de Relaciones Exteriores; ni al de Defensa; ni al de Hacienda ni al de Interior para direccionar a su actuar para la seguridad nacional. Ningún Ministro ni ministerio de Chile podría ser evaluado en su desempeño teniendo como referencia su cumplimiento de lo señalado en el libro de la defensa. En este ámbito, el Programa de Gobierno es mas representativo de las orientaciones políticas del gobierno.

Para agravar la confusión, la ley Orgánica del Ministerio de Defensa, un trabajo pobre y superficial, ni su Reglamento, -aun más escuálido-, no señalan el ámbito, contenido ni propósito concreto de la directiva (o estrategia) de seguridad nacional, tampoco explican que significa “política de defensa”, “política militar” ni planificación primaria o secundaria, que son conceptos definidos en la legislación anterior que esta misma nueva ley deroga.

Las opiniones del entonces diputado Jorge Burgos emitidas en 2012, con motivo del abortado intento del ministro Allamand y del presidente Piñera de producir una Estrategia de Seguridad y Defensa en un solo mamotreto que pretendía reunir la estrategia de seguridad nacional; la directiva para la política exterior; la correspondiente a la política de defensa; la política militar; algunos elementos de cooperación militar para la seguridad interna; el concepto de desarrollo de las capacidades estratégicas militares y los medios para ello, es decir, la guerra mundial con una bala, adquieren ahora relevancia ya que actualmente se desempeña como Ministro de Defensa.
Burgos señaló los errores con claridad y energía: Primero: “El proyecto introduce cambios conceptuales fundamentales, cuyos alcances, exigen una mayor claridad de propósitos y verificar si conducen a la “securitización” del Estado. Segundo, critica que se quiera “establecer la figura de un Consejero de Seguridad con capacidad de coordinar ministerios, que contaría con un staff de funcionarios bajo su dependencia y facultad para ser provisto de información de inteligencia, (que) claramente transgrede materias legales y constitucionales.
Tercero, que “el documento termina siendo un híbrido que mezcla elementos de una estrategia nacional con lo militar, lo que explica que vaya de los supuestos temas nacionales a una descripción de medios militares y su financiamiento”. Cuarto, sostiene que “explicitar la estrategia no es sinónimo de transparentarla, sobre todo si, como lo hace este proyecto, busca asentar doctrinariamente una imbricación entre seguridad y defensa en la que se pierden sus delimitaciones, so pretexto de nuevas amenazas que harían difusa la separación de seguridad interior y exterior”.
Se podrá o no estar de acuerdo con este análisis, personalmente comparto algunas críticas y rechazo otras, a lo que me referiré en otra columna, pero en su crítica se aprecia una contradicción entre lo dicho y lo hecho. En efecto, habiendo hecho pública una crítica tan dura, precisa y propositiva, no es posible entender que encontrándose en el cargo de Ministro de Defensa, -desde donde podría haber comenzado a llevar a cabo la corrección de todos estos errores-, a ocho meses de su asunción, no ha hecho nada en esa dirección.

En efecto, el documento de Estrategia de Seguridad y Defensa propuesta por el gobierno pasado sigue varado en el Congreso desde donde no ha sido retirado, corregido o desestimado, para iniciar un nuevo proyecto, ya que como se señaló es imposible gestionar la defensa sin establecer su rol ni sus tareas dentro de la seguridad nacional.
Las críticas efectuadas a otros aspectos de la conducción del ministerio durante el régimen de Piñera por el actual Ministro y por el actual Subsecretario de Defensa tampoco se han traducido en enmiendas ni en nuevas ideas, mejores o mas realistas.
La crítica que hace a la Seguridad Ampliada tampoco no ha sido sometida al debate que el diputado reclamaba cuando actuaba desde la oposición ni siquiera sometida a la opinión pública informada ni a los medios académicos nacionales. Sin embargo parece extraño un rechazo tan enérgico a ese concepto considerando que Soledad Alvear cuando fue Ministro de RREE, en representación de Chile lo suscribió y apoyó en las Naciones Unidas, algo que parece lógico considerando que el problema de la droga se sitúa a orcajadas entre la seguridad y la defensa, como bien lo saben colombianos y peruanos, y que nosotros también estamos viviendo: el crimen organizado funciona en ambos mundos, delictual y de combate. El problema a resolver es organizar y coordinar las capacidades de ambos tipos de fuerzas, dentro de la Constitución y la Ley.
Señala también que el “establecimiento de un Comité Interministerial presidido por el Presidente de la República, cuyo propósito es facilitar la coordinación de los esfuerzos del Estado en materia de Seguridad, pareciera ser una mala actualización del antiguo Consejo Superior de Seguridad Nacional (CONSUSENA) que, desde los años sesenta, fue convocado muy ocasionalmente. Este mini Consejo de Gabinete, cuya composición pareciera ser fruto del azar más que de una matriz afinada, no tendría las facultades y competencias que aseguren los objetivos planteados”. En este aspecto el Programa del actual gobierno considera que “una concepción moderna e incluyente de nuestra acción internacional requiere de un Sistema Integrado de Política Exterior … que genere un diseño y visión estratégica”. En 2012 el diputado no tenía por qué saber que la cosa iría para allá, por lo que será muy interesante conocer su opinión actual, sobre todo si se considera que ese problema reaparecerá cuando se intente dictar y sobre todo poner en práctica una Estrategia de Seguridad Nacional.

Los intentos efectuados hasta ahora para producir la planificación de seguridad nacional y la política de defensa han tenido resultados no solo exiguos sino que ha contribuido a enredar el proceso de la planificación superior de la defensa hasta hacerlo incomprensible.
Durante la Administración Piñera, el entonces Subsecretario de Defensa intentó producir una “Estrategia de Seguridad y Defensa”, que constituyó un fiasco en todo sentido. La llegada de un nuevo Subsecretario de Defensa, quien también emitió fuertes críticas al documento de la administración anterior, hacía esperar que este proceso mal iniciado fuera retomado, reencauzado y concluido. Hasta donde se sabe, tampoco se ha hecho nada.
Que no se diga que esto es secreto, ya que en los artículos escritos a partir de 2012 por parte del Ministro y del Subsecretario actuales, criticando a las anteriores autoridades de defensa, los blancos han sido precisamente el secretismo y la opacidad. Robledo lo señala con claridad al criticar el documento de Piñera: “En un hecho que ha generado escaso debate en la opinión pública, el Gobierno del presidente Sebastián Piñera envió el 8 de agosto pasado un inusual oficio al Senado de la República, solicitándole un dictamen sobre la segunda versión de un documento de política pública, la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa (ENSD). Junto al proyecto de Ley de Financiamiento de la Defensa que deroga la Ley Reservada del Cobre (actualmente también en tramitación en el Senado), la ENSD constituye un serio retroceso en dimensiones relevantes de la Política Exterior y de Defensa del país. Por esta razón la propuesta del Poder Ejecutivo debería ser objeto de un debate público amplio, serio y profundo antes del pronunciamiento de la Cámara Alta … Tanto la formulación de la Estrategia de Defensa Nacional como sus contenidos distan mucho de reflejar un esfuerzo por recoger un acuerdo nacional sobre ella: el Congreso tiene ahora la oportunidad de restaurar el carácter estatal de la política en este ámbito”.

En este aspecto, en el gobierno actual, la participación y transparencia no ha corrido por parte del Ministerio de Defensa sino de la Biblioteca del Congreso –Asesoría Técnica Parlamentaria, con Verónica Barrios – quienes han organizado dos seminarios de Defensa, uno en Valparaíso y otro en Santiago, que no solo no encontraron el auspicio del Ministerio sino su oposición y boicot.
La experiencia política, preparación técnica, su participación en la dictación de la Ley Orgánica del Ministerio de Defensa y las agudas y a veces acertadas críticas al estado de la gestión de las políticas públicas del sector defensa por parte de las actuales autoridades del sector hacían pensar en una actividad serena y reflexiva pero enérgica y bien dirigida hacia los puntos críticos de las deficiencias en la implementación de la nueva ley orgánica ministerial: una vez mas no ha pasado nada.
El guerrero reposa.

Ganó el PT. ¿Ganó Brasil?

El estrecho triunfo de Dilma Rousseff sobre Aécio Neves marca un momento importante para Brasil. De no mediar una crisis mayor o la muerte de Lula, este triunfo señala que el Partido de los Trabajadores (PT), continuarán por ocho o doce años más dirigiendo los destinos del país.

No cabe duda que Dilma sin el apoyo,- por momentos reticente-, de Lula hubiera sido vencida por Neves. Fue Lula y su carisma lo que determinó la inclinación de la balanza.

El PT cuenta con bazas en extremo poderosas para continuar en el poder: Primero, una estructura populista que vino a dar respuesta a dos demandas muy sentidas de los brasileños pobres, -una mayoría significativa – que el poder político mostrara interés en sus problemas inmediatos y urgentes, comida, trabajo y acceso al consumo.

No les bastó la propuesta de progreso evolutivo, sólido y consistente de Fernando Enrique Cardozo, querían mas. El programa “hambre cero” de Lula les hacía mas sentido y les resultaba mas comprensible, aunque fuera clientelar y demagógico y se sustentara en los excedentes de una economía de feria. Segundo, dispone de un líder carismático que simboliza el acceso de los brasileños de a pié al poder político. En este sentido, Lula representó la rotación de las elites políticas, mas en simbología que en realidad, pero la profundidad de análisis de las bases no es significativa ni en Brasil ni en ninguna parte. Tercero, el gobierno de Lula terminó con la fiesta en alza. Corría el champagne, había para todos y sobraba, Brasil se auto percibía en ascenso raudo hacia el primer mundo y al liderazgo regional, con mundial de futbol y juegos olímpicos incluidos. Lula –bancarización y endeudamiento de por medio- le dio acceso al consumo a personas que nunca lo habían probado. Cuando el dinero para subsidios se acabó y la fiesta se puso triste, fue Dilma la que cargó con las deudas; Lula sigue indemne. Cualquiera sea el desempeño de Dilma, excepto una debacle total, Lula será la esperanza popular de que es posible volver al tiempo de la inocencia; a los buenos tiempos pasados.

Por último, el PT sigue disponiendo de un potente financiamiento de corrupción cohonestado por el mismísimo Lula. Tanto así que el momento de mayor distanciamiento entre Dilma y Lula fue cuando estalló la crisis del mensalao –la “mesada”- pagada a la jerarquía del PT y Dilma intentó llegar si no hasta el fondo, donde estaba Lula, hacerlo hasta una cierta profundidad desatando las iras de Lula y los hombres del PT. Esa máquina sigue vigente y estando en el gobierno el PT sigue teniendo acceso a recursos cuantiosos.

¿Podría haber una debacle durante el gobierno de Dilma?. El primer discurso pos triunfo electoral de Dilma fue, en los hechos, la lectura del programa de Aécio Neves, es decir un conjunto de políticas que cualquier gobernante serio propondría para Brasil: Dilma Rousseff propuso “cambiar”, no “conservar lo conquistado”: anunció un “acuerdo con los adversarios” que, de repente, dejaron de ser los enemigos del pueblo; propuso un “acercamiento con los sectores productivos” y se comprometió a “reducir la inflación y buscar la estabilidad fiscal”, lo que vendría a significar que lo que se disputó en las elecciones fue el proyecto de Neves, no el del PT; que lo que estaba en juego era el poder, no un proyecto de país.

No creo que el proyecto ideológico neocomunista pergueñado en el Foro de Sao Paulo entre Lula, Castro y Chávez haya sido superado por esta “renovación”. Cuando Rousseff culpa a Guido Mantega, el Ministro de Hacienda durante su gobierno, solo está eludiendo su responsabilidad, Mantega nunca fue verdaderamente autónómo; fue Dilma con su personalidad autoritaria la que dirigió la política económica que llevó a Brasil a la presente crisis. ¿Podrá Dilma y el PT hacer un cambio ideológico de esa profundidad, podrá abandonar el populismo como método de gobierno?. Difícil.

La primera pregunta es cómo enfrentará Dilma el problema del poder. Lleva años con la retórica de la lucha de pobres contra ricos, norte contra sur, pueblo negro contra élites blancas. Quienes aspiran a construir hegemonías siempre apelan a esa estrategia bipolar. El problema es que el PT no logró ese predominio. Perdió 18 diputados en un Congreso atomizado en 28 partidos. Y gobernará sólo uno de los grandes Estados brasileños: Minas Gerais. El PT no es el partido hegemónico. En este escenario, además, Lula que cumplirá 69 años, enfermo y con problemas con el alcohol, “penará” permanentemente con su reelección. Otro problema es la corrupción. Ya es inocultable. Petrobras, la empresa emblemática de Brasil está infestada en forma grave.

Un tercer problema es cómo enfrentará Rousseff el fin del ciclo positivo de bonanza económica. Brasil sufre una declinación en el nivel de actividad, una caída en el precio de los commodities y una aceleración inflacionaria, que intentó ser atenuada con subsidios energéticos que son insostenibles. No incurrirá en el realismo mágico de Venezuela, pero nadie espera una terapia de shock. Posiblemente intentará que la intervención estatal resuelva los desequilibrios. Esto determinaría mayor aumento del gasto público y, en consecuencia, una mayor presión impositiva. Este año el presupuesto de Brasil está desfinanciado en 9.000 millones de dólares.

Otro asunto es cómo Dilma evitará que el escándalo de corrupción de Petrobras evolucione como una crisis política.

Los problemas señalados son graves, pero me parece que el tema crítico es que para resolver o al menos atenuar el problema del estancamiento económico debería abrir el comercio de Brasil a Europa y los Estados Unidos y en general, abrirse al mundo, pero mientras Mercosur no sea modificado –desahuciado- seguirá impidiéndoselo. No será fácil renunciar a la retórica integracionista –La Patria Grande de Cristina, Chávez, Lula y Castro- para integrarse al mundo librecambista globalizado, mas difícil aun será que el sector mas extremo del PT, que sigue a Lula, lo acepte.

El PT, Lula y muchos en Brasil y el exterior alardean del gran éxito de logrado en estos últimos doce años: que creció a una tasa de 7,5% anual; que el consumo interno se disparó y el desempleo de 5% es prácticamente el más bajo de la historia brasileña, y el logro máximo: que 40 millones de brasileños dejaron de ser pobres y se incorporaron a la clase media desde 2003 gracias a los extensivos y exitosos programas sociales del Estado. Me parece que es mucha retórica para poco contenido: Brasil creció al 7, 5% un solo año, el promedio de los últimos doce años fue mucho mas bajo, bajo el promedio regional; los programas sociales, conspicuamente “hambre cero”, no crean “clase media” es solo asistencialismo de emergencia para gente que no come lo necesario y eso de dejar de ser pobre no resiste análisis serio, esa gente puede volver a la pobreza fácilmente, ya que no tienen las destrezas, hábitos ni educación para conformar una verdadera clase media autosuficiente. Ser clase media es un cambio sociológico mucho mas amplio y profundo.

En los próximos 100 días veremos que rumbo toma Dilma, continuar las políticas del PT que Lula necesita para ser reelegido, o corregir los problemas políticos y estructurales de Brasil, que van contra la doctrina fundacional de ese grupo político. No creo que haya demasiadas razones para ser optimista.

Muertos por «pensar distinto»

Recientemente Roberto Ampuero lanzó un libro de su autoría en que pregunta y se pregunta respecto al conflicto ético que hay tras el Muro de Berlín: “Muro chileno porque, viviendo allí, el exilio chileno o, al menos, los partidos de la izquierda chilena, lo justificaron, defendieron o bien –hasta el día de hoy- guardaron silencio, eludieron el tema o celebran hoy las bondades de un sistema supuestamente ideal que necesitaba de muro, alambradas, campos minados, perros adiestrados y 13.000 soldados para que nadie escapara de él”. Y llama a la izquierda a tomar posiciones, ahora que en Noviembre próximo se celebra el aniversario de la caída del Muro: “Me gustaría invitar a la izquierda que simpatiza o simpatizó de alguna forma con el totalitarismo a mirarse en el espejo y, tras posar la mano en el pecho, a reflexionar sobre el carácter brutal, antihumano y antidemocrático de esa utopía socialista fracasada. En ese marco, criticó “a los compatriotas chilenos que, enarbolando las banderas de la democracia y los derechos humanos, justifican los 55 años de partido único y aplauden a los hermanos (Castro) que por más tiempo han gobernado en la historia del planeta, y pienso también en los compatriotas que optaron por guardar silencio, en esos que miran hacia otra parte mientras en los jardines de su utopía rechinan los instrumentos de la tortura, o en el Caribe infestado de tiburones naufragan los que huyen de su socialismo, y pienso también en los políticos nuestros que este año felicitaron con voz trémula por la emoción a los hermanos Castro por ejercer el poder en la isla desde 1959”. “Siento además que la reflexión sobre el fin del totalitarismo comunista, que se basa en el estatismo económico, la descalificación del opositor y una vanguardia que representa supuestamente a todo el pueblo, sigue mostrando un gigantesco déficit en nuestro país. En un país donde vuelve a idealizarse el estado como panacea para todos los males, como la herramienta idónea para imponer la justicia, la igualdad, la democracia, el desarrollo y la prosperidad, es bueno recordar qué aportó en términos concretos a la humanidad la expresión más pura del estatismo y monopartidismo. El socialismo, como expresión máxima del estatismo fracasó hace 25 años de manera estrepitosa. No debemos olvidarlo, y es importante que los jóvenes lo sepan”. Y concluye con dos preguntas que ningún izquierdista devoto se atrevería a contestar: “¿Por qué las personas se rebelaron y eliminaron un estado que, para un importante sector de la izquierda chilena, entregaba todo lo necesario a sus ciudadanos? Y la otra pregunta: ¿por qué esa misma izquierda calló entonces y guarda hoy silencio frente a uno de los dos totalitarismos que marcaron el siglo XX?».

Esta misma autoindulgencia y amnesia selectiva la vemos en su actitud ante el uso de la violencia, del terrorismo y de la lucha armada para hacerse del poder e imponer su utopía. Un mirista chileno -residente en Venezuela donde lucha contra Maduro- , en estos días le escribe una carta pública a Marco Enríquez – Ominami poniendo en duda que su papá cumpla los requisitos para su canonización como lo pretenden su devoto hijo y sus amigos. Según él, Enríquez “era un muchacho menor que yo, muy fogoso, vehemente, apasionado, seductor, brillante, inteligente, voluntarioso y muy echado “pa lante”, como decimos en Venezuela. Era un líder carismático, caudillesco, autoritario como corresponde, porque no era el presidente de un partido democrático, sino el jefe máximo de un partido revolucionario. Miguel fue lo que el leninismo llama “un profesional de la revolución”,  el arma más letal inventada por el hombre. -¿Enríquez creía en la democracia? Por supuesto que no. La función esencial de la lucha armada es terminar la democracia representativa e instalar la dictadura proletaria. Siempre ha sido la dictadura de los partidos comunistas -MEO dice que su padre se puso al “servicio de Chile”. Es una frase. Y como toda frase, no dice nada. Miguel se sabía y se puso a disposición de la revolución socialista: destruir el Chile existente, tradicional, clasista, conservador, autoritario, capitalista, burgués y construir el Chile proletario. O lo que el marxismo entiende por proletario. Una dictadura de partido a cargo de una sociedad socialista. Todo movimiento revolucionario sabe que la violencia es el motor de la historia, porque lo dijeron Marx, Lenin, Stalin, Mao, Castro, el Che Guevara. No sólo lo dijeron, sino que con violencia tomaron el poder en URSS, China, Cuba, Corea del Norte, en todas partes. ¿Cómo Miguel Enríquez, que era el hijo dilecto de Castro, iba a estar contra la violencia? ¡Por favor! Si el MIR no tuvo un ejército paralelo no fue porque aborrecía de las armas, de la violencia o de los ejércitos. Fue porque no se dieron las circunstancias. De hecho tuvo un aparato militar, en gran parte preparado en Cuba. Minúsculo y absolutamente inadecuado como para enfrentarse a las FFAA chilenas, como se comprobó dramáticamente el mismo 11 de septiembre. Pero aparato militar, al fin y al cabo. Como lo tenían el PS y el PC. El lema que escanciábamos en nuestros desfiles era “PUEBLO, CONCIENCIA, FUSIL, MIR, MIR”. No los tendríamos, pero los deseábamos: conquistar al pueblo y armarlo con fusiles. En el MIR estábamos preparados para la violencia y la guerra civil. Me preocupó que alguien del MIR, que sabe todo esto, como Mauricio Rojas, haya pretendido darle a Miguel Enríquez una especie de aura de Sor Teresa de Calcuta. No me cabe en la cabeza. No lo entiendo. Nosotros éramos guevaristas. Cuando cayó el Che en Bolivia yo vivía en Berlín y enmudecí.

El MIR tenía un aparato militar que era esencial. La violencia era consustancial a nuestro proyecto histórico, que era derrotar a la burguesía y establecer una dictadura del MIR, no iba a ser de Ignacio de Loyola”. Cuando Enríquez murió en Octubre de 1974, no fue “asesinado” por la Dina como dicen sus seguidores, murió porque combatió mal, porque era un mal combatiente y un peor comandante. Murió porque enfrentó a una fuerza mas eficaz que la suya. No porque “pensara distinto”, sino porque “disparaba distinto”: disparaba mal. Este último mes de octubre en Concepción los imitadores de Enríquez se reunieron a homenajearlo. Estaban ahí Fuerza Universitaria Rebelde; Consejos Estudiantiles; Juventud Guevarista; Para Todos Todo; Movimiento de Izquierda Estudiantil Revolucionario y los organizadores del evento, la Juventud Rebelde Miguel Enríquez, el brazo juvenil del actual MIR, estaban ahí para rescatar la teoría y práctica del movimiento: el “poder popular” y la validación de “todos los métodos de lucha”, sin prescindir de la vía armada como camino al socialismo y para reivindicar la construcción del poder fuera del Estado y sus partidos tradicionales.

Si, piensan distinto que la mayoría de los chilenos: de nuevo quieren imponer sus ideas absurdas y totalitarias por la fuerza, a balazos, por eso atacan, denigran y calumnian a los que se les oponen. Nada les disgusta mas a los agresores que el que los agredidos se defiendan. Por confesión pública del ex Secretario General del Partido Comunista, Luis Corvalán, sabemos, todos saben, también el Poder Judicial, que mantienen ocultas una gran cantidad de armas introducidas por Carrizal Bajo para combatir al gobierno de Chile. Están las ganas y están los medios, pero nadie se inquieta, la justicia tuerta de nuestro pobre país descansa porque esos jóvenes idealistas tienen “licencia para matar”, son de izquierda.

Y ellos piensa distinto.

Ministerio de Defensa: Una tarea mal hecha

ANTECEDENTES

Desde el primer gobierno de la Concertación estuvo presente la necesidad de modernizar el sector defensa para llevarlo a una condición acorde con el progreso que experimentaba el país en casi todos sus aspectos. El Gobierno Militar sin duda efectuó una gran tarea de modernización del Estado, pero dejó fuera al sistema de defensa nacional.

Este debate estuvo rodeado de un ambiente político en que la relación civil – militar estaba muy influída por el término de gobierno militar y por las desconfianzas y suspicacias al respecto.

Esta situación se manifestó en un intenso y prolongado debate que se materializó a través de un grupo muy variado de civiles y militares que llegó a conformar lo que en ese entonces se conoció como la “Comunidad de Defensa”, que culminó en una visión compartida que, en breve, asumía que la modernización de la defensa incluía en forma principal cambios en su dirección superior: El Ministerio de Defensa.

Este largo proceso culminó en un proyecto de ley que vino a concretarse en la Ley Nº 20.424.

EL MENSAJE DE LA LEY 20.424

Dentro de los argumentos mas relevantes para hacer estos cambios estaba la idea de “fortalecer la autoridad presidencial y la autoridad ministerial en la gestión de los procesos de gobierno

El Mensaje también explicaba qué entendía por “Conducción Superior” la que corresponde al Presidente y declaró que la nueva organización ministerial debía dar satisfacción a dos objetivos: “actualizar la normativa orgánica y fijar una estructura que sea capaz de llevar a cabo el ciclo completo de políticas públicas del sector, comenzando con la emisión de una “Política Estratégica Nacional como objetivo general de carácter político del Estado (Gobierno) frente al actuar de la Defensa”.

LA LEY 20.424

Dado el ambiente reinante, a la Ley se le introdujeron elementos “de resguardo” político que no contribuyeron a clarificar el texto propuesto por el gobierno sino a restarle eficacia. La Ley, al establecer las funciones del Ministerio y del Ministro de Defensa solo hizo una enumeración general sin especificar como serían llevadas a cabo.

Sin perjuicio de lo anterior, el estilo general de la Ley deja amplio espacio para la interpretación de su articulado, que en manos de un Ministro comprometido con su función le permitiría hacerse cargo de sus insuficiencias.

En su origen se planteó un problema difícil de resolver: para hacerse cargo de la aplicación de la nueva Ley era imprescindible conocer las técnicas y la práctica de la gestión moderna de la defensa, conocimiento escaso en nuestro medio político y profesional, civil y militar, aspecto que debió haber sido enfrentado tanto en el Reglamento como en la implantación, puesta en marcha y operación de la nueva organización.

En lo que al personal se refiere, el Artículo 6º de la ley facultó al Presidente de la República para fijar las plantas y escalafones de personal dentro del plazo de un año, contado desde el 30 de marzo de 2010 mediante uno o más decretos con fuerza de ley suscritos por el Ministro de Defensa Nacional y el Ministro de Hacienda. Junto con darle esta facultad al Ejecutivo, lo coartaron radicalmente: “Respecto del personal referido en el inciso anterior, el Presidente de la República podrá dictar las normas modificatorias de naturaleza estatutaria, y remuneratorias que sean necesarias para el adecuado encasillamiento y traspaso que disponga” pero “No podrá tener como consecuencia, ni podrá ser considerada como causal de término de servicios, supresión de cargos, cese de funciones o término de la relación laboral del personal traspasado o encasillado”. “No podrá significar pérdida del empleo, disminución de remuneraciones, modificación de los derechos estatutarios y previsionales del personal traspasado o encasillado”.

En otras palabras, se le está diciendo al Presidente de la República que conforme un Ministerio moderno, con tareas de “Dirección Superior y capaz de llevar a cabo el ciclo completo de políticas públicas del sector, comenzando con la emisión de una “Política Estratégica Nacional como objetivo general de carácter político del Estado frente al actuar de la Defensa”, muy diferentes y mucho mas complejas que las que las tareas administrativas rutinarias que  hacía anteriormente , pero se le impone mantener al mismo personal.

EL REGLAMENTO DE LA LEY

El Reglamento debía hacerse cargo de establecer con cierta precisión qué hacer y cómo hacerlo respecto a las tres funciones principales del Ministerio:

La Función Directiva, que se refiera fundamentalmente a la determinación de FINES y consiste en la producción de Políticas que determinen los objetivos, la estrategia política, los recursos financieros que delimitan las políticas y la doctrina o formas generales de hacer las cosas, en todo el sector defensa y en su relación con otros sectores del estado: relaciones internacionales, economía y valores políticos. La Función Logística que se produce mediante la obtención, asignación y control de los recursos humanos, materiales y de infraestructura y se refiere principalmente a MEDIOS y la Función Operativa que corresponde a la Planificación y empleo de las fuerzas y está conectada con FORMAS o estrategias operativas.

Dado que estas tres funciones están interrelacionadas permanentemente, los procesos tienen que llevarse a cabo en forma integrada lo que requiere un liderazgo y supervisión muy intensos y permanentes. El Reglamento, que es una simple enumeración de tareas, no fue un aporte sustantivo para ampliar y especificar la forma concreta de materializar la intención de la Ley. Pese a todo, este Reglamento, si bien no ayuda, tampoco rigidiza ni traba las opciones de manejo ministerial mas allá de lo manejable, dejando espacio para la acción del Ministro que decida impulsar la implantación y consolidación de la nueva organización.

UN POCO DE HISTORIA NECESARIA

El Proyecto de Ley fue enviado al congreso a comienzos de la administración Bachelet, el 2 de septiembre del 2005, promulgado el 2 de febrero de 2010 y publicado el 4 de febrero de 2010. El Reglamento fue publicado 27 de enero del 2012 ya bajo la administración Piñera.

Como se puede apreciar, el lapso entre la promulgación y publicación de la Ley y la dictación del Reglamento fue de mas de un año, lo que sumado a la designación de Jaime Ravinet como Ministro, una persona que por haber sido Ministro en el sistema anterior se consideraba -injustificadamente- un experto en el tema, -designado como parte de una maniobra política alejada de la búsqueda de eficiencia en la modernización del ministerio de Defensa-, pone de relieve la ausencia de comprensión por parte de las autoridades de la administración Piñera de la complejidad de la tarea a emprender.

Al comienzo de esa administración se puso en funcionamiento un sistema de “semáforos” que apuntaban a controlar el avance de las tareas asignadas a cada Ministro bajo el control de la Secretaría General de Gobierno. La constante incapacidad del Ministro de Defensa para cumplir las metas, fue una de las razones de su prematuro reemplazo por Andrés Allamand el 13 de enero de 2011 quien a partir de septiembre del mismo año que, tras tragedia aérea en Juan Fernández, dedicó su atención a la promoción de su candidatura presidencial con intenso uso de las FFAA en su beneficio electoral. El 5 de noviembre fue reemplazado por Rodrigo Hinzpeter hasta el fin del gobierno de Piñera con un desempeño que nadie pudo apreciar si es que hubiera habido alguno.

Desde marzo del presente año –7 meses efectivos- , se encuentra en funciones el nuevo equipo gubernamental que conllevó la incorporación de nuevas autoridades y funcionarios de confianza política.

Este breve recuento muestra que el Ministerio de Defensa de la administración Piñera no fue sometido al proceso de reorganización sistemática de su estructura orgánica y operativa, necesaria para llevar a cabo las funciones determinadas por su nueva Ley Orgánica.

EL MINISTERIO DE DEFENSA “MODERNIZADO”

Se pueden identificar tres ámbitos deficitarios en la gestión Piñera y de los gobiernos anteriores de la Concertación:

Político: No existió voluntad del gobierno de Piñera para impulsar los cambios, fijar políticas generales y específicas y poner en práctica de manera definitiva lo establecido en la Ley. Existieron –y existen- fuerzas, dentro del Ministerio, que se oponen a cambiar el status quo actual y que oponen resistencia y distorsionan el contenido y espíritu de la Ley.

Técnico: La Ley, en su parte destinada a la protección de las personas ingresadas por cuoteo político en la Concertación, estableció claramente que el personal que servía en el Ministerio de Defensa antes de la promulgación de la Ley debía pasar a conformar la planta del nuevo Ministerio, distribuida de acuerdo a los cargos creados, generando tres situaciones: Retención de personal antiguo que no fue capacitado para cumplir sus nuevas funciones. Ingreso y contratación de nuevo personal por cuoteo político, no calificado para los cargos asignados. Politización de las designaciones que produjo un ambiente de desconfianza al interior de la organización. Cada nuevo gobierno incorporó un número de sus adherentes que desconfían y compiten con los ingresados por otros gobiernos, así, en la realidad, las autoridades trabajan solo con los funcionarios de su confianza contratados por ellos mismos o por “asesores” externos”, protegiéndose de el sabotaje o la deslealtad de los demás funcionarios.

Gestión: La ausencia de las directivas políticas del nivel mas alto impidió la determinación de metas generales y específicas. Sin metas, objetivos, planificaciones ni programaciones, resultó imposible el control del cumplimiento de metas y la evaluación del personal del Ministerio.

ADMINISTRACIÓN ACTUAL

Los déficits se siguen planteando en los mismos tres ámbitos, aunque con diferentes contenidos:

Político: La administración Bachelet tiene un programa de cambios de gran magnitud y complejidad en diferentes áreas, mientras defensa es un “no problema”. En este sentido, no existe urgencia para impulsar cambios, fijar nuevas políticas ni poner en práctica en forma definitiva la nueva Ley. Las fuerzas que se oponen a los cambios dentro del ministerio se han solidificado y estructurado haciéndolo mas difícil.

Técnico: Sigue plenamente vigente el problema de la falta de capacitación, agravando el problema el ingreso, en cada cambio de administración, de nuevas autoridades en diversos niveles. La ausencia de un “servicio civil” profesional no permite la continuidad de las acciones.

Gestión: El programa de la nueva administración parece no haberse hecho cargo de la necesidad de implementar el sistema Plan Programa Presupuesto como eje central de la modernización de la gestión de la defensa ni de la urgente necesidad de emitir todos los documentos de Dirección Política para comenzar a asumir el control efectivo del sector.

En síntesis, la modernización de la defensa modernizó muy poco y centró su atención y activismo en aspecto sin duda de gran trascendencia pero ajenos al eje del quehacer funcional de la defensa: El código de Justicia Militar; los homosexuales y las mujeres en las FFAA; los derechos humanos; acuerdos de cooperación y relaciones exteriores del sector.

En breve, la modernización del Ministerio de Defensa es una tarea mal hecha.

 

Déjà vu

Déjà vu (ya visto) es la experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha vivido previamente una situación. La experiencia del déjà vu suele ir acompañada por una sensación de «sobrecogimiento», «extrañeza» o «rareza».
Muchos en Chile estamos sintiendo un déjá vu.
Alain Joxe, un sociólogo marxista francés que vivió en Chile a fines de los ´60, escribió un pequeño libro en que establece una periodicidad de los golpes militares en Chile; cada 40 años aproximadamente. Obviamente cada uno de ellos tuvo características diferente, en sus orígenes, la orientación política de los golpistas; la identidad de los grupos de interés que los estimularon; de quienes se apropiaron de sus beneficios y de su término, pero igual, la periodicidad se mantuvo. Joxé atribuye el bajo número y frecuencia de estos golpes militares a que al hacerlos, los cambios políticos y sociales que introdujeron los militares fueron de tal magnitud que no fue necesario repetirlos sino en el largo plazo, casi medio siglo después.
No es entonces sorprendente que con la misma periodicidad algunos chilenos perciban cierto déjà vu.
Tenemos un gobierno que llegó al poder con clara mayoría de votos en presencia de una abstención importante; con un mandato democráticamente fuerte y con una representatividad débil. Como también tuvo una mayoría sustantiva en ambas cámaras del congreso, dispone de una mayoría que le permite imponer su programa de gobierno en forma incontrarrestable, solo que el programa consistía en una serie de títulos de materias y propósitos cuyo desarrollo o no existió o no se dio a conocer, lo que fue subsanado por el carisma de la candidata, a la que la gente entregó su confianza sin hacer muchas preguntas.
Y comenzaron los cambios. Cambios que para la mayoría de las personas fueron una sorpresa en su radicalidad, apresuramiento y autoreferencialidad. Basado en una diagnóstico muy discutible, se asumió que la sociedad chilena se encontraba en un estado de frustración solo remontable con un cambio radical de estilos y rumbos.
El cambio político (cultural) lleva la bandera.
El fortalecimiento de los elementos de una Sociedad de Derechos provistos por un Estado de Bienestar requirió reformas impositivas –para proveer recursos financieros- y reformas educacionales –para “emparejar la cancha”- para culminar en una nueva Constitución que viniera a reestructurar el Pacto Social existente.
Curiosamente ni la reforma impositiva ni la reforma educacional suscitan la adhesión mayoritaria de la gente, pero el gobierno no se deja amilanar, sigue adelante contra la voluntad de parte importante de la clase media y de los padres y alumnos que se suponen serían los beneficiarios de ambas reformas.
La razón de esta persistencia es clara: lo que importa es el cambio político.
En este proceso el desarrollo económico se ralentiza, el crecimiento se estanca y el desempleo crece. Los afectados recién empiezan a tomar nota. Y nos les gusta. Pero el gobierno sigue avanzando sin transar.
Hace un par de días veía al Sr. Martner en la televisión. Con total seguridad explicaba que la situación económica en Argentina era muy positiva, que era el país de América Latina que mas había crecido en los últimos diez años. Nadie se atrevió a rebatirlo: era un ejercicio de construcción socialista de la realidad contra toda la realidad real. Un déjà vu en si mismo.
Todos sabemos que lo que pasó en Argentina en esa década no se entiende sin considerar lo que pasó cinco años antes: recesión y pérdida de empleo inédita; 40 por ciento de pobreza y 15 por ciento de indigencia, más corralito bancario. Diez años antes hubo hiperinflación. La respuesta a esos 10 años fueron estos 10 años de boom de consumo y boom de commodities. Se olvidó que se regaló la energía, que hubo tasa de ahorro negativa, que se demolieron las instituciones políticas para encubrir la corrupción y que se falsearon los índices estadísticos para ocultar la inflación.
Pero esos son solo efectos colaterales, lo que importa, allá y acá, es el cambio social, la ideología. Todo un déjà vu de los mismos personajes, de sus amigos o de pretéritos Ministros de Hacienda de Chile, explicando que nuestra economía tenía problemas momentáneos pero que prontamente se avanzaría de nuevo a paso de carga, una vez que las reformas estructurales estuvieran asimiladas. Lo mismo con la reforma educacional que se materializa mediante la eliminación “del lucro”, aunque los profesores sigan sean deficientes, mal pagados, politizados y no asistan a las sesiones de “perfeccionamiento” que el estado pone a su disposición para que hagan mejor su trabajo. Tratando de convencernos que la igualdad recomienda eliminar la selección ya que “todos somos iguales”, aunque algunos alumnos quieran estudiar y otros no estén ni ahí, que algunos sean mas inteligentes que otros y que unos aspiren a cierto tipo de actividades y otros a otras.
Por su parte, la derecha política fue barrida después de lo que dijeron que sería el mejor gobierno de Chile. Canibalizada en peleas entre los caciques de los partidos de gobierno, administrada por una fronda arcaica y soberbia y sus jóvenes protegés, tan antipáticos y soberbios como sus jefes. Ufanándose de cifras que solo impresionan a los asistentes a Casa Piedra.
A poco del fin del gobierno de Piñera la derecha económica, los grandes empresarios y los no tan grandes también, tomaron nota de que su primera línea de defensa, había sido diezmada o mejor, se había suicidado, y tomó el problema de su supervivencia en sus manos.
El espacio dejado por la derecha política lo tomó la derecha económica. Lo peor, ellos también están dándose cuenta que el cambio revolucionario prescinde de su clase y lo hace porque no teme a la crisis económica, no le importa, es algo de menor valor e importancia que el cambio social. El siguiente paso es el caudillismo. De todo esta pugna saldrá un líder carismático, un tecnócrata, un nuevo Jorge Alessandri, que tomará la bandera política de la CPC y volverá las cosas “a su orden natural”. Todo un déjà vu.
Como era de esperar también emergen nuevos Cristianos por el Socialismo: Nunca me quedó claro si eran cristianos que podían serlo porque eran socialistas o eran socialistas porque eran cristianos. El grupo Cristianos por el socialismo fue un movimiento político y cultural que nació en Chile durante los años 70 en base al “Grupo de los 80” formado por igual número de sacerdotes y laicos católicos. Enfrentaron a la jerarquía católica acusándolos de autoritarios, conservadores, doctrinarios y otros “insultos”. El vacío de poder y representatividad que deja una clase política en disolución es tomado por espontáneos –esos toreros aficionados que saltan al ruedo para ser corneados por los toros- entre los cuales siempre aparece un pequeño grupo de curas clericales, en el pasado de derecha y últimamente de izquierda.
Ya tenemos a nuestro Rasputín, nuestro Savonarola y nuestro San Francisco de Asís desafiando al Cardenal con el apoyo y simpatía de la Conferencia Episcopal que los considera «un testimonio vivo de fidelidad a Jesucristo», con el aplauso de los mismos políticos limitados mentales que no se dan cuenta que esos curas les están quitando la pega. Uno de los apologistas describe al Santón mayor: “El Padre representa a los nuevos tiempos como sacerdote, atrevido y sin inhibiciones que ha avanzado demostrando con su propia vida que sí se puede servir a los más excluidos y abandonados donándose, viviendo cómo y con ellos, no temiendo represalias ni dejándose llevar por lo que resulta más exitoso o aplaudido. Su vida religiosa ha estado en medio de la realidad, de ésta y de otras, con todas las tensiones y conflictos que ello implica, propagando por intermedio de su ejercicio sacerdotal –entre millares de jóvenes y adultos– un amor a Jesucristo y a su Iglesia desde la misericordia y el servicio” , si, pero siempre con red de seguridad, al hombre nunca le faltará la comida ni el techo, no tiene hijos que alimentar ni otras responsabilidades que propia piel; las represalias que puede sufrir son de chiste y eso de no dejarse llevar por el aplauso, habría que revisarlo. Por lo demás, este tipo de profetas se hizo incombustible, ya no pueden ser quemados y ellos lo saben, lo que los hace muy “atrevidos y sin inhibiciones”.
La historia no se repite. Tampoco tiene ciclos idénticos, pero hay situaciones que se asemejan mucho a otras anteriores. O que algunos las sentimos como un déjà vu.

Las Guerras Orientales del siglo XXI

Durante los siglos XVIII y XIX las naciones europeas sostuvieron un gran número de guerras en el norte de África y en Medio Oriente. Eran guerras coloniales, destinadas a imponer su dominio directo y total sobre territorios y poblaciones nativas con el propósito de obtener réditos económicos o prestigio.
La diferencia central con las también numerosas intervenciones actuales, es que en el pasado aspiraban a imponer su control directo y que ahora no quieren gobernarlas sino imponer regímenes autóctonos que compartan y apliquen sus procedimientos políticos, valores y cultura.
Hace algún tiempo escribí un ensayo bajo el título de “Guerra en el siglo XXI; una forma de revolución” que señalaba que “En su definición tradicional la guerra tiene un elemento de continuidad que es su naturaleza política; los estados no hacen la guerra – o no debieran hacerla – sino para obtener o conservar, -mediante el empleo de la fuerza-, condiciones externas que consideran muy necesarias o imprescindibles para su seguridad, prosperidad y honor/valores. La práctica parece señalar que esto habría cambiado, en particular las justificaciones, entornos y procesos para su materialización, y con ello se habría introducido un elemento de confusión que está produciendo guerras de difícil solución exitosa para los agresores, como las de Viet Nam, Kosovo, Iraq y Afganistán.
La guerra, según fue tradicionalmente entendida en la modernidad occidental, ha sido una acción violenta mediante la cual un estado doblegaba la voluntad de otro en vista a conseguir que cediera en algo que le interesaba; más aun, los rituales de la rendición y los tratados que formalizaban el nuevo equilibrio alcanzado, requerían de la continuidad física y de legitimidad del estado derrotado. Actualmente la guerra concluye con el reemplazo completo y total no solo del gobierno, sino del régimen en su conjunto, incluyendo el cambio de elites dirigentes y de las formas y valores que conforman a sus instituciones políticas, y esto marca una situación completamente diferente. La Hipótesis propuesta es que: “A partir de las consideraciones señaladas, esta ponencia propone que actualmente la guerra ha tomado la forma de intervención militar que apunta a la imposición,- en otro estado -, de instituciones, valores y conductas políticas y se ha transformado en un mecanismo de acción política cuyo resultado es una revolución impuesta desde el exterior. De esa manera, incorporando muchas de las características de proceso político y sico-social de la revolución, la guerra actual ha concluido adquiriendo una forma muy compleja y difícil de resolver”.

Desde sus orígenes, Revolución se relacionó con liberación y Guerra con poder y el común denominador de guerra y revolución es la violencia. Este rasgo común es el que facilita el tránsito entre una y otra y las hacen diferentes de los restantes fenómenos políticos. Ambas usan la violencia con fines políticos, sin embargo tienen una profunda diferencia: la guerra está relacionada con la aplicación – siempre violenta – del poder nacional de un estado contra otro para dirimir una “diferencia de intereses”, mientras la revolución se auto justifica con la búsqueda – a veces violenta – de la libertad mediante el “reemplazo del régimen” existente.
Lo novedoso es que actualmente estados u alianzas de estados hacen guerras para “liberar” pueblos o minorías, guerras que abiertamente declaran que concluirán con el establecimiento de un nuevo poder estatal institucionalizado que aspiran a hacer funcionar un nuevo orden socialmente acatado, es decir guerras que, declaradamente, tratan de lograr los fines propios de una revolución.

En estas condiciones, las intervenciones necesitan pasar necesariamente por la destrucción de las fuerzas militares del estado intervenido; por el aniquilamiento del estado mismo; por la ocupación de su territorio, y la eliminación – política, social y a veces física – de sus elites gobernantes. Pero no puede detenerse allí, sino que necesita continuar con la imposición de la dominación formal de la sociedad,- que se aspira llegue a ser libremente aceptada -, a la que se le impone un nuevo poder político apoyado por una fuerza militar hegemonizada, al menos en sus orígenes, por los interventores. En breve, se trata de demoler el régimen existente y reemplazarlo por otro dominado por una elite local que interprete la cultura del interventor.

El problema de fondo se traslada entonces a determinar si es o no posible que una cultura preexistente sea cambiada o impuesta por la fuerza en otra sociedad que ha desarrollado la suya propia y que piensa, vive, reza y muere de otra manera.
Nuestro mundo tiene su base en la cultura griega, con el aporte posterior de Roma y de la religión Judeo – Cristiana. En los siglos posteriores esta base común experimento las variaciones derivadas de procesos históricos diferenciados. Asi, una familia protestante norteamericana tiene diferencias culturales con otra luterana alemana o una calvinista francesa o una católica centroamericana, pero manteniendo siempre una impronta común constituyendo lo que llamamos la cultura “cristiano – occidental”.
Si consideramos el pueblo griego sobre el fondo histórico del antiguo Oriente, la diferencia es tan profunda que los griegos parecen conformar una unidad con el mundo europeo de los tiempos modernos. Hasta tal punto que no es difícil interpretarlo en el sentido de la libertad del individualismo moderno.
Es imposible encontrar el punto común entre las Cariátides y las pirámides de Egipto o la Venus de Milo con las Tumbas Reales de Persia. Unas representan la exaltación del ser humano, de su belleza y desarrollo intelectual y el otro la magnificencia de sus soberanos y la exaltación religiosa. La valoración de la autonomía y el valor infinito del alma humana que cohabitan en el mundo griego y en el judaísmo no están presentes en otras culturas o lo están de otras maneras radicalmente diferentes. Son estas diferencias las que dieron origen a sociedades y culturas diferenciadas. Parece absurdo pretender que Descartes encuentre un terreno común con Mahoma.
Distintas culturas producen regímenes políticos diferentes. Parece de una irrealidad y soberbia mayúscula pretender que nuestro sistema político liberal, democrático, individualista y cada día mas pragmático y materialista sea implantado e interpretado en sociedades como las de Afganistán o en Irák.
Occidente seguirá enfrascado en guerras orientales interminables y “no puede esperar resultados diferentes mientras siga haciendo lo mismo”.