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Consultor en Riesgo país, Política y Seguridad Regional, Nacional y Estrategia

Celac – La próxima cumbre en Macondo

CELAC surgió como idea el 23 de febrero del año 2010 a partir de la fusión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CLAC) y del Grupo de Río, como un «espacio regional propio que una a todos los estados». En principio consistiría en una organización sin estructura, sin funcionarios y sin sede, que sesionaría una vez al año. En pocas palabras, sería el nombre de una cumbre regional sin “extraños” y sería un organismo “paralelo y complementario” a la OEA.

Chávez le dio otro carácter. En la reunión de Julio del 2012 en Caracas expresó que: «Este es el evento político de mayor importancia y de mayor potencial de transcendencia de todos los que han ocurrido en esta América nuestra en cien años y más», «Ha nacido un gigante», y agregó que la CELAC acabará reemplazando a la Organización de Estados Americanos (OEA) como la principal institución regional.En esa misma reunión no se pudo llegar a acuerdo respecto a “la cláusula democrática” de la organización; el proceso de toma de decisiones del bloque -por consenso o por mayoría-, y lo más importante, respecto a la relación CELAC – OEA.

Según Venezuela la Organización de Estados Americanos ya cumplió su ciclo y ahora es el tiempo de la CELAC. Nicolás Maduro en su carácter de vocero de la CLAC dio por muerta a la Organización de Estados Americanos. Para México este es un proceso complementario para enfrentar asuntos regionales de manera conjunta, sin que haya una participación directa de países de otras regiones. Según Correa, de Ecuador, la CELAC debe “reemplazar” a la OEA. Para Cuba, se trata de “crear nuestro organismo sin tener que esperar a que otros nos convoquen”. El canciller de Costa Rica, Enrique Castillo, dijo que la CELAC debería ser un “mecanismo de diálogo y concertación, una organización –agregó– tiene otras connotaciones, significaría edificios, plantilla de personal y burocracia que a nosotros como región no nos conviene, porque es duplicar otras organizaciones que ya existen”. Chile, Colombia, Brasil y Argentina rechazaron la idea de que CELAC reemplazara a la OEA. Como se puede apreciar, fuera de Venezuela y Ecuador hay pocos interesados en construir una nueva organización y menos una antagónica a los EEUU. Mal que mal un tercio de los países que conforman la CELAC tienen Tratados de Libre Comercio con EEUU y los 33 países que lo integran, con excepción de Cuba, forman parte de la OEA.

Chávez ha sido, en los últimos años, el arquitecto de una serie de instituciones que buscan alejar a Latinoamérica de Washington y colocarlo él en un lugar desde donde combatir “los 300 años de conquista, de dominación, de genocidio de los imperios europeos … y luego de la amenaza del imperio naciente”, que él considera que determinan la historia sudamericana.

En breve, una mirada general al asunto nos muestra que la CELAC es otro organismo más de los muchos ya existentes que aspira a proveer una instancia de encuentro regional, ahora sin la presencia de las “potencias coloniales”: EEUU, España, Portugal y ¿Canadá? … y con la presencia de Cuba. La existencia de numerosos organismos en América Latina tales como Alba, Unasur, CAN, Mercosur y OEA parecieran suficientes puntos de encuentro, por otra parte, nadie está dispuesto a financiar más burocracia y salvo el grupo Bolivariano, no hay mayor entusiasmo por antagonizar con EEUU. La interpretación brasileña es elocuente: “la creación de la CELAC no constituye algo histórico, sino coyuntural. México tenía una voluntad política de acercarse a América del Sur y Brasil de vincularse un poco más con América Central y el Caribe (…) Es un poco para neutralizar la influencia de Venezuela sobre el Caribe y América Central, que era muy grande”.

Por otra parte una breve mirada a los gobiernos regionales participantes nos muestra una fractura política profunda y de difícil solución en el corto y mediano plazo.

– Venezuela y su ALBA penden de la vida de Chávez. Los malabarismos constitucionales para simular que sigue al mando del país tienen fecha de vencimiento: 90 días para llamar a elecciones, prorrogables en otros 90 días más. Es decir, en el mejor de los casos 180 días, contados desde el 10 de febrero, para elegir a un nuevo gobierno que se haga cargo de una crisis económica de gran magnitud: inflación, destrucción del aparato productivo, endeudamiento, caída vertical de la producción de crudo -la única entrada significativa de recursos- desabastecimiento, corrupción y un país con sus institucones destrozadas y polarizado hasta el extremo.

– Brasil y Argentina están llegando al final del “modelo de bancarización” de los pobres para transformarlos en clase media; del incremento del consumo financiado por la exportación de materias primas; del comercio “administrado por el estado”; de los subsidios y la asociación opaca de los gobiernos con empresarios archi ricos.

– Por el otro lado, la Alianza del Pacífico, embrionaria aun como grupo económico -con crecientes lazos financieros y comerciales entre si- tratando de sostener altas tasas de empleo, crecimiento e inversión extranjera y responsabilidad macroeconómica, mientras luchan por resolver serios problemas sociales y de distribución del ingreso en un marco de mercado libre y apertura económica prioritariamente hacia el Pacífico.

Vemos tres grupos aplicando políticas divergentes que difícilmente podrían llegar a establecer objetivos y procedimientos comunes y cuyas herramientas y políticas de desarrollo son mutuamente excluyentes.

La Unión Europea (UE) por su parte, interesada en incrementar las exportaciones de su industria poco competitiva; asegurarse el abastecimiento de materias primas y promover las inversiones en nuestra región, difícilmente podría constituirse en competencia de China, India, Japón y EEUU en este mercado. Pensar que Europa podría ser una alternativa a las superpotencias del Pacífico no tiene mucho sentido, menos aun cuando la crisis amenaza de parálisis a sus gobiernos, apunta a la deserción de al menos uno de sus miembros y no da muestras de haber comprendido las causas de su crisis actual, mientras espera la ocurrencia de un milagro que transforme esta pesadilla en un mal sueño y “todo vuelva a la normalidad” de vivir como ricos, sin serlo.

La ausencia de Chávez, principal y casi único promotor de CELAC, ha dejado a la intemperie la debilidad de los líderes latinoamericanos que sucumbieron al matonaje de tener que elegir entre dinero o insultos dejándose llevar a una situación absurda. También da respuesta a la interrogante respecto a las causas de la depreciación de la política y los políticos.

Esta es la CELAC que se ha reunido con la UE en nuestro país para intentar la cuadratura del círculo y Macondo parece ser un buen lugar donde ubicar su próxima reunión en donde, ahora si, puede que logren aprobar la “cláusula democrática” que requieren sus estatutos bajo la Presidencia del General Raúl Castro de Cuba y la fotografía (con dedicatoria autografiada) del Comandante Hugo Chávez de Venezuela.

Las Malvinas, el Beagle, la estrategia Naval y el Futuro

El 19 de febrero, La Tercera publicó una interesante columna  referida a los antecedentes que podrían haber incidido en la crisis argentino – británica del ´82.

El año 1978, desde mediados de año, Julio para ser precisos, se iniciaron los preparativos chilenos para enfrentar la agresión argentina que intentaría  conquistar parte de la Patagonia chilena y posiblemente otros pedazos de Chile continental.

La firme y decidida postura de nuestro gobierno los llevó a reconsiderar su intención y tras muchos ires y venires, la disputa volvió a los cauces diplomáticos, ahora bajo la mirada del Papa Juan Pablo II, negociación que se prolongaría hasta 1982.

Pero esta crisis no salió de la nada. Desde hacía muchos años, para ciertos círculos nacionalistas argentinos el asunto austral con Chile no era tema cerrado.

Como se recordará en 1878, Argentina y Chile estuvieron próximos a ir a la guerra como resultado del avance argentino sobre la Patagonia, que culminó con la captura del puerto de Santa Cruz, hasta entonces avanzada chilena en la costa del Atlántico.

Las negociaciones entre ambos países, posteriores  a la Guerra del Pacífico, pusieron frente a los negociadores argentinos a un gobierno chileno bien armado, triunfante, con experiencia bélica y con una economía sólida. Las cosas se arreglaron lo mejor que se pudo y todo terminó en el Abrazo del Estrecho, entre juramentos de paz y amistad, tras una década larga de crisis y carrera armamentista.

A mediados del siglo XX, en pleno frenesí peronista  -Argentina se situaba entre las siete primeras economías del mundo-  surgieron de nuevo, renovadas, las frustraciones pendientes de la negociación señalada y en los círculos políticos e intelectuales  argentinos nacieron escuelas geopolíticas inspiradas en los modelos alemanes y nazis que encontraban de lo más absurdo que un país de tercer orden como Chile impidiera o restringiera la “natural”  supremacía y expansión de su país, y esa expansión pasaba por transformar a Argentina en un país bioceánico, para lo cual Chile era un estorbo; lo que procedía era una “Conquista del Oeste”.

Y así, llegamos a las Malvinas o las Falkland (usted elige, yo me referiré a Las Islas).

La columna señalada al comienzo dice: “David Joy, entonces consejero de la embajada británica (en Buenos Aires) quiere saber lo que su par chileno, Raúl Schmidt, podía contarle sobre aquella experiencia, que pudiera arrojar luces sobre una posible guerra … Joy estaba interesado «particularmente en escuchar sus comentarios sobre el origen común de los problemas actuales de soberanía de Argentina con ambos gobiernos, el británico y el chileno». Schmidt había sido jefe de gabinete del ministro de Relaciones Exteriores de Pinochet hasta 1978, el almirante Patricio Carvajal. Contaba, entonces, con información privilegiada y de primera mano sobre el tema.

«La tesis de Schmidt se basa esencialmente en la necesidad de la Armada argentina de tener un puerto estratégico más al sur de su actual puerto seguro más austral, Puerto Belgrano (en el sur de la provincia de Buenos Aires). La opción obvia, Ushuaia, no es satisfactoria desde este punto de vista, dado que se encuentra bajo constante vigilancia chilena», explica el informe de la diplomacia británica al cual BBC Mundo tuvo acceso.

«Por lo tanto, los argentinos están, según Schmidt, desesperados por conseguir algún otro puerto seguro en el sur, necesidad que puede verse satisfecha accediendo a las islas del sur del Beagle o a las Falklands. En este contexto, él cree que las disputas por la soberanía están vinculadas», continúa el informe”.

Esta es una hipótesis muy interesante que da alguna profundidad a la interpretación de algunos sectores de que la Crisis de 1978 habria sido solo una “excepcción causada por dos dictaduras”, como si un proceso de esta complejidad histórica pudiera reducirse al mero capricho de dos grupos de Poder

En efecto, la estrategia naval no es un asunto que inquiete a muchas personas más allá de los marinos. Hay varias escuelas y un corpus teórico bastante bien desarrollado. No parece este el lugar ni el momento para entrar en profundidades, pero un breve análisis de este caso nos podrá ilustrar adecuadamente y nos permitirá sacar algunas conclusiones.

La etapa final de la crisis del ´78 se configuró con los dos ejércitos frente a frente, con el Ejército de Chile a la defensiva, con pretensiones de contraatacar  después de la ofensiva inicial argentina y el Ejército Argentino desplegado para una curiosa maniobra terrestre sin un centro de gravedad definido, más bien orientada a dar lustre a varios generales que, frente a sus huestes, pretendían marchar directamente a la victoria.

Las Armadas, tema que nos inquieta en esta ocasión; cada una en posición para iniciar sus maniobras. La Escuadra chilena desplegada en el gran archipiélago situado entre el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos, a caballo entre el Pacífico y el Atlántico. Los argentinos, en Puerto Belgrano, lejos hacia el norte de su país.

Argentina, que quería conquistar  la misma área insular en que los marinos chilenos se encontraban desplegados, tenía que venir a desembarcar sus soldados para conquistar las islas, para eso debía eliminar a la Escuadra de Chile y luego proceder a la conquista de las islas en que se encontraban defendidas  por nuestra Infantería de Marina.

¿Qué pasó?. El gobierno argentino tomó la decisión de atacar:  mediados de diciembre de 1978; oportunamente la Flota de Mar argentina zarpó desde Puerto Belgrano rumbo al área del Canal Beagle. Una larga navegación con las tropas y los helicópteros embarcados, a poco andar se desencadenó un temporal como los que suelen ocurrir en esos lugares, las negociaciones se prologaban. Los buque navegaban con dificultades, el lanzamiento de los aviones desde el portaviones se tornaba un tarea riesgosa o imposible, los buques se golpeaban incesantemente, las tropas se mareaban, el material sufría por el mal trato de los elementos. Mientras tanto, la Escuadra de Chile estaba desplegada en “La Posición” austral, en aguas calmas, con espacio para cambiar de ubicación frecuentemente, con protección antiaérea y contra superficie, sin gastar combustible, con apoyo logístico asegurado, sus tripulaciones descansadas.

Llegó el día 18, la Flota de Mar se acercaba a la boca del Beagle cansada y golpeada, la flota chilena oculta lista para salir cuando quisiera, fresca, full operativa, con la retirada asegurada para aquellos buques que sufrieran daños.

Esta es la diferencia entre tener o no Una Posición. Asi, la hipótesis del Diplomático Señor Schmidt era del todo acertada.

La guerra con Chile quedó postergada. Pero la evidencia de lo difícil que sería combatir contra Chile en el mar, sin contar con la Posición adecuada  quedó muy clara en la experiencia naval argentina.

Aquí está una de las motivaciones para el ataque argentino sobre Las Islas el 2 de abril del 82. La otra fue la “escapada hacia adelante” para salir de un atolladero político y económico imposible.

La pregunta es: ¿los actuales afanes del gobierno Kirchner por Las Islas es sólo una nueva “escapada hacia adelante” o persiste la conciencia de que se requiere una buena “Posición” para una estrategía naval austral y antártica?. Esto no implica necesariamente ni siquiera prioritariamente un ataque contra Chile. Hay otros objetivos valiosos que demandan dicha posición en la región austral, desde la explotación de los recursos pesqueros y ahora petroleros y de gas natural del Atlántico y Pacifico Sur hasta la proyección a la Antártica, cuestión que cada día cobra mayor relevancia y a la que Argentina tradicionalmente le ha dedicado mucha atención, y para lo cual una “posicion” es nuevamente muy necesaria.

 

Merkel y Bachelet – De desprecios y Trotes

Es interesante el paralelismo entre las vidas, carreras políticas y evolución ideológica de la Canciller de Alemania Angela Merkel y la ex Presidente de Chile Michelle Bachelet, dos mujeres que han hecho carreras políticas exitosas y alcanzado posiciones de influencia en los ámbitos nacionales e internacionales.

La primera nació en 1954 en Hamburgo, en Alemania Occidental y Bachelet solo tres años antes, en 1951 en Santiago de Chile, también en un país democrático.

La familia de Merkel se trasladó a la ciudad de Quitzow en Alemania Oriental donde su padre ejerció como Pastor de la Iglesia Luterana cargo que, diferencia de sus feligreses, le permitía viajar con frecuencia junto a su familia a Alemania Federal. Merkel militó en las Juventudes Comunistas de la República Democrática Alemana (RDA)

Bachelet por su parte, al egresar de la enseñanza media se incorporó a la Juventud Socialista, también un partido marxista, donde tomó un activo rol en la política universitaria y desde 1973 se incorporó a las actividades paramilitares de la oposición al Gobierno Militar hasta ser detenida en 1975, situación que pudo resolver sin problemas mayores gracias a las conexiones de su madre con autoridades de las FFAA de Chile.

Ambas ingresaron, por elección propia, a organizaciones políticas marxistas, donde tuvieron un rol en el nivel jerárquico medio o bajo y las dos contaron con contactos sociales que les permitieron un trato diferenciado por parte de las autoridades de los gobiernos autoritarios de sus respectivos países.

Merkel estudió en la Universidad de Leipzig entre 1973 y 1978, donde se doctoró en 1986. Trabajó como investigadora en la Academia de Ciencias de la RDA hasta que tras el derrumbe del Muro en 1989, ingresó a la actividad política en la RFA hoy Alemania.

Bachelet por su parte ingresó a la facultad Medicina de la Universidad de Chile en 1972, a la que perteneció hasta su detención en 1975. En 1978 ingresó a la Universidad en Alemania Oriental, para regresar a la Universidad de Chile en 1979 donde permaneció hasta 1982.

Ambas fueron estudiantes universitarias en la RDA y luego en sus respectivos países en forma más o menos simultánea.

Durante su estadía en Alemania Oriental, Bachelet se mantuvo al margen de los grupos políticos socialistas. Cuando en 1978 el Partido Socialista de Chile en el exilio se dividió entre la corriente renovada de Carlos Altamirano y la dura de Clodomiro Almeyda, Bachelet se unió a esta última que postulaba la lucha armada contra el Gobierno Militar. El nivel de participación activa de Bachelet en acciones terroristas nunca ha quedado claro, al igual que las torturas que reclama haber sufrido en Villa Grimaldi ni como se gestó su salida de Chile hacia Australia.

A su regreso a Chile se unió nuevamente al Frente Manuel Rodríguez, ahora como ayudistadesde la ONG PIDEE y se acercó al Partido Comunista que insistía en la vía armada, hasta que el plebiscito de 1988 la dejó obsoleta. A desgano se insertó en la vía política electoral como candidata a la alcaldía de Las Condes,

El 11 de marzo del 2000 Ricardo Lagos asumió como Presidente  y Michelle Bachelet asumió como ministro de Salud, su primer cargo de relevancia nacional que le permitió iniciar una carrera meteórica, basada en su simpatía personal más que en sus escasos logros de gestión.

En 1978 Merkel ingresó como miembro de la  Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU por sus siglas en alemán y es su presidenta desde 2000. En noviembre de 1989 inició una carrera meteórica: ministra de Juventud y Familia y del Medio Ambiente y Naturaleza y estrecha colaboradora del canciller Helmut Kohl.

La CDU se autodefine como un «partido del centro, demócrata cristianoliberal y conservador«. A escala europea, es miembro del Partido Popular Europeo adhiere a la “economía social de mercado” y su declaración de principios se titula “Libertad en la responsabilidad”. En su programa, la CDU habla de la «concepción cristiana del ser humano y de su responsabilidad ante Dios». En el ámbito exterior, valoriza la integración europea y las relaciones transatlánticas con Estados Unidos, la CDU promueve la reducción de la burocracia y el patriotismo.

–       El viaje político de Merkel es claro y drástico desde la militancia comunista juvenil hacia las ideas políticas de derecha que asume y practica constantemente y sin vacilaciones.

–       No ocurre lo mismo respecto a las ideas y valores políticos de Bachelet que comienzan en la acción armada, transitan hacia la prescindencia; se aproximan a la acción terrorista y concluyen en la participación activa en la “política burguesa”.

Como vemos, Merkel llegó a la práctica política electoral y democrática por convicción, mientras Bachelet lo hizo por exclusión. Es por eso que adquiere tanto valor el contrastar la reacción de ambas personas en una de esas raras ocasiones en que lo repentino de la situación y la forma inesperada o sorpresiva en que se presenta hacen caer las máscaras y dejan a la intemperie los sentimientos reales y profundos.

En febrero del 2009, Bachelet efectuó una visita a Cuba en la cual se reunió con sus autoridades de gobierno y evitó a los líderes de la oposición que luchaban por la democracia. En dichos encuentros, solicitó una entrevista con Fidel, que a la sazón ya no ejercía el cargo de Presidente.

La audiencia le fue concedida y como es habitual en Castro, no se le comunicó el lugar ni la hora. Encontrándose la Presidente ya de noche, en medio de un acto oficial de homenaje a Salvador Allende en que ella presidía la delegación nacional, un mensajero se le acercó y le habló al oído avisándole que Fidel Castro la esperaba para sostener una reunión. La presidente se levantó de un salto en medio del acto. Sin meditarlo, la mandataria chilena se retiró apresuradamente, rebosante de alegría. Sus expresiones facial y corporal no dejaron duda del entusiasmo de Bachelet por acudir rendir homenaje a Fidel y a paso rápido, entre carrera y trote, corrió a saludar al dictador cubano.

En febrero de 2013, en un intervalo en el desarrollo de la cumbre entre Celac y la Unión Europea, en que Merkel capitaneaba la concurrencia europea, las cámaras la muestran avanzando en dirección a un grupo donde se encontraba el nuevo dictador cubano, Raúl Castro. Se ve a Raúl prepararse para detenerla y saludarla y se aprecia como Merkel da vuelta la cara para no establecer contacto visual, gira el cuerpo para darle la espalda y lo ignora sin atenuantes, dejando al general/presidente en una situación bochornosa.

Estas dos situaciones y estas dos reacciones nos permiten percibir y confirmar que mas allá de las aparentes similitudes, en el fondo de las mentes de ambas mujeres existen diferencias profundas a las que normalmente no tenemos acceso pero que ocasional y sorpresivamente se exponen a la mirada pública solo durante algunos segundos: la democracia como filosofía de vida o como opción circunstancial.

La Haya – Enfrentando el incordio boliviano

Las relaciones entre Chile y Bolivia han sido una fuente constante de frustraciones. Olvidando que las relaciones entre estados son relaciones de poder, en Chile existen personas que se dejan llevar por sus preferencias ideológicas o por sus sentimientos y emociones.

En estos asuntos son los intereses nacionales los parámetros que rigen la toma de decisiones. Reconozcamos que identificar los intereses nacionales no es tarea fácil, pero podemos resumir que en general están representados por la obtención de poder y riqueza, y moderados por la necesidad de estabilidad y respeto a valores y principios. Hoy también es necesario incluir a la comunidad internacional, sus organizaciones y reglas, entre las cuales el respeto al derecho internacional es clave.

Álvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, -en obvia representación de su gobierno-, ha vuelto a maldecir a Chile y agredirlo verbalmente. No es novedoso, no es mayormente grave, pero es indicativo de que el asunto no se está manejando bien.

No creo que valga la pena hacer otro recuento de las innumerables vicisitudes de nuestra mala relación con Bolivia sino más bien concentrar el esfuerzo en tratar de clarificar la situación actual e identificar una estrategia de salida viable y útil para todas las partes. Cuando el pleito levantado por Perú en La Haya parece llegar a su fin, se abre la posibilidad de una mirada fresca a la complicada relación entre Chile, Perú y Bolivia. Si seguimos haciendo lo mismo, no esperemos resultados diferentes.

  • Los factores más relevantes que afectan la situación parecen ser:

1.- Bolivia no tiene ningún derecho que reclamar; lo que pide es una concesión: en efecto, sus derechos “espectaticios” no tienen asidero alguno. El que compra un número de la Lotería “tiene el derecho” a esperar ganarse el premio mayor, pero “no tiene derecho” a exigir que solo por eso se le entregue dicho premio.  Es un error creer que basta desear algo intensamente para que se le deba conceder. Los límites existentes entre ambos países están determinados por un tratado libremente aceptado y ejecutoriado. Dado que Bolivia cree que tiene derechos en el territorio chileno, la única vía razonable para reclamarlos es presentando sus demandas ante un tribunal competente donde Chile deba o quiera ir y luego ganar esa demanda, lo demás es inútil. Pero, ese camino es complicado, hace muchas decadas ya fracasó ante la Liga de las Naciones y todo indica que nuevamente fracasará. Por eso no lo han hecho de nuevo.

2.- Otra opción es intentar forzar a Chile a acceder a sus peticiones bajo presión internacional. Esta es una opción poco viable, el panorama internacional es demasiado complejo como para conseguir que un grupo de países comprometan sus propios intereses en apoyo a Bolivia y lo máximo que podría obtener con una maniobra de ese tipo sería una “recomendación” para que Chile y Bolivia conversen sobre el tema, iniciando una nueva ronda de conversaciones que llevarán a nuevas frustraciones. Es decir nada nuevo, nada decisivo. Es necesario que Bolivia asuma que no tiene el poder suficiente para doblegarnos. Por lo demás ya deberían saber que con buenas maneras Chile es mucho mas magnánimo que cuando se intenta la fuerza o las amenazas.Precisamente un error asi fue el que precipitó la Guerra del Pacífico

3.- Ahondando en las presiones sobre Chile; hay que destacar que este es un reclamo que afecta no solo a Chile, sino también a Perú en virtud del artículo 1º del Protocolo Complementario del Tratado de 1929 es decir, previo a cualquier concesión a Bolivia, debe haber un acuerdo entre ambos países.

Chile no puede actuar por si y ante si. Ahí está el proceso “Charaña” que no llegó a nada sino a complicar aún más las cosas. La sociedad peruana actual abomina de una cuña entre ambos países que la aleje de los territorios perdidos en su guerra con Chile; lo seguirá haciendo hasta cuando llegue a la convicción que han dejado de ser importantes para su futuro, y eso solo ocurrirá cuando ellos y nosotros hallamos comprobado que juntos valemos más que separados.

Nadie puede asegurar que este proceso de maduración terminará exitosamente y desgraciadamente podría ser que en pocos o muchos años más, después que nos hayamos destrozado en una nueva guerra, nos riamos de la ingenuidad de este análisis, pero tampoco podemos dejar de intentarlo.

4.- Cuando Bolivia habla de “negociaciones” su comportamiento está diciendo algo distinto. Bolivia “exige” que se le dé todo lo que quiere, en la forma en que lo quiere y ¡ahora!.

Eso no es negociar, es imponer y para eso se necesita un poder que Bolivia no tiene. De aquí parte el problema básico; Bolivia no puede imponer nada, que lo asuman de una vez, de otra forma, seguiremos con problemas básicos de entendimiento.

Actualmente no presenta una petición para que sea analizada y pueda recibir una aceptación; una negativa o una propuesta alternativa, exige y pone condiciones. Un ejemplo es el caso del puerto en el “corredor” adyacente al límite con Perú: después de rechazar la oferta chilena de intercambio de territorios encargó un estudio respecto a la construcción de un puerto al norte de Arica, entre ese puerto chileno y el Hito N° 1 de la frontera con Perú. El informe determinó que en esas playas era técnica y comercialmente viable un puerto granelero autosustentable, adecuado a las necesidades del comercio exterior de Bolivia. El informe fue rechazo por Bolivia, no quería un puerto granelero, quería un “puerto político”; grande y vistoso aunque fuera económica y técnicamente inviable. No querían un terminal marítimo, querían una compensación a las humillaciones del pasado, las miserias del presente y las incertidumbres del futuro. Escaparon hacia adelante: a sus exigencias añadieron entonces una nueva condición que establecieron como parte sine qua non de cualquier diálogo al respecto: que el espacio costero que Chile le debe dar tiene que ser “útil” es decir hidrográficamente adecuado para hacer un gran puerto a la medida de los traumas bolivianos.

5.- Pensar en un “enclave soberano” de Bolivia en territorio chileno es una petición inaceptable. Más aun si se quiere que tenga acceso, también soberano, hacia su territorio. Ningún país del mundo haría semejante concesión. La experiencia historica ha demostrado que los Danzig, los Jerusalén o los Pakistanes Orientales no solo no funcionan, sino que sus fracasos son sangrientos y dramáticos. En esta línea hay que recodar que el territorio nacional pertenece a la Nación, no al Gobierno, éste solo lo administra, y no puede comprometerlo sin consultárselo.

6.- Los gobiernos Bolivianos exigen respeto a las sensibilidades de sus ciudadanos: ¿y qué hay de las sensibilidades de las opiniones públicas chilena y peruana?. Ningún gobierno puede asumir compromisos que comprometan su soberanía sin el apoyo de sus ciudadanos. Bolivia lo entiende respecto de si misma, -como que rechazó la propuesta del Gobierno del Presidente Pinochet-, pero no se da por enterada de las sensibilidades de peruanos y chilenos. Esto se confirma cuando, como ahora lo hace el Vicepresidente García Linera, insulta, ofende y descalifica pública e internacionalmente al gobierno y pueblo de Chile. Peor aun, cuando en Chile existe una corriente minoritaria pero real de personas que quisieran acceder a las solicitudes bolivianas, estas ofensas en vez de fortalecer esas tendencias, las debilitan y degradan, en una clara demostración de que los gobiernos bolivianos, con sus rabietas pueriles, solo se miran a sí mismos y a sus “exigencias” y desprecian los límites políticos y emocionales de sus contrapartes.

Está de moda que los débiles tengan más derechos que los fuertes. Pero las cosas tienen límites.

  • Bases para un nuevo escenario de conversaciones:

1.- Bolivia no puede pretender prolongar la extraña situación de negociar con Chile y no tener relaciones diplomáticas. Se puede entender que Chile debe conversar con Bolivia para dar cumplimiento a las obligaciones acordadas en el Tratado de 1904, haya o no relaciones diplomáticas, pero no más. No es aceptable discutir otros temas sin tener una relación formal entre países. Este es un asunto que no puede continuar como está actualmente.

2.- Chile no puede, en virtud del Tratado de 1929, establecer ninguna negociación ni conversación respecto a los territorios que en el pasado fueron parte del Perú sin su previo conocimiento y acuerdo. No hacerlo es caer en lo mismo que criticamos a Bolivia: hacer peticiones o propuestas autocentradas y muy probablemente incumplibles. Sería desconocer las sensibilidades peruanas y las posibilidades políticas de sus gobiernos, tan válidas y perentorias como las nuestras. La forma y fondo del cumplimiento de los compromisos mutuos derivados del Tratado de 1904 es un asunto bilateral entre Chile y Bolivia, no así cualquiera otra materia que se aparte de él o que pretenda modificarlo, ya que involucra a Perú en virtud de los Tratados de 1883 y 1929. El circuito natural, honesto y factible para manejar las peticiones bolivianas, diferentes a los compromisos establecidos en dicho tratado, es su presentación a Perú y a Chile y la discusión y acuerdo previo exclusivamente entre esos países, que informarán luego sus decisiones a Bolivia. Chile, nunca más debería aceptar o adelantar ninguna propuesta que afecte a esos territorios sin la previa aprobación peruana. Es Bolivia la que tiene que interesar a Chile y Perú, no al revés. Y recordemos que para Perú es difícil aceptar una salida boliviana al Pacifico por territorios que fueron propios y que perdieron en virtud de una guerra a la que entraron para defender a Bolivia y en la que después de la Batalla de Tacna quedaron solos.

3.- Las tres partes, en especial Bolivia, deben entender y aceptar que ha corrido demasiada agua bajo los puentes de los tres países para que este incordio se resuelva mediante un acuerdo instantáneo en que un grupo de negociadores dibuja líneas sobre un mapa y escribe un protocolo legal. Se trata de un proceso político y social en el cual se deben construir confianzas, crear costumbres, aceptar la creación de nuevas condiciones, educar a generaciones y sobre todo, convencer a los respectivos pueblos de que los cambios que se hagan el estatus quo serán positivos y no vendrán a conformar una nueva situación de crisis probablemente peor que la existente actualmente. Como todos los procesos, deberá ser gradual, incremental, sin plazos perentorios, flexible.

4.- Un proceso de este tipo comenzará por acuerdos comerciales, administrativos, concesiones a privados y avanzará hacia la participación del estado boliviano hasta eventualmente concluir con elementos de soberanía relativa aceptables tanto para Chile como para Perú, en un ambiente cultural muy diferente al existente actualmente luego que sucesivos gobiernos bolivianos hayan dado pruebas de su responsabilidad y capacidad para manejar las facilidades que se les otorguen. El potenciamiento de un polo de desarrollo económico y cultural en la zona de contacto entre los tres países es un motor potente para comenzar a trabajar juntos en el traslado del eje de los intereses de las tres naciones desde la geopolítica al desarrollo.

A este respecto es claro que las instalaciones y facilidades portuarias a que Bolivia podría aspirar administrar serán solo las suficientes para resolver sus necesidades de comercio exterior y que no puede pretender construir un megapuerto soberano en el Pacífico Sur; deberá probar que esas facilidades no se transformarán en un centro de distribución de cocaína hacia Chile, Perú y el mundo; que no se transformará en el centro receptor de bienes robados en los países vecinos ni en una fuente de contaminación, delincuencia y depredación. Bolivia es el segundo mayor productor de coca y sus derivados en todo el mundo. Entregarle un puerto no es sólo un acto político.

La línea de negociaciones actualmente practicada por nuestro país es la de las tratativas “semi secretas” entre personeros de gobierno de Chile y Bolivia que, a partir de las exigencias bolivianas trata de encontrarles una solución. ¿Es razonable creer que un acuerdo como ese será validado por la opinión pública chilena y que luego será aceptado por el gobierno de Perú y validado por su opinión pública?.

Es una utopía; es invitar al desastre y a nuevas frustraciones. ¿Qué vamos a hacer si un enclave así negociado se transforma en un lunar de corrupción y delincuencia inmanejable?. O se usa para fines que ahora no podemos imaginar. Si la débil institucionalidad boliviana impide a sus gobiernos ejercer el normal funcionamiento estatal en su propio territorio ¿por qué lo haría mejor en este apéndice extraterritorial?

En breve. Chile no puede ofrecer ni otorgar por si mismo aquello que requiere de la aquiescencia de una tercera parte: Perú. Chile y Perú deben concordar “antes” de ofrecer algo a Bolivia o lo más razonable, que Bolivia proponga a ambos países alternativas convenientes para los tres. No hacerlo así es emponzoñar la relación entre ambos países introduciendo una sospecha constante sobre la lealtad e intenciones de la otra parte. Bolivia debe entender que al no tener derechos, debe ganarse la confianza y buena voluntad de sus vecinos y reforzar el capital de generosidad y buena voluntad de esos pueblos, más que provocarlos con insultos y amenazas constantes. Bolivia tiene que demostrar que las concesiones que se le hagan no se trasformarán en fuente de problemas y conflictos que hoy no existen y tiene que comportarse de forma madura entendiendo que su problema no es compartido- más allá de la retórica – por los demás países de la región y menos aún, del mundo.

El término del contencioso levantado por Perú contra Chile puede abrir la posibilidad de comenzar una nueva relación entre ambos países. Nada garantiza que vaya a ser exitosa, pero es una posibilidad que sería poco inteligente desahuciar sin antes intentarla con honestidad y decisión y su comienzo imprescindible es clarificar una política común frente al incordio boliviano.

Este es un ladrillo fundamental para construir la Alianza del Pacífico.

Chile y Perú: Disuasión y Amenazas

Se habla mucho de disuasión. Demasiado. Se habla de armas disuasivas, de sistemas de vigilancia disuasivos, de despliegues y ejercicios disuasivos, de reforzar la disuasión.

Todo con una aproximación militarista, con un lenguaje veladamente agresivo y sobre todo con imprecisiones y falta de rigor intelectual que transforman la palabra en algo antipolítico, negativo y hasta peligroso.

Lo primero que es necesario destacar es que una cosa es la “academia” y otra la “política”. Es muy conveniente que los políticos, los militares y las personas que se interesan en las cosas públicas tengan una buena formación académica en ciencias sociales, pero sería ingenuo pensar todo aquel haya estudiado ciencia política, relaciones internacionales o estrategia necesariamente va a ser un buen gobernante o un buen líder militar o que sus estudios son garantía de compresión y manejo de las realidades del ejercicio práctico de la función y de excelencia en ello.

También sería un grueso error trasladar los conceptos, definiciones y aproximaciones teóricas al mundo político real sin incorporar los variados y complejos matices que diferencian a una situación de la otra, percepción que está determinada por la experiencia, sensibilidad y visión, características fundamentales de un buen político.

El concepto base de la estrategia de seguridad nacional de Chile, compartido por una amplia mayoría social, es que nuestro país intenta obtener sus objetivos nacionales pacíficamente, a través de la cooperación, la negociación y el acuerdo con otros estados, neutralizando las amenazas a sus intereses por la vía de la disuasión y enfrentándolas militarmente sólo si la guerra nos fuera impuesta y no hubiera otra alternativa.

Si nosotros no somos los agresores y aspiramos a obtener nuestros objetivos por la vía de la negociación y el acuerdo, nuestra alternativa a una estrategia de fuerza es una estrategia de disuasión, es decir una estrategia que renuncia a emplear la fuerza o la amenaza de su uso; que se orienta a crear y mantener una condición de paz, y que intenta asegurar que la alternativa que adopten nuestros vecinos para tratar de obtener sus respectivos objetivos políticos, sea de la misma naturaleza.
El objeto de una estrategia de disuasión entonces es desincentivar, o mejor eliminar, la alternativa del uso de la coacción o la fuerza como opción aceptable y conveniente por parte de otro país, para imponernos su voluntad en un asunto en disputa.

Otro problema es que esta relación entre oponentes es dialéctica y entre actores diferenciados, lo que hace que la interacción disuasiva sea muy interesante, compleja y difícil de predecir: Un primer elemento es el de la diferencia cultural. Los dos bandos no valorizan ni entienden el tema en disputa de la misma manera y un mensaje que el bando que lo envía aprecia como unívoco, puede ser interpretado por el otro con un significado completamente diferente. La imagen que un país pretende proyectar y la idea que se forman los países receptores de esa proyección no siempre son coincidentes. Esta diferenciación se refleja también en las características de los procesos de toma de decisiones políticas y militares. Ambos elementos interactúan con estados sicológicos diferenciados en los cuales la equivocación más común es que un actor no entienda las motivaciones y procesos de razonamiento del otro, creyendo que éste se rige por los mismos estándares de racionalidad y emocionalidad que él.

La disuasión se basa en la creación ,- en la mente del oponente -, de un efecto psicológico que funciona en dos tiempos: el cálculo, es decir la evaluación de sus posibilidades de vencer, que surge de la comparación de sus capacidades totales contra las nuestras, y el temor a los riesgos del conflicto, que emerge de una combinación del cálculo anterior con otros elementos intangibles, tales como el prestigio militar de nuestras FF.AA, la determinación a luchar de nuestra nación, la eventual duración de la guerra y la estabilidad de la situación internacional bilateral y multilateral de pos – guerra y, en casos de interdependencia compleja como la que estamos desarrollando con nuestros vecinos, con la incorporación de un tercer elemento: los costos de oportunidad ocultos ante la alternativa de continuar o interrumpir la relación de cooperación.

Esto significa que hay que comparar potenciales militares – armas -; potenciales morales y políticos – economía, diplomacia, sociedad; – y la posibilidad de hipotecar el futuro favorable que pueda derivarse de una relación de paz y cooperación.

¿A quién disuadir y de qué disuadirlo?: Este es un problema clave que debe ser establecido con claridad, ya que la disuasión comienza con la notificación de nuestra decisión al potencial agresor y debe basarse en conceptos claros, compartidos por toda la sociedad y conocidos por la comunidad internacional.
La disuasión es entonces un conjunto de previsiones y acciones destinado a producir un efecto paralizador del recurso a la fuerza militar o a la presión política por parte de un determinado país, frente a una situación específica y en un escenario internacional también concreto.

La pregunta clave es entonces: frente a Perú: ¿de qué queremos disuadirlo?, ¿qué decisión o acción perjudicial para Chile queremos que no tome o emprenda?. En el contencioso jurídico levantado por Perú respecto a la delimitación marítima internacional entre ambos países, resulta evidente que no lo disuadimos de crear ese conflicto diplomático. En el estado actual de la crisis deberíamos disuadirlo de recurrir al empleo de las armas o a acciones políticas y comerciales hostiles, si sus aspiraciones no fueran acogidas por el Tribunal Penal Internacional.

En el caso que nos ocupa, para Chile, llegar a una situación de conflicto armado con Perú implica cerrar toda posibilidad de cooperación económica y política con ese país, por muchos años; el fin de toda posibilidad real de integrarnos con otros países latinoamericanos del Pacífico, y el seguro fin de la presencia cooperativa y corporativa de la región en Asia, el mercado más grande y activo del mundo. Para Perú implicaría daños similares sumados a una crisis política y social en los momentos en que inicia su muy añorado y esperado despegue.
Esto señala que no es suficiente considerar solo, ni prioritariamente, las armas y los aspectos morales y políticos internos.

Este es un tema complejo poco adecuado para ser tratado en un artículo breve, por lo que no aspiro a ingresar a él en profundidad. Mi intención es sólo levantar una voz de alerta para evitar que la liviandad o la superficialidad se instalen en el lenguaje político, diplomático, militar y comunicacional.
Es mucho lo que está en juego.

A los lectores se les ruega, en sus comentarios, atenerse al tema del artículo.

Lagos y el Financiamiento de la Defensa

La prensa del fin de semana trae una columna que provoca sorpresa e incredulidad. Siendo la gobernabilidad el atributo positivo que mas enorgullece a los adherentes a la Concertación, no se explica que el Senador Ricardo Lagos súbitamente abjure por completo de lo obrado por cuatro gobiernos consecutivos de su sector, en una misma área de la gestión gubernamental: la defensa. En efecto, si bien Aylwin mostró un sólido desafecto hacia las FFAA, -comparable a su declarada animadversión a los Malls-, y que su ministro de defensa solo se interiorizó en los aspectos comerciales de la misma, los otros tres gobiernos de la Concertación, le dedicaron importantes cuotas de atención, tiempo y recursos financieros.

El Presidente Lagos, de reconocida presencia política, potenció e hizo valer la fortaleza de Chile para que fuera respetado en el concierto de las naciones. La capacidad militar es parte de esa fortaleza. La Sra. Bachelet por su parte, comenzó su carrera como experta militar en un curso vespertino de un año que hizo en la Anepe y luego otro de la misma duración como becada de la Escuela de Defensa Nacional en los EEUU. Posteriormente se desempeñó como asesora ministerial, luego como ministro de defensa y después como presidente de la República. ¿Es creíble que no haya tomado nota de estas situaciones tan anormales que denuncia el senador y no haya hecho nada al respecto?. Habrá que ver que dice si regresa al país como candidata presidencial.

Resulta increíble que de forma tan abrupta alguien tome conciencia de que todo estaba mal, más aun cuando otros miembros de la coalición e incluso de su propio partido continúan reivindicando esa política como uno de los éxitos de la Concertación.  La Ley Reservada del Cobre no es un producto de “la dictadura” como dice Lagos, es mucho más antigua, viene desde la década del 30 del siglo pasado, aunque es efectivo que durante el Gobierno Militar se le hicieron cambios, tal como también se le hicieron en el Gobierno de Bachelet donde se redefinió la forma de asignar los recursos. Por lo demás, siendo una ley de quórum simple, pudo haber sido derogada por la Concertación en cualquiera de los momentos en que tuvo mayoría en ambas cámaras a lo largo de esos 20 largos años.

Las críticas del senador apuntan a cuatro aspectos: “Primero, a que el gasto en ningún caso sea menor que el 70% de los gastos incurridos entre 2006 y 2010. Así, el gasto para capacidades estratégicas en ningún caso sería menor al 70% de los gastos incurridos entre 2006 y 2010. Casualmente, sucede que en ese período se registraron precios récord del cobre, lo que en el marco de la ley reservada implicó niveles también récord de recursos para Defensa. En otras palabras, el Ejecutivo no podría haber elegido una referencia más generosa para las Fuerzas Armadas”.

Sería un descuido inexcusable de los gobiernos de la Concertación que no hubieran previsto que cuando compraron equipos militares, el proceso no concluyó con el pago de su costo inicial sino que adquirieron un compromiso financiero de largo plazo para afrontar los gastos que demandará la mantención y empleo de dicho equipo a lo largo de su vida útil. El hecho de que la toma de conciencia de las consecuencias económicas de las decisiones políticas ocurra en forma súbita y tardía – como parece ser en este caso- confirma la prudencia de la previsión propuesta por el gobierno. No es bueno dejar la defensa nacional abierta a apresuramientos electorales. Ya en 1878 sufrimos eso cuando se estuvo a punto de vender los Blindados que luego serian vitales para ganar la Guerra del Pacifico. Los politicos que los ofrecieron a Rusia deben de haber razonado igual que el Sr Lagos.

Segundo, “el proyecto propone un fondo de contingencia especial para compras de material bélico, que se constituiría con el saldo de la ley reservada que suma en torno a US$ 2.500 millones”. «Que además debe ser repuesto cuando se hagan gastos». En realidad, lo que se está estableciendo es una medida de previsión, algo poco frecuente en nuestra cultura, pero de gran utilidad cuándo los problemas se hacen presentes. Sin perjuicio de lo anterior, el senador sabe que todos los recursos son del estado y que los maneja el gobierno de turno, así es que no son recursos de “libre disponibilidad” de las FFAA. Eso no es cierto, ya que las FFAA no pueden comprometer recursos sin el visado previo del Ministerio de Defensa. Por lo demás, si Chile es golpeado súbitamente por una crisis económica mayor –tan profunda que demande hasta el último peso disponible-, modificar esta parte de la ley no tomaría más de un par de días, casi lo mismo que tomó legislar para corregir el olvido del encargado de inscribir a los candidatos de un partido político que estaba distraído.

Tercero. “El proyecto establece que el presupuesto de Defensa tenga carácter cuatrienal. Se entiende que ello se plantee para darle estabilidad a la planificación financiera del sector. Pero, ¿no requieren Obras Públicas y el resto de los sectores que ejecutan inversión pública una planificación similar? Si vamos a discutir sobre marcos presupuestarios de largo plazo, abramos entonces la discusión para toda la inversión pública, pero no les demos un privilegio adicional a las Fuerzas Armadas”. Perfecto, ábrala!, pero, ¿es que recién se dio cuenta que los presupuestos plurianuales son una forma de gestión usada en muchos países y que se hace por razones de eficiencia financiera?. Pero sin duda la parte más sorprendente es el fallo en la lógica de la crítica. Si los presupuestos plurianuales son una muy buena forma de gestión, ¿por qué en vez de privar a la defensa de esa herramienta no se la da también a los demás ministerios?

El senador plantea:  “habría que preguntarle a la ciudadanía si no preferiría proteger el gasto social o la inversión pública antes que el de Defensa”. No parece necesario hacer un plebiscito para contestar algo tan obvio: siempre es conveniente proteger todos los gastos e inversiones para que no queden proyectos a medio hacer o para que un iluminado decida dejar abandonado algo que un gobierno anterior comenzó. El sindrome de que si la obra no es del color politico del gobierno de turno queda abandonada suele ser una maldición recurrente en América Latina. Es de toda lógica precaverse de las personas que, como el senador Lagos, quieren desentenderse de lo hecho en administraciones anteriores en beneficio de la popularidad circunstancial.

Pero hablemos en castellano, los presupuesto plurianuales no son populares entre los políticos precisamente porque reducen la discrecionalidad para el empleo caprichoso y populista de los recursos. Si hubiera habido presupuestos plurianuales, no habría habido un Transantiago sacado de la manga, “por tincada”, ni un proyecto ridículo como el tren a Puerto Montt, entre muchos otros desvaríos financieros. Defensa no es un buen espacio donde hacer demagogia. Por lo menos eso decía su papá.

 

Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa: Errores no forzados

El 28 de junio, SE el Presidente de la República, acompañado del Ministro de Defensa Nacional y en presencia del Presidente del Senado, hizo público el documento que expone la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa (ENSyD) para el lapso 2012 – 2024, que se enviaba en consulta al Senado para posteriormente ser sancionado oficialmente. Este documento, constituye un insumo fundamental para modificar el proceso de financiamiento de las fuerzas armadas, siendo por tanto vinculante respecto a la aprobación de la nueva fórmula presupuestaria promovida por el Ejecutivo en un proyecto actualmente en discusión en el Congreso.

El documento entregado al Presidente del Senado y distribuido a diversas instancias nacionales e internacionales, constituye un elemento articulador de la visión estratégica de Chile no solo en términos militares, sino de la forma en que concibe su desarrollo, seguridad, defensa y uso de sus recursos de poder para lograrlos, expresada como propuesta gubernamental. Como es natural, un documento de estas características despierta un interés evidente en los actores políticos e institucionales.

Al efecto, y más allá de valorar su intencionalidad, se hicieron presentes diversas críticas al documento, -tanto en Chile como en el extranjero-, provenientes de la oposición, de especialistas y de personas independientes, en general coincidentes en cuanto a: la necesidad de replantear y reordenar la presentación de los contenidos; el riesgo de “militarización” de la seguridad; la eventual “securitización” de la política exterior del Estado; la revisión de la conveniencia de crear organismos de coordinación superior que requerirían cambios en la Constitución, y de manera muy relevante la carencia de un proceso de socialización política previa, ya que se trata de una cuestión que no solo condiciona recursos del estado sino que establece una visión de futuro vinculante para varios organismos del mismo, que exige concordancia y convergencia política (política de estado) acorde a las dimensiones en que se proyecta Chile para el horizonte de tiempo planteado.

El concepto de “seguridad ampliada”, objeto de crítica generalizada, fue aceptado por el gobierno de Ricardo Lagos y propuesto positivamente a la comunidad internacional por parte de la ex ministro Soledad Alvear en su discurso en la OEA en Barbados, el año 2002, como una alternativa teórica a considerar para la comprensión de la nueva situación de seguridad global. Aunque fue recogido por ese gobierno, estaba lejos de haber sido incorporada al consenso social nacional. La crítica a este mismo concepto en la ENSyD que analizamos fue general, por lo que lo tomaré como línea de análisis para graficar los elementos más resaltantes de los que considero “errores no forzados”.

Una definición comúnmente aceptada de estrategia nacional es el de “arte y ciencia de desarrollar y utilizar los poderes políticos, económicos, socio-sicológicos y militares del Estado, de acuerdo a la guía política, para crear efectos que protejan o promuevan los intereses nacionales, relacionados con otros estados, actores o circunstancias. La estrategia busca una sinergia y simetría de objetivos, conceptos y recursos para aumentar la probabilidad de éxito político y las consecuencias favorables que se desprenden de ése éxito”. Se puede apreciar que se trata de un proceso esencialmente político y del más alto nivel, es decir por sobre el Ministerio de Defensa y obviamente por encima de la Subsecretaría de Defensa.

La ENSyD es un documento ejecutivo -que describe lo que hay que hacer-, no es académico ni especulativo. La inclusión de un concepto académico –“seguridad ampliada”- que son solo 2 palabras pero que necesitarían 200 páginas para explicar cabalmente de qué se trata, sus límites, componentes, condicionantes, y su posible aplicación a la situación nacional concreta, no solo no aporta nada sino que confunde. Así la Constitución Política de los Estados, incluyen normas e instrucciones para hacer que la sociedad funcione de una determinada forma, pero no contiene conceptos de teoría política. De la misma manera, un contrato comercial detalla el aporte que hace cada parte, cuáles serán las respectivas obligaciones y como se distribuirán los beneficios, tampoco incluye teoría económica ni legal.

Este concepto, insuficientemente explicado, hizo saltar las alarmas en un asunto particularmente sensible para la izquierda chilena: el rol de las FFAA en la seguridad interna. Durante 20 años, laboriosamente, representantes de izquierda y derecha dialogaron, discutieron y llegaron a consensuar un conjunto de valores y principios mutuamente aceptables respecto a este punto, los que fueron quedando registrados en los Libros de la Defensa y sobre todo en la memoria y compromiso de los actores. La inclusión del nuevo concepto de “seguridad ampliada” en el documento de la ENSyD fue interpretado como el abandono unilateral de una política de Estado y llevó a su rechazo. Desafortunadamente, la elaboración de este documento ha generado un quiebre importante entre lo que se espera de una gestión gubernamental y los necesarios procesos de participación y generación de diálogos políticos que tengan bases democráticas para su legitimidad política y social. Los nuevos personeros de este gobierno llegados al sector defensa, que no participaron en el proceso descrito, no contaban con los contactos, recorrido ni credibilidad técnica necesaria para introducir cambios relevantes en temas delicados que fueron largamente analizados desde mucho antes de su irrupción.

No es esperable que los Ministros de Defensa sean expertos en todos los aspectos técnicos de su cartera, para llenar este vacío deben contar con equipos técnicos que lo apoyen. Este gobierno en su comienzo dispuso de un equipo que, representando a su sector, había participado frente a los gobiernos de la Concertación en la creación de la “política de estado” señalada anteriormente y que hizo su programa de defensa. Este equipo fue marginado para dar cabida a personas comprometidas con agendas ajenas a la función defensa. La oposición, con más práctica política y experiencia técnica en este tema, ha dejado a sus expertos el análisis de la ENSyD, los que no han encontrado al frente a nadie capacitado o dispuesto a hacerse cargo del documento propuesto, responder las críticas, defender sus ideas o recibir las sugerencias.

La forma de presentar el documento fue desafortunada, ya que una propuesta compleja, larga –demasiado larga- no podía ser entregada sin mayores explicaciones, requería un proceso de socialización y discusión tanto con los técnicos y especialistas de la propia alianza gubernamental como con los técnicos de la oposición, que a su vez recomendarían su aceptación, observaciones o rechazo a sus mandantes partidarios y parlamentarios, nada de eso sucedió. Fue una ducha de agua fría. No sorprendente el rechazo. A estas alturas del desarrollo político de Chile existe un claro convencimiento que la seguridad y la defensa solo pueden abordarse desde perspectivas no ideológicas y no excluyentes.

En este sentido, si la ENSyD vuelve a hacerse y difundirse de la misma manera que la actual, recogerá el mismo rechazo: “Si sigues haciendo lo mismo, no esperes resultados diferentes”.

Una invitación al purgatorio

Según un importante medio transandino la 43ª Cumbre del Mercosur realizada el día 29 pasado en Mendoza, habría tenido una parte de “deliberaciones secretas” en las cuales  los presidentes del bloque regional -Argentina, Brasil y Uruguay- personalmente y por separado, formularon una invitación formal al resto de los países de América del Sur, entre ellos a Chile, para que se incorporen al Mercosur como socios plenos.

La invitación fue precedida por la veloz maniobra para legalizar el ingreso de Venezuela al Mercosur.

Es interesante conocerla: El ingreso de un nuevo socio al grupo de Mercosur debe ser por el voto unánime de sus miembros, los que a su vez requieren la aprobación de sus respectivos Parlamentos. En este caso, el Congreso paraguayo no había concedido su acuerdo y la participación venezolana estaba detenida. Minutos después de “congelar” la participación de Paraguay, en razón de la destitución demasiado expedita del ex Presidente Lugo, se aprobó a la carrera el ingreso de la República Bolivariana al Mercosur, en una maniobra perfectamente simétrica a la del congreso paraguayo. Nadie sonrió ni nadie se sorprendió, nadie se avergonzó.

La invitación reseñada se materializó en este ambiente de pillerías y anormalidades, frecuente en la vida de de Mercosur.

 

El objetivo de la oferta es ampliar el mercado común a todo el continente. Se eliminarían, así, las barreras arancelarias internas dentro del bloque y simultáneamente se lo cerraría con medidas de protección para evitar la competencia de las economías externas al pacto. Según el periódico argentino la propuesta fue promovida por la presidenta Cristina Fernández y apuntaría a proteger la industria regional de la invasión de los productos con alto valor agregado de Estados Unidos y Europa una vez que sobrevenga la crisis. Desde el punto de vista de Argentina y Brasil, la idea es ampliar su mercado interno con consumidores de buena capacidad adquisitiva, como Chile, crecientemente Perú y Colombia, los que sustentarían las industrias de sus países y a cambio recibirían acceso a mercados numerosos en cuanto a personas pero con escasa capacidad para adquirir lo que exportamos. El planteamiento tiene lógica -para ellos-.

Este proceso ocurre justo cuando Brasil y Argentina sostiene una acalorada discusión -literalmente a los gritos- porque no logran ponerse de acuerdo para resolver el problema creado por las trabas puestas por Argentina al comercio bilateral y las correspondientes represalias brasileras. Después de tormentosas reuniones con amenazas de todo tipo, acordaron –de palabra- levantar algunas de las barreras comerciales bilaterales, pero Brasil aclaró que “removerá dichas barreras solo cuando Argentina lo haya hecho”, lo que da una muestra de la confianza mutua entre los socios y la naturaleza de la asociación a que estamos siendo invitados.

Ambas economías, por su parte, muestra un creciente agotamiento de sus “modelos”, al optimismo exultante de Lula sigue una gestión recatada de Dilma, mientras Cristina continúa haciendo malabarismos para que no se le caiga el armario, tratando de convencer a la afición de que la prohibición de comprar  dólares es positivo para el desarrollo del país, y que la inflación de dos dígitos, durante seis años seguidos, no afecta a nadie.

Esta propuesta no fue anunciada en la declaración final de la cumbre de presidentes del Mercosur ni en las conferencias de prensa posteriores. «Fue una invitación enfática pero aún en tono reflexivo” confidenció una alta fuente del gobierno Argentino.

Menos mal, aun es solo en tono reflexivo, pero preparémonos, ya vendrá el tono impositivo, en portugués y en lunfardo.

La cuestión brasileña

Brasil es un país de grandes números, que impresionan: tiene una población estimada de 200 millones de habitantes y una superficie terrestre de 8,5 millones de km2.

Brasil fue el último estado independiente de las Américas en abolir la esclavitud, en 1888 y el último en proclamarse como república, en 1889. No hubo revolución en Brasil: la Primera República fue el resultado de un golpe militar gestado por un pequeño número de militares y miembros de la oligarquía terrateniente  y cafetalera de Sao Paulo. En 1930 otro golpe militar le puso fin. Getulio Vargas y los militares ejercieron el poder desde 1930 hasta 1945, cuando debieron ceder a las presiones norteamericanas y entrar en un proceso “democratizador”. Este régimen, el Estado Novo, lideró un camino modernizador y de desarrollo económico y permitió un cierto avance del proceso de organización social. Desde 1945 hasta comienzos de la década de los ´60, en Brasil existió una democracia limitada en alcance y naturaleza, que sobrevivió con éxito algunas asonadas comunistas similares a las habidas en otros países de la región en la misma época; al suicidio de Getulio Vargas reelegido en 1950, y en 1961 a la renuncia de Janio Cuadros, bajo presión militar. Joao Gulart gobernó desde 1961 hasta 1964. Fue un gobierno intenso pero breve, que sobreestimó las fuerzas pro cambio y subestimó gruesamente el poder de los militares aliados con la estructura de poder tradicional. Concluyó en su derrocamiento con escasa, si es que alguna, resistencia popular. Lo sucedió un gobierno militar desarrollista que gobernó Brasil hasta que perdió el dominio sobre el Colegio Electoral, que sumado al repentino deceso de Tancredo Neves, su último representante (civil), determinó que el gobierno pasara a manos de su Vicepresidente, José Sarney, quien inició la marcha, a partir de 1985, hacia la Nova República. Esta marcha tuvo su punto culminante en la aprobación de una nueva ley electoral que sancionó el sufragio universal, incluyendo por esa vía a una importante masa de electores analfabetos, que hasta entonces habían estado excluidos de la representación política. Esta ley produjo un vuelco en el patrón electoral que abrió paso a dos gobiernos “progresistas”: el de Collor de Melo, caído bajo acusaciones de corrupción y el de Fernando Henrique Cardoso, funcionario internacional de izquierda visto por las fuerzas conservadoras como la opción menos mala para contener el avance de Lula y su Partido de los Trabajadores (PT).

Lula y el PT constituyen un caso político  notable. Dadas las características de la historia política de Brasil, descritas anteriormente, el incremento de su votación de 17% en 1989 a 27% en 1994 y a 32% en 1998 y la toma del control de las ciudades de Sao Paulo (1998 y 2000) y Porto Alegre (1988, 1992, 1996 y 2000) son logros impresionantes en un plazo tan breve. Más impactante aun si se considera que ello ocurre precisamente en los años en que la izquierda socialista se batía en retirada en todo el mundo.

Su triunfo en las elecciones del 2002 fue aun más destacable: obtuvo el 46,4% en la primera vuelta y el 61,3% en la segunda, conquistando las preferencias de 52,8 millones de votantes. Un obrero metalúrgico con una educacional formal débil, por decir lo menos, arrinconó políticamente a Henrique Cardoso líder de la izquierda intelectual brasileña y latinoamericana y derrotó en las urnas a su sucesor designado. La sociedad civil, nunca combativa en Brasil, esta vez estaba movilizada. Integrada por una mayoría de personas jóvenes,- casi el 50% es menor de 35 años -, sumidos en una pobreza extrema,- con el 60% de la población económicamente activa ganando menos de US$ 100 al mes,- y con pocas posibilidades de salir de ella debido a un bajísimo nivel educacional, – el 70% de los brasileños cuenta con menos de 7 años de educación básica -. El desafío de Lula era entonces asegurar y consolidar la estabilidad económica, restablecer niveles de crecimiento económico aceptable y crear las condiciones necesarias para una mejor distribución de la riqueza y del poder, y hacer todo lo anterior conjurando la posibilidad de un estallido social, un golpe militar o, lo más probable, una violenta desintegración nacional.

En el plano económico Marco Aurelio García, asesor directo de Lula explicaba: “Hoy en Brasil hay una discusión muy grande para saber en qué medida se estableció una ruptura entre la política (del gobierno) actual y la política precedente, sea en el ámbito económico, en el ámbito social o en el ámbito de la política externa. En el ámbito económico puedo asegurar que los aspectos de continuidad son en realidad una mera coincidencia. Resulta que nosotros fuimos obligados, en esos primeros meses del gobierno de Lula da Silva, a recurrir a una serie de herramientas más bien ortodoxas para hacer frente a la gravísima situación en que encontramos al país cuando empezó el gobierno del presidente Lula” … “El modelo económico que se quiere implantar es distinto de los dos últimos que han fracasado en el país… Lo que nosotros creemos hoy es que es posible desarrollar en el país un gran período de crecimiento con distribución del ingreso y con profundización y radicalización de la democracia y, obviamente, con un proceso de inserción soberana en el mundo. Esos son los ejes con que estamos trabajando”. En breve, según García, el actual régimen brasileño aspiraría a una suerte de “desarrollismo democrático, dinamizado por la satisfacción de la demanda social”.

El modelo brasileño de desarrollo tomó el camino del proteccionismo: el año 2010, una economía de 2 trillones de dólares exportó 201 mil millones (10% de su PIB) y importó solo 180 mil millones (9% de su PIB). Su apertura al comercio global fue de 19%, mucho menos que los otros países latinoamericanos y los Brics o que la media mundial que está entre un 23% y un 28%” (Chile y Perú tienen 50%). Eso significa que Brasil sigue teniendo una economía cerrada, orientada sobre todo a su mercado interno, que siempre es limitado, mientras que el internacional es infinito.

Brasil buscó dinamizar su industria nacional aumentando el consumo interno creando empleos estatales y subsidios para reducir la miseria. Hoy día, más de 60 millones de personas reciben la “Bolsa Familia” y otros programas de subsidios en dinero. “Bancarizó” a esas mismas personas, facilitando su acceso a los créditos de consumo, pero cuando llegaron al límite de endeudamiento, no pudieron seguir consumiendo ni pagar sus deudas.

El auge del crédito y el consumo obedeció, en parte, a los millones de nuevos empleos, los mejores salarios generados por la expansión económica y los altos precios internacionales de los minerales y productos agrícolas, que Brasil exporta en grandes cantidades. El real sobrevaluado frente al dólar volvió mucho más baratos los productos importados que los nacionales. La baja productividad de la industria brasileña, incapaz de competir en el mercado mundial, llevaron al crecimiento de las exportaciones cada vez más basadas en materias primas (70%) sostenido por el alto precio de los commodities en el mercado internacional, y al crecimiento de las importaciones de bienes de consumo mejores y más baratos que los de producción local, empujando a la “desindustrialización”.

Los análisis internos señalan que hoy día Brasil está en una situación de desaceleración económica que tiene múltiples causas, 1.- La desaceleración de China, su principal socio comercial. 2.- La competencia de los productos chinos en el mercado interno, especialmente entre los manufacturados, donde Brasil tiene una “baja competitividad en términos comparativos”. 3.- La carencia de infraestructura, una carga fiscal muy alta, los altos costos laborales, la muy baja inversión pública. 4.- El énfasis excesivo que se ha dado al tema del consumo, apostando a que la demanda estimularía las inversiones, lo que no se concretó.

A fines del año 2011 Brasil superó a Gran Bretaña y se convirtió en la quinta economía del mundo, lo que sumado al anuncio de que el desempleo había alcanzado su mínimo histórico mensual (5,2%) y que el salario mínimo aumentaría de 545 a 622 reales (de unos 300 a 340 dólares) llevó a que Brasil se proclamara y la prensa mundial confirmara que ese país estaba entrando al grupo de las grandes potencias. Pocas semanas después, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), reveló que durante todo el año 2011, debido a la crisis internacional, el país había crecido tan sólo un 2,7%, menos que las expectativas oficiales que proyectaban una expansión económica de alrededor de 3,5%, y muy lejos del crecimiento del 7,5% del 2010. El sector industrial cerró el año con un crecimiento de tan sólo 0,3% en relación con 2010, cuando se había expandido al 10,5%. El año 2011 siguió cayendo y para el 2012, las señales rondan cifras menores al 1,2 % de crecimiento y con una inflación en aumento.

En estos momentos la prioridad es estabilizar la economía. Esto implica tomar medidas políticamente impopulares: desacelerar el consumo. Lo señalado tiene un significado profundo: difícilmente el PT, sea bajo el mando de Rousseff o de Lula, pueda hacer un cambio profundo de orientación y por consiguiente no es razonable esperar cambios radicales en el actual estancamiento del crecimiento económico de Brasil.

La imagen de Brasil es mayor que su poder real en el mundo, su influencia real en el panorama internacional es menor en la práctica que lo que sugeriría su presencia mediática. La presencia global en economía, se mide en las exportaciones de materias primas, manufacturas y servicios, la exportación de productos energéticos y la inversión directa del país en el exterior.

Eso explicaría, por ejemplo, el poco peso de Chile en el índice global. Con una clasificación de un 18,9 respecto al valor 1.000 de Estados Unidos, Chile está a la altura de Nueva Zelanda y Colombia, en Chile hay indicadores económicos con valores absolutos muy altos, pero en términos relativos es pequeño. Nuestra economía es potente, pero el poder se mide en el impacto exterior. Así, en el área de economía lo que cuenta es el impacto de cada país en el exterior, no al revés. Para medir la influencia en defensa, se considera el número de tropas desplegadas en misión internacional y la capacidad de despliegue militar en el exterior. El índice también tiene en cuenta el número de inmigrantes recibidos y turistas. En el área de cultura mide la exportación de audiovisuales, la clasificación olímpica, los estudiantes extranjeros recibidos o las patentes registradas en el exterior. El total de estos elementos ponen a Brasil en un nivel de influencia internacional poco significativo, en todo caso menor que México.

Por ello el sueño de la integración sudamericana alrededor de Brasil se está diluyendo por exceso de ambición de liderazgo e intempestivos cambios que afectan a sus socios más cercanos. Brasil, en su actual estado de desarrollo económico, parece no tener ni los instrumentos ni las capacidades económicas para atraer a sus vecinos a su proyecto, carece también de la capacidad política y militar para forzarlos a seguirlo y por otra parte no abandona del todo la opción de seguir a los “estados chavistas” si es que eso satisface en mejor forma sus intereses económicos nacionales. Las ideas que inspiran al actual gobierno del PT y que difunde Marco Aurelio García, tienden a llevar los análisis y expectativas a regiones alejadas de la realidad, adonde no creo que debamos seguirlas, es mas creo que a Brasil le iría mejor alejándose de ellas. Pero eso es solo de su incumbencia.

 

Las cifras parecen indicar que el camino emprendido fue equivocado. Nada terrible, nada novedoso, la marcha de los países se mueve por ensayo y error, pero estos trastabillones y los niveles reales en que se mueve Brasil, en lo político, económico y social muestran que es un gran país en Sudamérica, pero que está lejos de ser el actor de categoría mundial que deba liderarnos en nuestra política diplomática, de seguridad  o comercial, y que junto a Perú, Colombia y México tenemos un mejor futuro como actores autónomos en el Pacífico.

Humalamemoria

Una conocida revista peruana, ya cerrada, describía así el estado mental de Velasco Alvarado, presidente de Perú, frente el ambiente en la frontera entre Chile y su país en Julio de 1975:
“En sus manos, que ahora temblaban por la enfermedad, se había acumulado todo el poder con que un hombre pudiera soñar. En su voluntad, que ya flaqueaba, se concentraba el destino de un gigantesco poder militar recién construido. Y en su corazón, aún anidaba aquel viejo deseo de recuperar los territorios perdidos por Perú en la Guerra del Pacífico. Juan Velasco Alvarado, el soldado raso que había llegado a Presidente, continuaba siendo para muchos, y a pesar de su malograda salud, el hombre que quería la guerra con Chile … Inserto dentro de un fenómeno continental de militarismo progresista —que en esos años incluía a Omar Torrijos, en Panamá, y Juan José Torres, en Boli¬via—, Velasco fue la cabeza visible de un movimiento que ya llevaba varias décadas incubándose en los regimientos peruanos. Inspirados por un ardiente nacionalismo y una tendencia socialista, fue en el CAEM —Centro de Altos Estudios Militares—donde desde los años 50 se comenzó a formar aquella elite progresista que se tomaría el poder, y que durante siete años gobernaría, inspirados en la teología de la liberación y en autores socialistas, nacionalistas y nostálgicos del imperio incaico. Este grupo estaba convencido que sólo un gobierno de las Fuerzas Armadas de larga duración era capaz de realizar los enormes cambios estructurales que necesitaba la nación.
Juan Velasco Alvarado, entonces Comandante en Jefe del Ejército, sería el paladín del nuevo movimiento que alardeaba erradicar la injusticia en el Perú. Pero también era el hombre que quería reconstruir la integridad nacional, con un país fuerte y seguro. Para esto último se apoyaba en un nacionalismo basado en el patriotismo militar”.
“Desde el primer momento, se mezcló la ambición de cambiar la estructura social del país con la de construir un poder militar tan enorme, que —de darse la ocasión— se pudieran reconquistar los territorios perdidos en la Guerra del Pacífico, fuente de gran trauma nacional … En marzo de 1974 Velasco Alvarado haría declaraciones que rápidamente llegaron al corazón del gobierno chileno, y alcanzaron a filtrarse en la prensa nacional. En una entrevista al diario francés Le Monde, el general peruano habló de la inminencia de una guerra con Chile. En la misma época, la revista inglesa The Economist recogería la tensión que vivían ambos países, informando que Perú montaba bases de submarinos y cohetes soviéticos, preparándose para la guerra con Chile. Desde Brasil, los diarios O Estado de S. Paulo y Jornal do Brasil recogían la misma noticia”.

“Es julio de 1975. Y Arica, con una población de 90.000 personas, está en pie de guerra. El Ejército chileno se ha plegado —listo para el enfrentamiento— en la más grave crisis militar de las últimas décadas. Al otro lado del límite las tropas peruanas se levantan en una gigantesca movilización sobre la frontera con Chile. Desde Lima, el gobierno de Juan Velasco Alvarado vuelve a alistar su poderosa maquinaria militar.
Durante 1974 y 1975 la tensión prebélica ha subido y bajado, como un tobogán. Desde que el general Juan Velasco Alvarado iniciara en el Perú el mayor rearme de su historia, el gobierno del general Pinochet se prepara para enfrentar un posible ataque peruano. Y aunque pocas declaraciones bélicas se han cruzado, en Chile persiste la certeza de que, si puede, Velasco va a intentar recuperar la zona de Arica, perdida en la Guerra del Pacífico.
Los generales chilenos estiman que la única forma de detener a Velasco Alvarado es demostrarle que no le será posible lanzar una ofensiva aplastante y rápida que le permita quedarse con los territorios reivindicados. Para esto, Chile se vuelca a construir un escenario que le hará saber a Perú que si va a la guerra, ésta será larga y revelará la debilidad estratégica vecina. Si bien Perú tiene una gran fuerza ofensiva, no posee, según los generales chilenos, la capacidad logística —o de organización— como para sostener un conflicto prolongado. Con retroexcavadoras, y todo tipo de maquinaria, los regimientos pasan los días y los meses en lo que el general (r) Jorge Dowling llamaría «nuestra agricultura». Se excavan trinchera en eternos kilómetros, se levantan camellones y se instala una fábrica de tetrápodos, enormes figuras de cemento destinadas a formar diques para la contención de tanques”.

“Detrás de esa primera línea, se siembran 20 mil minas, que en 1981 llegarían a ser 60 mil”.

“Sin embargo, más allá de las conjeturas, lo que puso punto final al peligro de guerra fue el derrocamiento del general Velasco Alvarado, en la madrugada del 29 de agosto de 1975. Esa madrugada y poco antes de que (el general) Morales concretara el golpe, dos llamadas telefónicas cruzarían hasta Chile. En una, el general Artemio García, comandante en Tacna, despertaría a las 05:00 horas al comandante Dowling en Arica para informarle que el general Morales Bermúdez sería el nuevo Presidente de Perú. Tras colgar, García se comunicó con la casa del coronel Odlanier Mena en Santiago, quien después de haber servido en Arica, había sido destinado a la Dirección de Inteligencia del Ejército.

Una de las razones que motivó el golpe de Morales Bermúdez, de acuerdo a versiones que circulan tanto en Chile como en Perú, fue evitar la guerra. Morales era un militar mucho más moderado que Velasco, y según una versión recogida por la embajada chilena en Lima, hubo un hecho preciso que lo habría impulsado a derrocar rápidamente a Velasco. En una visita a La Habana, Fidel Castro habría invitado a Morales a visitar unas instalaciones militares, donde había infinidad de tanques. «Tengo todo preparado, los tanques, y 12 mil hombres para caer sobre Arica junto con ustedes», le habría dicho Fidel. Morales, atemorizado de que esa loca idea pudiera convertirse en realidad, acortó su visita a Cuba, volvió a Lima y aceleró su conspiración. Poco tiempo después, en la embajada chilena se subrayarían con rojo los despachos de prensa que informaban que 12 mil soldados cubanos habían partido para Angola”.
Como se puede apreciar, las minas que Chile instaló en la frontera entre ambos países fueron puestas con poderosas razones que Ollanta Humala conoce muy bien.
Dos comentarios: primero, las intenciones ofensivas no eran de Chile, eran de Perú, -reconocido por sus propias autoridades-, y segundo, las minas son de carácter defensivo no ofensivo, lo que técnicamente confirma lo anterior.
En breve, si las minas están ahí es responsabilidad de Perú.
Durante la campaña presidencial de 2006, el entonces candidato Ollanta Humala, en su versión etnopopulista – militarista en la ya conocida línea del CAEM, declaró que “no conocía Chile y que cuando viniera a Arica, lo haría en tanque”. En definitiva no vino; se podría pensar que las minas lo hicieron cambiar de opinión.
En su segunda campaña, y para sorpresa de muchos, surgió el Presidente Humala estadista, un gobernante serio, ponderado y moderno. Sin embargo de cuando en cuando le surgen regurgitaciones antiguas.
No está bien dirigirse a otro país en forma imperativa y estirando los argumentos para parecer razonable. Chile ha cumplido el tratado de Ottawa y lo seguirá haciendo, las admoniciones están de más. Si el señor Víctor Perlacios Canales conduciendo su taxi, de noche, se metió a Chile por un lugar no autorizado y perfectamente señalizado, en forma ilegal, subrepticia y atravesando un campo minado, cuya causa existencial ya analizamos, su muerte, siendo penosa y triste, es de su exclusiva responsabilidad o de quienes lo mandaron, como ese curioso camión lleno de militares peruanos al mando de un coronel que cruzó la frontera donde no hay minas, para después retornar muy orondo por el paso fronterizo Santa Rosa
Con motivo de la misma desgracia, por segunda vez, el Presidente Humala amenaza con no concurrir a Chile a la próxima firma de la Alianza del Pacífico -iniciativa promovida por el mismo Perú- en conjunto con Colombia y México,. Su ausencia sería -sin duda- lamentable, pero Chile ha hecho un largo camino sin el apoyo ni compañía de Perú y puede, perfectamente, seguir haciéndolo.
No creo que el Presidente Humala se haya retrotransformado en otro caudillo latinoamericano patriotero y chovinista; tampoco creo que esté presionando por el sacado de las minas para poder hacer (en forma segura) su anunciada visita militar a Arica, creo más bien, que se trata de un caso de oportuna mala memoria.