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Consultor en Riesgo país, Política y Seguridad Regional, Nacional y Estrategia

Chile y Perú: Disuasión y Amenazas

Se habla mucho de disuasión. Demasiado. Se habla de armas disuasivas, de sistemas de vigilancia disuasivos, de despliegues y ejercicios disuasivos, de reforzar la disuasión.

Todo con una aproximación militarista, con un lenguaje veladamente agresivo y sobre todo con imprecisiones y falta de rigor intelectual que transforman la palabra en algo antipolítico, negativo y hasta peligroso.

Lo primero que es necesario destacar es que una cosa es la “academia” y otra la “política”. Es muy conveniente que los políticos, los militares y las personas que se interesan en las cosas públicas tengan una buena formación académica en ciencias sociales, pero sería ingenuo pensar todo aquel haya estudiado ciencia política, relaciones internacionales o estrategia necesariamente va a ser un buen gobernante o un buen líder militar o que sus estudios son garantía de compresión y manejo de las realidades del ejercicio práctico de la función y de excelencia en ello.

También sería un grueso error trasladar los conceptos, definiciones y aproximaciones teóricas al mundo político real sin incorporar los variados y complejos matices que diferencian a una situación de la otra, percepción que está determinada por la experiencia, sensibilidad y visión, características fundamentales de un buen político.

El concepto base de la estrategia de seguridad nacional de Chile, compartido por una amplia mayoría social, es que nuestro país intenta obtener sus objetivos nacionales pacíficamente, a través de la cooperación, la negociación y el acuerdo con otros estados, neutralizando las amenazas a sus intereses por la vía de la disuasión y enfrentándolas militarmente sólo si la guerra nos fuera impuesta y no hubiera otra alternativa.

Si nosotros no somos los agresores y aspiramos a obtener nuestros objetivos por la vía de la negociación y el acuerdo, nuestra alternativa a una estrategia de fuerza es una estrategia de disuasión, es decir una estrategia que renuncia a emplear la fuerza o la amenaza de su uso; que se orienta a crear y mantener una condición de paz, y que intenta asegurar que la alternativa que adopten nuestros vecinos para tratar de obtener sus respectivos objetivos políticos, sea de la misma naturaleza.
El objeto de una estrategia de disuasión entonces es desincentivar, o mejor eliminar, la alternativa del uso de la coacción o la fuerza como opción aceptable y conveniente por parte de otro país, para imponernos su voluntad en un asunto en disputa.

Otro problema es que esta relación entre oponentes es dialéctica y entre actores diferenciados, lo que hace que la interacción disuasiva sea muy interesante, compleja y difícil de predecir: Un primer elemento es el de la diferencia cultural. Los dos bandos no valorizan ni entienden el tema en disputa de la misma manera y un mensaje que el bando que lo envía aprecia como unívoco, puede ser interpretado por el otro con un significado completamente diferente. La imagen que un país pretende proyectar y la idea que se forman los países receptores de esa proyección no siempre son coincidentes. Esta diferenciación se refleja también en las características de los procesos de toma de decisiones políticas y militares. Ambos elementos interactúan con estados sicológicos diferenciados en los cuales la equivocación más común es que un actor no entienda las motivaciones y procesos de razonamiento del otro, creyendo que éste se rige por los mismos estándares de racionalidad y emocionalidad que él.

La disuasión se basa en la creación ,- en la mente del oponente -, de un efecto psicológico que funciona en dos tiempos: el cálculo, es decir la evaluación de sus posibilidades de vencer, que surge de la comparación de sus capacidades totales contra las nuestras, y el temor a los riesgos del conflicto, que emerge de una combinación del cálculo anterior con otros elementos intangibles, tales como el prestigio militar de nuestras FF.AA, la determinación a luchar de nuestra nación, la eventual duración de la guerra y la estabilidad de la situación internacional bilateral y multilateral de pos – guerra y, en casos de interdependencia compleja como la que estamos desarrollando con nuestros vecinos, con la incorporación de un tercer elemento: los costos de oportunidad ocultos ante la alternativa de continuar o interrumpir la relación de cooperación.

Esto significa que hay que comparar potenciales militares – armas -; potenciales morales y políticos – economía, diplomacia, sociedad; – y la posibilidad de hipotecar el futuro favorable que pueda derivarse de una relación de paz y cooperación.

¿A quién disuadir y de qué disuadirlo?: Este es un problema clave que debe ser establecido con claridad, ya que la disuasión comienza con la notificación de nuestra decisión al potencial agresor y debe basarse en conceptos claros, compartidos por toda la sociedad y conocidos por la comunidad internacional.
La disuasión es entonces un conjunto de previsiones y acciones destinado a producir un efecto paralizador del recurso a la fuerza militar o a la presión política por parte de un determinado país, frente a una situación específica y en un escenario internacional también concreto.

La pregunta clave es entonces: frente a Perú: ¿de qué queremos disuadirlo?, ¿qué decisión o acción perjudicial para Chile queremos que no tome o emprenda?. En el contencioso jurídico levantado por Perú respecto a la delimitación marítima internacional entre ambos países, resulta evidente que no lo disuadimos de crear ese conflicto diplomático. En el estado actual de la crisis deberíamos disuadirlo de recurrir al empleo de las armas o a acciones políticas y comerciales hostiles, si sus aspiraciones no fueran acogidas por el Tribunal Penal Internacional.

En el caso que nos ocupa, para Chile, llegar a una situación de conflicto armado con Perú implica cerrar toda posibilidad de cooperación económica y política con ese país, por muchos años; el fin de toda posibilidad real de integrarnos con otros países latinoamericanos del Pacífico, y el seguro fin de la presencia cooperativa y corporativa de la región en Asia, el mercado más grande y activo del mundo. Para Perú implicaría daños similares sumados a una crisis política y social en los momentos en que inicia su muy añorado y esperado despegue.
Esto señala que no es suficiente considerar solo, ni prioritariamente, las armas y los aspectos morales y políticos internos.

Este es un tema complejo poco adecuado para ser tratado en un artículo breve, por lo que no aspiro a ingresar a él en profundidad. Mi intención es sólo levantar una voz de alerta para evitar que la liviandad o la superficialidad se instalen en el lenguaje político, diplomático, militar y comunicacional.
Es mucho lo que está en juego.

A los lectores se les ruega, en sus comentarios, atenerse al tema del artículo.

Lagos y el Financiamiento de la Defensa

La prensa del fin de semana trae una columna que provoca sorpresa e incredulidad. Siendo la gobernabilidad el atributo positivo que mas enorgullece a los adherentes a la Concertación, no se explica que el Senador Ricardo Lagos súbitamente abjure por completo de lo obrado por cuatro gobiernos consecutivos de su sector, en una misma área de la gestión gubernamental: la defensa. En efecto, si bien Aylwin mostró un sólido desafecto hacia las FFAA, -comparable a su declarada animadversión a los Malls-, y que su ministro de defensa solo se interiorizó en los aspectos comerciales de la misma, los otros tres gobiernos de la Concertación, le dedicaron importantes cuotas de atención, tiempo y recursos financieros.

El Presidente Lagos, de reconocida presencia política, potenció e hizo valer la fortaleza de Chile para que fuera respetado en el concierto de las naciones. La capacidad militar es parte de esa fortaleza. La Sra. Bachelet por su parte, comenzó su carrera como experta militar en un curso vespertino de un año que hizo en la Anepe y luego otro de la misma duración como becada de la Escuela de Defensa Nacional en los EEUU. Posteriormente se desempeñó como asesora ministerial, luego como ministro de defensa y después como presidente de la República. ¿Es creíble que no haya tomado nota de estas situaciones tan anormales que denuncia el senador y no haya hecho nada al respecto?. Habrá que ver que dice si regresa al país como candidata presidencial.

Resulta increíble que de forma tan abrupta alguien tome conciencia de que todo estaba mal, más aun cuando otros miembros de la coalición e incluso de su propio partido continúan reivindicando esa política como uno de los éxitos de la Concertación.  La Ley Reservada del Cobre no es un producto de “la dictadura” como dice Lagos, es mucho más antigua, viene desde la década del 30 del siglo pasado, aunque es efectivo que durante el Gobierno Militar se le hicieron cambios, tal como también se le hicieron en el Gobierno de Bachelet donde se redefinió la forma de asignar los recursos. Por lo demás, siendo una ley de quórum simple, pudo haber sido derogada por la Concertación en cualquiera de los momentos en que tuvo mayoría en ambas cámaras a lo largo de esos 20 largos años.

Las críticas del senador apuntan a cuatro aspectos: “Primero, a que el gasto en ningún caso sea menor que el 70% de los gastos incurridos entre 2006 y 2010. Así, el gasto para capacidades estratégicas en ningún caso sería menor al 70% de los gastos incurridos entre 2006 y 2010. Casualmente, sucede que en ese período se registraron precios récord del cobre, lo que en el marco de la ley reservada implicó niveles también récord de recursos para Defensa. En otras palabras, el Ejecutivo no podría haber elegido una referencia más generosa para las Fuerzas Armadas”.

Sería un descuido inexcusable de los gobiernos de la Concertación que no hubieran previsto que cuando compraron equipos militares, el proceso no concluyó con el pago de su costo inicial sino que adquirieron un compromiso financiero de largo plazo para afrontar los gastos que demandará la mantención y empleo de dicho equipo a lo largo de su vida útil. El hecho de que la toma de conciencia de las consecuencias económicas de las decisiones políticas ocurra en forma súbita y tardía – como parece ser en este caso- confirma la prudencia de la previsión propuesta por el gobierno. No es bueno dejar la defensa nacional abierta a apresuramientos electorales. Ya en 1878 sufrimos eso cuando se estuvo a punto de vender los Blindados que luego serian vitales para ganar la Guerra del Pacifico. Los politicos que los ofrecieron a Rusia deben de haber razonado igual que el Sr Lagos.

Segundo, “el proyecto propone un fondo de contingencia especial para compras de material bélico, que se constituiría con el saldo de la ley reservada que suma en torno a US$ 2.500 millones”. «Que además debe ser repuesto cuando se hagan gastos». En realidad, lo que se está estableciendo es una medida de previsión, algo poco frecuente en nuestra cultura, pero de gran utilidad cuándo los problemas se hacen presentes. Sin perjuicio de lo anterior, el senador sabe que todos los recursos son del estado y que los maneja el gobierno de turno, así es que no son recursos de “libre disponibilidad” de las FFAA. Eso no es cierto, ya que las FFAA no pueden comprometer recursos sin el visado previo del Ministerio de Defensa. Por lo demás, si Chile es golpeado súbitamente por una crisis económica mayor –tan profunda que demande hasta el último peso disponible-, modificar esta parte de la ley no tomaría más de un par de días, casi lo mismo que tomó legislar para corregir el olvido del encargado de inscribir a los candidatos de un partido político que estaba distraído.

Tercero. “El proyecto establece que el presupuesto de Defensa tenga carácter cuatrienal. Se entiende que ello se plantee para darle estabilidad a la planificación financiera del sector. Pero, ¿no requieren Obras Públicas y el resto de los sectores que ejecutan inversión pública una planificación similar? Si vamos a discutir sobre marcos presupuestarios de largo plazo, abramos entonces la discusión para toda la inversión pública, pero no les demos un privilegio adicional a las Fuerzas Armadas”. Perfecto, ábrala!, pero, ¿es que recién se dio cuenta que los presupuestos plurianuales son una forma de gestión usada en muchos países y que se hace por razones de eficiencia financiera?. Pero sin duda la parte más sorprendente es el fallo en la lógica de la crítica. Si los presupuestos plurianuales son una muy buena forma de gestión, ¿por qué en vez de privar a la defensa de esa herramienta no se la da también a los demás ministerios?

El senador plantea:  “habría que preguntarle a la ciudadanía si no preferiría proteger el gasto social o la inversión pública antes que el de Defensa”. No parece necesario hacer un plebiscito para contestar algo tan obvio: siempre es conveniente proteger todos los gastos e inversiones para que no queden proyectos a medio hacer o para que un iluminado decida dejar abandonado algo que un gobierno anterior comenzó. El sindrome de que si la obra no es del color politico del gobierno de turno queda abandonada suele ser una maldición recurrente en América Latina. Es de toda lógica precaverse de las personas que, como el senador Lagos, quieren desentenderse de lo hecho en administraciones anteriores en beneficio de la popularidad circunstancial.

Pero hablemos en castellano, los presupuesto plurianuales no son populares entre los políticos precisamente porque reducen la discrecionalidad para el empleo caprichoso y populista de los recursos. Si hubiera habido presupuestos plurianuales, no habría habido un Transantiago sacado de la manga, “por tincada”, ni un proyecto ridículo como el tren a Puerto Montt, entre muchos otros desvaríos financieros. Defensa no es un buen espacio donde hacer demagogia. Por lo menos eso decía su papá.

 

Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa: Errores no forzados

El 28 de junio, SE el Presidente de la República, acompañado del Ministro de Defensa Nacional y en presencia del Presidente del Senado, hizo público el documento que expone la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa (ENSyD) para el lapso 2012 – 2024, que se enviaba en consulta al Senado para posteriormente ser sancionado oficialmente. Este documento, constituye un insumo fundamental para modificar el proceso de financiamiento de las fuerzas armadas, siendo por tanto vinculante respecto a la aprobación de la nueva fórmula presupuestaria promovida por el Ejecutivo en un proyecto actualmente en discusión en el Congreso.

El documento entregado al Presidente del Senado y distribuido a diversas instancias nacionales e internacionales, constituye un elemento articulador de la visión estratégica de Chile no solo en términos militares, sino de la forma en que concibe su desarrollo, seguridad, defensa y uso de sus recursos de poder para lograrlos, expresada como propuesta gubernamental. Como es natural, un documento de estas características despierta un interés evidente en los actores políticos e institucionales.

Al efecto, y más allá de valorar su intencionalidad, se hicieron presentes diversas críticas al documento, -tanto en Chile como en el extranjero-, provenientes de la oposición, de especialistas y de personas independientes, en general coincidentes en cuanto a: la necesidad de replantear y reordenar la presentación de los contenidos; el riesgo de “militarización” de la seguridad; la eventual “securitización” de la política exterior del Estado; la revisión de la conveniencia de crear organismos de coordinación superior que requerirían cambios en la Constitución, y de manera muy relevante la carencia de un proceso de socialización política previa, ya que se trata de una cuestión que no solo condiciona recursos del estado sino que establece una visión de futuro vinculante para varios organismos del mismo, que exige concordancia y convergencia política (política de estado) acorde a las dimensiones en que se proyecta Chile para el horizonte de tiempo planteado.

El concepto de “seguridad ampliada”, objeto de crítica generalizada, fue aceptado por el gobierno de Ricardo Lagos y propuesto positivamente a la comunidad internacional por parte de la ex ministro Soledad Alvear en su discurso en la OEA en Barbados, el año 2002, como una alternativa teórica a considerar para la comprensión de la nueva situación de seguridad global. Aunque fue recogido por ese gobierno, estaba lejos de haber sido incorporada al consenso social nacional. La crítica a este mismo concepto en la ENSyD que analizamos fue general, por lo que lo tomaré como línea de análisis para graficar los elementos más resaltantes de los que considero “errores no forzados”.

Una definición comúnmente aceptada de estrategia nacional es el de “arte y ciencia de desarrollar y utilizar los poderes políticos, económicos, socio-sicológicos y militares del Estado, de acuerdo a la guía política, para crear efectos que protejan o promuevan los intereses nacionales, relacionados con otros estados, actores o circunstancias. La estrategia busca una sinergia y simetría de objetivos, conceptos y recursos para aumentar la probabilidad de éxito político y las consecuencias favorables que se desprenden de ése éxito”. Se puede apreciar que se trata de un proceso esencialmente político y del más alto nivel, es decir por sobre el Ministerio de Defensa y obviamente por encima de la Subsecretaría de Defensa.

La ENSyD es un documento ejecutivo -que describe lo que hay que hacer-, no es académico ni especulativo. La inclusión de un concepto académico –“seguridad ampliada”- que son solo 2 palabras pero que necesitarían 200 páginas para explicar cabalmente de qué se trata, sus límites, componentes, condicionantes, y su posible aplicación a la situación nacional concreta, no solo no aporta nada sino que confunde. Así la Constitución Política de los Estados, incluyen normas e instrucciones para hacer que la sociedad funcione de una determinada forma, pero no contiene conceptos de teoría política. De la misma manera, un contrato comercial detalla el aporte que hace cada parte, cuáles serán las respectivas obligaciones y como se distribuirán los beneficios, tampoco incluye teoría económica ni legal.

Este concepto, insuficientemente explicado, hizo saltar las alarmas en un asunto particularmente sensible para la izquierda chilena: el rol de las FFAA en la seguridad interna. Durante 20 años, laboriosamente, representantes de izquierda y derecha dialogaron, discutieron y llegaron a consensuar un conjunto de valores y principios mutuamente aceptables respecto a este punto, los que fueron quedando registrados en los Libros de la Defensa y sobre todo en la memoria y compromiso de los actores. La inclusión del nuevo concepto de “seguridad ampliada” en el documento de la ENSyD fue interpretado como el abandono unilateral de una política de Estado y llevó a su rechazo. Desafortunadamente, la elaboración de este documento ha generado un quiebre importante entre lo que se espera de una gestión gubernamental y los necesarios procesos de participación y generación de diálogos políticos que tengan bases democráticas para su legitimidad política y social. Los nuevos personeros de este gobierno llegados al sector defensa, que no participaron en el proceso descrito, no contaban con los contactos, recorrido ni credibilidad técnica necesaria para introducir cambios relevantes en temas delicados que fueron largamente analizados desde mucho antes de su irrupción.

No es esperable que los Ministros de Defensa sean expertos en todos los aspectos técnicos de su cartera, para llenar este vacío deben contar con equipos técnicos que lo apoyen. Este gobierno en su comienzo dispuso de un equipo que, representando a su sector, había participado frente a los gobiernos de la Concertación en la creación de la “política de estado” señalada anteriormente y que hizo su programa de defensa. Este equipo fue marginado para dar cabida a personas comprometidas con agendas ajenas a la función defensa. La oposición, con más práctica política y experiencia técnica en este tema, ha dejado a sus expertos el análisis de la ENSyD, los que no han encontrado al frente a nadie capacitado o dispuesto a hacerse cargo del documento propuesto, responder las críticas, defender sus ideas o recibir las sugerencias.

La forma de presentar el documento fue desafortunada, ya que una propuesta compleja, larga –demasiado larga- no podía ser entregada sin mayores explicaciones, requería un proceso de socialización y discusión tanto con los técnicos y especialistas de la propia alianza gubernamental como con los técnicos de la oposición, que a su vez recomendarían su aceptación, observaciones o rechazo a sus mandantes partidarios y parlamentarios, nada de eso sucedió. Fue una ducha de agua fría. No sorprendente el rechazo. A estas alturas del desarrollo político de Chile existe un claro convencimiento que la seguridad y la defensa solo pueden abordarse desde perspectivas no ideológicas y no excluyentes.

En este sentido, si la ENSyD vuelve a hacerse y difundirse de la misma manera que la actual, recogerá el mismo rechazo: “Si sigues haciendo lo mismo, no esperes resultados diferentes”.

Una invitación al purgatorio

Según un importante medio transandino la 43ª Cumbre del Mercosur realizada el día 29 pasado en Mendoza, habría tenido una parte de “deliberaciones secretas” en las cuales  los presidentes del bloque regional -Argentina, Brasil y Uruguay- personalmente y por separado, formularon una invitación formal al resto de los países de América del Sur, entre ellos a Chile, para que se incorporen al Mercosur como socios plenos.

La invitación fue precedida por la veloz maniobra para legalizar el ingreso de Venezuela al Mercosur.

Es interesante conocerla: El ingreso de un nuevo socio al grupo de Mercosur debe ser por el voto unánime de sus miembros, los que a su vez requieren la aprobación de sus respectivos Parlamentos. En este caso, el Congreso paraguayo no había concedido su acuerdo y la participación venezolana estaba detenida. Minutos después de “congelar” la participación de Paraguay, en razón de la destitución demasiado expedita del ex Presidente Lugo, se aprobó a la carrera el ingreso de la República Bolivariana al Mercosur, en una maniobra perfectamente simétrica a la del congreso paraguayo. Nadie sonrió ni nadie se sorprendió, nadie se avergonzó.

La invitación reseñada se materializó en este ambiente de pillerías y anormalidades, frecuente en la vida de de Mercosur.

 

El objetivo de la oferta es ampliar el mercado común a todo el continente. Se eliminarían, así, las barreras arancelarias internas dentro del bloque y simultáneamente se lo cerraría con medidas de protección para evitar la competencia de las economías externas al pacto. Según el periódico argentino la propuesta fue promovida por la presidenta Cristina Fernández y apuntaría a proteger la industria regional de la invasión de los productos con alto valor agregado de Estados Unidos y Europa una vez que sobrevenga la crisis. Desde el punto de vista de Argentina y Brasil, la idea es ampliar su mercado interno con consumidores de buena capacidad adquisitiva, como Chile, crecientemente Perú y Colombia, los que sustentarían las industrias de sus países y a cambio recibirían acceso a mercados numerosos en cuanto a personas pero con escasa capacidad para adquirir lo que exportamos. El planteamiento tiene lógica -para ellos-.

Este proceso ocurre justo cuando Brasil y Argentina sostiene una acalorada discusión -literalmente a los gritos- porque no logran ponerse de acuerdo para resolver el problema creado por las trabas puestas por Argentina al comercio bilateral y las correspondientes represalias brasileras. Después de tormentosas reuniones con amenazas de todo tipo, acordaron –de palabra- levantar algunas de las barreras comerciales bilaterales, pero Brasil aclaró que “removerá dichas barreras solo cuando Argentina lo haya hecho”, lo que da una muestra de la confianza mutua entre los socios y la naturaleza de la asociación a que estamos siendo invitados.

Ambas economías, por su parte, muestra un creciente agotamiento de sus “modelos”, al optimismo exultante de Lula sigue una gestión recatada de Dilma, mientras Cristina continúa haciendo malabarismos para que no se le caiga el armario, tratando de convencer a la afición de que la prohibición de comprar  dólares es positivo para el desarrollo del país, y que la inflación de dos dígitos, durante seis años seguidos, no afecta a nadie.

Esta propuesta no fue anunciada en la declaración final de la cumbre de presidentes del Mercosur ni en las conferencias de prensa posteriores. «Fue una invitación enfática pero aún en tono reflexivo” confidenció una alta fuente del gobierno Argentino.

Menos mal, aun es solo en tono reflexivo, pero preparémonos, ya vendrá el tono impositivo, en portugués y en lunfardo.

La cuestión brasileña

Brasil es un país de grandes números, que impresionan: tiene una población estimada de 200 millones de habitantes y una superficie terrestre de 8,5 millones de km2.

Brasil fue el último estado independiente de las Américas en abolir la esclavitud, en 1888 y el último en proclamarse como república, en 1889. No hubo revolución en Brasil: la Primera República fue el resultado de un golpe militar gestado por un pequeño número de militares y miembros de la oligarquía terrateniente  y cafetalera de Sao Paulo. En 1930 otro golpe militar le puso fin. Getulio Vargas y los militares ejercieron el poder desde 1930 hasta 1945, cuando debieron ceder a las presiones norteamericanas y entrar en un proceso “democratizador”. Este régimen, el Estado Novo, lideró un camino modernizador y de desarrollo económico y permitió un cierto avance del proceso de organización social. Desde 1945 hasta comienzos de la década de los ´60, en Brasil existió una democracia limitada en alcance y naturaleza, que sobrevivió con éxito algunas asonadas comunistas similares a las habidas en otros países de la región en la misma época; al suicidio de Getulio Vargas reelegido en 1950, y en 1961 a la renuncia de Janio Cuadros, bajo presión militar. Joao Gulart gobernó desde 1961 hasta 1964. Fue un gobierno intenso pero breve, que sobreestimó las fuerzas pro cambio y subestimó gruesamente el poder de los militares aliados con la estructura de poder tradicional. Concluyó en su derrocamiento con escasa, si es que alguna, resistencia popular. Lo sucedió un gobierno militar desarrollista que gobernó Brasil hasta que perdió el dominio sobre el Colegio Electoral, que sumado al repentino deceso de Tancredo Neves, su último representante (civil), determinó que el gobierno pasara a manos de su Vicepresidente, José Sarney, quien inició la marcha, a partir de 1985, hacia la Nova República. Esta marcha tuvo su punto culminante en la aprobación de una nueva ley electoral que sancionó el sufragio universal, incluyendo por esa vía a una importante masa de electores analfabetos, que hasta entonces habían estado excluidos de la representación política. Esta ley produjo un vuelco en el patrón electoral que abrió paso a dos gobiernos “progresistas”: el de Collor de Melo, caído bajo acusaciones de corrupción y el de Fernando Henrique Cardoso, funcionario internacional de izquierda visto por las fuerzas conservadoras como la opción menos mala para contener el avance de Lula y su Partido de los Trabajadores (PT).

Lula y el PT constituyen un caso político  notable. Dadas las características de la historia política de Brasil, descritas anteriormente, el incremento de su votación de 17% en 1989 a 27% en 1994 y a 32% en 1998 y la toma del control de las ciudades de Sao Paulo (1998 y 2000) y Porto Alegre (1988, 1992, 1996 y 2000) son logros impresionantes en un plazo tan breve. Más impactante aun si se considera que ello ocurre precisamente en los años en que la izquierda socialista se batía en retirada en todo el mundo.

Su triunfo en las elecciones del 2002 fue aun más destacable: obtuvo el 46,4% en la primera vuelta y el 61,3% en la segunda, conquistando las preferencias de 52,8 millones de votantes. Un obrero metalúrgico con una educacional formal débil, por decir lo menos, arrinconó políticamente a Henrique Cardoso líder de la izquierda intelectual brasileña y latinoamericana y derrotó en las urnas a su sucesor designado. La sociedad civil, nunca combativa en Brasil, esta vez estaba movilizada. Integrada por una mayoría de personas jóvenes,- casi el 50% es menor de 35 años -, sumidos en una pobreza extrema,- con el 60% de la población económicamente activa ganando menos de US$ 100 al mes,- y con pocas posibilidades de salir de ella debido a un bajísimo nivel educacional, – el 70% de los brasileños cuenta con menos de 7 años de educación básica -. El desafío de Lula era entonces asegurar y consolidar la estabilidad económica, restablecer niveles de crecimiento económico aceptable y crear las condiciones necesarias para una mejor distribución de la riqueza y del poder, y hacer todo lo anterior conjurando la posibilidad de un estallido social, un golpe militar o, lo más probable, una violenta desintegración nacional.

En el plano económico Marco Aurelio García, asesor directo de Lula explicaba: “Hoy en Brasil hay una discusión muy grande para saber en qué medida se estableció una ruptura entre la política (del gobierno) actual y la política precedente, sea en el ámbito económico, en el ámbito social o en el ámbito de la política externa. En el ámbito económico puedo asegurar que los aspectos de continuidad son en realidad una mera coincidencia. Resulta que nosotros fuimos obligados, en esos primeros meses del gobierno de Lula da Silva, a recurrir a una serie de herramientas más bien ortodoxas para hacer frente a la gravísima situación en que encontramos al país cuando empezó el gobierno del presidente Lula” … “El modelo económico que se quiere implantar es distinto de los dos últimos que han fracasado en el país… Lo que nosotros creemos hoy es que es posible desarrollar en el país un gran período de crecimiento con distribución del ingreso y con profundización y radicalización de la democracia y, obviamente, con un proceso de inserción soberana en el mundo. Esos son los ejes con que estamos trabajando”. En breve, según García, el actual régimen brasileño aspiraría a una suerte de “desarrollismo democrático, dinamizado por la satisfacción de la demanda social”.

El modelo brasileño de desarrollo tomó el camino del proteccionismo: el año 2010, una economía de 2 trillones de dólares exportó 201 mil millones (10% de su PIB) y importó solo 180 mil millones (9% de su PIB). Su apertura al comercio global fue de 19%, mucho menos que los otros países latinoamericanos y los Brics o que la media mundial que está entre un 23% y un 28%” (Chile y Perú tienen 50%). Eso significa que Brasil sigue teniendo una economía cerrada, orientada sobre todo a su mercado interno, que siempre es limitado, mientras que el internacional es infinito.

Brasil buscó dinamizar su industria nacional aumentando el consumo interno creando empleos estatales y subsidios para reducir la miseria. Hoy día, más de 60 millones de personas reciben la “Bolsa Familia” y otros programas de subsidios en dinero. “Bancarizó” a esas mismas personas, facilitando su acceso a los créditos de consumo, pero cuando llegaron al límite de endeudamiento, no pudieron seguir consumiendo ni pagar sus deudas.

El auge del crédito y el consumo obedeció, en parte, a los millones de nuevos empleos, los mejores salarios generados por la expansión económica y los altos precios internacionales de los minerales y productos agrícolas, que Brasil exporta en grandes cantidades. El real sobrevaluado frente al dólar volvió mucho más baratos los productos importados que los nacionales. La baja productividad de la industria brasileña, incapaz de competir en el mercado mundial, llevaron al crecimiento de las exportaciones cada vez más basadas en materias primas (70%) sostenido por el alto precio de los commodities en el mercado internacional, y al crecimiento de las importaciones de bienes de consumo mejores y más baratos que los de producción local, empujando a la “desindustrialización”.

Los análisis internos señalan que hoy día Brasil está en una situación de desaceleración económica que tiene múltiples causas, 1.- La desaceleración de China, su principal socio comercial. 2.- La competencia de los productos chinos en el mercado interno, especialmente entre los manufacturados, donde Brasil tiene una “baja competitividad en términos comparativos”. 3.- La carencia de infraestructura, una carga fiscal muy alta, los altos costos laborales, la muy baja inversión pública. 4.- El énfasis excesivo que se ha dado al tema del consumo, apostando a que la demanda estimularía las inversiones, lo que no se concretó.

A fines del año 2011 Brasil superó a Gran Bretaña y se convirtió en la quinta economía del mundo, lo que sumado al anuncio de que el desempleo había alcanzado su mínimo histórico mensual (5,2%) y que el salario mínimo aumentaría de 545 a 622 reales (de unos 300 a 340 dólares) llevó a que Brasil se proclamara y la prensa mundial confirmara que ese país estaba entrando al grupo de las grandes potencias. Pocas semanas después, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), reveló que durante todo el año 2011, debido a la crisis internacional, el país había crecido tan sólo un 2,7%, menos que las expectativas oficiales que proyectaban una expansión económica de alrededor de 3,5%, y muy lejos del crecimiento del 7,5% del 2010. El sector industrial cerró el año con un crecimiento de tan sólo 0,3% en relación con 2010, cuando se había expandido al 10,5%. El año 2011 siguió cayendo y para el 2012, las señales rondan cifras menores al 1,2 % de crecimiento y con una inflación en aumento.

En estos momentos la prioridad es estabilizar la economía. Esto implica tomar medidas políticamente impopulares: desacelerar el consumo. Lo señalado tiene un significado profundo: difícilmente el PT, sea bajo el mando de Rousseff o de Lula, pueda hacer un cambio profundo de orientación y por consiguiente no es razonable esperar cambios radicales en el actual estancamiento del crecimiento económico de Brasil.

La imagen de Brasil es mayor que su poder real en el mundo, su influencia real en el panorama internacional es menor en la práctica que lo que sugeriría su presencia mediática. La presencia global en economía, se mide en las exportaciones de materias primas, manufacturas y servicios, la exportación de productos energéticos y la inversión directa del país en el exterior.

Eso explicaría, por ejemplo, el poco peso de Chile en el índice global. Con una clasificación de un 18,9 respecto al valor 1.000 de Estados Unidos, Chile está a la altura de Nueva Zelanda y Colombia, en Chile hay indicadores económicos con valores absolutos muy altos, pero en términos relativos es pequeño. Nuestra economía es potente, pero el poder se mide en el impacto exterior. Así, en el área de economía lo que cuenta es el impacto de cada país en el exterior, no al revés. Para medir la influencia en defensa, se considera el número de tropas desplegadas en misión internacional y la capacidad de despliegue militar en el exterior. El índice también tiene en cuenta el número de inmigrantes recibidos y turistas. En el área de cultura mide la exportación de audiovisuales, la clasificación olímpica, los estudiantes extranjeros recibidos o las patentes registradas en el exterior. El total de estos elementos ponen a Brasil en un nivel de influencia internacional poco significativo, en todo caso menor que México.

Por ello el sueño de la integración sudamericana alrededor de Brasil se está diluyendo por exceso de ambición de liderazgo e intempestivos cambios que afectan a sus socios más cercanos. Brasil, en su actual estado de desarrollo económico, parece no tener ni los instrumentos ni las capacidades económicas para atraer a sus vecinos a su proyecto, carece también de la capacidad política y militar para forzarlos a seguirlo y por otra parte no abandona del todo la opción de seguir a los “estados chavistas” si es que eso satisface en mejor forma sus intereses económicos nacionales. Las ideas que inspiran al actual gobierno del PT y que difunde Marco Aurelio García, tienden a llevar los análisis y expectativas a regiones alejadas de la realidad, adonde no creo que debamos seguirlas, es mas creo que a Brasil le iría mejor alejándose de ellas. Pero eso es solo de su incumbencia.

 

Las cifras parecen indicar que el camino emprendido fue equivocado. Nada terrible, nada novedoso, la marcha de los países se mueve por ensayo y error, pero estos trastabillones y los niveles reales en que se mueve Brasil, en lo político, económico y social muestran que es un gran país en Sudamérica, pero que está lejos de ser el actor de categoría mundial que deba liderarnos en nuestra política diplomática, de seguridad  o comercial, y que junto a Perú, Colombia y México tenemos un mejor futuro como actores autónomos en el Pacífico.

Humalamemoria

Una conocida revista peruana, ya cerrada, describía así el estado mental de Velasco Alvarado, presidente de Perú, frente el ambiente en la frontera entre Chile y su país en Julio de 1975:
“En sus manos, que ahora temblaban por la enfermedad, se había acumulado todo el poder con que un hombre pudiera soñar. En su voluntad, que ya flaqueaba, se concentraba el destino de un gigantesco poder militar recién construido. Y en su corazón, aún anidaba aquel viejo deseo de recuperar los territorios perdidos por Perú en la Guerra del Pacífico. Juan Velasco Alvarado, el soldado raso que había llegado a Presidente, continuaba siendo para muchos, y a pesar de su malograda salud, el hombre que quería la guerra con Chile … Inserto dentro de un fenómeno continental de militarismo progresista —que en esos años incluía a Omar Torrijos, en Panamá, y Juan José Torres, en Boli¬via—, Velasco fue la cabeza visible de un movimiento que ya llevaba varias décadas incubándose en los regimientos peruanos. Inspirados por un ardiente nacionalismo y una tendencia socialista, fue en el CAEM —Centro de Altos Estudios Militares—donde desde los años 50 se comenzó a formar aquella elite progresista que se tomaría el poder, y que durante siete años gobernaría, inspirados en la teología de la liberación y en autores socialistas, nacionalistas y nostálgicos del imperio incaico. Este grupo estaba convencido que sólo un gobierno de las Fuerzas Armadas de larga duración era capaz de realizar los enormes cambios estructurales que necesitaba la nación.
Juan Velasco Alvarado, entonces Comandante en Jefe del Ejército, sería el paladín del nuevo movimiento que alardeaba erradicar la injusticia en el Perú. Pero también era el hombre que quería reconstruir la integridad nacional, con un país fuerte y seguro. Para esto último se apoyaba en un nacionalismo basado en el patriotismo militar”.
“Desde el primer momento, se mezcló la ambición de cambiar la estructura social del país con la de construir un poder militar tan enorme, que —de darse la ocasión— se pudieran reconquistar los territorios perdidos en la Guerra del Pacífico, fuente de gran trauma nacional … En marzo de 1974 Velasco Alvarado haría declaraciones que rápidamente llegaron al corazón del gobierno chileno, y alcanzaron a filtrarse en la prensa nacional. En una entrevista al diario francés Le Monde, el general peruano habló de la inminencia de una guerra con Chile. En la misma época, la revista inglesa The Economist recogería la tensión que vivían ambos países, informando que Perú montaba bases de submarinos y cohetes soviéticos, preparándose para la guerra con Chile. Desde Brasil, los diarios O Estado de S. Paulo y Jornal do Brasil recogían la misma noticia”.

“Es julio de 1975. Y Arica, con una población de 90.000 personas, está en pie de guerra. El Ejército chileno se ha plegado —listo para el enfrentamiento— en la más grave crisis militar de las últimas décadas. Al otro lado del límite las tropas peruanas se levantan en una gigantesca movilización sobre la frontera con Chile. Desde Lima, el gobierno de Juan Velasco Alvarado vuelve a alistar su poderosa maquinaria militar.
Durante 1974 y 1975 la tensión prebélica ha subido y bajado, como un tobogán. Desde que el general Juan Velasco Alvarado iniciara en el Perú el mayor rearme de su historia, el gobierno del general Pinochet se prepara para enfrentar un posible ataque peruano. Y aunque pocas declaraciones bélicas se han cruzado, en Chile persiste la certeza de que, si puede, Velasco va a intentar recuperar la zona de Arica, perdida en la Guerra del Pacífico.
Los generales chilenos estiman que la única forma de detener a Velasco Alvarado es demostrarle que no le será posible lanzar una ofensiva aplastante y rápida que le permita quedarse con los territorios reivindicados. Para esto, Chile se vuelca a construir un escenario que le hará saber a Perú que si va a la guerra, ésta será larga y revelará la debilidad estratégica vecina. Si bien Perú tiene una gran fuerza ofensiva, no posee, según los generales chilenos, la capacidad logística —o de organización— como para sostener un conflicto prolongado. Con retroexcavadoras, y todo tipo de maquinaria, los regimientos pasan los días y los meses en lo que el general (r) Jorge Dowling llamaría «nuestra agricultura». Se excavan trinchera en eternos kilómetros, se levantan camellones y se instala una fábrica de tetrápodos, enormes figuras de cemento destinadas a formar diques para la contención de tanques”.

“Detrás de esa primera línea, se siembran 20 mil minas, que en 1981 llegarían a ser 60 mil”.

“Sin embargo, más allá de las conjeturas, lo que puso punto final al peligro de guerra fue el derrocamiento del general Velasco Alvarado, en la madrugada del 29 de agosto de 1975. Esa madrugada y poco antes de que (el general) Morales concretara el golpe, dos llamadas telefónicas cruzarían hasta Chile. En una, el general Artemio García, comandante en Tacna, despertaría a las 05:00 horas al comandante Dowling en Arica para informarle que el general Morales Bermúdez sería el nuevo Presidente de Perú. Tras colgar, García se comunicó con la casa del coronel Odlanier Mena en Santiago, quien después de haber servido en Arica, había sido destinado a la Dirección de Inteligencia del Ejército.

Una de las razones que motivó el golpe de Morales Bermúdez, de acuerdo a versiones que circulan tanto en Chile como en Perú, fue evitar la guerra. Morales era un militar mucho más moderado que Velasco, y según una versión recogida por la embajada chilena en Lima, hubo un hecho preciso que lo habría impulsado a derrocar rápidamente a Velasco. En una visita a La Habana, Fidel Castro habría invitado a Morales a visitar unas instalaciones militares, donde había infinidad de tanques. «Tengo todo preparado, los tanques, y 12 mil hombres para caer sobre Arica junto con ustedes», le habría dicho Fidel. Morales, atemorizado de que esa loca idea pudiera convertirse en realidad, acortó su visita a Cuba, volvió a Lima y aceleró su conspiración. Poco tiempo después, en la embajada chilena se subrayarían con rojo los despachos de prensa que informaban que 12 mil soldados cubanos habían partido para Angola”.
Como se puede apreciar, las minas que Chile instaló en la frontera entre ambos países fueron puestas con poderosas razones que Ollanta Humala conoce muy bien.
Dos comentarios: primero, las intenciones ofensivas no eran de Chile, eran de Perú, -reconocido por sus propias autoridades-, y segundo, las minas son de carácter defensivo no ofensivo, lo que técnicamente confirma lo anterior.
En breve, si las minas están ahí es responsabilidad de Perú.
Durante la campaña presidencial de 2006, el entonces candidato Ollanta Humala, en su versión etnopopulista – militarista en la ya conocida línea del CAEM, declaró que “no conocía Chile y que cuando viniera a Arica, lo haría en tanque”. En definitiva no vino; se podría pensar que las minas lo hicieron cambiar de opinión.
En su segunda campaña, y para sorpresa de muchos, surgió el Presidente Humala estadista, un gobernante serio, ponderado y moderno. Sin embargo de cuando en cuando le surgen regurgitaciones antiguas.
No está bien dirigirse a otro país en forma imperativa y estirando los argumentos para parecer razonable. Chile ha cumplido el tratado de Ottawa y lo seguirá haciendo, las admoniciones están de más. Si el señor Víctor Perlacios Canales conduciendo su taxi, de noche, se metió a Chile por un lugar no autorizado y perfectamente señalizado, en forma ilegal, subrepticia y atravesando un campo minado, cuya causa existencial ya analizamos, su muerte, siendo penosa y triste, es de su exclusiva responsabilidad o de quienes lo mandaron, como ese curioso camión lleno de militares peruanos al mando de un coronel que cruzó la frontera donde no hay minas, para después retornar muy orondo por el paso fronterizo Santa Rosa
Con motivo de la misma desgracia, por segunda vez, el Presidente Humala amenaza con no concurrir a Chile a la próxima firma de la Alianza del Pacífico -iniciativa promovida por el mismo Perú- en conjunto con Colombia y México,. Su ausencia sería -sin duda- lamentable, pero Chile ha hecho un largo camino sin el apoyo ni compañía de Perú y puede, perfectamente, seguir haciéndolo.
No creo que el Presidente Humala se haya retrotransformado en otro caudillo latinoamericano patriotero y chovinista; tampoco creo que esté presionando por el sacado de las minas para poder hacer (en forma segura) su anunciada visita militar a Arica, creo más bien, que se trata de un caso de oportuna mala memoria.

Brasil: antiimperialista o nacionalista

El lema nacional de Brasil, «Ordem e Progresso» («Orden y Progreso»), está inspirado en el lema del positivismo, de Auguste Comte: «El amor por principio, el orden por base, el progreso por fin», del cual se eliminó lo del amor y quedó lo del orden y el progreso.
La influencia positivista ayuda a explicar la historia de Brasil. El culto al progreso basado en la revolución industrial, científica y técnica alcanzó su apoteosis a mediados del siglo XIX. A partir de la década de 1850 la fe positivista, que pretendía dejar atrás los obscurantismos y excesos de todo tipo, se instaló entre profesores y alumnos de diversas instituciones de Río de Janeiro: la Escuela Militar, la Escuela de Marina, el Colegio Pedro II, la Escuela de Medicina, la Escuela Politécnica y adoptó la razón y la ciencia como las únicas guías capaces de instaurar el orden social en la humanidad.
Este movimiento es, en parte, reacción a lo que Comte consideraba “las utopías metafísicas irresponsables e incapaces de otorgar orden social y moral a la humanidad” puestas en práctica por la revolución francesa, y propone un mandatario político en contacto y comunicación directa con el pueblo para que en un diálogo racional entre ambos, resuelvan los problemas del avance de la sociedad hacia el progreso.
Para que el progreso capitalista no se detuviera era necesario que, por encima de los intereses particulares, se impusiera un orden superior y una coordinación nacional centralizada. Este orden racional debería imponerse por medio de normas y leyes. El conocimiento científico positivo tendría entonces la función de contribuir a mantener el orden social.
La hegemonía lograda por este tipo de ideas no es sorprendente si se considera que la revolución independentista fue, en Brasil, poco violenta y posterior a la derrota de las ideas republicanas liberales, es decir fue una revolución conservadora.
Otra influencia relevante en la educación y el pensamiento social brasilero fue la de Alberto Torres, cuyos seguidores -en 1924- impusieron a la política un énfasis «sociológico» crítico del cosmopolitismo intelectual y promotor de la existencia de instituciones “nacionales” que armonizaran con la sociedad y las tradiciones de Brasil. La combinación de nacionalismo cultural, sociología y crítica política se concretó en una nueva arquitectura institucional diseñada por un grupo de intelectuales para los cuales la clave de la reforma y del nuevo sistema político era “una administración nacional fuerte que obrara en conjunto e integradamente con los diversos grupos de interés”.
Estas creencias políticas llegaron a ser tan fuertes, que prácticamente todos los movimientos políticos brasileños, de los más variados signos, se han presentado como un intento de imponer un “orden que lleve al progreso”.
Aquí encontramos la base del ideario de muchos proyectos políticos en Brasil: consolidación institucional; progreso orientado a la creación de Estado; prioridad del “proyecto nacional” por sobre los intereses de grupos; coordinación de los intereses sectoriales; planificación centralizada; estado regulador.
Ahora, si ponemos esta devoción hacia el progreso junto a las grandes dimensiones territoriales y demográficas de Brasil, tenemos como producto natural y obvio una tendencia hacia la “grandeza”, y aquí haré una breve disgresión: A partir de la independencia y hasta las primeras décadas del siglo XX, Argentina fue claramente más potente que Brasil, resultado de su mayor integración, calidad demográfica y desarrollo productivo y comercial, lo que dio origen a esa presunta “amistad chileno – brasilera”, que en realidad fue la coincidencia circunstancial de intereses de cada estado hasta que, llegado el siglo XX, particularmente sus últimos decenios, la decadencia de Argentina dejó obsoleta esta necesidad de apoyo mutuo y, en busca de su grandeza, Brasil se alejó de Chile como quedó claramente demostrado durante las dos crisis entre Argentina y Chile en 1978 y 1982.
Siguiendo con nuestro tema, podemos ver que esta tendencia, que algunos impropiamente llaman “imperial”, estuvo constantemente presente en todos los proyectos políticos brasileros, de izquierda y de derecha. Esta situación vino a cambiar reciente y agudamente con la conquista del poder por parte del Partido de los Trabajadores (PT), bajo el liderazgo de Lula.
El “fenómeno” Lula comienza a materializarse con el repentino deceso de Tancredo Neves que determinó que el gobierno pasara a manos de su Vicepresidente, José Sarney, quien a partir de 1985 inició la marcha hacia una Nova República. Este proceso tuvo su punto culminante en la aprobación de una nueva ley electoral que estableció el sufragio universal incorporando por esa vía a una importante masa de analfabetos, que hasta entonces habían estado excluidos de la representación política. El nuevo padrón electoral quedó conformado por una mayoría de personas jóvenes, casi el 50% menor de 35 años, sumidos en la pobreza extrema, con el 60% de la población económicamente activa ganando menos de US$ 100 al mes y con pocas posibilidades de salir de ella debido a un bajísimo nivel educacional, el año 2004 el 70% de los brasileños contaba con menos de 7 años de educación básica.
Esta ley produjo un vuelco político que abrió paso a dos gobiernos “progresistas”: el de Collor de Melo, caído bajo cargos de corrupción y el de Fernando Henrique Cardoso funcionario internacional de izquierda, considerado por los conservadores como la opción menos mala para contener el avance de Lula y su Partido de los Trabajadores.
El incremento de la votación de Lula del 17% en 1989 a 27% en 1994 y a 32% en 1998, y la toma del control de las ciudades de Sao Paulo (1998 y 2000) y Porto Alegre (1998, 1992, 1996 y 2000) son logros impresionantes en un plazo tan breve. Más impactante aun si se considera que ellas ocurrieron precisamente en los años en que la izquierda socialista se batía en retirada en todo el mundo.
Su triunfo en las elecciones del 2002 fue aun más notable: obtuvo el 46,4% en la primera vuelta y el 61,3% en la segunda, conquistando a 52,8 millones de votantes. Este triunfo, reiterado luego con su reelección y nuevamente con el triunfo de una mujer del mismo PT como sucesora designada por él como candidata al cargo de presidente, marcan un antes y un después en el devenir político de Brasil.
Pero este cambio introduce también una divisoria en la ecuación de “Orden y Progreso” y sus valores políticos asociados. En efecto, hasta los gobiernos de Goulart, Neves, Sarney, Collor de Melo y Henrique Cardoso, el protagonista político central fueron las élites tradicionales brasileras, todas ellas suscriptoras de un proyecto nacionalista que hiciera de Brasil una potencia moderna, seria, respetada, desarrollada, global. Que compitiera y ganara respetando las reglas del juego internacional y que pudiera mostrar todos los atributos, formas y contenidos de las “otras grandes potencias”.
El triunfo de Lula y del PT, abrió paso a un proyecto en el cual el “orden y el progreso” son funcionales a un propósito de liderazgo ideológico de izquierda de alcance regional, desde donde se proyecta al mundo. Ya no aspira a ser una potencia burguesa sino que se posiciona dentro del espectro de las potencias disruptoras, revolucionarias, con las debidas consideraciones a las realidades actuales y al aprendizaje de los intentos revolucionarios que fracasaron durante el siglo XX, pero aún revolucionaria. Es aquí donde se encuentra el fundamento de la afinidad y el compromiso del Brasil actual con Chávez de Venezuela, con Correa de Ecuador, con Fernández de Argentina, con Ahmadinejad de Irán, con Gadafi de Libia y con los hermanos Castro de Cuba; con el antiimperialismo y con la aversión a la globalización y al libre comercio.
En este contexto, el proyecto del PT es conjurar la posibilidad de un estallido social, un golpe militar o, lo más probable, una violenta desintegración nacional, asegurando y consolidando la estabilidad económica; estableciendo niveles de crecimiento económico aceptable y creando las condiciones necesarias para una mejor distribución de la riqueza y del poder. Desde esa condición de poder, Brasil se proyectará al mundo como el líder regional de una Sudamérica de izquierda y antiimperialista.
Hoy día, si se llama a Brasilia, el teléfono ya no lo contesta Itamaraty con su proyecto nacionalista tradicional sino otros actores cuya visión del mundo y de la región es fundamentalmente ideológica. Algo profundo ha cambiado en Brasil, esos cambios llegaron para quedarse y se confirman cuando Lula prepara su regreso para seguir consolidando el proyecto.
Brasil, bajo todos los regímenes, se ha mostrado muy hábil en el proceso de “creación social de la realidad” magnificando hechos en base a palabras y gestos. En esto el gobierno de Lula alcanzó cotas de creatividad nunca antes alcanzadas, consiguiendo una presencia mediática mucho más alta que su influencia real, lo que contribuye a dar una imagen de unanimidad nacional inexistente y una “inevitabilidad” de éxito.
Este cambio de paradigma encuentra alguna resistencia dentro de Brasil y no es completamente percibido en muchas cancillerías latinoamericanas y de países de otras partes del mundo. De hecho, Brasil se encuentra en un proceso de rotación de elites: instituciones respetadas, notablemente su cancillería, están quedando postergadas por una nueva distribución de poder político. El poder económico continúa en las mismas manos tradicionales, subscriptoras, como se dijo, del modelo nacionalista de “Brasil Potencia Mundial” y no reaccionarán mientras sus negocios sigan prosperando, pero el poder político parece haberse desplazado hacia la alianza entre los sectores populares y desposeídos que irán adquiriendo creciente influencia a medida que el Partido de los Trabajadores fortalezca su organización y avance en la materialización de su proyecto ideológico “Brasil, líder regional antiimperialista”
Que Chile, Perú , Colombia y México tengan éxito, individualmente y como Alianza del Pacífico les resulta un trago amargo y explica las airadas expresiones de Aurelio García respecto al devenir de este grupo. Este es también el fundamento de los sucesivos desaires que la Presidente Rousseff hace a Chile, comportamiento que siendo molesto no es relevante.
Parece evidente que nuestro país puede integrarse, complementarse y competir lealmente con el proyecto nacionalista de “Brasil, Potencia Mundial”, pero que al igual que varios otros países de la región, no tiene mucho que ver con este proyecto ideológico de “Brasil, líder regional antiimperialista”.

Después de Chávez

Hugo Chávez tiene problemas, muchos y de variados tipos, el más grave sin duda es el de su salud.
En junio de 2011, fue operado de emergencia en Cuba como consecuencia de un absceso pélvico. Días más tarde, anunció que le extirparon un tumor. Entre julio y septiembre de 2011, Chávez viajó seguido a Cuba para someterse al tratamiento de quimioterapia. El mandatario reapareció con la cabeza rapada, hinchado y visiblemente débil, pero insistiendo en que el cáncer no había avanzado.
El 20 de octubre de 2011, el presidente venezolano anuncia que ya finalizó sus ciclos de tratamiento y que no posee células malignas dentro de su organismo. Chávez está curado.
El 21 de febrero, se informa que será operado nuevamente en Cuba porque reapareció una nueva lesión en el mismo lugar. A su regreso ya muy débil anuncia nuevos tratamientos de radiación y quimioterapia. Al término de los mismos se filtra una maniobra para que Chávez concurra a Brasil, donde bajo el pretexto de una reunión con Lula, sería examinado por médicos del Hospital Sirio – Libanés. Este viaje se cancela y de vuelta a Cuba.
Ahora el regreso a Caracas es dramático.
Al día siguiente de su vuelta, Chávez viajó a su Estado natal, Barinas, donde viven sus padres y gobiernan sus hermanos. Su familia preparó una misa para recibirlo, en la que el propio Chávez con lágrimas en los ojos pide a Dios: “Dame vida, aunque sea vida llameante, vida dolorosa, no me importa (…) Dame vida porque todavía me quedan cosas que hacer por este pueblo y por esta patria. No me lleves todavía, dame tu cruz, dame tus espinas, dame tu sangre, que yo estoy dispuesto a llevarlas, pero con vida”.
Hace un par de años, Chávez llamó “troglodita” al cardenal Urosa de Venezuela y advirtió al Vaticano que mientras él fuese arzobispo de Caracas, su Gobierno se mantendría “bien alejado” de la jerarquía católica. Antes de eso, en enero de 2008, el presidente le había dicho al Papa que no era “ningún embajador de Cristo en la tierra” porque “Cristo, el verdadero, está en el pueblo y en los que luchamos por la justicia y por la liberación de los humildes”. Desde el agravamiento de su salud Hugo comenzó a cambiar su aproximación a la Iglesia Católica, tanto así que intentó introducirse en la visita del Papa a Cuba y juntando lo útil con lo agradable, resaltar su perfil mediático y de pasada pedirle que rezara por su salud. Los cubanos dijeron no.
Sin dejar de lado la campaña, Hugo Chávez prosiguió su tratamiento tras anunciar el día 8 de abril que regresaba a Cuba para «continuar la batalla por la vida». Antes de partir para La Habana por octava vez y crucifijo en mano, se despachó: «¡viva Cristo, la patria y el pueblo!».
En realidad, lo que pide Hugo parece ser la salud suficiente para competir en las presidenciales del 7 de octubre próximo, por un tercer mandato consecutivo. Chávez, ha hecho esfuerzos sobrehumanos para seguir compitiendo y atacando al candidato opositor, recurriendo a todo para disimular su enfermedad y hacer creer a sus seguidores que está sano y saludable para ganar por otros seis años la presidencia venezolana. Pese a todo, da la impresión que sus días están contados. Marquina, el médico que ha filtrado todas las vicisitudes médicas de Chávez asegura: “Por la velocidad de crecimiento del tumor no creo que Chávez viva mucho más de seis a siete meses. Con una buena respuesta al tratamiento, viviría hasta abril de 2013. Y si la respuesta no es buena, hasta noviembre de 2012”. Mas aun cuando se dice que desde hace semanas, sus médicos solo se limitan a tratar los síntomas e intentar controlar la actividad frenética del paciente.
El comandante, que hasta ahora se ha negado a nombrar a un sucesor, sabe también que la vida de la “revolución” se juega junto con la suya.
Para abrir el juego, Henry Rangel Silva, Ministro de Defensa, dejó en claro, una vez más, que las fuerzas armadas “son chavista porque están dadas al presidente Hugo Chávez». Rangel, incluido desde hace cuatro años en el listado del Departamento del Tesoro norteamericano por presuntos vínculos con el narcotráfico y las FARC, suavizó un poco su discurso afirmando: «Nosotros reconoceremos a quien gane las elecciones. Pero no vamos a reconocer a quien diga que las ganó». Paralelamente desarrolló un plan para tomar el control nacional en caso que Chávez tuviera una recaída súbita que pudieran causar inestabilidad o directamente que falleciera.
Esos son los deseos de Rangel, la realidad es que las FFAA venezolanas están profundamente divididas y que en una situación como la venezolana, en que las instituciones han sido demolidas a fondo, donde se ha destruido la convivencia y “las contradicciones han sido agudizadas” sistemáticamente, no quedan muchas otras instancias que las FFAA para asumir el gobierno, y un enfrentamiento entre facciones militares llevaría a una guerra civil.
Al liderazgo civil chavista, -el ministro de Relaciones Exteriores Nicolás Maduro, el Vice Presidente Elías Jaua y el hermano del Presidente, Adán Chávez-, les gustaría validar en las urnas su movimiento ideológico pero ello, primero, no es un evento seguro y segundo, tampoco garantiza que los militares estén dispuestos a compartir el poder con ellos.
Diosdado Cabello, designado como Jefe del Partido y Presidente de la Asamblea Nacional es el nexo con los “narcomilitares”: Henry Ranguel; Cliver Alcalá; el General Hugo Carvajal ex Director de Inteligencia y un puñado de otros generales. Hombres profundamente contaminados con la corrupción y las drogas, no se arriesgarán a nada que los prive del poder y de la protección que brinda.
Otros cuya vida corre peligro son los Castro, de Cuba, que necesitan en forma crítica mantener el flujo de petróleo venezolano gratis que los mantiene a salvo de una quiebra segura. China por su parte le ha prestado cantidades inmensas de dinero, a ser pagadas con petróleo a precio bajo el del mercado. Nadie podría asegurar que los reemplazantes de Chávez van a reconocer y pagar esas deudas.
Lo verdaderamente irónico es que la jugada magistral de Chávez: apoyar a las FARC para que se apoderaran de Colombia para conformar una Gran Colombia bolivariana bajo su mando, va a terminar con una Colombia libremercadista, fuerte y próspera y con las FARC doblegadas, y con Venezuela avanzando hacia su transformación en un narco estado seudosocialista, gobernado por militares corruptos asociados con las FARC instaladas en su propio país.

Brasil: otro proyecto voluntarista

A lo largo del siglo XX Brasil tuvo una variedad de políticas exteriores tanto de izquierda como de derecha, siempre alrededor de la aspiración de ser considerado potencia mundial y estado hegemónico regional. Sucesivamente, fue aliado de EEUU durante la II Guerra Mundial; tercermundista durante los gobiernos de Quadros y Goulart a comienzos de los ´60; “key country” de los EEUU, delegado para la conservación del orden regional hasta comienzos de los ’70, y “díscolo” de los EEUU hasta 1979.
Entrando en el siglo XXI, durante el gobierno del socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, Brasil se aproximó al esquema del Consenso de Washington hasta el año 2002 en que el Partido de los Trabajadores (PT) conquistó el poder con Luiz Inacio “Lula” da Silva a la cabeza y luego con el régimen actual a cargo de Dilma Rousseff y puso en práctica un modelo de política exterior basado en una combinación de democracia política y neomarxismo económico, manteniendo constantes las dos aspiraciones antes señaladas: ser considerado potencia mundial y ejercer la supremacía regional.
El “cerebro” del proyecto político del PT es Marco Aurelio García, (MAG o El Profesor) de 68 años, egresado de Derecho y Filosofía en Brasil y de Ciencias Sociales en París. Ex – miembro del Partido Comunista Brasileño, estuvo exiliado en Santiago y en París. Miembro fundador del PT y brazo derecho de Lula en su marcha hacia el poder. Se auto clasifica como “consejero” en asuntos latinoamericanos, y trascendiendo el período de Lula, hoy día sigue siendo el custodio del proyecto político del PT. Según La Nación, de Buenos Aires, “Si Lula es … una especie de presidente de toda América latina, Marco Aurelio García vendría a ser una suerte de canciller de la región”.

En cada una de estas sucesivas estrategias políticas, Brasil adoptó los modales y actitudes de gran potencia: Se matriculó con tropas para combatir al Eje junto a las fuerzas norteamericanas en Italia; adquirió un portaaviones; intentó fabricar una bomba atómica (proyecto secreto Solimões de transferencia de tecnología nuclear alemana a la producción de armamento atómico); comenzó la construcción de un submarino nuclear que aun no se termina, anunció grandes inversiones en defensa que generalmente no se materializaron; intentó ser el proveedor regional de armamentos y, a veces con buenas maneras y otras con malas, intentó meter en cintura a los países de la región.

Con Lula se movió como gran potencia: apoyó a Irán, homenajeó a los hermanos Castro, aplaudió a Gadafi y Assad y patrocinó a Chávez. En palabras de García, “a partir de 2003 Brasil comenzó a frecuentar las reuniones del G-8, a tener un papel importante en las negociaciones comerciales y terminó siendo invitado para la instancia máxima de gobernabilidad mundial, que es el G-20”. Son gestos que para la diplomacia tienen significación y que para los medios de comunicación social elevan el perfil de un país, pero de ahí a que ellos importen capacidades y peso real de gran potencia, hay una distancia sideral.
La llegada a la presidencia de Brasil de un sindicalista de izquierda fue acompañada de cierta inquietud internacional que se disipó rápidamente cuando adoptó políticas favorables a los negocios y la inversión, y se convirtió en una grata sorpresa que suscitó el aplauso mundial. La simpatía personal de Lula y el protagonismo mediático y político del progresista García hicieron el resto. Brasil se convirtió en un suceso.

El Plan “hambre cero” y una serie de medidas paliativas de la pobreza extrema y de apoyo al bienestar social puestas en práctica en Brasil son meritorias, pero no bastan para hacerlo una gran potencia. Se necesita más. Ocho ministros destituidos por corrupción en menos de la mitad de un solo período gubernamental son elocuentes de un agudo déficit de institucionalidad. La pacificación de algunas favelas es también significativa, pero lo es menos si se hace con fuerzas de ocupación permanentes de la policía militar. “Marcola”, capo de la droga en las favelas de Rio explica en una entrevista a O´Globo: “Soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria … ¿Qué hicieron? Nada.
Ahora somos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social. ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error. ¿Vio el tamaño de las 560 favelas de Río? ¿Anduvo en helicóptero sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo?”

El Mercosur nació 1991 como un acuerdo de arancel externo común entre Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay en vista a crear un espacio cerrado de intercambio comercial, y materializar la expresión política de la nueva alianza. Si hace dos décadas alguien creyó era posible el libre tránsito de bienes entre los países, sin restricciones ni mercadería parada en los puertos, ya debe haberse desengañado. Después de 8 años de creciente superávit comercial, Brasil está en una larga crisis con Argentina para resolver las restricciones a las exportaciones que ésta le impone y el gobierno de Dilma Rousseff está ahora convencido de que la modificación unilateral de las reglas por parte del gobierno de Cristina entorpece el comercio entre los dos socios.
El comercio que los países del Mercosur realizan entre sí representa apenas el 16 % de todas sus transacciones, el otro 84 % va al resto del mundo. Las exportaciones entre los cuatro socios de Mercosur llegan al 15,7 % del total. Y las que son colocadas afuera al 84,3 %. Una relación igual de dispareja arrojan las importaciones: un 16,6 % contra el 83,4 %. La ambiciosa integración regional es cuanto menos pobre y peor aun la salida al mundo de productos originados en el Mercosur.
Marco Aurelio García también percibe estos problemas: “Si uno ve la estructura política del Mercosur, con sede en Montevideo, vemos que es ridícula. No porque sea mala, sino por lo pequeña. Necesitamos tener políticas específicas, como en la Unión Europea (UE), donde hay un Comisario que se ocupa de la infraestructura, de la integración energética, de la integración social, científica… en eso estamos yendo con mucha lentitud … uno de los problemas es que los países presentan resistencias para aceptar instituciones supranacionales”.
Y continúa: “hay otro dato importante, Brasil no es dependiente del comercio exterior, que representa el 14% del PBI. Hoy el eje de la economía brasileña es interno. Por eso estamos sufriendo, pero resistiendo mejor la crisis que los países con más del 40% de su PBI vinculado al exterior”. Es evidente que si para Brasil, principal promotor de Mercosur, la salvación en la crisis actual es precisamente su autarquía económica, -su no dependencia del comercio exterior-, es que Mercosur ha fracasado.
La nueva política, según García, va por el lado de la “integración productiva. Pero visualiza algunos problemas: “Es obvio que … no hay forma de equilibrar el comercio con todos los países de América Latina, a menos que dejemos de exportar cosas que ellos demandan. Y si dejamos de exportarlas, van a comprarlas en Estados Unidos o Europa. La razón es que Brasil tiene una economía muy diversificada, con niveles de productividad creciente y otras cualidades que otros países no tienen”.
La idea de García sería que Brasil proveyera los bienes terminados a la región y el resto de los países le pagara en commodities y productos agrícolas. Lo curioso es que las quejas más enérgicas contra EEUU que hacen los partidos progresistas como el PT son por aplicar ese mismo tipo de políticas.

García, acomodando la realidad a su proyecto, dice que la Alianza del Pacífico “no lo preocupa mayormente. Además sufrió una primera baja con la elección de Humala en Perú. Por otra parte, pienso que con Colombia se puede pensar –mas allá de las preferencias que pudiera tener por eso- que tendría a fin de cuentas una buena integración sudamericana. Y bueno, México y Chile tiene problemas hoy día más grandes que cuidar que el Arco del Pacífico”,

Voluntarismo puro.

Terremoto y maremoto: todos de acuerdo ¡la responsabilidad es de las FFAA!

El término de la investigación de la fiscal Huerta vino a poner a todos de acuerdo. La responsabilidad de la inepcia gubernamental durante la noche del 27 de febrero, por decisión unánime de los políticos involucrados, fue asignada a las FF.AA..

Parece establecido que el Shoa se empecinó en juzgar la situación en base a la información de sus instrumentos de medición de mareas, que como consecuencia del mismo maremoto daban informaciones erróneas; que no prestó debida atención a la información del NOAA de los Estados Unidos y también parece estar acreditado que careció de las informaciones de campo que debió haberle entregado la Onemi. Esas son responsabilidades técnicas. La Armada las reconoció, investigó y sancionó, de inmediato y de cara a la opinión pública. Nadie más lo hizo, al contrario, al instante se desató un ataque múltiple y coordinado de todos los involucrados para tratar de instalar todas las culpas en el Shoa y la Armada.

En estos días el tema toma nuevos aires, ahora en el nivel de las responsabilidades políticas y los afectados vuelven a atacar con furia y coordinadamente.

Cada cual recitó su parte:

El Ministro: “La afirmación de que el servicio técnico descartaba la existencia de un tsunami es un asunto no menor a la hora de juzgar responsabilidades políticas o de cualquier otro tipo. Luego, se hace necesario preguntarse lo siguiente: ¿contaban las autoridades con la información adecuada para tomar las decisiones que correspondían?. Por supuesto que no”.

Parece evidente que el tomar decisiones erróneas o caer en la parálisis no transforma a las autoridades de gobierno en responsables jurídicos de las muertes, tan evidente como el hecho de que no hubiera un sistema decente para controlar las catástrofes es claramente una responsabilidad política.

El 22 de septiembre del 2009 el mismo ministro con el mismo subsecretario y la misma directora de la Onemi nos presentaban al “ALFA UNO, sofisticado Centro Móvil de Operaciones de Emergencia, destinado a potenciar la gestión de la Onemi” ya que “La coordinación no tiene sentido sin la comunicación y este Centro Móvil nos permitirá convocar rápidamente a los organismos que operan en una emergencia, como Carabineros, Bomberos, Salud, entre otros”, si entre tanta maravilla también tenía internet móvil ¿cómo es que la ex directora de la Onemi Carmen Fernández señaló que el servicio de internet de la repartición se «cayó» entre seis a ocho minutos luego del remezón, por lo que no pudieron revisar el sitio web del NOAA, organismo estadounidense que dio la alerta de maremoto?, ¿Para que querían mas información si no podían dar la alerta a nadie?, ¿Si ni siquiera podían o querían transmitirla al Shoa?. El ministro del Interior por su parte, que no diga que no sabía de las capacidades militares habiendo sido el mismo ministro de defensa y teniendo al ministro en ejercicio parado a su lado “mirando hacia el sudeste”.

El broche de oro de los descargos del ministro es cuando se expide: “El gobierno de ese entonces asumió las responsabilidades con los instrumentos que tenía” ¿Qué tal?:

“El gobierno de ese entonces”: es decir hace años mil, perdidos en la bruma de los tiempos. Historia. Nada reciente ni vigente. Casi una pérdida de tiempo.

“Asumió las responsabilidades”: era que no!. si todos los meses cobraban los sueldos correspondientes y él mismo ya llevaba 20 años pululando por diversos cargos de alta responsabilidad de gobierno ¿es que esperaba que otros “asumieran las responsabilidades”? y concluye:

“Con los instrumentos de que disponía”. Por favor!, si el sistema Onemi era un desastre, mal equipado, mal entrenado y caótico es porque él mismo, jefe y responsable directo del sistema de emergencias nacionales, no pudo, no supo o no quiso organizar algo que funcionara y que “dispusiera de los instrumentos necesarios”.

Si entre las 3:36 y las 8 horas de esa mañana, la Onemi registró 1.227 llamadas entrantes y 802 llamadas salientes incluyendo llamadas a Concepción y Valparaíso ¿cómo es que no tuvieron la decencia de informar al Shoa de las informaciones que estaban recibiendo?. El Shoa requiere información de campo para tomar, corregir y validar sus decisiones y no las recibía, mientras la Onemi recibía informaciones a granel que se perdían en el pantano de la abulia y la pasividad. Es cosa de recordar las caras estólidas de los líderes gubernamentales tal y como aparecen en la película tomada por el camarógrafo de la Onemi.

Durante años no hubo ni un solo ejercicio de simulación de maremoto que hubiera permitido tomar conciencia de la incapacidad de gestión de la Oficina Nacional de Emergencia. NI UNO SOLO. Si eso no es responsabilidad política ¿entonces qué lo es?. Y no culpen al Subsecretario Rosende. Su error fue tener el valor de tratar de tomar el control del caos que había mientras los ministros del Interior y de Defensa trataban de pasar piola y la presidenta intentaba tomar el control de una organización que los cortesanos le habían descrito como una maravilla y que en la realidad no existía.

Lo último y más grave: ¿Cómo puede el ministro olvidarse o tratar de soslayar su responsabilidad de proponer algo tan absurdo como el Decreto Exento 760 del 25 de febrero de 2010 pergeñado en connivencia con el ministro de Defensa Vidal, para marginar por completo y formalmente a las FFAA de toda responsabilidad en estados de catástrofe y subordinarlas a la Onemi, una Onemi que el mismo sabía que no valía nada, como se comprobó en el terremoto de Tocopilla y en la erupción de Aysen?, o de restarse a la discusión de poner a las FFAA a cargo de la seguridad pública para evitar los bochornosos saqueos de Concepción y otros lugares. ¿Cómo puede olvidarse del Plan Nacional de Protección Civil aprobado por el mismo, que disponía que ante un terremoto grado 7 o más se debía decretar alerta de tsunami automáticamente?. Orden que para que a nadie se le olvidara en medio del susto, estaba escrito en la muralla del Centro de Alerta Temprana (CAT), en el corazón de la Onemi, a la vista de todos, incluido el Sr. Ministro?. ¿Cómo oculta que el año 2002 el entonces presidente Lagos y su ministra de Defensa, Michelle Bachelet, firmaron un decreto que creó el Sistema de Protección Civil, que quitaban a las FF.AA. su rol articulador del sistema de respuesta? y ¿Con qué cara se sorprende de la “falta de reacción” de las FFAA?

Estas son responsabilidades políticas y en forma principal recaen en el ministro del Interior de esa fatídica noche.

El Intelectual comprometido: Un profesor universitario dispara desde un medio electrónico y se une al coro especulando en torno a que como el gobierno de Bachelet se encontraba de salida, las FFAA le habrían sido desleales, desobedeciendo las órdenes, retardando las informaciones y entrando en “deliberación”. Y da ejemplos: Que el gobierno entrante había tomado contactos con el Comandante en jefe del Ejército Oscar Izurieta para ocupar el cargo de subsecretario de Defensa, lo que habría molestado a Bachelet … pero se olvida del entusiasta apoyo público a ese nombramiento por parte de Francisco Vidal, ministro de Defensa de su propio gobierno. Parece que no le molestó tanto.

Cuando se produce una discrepancia respecto al tiempo que se tardó la Fuerza Aérea en tener disponible helicópteros para “ir a inspeccionar los daños” en plena noche, el profesor se escandaliza porque el Comandante en jefe señala que los aparatos estuvieron listos dentro de plazos razonables. La línea ideológica que apoya el profesor señala que cuando las FFAA son atacadas o calumniadas, deben guardar silencio, cualquier otra cosa es deliberar. Pero lo más pintoresco es cuando se sorprende ante la respuesta del jefe de Estado Mayor Conjunto cuando “la contradijo abiertamente por la prensa al informar que “yo no fui consultado” (4 de marzo, respecto a declarar Estado de excepción). ¿Qué quería, qué apoyara una afirmación falsa?, y cuando el Comandante en jefe del Ejército tuvo la desfachatez de “indicar que le correspondía al poder político tomar la decisión (de declarar Estado de excepción)”. En qué quedamos, ¿Es el poder político quien decide cuando declarar estado de excepción o son las FFAA quienes lo hacen?. ¿No sería deliberación? El broche de oro: Bachelet declara el 3 de marzo que no lo hizo porque “un grupo de almirantes y generales me dijeron que no, que no les parecía adecuado, que no era necesario aún” ¿Por qué no los nombra?. Huele a Transantiago, le “tincaba” que no iba a funcionar.

Como vemos, el profesor, en forma menos elegante y más mezquina que el ministro, abunda en la misma línea. Pero también está el periódico.

El Periódico de trinchera: A toda página, letras tamaño “catástrofe”, ¡¡¡Boicot!!!, el pasquín acusa a las FFAA de haber boicoteado a la presidenta y con razones parvularias las emprende contra diversas autoridades militares.

Todos a una!. Tenemos en acción una estrategia para eludir las responsabilidades políticas culpando a las FFAA.

Acusar a las FFAA de deslealtad o malicia hacia el gobierno es algo grave. Algo que hay que probar. No se puede invocar la “no deliberación” como excusa para abusar. En Chile ha habido y siguen habiendo grupos partidistas que no se percatan de ello o que son superados por su ambición y carga ideológica. Cuidemos a las FFAA y no las metan a la fuerza en peleas políticas, personales o de bandos.

Estamos entrando en un terreno que ya recorrimos: abusar de la obediencia, disciplina y silencio de las FFAA según las conveniencias políticas de cada bando. Terminó mal.