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Consultor en Riesgo país, Política y Seguridad Regional, Nacional y Estrategia

Enclave para Bolivia: Una mala idea y una peor negociación

El problema de la aspiración marítima de Bolivia es de larga data, de hecho, desde la firma del Tratado de 1904, que en Bolivia constituyó una victoria para los “practicistas” y una dolorosa derrota para los “reivindicacionistas”. En pocas palabras, en Bolivia la corriente “practicista” refleja los intereses de los comerciantes de La Paz, de las empresas mineras y en general de los importadores y exportadores. Prefieren tener acceso al puerto (ex – peruano) de Arica, más eficiente y próximo, aunque sea sin soberanía. Los “reivindicacionistas” quieren recuperar la para ellos provincia del Litoral, que para nosotros es la región de Antofagasta, más lejana y de más difícil acceso para los bolivianos. Esta “recuperación” debe ser con soberanía completa y total y sin compensaciones.

Curiosamente y tal vez para aunar criterios, Evo Morales planteó una petición mixta y maximalista: un acceso marítimo por la región de Tarapacá  (ex – peruana) y con soberanía total, en un momento en que contaba con amplia popularidad interna  y el apoyo internacional del vociferante Hugo Chávez.

Como se puede apreciar, cuando existe un conflicto ideológico como el que divide a la sociedad boliviana frente a su pretensión marítima no puede haber política de estado y Bolivia seguirá cambiando su aproximación al problema una y otra vez y Chile seguirá fracasando con sus propuestas y cargando siempre con la “culpabilidad”, como ha sucedido en las tratativas de 1920; 1950; 1975 al 78; 1987 y 2006 al 2013. Incidentalmente, Evo Morales liderando a los “reivindicacionistas”, dirigió la oposición a las intenciones de negociación del gobierno boliviano en 1998, lo que fue decisivo para catapultarlo al poder el año 2002.

La negociación entre Chile y Bolivia ocurrió en un ambiente emocional importante de tener en cuenta. Bachelet sufrió dos humillaciones a manos del presidente de Perú, Alan García: la primera fue la divulgación unilateral de una conversación telefónica personal entre los dos y luego, cuando Perú llevó a nuestro país a La Haya, ante la  impotencia de ella y de su gobierno. Estos hechos fueron agravados por la traición a la presunta sintonía ideológica marxista que se suponía existía entre el PS, partido de Bachelet, y el APRA, partido de García.

Por otro lado, la unía una simpatía personal por Evo Morales, hermanados en su antiimperialismo; nacionalismo sudamericano y admiración a Fidel Castro y su revolución. Así, la situación emocional de base por parte de la autoridad negociadora principal de Chile es la de frustración frente a Perú y afecto hacia Bolivia .

En este contexto, el año 2006 bajo las administraciones de Bachelet y Morales se inició una negociación con una “agenda de 13 puntos” cuyo punto N° 6 era el “Tema Marítimo”. Las cosas marcharon decentemente bien hasta que los negociadores llegaron a una proposición de solución del conflicto por las aguas del rio Silala. El gobierno boliviano apremiado por los “reivindicacionistas” rechazó la propuesta sin apelación y no se volvió a tocar el tema.

Chile por su parte encontró una “solución brillante” para resolver la exigencia boliviana: Ofrecer un espacio geográfico adecuado a las aspiraciones bolivianas en la región de Tarapacá esquivando el posible veto peruano entregándolo a Bolivia como un “arriendo”; un “préstamo”; un “comodato” o una figura que no implicara abiertamente cesión de soberanía, de 99 años de duración. Con esto satisfaría el 100% de las exigencias de Evo.

Según declaración del ex Ministro Bitar, “se exploró la concesión de un territorio costero sin soberanía, (incluyendo) su ubicación, extensión y las normas que podrían regir ese enclave para las empresas y trabajadores bolivianos en industria, servicios, comercio y turismo”. La petición de Morales no era modesta, sus exigencias incluían: soberanía irrestricta; una extensión de costa amplia de entre 10 y 30 kilómetros de frente “de (un) tamaño que pueda verse en un mapa de esos que se utilizan en las escuelas; apto para construir una ciudad, un aeropuerto y sus carreteras, varios puertos; una playa para tomar sol y hacer negocios”, como inocentemente expresó uno de los negociadores bolivianos.

Como esta negociación fue conducida en secreto y no ha habido información por parte de los actores chilenos, debemos apoyarnos en las publicaciones periodísticas bolivianas, -que a diferencia de la prensa chilena, no se ha inhibido de investigar el tema-,  en las que el Vice Canciller boliviano Hugo Fernández explica que “El primer semestre del año 2009 una delegación de tres técnicos del gobierno de Bolivia viajó en forma reservada a la provincia de Tarapacá donde se reunieron con funcionarios de la Cancillería y de la Dirección de Fronteras y Límites (de Chile). Los técnicos viajaron en un transporte regular, vestidos como personas corrientes, los esperaron en Iquique y después fueron en helicóptero al lugar del enclave”. “El viaje duró tres días y la comitiva boliviana se respaldó con mapas y documentos topográficos para inspeccionar las características del terreno y las potencialidades de tal enclave”. “Hay un documento en el que se menciona la visita conjunta sobre la cual se hizo un estudio específico para luego ser elevado como acta de una posible solución”. Según algunos medios periodísticos habría habido un segundo viaje, pero no está confirmado.

El enclave ofrecido el año 2007, que tuvo variaciones entre ese año y el 2009, se lo menciona ubicado “al Norte de Iquique”; en “Mejillones del Norte” cercano a Pisagua; “en un punto al Sur de la Quebrada de Camarones” y en “Tiliviche”.

El asunto de la soberanía merece ser destacado. Como vimos, la ficción chilena era que se trataba de un “préstamo” sin cesión de soberanía, sin embargo la parte boliviana no lo veía de ese modo. Según el Vice Canciller Hugo Fernández, “Nosotros dejamos en claro a Chile que si bien no íbamos a discutir el problema de la soberanía en el principio (de la negociación), si lo íbamos a hacer al final. Hay una norma en diplomacia: nada está acordado, si todo no está acordado”. Parece evidente que alguien está mintiéndose a si mismo y a sus ciudadanos.

También es destacable la afirmación de los medios periodísticos de que “El borrador (del acuerdo) estaba siendo revisado para su ratificación mientras se iniciaba el traspaso del mando a Piñera”, por su parte fuentes de la Cancillería chilena indican que la declaración conjunta que pretendía firmar Bachelet con Evo Morales fue dada a conocer a las nuevas autoridades y que el documento fue considerado “excesivo” por el Presidente Electo.

El nuevo presidente descartó el “enclave” como solución aceptable para Chile y la Agenda de los 13 puntos languideció y murió, lo que es razonable si se considera que el único interés de Bolivia era resolver favorablemente su aspiración marítima.

La creación y entrega de este enclave a un estado semi fallido como Bolivia, tiene una serie de consecuencias que parecen no haber sido debidamente consideradas por la parte chilena, ya que de otro modo les habría sido evidente lo desacertado de su idea: La intención de entregarlo por 99 años con la autorización para construir una ciudad en él, es una muestra clara que se estaba negociando soberanía, aunque se diga lo contrario. No es posible imaginar una ciudad poblada durante un siglo por bolivianos, que no de origen a ciudadanos con esa nacionalidad. La “formula” para saltarse la participación peruana no solo vulnera el espíritu del tratado de 1929, sino que me parece constituye una muestra de perfidia y mala fé, difícil de aceptar por parte de ese país e indigna de las costumbres del nuestro. Una maniobra de este tipo envenenaría irremediablemente la relación con Perú y sería violatoria del respeto a los tratados y su cumplimiento, que constituyen una piedra angular de nuestra política y tradición nacional. La rabieta contra Perú y el cariño hacia Bolivia no justifican una «jugada» de este calibre.

Las “servidumbres” que tal enclave impondría a nuestro país son inmensas: agua, energía, disposición de desechos de todo tipo, servicios sanitarios, carreteras, aduanas, protección de fronteras y muchas más. Un enclave de ese tipo bajo administración boliviana eleva en varios órdenes de magnitud el problema de tráfico de drogas, contrabando y reducción de bienes robados en Chile. La instalación de varios puertos cuyo principal usuario sería Brasil significan el fin comercial del puerto Arica o su eventual dependencia de esos puertos bolivianos. Los problemas de contaminación de todo orden no podrían ser circunscritos al enclave, invadiendo sus efectos a los espacios chilenos aledaños. Las demandas de conectividad entre el enclave y Bolivia sería muy complejas de manejar. Un aspecto de gravedad, por la aparente liviandad en que se habría manejado, es que en ningún momento de habló de si este “enclave” era además de todas las facilidades, excepciones y financiamiento ya concedidas con motivo del tratado de 1904 o si ellas caducarían.

Solo en los estados absolutistas el rey dispone del territorio y la población a su gusto y gana.

Los titulares del territorio son los chilenos, la nación chilena, no solo el gobierno. En un estado democrático no es aceptable que un gobierno negocie y acuerde en secreto, a espaldas de la ciudadanía, la entrega de parte de su territorio y de su soberanía. La forma para hacerlo es un plebiscito, que la misma Carta Constitucional debiera considerar.

Estamos ante una mala idea y estuvimos ante una peor negociación.

 

La responsabilidad de las autoridades

Las palabras del Comandante en Jefe de la Armada en su discurso del 21 de mayo recién pasado, constituyeron una noticia de primera magnitud. Su declaración de asunción de responsabilidades produjo un impacto social significativo, y no podía ser de otra manera en un país en que las autoridades de todo tipo hacen las contorsiones más increíbles para eludir cualquier asomo de responsabilidad que pudiera afectarlas.

No podía dejar de ser un notición que alguien voluntariamente y sin ser requerido por nadie se hiciera cargo de lo suyo.

Lo más curioso es que el Almirante no dijo nada nuevo ni sorprendente. A solo tres días del maremoto, cuando todas las autoridades gubernamentales se daban de codazos para arrancar y buscaban por cielo y tierra como sacar las castañas del fuego con la mano de cualquier gato, el Almirante fue el primero que planteó la eventual responsabilidad de un organismo de la Armada, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada, debido a la prestación de una asesoría dubitativa a la Onemi, organismo nacional encargado de las alertas, alarmas y control ante catástrofes.

La interpretación de lo dicho por el Almirante es también muy decidora de la impericia lectora de los chilenos, incluyendo a los abogados señores Raúl Meza y Alfredo Morgado y al Honorable Senador señor Jorge Pizarro, y de la escasa capacidad analítica de la prensa nacional.

Dijo textualmente: “Como Comandante en Jefe de la Armada, he tomado las decisiones que a mi saber y entender eran las mejores para recuperar al Personal Naval, a nuestro material, apoyar a la ciudadanía, reconstruir la infraestructura dañada y recuperar el aprecio y respeto de quienes nos juzgaron antes de escucharnos. Toda la responsabilidad es mía y me siento en paz. He dado mi batalla y he luchado sin descanso ni mezquindades por lo que he creído correcto y necesario”.

Con todo respeto, pero me parece que lo dicho lo podría entender hasta un lector de PSU de 100 puntos. ¿Cómo el Almirante podría hacer un “mea culpa” –arrepentirse- de haber tomado las mejores decisiones para recuperar al personal, el material y la infraestructura dañada?. ¿Qué querían?, ¿qué trabajara a media fuerza?, ¿Qué tomara las peores decisiones posibles?, ¿que no asumiera la responsabilidad de recuperar a la Armada?. Dos presidentes confiaron en él y avalaron su desempeño en la conducción de la Armada: recuerden que lo designó Bachelet y lo confirmó Piñera.

Parece haber algo fundamentalmente erróneo en la interacción de nuestra dupla prensa – lectores.

Muchos periodistas leen mal, escriben peor y su lógica parece ser la de determinar qué es lo que acarrea más agua para el molino ideológico de la preferencia del medio o suya, para luego reconfigurar los dichos y los hechos de las personas para apoyar las conveniencias electoreras de su candidato, candidata o lote preferido.

Cuando se nombra a una persona para desempeñar un cargo de gobierno, directivo o administrativo se espera que trate de optimizar el rendimiento de los recursos que se le asignan; que planifique el funcionamiento de la organización a su cargo; que nombre personas idóneas en los puestos de mando intermedio; que identifique las deficiencias y anomalías funcionales de la organización, y que se haga cargo de las consecuencias que las omisiones, obras, expresiones y sentimientos de la organización a su cargo generan en las personas, el entorno, la vida de los demás y los recursos asignados al cargo conferido.

La responsabilidad es un valor que está en la conciencia de la persona, que le permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de sus actos, siempre en el plano de lo moral. Una vez que se pasa a la puesta en práctica, entramos al plano ético y jurídico donde las responsabilidades son individuales y específicas y están dadas por leyes y reglamentos.

¿Qué tiene entonces de raro que a tres días del maremoto el Almirante haya planteado que la Armada, la institución a su cargo, y que él como su Comandante en Jefe, tenían una responsabilidad MORAL, general, por cualquier error u omisión en el cumplimiento de los cometidos de todos y cada uno de los integrantes de la Armada, los cuales, en su debido tiempo y lugar podrían también tener que asumir responsabilidades personales, particulares, en los planos éticos y jurídicos?.

Todo esto no es tan difícil de entender, cualquier columnista, de cualquier periódico, de cualquier país civilizado del mundo, lo entendería completamente y así se lo plantearía a sus lectores. Excepto en nuestro pobre país.

Mirémoslo desde la otra punta. Desde la de las autoridades.

El 12 de marzo del 2002 mediante el Decreto N°156, firmado por Ricardo Lagos Escobar como Presidente de la República; José Miguel Insulza como Ministro del Interior y Michelle Bachelet como Ministro de Defensa, fue aprobado el Plan Nacional de Protección del Ministerio del Interior. El primer artículo del Decreto dispone taxativamente que todos los organismos “dependientes o relacionados con el Estado y las empresas del Estado, conformarán su acción a las directrices indicativas que se imparten en el plan aprobado y darán estricto cumplimiento a las tareas que a ellos se les asignan”, con lo cual todas las acciones quedan supeditadas a la disposición o autorización desde el puesto de mando central: la Onemi.

El artículo tercero establece que “El Ministerio del Interior adoptará las medidas tendientes a obtener la integral y oportuna aplicación del Plan Nacional de Protección Civil, mediante la coordinación que, conforme a su Ley Orgánica, corresponde ejecutar a la Oficina Nacional de Emergencia”. Clarito.

Por su parte, el dictamen de la Contraloría Nº 42.822, emitido el año 2008, prohibió taxativamente a las FFAA intervenir en todo asunto que involucrara a civiles, sin orden previa del gobierno.

Como si fuera poco, mediante el Decreto Exento N° 369 del 25 de Febrero del 2010, bajo las firmas de los Ministros Vidal y Pérez Yoma, se acordó “un sistema” para la colaboración de las FFAA en caso de desastres, verdaderamente increíble por lo absurdo y estúpido: “Ocurrido un evento, su validación deberá ser verificada por los Directores Regionales de la Onemi en coordinación con los estamentos técnicos definidos para estos efectos en el Plan Nacional de Protección Civil. Efectuado el respectivo análisis y la determinación de requerimientos en terreno por las autoridades pertinentes, previa aprobación de la Dirección Nacional de la Onemi se efectuarán los requerimientos necesarios al Estado Mayor de la Defensa Nacional para que éste organismo coordine su traslado”. Con esto se dejaba fuera del “sistema” a los Comandantes en Jefe Institucionales y a las instituciones como sistema orgánico y se les impedía actuar. ¿Con que cara los políticos de oposición reclaman por la falta de participación de la Armada en las primeras hora de la catástrofe si su propio gobierno la había marginado expresamente?.

Se puede apreciar entonces que los Ministros de Estado de Interior y Defensa, de la exclusiva confianza de la entonces Presidente República, como encargados de materializar con sus acciones las políticas de gobierno, hicieron un muy mal plan -un plan absurdo- para el control de catástrofes y centralizaron las decisiones, los recursos y la información en un ente, la ONEMI, a la cual no proveyeron de la infraestructura, medios, autoridad ni personal de mando de la calidad requerida.

Las FFAA, para hacer cualquier cosa requerían la previa evaluación, coordinación y aprobación de la jefatura de la Onemi que la noche del maremoto la Onemi, a la cabeza de la cual se encontraba la Presidente acompañada del Ministro del Interior y de Defensa, vagaba en las nubes de la indecisión; desconectados del planeta, a la “espera del piloto”; sin leer sus propias instrucciones escritas en la muralla de la Onemi: “con terremoto sobre grado 7 hay que decretar alerta y alarma general” y como dijo Bitar, tratando de evitar a cualquier precio “entregar el gobierno con las FFAA en las calles”.

Es evidente que la cúpula de gobierno falló lamentablemente en el cumplimiento de sus funciones específicas y sus integrantes no solo tienen responsabilidad moral -que nadie en su sano juicio podría desconocer- sino que tienen responsabilidad ética y jurídica, ya que se trata de tareas específicas de sus cargos y propias de ellos y de nadie más, y deben asumirlas.

Pero ninguno (a) se hace cargo de ello, ni siquiera de su obvia responsabilidad moral que no hay por donde dejar de reconocer. Mientras simultáneamente y sin ni una sola crítica del periodismo profesional, ellos y sus adláteres, se escandalizan e intentan echar barro al Almirante, por ser el único que lo ha hecho. El mundo al revés.

¡Qué decir del increíble “olvido” mediático de las responsabilidades de la ex presidente Michelle Bachelet, al no disponer el empleo de las fuerza militar para controlar los saqueos y desmanes de turbas descontroladas que asolaban la zona damnificada. ¿No es eso denegación de auxilio a la ciudadanía, una responsabilidad directa y personal de esa autoridad?. ¿Por qué esta omisión no extraña a nadie?, ¿En dónde está el periodismo imparcial e independiente?, ¿Qué pasa en Chile?¿Es que la libertad de prensa es solo una fachada para permitir que los medios y profesionales correspondientes distorsionen, mientan, oculten y manipulen la verdad?

Pero esto no es nuevo, es una práctica nacional consolidada.

En el desastre de Antuco: en cualquier parte del mundo hubiera sido el Ministro de Defensa quien hubiera estado ahí, frente a la opinión pública dando la cara. El de Chile no estuvo, desapareció. El responsable gubernamental de la dirección de la defensa: escondido.

El 27 de Febrero del 2010, el Ministro de Defensa, parado entre los críticos de las instituciones de la defensa. Francisco Vidal, el líder político de la defensa, el encargado y responsable de gobierno del funcionamiento de la misma, mediante una pirueta impúdica intenta quedar parado entre los jueces y castigadores.

En este esquema mental es poco probable que la actitud del Almirante sea comprendida ya que esta es la confirmación de dos Chiles que coexisten: uno con valores concretos y otro relativista y adaptativo.

 

 

Enclave para Bolivia: Una mala idea y una peor negociación

El problema de la aspiración marítima de Bolivia es de larga data, de hecho, desde la firma del Tratado de 1904, que en Bolivia constituyó una victoria para los “practicistas” y una dolorosa derrota para los “reivindicacionistas”. En pocas palabras, en Bolivia la corriente “practicista” refleja los intereses de los comerciantes de La Paz, de las empresas mineras y en general de los importadores y exportadores. Prefieren tener acceso al puerto (ex – peruano) de Arica, más eficiente y próximo, aunque sea sin soberanía. Los “reivindicacionistas” quieren recuperar la para ellos provincia del Litoral, que para nosotros es la región de Antofagasta, más lejana y de más difícil acceso para los bolivianos. Esta “recuperación” debe ser con soberanía completa y total y sin compensaciones.

Curiosamente y tal vez para aunar criterios, Evo Morales planteó una petición mixta y maximalista: un acceso marítimo por la región de Tarapacá  (ex – peruana) y con soberanía total, en un momento en que contaba con amplia popularidad interna  y el apoyo internacional del vociferante Hugo Chávez.

Como se puede apreciar, cuando existe un conflicto ideológico como el que divide a la sociedad boliviana frente a su pretensión marítima no puede haber política de estado y Bolivia seguirá cambiando su aproximación al problema una y otra vez y Chile seguirá fracasando con sus propuestas y cargando siempre con la “culpabilidad”, como ha sucedido en las tratativas de 1920; 1950; 1975 al 78; 1987 y 2006 al 2013. Incidentalmente, Evo Morales liderando a los “reivindicacionistas”, dirigió la oposición a las intenciones de negociación del gobierno boliviano en 1998, lo que fue decisivo para catapultarlo al poder el año 2002.

La negociación entre Chile y Bolivia ocurrió en un ambiente emocional importante de tener en cuenta. Bachelet sufrió dos humillaciones a manos del presidente de Perú, Alan García: la primera fue la divulgación unilateral de una conversación telefónica personal entre los dos y luego, cuando Perú llevó a nuestro país a La Haya, ante la  impotencia de ella y de su gobierno. Estos hechos fueron agravados por la traición a la presunta sintonía ideológica marxista que se suponía existía entre el PS, partido de Bachelet, y el APRA, partido de García.

Por otro lado, la unía una simpatía personal por Evo Morales, hermanados en su antiimperialismo; nacionalismo sudamericano y admiración a Fidel Castro y su revolución. Así, la situación emocional de base por parte de la autoridad negociadora principal de Chile es la de frustración frente a Perú y afecto hacia Bolivia .

En este contexto, el año 2006 bajo las administraciones de Bachelet y Morales se inició una negociación con una “agenda de 13 puntos” cuyo punto N° 6 era el “Tema Marítimo”. Las cosas marcharon decentemente bien hasta que los negociadores llegaron a una proposición de solución del conflicto por las aguas del rio Silala. El gobierno boliviano apremiado por los “reivindicacionistas” rechazó la propuesta sin apelación y no se volvió a tocar el tema.

Chile por su parte encontró una “solución brillante” para resolver la exigencia boliviana: Ofrecer un espacio geográfico adecuado a las aspiraciones bolivianas en la región de Tarapacá esquivando el posible veto peruano entregándolo a Bolivia como un “arriendo”; un “préstamo”; un “comodato” o una figura que no implicara abiertamente cesión de soberanía, de 99 años de duración. Con esto satisfaría el 100% de las exigencias de Evo.

Según declaración del ex Ministro Bitar, “se exploró la concesión de un territorio costero sin soberanía, (incluyendo) su ubicación, extensión y las normas que podrían regir ese enclave para las empresas y trabajadores bolivianos en industria, servicios, comercio y turismo”. La petición de Morales no era modesta, sus exigencias incluían: soberanía irrestricta; una extensión de costa amplia de entre 10 y 30 kilómetros de frente “de (un) tamaño que pueda verse en un mapa de esos que se utilizan en las escuelas; apto para construir una ciudad, un aeropuerto y sus carreteras, varios puertos; una playa para tomar sol y hacer negocios”, como inocentemente expresó uno de los negociadores bolivianos.

Como esta negociación fue conducida en secreto y no ha habido información por parte de los actores chilenos, debemos apoyarnos en las publicaciones periodísticas bolivianas, -que a diferencia de la prensa chilena, no se ha inhibido de investigar el tema-,  en las que el Vice Canciller boliviano Hugo Fernández explica que “El primer semestre del año 2009 una delegación de tres técnicos del gobierno de Bolivia viajó en forma reservada a la provincia de Tarapacá donde se reunieron con funcionarios de la Cancillería y de la Dirección de Fronteras y Límites (de Chile). Los técnicos viajaron en un transporte regular, vestidos como personas corrientes, los esperaron en Iquique y después fueron en helicóptero al lugar del enclave”. “El viaje duró tres días y la comitiva boliviana se respaldó con mapas y documentos topográficos para inspeccionar las características del terreno y las potencialidades de tal enclave”. “Hay un documento en el que se menciona la visita conjunta sobre la cual se hizo un estudio específico para luego ser elevado como acta de una posible solución”. Según algunos medios periodísticos habría habido un segundo viaje, pero no está confirmado.

El enclave ofrecido el año 2007, que tuvo variaciones entre ese año y el 2009, se lo menciona ubicado “al Norte de Iquique”; en “Mejillones del Norte” cercano a Pisagua; “en un punto al Sur de la Quebrada de Camarones” y en “Tiliviche”.

El asunto de la soberanía merece ser destacado. Como vimos, la ficción chilena era que se trataba de un “préstamo” sin cesión de soberanía, sin embargo la parte boliviana no lo veía de ese modo. Según el Vice Canciller Hugo Fernández, “Nosotros dejamos en claro a Chile que si bien no íbamos a discutir el problema de la soberanía en el principio (de la negociación), si lo íbamos a hacer al final. Hay una norma en diplomacia: nada está acordado, si todo no está acordado”. Parece evidente que alguien está mintiéndose a si mismo y a sus ciudadanos.

También es destacable la afirmación de los medios periodísticos de que “El borrador (del acuerdo) estaba siendo revisado para su ratificación mientras se iniciaba el traspaso del mando a Piñera”, por su parte fuentes de la Cancillería chilena indican que la declaración conjunta que pretendía firmar Bachelet con Evo Morales fue dada a conocer a las nuevas autoridades y que el documento fue considerado “excesivo” por el Presidente Electo.

El nuevo presidente descartó el “enclave” como solución aceptable para Chile y la Agenda de los 13 puntos languideció y murió, lo que es razonable si se considera que el único interés de Bolivia era resolver favorablemente su aspiración marítima.

La creación y entrega de este enclave a un estado semi fallido como Bolivia, tiene una serie de consecuencias que parecen no haber sido debidamente consideradas por la parte chilena, ya que de otro modo les habría sido evidente lo desacertado de su idea: La intención de entregarlo por 99 años con la autorización para construir una ciudad en él, es una muestra clara que se estaba negociando soberanía, aunque se diga lo contrario. No es posible imaginar una ciudad poblada durante un siglo por bolivianos, que no de origen a ciudadanos con esa nacionalidad. La “formula” para saltarse la participación peruana no solo vulnera el espíritu del tratado de 1929, sino que me parece constituye una muestra de perfidia y mala fé, difícil de aceptar por parte de ese país e indigna de las costumbres del nuestro. Una maniobra de este tipo envenenaría irremediablemente la relación con Perú y sería violatoria del respeto a los tratados y su cumplimiento, que constituyen una piedra angular de nuestra política y tradición nacional. La rabieta contra Perú y el cariño hacia Bolivia no justifican una «jugada» de este calibre.

Las “servidumbres” que tal enclave impondría a nuestro país son inmensas: agua, energía, disposición de desechos de todo tipo, servicios sanitarios, carreteras, aduanas, protección de fronteras y muchas más. Un enclave de ese tipo bajo administración boliviana eleva en varios órdenes de magnitud el problema de tráfico de drogas, contrabando y reducción de bienes robados en Chile. La instalación de varios puertos cuyo principal usuario sería Brasil significan el fin comercial del puerto Arica o su eventual dependencia de esos puertos bolivianos. Los problemas de contaminación de todo orden no podrían ser circunscritos al enclave, invadiendo sus efectos a los espacios chilenos aledaños. Las demandas de conectividad entre el enclave y Bolivia sería muy complejas de manejar. Un aspecto de gravedad, por la aparente liviandad en que se habría manejado, es que en ningún momento de habló de si este “enclave” era además de todas las facilidades, excepciones y financiamiento ya concedidas con motivo del tratado de 1904 o si ellas caducarían.

Solo en los estados absolutistas el rey dispone del territorio y la población a su gusto y gana.

Los titulares del territorio son los chilenos, la nación chilena, no solo el gobierno. En un estado democrático no es aceptable que un gobierno negocie y acuerde en secreto, a espaldas de la ciudadanía, la entrega de parte de su territorio y de su soberanía. La forma para hacerlo es un plebiscito, que la misma Carta Constitucional debiera considerar.

Estamos ante una mala idea y estuvimos ante una peor negociación.

 

La Cuestión Brasileña

Brasil es un país de grandes números, que impresionan: tiene una población estimada de 200 millones de habitantes y una superficie terrestre de 8,5 millones de km2.

Brasil fue el último estado independiente de las Américas en abolir la esclavitud, en 1888 y el último en proclamarse como república, en 1889. No hubo revolución en Brasil: la Primera República fue el resultado de un golpe militar gestado por un pequeño número de militares y miembros de la oligarquía terrateniente  y cafetalera de Sao Paulo. En 1930 otro golpe militar le puso fin. Getulio Vargas y los militares ejercieron el poder desde 1930 hasta 1945, cuando debieron ceder a las presiones norteamericanas y entrar en un proceso “democratizador”. Este régimen, el Estado Novo, lideró un camino modernizador y de desarrollo económico y permitió un cierto avance del proceso de organización social. Desde 1945 hasta comienzos de la década de los ´60, en Brasil existió una democracia limitada en alcance y naturaleza, que sobrevivió con éxito algunas asonadas comunistas similares a las habidas en otros países de la región en la misma época; al suicidio de Getulio Vargas reelegido en 1950, y en 1961 a la renuncia de Janio Cuadros, bajo presión militar. Joao Gulart gobernó desde 1961 hasta 1964. Fue un gobierno intenso pero breve, que sobreestimó las fuerzas pro cambio y subestimó gruesamente el poder de los militares aliados con la estructura de poder tradicional. Concluyó en su derrocamiento con escasa, si es que alguna, resistencia popular. Lo sucedió un gobierno militar desarrollista que gobernó Brasil hasta que perdió el dominio sobre el Colegio Electoral, que sumado al repentino deceso de Tancredo Neves, su último representante (civil), determinó que el gobierno pasara a manos de su Vicepresidente, José Sarney, quien inició la marcha, a partir de 1985, hacia la Nova República. Esta marcha tuvo su punto culminante en la aprobación de una nueva ley electoral que sancionó el sufragio universal, incluyendo por esa vía a una importante masa de electores analfabetos, que hasta entonces habían estado excluidos de la representación política. Esta ley produjo un vuelco en el patrón electoral que abrió paso a dos gobiernos “progresistas”: el de Collor de Melo, caído bajo acusaciones de corrupción y el de Fernando Henrique Cardoso, funcionario internacional de izquierda visto por las fuerzas conservadoras como la opción menos mala para contener el avance de Lula y su Partido de los Trabajadores (PT).

Lula y el PT constituyen un caso político  notable. Dadas las características de la historia política de Brasil, descritas anteriormente, el incremento de su votación de 17% en 1989 a 27% en 1994 y a 32% en 1998 y la toma del control de las ciudades de Sao Paulo (1998 y 2000) y Porto Alegre (1988, 1992, 1996 y 2000) son logros impresionantes en un plazo tan breve. Más impactante aun si se considera que ello ocurre precisamente en los años en que la izquierda socialista se batía en retirada en todo el mundo.

Su triunfo en las elecciones del 2002 fue aun más destacable: obtuvo el 46,4% en la primera vuelta y el 61,3% en la segunda, conquistando las preferencias de 52,8 millones de votantes. Un obrero metalúrgico con una educacional formal débil, por decir lo menos, arrinconó políticamente a Henrique Cardoso líder de la izquierda intelectual brasileña y latinoamericana y derrotó en las urnas a su sucesor designado. La sociedad civil, nunca combativa en Brasil, esta vez estaba movilizada. Integrada por una mayoría de personas jóvenes,- casi el 50% es menor de 35 años -, sumidos en una pobreza extrema,- con el 60% de la población económicamente activa ganando menos de US$ 100 al mes,- y con pocas posibilidades de salir de ella debido a un bajísimo nivel educacional, – el 70% de los brasileños cuenta con menos de 7 años de educación básica -. El desafío de Lula era entonces asegurar y consolidar la estabilidad económica, restablecer niveles de crecimiento económico aceptable y crear las condiciones necesarias para una mejor distribución de la riqueza y del poder, y hacer todo lo anterior conjurando la posibilidad de un estallido social, un golpe militar o, lo más probable, una violenta desintegración nacional.

En el plano económico Marco Aurelio García, asesor directo de Lula explicaba: “Hoy en Brasil hay una discusión muy grande para saber en qué medida se estableció una ruptura entre la política (del gobierno) actual y la política precedente, sea en el ámbito económico, en el ámbito social o en el ámbito de la política externa. En el ámbito económico puedo asegurar que los aspectos de continuidad son en realidad una mera coincidencia. Resulta que nosotros fuimos obligados, en esos primeros meses del gobierno de Lula da Silva, a recurrir a una serie de herramientas más bien ortodoxas para hacer frente a la gravísima situación en que encontramos al país cuando empezó el gobierno del presidente Lula” … “El modelo económico que se quiere implantar es distinto de los dos últimos que han fracasado en el país… Lo que nosotros creemos hoy es que es posible desarrollar en el país un gran período de crecimiento con distribución del ingreso y con profundización y radicalización de la democracia y, obviamente, con un proceso de inserción soberana en el mundo. Esos son los ejes con que estamos trabajando”. En breve, según García, el actual régimen brasileño aspiraría a una suerte de “desarrollismo democrático, dinamizado por la satisfacción de la demanda social”.

El modelo brasileño de desarrollo tomó el camino del proteccionismo: el año 2010, una economía de 2 trillones de dólares exportó 201 mil millones (10% de su PIB) y importó solo 180 mil millones (9% de su PIB). Su apertura al comercio global fue de 19%, mucho menos que los otros países latinoamericanos y los Brics o que la media mundial que está entre un 23% y un 28%” (Chile y Perú tienen 50%). Eso significa que Brasil sigue teniendo una economía cerrada, orientada sobre todo a su mercado interno, que siempre es limitado, mientras que el internacional es infinito.

Brasil buscó dinamizar su industria nacional aumentando el consumo interno creando empleos estatales y subsidios para reducir la miseria. Hoy día, más de 60 millones de personas reciben la “Bolsa Familia” y otros programas de subsidios en dinero. “Bancarizó” a esas mismas personas, facilitando su acceso a los créditos de consumo, pero cuando llegaron al límite de endeudamiento, no pudieron seguir consumiendo ni pagar sus deudas.

El auge del crédito y el consumo obedeció, en parte, a los millones de nuevos empleos, los mejores salarios generados por la expansión económica y los altos precios internacionales de los minerales y productos agrícolas, que Brasil exporta en grandes cantidades. El real sobrevaluado frente al dólar volvió mucho más baratos los productos importados que los nacionales. La baja productividad de la industria brasileña, incapaz de competir en el mercado mundial, llevaron al crecimiento de las exportaciones cada vez más basadas en materias primas (70%) sostenido por el alto precio de los commodities en el mercado internacional, y al crecimiento de las importaciones de bienes de consumo mejores y más baratos que los de producción local, empujando a la “desindustrialización”.

Los análisis internos señalan que hoy día Brasil está en una situación de desaceleración económica que tiene múltiples causas, 1.- La desaceleración de China, su principal socio comercial. 2.- La competencia de los productos chinos en el mercado interno, especialmente entre los manufacturados, donde Brasil tiene una “baja competitividad en términos comparativos”. 3.- La carencia de infraestructura, una carga fiscal muy alta, los altos costos laborales, la muy baja inversión pública. 4.- El énfasis excesivo que se ha dado al tema del consumo, apostando a que la demanda estimularía las inversiones, lo que no se concretó.

A fines del año 2011 Brasil superó a Gran Bretaña y se convirtió en la quinta economía del mundo, lo que sumado al anuncio de que el desempleo había alcanzado su mínimo histórico mensual (5,2%) y que el salario mínimo aumentaría de 545 a 622 reales (de unos 300 a 340 dólares) llevó a que Brasil se proclamara y la prensa mundial confirmara que ese país estaba entrando al grupo de las grandes potencias. Pocas semanas después, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), reveló que durante todo el año 2011, debido a la crisis internacional, el país había crecido tan sólo un 2,7%, menos que las expectativas oficiales que proyectaban una expansión económica de alrededor de 3,5%, y muy lejos del crecimiento del 7,5% del 2010. El sector industrial cerró el año con un crecimiento de tan sólo 0,3% en relación con 2010, cuando se había expandido al 10,5%. El año 2011 siguió cayendo y para el 2012, las señales rondan cifras menores al 1,2 % de crecimiento y con una inflación en aumento.

En estos momentos la prioridad es estabilizar la economía. Esto implica tomar medidas políticamente impopulares: desacelerar el consumo. Lo señalado tiene un significado profundo: difícilmente el PT, sea bajo el mando de Rousseff o de Lula, pueda hacer un cambio profundo de orientación y por consiguiente no es razonable esperar cambios radicales en el actual estancamiento del crecimiento económico de Brasil.

La imagen de Brasil es mayor que su poder real en el mundo, su influencia real en el panorama internacional es menor en la práctica que lo que sugeriría su presencia mediática. La presencia global en economía, se mide en las exportaciones de materias primas, manufacturas y servicios, la exportación de productos energéticos y la inversión directa del país en el exterior.

Eso explicaría, por ejemplo, el poco peso de Chile en el índice global. Con una clasificación de un 18,9 respecto al valor 1.000 de Estados Unidos, Chile está a la altura de Nueva Zelanda y Colombia, en Chile hay indicadores económicos con valores absolutos muy altos, pero en términos relativos es pequeño. Nuestra economía es potente, pero el poder se mide en el impacto exterior. Así, en el área de economía lo que cuenta es el impacto de cada país en el exterior, no al revés. Para medir la influencia en defensa, se considera el número de tropas desplegadas en misión internacional y la capacidad de despliegue militar en el exterior. El índice también tiene en cuenta el número de inmigrantes recibidos y turistas. En el área de cultura mide la exportación de audiovisuales, la clasificación olímpica, los estudiantes extranjeros recibidos o las patentes registradas en el exterior. El total de estos elementos ponen a Brasil en un nivel de influencia internacional poco significativo, en todo caso menor que México.

Por ello el sueño de la integración sudamericana alrededor de Brasil se está diluyendo por exceso de ambición de liderazgo e intempestivos cambios que afectan a sus socios más cercanos. Brasil, en su actual estado de desarrollo económico, parece no tener ni los instrumentos ni las capacidades económicas para atraer a sus vecinos a su proyecto, carece también de la capacidad política y militar para forzarlos a seguirlo y por otra parte no abandona del todo la opción de seguir a los “estados chavistas” si es que eso satisface en mejor forma sus intereses económicos nacionales. Las ideas que inspiran al actual gobierno del PT y que difunde Marco Aurelio García, tienden a llevar los análisis y expectativas a regiones alejadas de la realidad, adonde no creo que debamos seguirlas, es mas creo que a Brasil le iría mejor alejándose de ellas. Pero eso es solo de su incumbencia.

 

Las cifras parecen indicar que el camino emprendido fue equivocado. Nada terrible, nada novedoso, la marcha de los países se mueve por ensayo y error, pero estos trastabillones y los niveles reales en que se mueve Brasil, en lo político, económico y social muestran que es un gran país en Sudamérica, pero que está lejos de ser el actor de categoría mundial que deba liderarnos en nuestra política diplomática, de seguridad  o comercial, y que junto a Perú, Colombia y México tenemos un mejor futuro como actores autónomos en el Pacífico.

Errores del Plan de la Onemi

El 12 de marzo del 2002 mediante el Decreto N°156, firmado por Ricardo Lagos Escobar como Presidente de la República; José Miguel Insulza como Ministro del Interior y Michelle Bachelet como Ministro de Defensa, fue aprobado el Plan Nacional de Protección del Ministerio del Interior. En el se declara que las consideraciones fundamentales para reemplazar el Plan existente desde 1977 son la “necesidad (de) implementar un nuevo Plan que consulte los aspectos preventivos, de mitigación, de preparación y alertamiento temprano, respondiendo a los compromisos internacionales suscritos por Chile” y la necesidad de adecuarse al “proceso de modernidad y rediseño de la Administración Pública en que se encuentra empeñado el Supremo Gobierno …”.

El primer artículo del Decreto dispone taxativamente que todos los organismos “dependientes o relacionados con el Estado y las empresas del Estado, conformarán su acción a las directrices indicativas que se imparten en el plan aprobado y darán estricto cumplimiento a las tareas que a ellos se les asignan”, con lo cual todas las acciones quedan supeditadas a la disposición o autorización desde el puesto de mando central: la Onemi.

En efecto, el artículo tercero establece que “El Ministerio del Interior adoptará las medidas tendientes a obtener la integral y oportuna aplicación del Plan Nacional de Protección Civil, mediante la coordinación que, conforme a su Ley Orgánica, corresponde ejecutar a la Oficina Nacional de Emergencia”. Esta centralización, en un plan de emergencia, en que la posibilidad de interrupción total y prolongada de las comunicaciones es casi segura, elimina la capacidad de las organizaciones, particularmente de las FFAA, para aplicar iniciativa y emprender acciones en los lugares incomunicados, en ausencia de órdenes de la Onemi / Ministerio del Interior. Para peor, el dictamen de la Contraloría Nº 42.822, emitido el año 2008, prohibió taxativamente a las FFAA intervenir en todo asunto que involucrara a civiles, sin orden previa del gobierno.

El Plan, en su Presentación identifica algunos desastres a ser considerados:

“terremotos, sequías, inundaciones, erupciones volcánicas, incendios urbanos y forestales, accidentes químicos, deslizamientos, aludes, etc., (que) son recurrentes en Chile”.

A continuación explica que la experiencia nacional está asociada a sus “impactos inmediatos” materiales y humanos  y a las “secuelas” que afectan a la calidad de vida, y destaca la necesidad de poner también un fuerte énfasis en la administración y manejo de riesgos, como estrategia efectiva de “prevención”.

Aquí encontramos el primer error que se irá agravando a medida que se desarrolla el Plan. En efecto, como se aprecia, el Plan considera tres tiempos secuenciales: prevención, impacto inmediato y secuelas, que son correctos para los ejemplos de catástrofes identificadas en el plan, pero que no son aptos para enfrentar un tsunami que requiere de un elemento específico fundamental que debe ser llevado a cabo con la máxima eficiencia en el lapso entre las medidas de prevención (pre catástrofe) y el impacto inmediato de la misma (pos catástrofe): la emisión de órdenes de alerta, alarma y evacuación, que deben llegar a todos los potenciales afectados, en cuestión de minutos y previa evaluación del Mando centralizado: la Onemi.

En la parte II, Antecedentes, se señala que la Protección Civil es responsabilidad del Estado y por extensión, del Gobierno que lo administra y dirige. Explica que el Ministerio del Interior tendrá a su cargo la planificación y coordinación de las actividades necesarias y que “las funciones que competen al Ministerio del Interior … serán ejercidas por éste a través de ONEMI”. “La creación de este órgano técnico especializado refleja la permanente preocupación del Estado de velar por el desarrollo de la protección civil, incluidos sus aspectos de prevención de desastres y de coordinación de las actividades de las entidades públicas o privadas, relacionadas con la temática, y del empleo de los recursos humanos y materiales disponibles”. En breve, la autoridad central -el Ministro del Interior- asume sus tareas a través de un organismo ad- hoc -la Onemi- que debe coordinar el accionar de todos los organismos técnicos participantes.

El Ministerio del Interior / Onemi, actúa a través de los Intendentes y Gobernadores y las Municipalidades, bajo su dirección, pueden “apoyar” su trabajo.

Esta parte concluye señalando que la ONEMI, en uso de sus atribuciones legales, “dispuso la constitución de Comités de Emergencia Regionales (C.E.R.), Provinciales y Comunales, con el carácter de comisiones de trabajo permanentes, presididos por el Intendente, Gobernador o Alcalde respectivo, y la constitución de los Centros de Operaciones de Emergencia, (C.O.E), esto es, un lugar o espacio físico que debe ser habilitado por la respectiva Autoridad Regional, Provincial y Comunal, para que se constituyan en él, en su oportunidad, las personas encargadas de administrar las emergencias o desastres que se produzcan y de adoptar o proponer, según proceda, las medidas de solución que de tales eventos se deriven”.

Esta parte es clave, ya que sitúa claramente las responsabilidades de planeamiento en los C.E.R. que luego llevan a cabo sus funciones operativas desde los C.O.E..

Las emergencias,  en su planificación y en su operación son administradas por los Intendentes que actúan desde instalaciones de mando ad-hoc, dispuestas por ellos.

En la parte IV. Marco Conceptual, el Plan insiste en que “la protección a las personas”, es ejercida bajo la coordinación de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior, ONEMI y ella implica la “ejercitación”. Que es bien sabido que en la zona en que ocurrió el tsunami, no se hizo.

Los CER se relacionan con las organizaciones públicas y privadas que proporcionan los medios humanos y materiales para “hacer cosas”, mediante los  Comités de Protección Civil, conformados por las “instituciones y organismos públicos y privados, que por mandato legal, competencia o interés, puedan aportar a la gestión de protección civil”.

Y dispone que “debe constituirse Comités de Protección Civil a nivel Nacional y en cada Región, Provincia y Comuna del país, siendo presididos cada uno de ellos, según corresponda, por el Ministro del Interior, por el Intendente Regional, Gobernador Provincial y Alcalde respectivos, quienes tendrán la facultad de fijar, por resolución fundada, las normas especiales de funcionamiento de los mismos, convocar a los miembros que los integrarán y el orden de subrogación. Estos Comités de Protección Civil, entre otras tiene la tarea “Mantener permanentemente operativas las instalaciones y servicios anexos de apoyo a las actividades a desarrollarse en el Centro de Operaciones de Emergencia, C.O.E.”

Deberán estar representados en estos Comités los servicios, organismos, cada una de las ramas de las Fuerzas Armadas y Carabineros del área jurisdiccional respectiva, e instituciones de los sectores públicos y privados que, por la naturaleza de sus funciones e importancia de sus recursos humanos y materiales disponibles, sean necesarios para la prevención de riesgos y solución de los problemas derivados de emergencias, desastres y catástrofes”.  Otra vez de olvida la emisión de alertas y alarmas de tsunamis y de evacuación.

Se puede apreciar que las FFAA no participan como organizaciones estructuradas sino solo con los elementos que puedan existir normalmente en la zona de la catástrofe; a nivel nacional, la relación fuerzas militares – Onemi se concentra en la persona del Jefe del Estado Mayor Conjunto, cuando éste reciba las tropas y medios que el ministerio de  Defensa disponga para que concurra en apoyo de las intendencias. Es decir, los Comandantes en Jefes y la estructura de mando, coordinación y control institucional quedan desvinculadas de la crisis, así como sus medios logísticos, de comunicaciones y otros que no sean asignados al Jefe del Estado Mayor Conjunto.

Esta curiosa organización “desarma” las instituciones, deja afuera a sus Comandantes en Jefes y desarticula su forma normal de actuar, instalando una organización de tarea artificial y sin capacidad real de mando y control, al poner a fracciones de las mismas bajo el mando de la Jefatura del Estado Mayor Conjunto, dependiente directamente del Ministro de Defensa, que funciona solo cuando se le asignan medios es decir, en una base ad-hoc y obviamentedespués de la catástrofe.

En el caso del terremoto y maremoto del 27 de febrero del 2010, los CER no funcionaron desde sus COE, el Jefe del Estado Mayor Conjunto no pudo mandar ya que no tenía tropas ni medios asignados en ese momento y los Comandantes en Jefe estaban prohibidos, por el mismo Plan, de intervenir con sus medios. Como si fuera poco, el Ejecutivo no declaró Estado o Zona de emergencia hasta el día siguiente. Declaración que habría permitido  a las FFAA actuar en la protección de la ciudadanía.

Cuando se produce una emergencia, la alarma la constituye la misma emergencia. Un terremoto, por el movimiento de la tierra; una erupción volcánica, por el penacho de magma saliendo por la boca del volcán; una inundación, por la invasión del aguas. ¿Y los maremotos?. No cabe duda que los maremotos pueden estar asociados al movimiento de la tierra y ser percibido por las personas, pero también puede no serlo, también puede haber terremotos sin maremotos. En todos estos casos, alguien debe evaluar si se da o no alarma y orden de evacuación. Esa autoridad es el Ministerio del Interior / Onemi. Pregunta, ¿Cómo considera el Plan que se ordenarán ambas acciones, a todo Chile, incluyendo caletas y poblados, desde el nivel central en Santiago, en cosa de minutos?. No había ningún procedimiento que permitiera asegurar que eso ocurriera.

Una vez producida la alarma que, reitero, no estaba considerada para los tsunamis, se constituían los COE, para iniciar el manejo de la crisis. Al respecto el Plan dispone: “El Ministro del Interior, Intendentes Regionales y Gobernadores Provinciales y Alcaldes dispondrán la habilitación, en la ciudad donde tengan su asiento, de un “Centro de Operaciones de Emergencia”, C.O.E., que corresponde a un lugar físico que debe contar con las facilidades necesarias de comunicación para centralizar la recopilación, análisis y evaluación de la información de modo que permita, de acuerdo al tipo de evento destructivo realizar las coordinaciones, tomar decisiones oportunas y precisas, diseminar información procesada a los servicios técnicos ejecutores, autoridades superiores y medios de comunicación social”. Esto subraya lo absurdo de la acción del Intendente de Concepción llamando por teléfono al Comandante en Jefe de la II Zona Naval, preguntándole si iba a haber maremoto, cuando -de acuerdo al plan- era el SER / COE / Intendente quien debía llamarlo para informarle el resultado de la decisión de la Onemi y suya.

El Shoa, por su parte, debía reportarse a la Onemi y desde allí recibir las informaciones de terreno aportadas por las intendencias, gobernaciones y alcaldías, para corroborar sus predicciones teóricas, instrumentales, con la realidad observada por las personas. Eso ocurrió en forma intermitente, tarde, en forma incompleta o no ocurrió. ¿Cómo iba a ocurrir si los COE nunca funcionaron?

El Plan continúa: “El local, los elementos de trabajo, útiles de escritorios y demás que sean necesarios para el funcionamiento de los Comités de Protección Civil y Centros de Operaciones de Emergencia, serán suministrados a nivel nacional por ONEMI y a nivel regional, provincial y comunal, por la Intendencia Regional, Gobernación Provincial y Municipalidad respectiva. En esta parte, se omite el elemento clave: comunicaciones. Lo peor: el equipamiento, cuando existió, fue escuálido o insuficiente. Y en todo caso, inadecuado para emitir alertas y alarmas.

Un periodista poco serio, sin haber leído el Plan, se sorprende y acusa a las Capitanías de Puerto por no “organizar la evacuación”. Primero, no estaban autorizadas para hacerlo; segundo, los COE nodeclararon alrtas ni evacuación; tercero, las que recibieron información directa del Shoa, podían podían alertar a los buques navegando y a los capitanes de los buques en puerto –Lota Talcahuano, San Vicente, San Antonio, entre las principales- a los que se les ordenó zarpar, cosa que la mayoría hizo. Pero no tenían ninguna atribución para disponer ni menos organizar alertas y evacuaciones de la población civil. ¿Por qué la II Zona Naval recibió información del Shoa?: porque está en la red de comunicaciones marítima de alerta a los buques navegando y en puerto. ¿Por qué no advirtieron a la población de Talcahuano?; porque el Plan lo prohibía expresamente, eso lo debía hacer la Onemi vía Intendencia. Sus atribuciones se limitaban a advertir a los buques.

Que la justicia y la prensa no se agoten en buscar culpables entre los ejecutores antes de analizar con cuidado el Plan pergeñado por las altas autoridades desde el 12 de Marzo del 2002 , concentradas más en la distribución de poder y manejo de fondos que en producir resultados que satisficieran el Bien Común. La justicia en Chile es inescrutable e incomprensible para el ciudadano común: El ex Ministro Pérez validó el plan, no proveyó los medios que insistentemente solicitó la ex Directora de la Onemi y se presentó tarde a cubrir su puesto en la Onemi: fue declarado inocente de todo. El Subsecretario Rosende llegó a la hora a su puesto para situaciones de emergencia, se hizo cargo de un plan inoperante y sin los medios necesarios para hacerlo funcionar: fue declarado culpable -el que ahora haga hara kiri para apoyar a su candidata presidencial es harina de otro costal-.

El Decreto Exento N°760 del 25 de febrero del 2010 firmada por los Ministros Edmundo Pérez y Francisco Vidal es una muestra clara de la voluntad gubernamental de acaparar poder aun creando esquemas operativos absurdos. En él se establece una comunicación directa entre la Onemi y el Estado Mayor de la Defensa, para que éste disponga personal y capacidad de transporte de carga a disposición  de la Onemi, como únicas tareas asignadas a la defensa nacional en caso de catástrofe, excluyendo en forma completa a las FFAA, como si ellas no tuvieran nada más que hacer y aportar cuando la población es sometida al violento estrés de una catástrofe. Esa aberración fue abolida por Decreto Exento N° 889 del 16 de marzo del 2010, firmado por los ministros Ravinet y Hinzpeter.

Lo que mató a esas 181 personas fue un plan absurdo, hecho con un criterio ideológico de marginación de las FFAA. Apuntado a producir efectos mediáticos mediante la repartición de carpas, mediaguas y frazadas a los damnificados de algún evento menor.

 

Hegemonía cultural de la izquierda

Hace poco Ernesto Ottone nos decía que el cambio de hegemonía en Chile ya había ocurrido y que había sido en beneficio de la izquierda.

En lo económico y social la idea de progreso vía iniciativa, esfuerzo personal y libre competencia habría dado paso a una valoración social generalizada del protagonismo del estado para marcar el rumbo del desarrollo de la sociedad y las personas, ahora solo con una complementación del sector privado.

Ya habría sido superado “El Chile que hizo las reformas que llevaron a su temprana integración a la nueva economía mundial y a desarrollar una visión de lo social como alivio del fenómeno de la pobreza, una acción social apenas subsidiaria del Estado” en que “la idea del Estado de bienestar era vista como una peligrosa perversión maximalista; (en que) las políticas sociales estaban destinadas a ayudar a quienes quedaban a la vera del camino; (donde) la protección social, las pensiones, la salud y la educación abrían sus puertas a la gestión privada (y en la cual) la tesis de que la protección social se resolvía por la vía de los seguros privados ganó fuerza y espacio”.

Sin perjuicio de lo señalado, Ottone reconoce que “Medida por los mismos instrumentos, la pobreza en Chile ha bajado desde 38,6% a 13,7%; la indigencia desde 13% a 3,2%. Ello, entre 1990 y 2006. … Hacia 2006, Chile era el país de América Latina que mostraba el menor porcentaje de población viviendo bajo la línea de pobreza. Pero no sólo eso: Chile, además, ha sido el país que, desde 1990 a la fecha, más ha reducido los niveles de pobreza en América Latina.

Con el tema de la desigualdad, aunque alguna gente diga que nada ha

cambiado, también es posible apreciar cambios, aunque modestos”.

No me parece que los cambios hayan sido tan modestos y para ser veraces, los cambios  más significativos, -como Salvador Valdéz responde a Ottone en “El Chile que viene”-, se hicieron a partir de 1975 durante el gobierno militar, “bajo la dirección de Miguel Kast y apoyados por Pinochet”.

Pero los cambios que de veras importan a la izquierda, son los políticos. La hegemonía que realmente los emociona es la hegemonía ideológica.

En las últimas semanas hemos podido leer una variedad de “nuevas verdades” que están comenzando a ser materializada por los “hegemones” de la izquierda.

Una enérgica partida la marcó Santiago Escobar en El Mostrador: “¿Qué fue lo que impulsó a que militares violaran a mujeres indefensas, asesinaran niños, torturaran a miles de personas o simplemente las ejecutaran y las hicieran desaparecer? ¿Cuál formación ética o doctrinaria permite que tales actos pasen a ser considerados operaciones militares, se transformen en hechos habituales, y den paso a una pedagogía del terror en contra de los ciudadanos de un país? Peor aún, ¿bajo cuáles circunstancias un mando militar olvida lo más esencial de su profesión, que es proteger a la población y se dedica a exterminar adversarios políticos?”.

Las tintas están cargadas y varias afirmaciones son, por lo menos, discutibles. Solo un ejemplo: para proteger a la población a veces hay que reprimir temporalmente a los enemigos de la libertad que quieren constituirse en sus represores permanentes. Una versión perversa de lo mismo la constituyen Fidel Castro y Margot Honecker, esta última huésped de honor de la izquierda local. También están varios expertos nativos -devenidos empresarios y miembros de directorios-, a los que los militares no les dieron tiempo ni oportunidad para poner en práctica sus ideas de control popular.

Lo que Escobar denuncia es detestable, pero es un asunto bastante más complejo. Cabe preguntarse cómo fue que ejércitos democráticos como el francés y el norteamericano cayeron en comportamientos tanto o más graves. Sin mencionar a los ejércitos “populares”, como el cubano con su paredón infame o los de la Unión Soviética con su gigantesco Gulag.

Él lo atribuye a la “locura moral” que hizo presa de los militares chilenos y “Si un loco moral que cometió delitos de lesa humanidad sigue ostentando grados y emblemas que solamente corresponden a militares de honor, aún estando preso o muerto, continúa manchando a su institución. Significa también que ella está confundida, y que ha sido y es incapaz de simbolizar en la condena de esas conductas, con hechos concretos, —por más difíciles que sean— los límites que un militar no puede transgredir”. A continuación demanda la degradación militar y la pérdida de todos sus grados, honores y reconocimientos para Augusto Pinochet y Manuel Contreras.

Y describe la locura moral: “Un loco moral es, según el criterio más extendido, un sujeto que teniendo todas sus funciones psíquicas aparentemente normales y poseyendo una inteligencia normal —o incluso superior— se comporta de un modo contrario a las normas morales, premeditadamente y sin necesidad, porque aún cuando conoce, por así decirlo, el código de la moral, le falta sentirlo para creer en él” (p. 91, Manual de Psicología Jurídica, Salvat 1932).

El comportamiento de Salvador Allende cae bastante bien en esta definición, su forma de burlarse de «los límites que un político no puede transgredir» quedan de manifiesto en su forma de entender y cumplir el “Estatuto de Garantías Constitucionales” a que se comprometió con la Democracia Cristiana para hacerse del poder y que luego, ante Regis Debray, reconociera como “solo una necesidad táctica” justificada con un cínico: “ponte tú en las circunstancias”. Qué decir de su torpe intento de embaucar a las FFAA para que le hicieran la revolución que él mismo era incapaz de sacar adelante. Este loco moral tiene monumento en la Plaza de la Constitución.

Para la izquierda, Pinochet y los militares son instrumentales, lo relevante es recuperar «los ideales de Allende», resucitar la revolución y eso pasa por demonizar al Gobierno Militar y de ahí pasar a la desligitimación total de la democracia y el caricaturesco modelo neo – liberal. Los nuevos “hegemones de la izquierda” buscan dejar establecido que el gobierno militar interrumpió la exitosa marcha de un gobierno popular y democrático y no la del fracasado  gobierno violento, sectario y lleno de odio que los chilenos vivimos y sufrimos.

Carolina Toha, alcaldesa de Santiago, en una columna aparentemente pía y conciliadora nos instruye sobre su “nueva verdad”: “A partir del 11 de septiembre de 1973, Chile se transformó en un país donde las reglas de la convivencia, del derecho y de la República fueron borradas. Perdió sus referencias, sus coordenadas, su identidad. Mientras más nos alejamos de esa mañana del 11 de septiembre, más nos damos cuenta de lo profundo y radical que fue el quiebre de nuestra nación”. Probablemente entre los años 70 y 73 era muy joven para darse cuenta de las realidades nacionales, pero un breve repaso de lo dicho, escrito y hecho por las autoridades de la época, la ayudaría a no caer en falsedades tan burdas.

Concluye con una expresión conmovedora: “Chile ha hecho un gran ejercicio de memoria en estos días: mirar el pasado, asumir su dolor, sin miedo, para ir dejando de lado eufemismos y medias verdades, para que el futuro vuele alto y sea construido por todos los chilenos con la fuerza de un país que aprendió de su historia”.

Difícilmente el país va a aprender de su historia si sus intelectuales y líderes demuestran no solo no haber aprendido nada, sino que continúan engañándose a si mismos y a los nuevos incautos que los siguen; cuya elasticidad moral les permite maldecir a Pinochet mientras protegen a Margot Honecker para que continúe pululando en nuestra ciudad; que lucharon por la democracia en Chile desde sus refugios en Cuba y la República Democrática Alemana sin percatarse de la existencia de la Stasi; que siguen adorando al Che Guevara que inspiró su actuar revolucionario en esta joya del humanismo y la democracia: «El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal». Es una declaración que Contreras probablemente comparta.

Camila Vallejos -revolucionaria y candidata a diputado- por su parte, hace las mismas piruetas verbales que escuchamos en esos años a sus predecesores en el Partido Comunista: “El pueblo tiene derecho a combatir en masa la violencia estructural que existe en la sociedad. Y nosotros nunca hemos descartado la posibilidad de la vía armada, siempre y cuando estén las condiciones. Sin embargo, en este momento, ese camino está totalmente descartado, porque la tensión que hoy existe es neoliberalismo versus democracia”. ¿En qué quedamos?, ¿votos o balas?: ¡depende de las condiciones!.( a propósito, ¿qué será de las armas de Carrizal Bajo?, ya nadie las busca)

La nueva “hegemonía” de la izquierda apunta ahora ya no solo a implantar su verdad, ya lo hizo, ahora pretende que los calumniados la validen. Y seguirán repitiendo sus medias verdades / medias mentiras para que el tema no se olvide, su hegemonía se solidifique y les siga siendo rentable. Ahora a prepararse para la conmemoración de los 45 años, próximos a las elecciones de 2017.

«Siglo XXI», el think tank socialista arrastró al CEP hasta su territorio y le dio una paliza intelectual. Antes citaba a los candidatos socialistas para tomarles examen, ahora invita a Bachelet y a Vallejos para conseguir ser «cooptados» por la izquierda. Fueron «hegemonizados».

Si las FFAA gozan del respeto y cariño de la inmensa mayoría de los chilenos no es gracias a los desvelos de la izquierda ni del Presidente Piñera. Cuando éste último saca lustre a su voto por el «no», apunta con el dedo a los «cómplices pasivos», se luce con su condición de cuasi «detenido desaparecido» e incumple sin atenuantes sus compromisos electorales de justicia para los militares prisioneros, está repitiendo el comportamiento pragmático que le permitió enriquecerse aprovechando las condiciones creadas y mantenidas por los militares, mientras otros políticos se la jugaban apoyando al Gobierno Militar para sacar a Chile del hoyo en que lo dejó la UP, enfrentaban una seria amenaza de guerra con Perú en 1975 y 1976, combatían el regreso de los terroristas con apoyo soviético y cubano -contrabando de armas incluido-, otra amenaza de guerra con Argentina en 1977 y 1978, en medio de un feroz embargo de armas y dos crisis económicas muy dañinas para Chile.

Desde hace años la derecha política, carente de líderes, se debe resignar a seguir a caudillos antropófagos que no respetan a quienes votan por ellos. La derecha económica sigue soñando que tiene poder porque tiene dinero, cuando la verdad es exactamente al revés: tiene dinero porque el Gobierno Militar los proveyó de un ambiente en el cual pudieron enriquecerse y cuando heredaron un poder que no merecían, no lo supieron emplear para el bien de los chilenos y no han sido capaces de conservarlo. Más temprano que tarde el fin de la libertad matará sus negocios.

Y todo Chile estará «hegemonizado».

 

Celac – La próxima cumbre en Macondo

CELAC surgió como idea el 23 de febrero del año 2010 a partir de la fusión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CLAC) y del Grupo de Río, como un «espacio regional propio que una a todos los estados». En principio consistiría en una organización sin estructura, sin funcionarios y sin sede, que sesionaría una vez al año. En pocas palabras, sería el nombre de una cumbre regional sin “extraños” y sería un organismo “paralelo y complementario” a la OEA.

Chávez le dio otro carácter. En la reunión de Julio del 2012 en Caracas expresó que: «Este es el evento político de mayor importancia y de mayor potencial de transcendencia de todos los que han ocurrido en esta América nuestra en cien años y más», «Ha nacido un gigante», y agregó que la CELAC acabará reemplazando a la Organización de Estados Americanos (OEA) como la principal institución regional.En esa misma reunión no se pudo llegar a acuerdo respecto a “la cláusula democrática” de la organización; el proceso de toma de decisiones del bloque -por consenso o por mayoría-, y lo más importante, respecto a la relación CELAC – OEA.

Según Venezuela la Organización de Estados Americanos ya cumplió su ciclo y ahora es el tiempo de la CELAC. Nicolás Maduro en su carácter de vocero de la CLAC dio por muerta a la Organización de Estados Americanos. Para México este es un proceso complementario para enfrentar asuntos regionales de manera conjunta, sin que haya una participación directa de países de otras regiones. Según Correa, de Ecuador, la CELAC debe “reemplazar” a la OEA. Para Cuba, se trata de “crear nuestro organismo sin tener que esperar a que otros nos convoquen”. El canciller de Costa Rica, Enrique Castillo, dijo que la CELAC debería ser un “mecanismo de diálogo y concertación, una organización –agregó– tiene otras connotaciones, significaría edificios, plantilla de personal y burocracia que a nosotros como región no nos conviene, porque es duplicar otras organizaciones que ya existen”. Chile, Colombia, Brasil y Argentina rechazaron la idea de que CELAC reemplazara a la OEA. Como se puede apreciar, fuera de Venezuela y Ecuador hay pocos interesados en construir una nueva organización y menos una antagónica a los EEUU. Mal que mal un tercio de los países que conforman la CELAC tienen Tratados de Libre Comercio con EEUU y los 33 países que lo integran, con excepción de Cuba, forman parte de la OEA.

Chávez ha sido, en los últimos años, el arquitecto de una serie de instituciones que buscan alejar a Latinoamérica de Washington y colocarlo él en un lugar desde donde combatir “los 300 años de conquista, de dominación, de genocidio de los imperios europeos … y luego de la amenaza del imperio naciente”, que él considera que determinan la historia sudamericana.

En breve, una mirada general al asunto nos muestra que la CELAC es otro organismo más de los muchos ya existentes que aspira a proveer una instancia de encuentro regional, ahora sin la presencia de las “potencias coloniales”: EEUU, España, Portugal y ¿Canadá? … y con la presencia de Cuba. La existencia de numerosos organismos en América Latina tales como Alba, Unasur, CAN, Mercosur y OEA parecieran suficientes puntos de encuentro, por otra parte, nadie está dispuesto a financiar más burocracia y salvo el grupo Bolivariano, no hay mayor entusiasmo por antagonizar con EEUU. La interpretación brasileña es elocuente: “la creación de la CELAC no constituye algo histórico, sino coyuntural. México tenía una voluntad política de acercarse a América del Sur y Brasil de vincularse un poco más con América Central y el Caribe (…) Es un poco para neutralizar la influencia de Venezuela sobre el Caribe y América Central, que era muy grande”.

Por otra parte una breve mirada a los gobiernos regionales participantes nos muestra una fractura política profunda y de difícil solución en el corto y mediano plazo.

– Venezuela y su ALBA penden de la vida de Chávez. Los malabarismos constitucionales para simular que sigue al mando del país tienen fecha de vencimiento: 90 días para llamar a elecciones, prorrogables en otros 90 días más. Es decir, en el mejor de los casos 180 días, contados desde el 10 de febrero, para elegir a un nuevo gobierno que se haga cargo de una crisis económica de gran magnitud: inflación, destrucción del aparato productivo, endeudamiento, caída vertical de la producción de crudo -la única entrada significativa de recursos- desabastecimiento, corrupción y un país con sus institucones destrozadas y polarizado hasta el extremo.

– Brasil y Argentina están llegando al final del “modelo de bancarización” de los pobres para transformarlos en clase media; del incremento del consumo financiado por la exportación de materias primas; del comercio “administrado por el estado”; de los subsidios y la asociación opaca de los gobiernos con empresarios archi ricos.

– Por el otro lado, la Alianza del Pacífico, embrionaria aun como grupo económico -con crecientes lazos financieros y comerciales entre si- tratando de sostener altas tasas de empleo, crecimiento e inversión extranjera y responsabilidad macroeconómica, mientras luchan por resolver serios problemas sociales y de distribución del ingreso en un marco de mercado libre y apertura económica prioritariamente hacia el Pacífico.

Vemos tres grupos aplicando políticas divergentes que difícilmente podrían llegar a establecer objetivos y procedimientos comunes y cuyas herramientas y políticas de desarrollo son mutuamente excluyentes.

La Unión Europea (UE) por su parte, interesada en incrementar las exportaciones de su industria poco competitiva; asegurarse el abastecimiento de materias primas y promover las inversiones en nuestra región, difícilmente podría constituirse en competencia de China, India, Japón y EEUU en este mercado. Pensar que Europa podría ser una alternativa a las superpotencias del Pacífico no tiene mucho sentido, menos aun cuando la crisis amenaza de parálisis a sus gobiernos, apunta a la deserción de al menos uno de sus miembros y no da muestras de haber comprendido las causas de su crisis actual, mientras espera la ocurrencia de un milagro que transforme esta pesadilla en un mal sueño y “todo vuelva a la normalidad” de vivir como ricos, sin serlo.

La ausencia de Chávez, principal y casi único promotor de CELAC, ha dejado a la intemperie la debilidad de los líderes latinoamericanos que sucumbieron al matonaje de tener que elegir entre dinero o insultos dejándose llevar a una situación absurda. También da respuesta a la interrogante respecto a las causas de la depreciación de la política y los políticos.

Esta es la CELAC que se ha reunido con la UE en nuestro país para intentar la cuadratura del círculo y Macondo parece ser un buen lugar donde ubicar su próxima reunión en donde, ahora si, puede que logren aprobar la “cláusula democrática” que requieren sus estatutos bajo la Presidencia del General Raúl Castro de Cuba y la fotografía (con dedicatoria autografiada) del Comandante Hugo Chávez de Venezuela.

Las Malvinas, el Beagle, la estrategia Naval y el Futuro

El 19 de febrero, La Tercera publicó una interesante columna  referida a los antecedentes que podrían haber incidido en la crisis argentino – británica del ´82.

El año 1978, desde mediados de año, Julio para ser precisos, se iniciaron los preparativos chilenos para enfrentar la agresión argentina que intentaría  conquistar parte de la Patagonia chilena y posiblemente otros pedazos de Chile continental.

La firme y decidida postura de nuestro gobierno los llevó a reconsiderar su intención y tras muchos ires y venires, la disputa volvió a los cauces diplomáticos, ahora bajo la mirada del Papa Juan Pablo II, negociación que se prolongaría hasta 1982.

Pero esta crisis no salió de la nada. Desde hacía muchos años, para ciertos círculos nacionalistas argentinos el asunto austral con Chile no era tema cerrado.

Como se recordará en 1878, Argentina y Chile estuvieron próximos a ir a la guerra como resultado del avance argentino sobre la Patagonia, que culminó con la captura del puerto de Santa Cruz, hasta entonces avanzada chilena en la costa del Atlántico.

Las negociaciones entre ambos países, posteriores  a la Guerra del Pacífico, pusieron frente a los negociadores argentinos a un gobierno chileno bien armado, triunfante, con experiencia bélica y con una economía sólida. Las cosas se arreglaron lo mejor que se pudo y todo terminó en el Abrazo del Estrecho, entre juramentos de paz y amistad, tras una década larga de crisis y carrera armamentista.

A mediados del siglo XX, en pleno frenesí peronista  -Argentina se situaba entre las siete primeras economías del mundo-  surgieron de nuevo, renovadas, las frustraciones pendientes de la negociación señalada y en los círculos políticos e intelectuales  argentinos nacieron escuelas geopolíticas inspiradas en los modelos alemanes y nazis que encontraban de lo más absurdo que un país de tercer orden como Chile impidiera o restringiera la “natural”  supremacía y expansión de su país, y esa expansión pasaba por transformar a Argentina en un país bioceánico, para lo cual Chile era un estorbo; lo que procedía era una “Conquista del Oeste”.

Y así, llegamos a las Malvinas o las Falkland (usted elige, yo me referiré a Las Islas).

La columna señalada al comienzo dice: “David Joy, entonces consejero de la embajada británica (en Buenos Aires) quiere saber lo que su par chileno, Raúl Schmidt, podía contarle sobre aquella experiencia, que pudiera arrojar luces sobre una posible guerra … Joy estaba interesado «particularmente en escuchar sus comentarios sobre el origen común de los problemas actuales de soberanía de Argentina con ambos gobiernos, el británico y el chileno». Schmidt había sido jefe de gabinete del ministro de Relaciones Exteriores de Pinochet hasta 1978, el almirante Patricio Carvajal. Contaba, entonces, con información privilegiada y de primera mano sobre el tema.

«La tesis de Schmidt se basa esencialmente en la necesidad de la Armada argentina de tener un puerto estratégico más al sur de su actual puerto seguro más austral, Puerto Belgrano (en el sur de la provincia de Buenos Aires). La opción obvia, Ushuaia, no es satisfactoria desde este punto de vista, dado que se encuentra bajo constante vigilancia chilena», explica el informe de la diplomacia británica al cual BBC Mundo tuvo acceso.

«Por lo tanto, los argentinos están, según Schmidt, desesperados por conseguir algún otro puerto seguro en el sur, necesidad que puede verse satisfecha accediendo a las islas del sur del Beagle o a las Falklands. En este contexto, él cree que las disputas por la soberanía están vinculadas», continúa el informe”.

Esta es una hipótesis muy interesante que da alguna profundidad a la interpretación de algunos sectores de que la Crisis de 1978 habria sido solo una “excepcción causada por dos dictaduras”, como si un proceso de esta complejidad histórica pudiera reducirse al mero capricho de dos grupos de Poder

En efecto, la estrategia naval no es un asunto que inquiete a muchas personas más allá de los marinos. Hay varias escuelas y un corpus teórico bastante bien desarrollado. No parece este el lugar ni el momento para entrar en profundidades, pero un breve análisis de este caso nos podrá ilustrar adecuadamente y nos permitirá sacar algunas conclusiones.

La etapa final de la crisis del ´78 se configuró con los dos ejércitos frente a frente, con el Ejército de Chile a la defensiva, con pretensiones de contraatacar  después de la ofensiva inicial argentina y el Ejército Argentino desplegado para una curiosa maniobra terrestre sin un centro de gravedad definido, más bien orientada a dar lustre a varios generales que, frente a sus huestes, pretendían marchar directamente a la victoria.

Las Armadas, tema que nos inquieta en esta ocasión; cada una en posición para iniciar sus maniobras. La Escuadra chilena desplegada en el gran archipiélago situado entre el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos, a caballo entre el Pacífico y el Atlántico. Los argentinos, en Puerto Belgrano, lejos hacia el norte de su país.

Argentina, que quería conquistar  la misma área insular en que los marinos chilenos se encontraban desplegados, tenía que venir a desembarcar sus soldados para conquistar las islas, para eso debía eliminar a la Escuadra de Chile y luego proceder a la conquista de las islas en que se encontraban defendidas  por nuestra Infantería de Marina.

¿Qué pasó?. El gobierno argentino tomó la decisión de atacar:  mediados de diciembre de 1978; oportunamente la Flota de Mar argentina zarpó desde Puerto Belgrano rumbo al área del Canal Beagle. Una larga navegación con las tropas y los helicópteros embarcados, a poco andar se desencadenó un temporal como los que suelen ocurrir en esos lugares, las negociaciones se prologaban. Los buque navegaban con dificultades, el lanzamiento de los aviones desde el portaviones se tornaba un tarea riesgosa o imposible, los buques se golpeaban incesantemente, las tropas se mareaban, el material sufría por el mal trato de los elementos. Mientras tanto, la Escuadra de Chile estaba desplegada en “La Posición” austral, en aguas calmas, con espacio para cambiar de ubicación frecuentemente, con protección antiaérea y contra superficie, sin gastar combustible, con apoyo logístico asegurado, sus tripulaciones descansadas.

Llegó el día 18, la Flota de Mar se acercaba a la boca del Beagle cansada y golpeada, la flota chilena oculta lista para salir cuando quisiera, fresca, full operativa, con la retirada asegurada para aquellos buques que sufrieran daños.

Esta es la diferencia entre tener o no Una Posición. Asi, la hipótesis del Diplomático Señor Schmidt era del todo acertada.

La guerra con Chile quedó postergada. Pero la evidencia de lo difícil que sería combatir contra Chile en el mar, sin contar con la Posición adecuada  quedó muy clara en la experiencia naval argentina.

Aquí está una de las motivaciones para el ataque argentino sobre Las Islas el 2 de abril del 82. La otra fue la “escapada hacia adelante” para salir de un atolladero político y económico imposible.

La pregunta es: ¿los actuales afanes del gobierno Kirchner por Las Islas es sólo una nueva “escapada hacia adelante” o persiste la conciencia de que se requiere una buena “Posición” para una estrategía naval austral y antártica?. Esto no implica necesariamente ni siquiera prioritariamente un ataque contra Chile. Hay otros objetivos valiosos que demandan dicha posición en la región austral, desde la explotación de los recursos pesqueros y ahora petroleros y de gas natural del Atlántico y Pacifico Sur hasta la proyección a la Antártica, cuestión que cada día cobra mayor relevancia y a la que Argentina tradicionalmente le ha dedicado mucha atención, y para lo cual una “posicion” es nuevamente muy necesaria.

 

Merkel y Bachelet – De desprecios y Trotes

Es interesante el paralelismo entre las vidas, carreras políticas y evolución ideológica de la Canciller de Alemania Angela Merkel y la ex Presidente de Chile Michelle Bachelet, dos mujeres que han hecho carreras políticas exitosas y alcanzado posiciones de influencia en los ámbitos nacionales e internacionales.

La primera nació en 1954 en Hamburgo, en Alemania Occidental y Bachelet solo tres años antes, en 1951 en Santiago de Chile, también en un país democrático.

La familia de Merkel se trasladó a la ciudad de Quitzow en Alemania Oriental donde su padre ejerció como Pastor de la Iglesia Luterana cargo que, diferencia de sus feligreses, le permitía viajar con frecuencia junto a su familia a Alemania Federal. Merkel militó en las Juventudes Comunistas de la República Democrática Alemana (RDA)

Bachelet por su parte, al egresar de la enseñanza media se incorporó a la Juventud Socialista, también un partido marxista, donde tomó un activo rol en la política universitaria y desde 1973 se incorporó a las actividades paramilitares de la oposición al Gobierno Militar hasta ser detenida en 1975, situación que pudo resolver sin problemas mayores gracias a las conexiones de su madre con autoridades de las FFAA de Chile.

Ambas ingresaron, por elección propia, a organizaciones políticas marxistas, donde tuvieron un rol en el nivel jerárquico medio o bajo y las dos contaron con contactos sociales que les permitieron un trato diferenciado por parte de las autoridades de los gobiernos autoritarios de sus respectivos países.

Merkel estudió en la Universidad de Leipzig entre 1973 y 1978, donde se doctoró en 1986. Trabajó como investigadora en la Academia de Ciencias de la RDA hasta que tras el derrumbe del Muro en 1989, ingresó a la actividad política en la RFA hoy Alemania.

Bachelet por su parte ingresó a la facultad Medicina de la Universidad de Chile en 1972, a la que perteneció hasta su detención en 1975. En 1978 ingresó a la Universidad en Alemania Oriental, para regresar a la Universidad de Chile en 1979 donde permaneció hasta 1982.

Ambas fueron estudiantes universitarias en la RDA y luego en sus respectivos países en forma más o menos simultánea.

Durante su estadía en Alemania Oriental, Bachelet se mantuvo al margen de los grupos políticos socialistas. Cuando en 1978 el Partido Socialista de Chile en el exilio se dividió entre la corriente renovada de Carlos Altamirano y la dura de Clodomiro Almeyda, Bachelet se unió a esta última que postulaba la lucha armada contra el Gobierno Militar. El nivel de participación activa de Bachelet en acciones terroristas nunca ha quedado claro, al igual que las torturas que reclama haber sufrido en Villa Grimaldi ni como se gestó su salida de Chile hacia Australia.

A su regreso a Chile se unió nuevamente al Frente Manuel Rodríguez, ahora como ayudistadesde la ONG PIDEE y se acercó al Partido Comunista que insistía en la vía armada, hasta que el plebiscito de 1988 la dejó obsoleta. A desgano se insertó en la vía política electoral como candidata a la alcaldía de Las Condes,

El 11 de marzo del 2000 Ricardo Lagos asumió como Presidente  y Michelle Bachelet asumió como ministro de Salud, su primer cargo de relevancia nacional que le permitió iniciar una carrera meteórica, basada en su simpatía personal más que en sus escasos logros de gestión.

En 1978 Merkel ingresó como miembro de la  Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU por sus siglas en alemán y es su presidenta desde 2000. En noviembre de 1989 inició una carrera meteórica: ministra de Juventud y Familia y del Medio Ambiente y Naturaleza y estrecha colaboradora del canciller Helmut Kohl.

La CDU se autodefine como un «partido del centro, demócrata cristianoliberal y conservador«. A escala europea, es miembro del Partido Popular Europeo adhiere a la “economía social de mercado” y su declaración de principios se titula “Libertad en la responsabilidad”. En su programa, la CDU habla de la «concepción cristiana del ser humano y de su responsabilidad ante Dios». En el ámbito exterior, valoriza la integración europea y las relaciones transatlánticas con Estados Unidos, la CDU promueve la reducción de la burocracia y el patriotismo.

–       El viaje político de Merkel es claro y drástico desde la militancia comunista juvenil hacia las ideas políticas de derecha que asume y practica constantemente y sin vacilaciones.

–       No ocurre lo mismo respecto a las ideas y valores políticos de Bachelet que comienzan en la acción armada, transitan hacia la prescindencia; se aproximan a la acción terrorista y concluyen en la participación activa en la “política burguesa”.

Como vemos, Merkel llegó a la práctica política electoral y democrática por convicción, mientras Bachelet lo hizo por exclusión. Es por eso que adquiere tanto valor el contrastar la reacción de ambas personas en una de esas raras ocasiones en que lo repentino de la situación y la forma inesperada o sorpresiva en que se presenta hacen caer las máscaras y dejan a la intemperie los sentimientos reales y profundos.

En febrero del 2009, Bachelet efectuó una visita a Cuba en la cual se reunió con sus autoridades de gobierno y evitó a los líderes de la oposición que luchaban por la democracia. En dichos encuentros, solicitó una entrevista con Fidel, que a la sazón ya no ejercía el cargo de Presidente.

La audiencia le fue concedida y como es habitual en Castro, no se le comunicó el lugar ni la hora. Encontrándose la Presidente ya de noche, en medio de un acto oficial de homenaje a Salvador Allende en que ella presidía la delegación nacional, un mensajero se le acercó y le habló al oído avisándole que Fidel Castro la esperaba para sostener una reunión. La presidente se levantó de un salto en medio del acto. Sin meditarlo, la mandataria chilena se retiró apresuradamente, rebosante de alegría. Sus expresiones facial y corporal no dejaron duda del entusiasmo de Bachelet por acudir rendir homenaje a Fidel y a paso rápido, entre carrera y trote, corrió a saludar al dictador cubano.

En febrero de 2013, en un intervalo en el desarrollo de la cumbre entre Celac y la Unión Europea, en que Merkel capitaneaba la concurrencia europea, las cámaras la muestran avanzando en dirección a un grupo donde se encontraba el nuevo dictador cubano, Raúl Castro. Se ve a Raúl prepararse para detenerla y saludarla y se aprecia como Merkel da vuelta la cara para no establecer contacto visual, gira el cuerpo para darle la espalda y lo ignora sin atenuantes, dejando al general/presidente en una situación bochornosa.

Estas dos situaciones y estas dos reacciones nos permiten percibir y confirmar que mas allá de las aparentes similitudes, en el fondo de las mentes de ambas mujeres existen diferencias profundas a las que normalmente no tenemos acceso pero que ocasional y sorpresivamente se exponen a la mirada pública solo durante algunos segundos: la democracia como filosofía de vida o como opción circunstancial.

La Haya – Enfrentando el incordio boliviano

Las relaciones entre Chile y Bolivia han sido una fuente constante de frustraciones. Olvidando que las relaciones entre estados son relaciones de poder, en Chile existen personas que se dejan llevar por sus preferencias ideológicas o por sus sentimientos y emociones.

En estos asuntos son los intereses nacionales los parámetros que rigen la toma de decisiones. Reconozcamos que identificar los intereses nacionales no es tarea fácil, pero podemos resumir que en general están representados por la obtención de poder y riqueza, y moderados por la necesidad de estabilidad y respeto a valores y principios. Hoy también es necesario incluir a la comunidad internacional, sus organizaciones y reglas, entre las cuales el respeto al derecho internacional es clave.

Álvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, -en obvia representación de su gobierno-, ha vuelto a maldecir a Chile y agredirlo verbalmente. No es novedoso, no es mayormente grave, pero es indicativo de que el asunto no se está manejando bien.

No creo que valga la pena hacer otro recuento de las innumerables vicisitudes de nuestra mala relación con Bolivia sino más bien concentrar el esfuerzo en tratar de clarificar la situación actual e identificar una estrategia de salida viable y útil para todas las partes. Cuando el pleito levantado por Perú en La Haya parece llegar a su fin, se abre la posibilidad de una mirada fresca a la complicada relación entre Chile, Perú y Bolivia. Si seguimos haciendo lo mismo, no esperemos resultados diferentes.

  • Los factores más relevantes que afectan la situación parecen ser:

1.- Bolivia no tiene ningún derecho que reclamar; lo que pide es una concesión: en efecto, sus derechos “espectaticios” no tienen asidero alguno. El que compra un número de la Lotería “tiene el derecho” a esperar ganarse el premio mayor, pero “no tiene derecho” a exigir que solo por eso se le entregue dicho premio.  Es un error creer que basta desear algo intensamente para que se le deba conceder. Los límites existentes entre ambos países están determinados por un tratado libremente aceptado y ejecutoriado. Dado que Bolivia cree que tiene derechos en el territorio chileno, la única vía razonable para reclamarlos es presentando sus demandas ante un tribunal competente donde Chile deba o quiera ir y luego ganar esa demanda, lo demás es inútil. Pero, ese camino es complicado, hace muchas decadas ya fracasó ante la Liga de las Naciones y todo indica que nuevamente fracasará. Por eso no lo han hecho de nuevo.

2.- Otra opción es intentar forzar a Chile a acceder a sus peticiones bajo presión internacional. Esta es una opción poco viable, el panorama internacional es demasiado complejo como para conseguir que un grupo de países comprometan sus propios intereses en apoyo a Bolivia y lo máximo que podría obtener con una maniobra de ese tipo sería una “recomendación” para que Chile y Bolivia conversen sobre el tema, iniciando una nueva ronda de conversaciones que llevarán a nuevas frustraciones. Es decir nada nuevo, nada decisivo. Es necesario que Bolivia asuma que no tiene el poder suficiente para doblegarnos. Por lo demás ya deberían saber que con buenas maneras Chile es mucho mas magnánimo que cuando se intenta la fuerza o las amenazas.Precisamente un error asi fue el que precipitó la Guerra del Pacífico

3.- Ahondando en las presiones sobre Chile; hay que destacar que este es un reclamo que afecta no solo a Chile, sino también a Perú en virtud del artículo 1º del Protocolo Complementario del Tratado de 1929 es decir, previo a cualquier concesión a Bolivia, debe haber un acuerdo entre ambos países.

Chile no puede actuar por si y ante si. Ahí está el proceso “Charaña” que no llegó a nada sino a complicar aún más las cosas. La sociedad peruana actual abomina de una cuña entre ambos países que la aleje de los territorios perdidos en su guerra con Chile; lo seguirá haciendo hasta cuando llegue a la convicción que han dejado de ser importantes para su futuro, y eso solo ocurrirá cuando ellos y nosotros hallamos comprobado que juntos valemos más que separados.

Nadie puede asegurar que este proceso de maduración terminará exitosamente y desgraciadamente podría ser que en pocos o muchos años más, después que nos hayamos destrozado en una nueva guerra, nos riamos de la ingenuidad de este análisis, pero tampoco podemos dejar de intentarlo.

4.- Cuando Bolivia habla de “negociaciones” su comportamiento está diciendo algo distinto. Bolivia “exige” que se le dé todo lo que quiere, en la forma en que lo quiere y ¡ahora!.

Eso no es negociar, es imponer y para eso se necesita un poder que Bolivia no tiene. De aquí parte el problema básico; Bolivia no puede imponer nada, que lo asuman de una vez, de otra forma, seguiremos con problemas básicos de entendimiento.

Actualmente no presenta una petición para que sea analizada y pueda recibir una aceptación; una negativa o una propuesta alternativa, exige y pone condiciones. Un ejemplo es el caso del puerto en el “corredor” adyacente al límite con Perú: después de rechazar la oferta chilena de intercambio de territorios encargó un estudio respecto a la construcción de un puerto al norte de Arica, entre ese puerto chileno y el Hito N° 1 de la frontera con Perú. El informe determinó que en esas playas era técnica y comercialmente viable un puerto granelero autosustentable, adecuado a las necesidades del comercio exterior de Bolivia. El informe fue rechazo por Bolivia, no quería un puerto granelero, quería un “puerto político”; grande y vistoso aunque fuera económica y técnicamente inviable. No querían un terminal marítimo, querían una compensación a las humillaciones del pasado, las miserias del presente y las incertidumbres del futuro. Escaparon hacia adelante: a sus exigencias añadieron entonces una nueva condición que establecieron como parte sine qua non de cualquier diálogo al respecto: que el espacio costero que Chile le debe dar tiene que ser “útil” es decir hidrográficamente adecuado para hacer un gran puerto a la medida de los traumas bolivianos.

5.- Pensar en un “enclave soberano” de Bolivia en territorio chileno es una petición inaceptable. Más aun si se quiere que tenga acceso, también soberano, hacia su territorio. Ningún país del mundo haría semejante concesión. La experiencia historica ha demostrado que los Danzig, los Jerusalén o los Pakistanes Orientales no solo no funcionan, sino que sus fracasos son sangrientos y dramáticos. En esta línea hay que recodar que el territorio nacional pertenece a la Nación, no al Gobierno, éste solo lo administra, y no puede comprometerlo sin consultárselo.

6.- Los gobiernos Bolivianos exigen respeto a las sensibilidades de sus ciudadanos: ¿y qué hay de las sensibilidades de las opiniones públicas chilena y peruana?. Ningún gobierno puede asumir compromisos que comprometan su soberanía sin el apoyo de sus ciudadanos. Bolivia lo entiende respecto de si misma, -como que rechazó la propuesta del Gobierno del Presidente Pinochet-, pero no se da por enterada de las sensibilidades de peruanos y chilenos. Esto se confirma cuando, como ahora lo hace el Vicepresidente García Linera, insulta, ofende y descalifica pública e internacionalmente al gobierno y pueblo de Chile. Peor aun, cuando en Chile existe una corriente minoritaria pero real de personas que quisieran acceder a las solicitudes bolivianas, estas ofensas en vez de fortalecer esas tendencias, las debilitan y degradan, en una clara demostración de que los gobiernos bolivianos, con sus rabietas pueriles, solo se miran a sí mismos y a sus “exigencias” y desprecian los límites políticos y emocionales de sus contrapartes.

Está de moda que los débiles tengan más derechos que los fuertes. Pero las cosas tienen límites.

  • Bases para un nuevo escenario de conversaciones:

1.- Bolivia no puede pretender prolongar la extraña situación de negociar con Chile y no tener relaciones diplomáticas. Se puede entender que Chile debe conversar con Bolivia para dar cumplimiento a las obligaciones acordadas en el Tratado de 1904, haya o no relaciones diplomáticas, pero no más. No es aceptable discutir otros temas sin tener una relación formal entre países. Este es un asunto que no puede continuar como está actualmente.

2.- Chile no puede, en virtud del Tratado de 1929, establecer ninguna negociación ni conversación respecto a los territorios que en el pasado fueron parte del Perú sin su previo conocimiento y acuerdo. No hacerlo es caer en lo mismo que criticamos a Bolivia: hacer peticiones o propuestas autocentradas y muy probablemente incumplibles. Sería desconocer las sensibilidades peruanas y las posibilidades políticas de sus gobiernos, tan válidas y perentorias como las nuestras. La forma y fondo del cumplimiento de los compromisos mutuos derivados del Tratado de 1904 es un asunto bilateral entre Chile y Bolivia, no así cualquiera otra materia que se aparte de él o que pretenda modificarlo, ya que involucra a Perú en virtud de los Tratados de 1883 y 1929. El circuito natural, honesto y factible para manejar las peticiones bolivianas, diferentes a los compromisos establecidos en dicho tratado, es su presentación a Perú y a Chile y la discusión y acuerdo previo exclusivamente entre esos países, que informarán luego sus decisiones a Bolivia. Chile, nunca más debería aceptar o adelantar ninguna propuesta que afecte a esos territorios sin la previa aprobación peruana. Es Bolivia la que tiene que interesar a Chile y Perú, no al revés. Y recordemos que para Perú es difícil aceptar una salida boliviana al Pacifico por territorios que fueron propios y que perdieron en virtud de una guerra a la que entraron para defender a Bolivia y en la que después de la Batalla de Tacna quedaron solos.

3.- Las tres partes, en especial Bolivia, deben entender y aceptar que ha corrido demasiada agua bajo los puentes de los tres países para que este incordio se resuelva mediante un acuerdo instantáneo en que un grupo de negociadores dibuja líneas sobre un mapa y escribe un protocolo legal. Se trata de un proceso político y social en el cual se deben construir confianzas, crear costumbres, aceptar la creación de nuevas condiciones, educar a generaciones y sobre todo, convencer a los respectivos pueblos de que los cambios que se hagan el estatus quo serán positivos y no vendrán a conformar una nueva situación de crisis probablemente peor que la existente actualmente. Como todos los procesos, deberá ser gradual, incremental, sin plazos perentorios, flexible.

4.- Un proceso de este tipo comenzará por acuerdos comerciales, administrativos, concesiones a privados y avanzará hacia la participación del estado boliviano hasta eventualmente concluir con elementos de soberanía relativa aceptables tanto para Chile como para Perú, en un ambiente cultural muy diferente al existente actualmente luego que sucesivos gobiernos bolivianos hayan dado pruebas de su responsabilidad y capacidad para manejar las facilidades que se les otorguen. El potenciamiento de un polo de desarrollo económico y cultural en la zona de contacto entre los tres países es un motor potente para comenzar a trabajar juntos en el traslado del eje de los intereses de las tres naciones desde la geopolítica al desarrollo.

A este respecto es claro que las instalaciones y facilidades portuarias a que Bolivia podría aspirar administrar serán solo las suficientes para resolver sus necesidades de comercio exterior y que no puede pretender construir un megapuerto soberano en el Pacífico Sur; deberá probar que esas facilidades no se transformarán en un centro de distribución de cocaína hacia Chile, Perú y el mundo; que no se transformará en el centro receptor de bienes robados en los países vecinos ni en una fuente de contaminación, delincuencia y depredación. Bolivia es el segundo mayor productor de coca y sus derivados en todo el mundo. Entregarle un puerto no es sólo un acto político.

La línea de negociaciones actualmente practicada por nuestro país es la de las tratativas “semi secretas” entre personeros de gobierno de Chile y Bolivia que, a partir de las exigencias bolivianas trata de encontrarles una solución. ¿Es razonable creer que un acuerdo como ese será validado por la opinión pública chilena y que luego será aceptado por el gobierno de Perú y validado por su opinión pública?.

Es una utopía; es invitar al desastre y a nuevas frustraciones. ¿Qué vamos a hacer si un enclave así negociado se transforma en un lunar de corrupción y delincuencia inmanejable?. O se usa para fines que ahora no podemos imaginar. Si la débil institucionalidad boliviana impide a sus gobiernos ejercer el normal funcionamiento estatal en su propio territorio ¿por qué lo haría mejor en este apéndice extraterritorial?

En breve. Chile no puede ofrecer ni otorgar por si mismo aquello que requiere de la aquiescencia de una tercera parte: Perú. Chile y Perú deben concordar “antes” de ofrecer algo a Bolivia o lo más razonable, que Bolivia proponga a ambos países alternativas convenientes para los tres. No hacerlo así es emponzoñar la relación entre ambos países introduciendo una sospecha constante sobre la lealtad e intenciones de la otra parte. Bolivia debe entender que al no tener derechos, debe ganarse la confianza y buena voluntad de sus vecinos y reforzar el capital de generosidad y buena voluntad de esos pueblos, más que provocarlos con insultos y amenazas constantes. Bolivia tiene que demostrar que las concesiones que se le hagan no se trasformarán en fuente de problemas y conflictos que hoy no existen y tiene que comportarse de forma madura entendiendo que su problema no es compartido- más allá de la retórica – por los demás países de la región y menos aún, del mundo.

El término del contencioso levantado por Perú contra Chile puede abrir la posibilidad de comenzar una nueva relación entre ambos países. Nada garantiza que vaya a ser exitosa, pero es una posibilidad que sería poco inteligente desahuciar sin antes intentarla con honestidad y decisión y su comienzo imprescindible es clarificar una política común frente al incordio boliviano.

Este es un ladrillo fundamental para construir la Alianza del Pacífico.